jueves, 26 de julio de 2007

Los miércoles de El Jueves

Los del 20 Minutos han hecho una selección de lo que llaman las "portadas más polémicas" de El Jueves, de la que entresaco la que de la izquierda que ya debiera haber encendido los ánimos inquisitoriales del Fiscal General del Estado, señor Conde Pumpido. Porque esa ilustración ob-je-ti-va-men-te injuria, envilece, desprecia y humilla no solamente al señor Aznar, entonces presidente del Gobierno, al que representa en actitud indigna y mascullando una lengua que ignora, sino también a su esposa, a la que imagina en posición cuadrúpeda y en bolas y, lo que es más grave, también a las cabras, a las que llama "putas". Habráse visto.

Después de tomar declaración a los humoristas, pregunta el juez al fiscal si mantiene la imputación de delito, lo que pone al señor Conde Pumpido en el desagradable trance no de meter la pata, sino de meter las dos...y me quedo en dos para que no me empuren.

No me digan que no es de risa que en un país en el que se detiene a presuntos y peligrosísimos etarras a punto de volar los sesos a cualquiera que los cubra con una gorra; en el que las armas ilegales corren que se las pelan, como se muestra con el arsenal del llamado "Solitario"; en el que la mafia del ladrillo se lo lleva crudo a costa del medio ambiente y tirando de la mayor concentración de billetes de quinientos euros (llamados binladens) por faltriquera cuadrada; en el que se cuece parte del terrorismo islamista para otros países; en el que las mafias de proxenetas y tratantes de inmigrantes ilegales brotan como hongos en otoño; y en el que se consume tanta cocaína como en toda Europa junta, en ese país, digo, el señor Fiscal General no tenga otro pito que hacer que perseguir a dibujantes de viñetas en revistas de humor.

Este asunto de El Jueves es tan inverosímil que ya da lugar a escenas como de delirante astracanada. ¿Qué me dicen de la señora viceopresidenta del Gobierno diciendo que el secuestro de publicaciones quizá esté un pelín anticuado? ¡Cáspita con los que no comentan las decisiones judiciales! Si lo llegan a hacer, ponen al señor Conde Pumpido de rodillas mirando a la pared y con orejas de pollino. Claro que el señor Conde Pumpido siempre podrá responder que si la ley prevé secuestro en ciertas condiciones, de darse las condiciones, tendrá que haber secuestro. Y, si no gusta, a cambiar la ley (penal) en sede parlamentaria.

¿Y qué decir del señor Acebes, que ha salido a la palestra en defensa de la libertad de expresión, atacada por el Gobierno? Sí, sí, ciudadanos, habéis leído bien, el Gobierno. Porque es el Gobierno el que dice al Fiscal General lo que tiene que hacer. ¡Si lo sabrá el señor Acebes!


Así que, no habiendo nada que decir en el caso El Jueves, salvo recomendar al señor Conde Pumpido que desista, que cuanto antes desista, menos ridículo hará, me paso a la señora María del Carmen Galayo Macías, a quien la justicia canaria ha dado la razón en su pleito contra el obispo por haberla despedido injustamente. El obispado tendrá que indemnizar a la perjudicada... con el dinero de todos los españoles. Al margen de que consideremos esto más detenidamente, creo merece la pena que el PSOE lleve en su programa electoral de las próximas generales la denuncia de los acuerdos de 1979 con la Santa Sede. La Iglesia española no puede seguir funcionando como un Estado dentro del Estado, oponiéndose sistemáticamente a las decisiones del Parlamento hasta llegar a propugnar comportamientos ilícitos, aparte de los ilícitos en que ya incurren algunos de sus miembros sin necesidad de justificación ideológica, como la pederastia.

Volviendo a la condena con indemnización, me gustaría ser constructivo. Como imagino que, lejos de pagar la que debe a la perjudicada, la diócesis recurrirá la sentencia de la Audiencia, propongo que el Gobierno avise a la jerarquía diocesana de que, de recurrir, tanto la indemnización como las posibles costas del proceso se satisfarán con cargo al presupuesto general de subvenciones públicas a la Iglesia católica. Aquí sí que se puede decir: que recurran, pero no en mi nombre.