miércoles, 9 de enero de 2008

Un par de recomendaciones blogosféricas.

La buena gente de No nos resignamos, gente de la izquierda plural, trasversal, mestiza, mezclada, con la que simpatizo, ha lanzado un manifiesto ante las próximas elecciones del nueve de marzo; un manifiesto con el que coincido y he suscrito, llamando a la gente a la votar a la izquierda, a la izquierda que quiera, al PSOE, a IU, a ERC, al Bloque, etc, pero a votar. El manifiesto se llama 2008-2012, en positivo, para que el cambio siga, para que el cambio avance, y lo dejo aquí por si a alguien más le apetece firmarlo.

A medida que el proceso siga tendremos que hablar más de estas cosas, del voto a la izquierda dividida, del voto útil, el estratégico, de por qué la derecha se presenta unida en bloque como una piña y la izquierda no. Tendremos que explicarnos por qué no somos capaces de superar una escisión que se dio en los años veinte del siglo pasado. Y que no me digan que las diferencias son insalvables. Eso sólo pueden decirlo los sectarios y fanáticos, que los hay, desde luego, y muchos, pero no los votantes sin más. Nadie puede sostener en serio que haya diferencias más insalvables entre Llamazares y Rodríguez Zapatero que entre Ruiz Gallardón y Rajoy o entre Paco Frutos y Rubalcaba que entre Rodrigo Rato y Esperanza Aguirre.

De momento, déjenme soñar con que los resultados electorales obliguen a una coalición entre PSOE e IU. Porque si esa posibilidad se convirtiera en una probabilidad razonable, muchos votaríamos a IU. Pero para eso es preciso que el PSOE esté dispuesto a pactar con IU e IU con el PSOE sin que ninguno de ellos pretenda imponer trágalas al otro. El fracasado pacto del señor Almunia con el señor Frutos en 2000, aun siendo un meritorio esfuerzo, presentaba ese gran inconveniente, razón por la cual un servidor se puso en contra. Hoy, que veo mejor ánimo sobre todo en IU pero tambén en el PSOE, podría revisar mi humilde voto si se pudiera aplicar la cláusula rebus sic stantibus, es decir, si las cosas en verdad han cambiado.


EL REFERÉNDUM CONSTITUCIONAL EN VENEZUELA

Un amigo y colega, Manuel Hidalgo Trenado, especialista en Venezuela, especialista de verdad, un estudioso y no un doctrinario más o menos bocazas, ha publicado un magnífico y sucinto (gracias, Manolo) estudio sobre el Referéndum de reforma constitucional en la República Bolivariana. Lo ha publicado en el Instituto Elcano y es muy digno de consideración. Para quienes quieran echarle una ojeada, está aquí y se llama "Por ahí no, mi Comandante: freno en el referéndum al “Socialismo del Siglo XXI". Y, para quien no tenga tiempo de ir al análisis pormenorizado y muy bien expuesto, éste es el resumen que hace el propio autor:

"Nueve años después de acceder al poder, Hugo Chávez no ha conseguido conformar un movimiento hegemónico pese a disponer de cuantiosos recursos materiales, políticos e institucionales para gobernar. Obviando dicha realidad, el 2 de diciembre pasado el oficialismo decidió someter a referéndum una reforma constitucional de envergadura; consulta que constituyó la primera derrota electoral del presidente. Si bien cabe objetar el procedimiento elegido –los cambios deberían haberse discutido y negociado en una Asamblea Constituyente–, lo más destacable es que el triunfo del “No”, aun obedeciendo a distintos factores, muestra que un porcentaje significativo de los sectores que apoyan a Chávez no desean entregarle un cheque en blanco, bien porque no han entendido su compleja y, en ciertos aspectos, confusa propuesta, bien porque no están de acuerdo con ella. Los resultados evidencian que el liderazgo y el recurso al verticalismo son insuficientes para imponer cambios radicales. La complejidad de la situación no permite ser optimista a corto plazo sobre el encauzamiento del conflicto, aunque como efecto de los acontecimientos de los últimos meses, y de las recomposiciones en el interior de cada bloque, podrían abrirse a medio plazo espacios para el diálogo y algunos compromisos entre el Gobierno y la oposición."

Como se ve una conclusión matizada, tan alejada de la diatriba superficial reaccionaria como de la lisonja de los paniaguados a sueldo.

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