sábado, 9 de junio de 2018

¡Santiago y abre España!

Pues claro, naturalmente, hay que hablar. Es uso en todos los países civilizados.

Porque se puede armar un lío descomunal, judicializar un problema político, reprimir a la población pacífica con inusitada crueldad, intervenir un gobierno, cesarlo, cerrar su parlamento, envíar gente a la cárcel y forzar a otra al exilio, negarse a reconocer el resultado de unas elecciones, aplicar el 155, obstaculizar cuanto se pueda la formación de gobierno pero, al final, hay que sentarse a dialogar. A dialogar con los supremacistas, nazis, xenófobos, racistas, le pens, etc. No hay más remedio que tragarse la propaganda insultante y tratarse con la buena fe que las circunstancias exigen.

No es ni será fácil. A la escasa predisposición que se advierte en Sánchez se unen las amenazas de los barones en sus filas y los gritos furibundos de la derecha para quien Sánchez seguramente habría pactado la desmembración de España a cambio de sus votos separatistas. Claro que no es fácil dar un giro radical a una política agresiva de confrontación a otra de entendimiento y búsqueda de soluciones. Sobre todo si se tiene en cuenta que las bases de negociación de las dos partes son diametralmente opuestas. 

El gobierno está en Babia. Dice la ministra portavoz que Sánchez tiene previsto reunirse con Torra como lo hará bilateralmente con los demás presidentes de las CCAA. 24 horas después es titular de todos los periódicos que Sánchez y Torra han hablado por teléfono y acordado reunirse cuanto antes. Con esa mentalidad de "café para todos" el gobierno no va a ir muy lejos y menos vendiendo como una concesión graciosa el parcial levantamiento de la intervención de las cuentas que es obligado por la retirada del 155.

La negociación es asunto de supervivencia del gobierno y del Estado. Suficientemente claro está ya que la judicialización y la represión ciega, la manipulación de los medios y la justicia, los discursos del rey, solo han servido para que el movimiento independentista se amplíe, afiance, se estructure y avance. El 1º O los catalanes se habían ganado el derecho a un Estado propio, según decía Puigdemont y, desde entonces, no han hecho más que ejercerlo en unas condiciones de hostilidad y agresividad muy visibles. 

Ese derecho sigue ahí personificado en la cuestión que necesariamente presidirá cualquier negociación entre la Generalitat y el Estado, la de los presos y exiliados políticos. La excusa según la cual el destino de presos y exiliados no depende del gobierno sino de los jueces y la división de poderes etc., es una patraña. El fiscal puede retirar las acusaciones. El proceso político montado (el de "descabezar" al independentismo) puede desmontarse con igual celeridad, visto además, que ya ha dejado la justicia española a la altura del betún en Europa. 

El independentismo catalán no ha renunciado a la llamada "vía unilateral". Al contrario. Otra cosa es que esté dispuesto a dialogar sobre propuestas concretas. Hace falta que las haya. Y aquí es donde el PSOE no trae las alforjas bien provistas: admitido que no cabe retornar al sano autonomismo, se medio murmuran oscuros propósitos federales, el retorno a una revisión del Estatuto de 2006, convenientemente cepillado y masacrado. Cualquier cosa de ese o parecido jaez pero ni hablar de derecho a decidir ni referéndum. 

Que es justamente donde tiene plantados sus reales el movimiento independentista. De no llegarse a este punto, seguirá habiendo vía unilateral amparada en la resistencia y la desobediencia civil pacíficas.

viernes, 8 de junio de 2018

Repartidos los papeles, comienza la función

Palinuro se suma a la legión de comentaristas del nuevo gobierno.

Desde la perspectiva de género, acierto total. El camino se hace andando. Pronunciada mayoría de mujeres. Hay quien lo encuentra exagerado y un farol. En realidad, es una composición normal porque debiera ser normal, ya que siendo normal la mayoría de mujeres, y no excepcional, volverá a ser normal un gobierno con mayoría de hombres y no el acostumbrado abuso. 

El punto de los ministros y sus peculiaridades ha sido el más comentado. Los nombramientos más cuestionados, al menos en la izquierda, son Borrell, Marlaska, Robles, Delgado, Ribera y Huerta. Un aspecto merece reseña (el resto quede para los cien días) y es el de los jueces en ministerios directamente relacionados con su quehacer profesional: Justicia (Delgado), CNI (Robles), Interor (Marlaska). No tengo claro que esa coincidencia sea beneficiosa. El reciente desastre de Zoido, juez, en Interior, que hizo bueno a Fernández Díaz, es un precedente muy alarmante.

Pero lo bueno son las políticas concretas y las posibilidades reales de llevarlas a cabo en media legislatura y con 85 diputados. Se consolida la idea de los dos frentes y la "geometría variable". Hasta El País, (que, por cierto, está en trance de purificación o cambio de piel) informa de que el gobierno pretende dar unos golpes de efecto, más que nada para frenar a Podemos. Es de suponer se trate de medidas sociales, de consolidación y ampliación de derechos y restitución de las más flagrantes injusticias sociales heredadas del PP. En esto tienen los socialistas pillados a los de Podemos que verán con tristeza cómo se marchitan sus ilusiones de sorpasso, sometido al yugo de la vil socialdemocracia.

Volverán en este caso a ser imprescindibles los votos de los indepes catalanes y esos quizá no sean tan seguros cuenta habida de la coz con que Sánchez ha agradecido los que le dieron para la moción de censura por obligación moral con los nombramientos de Borrell y Marlaska. No conviene olvidar la sabia lección de Maquiavelo cuando avisa al príncipe de que, si actúa honradamente pudiendo no hacerlo, pone en peligro su principado.  Si faltan los votos independentistas, ninguna medida saldrá adelante, por mucho que sea su efecto. La beligerancia extrema del PP está garantizada como se prueba por el hecho de que Hernando, su portavoz, exija ya, con su habitual perentoriedad, un debate sobre el Estado de la nación... a un gobierno que aun no ha echado a andar y habiéndolo omitido su propio partido los tres años anteriores. Supongo que el hombre querrá debatir sobre el Estado de la nación que los suyos han dejado.

En el frente "nacional", según se ve, intención del gobierno de ponerse al habla con el Le Pen catalán antes del verano. Pues corre prisa porque faltan menos de dos semanas. Para ser eficaz, se me ocurre un plan por el que Sánchez podría conjugar sus dos empeños, los golpes de efecto y el diálogo con Catalunya: preséntese en Barcelona a entablar el diálogo habiendo excarcelado a los presos y permitido el retorno de los exiliados. 

Como quiera que algo así es muy improbable está claro que las conversaciones girarán sobre los presos y exiliados políticos y la restauración de las instituciones legítimas de la Generalitat. Y esto dará para mucho. Pero tanto si se llega a algún acuerdo como si no en el horizonte se mantiene siempre la cuestión que ha dado origen al último tramo del procés, con una hoja de ruta que encendió el proceso revolucionario: la de un referéndum pactado de autodeterminación. Como en Escocia o en el Canadá. Eso era lo que debió haberse decidido hace diez años. De no hacerse ahora, Catalunya seguirá siendo ingobernable y, por extensión, España entera.

Porque no es posible gobernar democráticamente un territorio como Catalunya en contra de la voluntad de la mayoría de sus habitantes. Dictatorialmente, quizá, pero no es el caso. La única posibilidad es llegar a un punto de equilibrio, uno en el que coincidan los intereses de ambas partes porque ninguna de ellas puede, de momento, imponerse sobre la otra. El Estado no puede aceptar el derecho de revolución de Catalunya y Catalunya no puede aceptar el derecho de conquista del Estado. 

Eso es algo que, al final, debe decidir la gente votando libremente en un referéndum de autodeterminación de Catalunya. 

jueves, 7 de junio de 2018

Zafarrancho monclovita de combate

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado El país veí es rearma, dando cuenta de los primeros nombramientos que ya alumbraban el lunes: Borrell, Batet, Robles, Ábalos. El mensaje, como se dice hoy, era de dureza sobre todo hacia Catalunya. Venía alimentado por el juicio furibundamente antiindependentista de Sánchez, que repite como un loro las falacias derechistas sobre el proceso porque, en realidad, las comparte.

La composición por entero del gobierno, conocida ayer, confirma dos predicciones: gobierno de notables y beligerancia antiindependentista ampliada a antivasquista. Vuelven los "jóvenes nacionalistas españoles" del 82, algunos peinando canas pero con similar ímpetu nacional patriótico. Lo de los notables levantará algunas ampollas entre los fieles militantes que se sientan relegados, pero ese es asunto menor. Lo grueso es la contumaz e incrementada agresividad frente al independentismo y el mantenimiento de la política represiva y autoritaria de la derecha. Con Grande Marlaska es seguro que no se derogará la ley Mordaza. Algunas injusticias claman al cielo. Los presos políticos catalanes preventivos están sometidos a la política de dispersión mientras que, según parece, algunos miembros de la manada, condenados, son trasladados cerca de sus familias. Este no es un gobierno de diálogo sino de mantenimiento de la situación colonial en Catalunya contra toda razón y justicia.

Maravilla la obcecación del nacionalismo español. Al substituir al gobierno de la derecha pero solo para demostrar que tiene aun menos contemplaciones con el Estado de derecho, el PSOE destroza el último argumento que podía esgrimir en Europa para evitar el apoyo de esta a la causa independentista: el de que el conflicto no es una cuestión de Estado, sino una simple desavenencia de partidos.

A continuación, el texto castellano:

El país vecino se rearma


Rajoy ha caído por una moción de censura que prosperó gracias a los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos. Estos últimos aun negociaron una contrapartida en la promesa del PSOE de no tocar los presupuestos. Los catalanes no exigieron nada a cambio. Se tomaron el voto a favor de la moción de censura como una “obligación moral”, lo cual habla mucho de su sentido de Estado, aunque no esté claro de qué Estado se trate.

El voto a favor ha permitido al reino de España librarse del gobierno del partido más corrupto e incompetente de Europa, una verdadera organización de malhechores que ha expoliado el país. Lo que parecía mentira se ha producido: Rajoy se va como vino, mintiendo, engañando y dejando tras de sí la peor ejecutoria de un presidente español. Realmente, el independentismo catalán ha hecho un favor a España en su pretensión de ser admitida en el seno de los Estados democráticos europeos.

Lo que está por ver es si también se lo ha hecho a Catalunya. Durante los preparativos de la moción de censura, algunas voces críticas señalaban que el independentismo no debía votar a favor ya que interesaba más la continuación de la banda de malhechores por el conocido efecto de “cuanto peor, mejor”, una de esas paradojas que M. Rajoy era incapaz de entender y de reproducir. Al final, prevaleció la idea de la “obligación moral” y se votó por facilitar un cambio, un relevo, incluso una “regeneración” en España.

Lo lógico sería esperar una actitud correspondiente de la parte española. No ha habido tal. Los beneficiarios de la moción, PSOE y Podemos, mantienen la ficción de que la ganaron ellos, no deben nada a nadie y actúan en consecuencia, lo cual es lógico pues los independentistas señalaron repetidamente que no votaban a favor de Sánchez sino en contra de Rajoy.

Pero entre ellos mismos, los partidos españoles se ajustan las cuentas. PSOE se alza en solitario como vencedor con sus 84 diputados y excluye del gobierno a Podemos quien pasa por la humillación de instalar y apoyar al PSOE, el partido al que pretendía desplazar. La oferta socialista de integrar a los morados en puestos segundones de la administración es una afrenta más a una organización que tiene más narcisos que militantes.

El gobierno que presenta Sánchez Castejón trae un espíritu confusamente regeneracionista para el Estado y claramente nacional-español para Catalunya y hasta beligerante con ella. En el aspecto general, los propósitos son etéreos y acompañados de las habituales buenas palabras: reformas, progresismo, igualdad, paridad, ecologismo, derechos, etc. En qué medida se concreten es un imponderable dependiente de la debilidad parlamentaria del gobierno.

En las relaciones, España/Catalunya, en cambio, el espíritu está muy definido y las primeras medidas y gestos apuntan a un endurecimiento de la actitud del gobierno del Estado y una continuación de las políticas del PP hasta hacer realidad el obtuso propósito de este de descabezar el movimiento independentista.

Es decir, el país vecino, España, no solo no agradece a los diputados independentistas el gesto de permitirle contar con un gobierno que no sea una banda de ladrones, sino que se apresta a combatir en contra de sus aspiraciones. La base ideológica de este “resurgimiento” del nacionalismo español sedicentemente de izquierda aparece de continuo en las cavilaciones ideológicas de Pedro Sánchez: el independentismo divide a la sociedad catalana; debe cumplir la legalidad vigente; se hará alguna reforma constitucional para mantener a Catalunya dentro del Estado español; se buscará alguna solución “política” al conflicto; se reformará el Código Penal para convertir en delito el independentismo; en España no hay presos políticos y el señor Torra es como Le Pen. El mismo razonamiento que el PP.

Con ese planteamiento ideológico catalanófobo, nada de extraño que las primeras medidas del equipo de Sánchez lleven ese cariz profundamente anticatalán: se mantendrá la intervención de la Hacienda de la Generalitat, los presos políticos seguirán de rehenes del juez Llarena (quien, por cierto, ha sido llamado a declarar por la justicia belga) y se nombra ministro de Exteriores a un catalán agresivo españolista próximo al sector de Societat Civil Catalana, una organización vinculada a la extrema derecha.

El gobierno cuenta con la división del Parlamento para llevar adelante esta política en dos territorios opuestos mediante la “geometría variable”, pactando con los reaccionarios PP y C’s las medidas contra Catalunya y con la izquierda de Podemos y los independentistas catalanes las medidas reformistas y progresistas.

Lo cual está muy bien pero olvida un dato crucial: solo cuenta con 84 diputados y sigue necesitando los votos independentistas para aprobar cualquier medida que no sea contra Catalunya. Las medidas contra Catalunya saldrán de la abrumadora mayoría nacional-española que ha sostenido hasta ahora el 155. Lo que hay en España hoy es un relevo de un gobierno anticatalán de derecha por otro igualmente anticatalán de sedicente izquierda.

¡Gracias!

Me ocurre con el rey como a Mark Twain con el Sumo Pontífice. Decía el autor de Tom Sawyer que él no era más que el Papa, pero tampoco menos. En cuanto a mí, no soy más que el rey pues, sin desmerecer de su majestad, no soy más que nadie; pero tampoco menos. Así, si el rey puede decir cada vez que le dejan que algo (por ejemplo, una corrida de toros, espectáculo cultural) le "llena de orgullo y satisfacción", yo, que no soy menos, también puedo decirlo, aunque por otros motivos.

Me llena de orgullo y satisfacción comunicar que La República Catalana (publicado en 2016) va por la sexta edición y España quedó atrás (publicado este mismo año), por la tercera. El autor expresa su agradecimiento por este medio a los lectores. España quedó atrás llegó a estar tercero entre los libros en castellano no de ficción... en Catalunya. En España, silencio absoluto. Ambos timbres de gloria.

Acaricio la idea de escribir un tercero, si los dioses me son propicios, sobre el momento en que el deseo se haya hecho realidad. Todo un reto y un privilegio dejar constancia de que, en contra del saber convencional, el profeta desarmado del movimiento independentista puede triunfar. 

miércoles, 6 de junio de 2018

A rey muerto, rey puesto

M. Rajoy se va como llegó, contando mentiras. Ni un punto de autocrítica. El PP lo ha hecho todo muy bien pero, al final, la trama contra el PP que él denunció en su día, ayudada por los radicales y la antiespaña, se ha impuesto. Su resumen era profundo y sentido. La decisión de marcharse era "lo mejor para mí, para el PP y ara España" peligrosamente cerca de algún confuso balbuceo de "lo mejor para mi, beneficio político, el suyo". 

En el lado de los ganadores, una curiosa trifulca. Todos se arrogan el mérito y, desde luego, todos lo tienen. Pero decisivos han sido los votos de los indepes catalanes y los nacionalistas vascos. Quizá quepa incluir a estos en esa magmática "presión popular" que, según los de Podemos, ha hecho ganar la moción, pero no es convincente. A M. Rajoy y secuaces los han echado en primer lugar ellos mismos; en segundo, los indepes y nacionalistas; y solo en tercero los del "sí se puede".

Ha sido esfumarse el presidente de la Gürtel y ya ha comenzado la batalla interna en el PP en donde se escuchan propuestas sublimes. García Margallo especula con una unidad de acción re-popular entre el PP y C's, una derecha reunida. Y quizá acaudillada por el inevitable Aznar, con su avinagrado mal gesto, ademán que él reputa de estadista. Tendría gracia que saliera elegido líder de la derecha. En las elecciones podría proponer como candidatos a sus exministros hoy en la cárcel. Si los independentistas se empeñan en que los suyos son presos políticos, se hace políticos a otros presos. Café para todos. 

Y luego está el que se ha ceñido la corona, Sánchez, que más parece emperador que Rey. En el asunto de mayor trascendencia de la política española, Catalunya, el nuevo gobierno trae una actitud más agresiva y beligerante que el anterior. Mantiene la base compartida por ambos al comienzo: intervención de la Generalitat, control estricto de legalidad, mantenimiento de los presos políticos y diseminados y afirmación de la vía represiva policial y judicial así como judicialización del proceso. A ello se añade el nombramiento de Borrell como una declaración de beligerancia total. 

Sánchez no piensa negociar nada con el Le Pen catalán y no trae propuesta alguna de solución política del conflicto como él mismo exigía no hace mucho a Rajoy. Las confusas promesas  federalistas basadas en una quimérica reforma de la Constitución tienen hoy un valor nominal inferior al de salida que ya era de cero. La alternativa es la perpetuación de un conflicto cuyo efecto en Europa no dependerá de los relatos de Borrell sino de lo que su gobierno haga en Catalunya, enfrentado a una demanda sostenida por un amplio movimiento de resistencia y desobediencia civil. 

Torra pedía hace poco a Sánchez que explicitara cuál es su proyecto para Catalunya. No lo tiene. Solo tiene un discurso ideológico desquiciadamente antiindependentista, dando por bueno el enfoque represivo que ha heredado del PP. 

De esta forma, aun reconociendo que un Borrell puede hacer mejor propaganda de España que la idea de comprar panegíricos a 12.000 euros la pieza, lo cierto es que el gobierno parece decidido a disipar las últimas dudas que quedaban en Europa acerca del conflicto España/Cayalunya, de si era una cuestión de la derecha monárquica o más bien una del Estado español en su estructura misma. 

Y ese será el momento de la mediación exterior, eso que saca de quicio a los patriotas de cuentas en Suiza y a sus aliados del patriotismo nacional-popular. Y, sin embargo, no hay otra salida desde el momento en que quien habría de proponerla carece de ella.

martes, 5 de junio de 2018

Un gobierno transitorio

El cambio en España se anuncia con tonos triunfales. El profundo desprestigio del del PP, con la guinda final de la primera sentencia de la Gürtel forzaron una salida de Rajoy bastante histriónica e histérica. El nuevo gobierno se enfrenta a un panorama desolador en prácticamente todos los campos. No le hará falta repetir lo de la "herencia recibida" que esgrimió M. Rajoy hasta la saciedad cuando comenzó su labor de destrucción porque la herencia está a la vista: la destrucción ha sido completa. El estado de ruina y postración en que el PP deja al país con una deuda impagable, la seguridad social en quiebra, más de tres millones de parados, salarios de miseria, servicios sociales desastrosos una corrupción galopante y una crisis constitucional entre España y Catalunya es imposible de ocultar.

Sánchez insiste en mensajes tranquilizadores y renovadores. Se preferirá, dice, el consenso a la crispación. Se procurará un equipo de gobierno de notables en el que se dará especial peso a la competencia para llevar adelante políticas reformistas y se articularán grandes áreas de acción gubernativa, Justicia e Interior, Medio Ambiente y otros. Ambiciosa tarea que incluye desmontar las políticas represivas, reaccionarias o simplemente corruptas del PP, blindar derechos en la  Constitución y encontrar una propuesta política para Catalunya.

Y todo eso en dos años hasta las próximas elecciones y con 84 diputados. 

Parece bastante difícil, por la desmesura del propósito y lo exiguo de los recursos humanos. Y teniendo en cuenta, además, que el derrotado PP, según inveterada costumbre, hará una oposición montaraz y obstaculizadora, atrincherado en su mayoría absoluta en el Senado.

Es inevitable que el resto de la legislatura sea, por tanto, una prolongada campaña electoral hasta las elecciones anticipadas. Una campaña electoral en diferido, que diría Cospedal. Lo cual dará la mayor importancia a los preparativos de los partidos. En el PP, dolidos por lo que consideran una felonía, hay un periodo de reajuste para averiguar si M. Rajoy se sale con la suya de perpetuarse en el mando y volver a ser candidato o se deja paso a una renovación de algún tipo.

Los dos desafiadores del bipartidismo, C's y Podemos, también se encuentran en disposición electoral. C's, tan perdedor de la moción de censura como el PP por pura incapacidad para afirmar una posición propia tiene que conseguirla neutralizando el halo falangista que se le ha puesto. 

Podemos, amargado por la decisión de Sánchez de no ir a gobierno monocolor se encuentra ahora rechazado por el aliado que corteja (y al que pretendía "sorpassar") y sin tener clara la oposición que pueda hacerle. 

En el PSOE, el triunfo todo lo endulza y el reparto de cargos consolidará una estructura partidaria que tiende a prescindir del poder de los barones. Los próximos barómetros sin duda registrarán un alza de la intención de voto de los socialistas, que se incrementará con su actitud nacional española,

Porque es en el asunto de Catalunya en donde el relevo del PSOE trae las ideas más claras frente al magma confuso de la derecha. Se retira el 155 porque es obligado al haber govern, no por deseo de la dirección socialista, se mantiene la intervención de la Hacienda de la Generalitat y se sigue abordando el conflicto España/Catalunya como un ausunto de orden público y judicial. Sin variante. Si acaso con una intensificación de la actitud en el nombramiento de José Borrell como ministro de Asuntos Exteriores. Indica clara beligerancia en contra del independentismo.

Cosa que era de esperar de un presidente del gobierno que considera que Torra es como La Pen.

lunes, 4 de junio de 2018

Ni cien minutos

No ha terminado Sánchez de desempacar en La Moncloa y ya lo tienen cercado y sometido a fuego graneado. En un ensayo del tipo de oposición bronca, montaraz, de jabalí que empezará el PP ahora mismo, el macarra Hernando deslegitima el resultado de la moción de censura y trae a colación la idea del golpe de Estado que, al parecer, han dado los aliados de Sánchez. Considerándose despojados inmoralmente de lo que es suyo, lo que les pertenece por derecho divino, esto es, el poder, se disponen a torpedear sus propios presupuestos en el Senado, un depósito de carcamales de extrema derecha dispuestos a hacer lo que se les ordene. Cualquier cosa por obstaculizar e impedir el gobierno del PSOE.

Por supuesto, el sonsonete, que ya empieza a oírse, es la exigencia de nuevas elecciones. Nunca falla, cuando la derecha las pierde en la forma que sea tarda horas en pedirlas nuevas. En este caso, minutos. Según leo, ya las piden también los héroes de la vida social y mediática, como Nadal y Belén Esteban. 

Es claro, no van a darle tiempo ni de sentarse en su despacho. La trasmisión de poderes será un espectáculo de atrocidades de la banda gurteliana y habrá todo tipo de juego sucio, ocultación, destrucción, boicoteos, etc.  En su propio partido, la baronía anda agitada e inquieta y las viejas glorias vigilan de cerca cualesquiera aficiones negociadoras de Sánchez con la hidra del independentismo. Sigue siendo una de las cabezas del triunvirato del 155 y la que más embestía, pidiendo prolongar el artículo de marras y reformar de paso el Código Penal para convertir en delito de rebelión el mero independentismo. Es algo primitivo, pero muy eficaz por estos pagos: no se puede ser independentista igual que antaño no se podía ser masón o arriano. 

Sánchez se mueve con sigilo, escarmentado de épocas pasadas y rumia en secreto su gobierno. Según parece hay una perspectiva de echar mano a figuras relevantes aunque no militantes del PSOE, una idea de gobierno de notables con lo que se quiere dar a entender que esto va en serio, no depende de las vicisitudes del partido y se es consciente de la gravedad de la situación.

C's y Podemos, cada uno por razones distintas, han quedado desdibujados en la peripecia de la moción. Rivera ha dado un paso en falso y su inutilidad ha quedado en evidencia. Podemos, viéndose obligado a encumbrar a quien había venido a "sorpassar", hace de necesidad virtud y habla de los sacrificios en pro del objetivo esencial de librar al país de Rajoy.  Pero hay desencanto en la negativa de Sánchez a la coalición, motivo por el cual, los morados se resignan a estar en la oposición al gobierno al que habían apoyado. 

Los vascos, decisivos en la moción, ya están preparando una batería de reformas (incluida una constitucional) que encamine a Euskadi por una vía de independencia confederal. Vista la incapacidad de Sánchez para entender el conflicto España/Catalunya tengo poca duda de que menos entenderá el España/País Vasco

Por supuesto, los catalanes proveen el sonido de fondo de los tambores lejanos. El govern de Torra es de un independentismo incuestionable. El gesto de la fachada del Palau de la Generalitat deja bien claro su espíritu republicano beligerante. Ni los cien minutos mencionados. Sánchez se ha encontrado la pancarta sobre la libertad de los presos políticos mientras negaba que estos existieran. Alguien podría decir que cabría esperar un trato más suave pero otro le contestaría que no es suavidad lo que el PSOE parece llevar a Catalunya sino, al revés, más represión e involución. El episodio de la moción de censura de Badalona, con una alianza del PSC con el PP y C's así lo prueba. 

Y junto a la beligerancia republicana, un espíritu de negociación y diálogo ofrecido a España. Torra dice estar esperando cuáles son las propuestas de Sánchez para Catalunya. No parece, sin embargo, muy claro que el secretario general del PSOE y hoy presidente del gobierno esté dispuesto a plantear propuestas al Le Pen catalán. 

Mucha gente, incluso próxima al gobierno, pide que se acerquen los presos políticos a su tierra. Muestran buena intención pero pésimo cálculo. No es el acercamiento lo que ha de pedirse sino la liberación completa. Carece de sentido seguir con una farsa judicial que se puso en marcha con un objetivo político una vez que este ha fracasado clamorosamente pues el independentismo catalán es hoy más fuerte y tiene mejores perspectivas que nunca.  

domingo, 3 de junio de 2018

Tarjeta de visita: los presos políticos

La última vez que Pedro Sánchez se refirió a los presos políticos en España fue para negar su existencia. Para él no hay "presos políticos". Ignoro si también completó como hacen los de la banda pepera, hablando de "políticos presos". O sea, como Zaplana. Me extraña que alguien de izquierdas sea incapaz de ver las diferencias entre Zaplana Y Junqueras. Si no las ve cuando son patentes a primera vista, realmente no merece la pena seguir hablando. Hay que pasar a defenderse. Porque si alguien sostiene que no hay diferencias entre Zaplana y Junqueras, solo puede hacerlo de mala fe y frente a la mala fe, poco es lo que cabe razonar. Lo dicho, a defenderse.

Defensa es la iniciativa de la Generalitat de colgar un enorme cartel en la fachada del Palau de Sant Jaume pidiendo la libertad de los presos políticos, de esos que no existen, según Sánchez. Apenas nombrado presidente del gobierno español, Sánchez ya "razona" como Rajoy: negando la existencia de lo que no le gusta. Para el presidente de los sobresueldos, no habría consulta del 9N 2014 y no hubo consulta del 9N 2014; no habría referéndum del 1-O y no hubo referéndum del 1-O; no habría declaración de independencia republicana y no hubo tal; no hay presos políticos y Sánchez retoma la falsedad de la banda de malhechores y la hace suya: no hay presos políticos.

Pero el hecho es que los hay y su liberación ha sido la primera exigencia del gobierno de Torra. Sánchez puede seguir la vía neurótica de su predecesor y obstinarse en negar la realidad y la realidad acabará negándolo a él como ya ha tachado al presidente de la Gürtel y el apaleamiento de ciudadanos el 1-O. Claro que hay presos y exiliados políticos en España y, por cierto, injustamente tratados en relación con los presos comunes. Claro que la lucha por su liberación es el punto primero del programa del govern de la Generalitat, lo que demuestra la absoluta ineptitud de quien diseñó toda la operación de represión en Catalunya, Soraya Sáez de Santamaría. Y claro igualmente, que el gobierno español no puede permitir que la bandera española no ondee en el Palau y sí, en cambio, la pancarta por los presos políticos con la que, además, Torra pone en evidencia el camaleonismo y la hipocresía de Ada Colau. 

La cuestión es si el gobierno de Sánchez está en situación de obligar a la Generalitat a cumplir la legislación sobre banderas y retirar el cartel de los presos. Y no lo está. Otra parcela más de soberanía española desalojada por la soberanía catalana. Este es el procedimiento por el cual la República está consolidándose de hecho, gradualmente, ante la creciente impotencia del Estado, cada vez más fallido e incompetente. 

Desde el nombramiento de las nuevas conselleres se han escuchado voces criticando al govern de Torra el haberse acomodado a las exigencias españolas, haber aceptado su ilegal legalidad, llegando al extremo de dudar de su compromiso con el objetivo final de la República Catalana independiente. Pero las declaraciones y actos del presidente son inequívocos: la hoja de ruta a la independencia y la República se mantiene, queremos la liberación de los presos y la anulación de todos los expedientes represivos del tipo que sea, judicial, político, económico, policial, etc. 

El problema, obviamente, es para Pedro Sánchez. Su partido, en especial sus sectores más reaccionarios, como Rubalcaba, Díaz, Bono, etc y algunos activos hoy en su entorno, como Ábalos o Puente, no le dejan ni acercarse a los independentistas. Por otro lado, su exclusión de Podemos del gobierno no lo hará bienquisto a los ojos de los morados, si bien es cierto que, dada su confusa ambigüedad, apenas será útiles en el contencioso catalán.

Porque ese es el problema real del Estado español ahora mismo, el que de verdad compromete su supervivencia. Ayer suponía Palinuro que el PSOE optaría por un gobierno apoyado en "geometría variable", juntando una política social progresista con el apoyo de Podemos y los indepes y una nacional reaccionaria imperial españolista con el apoyo del PP y C's. Lo cual está bien, revela decisión, pero no un conocimiento aceptable de la realidad con la que se encuentra. Esta se condensa en una figura concreta: la existencia de dos poderes -la dualidad- antagónicos que luchan por el mismo territorio, España y Catalunya. La segunda, emergente, la primera, claudicante.

Heredero de un régimen secularmente corrupto y tiránico, obra de una oligarquía inculta, esquilmadora, nacional-católica, con cuarenta años de franquismo y otros cuarenta de democracia falsa o Potemkin, el sistema político de la Constitución de 1978 ha llegado a su fin, por su incapacidad para hacer frente a la crisis territorial constitucional catalana. 

La República catalana acabará siendo una realidad incuestionable por incapacidad de la monarquía española para conservar a Catalunya. España la perdió para siempre con la salvaje represión policial del 1-O y la siniestra, amenazadora y estúpida comparecencia del rey dos días después en un discurso para defender al gobierno de los piolines y el "a por ellos" y amenazar a los catalanes sin contar con ellos para nada.

¿Qué puede hacer Pedro Sánchez para evitar la perspectiva de la separación final de Catalunya?

Si este Pedro Sánchez es el de la prolongación del 155, el "respeto a la ley", la reforma del Código Penal para criminalizar a los indepes y la intención de establecer la dictadura en Cataluña, no podrá hacer nada. 

sábado, 2 de junio de 2018

El gobierno debe ser de coalición

De los 180 votos favorables a la moción de censura, 24 (PDeCat, ERC, PNV y Bildu) no fueron "síes" a Sánchez Castejón quien, muy osada e inteligentemente, optó por no pactar nada con nadie, sino "noes" a M. Rajoy. De los 156 restantes, los 85 PSOE habrán sido "síes" de corazón y los 71 Unidos Podemos, "síes" de conveniencia. Pero en ambos casos, "síes" a Sánchez Castejón. Y desde el principio. No es exagerado decir que la moción la presentaban ambos. Y tampoco lo es pedir un gobierno de coalición entre las dos fuerzas de la izquierda, con un programa mínimo común y un correspondiente reparto de áreas ministeriales.

Todas las crónicas de prensa de hoy dan por sentado que Sánchez encabezará un gobierno monocolor en el que quizá haya independientes, pero de la órbita del PSOE. En todo caso, las quinielas son entre socialistas. No es elegante, no es justo y, además, no es posible. Los 85 diputados de Sánchez no resistirán la primera tarascada de los 169 de la derecha. No resistirán ni los 156 de PSOE y Podemos. Los 24 votos nacionalistas y/o independentistas seguirán siendo imprescindibles a lo largo de la legislatura. La gobernación de España seguirá dependiendo de los votos de la Antiespaña. En rigor, los indepes y nacionalistas también podrían pedirse algún ministerio. No lo harán porque, en efecto, no votaron "sí" a Sánchez sino "no" a Rajoy. Pero no es el caso de UP y no hay razón para excluirlos del gobierno. Y conste que aquí se defiende un gobierno de coalición por puro sentido de juego limpio ya que, en opinión de Palinuro, en poco ayuda al independentismo que Podemos esté o no en el poder. 

Salvo que Sánchez, como K el agrimensor, traiga otra alzada en el ánimo: un gobierno minoritario, casi minúsculo, gobernando según lo que se conoce como "geometría variable", pactando con la izquierda de Podemos y los indepes y nacionalistas determinadas medidas de derechos, sociales, reformistas, etc. para vencer a la derecha, y con la derecha en medidas de corte nacional español para vencer a los indepes y nacionalistas y, si se tercia, también a Podemos. 

Quien haya seguido la política española admitirá que, dadas las circunstancias de presión interior en su partido y sus propias convicciones reciamente nacional-castellanas, Sánchez puede intentar la jugada. Para el frente social, esgrime la imagen del líder que, como pedía Iceta, nos ha librado de Rajoy. Ayer cantaban albricias los aparatos de propaganda del PSOE y Podemos, celebrando la liberación de la pesadilla y comunicando la buena nueva a las masas enfervorecidas "yearning to breathe free”, como reza el verso de Emma Lazarus, grabado al pie de la estatua de la Libertad. 

Para el frente nacional, la abrumadora mayoría parlamentaria que concita. Un porcentaje muy elevado del electorado español, representado en el Congreso, en torno a un 80%, sumando algunos sectores nacional-castellanos de Podemos. Es un mandato democrático. Nada se dice de que la proporción se invierte en Catalunya y que, por lo tanto, lo que se presenta como mandato democrático no es otra cosa que un ejemplo de tiranía de la mayoría. Cualquiera que tenga idea de la adopción de decisiones colectivas con mayorías y minorías sabe de qué se trata. Y si la minoría es estructural (por ejemplo, nacional o lingüística o ambas), solo le queda tragar o rebelarse. Rebelarse en sentido filosófico, claro, no en el del juez Llarena. 

Esa geometría variable es ilusoria. El conflicto España/Catalunya que, según dictaminan hoy sabios analistas, es el determinante de la política española, no se resuelve jugando a las alianzas parlamentarias. Los dos parlamentos son radicalmente distintos. Los tres partidos dinásticos que en Madrid suponen un 72% de los escaños se quedan en el 42,2% en Catalunya, mientras que los indepes son, en cambio, el 51,8%. Son dos parlamentos de dos países.  Uno, una monarquía; el otro, una república. Difícil enmienda tiene este descosido. Por no decir, ninguna. 

Se sabe: aquí no hay una "cuestión catalana", sino una "cuestión española". El frente nacional, el triunvirato del 155 (habrá que ver qué rostro sustituye a Rajoy), no tiene oferta para Catalunya y su horizonte es aun más confuso cuando se recuerda la presencia de UP en el vertebrado gaseoso de los comunes. El mismo Sánchez invoca ahora el "diálogo", pero se presenta con una propuestas positivas tan bestias, como más 155 contra Le Pen, no elecciones, reforma del Código Penal para criminalizar el independentismo, que más le vale decir que no tiene ninguna, como el dios de Maimónides o el hombre de Musil, que no tienen atributos.

Las elecciones anticipadas parecen inevitables. No está claro, sin embargo, que sirvan para algo si, como es de suponer, cambian el panorama político pero no mucho. Las que pueden ser decisivas son las también muy probables elecciones catalanas anticipadas. Se admiten apuestas respecto a cuáles hayan de ser más importantes para España.


viernes, 1 de junio de 2018

Ahogando las penas en güisqui

Palinuro no glosará el ignominioso fin de M.Rajoy. Ya lo hizo con un optimista adelanto de dos años en un post titulado Desde mi más profundo desprecio. Si acaso breve mención al hecho insólito de la sobremesa de M. Rajoy, representado en sede parlamentaria por el bolso de Sáez de Santamaría. Un repaso al personaje, desde al plasma hasta el "Luis, sé fuerte" evidencia su tejido.

Cuatro mociones de censura ha habido. Tres fracasos y una victoria. A Rajoy lo echa uno que hasta hoy es su más firme aliado en la política del 155, uno que ayer le imploró que dimitiera, aterrorizado ante lo que se le viene encima. Que gobiernen los que no dejan gobernar sollozaba ayer a lo Maura el de los sobresueldos abrazado a un camarero. ¡Oh, ingrato país!

Pero los que no dejan gobernar tampoco pueden hacerlo, según dicta hoy el edito de El País, llamado, desiderativamente, Un gobierno inviable. ¡Pobre Sánchez! No lo quieren ni los suyos. Los otros, todavía menos. En realidad, ni él mismo, por eso llegó a ofrecer retirar la moción si Rajoy dimitía. Porque no está muy animado a gobernar el avispero que le deja el incompetente de su predecesor.  A ver cómo explica ahora a los barones del alcazarnoserinde que ofrece diálogo a Le Pen. Y cómo convence a los indepes de su buena voluntad dialogante cuando mantiene el 155 y niega que haya presos y presas políticas en España. 

La moción lleva a un gobierno de coalición PSOE/Podemos. Estos últimos, prodigio de lealtad, que ayer todavía ofrecían a C's ir juntos a una moción de censura si la de ahora fracasara, apretarán a los socialistas en los asuntos sociales y políticas progresistas. Quizá también en lo de la memoria histórica y no creo se atrevan a plantear un referéndum monarquía/república. En cuanto a Catalunya, la habitual melopea indeterminada.

A todo esto, el ánimo general es celebrar elecciones cuanto antes. Lo pide El País y el resto del B155 con patriótico clamor. ¿Qué esperarán los caballeros del orden de unas elecciones? Nada muy distinto de lo que hay ahora: dos bloques, izquierda y derecha; quizá se inviertan las tornas y el primero sea hegemónico. También puede haber trasvase de votos en el interior de los bloques, PP/C's y PSOE/Podemos. Es el eje social y resulta probablemente inestable. La estabilidad solo puede lograrse priorizando el eje nacional, que reúne en alianza sagrada a PSOE, PP y C's o bloque español, al que en muchas cosas también se añadiría parte de Podemos, preocupada por el discurso "nacional español". 

Esa es la única posibilidad de dar estabilidad al gobierno de España y quizá sea la más conveniente para afrontar de una vez una solución negociada al conflicto España/Catalunya. Sea como sea la política española, está condicionada por la catalana que, a su vez, tiene un grado de autonomía que l Estado no puede soportar. Es doctrina en Catalunya que la República proclamada el 27 de octubre está actuando. En condiciones excepcionales de restricción pero actuando como sujeto político, enfundado en una condición jurídica que le viene estrecha. Es un juego institucional de poder dual, España/Catalunya que la primera no puede aceptar y la segunda no puede negar. 

Si ha de haber elecciones generales, el gobierno central puede verse tentado a convocarlas también autonómicas en Catalunya. Y eso que hace poco un hosco Sánchez amenazaba con un 155 prolongado y sin elecciones. Un nuevo motivo de  confrontación sobre quién convoca elecciones en Catalunya. Quizá creen los del 155 que van a ganarlas, después de la que han montado apaleando a la gente, encarcelándola, obligándola a exiliarse. Como creían el 21 de diciembre. Y entonces, los presos y rehenes políticos llevaban poco tiempo en la cárcel y el exilio. Ahora han pasado los meses. El espíritu de resistencia de los represaliados políticos se ha contagiado a la sociedad que se ha movilizado para liberarlos. El resultado de las elecciones será una contundente victoria del bloque independentista que, a mi modesto entender, debiera ir en una lista única, de país.

Victoria independentista que ya no se podrá cortocircuitar por los habituales procedimientos de juego sucio, control de los medios, etc. Solo cabrá hacerlo ilegalizando opciones independentistas, que es lo que quieren hacer.

Pero entonces ya no podrá hablarse de elecciones, sino de continuación de la dictadura.

jueves, 31 de mayo de 2018

Filibusterismo florentino

¿Maquiavelo? Un aprendiz de brujo al lado de estos Borgias mesetarios, Sforzas catalanes, Medicis bilbotarras. Las dagas florentinas lanzan destellos en la penumbra de los pasillos del congreso. Los condottieri no saben al servicio de quién ponerse. Los príncipes se miran de reojo. Ninguno quiere cargar con el mochuelo de ser el báculo de la tiranía.

Viéndose perdido, con los vascos mirando a la izquierda, M. Rajoy pensó en dimitir para yugular la moción de censura. Eso daría tiempo al PP, impediría un gobierno del PSOE y permitiría convocar elecciones... al partido con amplia experiencia en ganarlas haciendo trampas. 

Hay en marcha una curiosa maniobra de Podemos de presentar otra moción de censura de acuerdo con C's, para el lamentable caso de que fracase la de PSOE, cosa de la que ya se ha asegurado porque C's no la votará. Podemos aclara ahora que no es prestando tres votos, sino colaborando lealmente en un programa minimalista: elecciones. Aquí la yugular que se busca no es la de la moción en sí sino la del propio Sánchez que, al salir derrotado en su iniciativa, tendría difícil la continuidad. Edificante no es; verosímil, tampoco.

A esa jugada se contrapone otra más refinada aun del PNV que, tras precipitarse anunciando su voto a favor, al comprender que así empujaba a M. Rajoy a la dimisión, recogió velas y postpuso su decisión al discurso de Sánchez. De tal modo, aquel no puede dimitir previamente y se juega la cabeza en la mocióncon un grado alto de probabilidad de perderla.

El destino de Rajoy depende de los independes catalanes. ¡Què fort!!! dice Jordi Barbeta. Un preso y un exiliado deciden sobre la suerte del que los ha encarcelado y enviado al exilio. Es verdad, como dice Barbeta, que, al final, la política española depende de la catalana. Desde hace muchos años, aunque la clase política mesetaria no se enteraba. Pero también puede verse que, con este desastre, esa dependencia es irrelevante: hagan lo que hagan los indepes, la actitud del Estado hacia Catalunya no va a cambiar, lo cual no quiere decir que sea capaz de hacer nada. Si gana Rajoy, el Parlamento no le dejará gobernar y tendrá que ir a elecciones. Si gana el PSOE, quien quizá no le deje gobernar será el propio PSOE; y elecciones. 

Así que, si el resultado es el mismo, no me parece mal apoyar la posición de principios, en los términos de obligación moral en que la plantean PSOE, Podemos y ERC. El independentismo va de eso precisamente, de regeneración democrática. Incluso en el país vecino.   

Dos países

Mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Què fer?. ¿Qué hacer? Habrá quien me acuse de chupar rueda de Lenin y su ¿Qué hacer?, de 1902. Pero Lenin hacía lo propio con la novela de Chernichevsky, ¿Qué hacer?, de 1863. De si la conocía Lenin da fe el hecho de que la había leído cinco veces. En fin, los títulos son copyleft. 

El ¿Qué hacer? aquí considerado se refiere a la disyuntiva bien visible en el independentismo entre integrar parte de su acción en el sistema político español (votar mociones de censura, participar en elecciones, etc) y abandonar el territorio español (abstenerse de participar) y concentrarse en Catalunya. Decidida partidaria de la ruptura, la CUP, que no tiene representanción en las Cortes. Partidaria de la integración (transitoriamente), ERC. En una posición intermedia, aunque con tendencia a la ruptura, el PDeCat. 

Ese es el tema. Aquí, la versión castellana.


¿Qué hacer?                                                    
                                                                                               
Esta es siempre la cuestión, que se plantea cuando hay disyuntivas. ¿Qué hacer entre dos opciones?

Salga como salga la moción de censura, todo el aparato político institucional español pone proa a elecciones anticipadas. Si gana Rajoy no será desde luego por sus méritos y le espera un resto de legislatura infernal, abrasado por las sucesivas sentencias de la Gürtel y en soledad parlamentaria absoluta, lo que lo llevará a elecciones. Si gana Sánchez con un aliado incómodo y un parlamento hostil, se verá igualmente obligado a convocar elecciones sobre todo teniendo en cuenta la desconfianza con que su partido mira la alianza de gobierno y los contactos con los independentistas.

Elecciones en todo caso. En el reino de España. Aquí se plantea la cuestión ¿qué hacer? ¿Participar o no participar en ellas? Asunto peliagudo porque hay razones cruzadas y de distinta índole. Las hay de cálculo, materiales, de eficacia y las hay de valor simbólico, de pronunciamiento, de desobediencia.  Participar es aceptar la legalidad española; no participar, permitir más anticatalanismo en las Cortes españolas.

La República tiene su propio calendario que, es de suponer, podrá ir aplicándose ordenadamente a medida que el Estado levante sus prohibiciones y las instituciones catalanas puedan funcionar. Pero, según como vayan las cosas, parte de ese calendario son unas posibles elecciones anticipadas. Como en España, pero en Catalunya. Es una cuestión de tiempos. La ironía de la situación es que el impacto de unas elecciones catalanas en España es ahora superior al de unas elecciones españolas en Catalunya.  Hace un par de años algo así era impensable.

Una decisión independentista de abstenerse en las elecciones generales españolas viene amparada en la idea de que son cosa de otro país. Al margen de la decisión que los indepes adopten en este asunto, el ánimo con que se plantea es el mismo: se trata de otro país y los asuntos que le conciernen son de otro país. Tómese el despliegue de los medios de comunicación en España y Catalunya. Todo el mundo sabe (incluidos organismos internacionales) que el sistema mediático catalán es mucho más plural que el español, sometido a la censura. La consecuencia obvia es que los catalanes están mucho mejor informados que los españoles no ya solo sobre Catalunya sino sobre España también. No existiendo pluralismo mediático español en lo relativo a Catalunya, lo que las audiencias reciben es la fábula del gobierno, elaborada por sus publicistas y escribas orgánicos y difundida obedientemente por los medios.

La cuestión es si merece la pena tomarse en serio esa fábula, perder el tiempo con las campañas mediáticas de corte negativista acusando a los independentistas de nazis, racistas, excluyentes, identitarios, xenófobos, supremacistas, etc. Quizá sea más práctico concentrarse en la defensa frente a los actos de agresión callejera de las bandas fascistas relacionadas con las cloacas del Estado, encendidas con los discursos de los ideólogos del régimen y sus organizaciones criminales más o menos fundidas con los partidos ultras.

Tómese esa ridícula acusación de supremacistas a los independentistas catalanes que Pedro Sánchez anda repitiendo por doquier sin saber lo que dice o la de “nazis” de Alfonso Guerra que sí sabe muy bien que miente como un bellaco.  Andan los del bloque del 155 y sus siervos en la prensa muy afanados buscando pruebas fehacientes de ese supremacismo y racismo. Unas declaraciones antañonas de Pujol, alguna referencia de Mas, los artículos y tuits de Torra, alguno de Puigdemont. Y con estos mimbres descontextualizados y/o directamente falseados, pretende construir una imagen del independentismo que permita oponerse a él no por razón de un colonialismo autoritario y retardatario, sino de la lucha por la libertad de los pueblos.  Cuando la derecha convierte un movimiento democrático y pacífico de millones por la libertad en una conjura de unos políticos supremacistas hace el mismo ridículo que cuando la izquierda lo atribuye a una confabulación de la burguesía corrupta.

Realmente, no merece la pena. Es en verdad otro país, tanto en la derecha como en la izquierda. Toda la virulencia y demagogia de los propagandistas del 155 solo prueba el desconcierto del bloque unionista, incapaz de articular una defensa de su concepción de España frente a la iniciativa independentista.  Las acusaciones de racismo y supremacismo quieren dar a entender que la República Catalana nace en un clima antidemocrático mientras que España sería al contrario un Estado democrático de derecho. La realidad es justamente la contraria: el independentismo catalán es un movimiento democrático que aboca a una Estado de derecho mientras que España es una dictadura de hecho en una situación de excepción y en la que, como en todas las dictaduras, hay presos, exiliados y represaliados políticos. Y presas, exiliadas y represaliadas políticas.


miércoles, 30 de mayo de 2018

La cara catalana de la moción de censura

Sánchez se ha lanzado a la piscina probática, fiado en la leyenda de curación y purificación. Presenta su iniciativa como una obligación moral de librar al país de una especie de maldición: un gobierno corrupto e incompetente y muy pegajoso, por cierto. Hay una especie de convicción general de que la salida del gobierno y el partido de la Gürtel y de su presidente, M. Rajoy, el de los papeles de Bárcenas, es un requisito para abrir una época nueva de normalización y regeneración democrática. Es el espíritu de un artículo de Angels Barceló, en pro de un sí a la moción de Sánchez o el de Jaume Roures, quien espera diálogo de un triunfo de la moción.

No obstante, la moción no tiene garantizado el triunfo. Los "contactos" de Sánchez están condicionados por la actitud de su partido en lo catalán y su fuerte compromiso propio con el 155. Es lógico que se niegue a los detalles y plantee la iniciativa en el terreno de los principios. Pero también es lógico pensar que, al no negociar nada, está pidiendo un cheque en blanco, cosa delicada vista la trayectoria del personaje. Para conseguir el voto ajeno no basta con echar al PP; es preciso especificar en qué va a cambiar la política del gobierno y del Estado. Con C's ya a la contra, la moción depende de los independentistas y, además de estos, del PNV.

Hay una polémica en el seno del independentismo ERC parece dispuesta a apoyar la moción por el criterio dar prioridad a la salida de M. Rajoy. PDeCat es reticente y la ANC, por boca de su presidenta, Elisenda Paluzie, contundente: les da igual quién presida el gobierno español. Es la tesis de los dos países y cada uno a lo suyo. ERC piensa que arrastrará al PDeCat, pero eso no está garantizado. La verosimilitud del argumento de que, para Catalunya, Sánchez pueda ser peor que M. Rajoy la ha alimentado el propio Sánchez, guerrero de la reforma del Código Penal para ilegalizar el independentismo. A su vez, el PNV vacila, como siempre, entre el deber y el interés. Y vacilando sigue. Luego de zascandilear largo rato, como acostumbra, C's parece decantarse por apoyar a la Gürtel votando en contra o absteniéndose ya que su interés ha pasado a ser elecciones inmediatas. 

Todo ello forma negros nubarrones en el horizonte del PSOE. La moción puede fracasar. De hecho ello no cambiaría gran cosa en el caos actual, salvo la esperable crisis interna del PSOE. Una más.

Porque el fracaso de la moción no tendría por qué venir seguido necesariamente de dos años más de esta catástrofe bíblica del PP. También podría materializarse otra operación de tintes sórdidos pero posibles: una llamada "moción instrumental" para convocar elecciones, presentada por C's, a quien Podemos prestaría los tres diputados más necesarios. Digo sórdidos porque esta alianza o unidad de acción es la que Podemos rechazó como pretexto para votar "no" a un gobierno de Sánchez en 2015 y la que, en cierto modo, ha estado presente para no sumar C's a una moción presentada por PSOE y C's. 

Pero lo de sórdidos es suave en exceso cuando se mira desde otro lado: si la moción de censura de Sánchez fracasara y, en cambio, triunfase otra "instrumental" Podemos/C's, estos partidos pillarían al PSOE en mitad de una crisis, sin secretario general o con uno muy mermado y quizá se hiciera realidad el anhelado sorpasso. Si esto tiene algo que ver con el interés general es cosa que queda a juicio de cada cual. Porque esa moción tendría menos votos que la del PSOE con lo cual, en efecto, el fracaso de la moción del PSOE conduciría a dos años más de gobierno del PP. 

Torra ha desbloqueado la formación del govern y lo ha hecho de modo muy combativo anunciando una querella por prevaricación contra Rajoy a lo que de inmediato seguirá la petición de levantamiento del 155. Lo que venga a continuación dependerá del resultado e la moción de censura y de las probables elecciones generales. En las cuales se planteará la misma cuestión que ahora de si los independentistas deben o no participar en el juego de las instituciones de España que, al fin y al cabo, es otro país. 

martes, 29 de mayo de 2018

La moción del corredor de fondo

Al día siguiente a la noticía de la moción de censura, muy contra su costumbre, M. Rajoy se lanzó al foro público en comparecencias y declaraciones a los medios en plan combativo, agresivo, incisivo, argumentando que la moción del PSOE va contra la estabilidad de España. Un país que celebra el 40º aniversario de la Constitución teniéndola en suspenso con un artículo excepcional de plenos poderes no es precisamente modelo de estabilidad.

El resto de las "explicaciones" de Rajoy, de este fabuloso jaez. Ignacio Escolar publica un relato demoledor de todas las mentiras acumuladas por el presidente de la Gürtel en la comparecencia: Las mentiras de Rajoy sobre la sentencia de la Gürtel y la moción de censura. Todo cuanto dice este hombre es tan mendaz que hasta es falso lo que calla. Realmente, la moción de censura es incuestionable y eso lo sabe todo el mundo, incluido él: moción de censura por su increíble incompetencia (ha quebrado un país en sentido económico y territorial) y su inenarrable corrupción. Ni una vez pronunció la palabra Gürtel el presidente del partido y del gobierno de la Gürtel, que cuenta con ministros y presidentes de CCAA procesados y condenados como si fueran una verdadera mafia. Echen cuentas: más de ochocientos imputados. El reino del hampa. 

La moción de censura es indiscutible.

Pero, ¿es posible? Los números no acaban de cuadrar en una dirección u otra. Precisamente para aprovechar esa indecisión M. Rajoy ha ordenado a la presidenta del Congreso que apresure los plazos. Para no dar tiempo a que cuaje una alternativa que llegue a los 176 escaños. Cosa bastante probable por cuanto las líneas rojas de uno y otro lado, las advertencias, condiciones, etc, resultan muy difíciles de conjugar en tan breve tiempo, hasta el viernes. Puede que imposible.

Bueno. La flecha ha partido. Vistos los equívocos, desconfianzas y rifirrafes, el PSOE hará bien en plantear una moción de censura sumando los votos de Podemos y abierta a quien quiera incorporarse  a ella gratis et amore. Vista la complejidad de las exigencias, seguramente es lo más sensato que puede hacer: presentar la moción como una cuestión de principios, como regeneración democrática. Nada de compadreos, cambalaches o cesiones. Dos cosas son esenciales: un claro programa de restablecimiento de la legalidad y la normalidad cuanto antes con desactivación de las medidas más injustas del PP y pronta convocatoria de elecciones.

El paquete ha de traer el aroma de la necesidad de acabar con este desastre de gobierno por razón de interés público. No se negocia nada con nadie y que cada cual afronte después su responsabilidad según sea el resultado. Un no a la moción de censura sería la continuidad de un gobierno y un partido al que le quedan todavía seis u ocho sentencias sobre la Gürtel, alguna de las cuales podría acabar con la imputación del presidente. Una continuidad condicionada por los papeles de Bárcenas.

El sí a la moción abrirá nuevas posibilidades con un gobierno de coalición PSOE/Podemos en minoría parlamentaria, lo que siempre será una garantía para quienes quieran frenarlo pues hay mayorías parlamentarias sencillas. 

Solo la tarea de regeneración democrática de urgencia (RTVE, por ejemplo, Poder Judicial, etc), la normalización política, la retirada del 155 y una nueva disposición al diálogo serán suficientes para convocar unas elecciones anticipadas

La incógnita es qué hará el independentismo catalán y si se siente interpelado por los acontecimientos políticos españoles.

lunes, 28 de mayo de 2018

La moción es tan incuestionable como difícil

El fundamento político, moral y jurídico de la moción de censura del PSOE es incuestionable. Tiempo habrá de debatir por qué es tan tardía pero, de momento, es incuestionable. La cuchilla ha caído con la sentencia del caso Gürtel sobre la caja B del PP. En estas condiciones, obviamente, solo cabe la dimisión del gobierno y convocatoria de elecciones o moción de censura. Será moción de censura porque el gobierno no sabe qué sea eso de dimitir. Lo que está por ver es que la moción triunfe. Insisto, el fundamento moral es incuestionable, como el PSOE se encarga de recalcar. Un gobierno y un partido corruptos deben ser sustituidos por otros que no lo sean.

Es tan incuestionable la motivación que ni el gobierno la niega, sino que ataca la propuesta moción de censura por la vía de la traición a España, la Antiespaña, pues supone que habrá de ser apoyada con los votos de todo tipo de separatistas pues los 85 del PSOE no son bastantes. 

El fundamento moral incuestionable, en efecto, ha de ajustarse a las exigencias de los cálculos numéricos de apoyo que obedecen a muy diversos intereses. En principio, la moción cuenta con 156 votos (85 de PSOE y 71 de Podemos). Para llegar a los 176 necesarios pueden seguirse varias vías. Una es la que el PP tacha de "Antiespaña", 156 más 17 indepes catalanes, 2 de Bildu y 5 de PNV, resultado 180. Pero el propio Sánchez se ha comprometido a no contar con el apoyo de los indepes (ignoro si, incluso, a rechazarlo, como le exigirán sus barones), con lo que la vía está ciega.

Podría sustituirse con una opción "nacional", sumando los 32 votos de C's a los 176 originarios, con un resultado de cómoda mayoría absoluta de 208 escaños. Esta combinación resulta sarcástica porque es exactamente la misma contra la que votó Podemos en aquel aciago diciembre de 2015 en que, por el señuelo del sorpasso, se dejó a la derecha el gobierno tres años más en los cuales ha destrozado literalmente el país. Quieren los hados ahora que, para mantener la lógica de la negativa de 2015, Podemos deba rechazar la alianza con C's en la moción de censura.

Aun salvando el escollo de la mutua animadversión entre C's y Podemos, Sánchez tiene que sacar adelante su propuesta entre exigencias incluso contradictorias. C's insiste en un gobierno "instrumental" encargado de convocar elecciones, cosa que nadie más quiere pero puede ser excusa suficiente para retirar el apoyo a la moción. El PNV, incluso, condiciona el suyo justo a lo contrario que C's:  a la renuncia a convocar elecciones. Hasta los indepes, con los que Sánchez no quiere contar porque los barones no le dejan, le ofrecen su apoyo, si bien sometido a una condición: que el propio Sánchez apoye a su vez a los presos políticos. Algo inimaginable.

A estas alturas la moción de censura resuena como la voz del Bautista en el desierto, pero serán los cálculos de la Corte los que propicien el resultado. 

Manifiesto de intelectuales catalanes

Aquí, la intervención de Palinuro en la presentación del manifiesto de intelectuales catalanes en la sede de Vila web en compañía de Vicent Partal. El manifiesto ha sido movido por el Col.lectiu Pere Quart en defensa de la literatura catalana y es de lectura muy provechosa.

Esa pregunta por el silencio de los intelectuales españoles ante la deriva autoritaria, represiva, dictatorial del Estado puede calificarse de recurrente en el Principado, casi de Preguntas Frecuentes. No se trata de si el independentismo catalán es más o menos aceptable sino de si lo es que haya presos y exiliados políticos, retroceso de las libertades, persecución judicial a raperos, rockeros y tuiteros, aplicación reiterada y extensiva de la ley Mordaza. Y eso en el contexto de un Estado corrupto de arriba abajo.

domingo, 27 de mayo de 2018

Sin salida

Completo el análisis del post de ayer, La moción de censura, reafirmando que, se busque la configuración que se quiera, la que propone Sánchez no servirá para nada en lo que afecta a la cuestión esencial hoy en el Estado español que es el conflicto España/Cataluña. Esto no quiere decir que Palinuro vea con indiferencia la destitución de Rajoy. En absoluto. Es una elemental decisión de higiene política librar al país de esta asociación de delincuentes presidida por un mangante que cobraba sobresueldos en negro y en la que hay matones y jayanes estilo Hernando, falsificadores como Cifuentes, truhanes como Zaplana y suma y sigue. Pero se trata de cuestiones que a quienes estamos interesados en la construcción de la República Catalana nos interesan moderadamente. Solo en la medida en que España sigue siendo la metrópoli que aún conserva capacidad para enmarañar, boicotear y dificultar la marcha de Catalunya hacia la independencia. Cuando esta lamentable circunstancia desaparezca, los líos del país vecino, España, nos interesarán bastante menos y, si acaso, solo porque puedan afectar a parientes y amigos en tierras de España.

Parece lógico que hasta un redil tan lleno de obedientes ovejas como la política española haya algo, poquito, de indignación por el hecho de ver el país gobernado por un partido condenado por los tribunales como asociación de malhechores y delincuentes. Palinuro lleva años pidiendo una moción de censura porque lleva también años diciendo que el PP no es un partido político sino una banda de ladrones. Ahora esto se ha llenado de yoyas, o sea los listos de "yo ya lo decía" y que hasta que no se han pronunciado los jueces no habían abierto el pico para condenar a esta asociación de chorizos y su gobierno de indeseables, presidido por el cobrador de sobresueldos.

Desde que la piedra de la moción de censura cayera en la ciénaga política española las ranas no han hecho más que croar. Sánchez comienza a tener una rebelión de sus barones más franquistas, como Bono quien, según dice, no está dispuesto a ir ni a misa con Bildu y los indepes catalanes. Muy propia metáfora de este meapilas que se la pasa en la iglesia dándose golpes de pecho, como todos los fariseos. Línea roja al secretario general: si ha de haber moción de censura (cosa que los más reaccionarios del PSOE, González, Rubalcaba, Redondo, etc., etc., lamentan profundamente), que no se cuente con los indepes vascos y catalanes. No le es difícil convencer al oportunista de Sánchez que, con tal de llegar al poder es capaz de engañarse a sí mismo. Nada de aliarse a la "Antiespaña", que diría el genocida Franco y repiten sus minúsculos herederos. Y Sánchez, que a saber qué prometió a los de ERC y PDeCat, le faltará tiempo para dejar caer a los indepes para abrazarse a Podemos y C's.

Tal es la alianza con la que los socialistas sueñan para su moción de censura: PSOE, Podemos, C's y quizá alguno del grupo mixto. La aritmética, muy favorable. Con 183  diputados, ningún problema para echar al Sobresueldos y su banda de facinerosos. Pero esa fórmula PSOE, Podemos, C's es exactamente la misma que se negó a avalar Iglesias en diciembre de 2015. Votando contra ella no solo impidió que Sánchez fuera gobierno sino que llevó al país a unas elecciones seis meses después en las que Iglesias creía que habría Sorpasso del PSOE (su verdadero enemigo pues es el verdadero enemigo de su maestro Anguita) y Podemos pasaría a hegemonizar la izquierda. No hubo nada parecido, Podemos perdió un millón de votos y no se acercó al gobierno ni en sus ratos libres. El resultado fue tres años más de desgobierno de la banda de ladrones que, para muchos, en realidad era la verdadera intención de Iglesias.

Según parece, los indepes catalanes, cuya ayuda a la moción no complace nada a Sánchez, colaborarían con la idea y ofrecerían su apoyo a la investidura del Sobresueldos, siempre que este simpatizara (o algo así) con los presos políticos. No gastemos mucho toner: Sánchez tiene una idea mucho más nacionalista española cuartelaria que la derecha. Por eso dice que no negociará los apoyos de los catalanes; espera que se le den a cambio de nada. Ignoro si alguien de ERC o PDeCat admitiría este trato humillante. Espero que no. Si Sánchez quiere ser presidente del gobierno, que lo sea con los votos de C's, que es más propio. Y ya tenemos muy perfilado el triunvirato de Sánchez (el fatuo Pompeyo), Iglesias (el inútil de Craso) y Rivera (un César muy tocado y falto de todo crédito y responsabilidad), unos 183 escaños, dispuestos a intensificar la dictadura del 155 en Catalunya. 

Y esa es la cuestión: la moción de censura quizá consiga un cambio en la gobernación de España que ha llegado a una situación de colapso con un gobierno de ladrones perfectamente inútiles salvo para expoliar el tesoro público y oprimir a los catalanes. Pero no tendrá utilidad alguna para resolver el conflicto España-Cataluña, porque, entre otras cosas no lo entiende ya que en el consejo de ministros se sientan las cabezas de los muy y mucho españoles que, según el poeta, "embisten".

El lazo amarillo

El amarillo es uno de los colores de simbología más compleja y contradictoria en la historia. Es el más inestable de los colores primarios, situado entre el verde y el rojo en el espectro, el que percibimos en una longitud de onda entre 563 y 591 nanómetros. Es uno de los colores cálidos y quizá por su inestabilidad (pues basta con un ínfimo añadido de cualquier otro color para que se convierta en uno muy distinto) ha tenido significaciones encontradas y hasta antagónicas a lo largo de la historia. 

Su natural asociación con la luz del día lo identifica con el mismísimo sol como astro rey y, por esta vía, aparece como símbolo de la vida en muchas religiones y no solo en las que se originan en el culto solar. A partir de aquí, de lo celestial a lo terreno, el color tiene significado desde muy antiguo. Es el del Imperio chino que, quizá por ello, se llamaba "imperio celeste" y, por cierto, en lugar tan patriarcal, representaba el principio masculino, el Yang, siendo el Yin el femenino. Los antiguos egipcios, sin embargo tenían el amarillo por color femenino. Del arte no hablemos porque podemos enloquecer solo recordando a Van Gogh, Klimt, Franz Marc, Andy Warhol, etc. 

En todas partes y por razones fáciles de entender, aparece vinculado al oro. Ese tono dorado es el color de la dignidad, la nobleza y la autoridad en la iconografía bizantina. El lado occidental del Imperio  no podía ser menos y el amarillo es al día de hoy también el color del Vaticano. En diversas otras religiones, desde la India a México está vinculado a deidades propicias y ceremonias de tránsito más o menos positivas, como los desposorios. También, claro, en la mitología. El amarillo es el color del narcisismo por eso, si nos ponemos algo evemeristas, los narcisos son amarillos.

Quizá para compensar, del lado contrario o negativo, al amarillo se le atribuyen malas condiciones y vicios como la envidia, el rencor, el miedo, la cobardía, los celos y el egoísmo. En los países anglosajones, está vinculado al escándalo, de forma que la "prensa amarilla" es la prensa sensacionalista y escandalosa. En el extremo, en su función más infame, el amarillo es el color de discriminación de las minorías maltratadas; epítome: la estrella amarilla de David que había de singularizar a los judíos tarde o temprano destinados a las cámaras de gas.

Pero también hoy es el amarillo símbolo el amor y el cariño. Y el amarillo en forma de lazo. El lazo amarillo significaba también entre los anglosajones la esperanza de que los que habían partido a los frentes de guerra regresaran a casa; la esperanza de que los movilizados, los ausentes, retornaran. Los lazos amarillos simbolizan el recuerdo permanente de quienes nos han sido arrebatados. Por eso, también, el color saca de quicio a los intolerantes, los agresivos, los partidarios de la dictadura, los faltos de sentimientos y de humanidad. 

O, dicho en términos más claros, los fascistas y otras subespecies de criminales que, normalmente en grupo, con nocturnidad, alevosía, armados y embozados proceden a suprimir o destruir los lazos amarillos que la gente pone en los espacios públicos en recuerdo de las personas inocentes que están inicuamente en la cárcel. Los exaspera que se les recuerde su complicidad con esta villanía judicial y creen, en su cerrazón mental, que eliminando unos cuantos lazos conseguirán doblegar la lucha de un pueblo por su libertad y su apoyo a sus representantes democráticamente elegidos e injustamente encarcelados. Y eso cuando no se trata de matones a sueldo o miembros de partidos de derechas más o menos disfrazados, que cobran por realizar esta indigna labor.

Sin embargo, por mucha que sea la provocación de estas bandas de fascistas o las groserías y abusos de sus diputados -decididos a convertir el Parlament en una taberna-  la respuesta de los demócratas debe ser comedida, pacífica y no caer en la provocación que es lo que estos individuos están buscando para justificar una mayor agresión. La respuesta debe ser el silencio y la fotografía. Siempre que se pueda hay que grabar con los móviles a los responsables de los vandalismos y que ellos/ellas lo sepan; que sepan que sus rostros no serán desconocidos en la República Catalana. Nada más. Pero sin olvidar que contamos con ofertas generosas de abogados y abogadas que prestarán ayuda gratuita a las personas que sean denunciadas por poner lazos amarillos así como a aquellas otras que denuncien a las autoridades que supriman los lazos amarillos.

La cuestsión es no desviarnos del objetivo único de la República Catalana. Porque, no se olvide, por muy profunda y sentimental que sea la simbología del amarillo, es solo un color y lo que verdaderamente saca de quicio al fascismo español no es el color amarillo, ni el rojo, el negro, el verde, los lazos, las bufandas, los pañuelos. Lo que saca de quicio a estos indeseables de la servidumbre voluntaria es un pueblo civilizado, revolucionario, democrático y pacífico, dispuesto a hacer valer sus derechos, el primero de todos el de autodeterminación contra quienes querrían seguir dominándolo, oprimiéndolo y explotándolo como han hecho hasta hoy. Si, en lugar de lazos amarillos, lleváramos rosas rojas o sombreros de copa, los fascistas españoles, sean del PP, de C's o del PSC estarían igualmente indignados y tratarían de suprimirlos. Si alguien, víctima de una falta de actualización, dudara de que los socialistas fueran del brazo del partido de los chorizos, el PP, o el de los neofalangistas, C's, que mire cómo el alcalde de Lleida, Ángel Ros, del PSC, prohíbe los lazos amarillos en su ciudad, después de haber impedido que se sustituyeran los nombres de las calles de fascistas por otros de gente normal.

Lo que les molesta no son los objetos. Lo que les molesta es el activismo de un pueblo digno y libre.