martes, 1 de julio de 2008

Triunfo y fracaso.

Todo Madrid, al menos el más vociferante, se echó ayer a la Castellana a festejar el retorno de la selección nacional como si se tratase de las legiones que volvieran milagrosamente ilesas del bosque de Teotoburgo. Los tropos hiperbólicos y los ditirambos que ya se dispararon en el estadio vienés galoparon por las ondas como heraldos del renacer nacional. Hasta una escuadrilla de cazas surcó un par de veces el paseo histórico, el que vio deambular a Larra y Mesonero Romanos, trazando en el cielo los colores rojigualdas. ¿Qué más cabe pedir? Cientos de miles de ciudadanos envueltos en la bandera nacional o en alguna autonómica, pintado el rostro con los tonos patrios, tocando el bombo, soplando bocinas, revolviendo carracas, dando berridos o fotografiando todo lo anterior con las cámaras de los móviles daban fe, por sí y ante la historia, de la existencia de la nación española, siempre preterida, cuestionada, omitida. Estoy seguro de haber leído en algún lugar que no recuerdo (razón por la que no hay hipervínculo) al señor Rodríguez Zapatero diciendo que la victoria de Viena es la prueba evidente de que en España hay una nación capaz de grandes cosas. Lo de "capaz de grandes cosas" lo he puesto de mi Minerva, pero estoy seguro de que el Presidente dijo algo parecido, si no eso mismo. E si non è vero, è ben trovato.

Son magníficos los nacionalistas españoles. Se pasan el día diciendo que la nación que veneran goza de excelente salud pero se la chequean cada lunes y cada martes porque no se fían. Cada lunes y cada martes aparece alguien poniéndola en cuestión, a veces de muy malos modos. Y no un "alguien" que sea un "don nadie" sino alguien representativo de alguna opción nacionalista que representa a decenas de miles de votantes y hasta tiene o puede tener responsabilidades de gobierno in partibus. Cada señor Puigcercós diciendo que mientras no juegue la selección catalana la victoria española se la trae al pairo, por decirlo con cierto desenfado, equivale a una Castellana llena en Madrid. ¿Y cómo encajar aquí la imagen de los centros de ERC enarbolando la bandera de Alemania (¡quintacolumnistas!) en el encuentro? Sin duda el señor Puigcercós y el señor Urkullu de quien se se asegura que prefería que ganara Rusia o incluso (dice el plumilla del que tomo el relato) Turquía antes que España, actúan dentro de las pautas de una sociedad democrática, nadie puede imponerles el sentir de sentimiento alguno y no parece que la práctica del tambor batiente sea el modo de hacerlo. Antes bien, al contrario: más tambor de un lado, más tambor del otro. Cuando los nacionalistas vascos hablan de "choque de locomotoras" entiendo quieren decir topetazos como los machos cabríos.

Por algo dicen sus aficionados que el futbol es mucho más que un deporte. Es una luz, una empresa, un gobierno, un organismo internacional, una razón de ser. Una razón de ser de tanta ciudadanía celebrante. Igual que "el Barça es más que un club" y el PNV más que una sociedad anónima. El retorno de la selección vincitora coincidió con el desplome estrepitoso de las bolsas europeas. Cuanto más saltaba Luis Aragonés más se hundía el Ibex 35 que está hoy en los doce mil y pico cuando se comenzó el año con más de quince mil. La bolsa ha cedido un 20,9% según El País que aprovecha para titular: La Bolsa española cierra el peor primer semestre en 135 años de historia, un texto sin duda concebido para inyectar confianza en los mercados. Es una crisis (aunque el señor Rodríguez Zapatero diga que es opinable y que su opinión es que no la hay) ya en franca estampida en los mercados bursátiles internacionales. Ayer bajaron todas las bolsas en torno al 20%. Y una crisis de estanflación, de esas en que cualquier medida que se tome es contraproducente y en la que la recomendación más certera que cabe dar es: "no hagas nada, que es peor".

Por supuesto, todos los expertos están al cabo de la calle y saben perfectamente de qué se trata y cuáles son las causas, y por cada explicación que dan se cargan la que dieron hace seis meses. Según la señora Natalia Aguirre, directora de análisis y estrategia de Renta 4, "El año pasado se pensaba que la salida de la crisis crediticia iba a ser más rápida" y se "pensaba" seguramente con la misma seguridad con que hoy se piensa lo contrario. A veces no hace falta ni el paso del tiempo para que los expertos incurran en contradicciones que convierten sus juicios en piezas de frenopático. ¿Qué me dicen de la autorizada opinión de don Antonio López, de Fortis, quien dictamina que el segundo semestre será mejor que el primero porque en el primero se produjo una "importante aceleración de la ralentización económica, que nadie esperaba tan rápida"? ¿A que es genial?

Aparte de cargar con estos expertos en España pechamos con una crisis inmobiliaria propia, no inducida (es decir, además de la inducida) que amenaza con consecuencias catastróficas para los cientos de miles de hipotecados que aguantan un euríbor en el máximo histórico del 5,36%, lo que significa más encarecimiento de unas cuotas que ya los tienen contra las cuerdas. Según el mismo medio, Los expertos creen que el indicador "ha tocado techo," lo que quiere decir cualquier cosa desde que empiece a bajar hasta que siga subiendo, rompiendo el tal techo pues en este caso los expertos observarán que ellos hablaron de "tocar techo", no de no romperlo. Añádase en el hispánico coso una inflación del cinco por ciento, cuyo diferencial con la media europea sigue aumentando. A propósito, entiendo que hay aquí un interesante problema monetario que planteo como digresión: ¿cómo se refleja esa variación de inflación en el valor único de la moneda única? Al fin y al cabo, "moneda" quiere decir "testigo", indicador de algo, en este caso del valor de la moneda española. ¿Es posible que los euros fabricados en España empiecen a valer menos que los fabricados en Alemania? Teóricamente entiendo que no pero en la práctica creo que sí.

Debe de tener razón el señor Rodríguez Zapatero y verse la nación española unida en esa victoria de la Eurocopa. En todo lo demás, la nación española está de almoneda.

(La imagen es una foto de jose_herran, bajo licencia de Creative Commons).