miércoles, 14 de junio de 2017

Esa moción de mucha censura y poca moción

Las lectores más veteranas de Palinuro recordarán que este se pasó media legislatura (la Xª, la de la mayoría absoluta de un PP descontrolado) pidiendo una moción de censura (MC). Pero el PSOE estaba entonces en una oposición puramente nominal. En nombre de los “pactos de Estado”, término rimbombante que encanta a Rubalcaba, este impidió que los socialistas fueran oposición real a un gobierno autoritario, depredador, que estaba provocando la fractura de España.

Esa era la obsesión del entonces SG del PSOE, la unidad nacional, en cuyo nombre promovió la Declaración de Granada, embarcando al partido en las procelosas aguas federales y selló con Rajoy un pacto perfectamente inútil pero hosco y amenazador para el independentismo catalán, la Ley de Seguridad Nacional.

¿Cómo iba a presentar MC al PP su más firme aliado? Las consecuencias fueron desastrosas: en 2011, con Rubalcaba de candidato, el PSOE perdía más de cuatro millones de votos y más de cincuenta diputados. Notable despeñarse en un tiempo en que aún no existía Podemos. Rubalcaba terminó su labor de derechización del PSOE y promovió la candidatura de Sánchez a la SG por creerlo firme patriota español, como él mismo. A fe que Sánchez empezó sobreactuando, envuelto en una bandera rojigualda, como un prócer latinoamericano y ofreciendo el remedio de “más España” para los males de España. ¿No quieres sopa? Dos tazas. Al Sánchez de aquella legislatura, acosado por las redes baroniles del PSOE, lo de una MC le sonaba a chino mandarín.

Todo en orden y la Patria a salvo. Pero los cónsules vigilaban y bastó que Sánchez insinuara o diera motivos para sospechar que estuviera insinuando la conveniencia de un diálogo con los nacionalistas (los otros, claro) para que quienes le encumbraron al Olimpo de Ferraz lo arrojaran al profundo Tártaro. Conocemos la función. La encargada de consumar el hecho fue Díaz, empujada a partes iguales por su ambición y su inexperiencia. El frente de conjurados patrióticos (todos presentes en el Ifema como en un sepelio) no se dio cuenta del error de haber amparado esa candidatura hasta que ya fue demasiado tarde.

Quien sí lo hizo, con la celeridad que le caracteriza, fue Podemos. Dio ingenuamente por buenos los vaticinios de los medios de la victoria arrolladora de la candidata al frente del aparato sobre un infeliz afuereño que venía buscando revancha. Un error de cálculo de principiante. Díaz tenía que hacerse con la SG y el PSOE y el PP sellarían una gran coalición a cuenta de Cataluña, lo cual permitiría a los morados mostrar la prueba empírica de su teoría de las “dos orillas”: en una, el bloque de la derecha (PP, PSOE y sus nouveaux nés) y en la otra la verdadera, la auténtica, la única izquierda. Así se vería escenificado en una MC.

Un espectáculo, decía ayer Rajoy en tono despreciativo, como si dijera, un simulacro, de esos que practica él con asiduidad. Claro que la MC es un espectáculo, como los que protagoniza el propio Rajoy cuando comparece en plasma, por ejemplo. La política tiene mucho (no todo) de espectáculo.

Lo extraño es que alguien tan avezado en lo espectacular no previera el giro que tomarían los hechos, cuando el afuereño dubitativo se convertía en una resplandeciente ave Fénix y encandilaba a la militancia, a los votantes y a buena parte de los medios. Al verse ensombrecido, Podemos aceleró la MC y la introdujo en el debate de primarias con el objetivo obvio de arrebatarle protagonismo mediático. Cosa inútil.

Al final, quedaba claro que la MC no era contra el gobierno, pues no se negoció previamente a su anuncio con ningún partido de la oposición, sino contra parte de esa oposición, contra el PSOE, vieja querencia del alma comunista que anida en Podemos. Se lo dijeron todos ayer, incluido, lo que ya es el colmo, el presidente del gobierno, que se lo tomaba todo a beneficio de inventario pues traía escritas las respuestas a unas intervenciones que aún no había escuchado.

Se lo dijeron también los demás, muy señaladamente los catalanes de JxS haciendo ver al candidato que no podían votar a su favor cuando ni él mismo se aclara en las cuestiones básicas del referéndum, el demos y la legalidad de la consulta. Cuestiones sobre las cuales, sin embargo, los anticapis ya han pasado el Rubicón de la unilateralidad. Y cuestiones, también, que ponen de relieve cómo la llamada "cuestión catalana" es, en realidad, la cuesstión española. 

La MC fracasa y no consigue adhesiones. Ni siquiera puede utilizarse políticamente, como hizo Felipe González con la que se enfrentó a Suárez. Al contrario, la conclusión de esta iniciativa es que aquí no ha surgido un líder, ni un partido, ni un proyecto. Rajoy para rato porque no hay alternativa.

Pero sí la hay. Justamente el fragor de la trifulca parlamentaria llegaba a los oídos del apartado SG del PSOE quien, retirado como Cincinato a sus posesiones en Ferraz, espera que la República lo llame para salvarla de un inminente peligro. Y, con él, llame a su partido. A la sombra, pues, hay hoy un líder y un partido que se sitúa en la izquierda y solo está a falta de concretar su programa en el próximo 39 Congreso.

Ese líder y ese partido tienen la obligación política de promover la destitución de Rajoy, como se prometió en las primarias. Por dimisión a instancia propia, mediante reprobación o, llegado el caso, una MC. Pero una nueva. Este es un punto importante en las discrepancias sobre las distintas MC de que se habla. Una de las discrepancias más claras es si se presentan de buena o de mala fe. La de Podemos es de la segunda categoría, pues se presenta sin negociar nada previamente, como una imposición, un trágala, un hecho consumado. Estás conmigo o contra mí. Los de Podemos creen haber hecho bueno ese defecto de procedimiento a base de ofrecer la retirada de su propuesta si el PSOE presentaba una suya, incluso con su candidato.

No entienden que decir a los demás lo que tienen que hacer a base de ofrecerles algo en lo que no están interesados no tiene futuro en la política. Ni en la vida civil. 

El rollo de las provocaciones

Mi artículo de hoy en elMón.cat. Versa sobre las medidas que viene tomando la Generalitat, y la vicepresidenta del gobierno considera provocaciones, dentro de una estrategia de "tensionar" la situación para mantener a la gente movilizada ya que el entusiasmo, según ella, decae. En realidad, lo que decae a ojos vista es la confianza que inspira el gobierno en todos sus actos, especialmente en los relativos a Cataluña, que son "no actos" o "actos de habla" arrogante e ignara, como ese de calificar de rollo el referéndum. 

Cuando un gobierno democrático solo puede usar la fuerza para resolver un problema planteado por el 80 por ciento de la población de un territorio algo no funciona. Y esa disfunción no va a ser fácilmente ignorada por Europa.

Aquí la versión castellana.

Provocaciones

La vicepresidenta de España y virreina de Cataluña ha comparecido en los Desayunos de TVE, convertida en némesis del independentismo catalán. El acto de apoyo a la convocatoria del referéndum le parece una “provocación”. Opina que el apoyo al referéndum y la independencia está descendiendo. En qué se basa es un misterio.

Al descender el apoyo social, sigue Sáenz de Santamaría, la Generalitat necesita tensionar la situación para mantener movilizadas a las bases. Y la verdad es que se movilizan bastante, a diferencia de las de la propia vicepresidenta, que apenas reúnen dos docenas de fieles agitando banderas bicolores por las calles vacías.

Pero la vicepresidenta es tajante y disipa toda duda: haga lo que haga la Generalitat, el referéndum no va a celebrarse. Y ¿cómo va a impedirlo el gobierno? Igualmente tajante en la respuesta, aunque esta plantea un problema de lógica que frisa en lo ridículo: ¿que qué se hará para impedir el referéndum? No caer en la trampa de la provocación, no dejarse arrastrar por ella, ni siquiera con la convocatoria de la consulta. Es decir, no piensa hacer nada. Es difícil impedir un referéndum no haciendo nada.

Y no sabiendo ni queriendo saber nada. Pide Sáenz de Santamaría a Puigdemont que acuda al Parlamento con su plan, lo someta a votación y se vuelva a su tierra con una mochila cargada de “noes”. Puigdemont rechaza presentar nada a votación. Quiere ir a explicar su política. Santamaría responde que el Congreso no es sitio para conferencias. Pues no vendría mal a sus señorías una información de primera mano, un briefing sobre algo acerca de lo que tienen que pronunciarse y normalmente no saben nada.

Aunque es una línea de no-acción, muy del gusto de Rajoy, que parece influido por cierto fatalismo hindú, es dudoso que pueda mantenerse a la larga frente a una Generalitat que lleva la iniciativa política hace ya tiempo, tiene una hoja de ruta claramente marcada y se considera legitimada por un mandato de la mayoría absoluta del Parlamento.

Está claro que la estrategia de la inacción se romperá favor de la acción represiva tan pronto la Generalitat o el Parlamento adopten una decisión que dé pie a ello. La proclamación de la fecha y la pregunta en el Pacto Nacional por el Referéndum, puede ser el comienzo. La Fiscalía ya habla de denunciarlas. El decreto de convocatoria o la decisión del Parlamento serán actos recurribles ante las instancias pertinentes y probablemente con vistas a iniciar procesos de inhabilitación.

Entre tanto, en el día a día de los preparativos del referéndum todos los actos de las administraciones públicas catalanas serán escudriñados al detalle en busca de algún posible ilícito dentro de la profusión de prohibiciones de consultas de ningún tipo en Cataluña y que permita paralizarlo. La administración central y la Fiscalía están dispuestas a obstaculizar cuanto puedan el referéndum.

Pero lo decisivo serán las medidas represivas que se tomen respecto a las autoridades gubernativas y parlamentarias de la Generalitat. Al respecto, el presidente de esta anuncia que no aceptará más inhabilitación que la del Parlamento, lo que deja fuera de juego el ordenamiento constitucional en el caso de su persona y, es de suponer, en el de Cataluña entera. Probablemente, esta negativa abrirá un intenso debate.

Pero tampoco será preciso llegar hasta él. A fines de mes o primeros de julio se presentará el proyecto de Ley de Transitoriedad que, a no dudarlo, el gobierno español recurrirá ante el Tribunal Constitucional, al tiempo que lamenta por enésima vez que se suprimiera aquel bendito “control previo” que permitía bloquear leyes antes de su entrada en vigor. Y de recurso en recurso, el Estado acabará consiguiendo que el Parlamento catalán proclame una Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Obviamente, el Estado no podrá entonces inhabilitar al presidente del gobierno de otro Estado.

La estrategia del gobierno es la confrontación al límite, dispuesto a utilizar todos los medios, incluida la fuerza. De esta dispone de una amplia gama pero, por modesta que sea la que emplee en Cataluña, siempre será superior a la de la Generalitat que solo cuenta con unos contingentes de policía y un apoyo social generalizado. Su fuerza radicará en el nivel simbólico de la resistencia.

De este modo quedará claro que, para hacer frente a lo que se considera el abuso de poder del Estado se necesita otro Estado. Ese casi 80 por ciento de catalanes partidarios de un referéndum ya saben que solo lo conseguirán siendo un Estado. La represión viene a dar la razón al independentismo. Suele pasar que el represor legitima al reprimido y lo ayuda a triunfar. Que este lo consiga finalmente depende ante todo de él. De su voluntad.

martes, 13 de junio de 2017

La diversidad de destino en lo universal

El otro día, alguien en las redes, no recuerdo si Twt o FB, contaba que, en sus años mozos, había tenido que estudiar una asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional, una de las tres famosas "Marías", prez de la recia educación española. Decía no haber entendido nunca la famosa definición joseantoniana de que España es una unidad de destino en lo universal. Sí, así formulada, con esos pujos poéticos, es un poco críptica. El fundador de la Falange podría haberse inspirado en Otto Bauer en un libro de 1924 sobre la cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia. Siendo Bauer un austromarxista, le preocupaban estas cuestiones muy relevantes en el Imperio austrohúngaro. Dejó así una definición de nación como una comunidad de carácter basada en una comunidad de destino.Comunidad y destino. Muy teutónico. En el español falangista pasa a ser unidad y destino.

Nada de comunidad. Unidad. La definición hispana se reduce a la elemental proposición de que España es una unidad. Lo corrobora a continuación el mismo José Antonio: Toda conspiración contra esa unidad es repulsiva. Todo separatismo es un crimen que no perdonaremos. La definición pasó a los puntos programáticos de la Falange y, de ahí, a los principios fundamentales del Movimiento Nacional, que eran imprescriptibles. Y se fundió con el franquismo.

Y en estas llegan los anticapis de Podemos y se desmarcan de la angelical posición del partido de pedir un referéndum pactado y, si no se consigue, protestar y resignarse. Estos, en cambio, apoyan la convocatoria de un referéndum no pactado en el caso de que no se consiga pactarlo, un RUI o referéndum unilateral de independencia. Pues ya están en el terreno del "crimen" joseantoniano. Y Podemos estrena nueva discrepancia interna estilo La Vida de Brian. El País echa las campanas al vuelo con la nueva división de Podemos. Preocupados los anticapis del uso torticero que los medios puedan hacer de su sublime coherencia teórica, han hecho un cortafuegos en forma de tuit de Miguel Urbán afirmando que Iglesias, Domènech y él están más unidos que nunca en pedir un referéndum pactado. Nadie lo duda. La cuestión es si también están unidos en apoyar un referéndum no pactado y que, por tanto, será ilegal o, al menos, alegal.

España no es una unidad, se ponga como se ponga la Falange, la derecha y esa izquierda española que en este asunto baila al son de la derecha. También en otros, como la cuestión monárquica o la separación entre la iglesia y el Estado pero este territorial es aquí el importante. Y tampoco es una comunidad porque el nacionalismo español castellano-hablante lleva siglos impidiéndolo.

lunes, 12 de junio de 2017

Recuerdo de la Argentina

Parece absurdo obstinarse en tratar la acción independentista, el "proceso", como un asunto de orden público, cosa de policía y tribunales, inhabilitaciones y procesamientos, y no como una crisis política constitucional del Estado que requiere soluciones políticas negociadas y pactadas, cual corresponde a la civilidad de nuestro tiempo. Pero a la vista está. Frente a la movilización permanente de la sociedad catalana dirigida por la Generalitat en la hoja de ruta, el Estado español sigue sin dar señales de vida salvo en los preparativos para coartar la acción del independentismo a través de los tribunales. Es decir, los preparativos de la acción represiva

Esa actitud puede provocar una escalada que encone el conflicto, según la que a su vez adopten las autoridades de la Generalitat en la vía de desobediencia al Estado. La movilización masiva en apoyo al gobierno catalán trata de legitimar la opción del referéndum tanto en Cataluña como en España y fuera de España. Tiene un valor testimonial. Pero el Estado no puede ignorar que es un testimonio de millones de personas, que su política de negación al diálogo y al referéndum frustra las esperanzas de cerca del 80 por ciento de los catalanes.

Y, sin embargo, lo ignora. Ostensiblemente. Lo de Cataluña es una "algarabía", según Rajoy. Una conspiración con ayuda de corruptos. Una extralimitación de funciones de la Generalitat que tendrá condigno castigo. Ahí es donde la derecha quiere llegar, a la confrontación, en la esperanza de que una crisis de tal magnitud tape el cenagal de corrupción en que chapotea. Cambiando lo que haya que cambiar, que no es mucho, esta actitud recuerda la del general Leopoldo Galtieri, uno de los sucesivos dictadores militares de los años 70 y 80 en la Argentina, cuando, para desviar la atención de la corrupción e ineptitud de su gobierno, invadió las Malvinas. A lo mejor se refería a esta similitud Guardiola cuando pedía ayuda frente a un Estado autoritario.  

Por eso no hay posibilidad de solución pactada. Al gobierno no le interesa; solo le interesa invadir las Malvinas catalanas para pasar de la página de tribunales a la de gestas por la gloria de la Patria. 

domingo, 11 de junio de 2017

Los equilibrios inestables

La sentencia del Tribunal Constitucional, que ha tardado cinco años (notorio el diferente ritmo de los procesos, según se trate de cosas del PP o del independentismo catalán), está haciendo polvo los inverosímiles equilibrios que va trabajándose el gobierno, cada vez más acorralado en todos los frentes, especialmente el judicial.

La anulación del decreto-ley, un asunto meramente formal, dice Hernando, revela que algo hicieron mal. Lo reconoce, aunque tiene disculpas por la dificultad del momento. Lo llama "errores" pero el TC viene a decir que se atentaba contra el deber constitucional de contribuir todos al mantenimiento de lo público según varios nobles principios, entre ellos el de la progresividad. Y aquí se consagraba la regresividad. No son errores. Son medidas inconstitucionales. Adoptadas por un gobierno que se pasa la vida esgrimiendo la Constitución contra el independentismo catalán, como si fuera una maza. 

Además de reconocer un error, el portavoz afirma que la dimisión de Montoro está en las manos de Montoro. Ciertamente la de todos los Montoros y los Monbueyes y las Monvacas del mundo y la de todo quisque. El que no dimite es porque no quiere. Incluso los despedidos a puntapiés, pues siempre pudieron dimitir antes. Lo que se quiere decir con esta esquinada fórmula es que el gobierno no ratifica su confianza en Montoro y no vería con malos ojos que causara baja voluntaria. Al fin y al cabo, el hombre ya cumplió su objetivo, que era amnistiar a los suyos y mantener sus identidades en secreto, ignoro en virtud de qué atribuciones que podrían ser hasta la aplicación de la Ley sobre Secretos Oficiales.

El problema del gobierno, ahora es cómo hacer frente a la creciente presión para que se publique la lista de los beneficiarios de esa amnistía inconstitucional que el Tribunal Constitucional ha constitucionalizado en beneficio de los dafraudadores porque ancha es Castilla.

El narcisismo al servicio de la derecha

Un partido con tres años de existencia dice a otro de 138 años que no quiere alianza con él porque no quiere ser el aliado "júnior". Un partido que no es un partido sino una confusa amalgama de gente mal avenida no quiere ser el "júnior" de otro que sí es un partido unido, coherente, disciplinado y que acaba de dar una muestra sin parangón de democracia interna. Un partido con índices de participación del 15 por ciento (¡y telemática!) dice que no quiere ser el "junior" de otro con participación de más del 70 por ciento de la militancia y real, no virtual, material, tangible. Un partido cuyo líder (Iglesias) es el peor valorado popularmente (por debajo, incluso, de Rajoy) no quiere ser júnior de otro cuyo dirigente (Sánchez) es el segundo en valoración. El primero, en realidad, pues este lugar lo ocupa Rivera.

Cualquiera diría que tal pretensión es absurda y carente de lógica. Quienes la plantean, esto es, Iglesias y el núcleo duro (duro de mollera) del anguitismo e IU, tampoco la creen. Su costumbre de mentir al uso de la vieja política a la que tanto dicen combatir, los ha encallecido hasta el nivel de la más risible hipocresía.

Niégase ahora a ser júnior el mismo que, tras las elecciones de diciembre de 2016, se pidió la vicepresidencia del gobierno, típico órgano subalterno y de júnior.

¿Qué valor o crédito puede darse a estas declaraciones? Por supuesto, ninguno. Lo de ser o no júnior es una excusa. Podía haber dicho que no quiere unión o acuerdo con el PSOE porque su líder se llama Pedro y no Segismundo. Lo importante, lo que interesa aquí es que Podemos se niega a una alianza de la izquierda para echar a la derecha. Y rechaza expresamente imitar el ejemplo portugués, el único gobierno real de izquierda que hay hoy en Europa meridional. El único que puede de verdad acabar con la derecha.

Porque, en realidad, su objetivo, como sabe todo el mundo, no es echar a la derecha, sino acabar con el PSOE, cumplir el delirante sueño del simple maniqueo cordobés, Anguita, empecinado desde hace 50 años en probar que Lenin tenía razón y hay que acabar con la traidora y fementida socialdemocracia. Si, entre tanto, gracias a esta simulada lucha por unos principios que, en el fondo, no son tales, gobierna la derecha, a estos "izquierdistas" les da igual. Al fin y al cabo, los recortes, los abusos, los ataques, los robos, no van con ellos que, gracias a la credulidad de la gente, ya cuentan con nóminas suculentas y son tan parte de la antaño llamada casta como Villalobos, los Hernandos o Susana Díaz. Predicadores y vividores de lo público. La única diferencia entre Iglesias y cualquiera de los Hernandos son veinte años de ejercicio de cargos que, como sabemos, no es nada.

Ya oigo a los trolls de Podemos -ese ejército de fanáticos que hace el ridículo en las redes- indignados de que pueda tergiversarse de este modo la realidad. ¿No han presentado una moción de censura (MC) contra Rajoy? ¿Cómo puede decirse que, en realidad, es para apoyarlo? Pues muy sencillamente. Tan sencillamente que hasta los fanáticos de Podemos lo entenderán porque es un mecanismo muy simple. Otra cosa es que lo confiesen ya que, como sus líderes, viven de mentir.

Sí, presentaron una MC con su propio candidato sin consultarla ni negociarla con nadie, a sabiendas de que, si no la negociaban, no saldría. Una vez presentada, enfrentaron con ella al PSOE como un hecho consumado, al mejor estilo de quienes todos sabemos y, aunque trataron de dulcificarla admitiendo negociar el candidato, la MC estaba presentada y al otro solo le quedaba apoyarla o quedar como un servidor de Rajoy, oponiéndose a ella. Era un cálculo basado en la errónea expectativa de que Díaz ganaría las primarias y, así, sería fácil acabar con el PSOE, unciéndolo al PP. 

Con su esperanza puesta en la SG de Díaz, los de Podemos demostraban tener tanta idea del PSOE como los analistas y mercenarios de la prensa: ninguna. No salió Díaz; no podía salir. Salió Sánchez y para Sánchez es muy sencillo devolver la pelota de Podemos. Si presentaron su moción de censura sin contar con el PSOE (es más, aprovechando el vacío de poder de las primarias para tratar de hundirlo), tendrán que defenderla sin el PSOE, que se abstendrá. Y hará muy bien. Me consta que los socialistas tienen preparada una respuesta educada, cortés y mucho más constructiva que la propia MC, que no lo es. Si de mi dependiera, iría un poco más allá y, de ser yo el PSOE, ni asistiría al debate de una MC teóricamente contra el PP pero prácticamente contra el PSOE. Pero no me harán caso y también harán bien. 

Porque, en el fondo, lo que va a suceder ahora es muy sencillo. Podemos perderá la MC y, al anunciar que no aceptará alianza alguna con el PSOE porque no quiere ser júnior o cualquiera otro pretexto tan necio como este, lo que está diciendo es que permite a Rajoy terminar su legislatura. Adobarán, sin duda, su defensa de la MC con críticas, insultos y agresiones al PSOE para justificar de antemano su oposición a la unidad de la izquierda en nombre de la... izquierda.

Iglesias es el aliado objetivo de la derecha que esta izquierda vociferante ha sido siempre sin resultado aunque, a veces, como es el caso ahora, algunas circunstancias extraordinarias (caras nuevas, uso de los medios y complicidad con ellos) permitan que hoy los sigan algunas otras gentes, además de la habitual parroquia comunista. Y dejándose engañar, pues aquí, en el fondo, no hay engañadores y gente engañada, sino gente que quiere que la engañen. 

Que esto es así se ve palmariamente en el discurso de Iglesias quien sostiene que Podemos está casi a la par con el PSOE y hasta lo supera en "algunas áreas" (sic). Es la esperanza anguitista en boca de su fiel discípulo: esperad un poco, tened paciencia, que llega el sorpasso. Mientras tanto, que siga gobernando el PP. Y, para después, otros cuatro años del PP. Están para eso.

Pero no les saldrá gratis. Llegado el momento, después del Congreso, el PSOE deberá cumplir su promesa en primarias de pedir la reprobación y dimisión de Rajoy. Si esta no se produce, deberá considerar la posibilidad de plantear una moción de censura propia con Sánchez como candidato.

Porque, obviamente, hay que echar a este gobierno de presuntos delincuentes que ha destruido el país, lo ha esquilmado y lo ha partido. Pero echarlo de verdad. No hacerlo cara a la galería para consolidarlo. Y esa nueva MC, planteada por un partido socialista democrático, se presentará previamente como negociación a los demás partidos de la oposición y, entre ellos, claro, Podemos. Ante esta situación los morados tendrán dos opciones: a) sumarse para echar a Rajoy y hacerlo como "júniors" que es lo que son; b) oponerse y cargar con el estigma de ser los aliados objetivos de la derecha. 

Elegirán lo segundo y, en las próximas elecciones, volverán a la región del 7/9 por ciento del voto de IU. Como siempre. Porcentaje insuficiente, pero bastante para que no gobierne el PSOE que es lo que siempre han buscado. 

sábado, 10 de junio de 2017

El narcisismo al servicio de la derecha

Un partido con tres años de existencia dice a otro de 138 años que no quiere alianza con él porque no quiere ser el aliado "júnior". Un partido que no es un partido sino una confusa amalgama de gente mal avenida no quiere ser el "júnior" de otro que sí es un partido unido, coherente, disciplinado y que acaba de dar una muestra sin parangón de democracia interna. Un partido con índices de participación del 15 por ciento (¡y telemática!) dice que no quiere ser el "junior" de otro con participación de más del 70 por ciento de la militancia y real, no virtual, material, tangible. Un partido cuyo líder (Iglesias) es el peor valorado popularmente (por debajo, incluso, de Rajoy) no quiere ser júnior de otro cuyo dirigente (Sánchez) es el segundo en valoración. El primero, en realidad, pues este lugar lo ocupa Rivera.

Cualquiera diría que tal pretensión es absurda y carente de lógica. Quienes la plantean, esto es, Iglesias y el núcleo duro (duro de mollera) del anguitismo e IU, tampoco la creen. Su costumbre de mentir al uso de la vieja política a la que tanto dicen combatir, los ha encallecido hasta el nivel de la más risible hipocresía.

Niégase ahora a ser júnior el mismo que, tras las elecciones de diciembre de 2016, se pidió la vicepresidencia del gobierno, típico órgano subalterno y de júnior.

¿Qué valor o crédito puede darse a estas declaraciones? Por supuesto, ninguno. Lo de ser o no júnior es una excusa. Podía haber dicho que no quiere unión o acuerdo con el PSOE porque su líder se llama Pedro y no Segismundo. Lo importante, lo que interesa aquí es que Podemos se niega a una alianza de la izquierda para echar a la derecha. Y rechaza expresamente imitar el ejemplo portugués, el único gobierno real de izquierda que hay hoy en Europa meridional. El único que puede de verdad acabar con la derecha.

Porque, en realidad, su objetivo, como sabe todo el mundo, no es echar a la derecha, sino acabar con el PSOE, cumplir el delirante sueño del simple maniqueo cordobés, Anguita, empecinado desde hace 50 años en probar que Lenin tenía razón y hay que acabar con la traidora y fementida socialdemocracia. Si, entre tanto, gracias a esta simulada lucha por unos principios que, en el fondo, no son tales, gobierna la derecha, a estos "izquierdistas" les da igual. Al fin y al cabo, los recortes, los abusos, los ataques, los robos, no van con ellos que, gracias a la credulidad de la gente, ya cuentan con nóminas suculentas y son tan parte de la antaño llamada casta como Villalobos, los Hernandos o Susana Díaz. Predicadores y vividores de lo público. La única diferencia entre Iglesias y cualquiera de los Hernandos son veinte años de ejercicio de cargos que, como sabemos, no es nada.

Ya oigo a los trolls de Podemos -ese ejército de fanáticos que hace el ridículo en las redes- indignados de que pueda tergiversarse de este modo la realidad. ¿No han presentado una moción de censura (MC) contra Rajoy? ¿Cómo puede decirse que, en realidad, es para apoyarlo? Pues muy sencillamente. Tan sencillamente que hasta los fanáticos de Podemos lo entenderán porque es un mecanismo muy simple. Otra cosa es que lo confiesen ya que, como sus líderes, viven de mentir.

Sí, presentaron una MC con su propio candidato sin consultarla ni negociarla con nadie, a sabiendas de que, si no la negociaban, no saldría. Una vez presentada, enfrentaron con ella al PSOE como un hecho consumado, al mejor estilo de quienes todos sabemos y, aunque trataron de dulcificarla admitiendo negociar el candidato, la MC estaba presentada y al otro solo le quedaba apoyarla o quedar como un servidor de Rajoy, oponiéndose a ella. Era un cálculo basado en la errónea expectativa de que Díaz ganaría las primarias y, así, sería fácil acabar con el PSOE, unciéndolo al PP. 

Con su esperanza puesta en la SG de Díaz, los de Podemos demostraban tener tanta idea del PSOE como los analistas y mercenarios de la prensa: ninguna. No salió Díaz; no podía salir. Salió Sánchez y para Sánchez es muy sencillo devolver la pelota de Podemos. Si presentaron su moción de censura sin contar con el PSOE (es más, aprovechando el vacío de poder de las primarias para tratar de hundirlo), tendrán que defenderla sin el PSOE, que se abstendrá. Y hará muy bien. Me consta que los socialistas tienen preparada una respuesta educada, cortés y mucho más constructiva que la propia MC, que no lo es. Si de mi dependiera, iría un poco más allá y, de ser yo el PSOE, ni asistiría al debate de una MC teóricamente contra el PP pero prácticamente contra el PSOE. Pero no me harán caso y también harán bien. 

Porque, en el fondo, lo que va a suceder ahora es muy sencillo. Podemos perderá la MC y, al anunciar que no aceptará alianza alguna con el PSOE porque no quiere ser júnior o cualquiera otro pretexto tan necio como este, lo que está diciendo es que permite a Rajoy terminar su legislatura. Adobarán, sin duda, su defensa de la MC con críticas, insultos y agresiones al PSOE para justificar de antemano su oposición a la unidad de la izquierda en nombre de la... izquierda.

Iglesias es el aliado objetivo de la derecha que esta izquierda vociferante ha sido siempre sin resultado aunque, a veces, como es el caso ahora, algunas circunstancias extraordinarias (caras nuevas, uso de los medios y complicidad con ellos) permitan que hoy los sigan algunas otras gentes, además de la habitual parroquia comunista. Y dejándose engañar, pues aquí, en el fondo, no hay engañadores y gente engañada, sino gente que quiere que la engañen. 

Que esto es así se ve palmariamente en el discurso de Iglesias quien sostiene que Podemos está casi a la par con el PSOE y hasta lo supera en "algunas áreas" (sic). Es la esperanza anguitista en boca de su fiel discípulo: esperad un poco, tened paciencia, que llega el sorpasso. Mientras tanto, que siga gobernando el PP. Y, para después, otros cuatro años del PP. Están para eso.

Pero no les saldrá gratis. Llegado el momento, después del Congreso, el PSOE deberá cumplir su promesa en primarias de pedir la reprobación y dimisión de Rajoy. Si esta no se produce, deberá considerar la posibilidad de plantear una moción de censura propia con Sánchez como candidato.

Porque, obviamente, hay que echar a este gobierno de presuntos delincuentes que ha destruido el país, lo ha esquilmado y lo ha partido. Pero echarlo de verdad. No hacerlo cara a la galería para consolidarlo. Y esa nueva MC, planteada por un partido socialista democrático, se presentará previamente como negociación a los demás partidos de la oposición y, entre ellos, claro, Podemos. Ante esta situación los morados tendrán dos opciones: a) sumarse para echar a Rajoy y hacerlo como "júniors" que es lo que son; b) oponerse y cargar con el estigma de ser los aliados objetivos de la derecha. 

Elegirán lo segundo y, en las próximas elecciones, volverán a la región del 7/9 por ciento del voto de IU. Como siempre. Porcentaje insuficiente, pero bastante para que no gobierne el PSOE que es lo que siempre han buscado. 

viernes, 9 de junio de 2017

Los seres humanos

Gobiernan los decendientes ideológicos y biológicos de quienes un buen día se llevaron por la fuerza a Timoteo Mendieta, lo fusilaron sin más y tiraron su cuerpo en una fosa común, como venían y siguieron haciendo durante años con miles y miles de Mendietas en todo el país.

Creyeron que, con este genocidio vivido durante años por una población aterrorizada y el régimen criminal que instauraron la gente se resignaría, se callaría, olvidaría.

Olvidar que una noche cualquiera un grupo de delincuentes armados irrumpa en tu casa cuando tienes 13 años y se lleve a un padre con siete hijos y, sin más contemplaciones ni juicios ni nada, lo asesine ante la tapia de un cementerio y entierre su cadáver de cualquier modo es mucho olvidar. Los asesinos, sus cómplices, sus beneficiarios y quienes hoy (sin atreverse a hacerlo a las claras, aunque lo piensan porque tienen la misma alma de asesinos y cobardes que sus antecesores) se oponen con uñas y dientes a que la gente pueda recuperar los restos de sus familiares, bárbaramente masacrados, no contaron con el tesón, la voluntad, la fuerza de espíritu y el innato sentido de la justicia que anida en muchos corazones humanos, como el de la hija de Mendieta, quien ha vivido para este momento de recuperar los restos de su padre pues quiere que la entierren con él. Estos asesinos, los de ayer y los de hoy jamás comprenderán ese fondo oscuro lleno de esperanza que hay en la humanidad cuando se revela en casos concretos, escuetos, sencillos pero inabarcables en su profundidad moral.

Creyeron que era cuestión de tiempo y de (falta de) dinero, como llegó a decir ese granuja, diputado del PP y a la vez vergüenza del Parlamento, Hernando, de que los familiares solo se acuerdan de los fusilados cuando hay dinero de subvenciones. Por cierto, este elemento es diputado por Guadalajara, la tierra de los Mendieta. Ya podía pasarse por su casa a pedir perdón por lo que los suyos hicieron y él ha venido a coronar.

Algo impensable. El gobierno al que apoya este sujeto, sin duda para hacer buenas sus odiosas palabras, ha dejado sin fondos la Ley de la Memoria Histórica. Ni un euro para desenterrar a los asesinados por sus antecesores, amigos y correligionarios. Es normal. No van a emplear fondos públicos para esta tarea de justicia cuando los necesitan para robarlos, para pagarse borracheras, cacerías, putas y trajes caros, que para eso ganaron la guerra y ochenta años más tarde pueden seguir mostrando su espíritu de asesinos.

Los fondos para la exhumación de Mendieta y otras dos docenas de asesinados más (cosa que ha sido posible, a su vez, gracias a la perseverancia de una jueza argentina) provienen de aportaciones voluntarias, privadas y, en muchos casos, extranjeras. En este caso, un sindicato noruego que ha aportado 6.000 euros para financiar la excavacion.

Realmente, España tendría que estar gobernada por extranjeros y no por esta banda de ladrones, descendiente ideológica de otra de asesinos.

Misterios de la lógica

El Tribunal Constitucional (TC) anula el decreto ley por el que se aprobó la amnistía fiscal de Montoro en 2012. No anula la amnistía fiscal, como dice El País. Antes al contrario. La consolida, mantiene y legitima con unos razonamientos de una lógica perversa que da por bueno aquello mismo que reprocha y rechaza. Y, al tardar cinco años en dictarla la hace ya prácticamente invulnerable.

De esa lógica se deriva también la que aplica el periódico, al entender que, aunque la sentencia carezca de efectos prácticos, supone un "duro varapalo" al Ejecutivo de Rajoy. La carencia de efectos prácticos tiene doble lectura. En primer lugar, es falsa. Claro que tiene efectos prácticos y muy positivos para los evasores, que son a quienes el PP pretendía beneficiara desde el principio : los de blindarlos más si cabe. En segundo lugar, si no hay efectos prácticos de reversibilidad, que es de lo que trata, es decir, de devolver la pasta, el Ejecutivo, este Ejecutivo, no se dará por vapuleado. Al fin y al cabo, piensan ¿en dónde está mejor el dinero que en el bolsillo de quienes lo roban? 

Al contrario, Montoro y su gente cantan victoria (¿cómo puede hablarse siquiera de dimitir, hombre?) y reducen ya el alcance de la sentencia a una cuestión meramente procedimental: inadecuación de la norma; el contenido (la amnistía) se avala. Cierto, es lo que dice la prensa que dice el TC: el decreto-ley  no es la norma adecuada. Los de Montoro, encantados de aceptar la anulación que viene a justificar la amnistía. Pero eso no es cierto. Según cuenta el periódico, el TC valora el fondo del asunto y lo hace muy negativamente, enmarcándolo en una figura casi incomprensible: la de un gobierno que incita por ley al incumplimiento de un deber y hasta la posible comisión de delitos. Desde luego, un decreto-ley no es el instrumento más adecuado para amparar el fraude. Pero esto plantea la intrigante cuestión de cuál sea el instrumento adecuado para que el gobierno incite al incumplimiento de la ley. Porque eso es lo que ha hecho y sigue haciendo con la amnistía y del modo más descarado. Unos pagamos impuestos. Otros, los amigos del PP y ellos mismos, no. Pura lógica.

Y estos son los que van por ahí diciendo a todo el mundo que hay que cumplir la ley y atribuyéndose competencia a sí mismos -es decir, a los que la incumplen- la tarea de aplicarla. Más pura lógica.

El TC ha anulado el decreto-ley. Ahí me los anuléis todos, dirán los defraudadores. Pero no la amnistía, que campa por sus (pocos) respetos. Ha anulado la causa eficiente, pero no la causa material ni la final que, como siempre, era no pagar a Hacienda. 

jueves, 8 de junio de 2017

Cada vez peor

El gobierno y su partido no quieren comisión de investigación sobre la caja B. El portavoz, Maíllo, la considera "ilegal" (sin explicar por qué) y la atribuye a una operación en contra del PP.

No se han movido un milímetro. En 2009, en una comparecencia insólita, con todos los miembros del Comité Ejecutivo Nacional, Rajoy aseeguraba que la Gürtel no era una trama del PP sino una trama contra el PP. Una foto impresionante aquella, en la que hay imputados, dimitidos, procesados y hasta presos. 

Entre la primera y la segunda denuncia de manía persecutoria, esto ha sido una orgía de corrupción y delincuencia en todos los niveles y todos los sujetos. Hasta el partido está imputado como tal. Sin duda, un hecho insólito, que un partido procesado alimente un gobierno encargado de hacer cumplir la ley. Es literalmente ridículo. Y si añadimos que su presidente -y presidente del gobierno- está llamado a declarar en el proceso, sin duda parte de la trama contra el PP, el ridículo alcanza lo grotesco.

Así que se entiende esa oposición frontal del gobierno a la comisión. Frontal y con todas las armas, hasta las fantásticas, como esa de recurrir a los tribunales con una incomprensible cuestión de legalidad. Desde la declaración de 2009, Rajoy y su gobierno y partido no han hecho otra cosa que obstaculizar toda investigación y, desde luego, la acción de la justicia. Y por todos los medios. Algunos de esperpento, como los últimos nombramientos de jueces afines y el sainete de los fiscales. 

En su furia del Talión, el partido y su gobierno prometen una hecatombe andalusí en el Senado (donde tienen mayoría absoluta) a cuenta de los ERE. La pobre señora Díaz no gana para disgustos. A nadie se le escapa, sin embargo, que, como amenaza, la del Senado es pobre porque el peso político de la cámara es cero. Pero sí revela un espíritu de revancha, de "y tú más" elevado a lo institucional. 

En todo caso, esta gente no está en condiciones de gobernar. Nunca ha tenido clara la distinción entre lo público y lo privado pero ahora ya está en la mayor ofuscación. Rajoy afirma que hará todo lo posible por evitar una declaración unilateral de independencia en Cataluña. Ha tenido 10 años (de ellos seis en el gobierno) para hacer algo y no ha hecho nada, salvo calificar una Diada de dos millones de personas de algarabía. Pues sí, hemos estado gobernados por esto que ahora se encuentra, como el resto del país, con una posible DUI que nadie pensaba fuera posible.

La oposición no tiene más remedio que aliarse para poner fin a este desgobierno. El PSOE se abstiene en las mociones de censura (MC) de Podemos y hace bien. No se contó con él para presentarlas y, aunque la urgencia y gravedad de la situación aconsejaran prescindir de estos remilgos (que no es el caso) queda el hecho de que el partido está recomponiéndose vía congreso y se encuentra en una situación de inmovilidad, como la crisálida, de la que saldrá luego el individuo adulto, capaz ya de tomar decisiones en cuestiones de alianzas con la izquierda. 

La MC de Podemos tiene la noble tarea de servir de prolegómeno a la que se presente posteriormente con apoyo negociado de toda la izquierda y la candidatura de Sánchez a la presidencia. 

Pero tiene que haber moción de censura. Y de ahí, un gobierno capaz de negociar una solución pactada con la Generalitat.

miércoles, 7 de junio de 2017

No es el pasado; es el presente

Las imágenes cambian de significado con el tiempo. Ahí están estos dos, González y Aguirre, felices, contándose chascarrillos. Ahora no pueden ni verse. Seguramente, entonces tampoco. Aunque más por la parte de él porque ella, la soberbia cazatalentos de los grandes expresos europeos, es una panoli. Una panoli entre buitres. Nada de ranas.

Eran tiempos de alegría porque ni ellos daban crédito a la facilidad e impunidad con que cabía hacer las más increíbles trapisondas. Y todos, todos a la vez: alcaldes, presidentes, consejeros, políticos, diputados, concejales, banqueros, empresarios, periodistas, presidiarios. Un bullicio de hampones del sindicato del crimen en una tupida red de expolio del conjunto de las administraciones del país. 

El reparto de la tarta publicitaria institucional  es tan descarado, se ha hecho con tal desvergüenza política que resulta inverosímil. Los fondos se han repartido en proporción inversa a la difusión del medio y directa a afinidad ideológica a los gobernantes. No es de extrañar que, ante la insistencia de eldiario.es de que hicieran públicas las adjudicaciones por gastos de publicidad institucional desglosadas por medios, ocho ministerios hayan recurrido en vía contencioso-administrativa para no cumplir el mandato de transparencia. Si ocultan los datos es porque problemente, serán más arbitrarios y escandalosos que los de la Comunidad de Madrid.

 Más que una subvención o un pago, parece un soborno. Así se explica que, en muestra de gratitud, La Razón contratara a González de baja en la política como brillante columnista a razón de de unos 560 machacantes la pieza, de esas que se pagan a 30 euros a los plumillas. Esto es privatizar recursos públicos con el noble fin de ensalzar la labor política de unos gobernantes hoy en la cárcel por hacer lo que tanto se les alababa: privatizar para ellos, sus deudos, amigos, correligionarios, por una vía u otra, legal o ilegal, con mordidas, comisiones, subvenciones, facturas falsas, lo que hiciera falta. Uno se pregunta en dónde estaba entonces la oposición y para qué servía. Una oposición a la que se ganaban las elecciones a base de hacer trampas.

Unos medios a sueldo es lo peor que puede pasar en una democracia, que es un régimen de información y deliberación pública. Su carácter mercenario ha acabado con su muy renqueante prestigio. El caso/ocaso de El País está siendo muy llamativo. La valoración en escalas internacionales de los medios españoles es de vergüenza y su impacto social muy inferior al que suponen. Sobreviven en una burbuja que han fabricado relacionando los medios impresos con los audivisuales, pero solo han conseguido una versión tecnológica de la corrala madrileña, un mentidero de frenéticas opiniones repleto de cotilleos. 

La verdadera tarea de los medios, la información más crítica y veraz, el control del gobierno, la revelación de escándalos, la crítica  a los partidos, la vigilancia de las instituciones, la voz de sectores menos escuchados, la hacen hoy los digitales. Son mucho más ágiles, rápidos, tienen un mayor dominio del ciberespacio y mucha presencia en las redes e interactúan con el público con más eficacia que los medios tradicionales.

Si resulta que esos medios tradicionales son parte de la corrupción no es de extrañar que esta, la corrupción, siga escalando puestos en la preocupación de los españoles que son tardíos pero, al final, caen en la cuenta. Es impensable que el PP vuelva a obtener mayoría. Es inverosímil que Rajoy, el responsable de este desastre mayúsculo, vuelva a presentarse. 

La sola idea de tener a Rajoy en el pasado, en el presente y, si los dioses no lo remedian, en el futuro debiera bastar para que los demás partidos formaran una opción catapulta, que lo echara de La Moncloa con un posterior gobierno de la izquierda, similar al portugués. Aunque aquí parece más difícil porque "España y yo somos así, señora"

Estado de hostilidad

Hace unos días saltó la noticia de que un 77% de la población considera que Rajoy ha gestionado mal la "crisis catalana". Un exitazo. Cualquiera que obtenga ese resultado pedirá árnica a gritos. Menos Rajoy, a quien todo da igual. "No me consta ese 77 por ciento del que usted me habla". Urge un psicolingüista que explique los códigos de Rajoy.

Cierto que el 77 por ciento no será homogéneo. Habrá un porcentaje (seguramente minoritario) que criticará la falta de diálogo y el recurso a medidas intimidatorias, represivas, coercitivas, por no hablar de la presunta guerra sucia. Y habrá otro (sin duda mayoritario) que le repochará falta de contundencia, exceso de contemplaciones y diálogos, por no hablar de negligencias y abandonos en la defensa de los símbolos de la Patria.

En síntesis, hay dos modos de ver la "crisis catalana" (que, por lo demás, no es catalana, sino española) opuestos e inconciliables. Pero, con independencia de cuál nos caiga más simpático, estaremos de acuerdo en que lo que tenemos es un permanente estado de hostilidad mutua (aunque más poderosa la española) muy desgradable. Un estado de hostilidad no es un estado de excepción, aunque puede llegar a serlo. O lo contrario si las partes anteponen la cordura a las pasiones.

Ahora den a la tecla de retroceso y digan si no fue una muestra de irresponsabilidad colectiva pasar los últimos ocho o diez años (desde el proyecto de reforma del Estatuto de Sau hasta el reñidero actual) pretendiendo que en Cataluña no pasaba nada, ignorándolo, o considerándolo "algarabías" y que, por lo tanto, no había eso que ahora llaman "crisis catalana". Si esto, si la conllevancia orteguiana ha desembocado en abierta hostilidad, no es exagerado hablar de un fracaso estructural del sistema político de la tercera restauración borbónica. Algo que no se puede abordar con una política reducida a la actividad de los ministerios de de Justicia e Interior que, además, tampoco parecen jugar limpio.

La versión castellana del artículo:

Estado de hostilidad

En esta semana, la cumbre del referéndum anunciará la pregunta y la fecha. El Estado, por boca del gobierno, ya se ha pronunciado preventiva y amenazadoramente, recordando a los funcionarios sus obligaciones y a los directores de los colegios las suyas. Se pondrán todos los medios legales para impedir que la Generalitat lleve a cabo su anunciado propósito. Lo que no parece claro es que sean suficientes.

Dependerá, a su vez, de hasta dónde llegue la determinación del gobierno de ir adelante con la consulta. No se puede descartar una detención, suspensión, inhabilitación, procesamiento de Puigdemont y sus colaboradores, una hipótesis de periodismo ficción muy interesante que he leído recientemente. En caso de producirse una movilización de protesta con actos de desobediencia colectiva, es cuestionable que el Estado tenga capacidad para enfrentarse a ella sin recurrir a los militares y el estado de excepción.

No es realista pensar que España, cuarta economía de la Eurozona , pueda mantenerse en el ranking con una parte tan importante de su territorio (y de su PIB, muy basado en la exportación) en estado de excepción. El recio aferrarse a los principios no obsta para preocuparse por las consecuencias de los propios actos. Y si el integrista no lo ve, que alguien de su séquito se lo haga ver. La política de la confrontación es autodestructiva y, a partir de cierto momento, irreversible. Por eso hay que andar con pies de plomo. Es mejor que el plomo esté en los pies a que esté en las calaveras o en las cartucheras.

Por eso, si Puigdmont finalmente acepta presentarse en el Congreso se abre una interesante hipótesis. Si el debate se termina votando una moción, como quiere Rajoy y la derecha, ya se sabe que el voto negativo será arrasador. Pero, curiosamente, igualará a ambos gobiernos pues dejará claro que los dos obedecen el mandato de sus respectivos parlamentos, uno a favor y otro en contra del referéndum. El que está en contra, sin embargo, el Parlamento español, no tiene por qué ordenar al gobierno que lo impida por la fuerza. Le basta con significar que no le reconoce valor jurídico o político alguno, como hizo el mismo gobierno con el 9N, aunque luego se lo pensó mejor y empezó a perseguir a los protagonistas.

De aceptarse esta hipótesis, la Generalitat organizaría una consulta perfecta desde el punto de vista técnico y los resultados nos permitirían saber qué quiere la mayoría de los catalanes. La única objeción que se le podría hacer (y que se haría sin duda según saliera la consulta) sería que el voto unionista se habría abstenido mayoritariamente por temor. Una objeción a tener en cuenta y cuya mejor solución sería que el propio Estado se encargara de organizar y garantizar la consulta, por supuesto en el ámbito de sus competencias. Eso en lugar de su actitud de permanente hostilidad hacia Cataluña.
En cualquiera de los dos resultados del referéndum, la falta de efectos jurídicos puede mantenerse en algún caso; la falta de efectos políticos, en ninguno.
Ciertamente, en el caso de triunfar el “no”, los efectos políticos serán contundentes. Esfumado el marco constituyente, se vuelve al autonómico y, por tanto a unas elecciones anticipadas por ver si se dibuja un mapa político distinto. Lo que se mantendrá y se reforzará, será la actitud de hostilidad hacia una minoría que quiere pero no puede frente a una mayoría que puede, pero no quiere.

En el supuesto del “sí” a la independencia, el Parlamento tendrá que declararla unilateralmente. El Estado español no la reconocerá y el asunto irá ante la Corte Internacional de Justicia, lo que quizá abra un prolongado contencioso durante el cual se producirá todo género de conflictos entre el Estado español y la Generalitat catalana a la que aquel no reconoce legitimidad como Estado.

Entre los imponderables que pueden producirse en ese pleito se da una posible mediación de alguna benemérita instancia legitimada por el reconocimiento general, que acabe en una negociación y una fórmula, aunque sea transitoria, válida para los dos lados. Algo parecido a los acuerdos extrajudiciales a que llegan las partes en los pleitos civiles para ahorrarse gastos y no perder el tiempo, esperando una decisión judicial que se retrasa. La historia demuestra además que, muchas veces, los acuerdos provisionales o transitorios son más duraderos que los que se querían eternos.

Y sea como sea, es obvio que esa mediación exigirá como requisito la celebración de un referéndum vinculante para ambas partes. No querían uno y pueden acabar teniendo dos.

martes, 6 de junio de 2017

Todo se mueve

Fin de semana de encuestas. ABC y El País publican dos bastante coincidentes. En lo esencial, los dos bloques de la derecha y la izquierda mantienen posiciones. El PP flaquea y tiene fugas hacia C's y Sánchez recupera parte del voto emigrado a costa de Podemos. Parece razonable. Es lo que se ve.

En el campo conservador, la tendencia a la baja del PP está garantizada porque el partido vive en un torbellino de corrupción que no puede frenar. Una semana ha durado en el cargo Manuel Cobo, nombrado presidente de una comisión de lucha contra la corrupción. Una semana y se va invocando "motivos personales". El propio partido acelera su caída al entorpecer la acción de la justicia o hacer filibusterismo parlamentario. El descrédito aumenta. Lo de pasarse a C's tiene un aire a mudarse a otro piso en el mismo rellano. Rivera parece lanzado al estrellato. Clausura un seminario aznarino sobre liderazgo y, a continuación, lo ejerce al ser acogido en el club Bildeberg, una mezcla de los Rosacruces y los sabios de Sión.

En territorio cainita de la izquierda, el efecto sifón de Sánchez era previsible, tanto en lo positivo como en lo negativo. En lo primero, por la inaguracion de un discurso nuevo en el PSOE; en lo segundo por el agotamiento del de Podemos. El discurso de la izquierda democrática, si es creíble, tiene mucha fuerza. Ese giro socialdemócrata a la izquierda movido en buena parte por la presencia de Podemos y que tanto alarma a El País, iba a verse amparado y sostenido por un posible triunfo de Jeremy Corbyn en las elecciones generales británicas pasado mañana. Los sondeos muestran una intención de voto creciente de los laboristas y decreciente de los conservadores. Ahora, claro, con los atentados recientes, los ánimos pueden haber cambiado mucho. Por eso Corbyn ha arremetido contra May pidiendo su dimisión por haber recortado las dotaciones policiales cuando fue ministra del Interior.

Al margen de estas cuestiones más colaterales, lo interesante es esa conexión exterior en el discurso. Después de las inglesas vienen las alemanas y Schulz parece quedar en honroso segundo lugar para seguir validando la gran coalición. Todo eso afecta al socialismo español que, además, tiene a quien mirar y mostrar como ejemplo en Portugal. Frente a ese marchamo europeo, exterior, Podemos aparece como una peculiaridad, algo único en el panorama circunvecino. Lo más cercano, Syriza, no es hace tiempo espejo en el que mirarse. Su discurso y su práctica son erráticos, además de reiterativos por lo del Parlamento y la calle. Convocar una manifa en Sol en apoyo de la moción de censura no cambia un ápice el itinerario de aquella, pero viene a ser como si la manifestación fuera la comparsa. Lo suyo sería, en realidad, celebrar el debate de la moción también en Sol.

Esa permanente movilización, con claros destellos mediáticos, sembrada de exabruptos, inconveniencias, exaltados impulsos, contradicciones y tropiezos no es lo más acertado para sentar las bases de una unidad de acción. Sobre todo teniendo en cuenta que esa unidad empieza por faltar en la propia organización, gracias a las famosas confluencias. De modo que, cuando los líderes dicen "nosotros" (el término esencial en el debate político de amigo/enemigo, "nosotros"/"ellos"), cabe preguntarse exactamente a quiénes se refieren.

El discurso nuevo de Sánchez, además del paladio europeo, tiene un terreno muy favorable en el proceso de primarias que, con independencia de aficiones, ha sido un ejemplo de procedimiento democrático. Algo que nadie pone en duda. Y ha sido un acto espontáneo de rebelión democrática de la militancia con una muy alta participación. Como todo el mundo reconoce. En esa rebelión democrática hay bastante inpirado en Podemos o en lo que Podemos dice que hace, de interactuar con la militancia. Aquí la militancia ha desbaratado los planes ("chusqueros", ironiza Borrell) de los golpistas del 1º de octubre y ha repuesto en su cargo de SG al defenestrado Sánchez con fervor parecido al de los seguidores de Benito Juárez cuando este volvió del exilio; más cerca aún, los seguidores de Tarradellas cuando este regresó a presidir la Generalitat restaurada.

Pero no lo ha hecho de modo tumultuario, imprevisible, repleto de sorpresas y celadas, sino de una forma ordenada, pública, mostrando una poderosa estructura territorial de partido. Es una maquinaria de militantes, muchos de ellos voluntarios, tangibles en la vida cotidiana de la gente, cosa muy necesaria en las campañas electorales. No es una militancia vivida en las redes, sino una mezcla de ambas, un híbrido entre las redes y la vida real, ambas interactuando. Y  eso es muy poderoso siempre que el líder no defraude.

Plantea un voto a un partido que cuenta con presencia en las redes y muy difundida estructura territorial que se orienta a la izquierda pero solo a título de promesa. ¿Cómo dar crédito a esa promesa? Sencillamente, aplicando la línea de izquierda a la organización del mismo partido: voz y voto de la militancia, transparencia y responsabilidad. La ocasión llega. Las baronías se pliegan, pactan. Solo Andalucía trae aires de fronda. Y esa es la dura prueba de Sánchez. La ocasión llega, pero la pintan calva.

Conseguir que Andalucía, con el consabido respeto a sus peculiaridades históricas, actúe como una pieza más del mosaico de la política del PSOE para España (no como una tierra exenta) es vital para este y el crédito de su nueva línea de izquierda. Esta deberá reconocer que se vive un momento preconstituyente.

Lo interesante viene siempre al final, en un colofón reiterado en todas las piezas de análisis político español hoy día: ¿y qué se propone para Cataluña? Ya ha quedado claro lo que no se propone: referéndum, no. Es ilegal.

 Debiera quedar igualmente claro qué se propone. 

lunes, 5 de junio de 2017

Teoría y práctica, el unicornio de la izquierda

El medio era el mensaje. Y el medio son las redes sociales, twitter en especial. El salvaje Oeste en 140 caracteres, en donde todo vale; aunque de vez en cuando interviene el sheriff y pone fuera de juego a alguno que va por ahí queriendo comerse los hígados de otro. Y ya tiene su literatura, admiradores gracianescos y sus detractores proustianos.

Reconozcamos, no obstante, que resolver cuestiones de fondo con tuits, a modo de pizzicato, es poco satisfactorio. Así, la cuestión de la unidad de la izquierda debe plantearse con mayor profusión de argumentos y enunciados que sean comparables. Nada mejor que dar una batida al sempiterno binomio teoría y práctica tan querido de la izquierda, y ajustarlo a los hechos de los dos partidos que compiten en el corral. Los dos tienen enfoques teóricos y prácticos que deben contrastar.

En Podemos, la teoría muestra un fuerte ramalazo ideológico. Las controversias internas se han resuelto en ese terreno, enfrentándose dos concepciones distintas del partido y la relación partido/líder así como la política de alianzas. Todo. El sector vencedor marca la línea general que es también ideológica porque, al dar igual o más importancia a la lucha contra el PSOE que contra la derecha, está tratando de ventilar una vetusta quiebra de la izquierda (entre la "verdadera" y la "traidora") que no tiene arreglo. Esa vigencia ideológica, por lo demás es muy simple, pues proviene del maniqueísmo de las "dos orillas": aquí, nosotros; allí, ellos. El empacho de esta teoría obstaculiza el entendimiento con la otra izquierda.

Esta, a su vez, teoría tiene poca y la poca que tiene se ventiló en un terreno pragmático de unas primarias. Implícitas estaban dos concepciones del partido y de la relación líder/militante: la de Díaz era institucional; la de Sánchez, de militantes. En ambos casos relaciones de caudillaje con respaldo corporativo el de la andaluza y democrático el del madrileño. También implícitas, dos políticas de alianzas: hacia la gran coalición la de Díaz y hacia la unión de la izquierda la de Sánchez. Es decir, lo mismo que en la confrontación interna de Podemos. Pero articulado más en terrenos personales y prácticos, menos cargados de nubes ideológicas. Lógico, por lo demás. Los principios ideológicos del PSOE son una especie de constitución no escrita con el nombre de socialismo democrático. Es difusa, pero funciona bien, como acaba de comprobar sobre sus costillas la candidata que trataba de suprimir las primarias y recortar lo que de democrático hay en el socialismo. En todo caso, este pragmatismo, esta falta de teoría e ideología del PSOE debiera ser un aliciente para un entendimiento entre ambas izquierdas, pues tiene el valor de un comodín.

La práctica también discurre por cauces divergentes que, sin embargo, podrían confluir. Podemos insiste en su política de radical enfrentamiento al PP en el Parlamento y en la calle. La moción de censura (MC) es el último torpedo al buque La Moncloa. Sobre la finalidad de la iniciativa ya está todo dicho. Y todo dicho, sigue siendo un error porque siempre será un error, por principio, querer comprometer a otro enfrentándolo con los hechos consumados. Y todas las melifluas ofertas para disfrazar un diktat de una invitación a bailar resultan patéticas. La MC debe llevarse al final, ser derrotada y formular ante el país una crítica general a la política del PP, con una oferta de alternativa (encabezada por Iglesias) que incluya un programa común al PSOE, ahora que este ha mudado de dirección.

La novedad esá precisamente ahí. El triunfo de Sánchez obliga a cambiar radicalmente la práctica de la Gestora. ¿O no? Esa es materia de acalorado debate estos días. Para algunos, al ponerse Sánchez incondicionalmente al pairo (por decirlo suavemente) del PP, está claro que no habrá cambio. Para otros, es pronto para pronunciarse y debe esperarse al Congreso a la vuelta de la esquina, en donde se decidirán estos asuntos. Parece ser (lo dicen las encuestas) que Sánchez recupera voto socialista emigrado a Podemos, lo cual tiene a estos preocupados, pero no debe olvidarse que ese voto emigrado está ideológicamente movido y Sánchez solo podrá asegurar su retorno si de verdad articula un programa de socialismo democrático, de izquierda democrática.

Unificar el partido está bien (le van en ello las elecciones) pero, para hacerlo, tiene que reducir laa ideología a cero, a fin de que quepan todos y, desde ahí, es difícil entenderse con la izquierda. Este nuevo PSOE necesita abundante doctrina de la "Nueva Socialdemocracia". Lo que parece más difícil y, por ende, improbable, es que también salga con una propuesta viable o, al menos, negociable con los almogávares catalanes.

Esta carencia tampoco sería obstáculo para un entendimiento entre las izquierdas porque una unidad de acción en aspectos concretos no obliga a una coincidencia absoluta en los programas.

Parece sencillo, ¿verdad? Se presenta una nueva MC previamente pactada entre PSOE, Podemos y quienes quieran sumarse, con la candidatura de Sánchez a la presidencia del gobierno. Según cómo voten los demás grupos parlamentarios, puede triunfar y España tendría un gobierno de izquierda. En minoría, sí; tanto como lo está ahora el del PP.

Pues ¿a que no sale? Los unicornios no existen.

El valor enfrentándose al fanatismo


domingo, 4 de junio de 2017

Dimisiones en cadena

El ministro Catalá no dimite tras haber sido reprobado por el Parlamento porque se siente respaldado por Rajoy. Un caso de gobierno contra Parlamento. Y ¿quién respalda a Rajoy? Curiosamente, ese mismo Parlamento que le otorgó su confianza para gobernar sin que, hasta el momento, se la haya retirado. Así que el ministro goza indirectamente de la confianza del Parlamento que lo ha reprobado directamente. Si este quiere que el ministro dimita, tendrá que pedir la dimisión de Rajoy. 

Merecido, desde luego, lo tiene. Ayer se mofaban las redes de que un presidente que pretende declarar por plasma en un proceso en la provincia de Madrid por falta de tiempo, lo tenga para ir a Cardiff a vivir intensamente el triunfo de la gran nación, terror del fútbol mundial. Es un rasgo más en la imagen de un personaje que no solamente no ha dignificado la figura del presidente del gobierno, sino que la ha dejado a la altura del betún. 

Obvio: un ministro de Justicia bajo sospecha de comportamientos inapropiados debiera presentar su dimisión de inmediato. Aunque, a estas alturas, ya da un poco igual. El gobierno al que pertenece ese ministro no tiene más política que la procesal.

El terrorismo, el azar

Esta nueva forma de terrorismo multiplica sus efectos hasta lo inimaginable. Un coche que atropella viandantes en una circunstancia concurrida, un paseante que acuchilla a otros al azar, son hechos de la vida cotidiana, contra la vida cotidiana. El acto terrorista no es un acontecimiento lejano, único, extraordinario, sino que se convierte en algo normal, ordinario, aunque, claro, inesperado.

El efecto multiplicador es que apunta, no a los poderes de la tierra, la banca, el ejército, la iglesia sino a algo tan difuso como la opinión pública. Esa en la que la xenofobia y el racismo crecen a ojos vista. Lo que buscan es provocar reacciones colectivas que acaben con la democracia.

Sin duda hay muchas explicaciones en las que se mezclan todos los conflictos de la era contemporánea y muy distintamente valorados: la política exterior de los países occidentales, las contradicciones dentro del pluriverso islámico, la presencia de Israel, las consideraciones geopolíticas que incluyen a Rusia y la China y varias más. 

Nada de eso hace al caso para la vida cotidiana de la gente que ahora incluye una posibilidad de morir atropellado, o acuchillado o quemado vivo sin saber por qué.

sábado, 3 de junio de 2017

La paz no será un camino de rosas

La renuncia voluntaria de Díez, Madina y, por último, Fernández a defender la obra teórica de la Gestora y hasta la Gestora misma es la prueba definitiva de que no era una instancia neutral, orgánica, sino un comité institucional de la candidatura de Díaz. Habiendo esta perdido las primarias, también se consideran perdedores sus pseudópodos.

El 39º Congreso del PSOE es un triunfo de la candidatura de Sánchez. Triunfo al estilo romano: entra el vencedor en la capital llevando por delante a sus vencidos enemigos en cadenas. Y establece su imperio. Tezanos defenderá el programa del triunfo y, salvo error por mi parte, el de los vencidos no tendrá defensor. Y eso que era el programa de Díaz, Juana de Arco devuelta de golpe a la condición de aldeana de Domrèmy. Eso tampoco está bien. Ese programa tenía muchos apoyos. Alguno debiera defenderlo. Y, si no, que el congreso nombre un abogado del diablo, como hace la Iglesia en los procesos de canonización, aunque ahora lo llame "promotor de la justicia", en este siglo descreído.

Sánchez parece concentrado en la labor que Díaz se había pedido de “coser” el partido. Sabia decisión dentro del arte de la guerra. Debe integrarse al enemigo vencido en lugar de agraviarlo más y echarlo al monte. También conviene que los vencidos no pongan las cosas difíciles. Díaz pide a Sánchez “respeto para los territorios”. Eso es una perogrullada, salvo que quiera decir algo distinto (algo de privilegio, etc), en cuyo caso, pardiez, se hace, si se puede, pero no se dice.

Por muy absorbente que sea la tarea de reconstrucción de la casa del padre a la que regresa el hijo proscrito, ya se ve que no será difícil, con la cantidad de antiguos servidores que retornan ahora cantando alabanzas. Queda tiempo para aclarar cuestiones en temas políticos, de interés para todas, no solamente para las socialistas. Y son tres los bloques:

El bloque de la política frente al PP en el gobierno. El comienzo ha sido lamentable, pues lejos de pedirse la dimisión de Rajoy por incompetente, se le ha apuntalado pretextando para ello la llamada cuestión catalana. Nadie se lo pidió, se ha hecho gratis (como la tan criticada abstención de la Gestora) y ello unce aun más al PSOE al PP en un contexto político parlamentario caótico (pero muy favorable a la derecha) y otro penal sombrío. No es para estar orgulloso.

El bloque de la política con la izquierda. Es obvio que sobre Sánchez gravitan fuertes presiones de los antepasados, los vivos más que los muertos, para que huya como de la peste de Podemos. El miedo a ser devorados por la fiera comunista, “sorpassados”, anida en sus memorias de lo que sucedió con la JSU. Esas cosas no se olvidan y Sánchez es un pipiolo. Pero, por más que amenacen las momias y su poderoso aparato mediático, la única posibilidad que tiene el PSOE de volver al gobierno es liderando una unión de la izquierda, al estilo portugués. Que tampoco es tan difícil. En cuanto a Podemos, el principio de la realidad ya les ha enseñado mucho. Hay que oponerse a la derecha, pero no al PSOE, con independencia de que se le considere capaz de las peores traiciones. Aplíquese la sabia cautela romana de la Punica fides (que, por cierto, viene como anillo al dedo) y manténgase alta la guardia. Pero coordínense las acciones.

El bloque de Cataluña. Luego de salir Sánchez a la palestra como Parsifal, en defensa de la honra soberana de España, se trata de saber cómo será la justa, si con las armas de la derecha o las del diálogo y la negociación. Si es lo segundo, eso no se improvisa. Hay que formular una propuesta propia, independiente de la derecha, que la parte catalana pueda considerar. Ahora se abre una buena ocasión si, como parece, Puigdemont cede a las instancias de los Comunes y se explica en el Congreso. (Ya señalamos que la posición de los comunes en Cataluña de referéndum consultivo no vinculante puede convertirlos en árbitros de la situación). En tal caso, será incluso de cortesía que el encargado de dar la réplica al catalán en nombre del grupo socialista no se limite a justificar su no, sino que haga una contrapropuesta razonable que quite hierro al conflicto.

Aunque lo veo crudo porque, esta vez, los indepes catalanes vienen al grito de Desperta ferro! y con un horizonte de Donec Perficiam.

Y, puestos a pedir, también podría el PSOE dar respuesta a la reivindicación republicana de JxS y la CUP (aunque en este caso no estoy seguro de si se trata de una república o una comuna ácrata) en el sentido de plantear la cuestión de la Jefatura del Estado como un objetivo de una reforma constitucional sin tabúes Que el soberano pueblo español, cuya abstracta esencia se manifieste en concreto decidiendo si quiere una República o una Monarquía. ¿O no tiene derecho a hacerlo?

La lucha por la supervivencia

La denodada lucha de Cristina Cifuentes en defensa propia, de su honradez personal y su legitimidad como gobernante, tiene algo de darwinismo social, de combate por la existencia. Si la oposición, depredadora, se sale con la suya de probar su implicación en la Púnica o algún otro viscoso asunto de los que chorrean por el PP, su carrera política habrá terminado. Su carrera a secas porque esta política profesional lleva toda su vida ejerciendo cargos de su partido o públicos o ambos. No tiene pues experiencia laboral alguna que no sea en el servicio público.

Servicio público desde cargos públicos dedicados a privatizar lo público. Unos lo han predicado como ideología neoliberal y otros lo han interpretado como práctica de apropiación indebida, delictiva, vamos. De lo que se trata ahora es de averiguar qué lugar ocupaba la sempiterna representante de lo público entre las dos ciudades agustinianas. Eso es también servicio público (información) que no se puede torpedear con exabruptos o luciendo un camafeo de la Guardia Civil a la vez que se acusa al benemérito cuerpo de inventarse los informes.

(Pequeña digresión). La misma Guardia Civil (aunque otros efectivos, es de suponer) que baila la conga al son de “¡Qué viva España!” en una peregrinación a Lourdes pagada con dineros públicos. Estos liberales han conseguido invertir la famosa propuesta de De Mandeville, vicios privados, virtudes públicas por el de virtudes privadas, vicios públicos. Lo que no se me alcanza, al no estar iluminado por el Espíritu Santo, es por qué ha de costear la colectividad este número de recio ridículo hispano.

Bien, en la lucha por la vida estamos. La Asamblea de Madrid es pura jungla de asfalto. Su presidenta consume más tiempo abroncando a las diputadas de la izquierda que todos los diputados juntos en sus intervenciones. La presidenta de la Comunidad utiliza unas descalificaciones zafias. Viene preparada para una lucha a muerte en la que lo único seguro es que sobrevivirán los más aptos, pues la naturaleza es tautológica. Lo malo es que solo lo saben después del combate. Algunas de sus armas bordean la calumnia. Acusar a otro de “pederasta” es acusarlo de un delito.

Pero con broncas no va a solucionarse el asunto. Cifuentes tiene también un equipo y unos colaboradores salpicados de irregularidades en cantidades pavorosas. Sus socios de C’s muestran signos de distanciarse, como quien va en el bote y rema desesperadamente para separarse del barco que se hunde.
Aunque salga penalmente indemne de esta, políticamente su situación es insostenible. Si dimite por mor de salvar la coalición de gobierno, le quedará algo de margen para reaparecer posteriormente. Si la echan con una moción de censura, su reaparición será como la del fantasma de Canterville o, quizá peor, como la del perro de los Baskerville.

viernes, 2 de junio de 2017

El caballero de la orden del chisme

La capacidad de Rajoy para simplificar lo más complejo en términos toscos es fabulosa. "Chisme" le parece la dimisión de un fiscal anticorrupción. "Algarabía" se le antojaba una Diada de dos millones de personas en la calle en Cataluña. "Chisme" podría ser que él se haya equivocado al votar los presupuestos y "algarabía" la que suelen montar las bancadas del PP en las diferentes asambleas (municipal, autonómica, estatal) cada vez que se debate sobre sus fechorías que es más o menos, siempre. En absoluto. Esos no son ni chismes, son business as usual.

La Política es algo distinto. Sostiene el presidente de los sobresueldos que "política es hacer las cosas a lo grande, fijarse en lo importante, etc." Un fiscal anticorrupción dimisionario por presunta corrupción no es grande; una Diada de millones, tampoco. ¿Qué es "a lo grande"? ¿El ejemplo es Ignacio González hoy entre rejas por hacer las cosas a lo grande a través de la Política? 

"A lo grande", dice un sujeto citado a declarar como testigo en un proceso a su partido por presunta financiación ilegal que lo salpica de lleno porque se alzó con la victoria, al parecer, con esa financiación ilegal. A lo grande. 

Lo del fiscal anticorrupción no es un "chisme" y, además, no es él solo. Son tres piezas: otro fiscal y un ministro de Justicia, los tres reprobados por el Parlamento. Reprobados por hacer lo contrario de lo que se supone deben hacer como servidores públicos del interés general, no el de un partido y menos el de un investigado. 

Llegados aquí, la verdad, da pereza seguir acumulando agravios. No hay día sin acto corrupto. Esto parece una verbena de hampones de todo tipo. Mientras Rajoy habla de "chismes" le sale un cargo de su partido (un exjefe de gabinete de Villalobos) guardando, como hormiguita previsora, 146 lingotes de oro en Suiza. Cada cual pondrá sus lingotes de oro donde quiera, faltaría más; lo interesante es de dónde vienen, si están declarados, el carácter del propietario y el hecho en sí. Nada extraño sería que mañana supiéramos de un presidente de Comunidad o de Diputación que se ha llevado todos los cuadros de un museo, sustituyéndolos por copias.

Es una situación que recuerda esos cuadros de flamencos, de Jan Steen, Teniers, Breughel, etc que retratan riñas y fiestas de campesinos en las que corren los porrones y los mamporros. González ha metido en el baile a cuenta de La Púnica a un expresidente de Castilla y León, actual alcalde de algún sitio y la señora Cifuentes lucha denodadamente por mantener su rubia cabeza por encima de la ciénaga de la Comunidad de Madrid, enzarzada en una lucha de corrala tan chulapa como vergonzosa. 

Esto es una zarzuela en la que los jueces están en almoneda, el Parlamento carece de autoridad y el gobierno está en manos de un partido imputado en un proceso penal. Del resto, ya no hablamos. Una zarzuela de la España eterna. Si alguien cree que exagero, que mire este vídeo en el que un grupo de peregrinos españoles que viajan a Lourdes a cuenta del contribuyente se marca una conga al ritmo de "¡Viva España!"  Son guardias civiles, militares, curas con un par de agentes franceses. Pues eso. Unos condecoran vírgenes en nombre de Bakunin y otros en recuerdo de Francisco Franco. 

Lo único que cabe hacer aquí es convocar un pleno del Congreso de reprobación a Mariano Rajoy, responsable del desastre en que se encuentra el país. Para ello es imprescindible que los dos partidos de izquierda se entiendan. Que dejen de atacarse y aúnen fuerzas para conseguir una mayoría absoluta a favor de la reprobación. La moción de censura de Podemos fue extemporánea y lo mejor que puede hacer es seguir su curso y fenecer de muerte natural y sin cainismos. A su vez, el PSOE puede sumplir su anunciado propósito de pedir la reprobación y dimisión de Rajoy y, de no producirse esta, quedaría expedito el camino para una nueva moción de censura con un acuerdo de los dos partidos de la izquierda, con el apoyo de todos los demás, exceptuado C's y la candidatura de Sánchez a la presidencia. Caso de conseguir mitigar los ardores narcisistas, fuertes por estos pagos.

Si tal cosa es posible depende casi en exclusiva del enfoque que se dé a la "cuestión catalana". El de la derecha ya se conoce: ruptura de diálogo y represión hasta sus últimas consecuencias y por todos los medios que arbitra la Constitución, que son todos. ¿Y el de la izquierda? ¿Es distinto? ¿En qué? ¿Serviría para entenderse con los catalanes? Se podría aceptar el referéndum negociando la pregunta y, en cuanto a su carácter de vinculante o consultivo, la izquierda española tiene una aliada nada desdeñable en la izquierda catalana no independentista, lo cual le da bastante fuerza negociadora.

No es probable que el bloque independentista acepte rebajar el carácter del referéndum pues las posiciones están claras, aunque nada hay definitivo en esta vida, salvo la muerte. En todo caso, no será preciso llegar a este punto porque es poco probable que el Congreso del PSOE dé un mandato a Sánchez para negociar una fórmula con referéndum consultivo. Y, no siendo esto, tampoco lo será que se forme un gobierno de izquierda. 

Esta última parte del post era una ensoñación utópica.