domingo, 4 de noviembre de 2018

El fracaso del socialismo franquista

El gobierno puede rechazar lo que le dé la gana. Como si rechaza que la tierra sea redonda. La mayoría parlamentaria que lo llevó al poder en la moción de censura se ha esfumado. Los diputados independentistas no le votarán los presupuestos y, si los de Podemos tuvieran algo de dignidad, tampoco lo harían ellos, a pesar de haberlos negociado y considerarlos casi un hijo suyo. Y no porque el gobierno socialista catalanófobo se haya comportado con Catalunya peor que el PP, sino porque, al ver que corrían peligro, intentó salvarlos negociando con los peperos y ceseros, mostrando la estofa de pragmatismo franquista típica de Sánchez. Para mantenerse en el poder se cambia de aliados y principios igual que de calcetines.

Alarmado por el ridículo que estaba haciendo Podemos en su apoyo a estos socialistas de pacotilla, intentó salvar las cuentas del Estado (seguramente por encargo del PSOE) y fue a Lledoners a engañar a Junqueras con demagogia vallecana: las banderas son cosa sin importancia a la hora de que la gente modesta/humilde/pobre mejore su situación. Y se lo van a decir a uno que lleva un año en la cárcel por su lucha por su bandera. Como si Junqueras fuera engañable por estos nouveau nés tan narcisistas y pretenciosos como ignaros. Cuando Iglesias cosechó el esperable "no", salió echando la patata caliente al gobierno, afirmando que había cumplido su trabajo y que aquel hiciera el suyo. Todavía sobrado en su presunción, dejó caer que podría ir a visitar a Puigdemont en Bruselas, como queriendo decir que hablaría con el jefe de Junqueras, porque estos "izquierdistas" educados en la tradición franquista entienden la vida así, jerárquicamente. Cuando Puigdemont lo invitó, pero dejó claro que no se votarían los presupuestos, la visita dejó de tener sentido, e Iglesias se calló, cosa rara. Desde entonces, corrido, se han mantenido en silencio.

Mientras su aliado del gobierno intentaba salvar los PGE echando mano a la derecha. Si C's los apoyara, la posición de Podemos sería insostenible al encontrarse en la alianza PSOE-Podemos-C's, que rechazó indignado en diciembre de 2015, lo que permitió que la derecha siguiera saqueando el país. Sería imposible encontrar políticos más incompetentes de no ser porque ya están los socialistas, aunque méritos hacen un rato largo. Basta escuchar las necedades de izquierdismo bananero de Pablo Echenique contra el independentismo catalán.

Los socialistas, actúan como un combinado de izquierdismo acartonado, clientelar, corrupto y pragmatismo sin principios típicamente franquista. Sánchez debe su puesto a los votos indepes pero, creyendo que estos se le daban por ser él quien es y que se le seguirían dando, pues no tienen otro remedio, ni se dignó hablar con ellos. Pero los indepes no lo habían votado a él de quien, en el fondo, no se fían y hacen bien porque el payo no es de fiar, sino que habían votado para librarse del corrupto M. Rajoy (a) el de los Sobresueldos. Ni los socialistas ni los de Podemos lo entendieron y por eso esperaban esos votos a pesar de haber seguido (los dos) con la misma política represiva de los francopeperos. 

Ahora ya saben lo que hay. Catalunya no votará los PGE ni nada que dé apoyo a un gobierno de la "izquierda" socialista y su aliado de Podemos quien actúa con el mismo desprecio del Estado de derecho que el PP. Alguien me dirá que exagero, metiendo en el mismo saco a los sociofranquistas del PSOE y los neocomunistas de Podemos, pero están muy bien metidos. Los de Podemos elevan alguna tímida crítica a los excesos de una judicatura prevaricadora y corrupta al servicio del gobierno, pero callan de inmediato y dejan hacer como  si su vieja cursilería de "asaltar los cielos" no los obligara a situarse sin reservas junto a quienes sufren persecución e injusticia, esto es, los independentistas catalanes y a hacer suya su causa.

Y no al revés. Ellos y una recua de otros seudoizquierdistas españoles cuyas simpatías por el independentismo catalán se reducen a que este les saque la castañas del fuego y les traiga su republiquita en España, tratan de parasitar la revolución catalana y aprovecharse de ella. Y a veces lo consiguen, como cuando los infelices (y no tan infelices) de ERC se tragan las ruedas de molino de los de Podemos en su teórica oposición a la derecha española, sin entender que esa oposición es falsa  siempre que la derecha recuerda que es "española". Como los de Podemos, antes españoles que izquierdistas.

El gobierno del  PSOE, un partido dinástico, antirrepublicano y catalanófobo, tiene los días contados si los independentistas catalanes no se arrugan y le votan en contra, ignorando las mentiras, demagogias y falacias de Podemos. Tendrá que dimitir y convocar elecciones, dejando en evidencia lo que Palinuro lleva años diciendo: la política española se decide en Catalunya. 

Que el PSOE, como buen partido franquista, crea que la política es solo el arte de mentir no debiera afectar a Podemos, pero, al tratarse de Catalunya, no hay remedio: toda la política española se decide en Catalunya, pero se decide en contra de Catalunya. 

El gobierno socialfranquista tendrá que convocar elecciones o evitarlas formando una unión sagrada nacional con el PP y C's o C's y Podemos. 

Pero eso sería ya más difícil de distinguir de una dictadura de lo que es el actual régimen de políticos ladrones, criminales y corruptos, parlamentarios analfabetos, jueces prevaricadores, policías delincuentes, medios pagados, curas pederastas, militares golpistas y banqueros estafadores. 

Lo de siempre en España.

sábado, 3 de noviembre de 2018

¿Qué esperaban?

Una oleada de indignación ayer al conocerse las peticiones fiscales. En la izquierda española, consternación; en el independentismo, furia. Y eso sin atender a las peticiones de Vox, que no exigen la pena de muerte porque no es legal, pero sí pena de muerte civil.

Realmente, ¿qué esperaban? ¿Entretenernos con la rebajita de la abogacía del Estado? La han aprovechado los de C's para enseñar los colmillos y pedir elecciones anticipadas. O quizá fueron los del PP. Son lo mismo. 

¿Qué se esperaba? Cuando se dice que este es un proceso político contra el independentismo disfrazado de farsa judicial, ¿qué es lo que no se entiende?

El Estado se siente amenazado y, ante la amenaza, responde movilizando todos sus poderes. O casi todos. Falta el militar abierto. Sus poderes más obvios son el gobierno, el Parlamento y los jueces. Tiene otros, en los medios, la banca, etc.  El poder judicial es un poder del Estado. Administra justicia en nombre del Estado (o del rey, que lo simboliza) y, si el Estado se siente amenazado y en contra de otra parte, administra la justicia en nombre e interés del Estado y en contra de la parte. Administra la justicia de la parte fuerte contra la débil y esta sufre la "justicia" del enemigo. 

Conclusión: las peticiones, con ser disparatadas, no son absurdas. Lo absurdo es el proceso en sí. Aunque las peticiones fueran simbólicas, de unas horas o una semana de servicios sociales, serían absurdas. Estos ciudadanos y ciudadanas no han hecho nada delictivo. Han cumplido escrupulosamente un mandato popular democrático. 

Es un proceso inquisitorial y lo sería aunque la causa hubiera sido gestionada con competencia jurídica, porque el punto de partida, el origen del hecho reprochable, no es reprochable, sino puramente ideológico. La pena es personal, pero el objetivo es amedrentar a una sociedad, acallarla por el miedo. Una técnica muy frecuente en España en manos de la derecha a la que ahora se ha unido de modo entusiasta el PSOE. 

La lucha del Estado contra la nación catalana es una lucha por la supervivencia como Estado. Por fin se confiesa claramente. Y en la lucha por la supervivencia vale todo. Desde que el rey llame a los empresarios catalanes para que abandonen Catalunya hasta que el mismo mozo saque a su primogénita a hacer el ganso en una ceremonia que, en sí, es una gansada. ¿O no es una gansada celebrar tan contentos el 40 aniversario de una Constitución que una gran mayoría cuestiona y quiere reformar? Sí, esa misma Constitución que los gobiernos blanden como si fuera una Tizona, lista para volver a la España del Cid. 

Vale todo. Hasta que un poder judicial al servicio de la política "nacional" administre la justicia en nombre de la tiranía. Porque este es el momento en que el Parlament ha reprobado al monarca. Felipe VI no es rey de Catalunya por libre voluntad de los catalanes. 

Entonces, ¿por qué lo es? Por derecho de conquista que los indepes tratan de revertir democrática y pacíficamente y el Estado de mantener a costa de la justicia y con obvia violación de los derechos más elementales de los presos/as políticas, los y las representantes independentistas democráticamente elegidos.

Sí, hay una cuestión española, hay un problema. Pero el sentido común más elemental dice que los problemas políticos, sobre todo de esta envergadura, no se resuelven metiendo a la gente en la cárcel.

¿No les da vergüenza basar su poder en la persecución y la represión?

viernes, 2 de noviembre de 2018

La justicia del enemigo

De disparate en disparate. ¡Y quieren acabar con la "leyenda negra"! No se dan cuenta de que esta farsa judicial, esta causa inquisitorial contra el independentismo la confirma porque lo trata como una herejía.

Que este juicio es una aberración jurídica lo han dicho eminentes juristas y vienen a corrobarlo los tribunales de diversos países europeos. Una aberración por la forma y por el fondo. Y lo inaceptable no es la demasía de la penas, que es mucha; ni el hecho de que no se puedan probar los delitos por no concurrir los requisitos. Lo inaceptable es la causa en sí. 

Una justicia politizada, desacreditada, clientelar y en nada independiente somete a proceso inquisitorial una ideología desde otra. A instancias y bajo presión de un gobierno del PP, secundado luego a pies juntilla por otro del PSOE. 

Aquí hay unas gentes y partidos que han malversado miles de millones y se han apropiado cientos  para sus francachelas personales y están siendo procesadas y condenadas por ello. Esas mismas instan desde el poder un proceso ideológico  disfrazado de malversación contra unos políticos que, si acaso, habrán empleado fondos públicos para fines públicos, controvertidos, pero no delictivos; porque, se pongan como se pongan, votar no es delito. 

La derecha exige penas más duras y pide la ilegalización de las organizaciones independentistas, la ilegalización de más de media Catalunya. Y hace bien, dado que los jueces consideran que el independentismo es un delito. 

¿A dónde creen que van a llegar hundiendo aun más el Estado de derecho y llamando justicia a la justicia del enemigo?

Dulcinea y don Quijote

¿Qué quieren ustedes? Uno está chapado a la antigua y cree que si la mujer de nuestros pensamientos es vilipendiada, uno debe defenderla hasta el final. A la vista del ludibrio que está cayendo sobre la moderna Dulcinea del Toboso, cabía esperar de don Alonso Casado algo parecido a lo que respondió don Quijote a los mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia: 

"No le mana, canalla infame —respondió don Quijote encendido en cólera—, no le mana, digo, eso que decís (nota palinura: bermellón y piedra azufre), sino ámbar y algalia entre algodones y no es tuerta ni corcovada sino más derecha que un huso de Guadarrama. Pero vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora".

¡Ah, qué tiempos en que también se blasfemaba por lo civil y hasta por lo estético!

Bueno, dirán ustedes, al fin y al cabo, Casado no es un caballero defendiendo a su dama, ni la dama es su dama. Verdad es. La doña tira más a Aldonza Lorenzo y Casado, a Sancho Panza. Y aun así, debiera defenderla con más gallardía y ahínco, no por amor, sino por lealtad.

Le debe el puesto. O sea, que también podría acompañarla en el mutis.

Y con este último expediente, el PP debiera tomarse en serio un congreso extraordinario de refundación, antes de que haya más políticos presos del PP que presos políticos independentistas.

jueves, 1 de noviembre de 2018

La Crida Nacional per la República

El artículo de ayer de elMón.cat, titulado "Fundaciones". Versa sobre el nacimiento de la Crida Nacional per la República (CNR). O, mejor dicho, sobre las reacciones al nacimiento de la CNR. Una parte de estas es muy negativa, sobre todo la que viene de los partidos políticos. Lo atribuyo a sectarismo. Pero, por si acaso este juicio fuera demasiado duro, me apresuro a señalar que el nuevo movimiento dispone de un arma casi imbatible: la doble militancia. Esta institución plantea el problema en sus exactos términos. La acendrada costumbre de colgar etiquetas a los demás ("de derecha", de "centro", etc) típica de los que las llevan puestas, como buenos sectarios, queda contradicha por el hecho de que la Crida no objete a que sus afiliados/as y miembros, militen, a su vez, en otros partidos, de izquierda, centro o derecha. Es decir, el problema lo tienen esos otros partidos que se encuentran en la desagradable posición de tener que prohibir a sus militantes que también se afilien a otra formación, o sea la posición de no respetar la libertad de elección de sus afiliados o, dicho claramente, la de ser sectas.

Aquí la versión española

FUNDACIONES

La convención fundacional de la Crida Nacional por la República (CNR) clarifica de forma que no todo el mundo encuentra cómoda la cuestión esencial, el meollo del independentismo desde el punto de vista táctico y estatégico. Es una forma nueva de entender el camino a la independencia y la independencia misma. O sea, una nueva propuesta para hacer más efectiva la acción camino a la República y una visión nueva de esa República.

En las empresas se sabe que el principal enemigo de toda novedad, de toda innovación es la rutina de los intereses creados. Aconsejan neutralizarlo sin perder el tiempo en discusiones inútiles. La inercia acabará vencida siempre que la innovación sea oportuna y tenga fuerza, sin necesisdad de perder el tiempo en tertulias La Crida trae dos propuestas innovadoras que apuntan al éxito en el futuro inmediato, basado en su naturaleza abierta y la sencillez de su aplicación. Su interés no radica en lo que se propone, sino en lo que no se propone. Son dos negaciones. Nada más simple.

No es un partido político y se disolverá una vez conseguido el objetivo de la República independiente. No es un partido político y no quiere serlo en el futuro.

La segunda parte, disolverse una vez alcanzado el objetivo, resuelve de un plumazo la polémica sobre el famoso ensanchamiento de la base. Es imposible imaginar un llamamiento más universal, inclusivo y amplio que el de sumarse a un movimiento en favor de una república cuyo contenido nadie pretende pre-establecer.

La República es el nombre del régimen de libertad que nos hemos dado los catalanes. Qué contenido haya de tener, dependerá de la correlación de fuerzas que luego se establezca en una Catalunya libre. Cómo se organizará, con qué instituciones, es algo que saldrá del proceso constituyente en marcha. De momento, lo más importante es implantarla y para hacerlo se requiere el concurso de todos y todas sin más requisito que el espíritu republicano, la independencia de juicio y el amor a la libertad.

Para todo lo demás, ya están los partidos políticos y la legitimidad de su acción en pro de unos u otros objetivos. Pero es precisamente desde este ámbito, el de los intereses partidistas creados, de donde vienen los ataques a la Crida. Como era de esperar. Nadie hace sitio de grado al recién llegado que, además, trae aires de triunfo.

Lo primero es cuestionar que no se trate de un partido, cuenta habida de que planea presentarse a elecciones. La objeción es formal. Cabe presentarse a elecciones como una coalición electoral y también cabe configurarse como partido político “por imperativo legal” para participar en las elecciones, lo que es un derecho, sin ser de verdad un partido político. Ni querer serlo.

El segundo ataque trae veneno sectario, del que corre a veces por los partidos y consiste en poner en duda la transversalidad de la Crida, imponiéndole una etiqueta (derecha, centro, centro derecha), quiera o no. De ese modo se pretende desactivar su mayor atractivo para situarla en un plano de igualdad con los partidos, esos que quieren la independencia pero a partir de una idea predeterminada de cómo habrá de ser el resultado. La ventaja de la Crida es que permite luchar por una República abierta, no condicionada por ideología alguna, por muy salvífica que sea.

Todo el mundo se había felicitado mucho por la transversalidad del movimiento independentista hasta que ha llegado uno que ha hecho de ella su principio organizador. Ahora resulta que ya no es tan conveniente porque se puede realizar. Sin embargo, la Crida aporta un medio infalible e inatacable para mantener la trasversalidad: la aceptación de la doble militancia. Se puede ser miembro de la Crida y de cualquier otra organización política puesto que lo único que se pide es independentismo. El problema no es, por tanto, la verdad de la transversalidad sino si los partidos políticos están dispuestos o no a respetar la libertad de elección de sus militantes. El problema es, pues, de los partidos. Y no es muy prometedor que traten de descargarlo sobre la nueva formación imponiéndole etiquetas sectarias

miércoles, 31 de octubre de 2018

Los presupuestos de la unión sagrada

¿Creían los ingenuos independentistas que su voto contrario a los PGE no permitiría aprobarlos y hasta ocasionaría la caída del gobierno? Si lo creían, ya se habrán desengañado. El frente de la moción de censura se ha roto y el PSOE retorna al frente del 155, mucho más seguro. En medio queda Podemos, tras haber hecho todo lo posible por seducir a los montaraces catalanes para que firmaran los presupuestos que mantendrían en el poder este ornitorrinco de un tripartito catalano-español. Se acabó. Y, mientras Iglesias sopesaba si le convenía o no ir de visita a Waterloo, el presidente Puigdemont se ha pronunciado también en contra de los PGE. Habiendo perdido su utilidad inmediata, una visita ahora del de Podemos solo podría evidenciar un sospechoso interés en encontrar terreno de diálogo con los separatistas y eso, en España, se paga.

Tras haber negociado los presupuestos por la izquierda con el PSOE, Podemos se encuentra ahora con que este, viéndose rechazado por los indepes, entra en cambalaches con C's. Hete aquí en realidad el amargo caliz que Podemos rechazó indignado hace un par de años de una coalición PSOE-Podemos-C's, pero agravada con la presencia de la carabina pepera. Su margen de decisión es inversamente proporcional a lo desairado, ridículo de su posición. ¿Dirían ustedes que se trata de bisoñez, de delirios de grandeza o de doctrinarismo?

Sánchez es un ejemplo notable de darwinismo social: supervivencia de los más aptos y adaptación al medio. El PSOE se presentaba con el lema de "Somos la izquierda" en la oposición, pero elige la derecha en el gobierno. Sobre todo, si es frente a los catalanes.

¿Qué precio tiene esto? Se deja de ser de izquierdas y se deja algo más y más grave por el camino. Se deja el republicanismo. La ministra Batet está indignada con IU y Podemos por pedir un referéndum y poner en cuestión la monarquía. Su argumentación es ridícula. Dice que hay que dejar al Rey al margen de la pugna política como si, en lugar de ser  este una figura política, fuera el Espíritu Santo, el que, según Cañizares hizo España unida. El discurso del PSOE es el mismo que el del PP y C's. Así que es mejor ir encarando los hechos: el PSOE es un partido antirrepublicano. 

No sé si toda la militancia estará de acuerdo con eso, pero el partido, como institución, es un firme pilar de la dinastía y un enemigo de la República. Un enemigo hipócrita que no hace un año felicitaba el 14 de abril, pero enemigo que ya se ha declarado. 

La República no, que habla catalán. Y tanto. Ayer se constituyó el Consell per la República. Tendremos ocasión de comentarlo.

U-O: ni olvido ni perdón



Mi amigo Hèctor Suñol me autoriza a difundir en abierto su documental "U-O: ni olvido ni perdón", cosa que hago de mil amores. Dura media hora, que se pasa volando, con el ánimo sobrecogido por lo que se nos muestra y cómo se nos muestra. Un pueblo defendiendo pacíficamente su derecho democrático a votar contra una fuerza y violencia desmesuradas, vandálicas. 

Eso no se puede olvidar.

Unas fuerzas de represión pertrechadas con todo lujo de aparato para apalear, destruir, herir o matar, empleándose a fondo sabedoras de que estaban obedeciendo órdenes injustas.

Eso no se puede perdonar.

martes, 30 de octubre de 2018

Fira de Girona

Ayer vi una foto de la alcaldesa de Girona, Marta Madrenas, y el presidente Quim Torra en la inauguración de la Fira de Girona, que se celebra en la ciudad por la fiesta de Sant Narcís. Iban los dos protegiéndose de la lluvia con sendos paraguas, típico instrumento del supremacismo catalán. Así que, do van los representantes, van los representados y, aprovechando que había escampado por la tarde, nos fuimos a la verbena.
  
La fira de Sant Narcís es, en realidad, dos: una seria de muestras comerciales, industriales, muy bien montada y otra de regocijo, un pedazo verbena con todas las atracciones de imaginables, desde los coches locos hasta la inevitable noria, reina majestuosa en todas las verbenas de todos los tiempos, pasando por los puestos de boniatos y castañas asadas y las atracciones de nuevas tecnologías, a cada cual más arriesgada, aventurada y tremenda. Túneles del horror, tómbolas, nubes de azúcar, casetas de tiro en las que conviven las viejas escopetas de aire comprimido y modernos rifles automáticos de asalto. Vamos, para arruinarse.

 Con dos críos era inevitable montar en todos las formas de montañas rusas o roller coasters, que son variadas. Cuando se sube uno a cualquiera de ellas, se le pone la cara que se ve en la foto, prueba de que el miedo y el gozo suelen ir unidos. ¿Y qué decir del marco?

Oigo las risas. Bueno, vayan allá y prueben a subirse a una máquina infernal que se llama ominosamente "Alcatraz". Y, si salen con todos los huesos en su sitio, es que "son mejores que yo, Gunga Din", que diría Kipling. ¡Ah! Además, en "Alcatraz" te meten en la cárcel, en unas jaulas de barrotes. Más que nada, para que puedas agarrarte.

Aniversarios

Estamos de aniversarios. Lo cual es muy significativo. Desgranamos efemérides repletas de símbolos, mensajes, mandatos, experiencias. Y concentradas en este mes de octubre: 1-O, 3-O, 10-O, 27-O. Hace un par de días todo eran jeremiadas por la confusión, indecisión, abandono, hasta engaño, de aquel día nefastamente parlamentario o parlamentariamente nefasto. Hoy celebramos la marcha al exilio del gobierno de la recién proclamada República. 

Y se vive como un triunfo. Habrá quien diga que hace falta mucha fe para ver en el exilio una victoria. Pero es que aquí hay, en efecto, mucha fe, que convierte en victoria la derrota de España. No será casualidad que la foto elegida para ilustrar la crónica de Gemma Aguilera recuerde tanto una parecida de hace cincuenta años, en mayo de 1968. Mensaje: es una revolución. 

Gracias al exilio Catalunya se ha hecho visible al mundo como nunca antes. El exilio con el respaldo moral de las personas injustamente presas por razones políticas. El triunfo del llamado "relato" independentista es abrumador y proporcional al descrédito del Estado español. No del régimen. Del Estado. Ahí están sus iniciativas exteriores: una ridícula "Marca España", fuente de desdoro; un premio de 12.000 € al mejor artículo de prensa sobre España. Todo heredado e intensificado en el ministerio actual de Asuntos Catalanes en donde se recurre a todas las tecnologías, se difunden pwps a favor de España, argumentarioas, datos, gráficos, libros que hacen lo mismo y, además, echan una mano al principal objetivo del ministro, que es acabar con la "leyenda negra". Nadie, al parecer, le ha dicho que es imposible acabar con la leyenda negra teniendo personas encarceladas, exiliadas o embargadas por razones políticas. Imposible. Lo único que está consiguiendo es ennegrecer más aun la leyenda. 

Es absurdo el empeño por legitimar con criterios democráticos acciones despóticas. La única solución razonable es la nulidad de la causa general contra el independentismo y la celebración de un referéndum pactado, legal, vinculante bajo control internacional. Un referéndum en el que unos planteen la independencia como República y el Estado plantee otra. La que quiera, 

Cospedal, un caso clínico

Todo el mundo recuerda alguna intervención pública de María Dolores Cospedal en los últimos años, sobre todo en su mandato de presidenta de CLM. Discursos duros, agresivos, sin contemplaciones; medidas drásticas, recortes injustos; una actitud de arrogancia y desprecio, mezclada con frecuentes desafíos: ella tendría que dimitir si alguien en el PP tuviera cuentas en Suiza (siendo así que solo parecen tenerlas en Suiza); en el PP no hay corrupción (en realidad, no hay otra cosa); hemos colaborado siempre con la justicia (a base de machacar discos duros). 

La categoría cívica de la ex-ministra se mide viendo cómo y con qué desfachatez negaba en público los presuntos delitos que su marido le comunicaba también presuntamente como ciertos, proporcionados por el presunto Villarejo, el cañón Berta del régimen del 78. Todo esto adobado con una exhibición pública de beaterío, gazmoñería y y santurronería que enfadaba hasta a los meapilas. Un caso clínico. Con episodios gloriosos como cuando un humorista, haciéndose pasar por espía ruso la convenció de que Puigdemont era un agente de Moscú bajo el nombre de guerra de Cipollino. 

Pero si los presuntos se convierten en probados, Cospedal tendrá que responder cuando menos por los también presuntos ilícitos de obstrucción a la justicia, encubrimiento y complicidad. En el PP cunde el pánico sobre lo que aún puede salir de la cloaca villarejiana sobre la dirigente manchega y su cónyuge.

Cómo estará la cosa que Casado, gran amigo de Cospedal, ha desaparecido, creyéndose invisible sin serlo, como el Calandrino del cuento de Boccaccio.  Que, por cierto, se le parecía en el carácter. 

lunes, 29 de octubre de 2018

El rey menguante

Aunque parezca mentira, la culpa de las horas bajas de la monarquía la tiene la monarquía por empeñarse en ser considerada como una monarquía "democrática". Pero, ¡hombre de Dios! La esencia de la monarquía es autocrática. En democracia hay elecciones y las elecciones se ganan o se pierden. Si se pierden, uno se va. ¿Cómo pierde las elecciones e España la monarquía? Por los ayuntamientos, como ya comprobó el bisabuelo de este mozo.

Empezaron los catalanes, como siempre, declarándolo persona non grata aquí y allá, hasta culminar con la moción parlamentaria de reprobación que el gobierno socialista ha mandado al Tribunal Constitucional con un motorista y orden taxativa de que se actúe en contra. Un gobierno de izquierda reypublicana, tan a gusto que está con el Borbón. Lo más fácil será que la ministra Calvo directamente prohíba al Parlament tratar de determinadas cuestiones. ¿Para qué andarnos con bobadas? ¿Quién es el Parlament para cuestionar la egregia figura del Jefe del Estado?

El autoritarismo ciega. Catalunya responde a esta nueva prohibición política arbitraria por la vía seudojudicial con una proliferación de reprobaciones del rey en cientos de ayuntamientos. Felipe VI acabará por no poder pisar Catalunya, salvo como ciudadano privado. Menos mal que, entre sus numerosos títulos, cuenta con el de Rey de Jerusalén, un lugar quizá menos hostil que su amada Catalunya. Y al gobierno le queda la tarea de abrir un negociado de recursos de inconstitucionalidad por mociones rebeldes.

Los malditos catalanes, que no paran, han acabado por contagiar a parte de la izquierda española y Garzón anuncia una ofensiva de IU en todos los ayuntamientos en contra de la monarquía y a favor de un referéndum monarquía/república. Estos se han contagiado por partida doble: de republicanismo y de referéndum. Aun no está claro qué hará Podemos. De momento, se concentra en insistir en la investigación al rey jubilado lo que, desde luego, debilita la monarquía, pero no equivale a plantear la política general de reprobación y la petición del referéndum. Disponen de una encuesta interna según la cual, cerca de un 40% de la ciudadanía piensa que el rey no estuvo acertado en Catalunya mientras que un 65% cree que Juan Carlos está "salpicado por la corrupcción". Parecen haberse decidido a actuar en donde hay más apoyo. 

El otro partido de la izquierda, el PSOE, está al servicio de la monarquía. Más en los círculos dirigentes que entre las bases, pero eso es poco relevante. Es un partido dinástico y claramente opuesto al restablecimiento de la República. Conviene ir acabando con la ambigüedad: un partido antirrepublicano. Tan antirrepublicano como el PP y C's. Los tres parten de la aceptación de la España de Franco, perpetuada en la Constitución de 1978, cuyo acostumbrado cuadragésimo aniversario festejamos este año. 

Veo la República catalana. No veo la española. Se entiende la furia de cierta izquierda española contra los indepes catalanes. Los acusan de querer ser cuando lo bueno es no ser.

domingo, 28 de octubre de 2018

Ens en sortirem

Ustedes perdonarán el involuntario narcisismo de la foto. No es nuestra. En las fotos, salvo las selfies, que son la democratización del autorretrato, el único que no puede haberlas hecho es el que está en ellas. Es de quien la haya hecho, del ojo que la haya visto. Y de él o ella y de su ojo es todo el mérito. Por cierto, ando buscando al autor/a de esta para reconocer su autoría. La he pirateado de tuiter invocando principio de buena fe.

Porque tiene su fuerza. Y no por nosotros, sino por su contenido semiótico, según dice elNacional.cat. Mira por donde, Xavier y servidor personificamos la transversalidad de la Crida: dos ánimos o espíritus diferentes unidos en el empeño común de la independencia y, habiéndola conseguido, desharán la unidad y volverán a sus diferencias civilizadamente en una sociedad más libre y más justa. La Crida no es un partido político (salvo necesidad de guion) y tiene fecha expresa de caducidad, reiterada ayer por el MHP Puigdemont: cap a la República. A partir de ahí, en una República libre, se impone vuelta a la doctrina Sinatra, cada uno/a his/her own way.

Las partes teórica y orgánica del movimiento que nació ayer estuvieron magníficamente expuestas por Elsa Artadi, Ferran Mascarell, Gemma Geis y Toni Morral. Y, por supuesto, las razones brevemente expuestas de la afiliación a la Crida de las distintas personas que realmente simbolizaban todas las andaduras de la vida. Eché en falta alguna adhesión a título personal de la CUP. Rebeldía obliga.

Y las comunicaciones del triunvirato fundador, la carta de Jordi Sánchez, la alocución en vídeo de Carles Puigdemont y la muy encendida (los medios españoles dirán incendiaria) presencial de Quim Torra. ¡Qué país! No querían un presidente y tienen dos. Como los cónsules de la República romana. 

Punto y aparte el prodigio de organización (per treure's el barret) a todos los niveles para acomodar y facilitar los movimientos de miles de personas, los medios, los aparcamientos, los coches, la carpa suplementaria, la iluminación, el sonido, las actuaciones musicales, las presentadoras, las intervenciones en vídeo de Puigdemont. Vídeo interfaz. Una capacidad para coordinar tantos y tantos actos y movimientos improvisada en horas, gracias a la labor de 600 voluntarios/as.

Y eso, sin medios. Por ahora.

sábado, 27 de octubre de 2018

Los reypublicanos

O publicanos del rey. Publicanos en el sentido más duro de los Evangelios, esto es, aquellos judíos desalmados y canallas que cobraban tributos excesivos a su propio pueblo en beneficio de los amos, los romanos. Aquí igual,la servidumbre de unos supuestos socialistas en favor del amo coronado y en contra de la gente del pueblo. Socialistas de pacotilla, cortesanos genuflexos, miserables lacayos dispuestos a defender con un hilo de voz y temblores en las piernas los privilegios de los parásitos reales contra la voz democrática y viva de la gente. Antiguos izquierdistas convertidos en miserables tiralevitas de los monarcas sin contraprestación alguna, simplemente por su deseo perruno de ver contento al amo. Gentecilla sin dignidad ni gallardía, siervos viles con alma de infusorio que sufren de tercianas si ven que alguien con entereza y valor, como los parlamentarios catalanes independentistas, mandan al rey a donde le corresponde, esto es, a freír puñetas. Esclavos agradecidos de que el señor les pase la mano por el untoso lomo. Basura.

Dice la portavoz socialista, con su aplomo de embustera encallecida, que el gobierno recurrirá la moción del Parlament porque este no puede ir contra el Jefe del Estado o declararlo un indeseable, que lo es. Al no tener nada que perder, el Consejo de Estado -otro órgano franquista repleto de estantiguas e inútiles aprovechados- ha decidido dictaminar a favor del Parlamento catalán porque entiende -como entiende cualquier bípedo implume racional del siglo XXI- que el Parlamento es un lugar en el que se puede y se debe hablar de todo en todos los tonos. El Parlamento es soberano. Es igual. El gobierno ha decidido que el Parlament no tiene más derechos y libertades que las que él le asigne.

Debe de ser una doctrina aprendida de mano de la ministra y vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo, profesora de Derecho constitucional y persona ignorante del abc de la política constitucional. Cuando este gobierno de reypublicanos y socialistas de mentira decidió no tocar la Ley Mordaza, a pesar de sus promesas, porque le viene bien para su tarea de censura, la tal ministra habló de una "regulación" de la libertad de expresión. Llegó a decir que en Europa ya nadie creía en la teoría de que la mejor ley de libertad de expresión es la que no existe. Muy felices se las prometía también Sánchez, que sabe tanto de estas materias como su ministra; es decir, nada. Calvo ignora que la enmienda 1ª a la vigente Constitución de los Estados Unidos dice que "El Congreso no aprobará ninguna ley que restrinja la libertad de expresión ni de prensa". Ninguna ley quiere decir ninguna ley y es claro que sigue en vigor que la mejor ley de prensa es la que no existe.

Calvo no se queda aquí y extiende su ignorancia al ámbito parlamentario. Según ella, el pronunciamiento sobre este insoportable Borbón excede las competencias del Parlamento catalán. La soberanía parlamentaria no existe. Solo existe la ignorancia de la ministra. Si el Parlament no es competente para decidir sobre la Jefatura del Estado, ¿quién lo es? ¿El gobierno? ¿Dios? ¿El propio Jefe del Estado? ¿Esta ministra, cuya ignorancia es directamente proporcional a su huera suficiencia?

Este gobierno de correveidiles seudoizquierdistas del PSOE, apoyados por Podemos, que trata de disimular para no aparecer apoyando al rey, decía oponerse a la política del PP de "judicializar" un conflicto político como el de Catalunya. Y, para que se vea, lo primero que hace es judicializarlo, mandándolo al Tribunal Constitucional (TC). Es cierto que el TC no es un órgano judicial sino uno político y, en realidad, un grupo de compinches al servicio del gobierno, pero funciona como tribunal y hasta como alguacilillo desde la reforma de la LOTC que aquel genio jurídico de la ratita presumida se sacó del magín y por la cual, probablemente esté ahora en el Consejo de Estado, cobrando una pasta por no hacer nada gracias al enchufe del reypublicano Sánchez.

Ayer mismo, el Ayuntamiento de Barcelona siguió los pasos del Parlament y declaró que la monarquía es una institución caduca y antidemocrática, con la misma moderación del Parlament porque, como es obvio, la institución, además de eso, es parasitaria, enemiga de la dignidad de las personas, estúpida, inhumana y, además, en el caso de España, corrupta, putera y golfa a extremos increíbles. El gobierno tendrá que llevar al TC la decisión del consistorio barcelonés y, luego, las que irán produciéndose en cadena en toda Cataluña.

Es la vía para desobedecer, resistir y echar al Estado español de estas tierras, ese que, según Margallo, no se irá pacíficamente de Cataluña. Y por desgracia, puede que tenga razón: no se irá pacíficamente; causará daño, destrozos, sufrimiento y muerte (como siempre ha hecho), pero se irá.

Claro que se irá.

Se irá si todos los ayuntamientos declaramos persona (y ya es mucho) non grata al Preparao.

Se irá si todos los que hicimos el 1º de octubre y votaron en él nos inculpamos por desobediencia. No tienen cárceles para más de dos millones de demócratas. 

Se irá si desobedecemos, aunque Margallo se crea Espartero.

Hoy, Palinuro en Poble Nou

Para hablar de "España quedó atrás" con el amigo y también escritor Romero de Tejada. Un buen momento por la fecha en que nos encontramos, un año después de la proclamación de la independencia y la República, cuando mucha gente anda haciendo derrotismo y quintacolumnismo. Que si el 27 de septiembre se engañó a la gente, que si los líderes no tenían plan B, ni nada previsto, que los políticos van a lo suyo, que si no sabían lo que hacían... Confieso que estoy hasta las cejas de esos Jeremías aparentemente críticos y todos más de derechas que Romanones. Desde el 1-O de 2017 España, en Catalunya, quedó definitivamente atrás y ahí sigue, cada vez más perdida en el pasado de su esencia ultrarreaccionaria y nacionalcatólica. Y no la va a rescatar ni todo el enjambre de sabiondos catalanes que, con el cuento de dar cuenta del proceso a la independencia, lo que quieren es sembrar la desunión y frenar la República.

Nos vemos hoy en Ploblenou a las 12:00 en el Centro Moral i Cultural de Poblenou.

viernes, 26 de octubre de 2018

Han perdido el juicio

Efectivamente, el título tiene significado doble. Incluso causal: porque unos han perdido el juicio, otros van a perder el juicio. En fin, que esto del Estado de derecho es demasiado complicado para España.

La serie de peripecias que ha rodeado esta rocambolesca instrucción apunta más a un proceso de alocada y compartida arbitrariedad que a un proceso judicial penal con garantías. Unos comportamientos tan caprichosos como mezquinos del juez en relación con los derechos de las y los presas políticas que se corona con una acusación de delitos que no se han podido demostrar ni indiciariamente pues falta un componente esencial en su tipificación. Acusación a los presos políticos, pero no a su máximo responsable político, a quien no se puede acusar en el extranjero porque sus tribunales no lo aceptan, razón por la cual, el juez español se niega a llevarlo a España, de forma que la necesidad se hace virtud. 

A los conflictos judiciales internacionales se añade una balumba orgánica interior, hecha de tratos de favor entre magistrados, manipulaciones de nombramientos, supuestas falsedades que deja el prestigio del tribunal juzgador, el Supremo, literalmente por los suelos. 

A esa madeja de argucias, incompetencias, abusos, maniobras, se añade que toda la causa está montada sobre los informes de un teniente coronel, Daniel Baena, jefe de la policía judicial judicial de Catalunya que, en sus ratos libres alimentaba dos cuentas disimuladas de tuiter desde las que insultaba y amenazaba a los independentistas. O sea el uniformado Baena investigaba a los independentistas de día como agente judicial y, de noche, los insultaba y amenazaba, disfrazado de travieso troll. Luego, los informes de este elemento según parece, han servido al juez Llarena para montar su causa jurídico-literaria. Con razón es esta tan estrafalaria. Sus fuentes lo son. Y lo que hace este caso insostenible y necesitado de anulación no es que lo sean; es que él no se haya dado cuenta y las dé por buenas.

¿Es posible tomarse esto en serio?

Entiendo la mucha preocupación de la gente con las condenas que puedan salir de esos juicios. Es evidente que quienes los han instigado, incoado, admitido y procesado han perdido el poco que les quedaba. Entiendo también el propósito de hacer servir la farsa judicial como un juicio político, con una potente denuncia que haga (más) visible Catalunya en Europa. Pero no me convence poner las trincheras tan atrás. Si hay juicio, ya veremos; si hay condenas, también veremos. Pero es preciso empezar negando la legitimidad de raíz de este proceso por vicios evidentes y pidiendo su anulación y la liberación ipso facto de los presos políticos. Para la acusación particular habrá mil interpretaciones de mil doctrinas que la silencien.

Prevalecerá el ciego orgullo del nacionalismo español. Sí, ese que empezó diciendo que no era nacionalista, amenazó luego con montar un Ulster en Catalunya que iba a resolver los problemas de estreñimiento de los catalanes y termina por ahora amenazando con recurrir a la violencia, como siempre, por tierra, mar y aire.

Habrá que resistir. Ese juicio no puede celebrarse. Es la mejor manera de que nadie lo pierda.



jueves, 25 de octubre de 2018

La República es de todas para todas

Mi artículo en elMón.cat ayer, titulado La República de los castellers. Se me ocurrió la metáfora viendo castells, esa aportación única de Tarraco a la cultura de la humanidad. Reconozco que es fácil; no el castell, claro, sino la metáfora; pero solo en Catalunya; fuera de aquí sienta uno plaza de catalán y eso, hoy, cuenta.

En el fondo, el artículo es una reiteración de la importancia de la unidad en el movimiento independentista. Algo por lo que todo el mundo lucha y conserva y a lo que todo el mundo hasta ahora ha sido fiel. Y sigue siéndolo. Las discrepancias que sirven al unionismo para entonar afligido responso por el alma de la República catalana, son la mejor prueba de su vida. 

Aquí el texto en catellano.


La República de los castellers

Cuentan las crónicas que, cuando Franco destituyó a Pemán como miembro del Consejo de Estado por su monarquismo, el escritor, preguntado en una entrevista (en ABC, claro) para qué servía el Consejo respondió : “para escuchar al aconsejado”. La anécdota viene al pelo porque, en las circunstancias actuales es muy conveniente añadir peso institucional a las decisiones de las personas que simbolizan los ejes del independentismo en todas sus variantes. El presidente Puigdemont representa la legitimidad de la República en el exterior, pero no lo hace por sí solo, de modo carismático, sino como punto de acuerdo y confluencia de todos los elementos que coinciden en el independentismo y por eso es muy conveniente que su acción tenga el respaldo de un órgano colegiado.

A su vez, este órgano colegiado, llámese como se llame, Consejo de o por la República es imprescindible por razones evidentes. La República debe contar con un medio de acción exterior independiente del gobierno de España que no hace otra cosa que boicotear la actividad internacional de la Generalitat.

La ausencia de la CUP, en principio coherente con su endurecimiento frente a las tácticas del gobierno y el Parlamento, no está bien calibrada. Una cosa es el gobierno y el parlamento y otra la presidencia de la República. Lo primeros son entes de brega cotidiana, con una tendencia a negociar y pactar que debe vigilarse de cerca para no incurrir en la querencia del autonomismo. La segunda, sin perder eficacia de acción, toca un orden legitimatorio y simbólico al que solo motivos de mucho peso autorizan a hacer de menos.

Todos los intervinientes en el proceso tienen sus funciones y responsabilidades y, si hemos llegado unidos hasta aquí y lo hemos hecho precisamente por estar unidos, solo un motivo claro, rotundo, trasparente, puede justificar la ruptura de la unidad y no consideraciones tácticas o partidistas.

Todo el mundo está trabajando en condiciones muy difíciles, con hostigamientos permanentes desde el Estado y trampas de todo tipo. Las acciones encaradas son muy diversas y pueden derivar en consecuencias políticas y jurídicas muy distintas. Lo más importante por ahora es insistir en la liberación de los presos/as políticas y la anulación de la causa. Es donde más daño se puede hacer a la estrategia represiva del Estado, que no ha cambiado un ápice con el gobierno de Sánchez. El trato es nítido: si no hay liberación de presos y anulación de la farsa judicial, no habrá presupuestos.

La deslegitimación de la represión judicial a manos de unos tribunales prevaricadores y el desprestigio internacional son tan obvios que hasta el bloque del gobierno (PSOE/Podemos) se escinde, con una parte tratando de encontrar alguna solución que evite la imagen de que España sigue siendo la misma dictadura franquista disfrazada de democracia.

A este empeño se suman los demás actos del independentismo. Además del Consejo de la República, el gobierno pone en marcha el Foro Constituyente aprovechando lo que los teóricos de la revolución llaman hoy los “intersticios” del capitalismo. Este Foro dará mejores o peores frutos prácticos, pero tiene también un valor simbólico indudable en el esfuerzo común hacia una República que se concibe como una obra de castellers.

Además de las instituciones, los presos/as, los partidos, el tejido social catalán, fuertemente movilizado mantiene una gran actividad. Las entidades sociales, la ANC, Ómnium, AMI, las formas espontáneas de movilización como los CDR y las organizaciones de base como la CUP, forman un frente crítico que respalda la acción institucional, la legitima, pero también tira de ella, la impulsa en el sentido de las reivindicaciones del 1O, vigila y no pemite las complacencias o desviaciones de los inevitables quintacolumnistas que siempre hay en todas partes. Incluidas las de los vigilantes.

En medio de esta actividad conjunta orientada a la independencia de la República catalana, el factor unidad sigue siendo de importancia primordial. Por eso, la presentación del Consejo de la República el próximo 30 de octubre es una buena ocasión para escenificarla. No hay que darle más boato del que precisa, pero tampoco menos. Que el movimiento infravalore propios logros no es una actitud racional.

La crítica de que según qué actos los réditos pueden ser distintos para unos u otros partidos o aspiraciones personales es legítima siempre que se extienda a todo el mundo. Incluso a quienes la hacen. Pues todos los castellers de este empeño tienen sus responsabilidades y proyectos personales y de partidos. Ninguno es más ni menos que otro y todos son imprescindibles para el logro del objetivo común.

Fuego parlamentario

Tardá no se muerde la lengua y origina tempestades en el hemiciclo, o tumultos, como dirían los jueces del 1-O. Pero no habla a humo de pajas. Hace unas fechas que uno de estos dos flechas azules, Casado o Rivera, Rivera o Casado, Cavera o Risado, advirtió no sé si a Puigdemont, a Torrent o a Torra o a los tres al mismo tiempo, de que podría acabar como Companys. Ya sabe el amable público: entregado por Alemania, torturado y asesinado en España por el general Franco. No es exagerada la conclusión del león de la ERC. Sobre todo porque usa el pretérito imperfecto de subjuntivo. Es un descanso. Pero no se olvide que esto es España, en donde los tiempos de los verbos tienden a confundirse.

En todo caso, el clima parlamentario es tormentoso. Uno de los dos flechas imperiales, Casado en la ocasión ha llamado "golpista" al presidente Sánchez. Sánchez le ha pedido que retire sus palabras y el otro se ha negado. Una situación que hace ciento cincuenta años se resolvía con un duelo. Ahora el grupo del PP aplaude enfervorizado a su líder y sostiene que es el mejor "desde Cánovas".

Pasando por encima de Rajoy, Aznar y el mismísimo Fraga. Y también por encima de Calvo Sotelo o Maura. No sé yo... Es verdad que el Parlamento español deja mucho que desear desde aquellos discursos de Castelar y, desde luego, de Donoso Cortés, un orador cuyo verbo era tan seductor que, cuando se pasaba su tiempo, la cámara entera le pedía que continuara.

Francamente, no veo a ningún parlamentario en esa situación. Pero no solo porque la calidad de las intervenciones sea siempre mediocre (pues a veces no lo es) sino por la actitud del auditorio, de la que mejor es no hablar.

miércoles, 24 de octubre de 2018

¿En dónde estamos?

Lo conseguirán, no hay duda de que lo conseguirán. Porque son tenaces, tozudos, consistentes, resistentes, decididas; porque han tejido un ámbito propio, una red propia, nacional, muy porosa, flexible, una realidad alternativa al Estado, tan real como virtual, con inigualable aprovechamiento de las tics, una política 2.3, que no es ya diálogo, sino multílogo; hablan todas, hablamos todas, desde los radicales antisistema, hasta los empresarios, los financieros, las burguesas. No sobra nadie. Y  no es bueno que sobre. En el entendimiento de que el objetivo postulado es común y a él se supeditan cualesquiera otros afanes. 

En ese contexto toma fuerza la idea de que el independentismo, incómodamente próximo en apoyo al no-independentismo, debe intentar ampliar su base. Al margen queda aquí la no menos incómoda cuestión de por qué haya de estar el independentismo más necesitado política o moralmente de ampliar su base que el unionismo.

Por supuesto, toda idea de ampliar la base es feliz. Generalmente se prefieren más que menos votantes. La única objeción que cabe hacer a la propuesta afecta al precio de la ampliación, a si esta se logra al coste de reducir o renunciar a los objetivos propios. Si no hay reducción o renuncia, bienvenida será toda ampliación. Si la hay, bien en tiempo bien en modo, ya es otro cantar.

Quieren los hados regalarnos un interesante banco de pruebas. Ayer presentaron su plataforma los soberanistas de Catalunya en comú. Leída la noticia, destila ambigüedad. Se entiende que estos soberanistas se constituyen en grupo o corriente interna dentro de los Comuns, a los que someten a acerba crítica. Pero siguen dentro. 

Atención al nombre adoptado. Los nombres, como las personas, evolucionan. Los nacionalistas de antaño pasaron a soberanistas y estos dieron en considerarse y llamarse independentistas. Siempre había cuestiones de matices. Llamarse "soberanista" ahora, ¿quiere decir que se es o no se es independentista? La ambigüedad viene de que quiere decir ambas cosas.

La cuestión es saber cómo afecta esa primera fractura de los Comuns al comportamiento de su grupo parlamentario de ocho diputados. Porque, según sean los resultados, comenzarán las especulaciones sobre alianzas parlamentarias con "otras fuerzas". Por supuesto, la perspectiva de otro tripartito está excluida de raíz, gracias al suicidio del PSC, convertido en gran valedor de la España imperial del 155.

Estamos en donde estábamos, pero más avanzados. Y solo hay un camino: hacia delante. 

martes, 23 de octubre de 2018

No damos abasto

La política catalana es un torbellino. Mientras el líder de Podemos medita sobre la conveniencia de acudir a Waterloo a un encuentro con el réprobo Puigdemont, este convoca a las fuerzas indepes en el histórico lugar para aprobar en petit comité el Consejo de la República, que se presentará con pompa y boato el próximo 30 de octubre en la sala Sant Jordi del Palau de la Generalitat. Han acudido todos, excepto la CUP, que podría haberlo hecho perfectamente. 

Al margen de rifirrafes y resquemores, el Consejo es imprescindible. Cierto que trae un aire gaullista, incluso napoleónico. Ese "Consell" ya suena a Cónsul. Está dentro de la figura y el papel que ha asumido Puigdemont como representante de la República en el exterior y el depositario de su legitimidad. Que después el Consejo pueda o deba actuar como una u otra forma de alter-gobierno de la Generalitat es cosa que puede discutirse. Pero que la República tenga una proyección internacional independiente del gobierno español, concentrado en cortocircuitar la acción exterior del govern, parece incuestionable. 

Sucede que en el torbellino de la política catalana interactúa una multiplicidad de sujetos que, además, se adaptan a veces bruscamente a los cambios de circunstancias. Los distintos polos del independentismo mantienen una actividad incesante por sí solos y en relación unos con los otros. Es lógico que haya discrepancias y fricciones. El anuncio de la CUP del paso a la oposición es un acicate más a los partidos de la Generalitat que, a fuer de realista, no niega la posibilidad de llevar al gobierno a elecciones negando el voto a los presupuestos. Como hacen los partidos del govern con los PGE en Madrid.

La perspectiva de elecciones, sin embargo, no preocupa en demasía a los otros partidos, por más que digan no quererlas. La CUP y ERC tienen buenas expectativas y la Crida presidencial no menos. La cuestión de las otras formaciones queda ya para los especialistas. En realidad, todos los movimientos están ya descontados y acaban girando en torno a la cuestión decisiva: cómo y cuándo se llega a la ruptura. Cada organización y elemento del movimiento indepe tiene su táctica. Pero todas estarán coordinadas hacia el fin último de la República y, por lo tanto, todas deberán apoyarse sin reservas. Ninguno de los intervinientes, sea partido, entidad social u organización esporádica puede pedir a otro que se detenga, que no actúe. El torbellino político es producto de la acción independiente de entidades independentistas.  

domingo, 21 de octubre de 2018

En Flandes se ha puesto una pica en Flandes

Ya era hora. Parabienes a Iglesias. Fue a Lledoners en demanda de la aprobación a los PGE porque sí y fiado al común acervo de la izquierda que todos compartimos, estemos en donde estemos. Regresó cautivo del cautivo, con aviso de vuelta a Sánchez y ruego de que se ponga al habla con el presidente de la República, esa que los unionistas dicen que no existe. Y así ha sido. Enhorabuena y felicidades por enmendar un yerro descomunal. Ahora habrá que ver si el contacto personal al que Puigdemont invita a Iglesias y este ha tomado con recelo, sirve para algo. En concreto, para que Podemos acabe perfilando una posición inteligible (y, a ser posible, de izquierda) sobre el independentismo catalán. 

Hay muchos escollos que vencer. El primero, la acusación a Iglesias de entrevistarse con un prófugo de la justicia y un enemigo de España. Puigdemont no es un prófugo de la justicia y se mueve en libertad por Europa y lo de "enemigo de España" es cosa de perspectiva. A muchos nos lo parecen más Aznar y Rajoy que Puigdemont y Junqueras. 

Las acusaciones de traición y pactar con el enemigo le vendrán también a Podemos desde los círculos más catalanófobos de su aliado en el gobierno y en los PGE. Pero Sánchez no podrá apoyarlos porque si aceptó que Iglesias se viera con el no-preso político Junqueras, ahora no puede oponerse a otra entrevista con el exiliado no-político Puigdemont. Y tampoco enfadarse si alguien pone en práctica su monserga sobre el diálogo, dialogando. 

La cuestión es: dialogando ¿de qué? Me atrevería a recomendar a las partes que, antes de fijar un objeto del diálogo, dedicaran un tiempo a conocerse mutuamente, a expresarse en confianza y de buena fe. Seguro que luego el diálogo concreto es más fructífero. Y lo sería más si invitaran a alguien de la CUP, a Anna Gabriel, que les pilla cerca. Sobre todo es importante que Iglesias vaya a Waterloo despojado de la armadura doctrinaria con que ha disimulado su incomprensión de la revolución catalana. En la cárcel ha visto el horizonte republicano. En el exilio verá el sentido de la transversalidad y el hecho de que la CUP haya dado prioridad a la cuestión nacional sobre la social. 

Eso es lo que destroza el apolillado anatema que trae el de Podemos en el maletín doctrinal de la izquierda española de que el independentismo es una cortina de humo para tapar la corrupción del 3% de una burguesía que, además de corrupta, es supremacista y xenófoba. Y no porque esa burguesía corrupta etc se haya hecho independentista, sino porque también es independentista la burguesía no corrupta, y la empresa y las finanzas y la clase media, los partidos, las asociaciones de la sociedad civil, el ámbito municipal, las instituciones, el mundo profesional, el clero y hasta la izquierda más anticapitalista y antisistema. Se trata de una revolución de nuevo tipo que los de Podemos podían haber identificado antes de ser menos dogmáticos. 

Encontrar respuestas a demandas que ni se entienden es el gran reto de la izquierda española. Se devana esta los sesos tratando de encontrar un punto medio, una terza via entre los dos monstruos de la política represiva y la independencia. Un reto imposible de abordar a primera vista pues se trata de elaborar una propuesta de izquierda que acepten los independentistas y los unionistas. 

Nada que hacer porque, además, ya está hecho. Ese punto medio entre los dos extremos es el referéndum pactado de autodeterminación vinculante y con mediación internacional. Y no como un desideratum que se alcanzará cuando vuelva Arthur de Avalon, sino como una medida práctica y realizable que puede ponerse en práctica cuando se es parte del gobierno de hecho y se cuenta con la mayoría parlamentaria precisa.

Una vez cargadas las pilas en Waterloo, Iglesias puede ir a planteárselo a Sánchez como consuelo por no contar con la firma de los indepes en los PGE..