divendres, 12 d’abril del 2013

Choque de trenes.


Tentado estoy por los demonios de los chistes fáciles diciendo que, en Artur Mas, el destino no es el carácter, como decía Heráclito, sino el apellido. El presidente siempre responde viendo la apuesta y doblando. ¿Lo reta Rajoy a venir a pasar por las horcas caudinas del Congreso de los diputados? Responde el MH encargando a un consejo la planta de un Estat catalá con todas sus dependencias: Hacienda, agencias, repartos de activos y pasivos entre España y Cataluña, etc. Es lo que en Twitter suele expresarse como "¡ZAS! En toda la boca".


Vale. Ya sabemos qué dirá el gobierno español: no se puede impedir que la Generalitat se asesore en lo que estime pertinente. Si es cierto que Ana Botella tiene ciento sesenta asesores de libre designación en el Ayuntamiento de Madrid, los doce o quince que contrate el gobierno catalán son una bagatela.

El periférico rebelde no vendrá a la Corte, cuya autoridad no acepta. No es Yugurta frente al Senado romano. Bien. Vivimos en una democracia. Es libre. Cuando sus delirios se conviertan en actos jurídicamente vinculantes, entonces, intervendrá el Estado acudiendo a los tribunales que, a no dudarlo, le darán la razón. ¿Y si los gobernantes autonómicos, en pleno surfing soberanista, iluminados por el Santo Grial de la independencia que, como se sabe, está en Monserrat, se enrocan e ignoran las sentencias de los tribunales? Tranquilos: artículo 155 de la CE y asunto concluido dentro de la legalidad más exquisita. Y eso, ¿cómo se hace? ¡Qué pregunta tan tonta! Mandando un procónsul a Barcelona apoyado en la fuerza armada estrictamente necesaria para imponer su autoridad. A lo mejor, mireusté, hay que enchironar a Mas. Aún queda un trecho. Franco hizo fusilar a Companys.

¿Estamos seguros de que queremos llegar a este extremo? Y, sobre todo, ¿estamos seguros de que van a dejarnos? Europa tendrá algo que decir y Europa pesa mucho en España, que siempre la ha visto como una madre desdeñosa. El Estado, dice el Estado, no aceptará una declaración unilateral de independencia. Y la comunidad internacional, Europa, tampoco. Es cierto; probablemente, no. Pero más cierto es que, a cambio de frenar dicha declaración, esa comunidad exigirá al Estado una negociación con Cataluña que llevará, guste o no guste a Rajoy, Rubalcaba y demás nacionalistas españoles, a un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

No daré más la barrila con la autodeterminación. Formularé un razonamiento que me parece de cierto alcance: si el Estado se niega a reconocer el derecho de autodeterminación es porque tiene miedo al resultado. Las razones llamadas de principios sobre la naturaleza de ese derecho, su titularidad, alcance, etc, son meras hojas de parra. El verdadero motivo es el temor a un triunfo independentista. ¡Oh, Estado de menguada fe en ti mismo! Ese miedo muestra la inseguridad de las convicciones del nacionalismo español cuando trompetea la sacrosanta unidad de la Patria. Una unidad impuesta a la fuerza no puede ser sacrosanta.

El miedo es la prueba evidente de que el discurso de la unidad del nacionalismo español es falso. Si no fuera falso, no tendría inconveniente en someterse a un referéndum. El derecho de autodeterminación no prejuzga el resultado. Debe reconocerse sin más y poner a prueba la solidez de nuestra nación. Que los catalanes decidan libremente si se van o se quedan. Entre los partidarios del derecho de autodeterminación estamos muchos que queremos que se queden y razonaremos con ellos para convencerlos. Si lo conseguimos, los catalanes formarán parte de España voluntariamente. Eso es una nación. Si no lo conseguimos, aceptaremos el resultado. Y eso, repito, es una nación. 

(La imagen es una caricatura mía sobre una  foto de Convergencia Democràtica de Catalunya, bajo licencia Creative Commons).

¿En dónde estamos?


Lucía Etxebarria (2013)Liquidación por derribo. Cómo se gestó la que está cayendo. Ilustraciones de Javirroyo. Barcelona: Planeta, 310 págs.


Estuvo muy bien la presentación de los libros de Lucía Etxebarria y Palinuro. Gran asistencia de público; muy participativo. Interesantes debates. Lucía justificó su nombre. El resto lo justifica la obra. Por cierto, curiosa la peripecia de la publicación del libro, que hubo de pasar por la asesoría jurídica de la editorial por si le caía un puro a ella. Pero yo no me preocuparía. Al contrario, eso viene bien a la obra. Cuanto más se sepa, más se venderá.

El libro lo merece. Vaya si lo merece. Es un relato de la crisis, un viaje a sus tripas, escrito como si fuera un reportaje, con mucha documentación y asesoramiento, pero también con un filo literario de implicación personal directa. La frecuente primera persona, la aplicación práctica de los sucesos en su vida cotidiana, hacen el escrito muy próximo, casi como una novela o una serie de cuentos. El narrador es personaje, pues las relaciones entre la realidad y la ficción son complicadas, volubles.

Liquidación por derribo es un retrato de España hoy, ahora mismo. Esa máquina de demolición del dibujo de portada está muy bien traída. Derribo ¿de qué? Del país. Un retrato ácido, amargo, duro del aquí y el ahora que entronca con una larga tradición ensayística originada en el siglo XVII, cuando se adquiere conciencia de lo que, desde entonces, se ha llamado siempre la decadencia, cuando se inicia la obsesión con la de España, sus causas y el modo de atajarlas y sigue luego a través de los arbitristas, los regeneracionistas, los noventaiochistas, hasta el día de hoy con un neocatastrofismo sin par.

Extebarria lo relata en nueve capítulos que son otras tantas indagaciones en lo que le parece más claramente explicativo de cómo hemos llegado hasta aquí. Se abre el fuego con la corrupción, para Lucía la causa principal del enésimo desastre del país. Se sigue con la explicación de la burbuja inmobiliaria y la estafa de los fondos de riesgo basadas en las hipotecas subprime, o sea de lo que el famoso John Bird, del programa de tele británico The Last Laugh, llama los fondos del negro desempleado y concluye el terceto económico con el ladrillazo español en donde se relata cómo la quiebra de las cajas de ahorros no solamente vino por la fabulosa incompetencia de sus equipos directivos sino también por su presunta afición al saqueo en provecho propio, coronado con la canallada de las preferentes, una especie de estafa de cientos, miles de personas, muchas de ellas de avanzada edad.

Hacia el centro del libro aparece el capítulo sobre la infanta Cristina que dio origen a la obra en su conjunto cuando empezó a ser censurado como artículo titulado La infanta Cristina ¿es tonta? Al parecer, el mero hecho de preguntar -que es la base del saber y de la filosofía- podría ser punible. Aquí alguien no anda bien de la cabeza. Pero, claro, lo que el capítulo plantea es un problema de envergadura: que simplemente la ley no es igual para tod@s, que no somos tod@s iguales ante la ley. No, claro, ya lo decía Orwell: unos más iguales que otros.

Llamar al fútbol el opio del pueblo, como hace Lucía, aunque pone al fútbol a la altura de la religion, se me antoja que hace de menos el opio. Claro que, en estos asuntos, rige la más estricta subjetividad del gusto. Solo añadiré una reflexión no enteramente desafortunada, espero: lo maravilloso de la época es que está consiguiendo, al menos de momento, que el panem et circenses se quede en circenses y los comedores de Cáritas.

Los recortes en sanidad implican asimismo los que se dan en educación y apuntan a un terreno más general. Todos los servicios públicos basados en derechos subjetivos se privatizan y los derechos desaparecen por el escotillón de la historia. Vuelta a la beneficencia, a la época anterior a Segismundo Moret y a las hermanitas de los pobres. Según  se pasan las páginas se oye la llamada del pasado, del siglo XX, el XIX, el XVIII, los lamentos, críticas, recriminaciones, improperios, condenas de los Cadalso, Moratín, Feijóo, Campomanes, Aranda, Larra, Lucas Mallada, Macías Picavea, Costa, Ganivet, Ortega, Ridruejo, Laín, Tovar, hasta hoy, que sigue la angustia. Aquí habla Etxebarria: Este es el país de la picaresca, oigo decir. Esta es la tradición española. Pero el término picaresca no lo define. Es un país de mafiosos, de ladrones, de gángsteres o de atracadores." (p. 169) De acuerdo. Picaresca ya no es bastante. Has elevado el tono. Pero es tradición y española

Concluye la autora con dos capítulos de distinto calado. Hay uno más genérico y otro pegado a las últimas elecciones catalanas. En el genérico, sobre la nueva crisis Cataluña/España, creo estamos de acuerdo en que no hay razones para negar el derecho de autodeterminación de los pueblos de España, especialmente si se llaman a sí mismos (o una apreciable cantidad de sus miembros) naciones. Y aquí lo que yo entienda por nación vale para mí, pero no necesariamente para los demás. Ninguna nación tiene derecho a imponerse a otra por la fuerza de las armas y si la mía -gracias a la incompetencia y la corrupción de mis gobernantes- dice verse obligada a hacerlo, dejo de considerarla mía.

Un libro espléndido. Animo a Lucía a que en posteriores ediciones incluya un capítulo sobre la Iglesia católica y el nacionalcatolicismo que rige los destinos patrios igual que en tiempos del Invicto y, antes, del concilio de Trento.

dijous, 11 d’abril del 2013

Aguirre y la razón liberal.


Cunde el pánico en las redes. Ya he visto varios tuits avisando alarmados de que Aguirre anda suelta en twitter. La razón, desde luego, es obvia. Aguirre, un "animal político" en el mejor sentido del término, se aburre habiendo abandonado la primera línea de fuego. El fallecimiento de Thatcher ha debido operar sobre ella como una vocación trascendental. Una voz le ha dicho: "ahora eres tú la depositaria de la razón liberal femenina". Y se ha lanzado. Me parece muy bien y no comparto los temores mencionados. Aguirre es de las pocas políticas conservadoras (por no decir la única) que hace formulaciones de principios, claras, tajantes, y no cede a la tentación de la ambigüedad y la mallurrería de sus conmilitones. Es la única voz de la derecha que hace frente a la razón de la izquierda. Las demás se limitan a insultar. Aguirre nunca insulta (excepto a l@s de su partido) pero suele mostrarse hiriente y despreciativa. Lo bueno es que razona, que se mueve en el terreno teórico y de los principios. Y eso es muy de agradecer. Así que, amig@s tuiter@s, a leer, que la dama es conceptual. Siendo, además, según reiterada profesión, liberal, estará abierta al debate con juego limpio y en una actitud liberal que consiste en presuponer siempre que a) el contrario puede llevar razón; b) que la razón puede ser una mezcla de puntos de vista antagónicos.

¿O no?

Veamos. La reacción inmediata de Aguirre al fallecimiento de Thatcher ha sido un tuit del siguiente tenor: Margaret Thatcher y Winston Churchill han sido los políticos europeos que más han hecho por la libertad en el siglo XX. Vale. Muy liberal no suena, aunque sí muy anglófilo, lo cual está en la línea del conservadurismo español ya desde Cánovas. A uno se le ocurre media docena más de políticos europeos que han hecho tanto por la libertad, o más, según se mire, que estos: Clemenceau, por ejemplo, que fue dreyfusard, fortaleció la IIIª República y separó la Iglesia del Estado. Azaña, padre espiritual de la IIª República. Si bien es cierto que al pobre don Manuel no le dejaron culminar su obra y la llevaron a eso que Aguirre llama el desastre en terminología involuntariamente regeneracionista y que deja en pie la cuestión de quién fue el responsable de ese desastre, la víctima o el victimario.

Probablemente Aguirre se refiera a los políticos de la segunda postguerra. Pero también aquí hay quien puede compararse con Churchill y, según criterios, superarlo. Por ejemplo, De Gaulle, que proclamó la independencia de Francia como nación de la libertad sin territorio y puso en pie un ejército en el que se integraron combatientes de todos los países entonces oprimidos, entre ellos, un fuerte contingente de españoles republicanos. O Konrad Adenauer, por movernos en un campo conservador antinazi, quien desnazificó Alemania a extremos que los españoles jamás alcanzaron con el franquismo en la transición. O Willy Brandt, quien impulsó una Östpolitik que fue el primer paso para acabar con la guerra fría en Europa. O Jean Monnet y Robert Schumann, los creadores del Mercado Común. Y alguno más.

¿Por qué no reconocerlo? ¿Se debe a que Aguirre ignora estos hechos, personas, acontecimientos en un mundo complejo como el nuestro en donde las afirmaciones tajantes como la suya suenan a propaganda barata? Es posible pero no enteramente probable. Lo que sucede es que la opinión de Aguirre no se expresa como una opinión sino como una verdad apodíctica. Es decir, cualquier parecido entre ella y el liberalismo es pura coincidencia.  Parte de lo problemático de su afirmación es qué entienda por libertad. En nuestra conflictiva sociedad la mayor libertad de unos puede ser, y suele serlo,  mayor servidumbre de otros. No hay una libertad platónica en estado puro. Hay libertades. De unos y de otros y luchan por imponerse. Por eso, como solía decir Ayn Rand, a la hora de hablar de que algo sea bueno, hay que especificar bueno ¿para quién? Aguirre tiene que saberlo porque Rand necesariamente es lectura suya de cabecera. Así que o no lo sabe y es una ignorante o lo sabe y es una cínica. Ninguna de las cosas es compatible con el liberalismo.

Pero hay más. Si Aguirre contestara que, en efecto, puede haber dos o más ideas de la libertad, pero solo una (la suya) es la correcta, alguien le explicará que, siendo la libertad un valor, es racionalmente imposible saber si una versión de este es más o menos "correcta" que otra. Eso solo puede sostenerse mediante un prejuicio y los prejuicios no valen nada. Y, aun peor, siendo imposible el juicio de "corrección" entre valores (salvo aquellos que impliquen delitos del Código Penal y no con carácter absoluto) habrá de admitirse la posibilidad de que en nuestra sociedad coexistan valores antagónicos con igual validez. Pero esto no se lo digo yo. Se lo dice Isaiah Berlin, otro potente foco del liberalismo contemporáneo. A oídos de Berlin, el apotegma de Aguirre sonaría autoritario, antiliberal.

Es lícito preguntarse si el liberalismo de Aguirre es algo más que un juego de palabras. Podríanse citar muchos ejemplos y quizá lo hagamos. De momento, un botón de muestra de florido jardín: Franco era socialista dijo hace unos años a una sin duda boquiabierta audiencia del programa de TVE 59''. Socialista. De inmediato salta la relación teoría-práctica: ¿y cómo no se opusieron ustedes entonces a aquel socialismo? Porque era una dictadura. Entonces no era socialista. ¡Sí! Por eso: una dictadura socialista. Toda dictadura es socialista, ¿sabe usted? Llegados a este punto es evidente que los términos ya no significan nada y la cosa consiste en mantener necedades. Franco, el que fusiló a Zugazagoitia, asesinó a Fernández Montesinos, alcalde de Granada, dejó morir en la cárcel a Besteiro y ordenó o permitió que masacraran a miles y miles de civiles por ser socialistas (y anarquistas, comunistas, nacionalistas, republicanos, etc) era socialista. ¿Cómo? Muy sencillo, como buen socialista, Franco era un inmoral, capaz de asesinar a los suyos, como Stalin, Beria, Yagoda, etc. Muy bien. Fraga, el fundador de su partido, fue ministro de Franco, ¿no? Y no ministro técnico, sino ideológico. Ministro de Información y Turismo. O sea, de Propaganda. ¿Era socialista? Su partido ¿es socialista? 

Es decir, Franco tenía de socialista lo que Esperanza Aguirre. Y no es en lo único en que coinciden que, al fin y al cabo es poco por ser negativo. Es más, mucho más, lo que tienen en común: su acendrado catolicismo y su autoritarismo altanero. Las cosas son como ellos dicen. Incluso aunque digan auténticos dislates. Es decir, Franco, obviamente, no tenía nada de socialista, como sabe muy bien Esperanza Aguirre. Pero, precisamente por saberlo y, a pesar de todo, decir lo contrario, ella sí tiene mucho de franquista. Al menos en la misma medida en que la otra seudoliberal modelo suyo, Thatcher, era pinochetista.

Está bien que Aguirre defienda el liberalismo en el campo de las ideas pero estará mejor si matiza algo más y es menos intransigente, menos dogmática. Porque ni la intransigencia ni el dogmatismo son liberales. Y tampoco el disparate.

(La imagen es una foto de Esperanza Aguirre, bajo licencia Creative Commons).

Derribos y amarras.


L@s lector@s de Palinuro (y l@s no lector@s también) están cordialmente invitad@s a la presentación de los libros de Lucía Etxebarria (Liquidación por derribo. Cómo se gestó la que está cayendo) y Palinuro (Rompiendo amarras. La izquierda entre dos siglos. Una visión personal) en la hora y lugar que se especifica en la imagen. Habrá coloquio y debate, claro está. Se espera que sea interesante y entretenido a la par que instructivo.  La idea de que la presentación fuera bidireccional fue de Lucía con lo cual esta, hija de su tiempo, convirtió un acto que podríamos llamar de presentación 1.0, para entendernos, en otro de presentación 2.0. La presentadora es presentada y el presentado es presentador. Sería superficial entenderlo como un caso de l'arroseur arrosé, cuyo antecedente es el alguacil alguacilado o donde las dan las dan las toman. Porque, conociendo a ambos, es claro que, además de presentarse, dialogarán y a saber por dónde van la presentadora/presentada y el presentado/presentador. Si añadimos el imprevisible público, el asunto puede ser interesante experiencia.

¡No vamos a invitar a la gente para aburrirla!

Pues eso. Entrada libre.

dimecres, 10 d’abril del 2013

Los paraísos fiscales.


La lista de 130.000 grandes evasores fiscales del mundo entero revelada por un consorcio internacional de periodistas contiene la clave de la presente crisis y la fórmula para resolverla si se tiene voluntad política. El "Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación" ha accedido a la información por un procedimiento similar al de la "lista de Falciani", solo que ahora la evasión es planetaria, hay documentadas millones de fichas y, según parece, el dinero que los ricos del mundo tienen oculto oscila entre 16 y 24 billones de euros, equivalentes a la suma de los PIB de los Estados Unidos y el Japón. En Alemania en concreto, como se ve en la imagen, casi el equivalente al 18% del PIB está en paraísos fiscales y el 1% en paraísos fiscales con los que hay tratados de intercambio de información.  Con ese dinero en circulación en sus países probablemente no habría crisis.


A este extremo hemos llegado a través de una curiosa paradoja. Hace unos 175 años, en los primeros tiempos de la revolución industrial, se lanzó la consigna de proletarios del mundo, uníos, pues se creía que el proletariado era una clase internacional y en su lucha contra el capital debía organizarse internacionalmente para evitar que se le dividiera y enfrentara con discursos nacionalistas. 175 años después lo que verdaderamente se ha internacionalizado ha sido el capital. El proletariado sigue tan dividido y enfrentado como siempre. En lugar del internacionalismo proletario tenemos el internacionalismo del capital. El nombre técnico es "libertad de circulación de capitales" que hoy, con la globalización, es prácticamente irrestricta en casi todo el mundo, mientras que no hay libre circulación de personas, salvo en algunos puntos, como la UE y en esta demediada.

Esa libertad de circulación es la fuerza del capital. Este ahueca el ala cuando la legislación de un Estado le incomoda, y desaparece de la noche a la mañana, refugiándose en países mejor avenidos o en los paraísos fiscales. Estos son, en realidad, como islas de bucaneros desde las cuales el capital especula en la economía mundial, arruina a los países y pone de rodillas a los gobiernos que, limitados al ámbito de la soberanía territorial carecen de armas para combatir los ataques del capital. A más de 40 años del lanzamiento de la idea de la tasa Tobin, todavía no se ha implantado impuesto alguno sobre las transacciones financieras (ITF), como propone Attac. Hay un tímido proyecto en la UE de establecer uno mediante un sistema de cooperación reforzada de un modesto 0,1%. Eso es todo.

Pero los paraísos fiscales, los masivos fraudes a las haciendas de los países, recuérdese, no son solamente causas de la crisis sino verdaderos delitos que deben ser perseguidos en los tribunales. El SPD propone en Alemania una bateria de ocho medidas concretas para luchar contra el fraude fiscal en la esperanza de que sirvan de acicate para otros Estados. Son dos cuestiones muy claras: 1ª) la lucha contra los Oasis fiscales (es el nombre alemán) es prioritaria; 2ª) además, es internacional. La lucha contra los abusos del capital internacional solo puede hacerse con instrumentos internacionales. Es una tarea inmensa, pero si hay voluntad política, puede ser decisiva para poner orden en un planeta desquiciado.

Entre tanto y mientras ese momento llega, debe hacerse justicia como hasta la fecha, en el ámbito estatal o nacional. El Consorcio famoso debe entregar sus listas a los tribunales de justicia (en todo caso, muchos de los 270 periódicos coordinados en el proyecto ya están publicándolas) para que estos procedan. Entre esos 130.000 nombres hay, al parecer, una cantidad de españoles. Sería el momento de cotejarlos con los de la lista Falciani y hacerlos públicos todos. Hay que recuperar el dinero defraudado y castigar a los culpables. Y dejarse de amnistías fiscales, "regularizaciones" y otras triquiñuelas que solo benefician a los evasores.

En todo caso, los nombres deben ser públicos. Aunque solo sea para comprobar cuántos de estos evasores fiscales acostumbran a largar discursos a la peña sobre el patriotismo y la nación, sea esta española, catalana, vasca, etc. Más que nada, para saber de qué va cada uno. A ver si resulta que el nacionalismo consiste en hablar aquí de la Patria y de darlo todo por ella pero de llevarse luego los dineros a Suiza. Es decir, a ver en qué medida los nacionalistas (todos, por supuesto, los españoles los primeros) hacen como escépticamente dictamina Martín Fierro:

De los males que sufrimos
hablan mucho los puebleros,
pero hacen como los teros
para esconder sus niditos:
en un lao pegan los gritos
y en otro tienen los güevos.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons en el dominio público).

dimarts, 9 d’abril del 2013

Una muerte prematura.


Sí, ya sé que ha muerto a los 96 años. Pero cuando un hombre muestra ese espíritu rebelde, esa grandeza de ánimo, integridad moral, curiosidad intelectual, solidaridad con los débiles; cuando se mantiene la dignidad durante decenios mientras los demás claudican en la ciénaga de la sumisión y el miedo; cuando se vive de acuerdo con las propias convicciones; cuando se es capaz de reorientarse en la vida de forma radical; cuando uno no se arredra ante las aventuras intelectuales más arriesgadas por muchos que sean sus años; cuando uno mantiene inhiesto el radicalismo de la protesta y suma su voz a la de las gentes más nobles y avanzadas; cuando todo eso se da en una persona, tenga la edad que tenga, su muerte será siempre prematura, será un hurto que se nos hace a quienes lo teníamos como ejemplo.


Me dio clase de Estructura Económica allá por el año 64. Llevaba el pelo cortado a cepillo, como siempre. Lucía corbata de pajarita y tenía todo el aspecto de un profe gringo. Pero, en cuanto abría la boca, se daba uno cuenta de que nada más lejos de la apariencia. Era un gran profesor y tenía un toque de ironía de buena ley. Recuerdo que en cierta ocasión, al anunciar que dedicaría la clase hablar de las ideas de Marx y Engels previno a l@s alumn@s que lo mirábamos expectantes de que no creyéramos que se tratara de un solo autor, al modo de Ramón y Cajal.

Terminado su ciclo académico con notable dignidad y revestido de la autoridad que le otorgaban sus discípulos y alumnos en un país en el que muchos prestigios intelectuales se obtenían -y se obtienen- diciendo pendejadas al servicio del poder, se consagró a su auténtica vocación, la literatura. También aquí mostró una categoría admirable pues, mientras muchos escritores reconocidos no han hecho otra cosa que escribir la misma novela una y otra vez, Sampedro tenía gran variedad de registros narrativos lo que siempre agradecerá el buen lector. Porque uno agradece no solo que una novela tenga una trama, un tema, distinto a otra sino también una distinta estructura literaria.

Fue un hombre que se construyó a sí mismo a lo largo de su vida. Capaz de cambiar cuando la cabeza y/o el corazón le decían que debía hacerlo. Y no se demoraba. Una de las anécdotas de él que más me gustan es cómo tardó prácticamente nada, días, en darse cuenta de que el bando en el que había combatido durante la guerra civil, el de los sediciosos (tras haber abandonado las filas leales por razones ideológicas), era uno de criminales y asesinos; y en alejarse de él de inmediato. No necesitó largos años y tortuosos exámenes de conciencia para comprender que su dignidad como intelectual y persona le obligaba a dar la espalda a aquellos criminales de la falange y demás delincuentes del llamado "movimiento".

Que algunos de los descendientes ideológicos de estos últimos hayan tratado de denigrarlo en los últimos tiempos a cuenta de su solidaridad con el movimiento de los indignados solo demuestra que, aunque parezca mentira, los fascistas pueden seguir degenerando.

Lo dicho, maestro, nos has dejado prematuramente.

Las invitaciones, a pares.


Mañana y pasado tenemos dos actos a los que los lectores de Palinuro están cordialmente invitados. En el primero, que se celebra en el Colegio de Politólogos y Sociólogos, sito en la calle Ferraz nº 100 de Madrid, presentaremos a las 19:00 horas el libro homenaje a nuestro compañero, prematuramente desaparecido, Antonio Valle. Es un conjunto de trabajos dedicados a su memoria y en el que, además de las piezas originales de variada temática (sobre la Unión Europea, la juventud y el pensamiento utópico) que enlazan con las preocupaciones de nuestro amigo, se encuentran algunos escritos con experiencias y vivencias personales de  quienes más lo trataron. Dos de los autores de estas y en buena medida discípulos de Antonio, intervienen en la presentación. De ellas se desprende ese carácter de misionero secular, de joven maestro que pronto adquirió el homenajeado. Como si la naturaleza, sabedora del avieso destino que para él tenía preparado, hubiera decidido que viviera más apretada, más aceleradamente, y sintetizara en su desgraciadamente corta existencia lo que en otros es larga y, si acaso, fecunda vida.


Estáis tod@s invitad@s.


Al día siguiente, es decir, jueves, 11, a las 19:00 en el salón de actos del rectorado de la UNED hay un acto doble que presumo muy animado. Palinuro presenta el último libro de Lucía Etxebarria, Liquidación por derribo y ésta presenta el último de Palinuro, Rompiendo amarras


Siendo el autor de una de las obras, no me corresponde hablar de ella pues, si lo hiciera, aparte de faltar a las normas de la discreción, faltaría a las de la economía ya que sin duda que hablara mal. Prefiero hacerlo del de Lucía que ha abandonado esta vez el campo de la literatura por el del ensayo, como ya había hecho en alguna otra ocasión. El ensayo sobre cuestiones de actualidad. Y le ha quedado una pieza bastante contundente. Es tan abrumador, tan agobiante el tiempo en que vivimos, que se nos ha echado encima de pronto, casi sin dejarnos respirar ni entenderlo que parece obligar a la gente, habitualmente dedicada a inventarse la realidad en ejercicios de imaginación, a ejercer ahora de severos censores, de intérpretes de los arcanos presentes y augures de lo porvenir. Eso que antes se llamaba el compromiso del intelectual y que hoy parece ser algo más cercano a hacer de necesidad virtud o no poder escurrir el bulto. Ya no hay elección entre la torre de marfil y la barricada. Vivimos en la barricada. Y hay que defenderla.

Os esperamos.

Il sorpasso.


En los años noventa del siglo pasado -al ritmo de las cosas, casi el tiempo de Chindasvinto- Julio Anguita, coordinador general de IU y secretario general del PCE, abrigaba la esperanza de que su formación sobrepasara al PSOE en apoyo electoral. A ese objetivo llamaba sorpasso. No lo consiguió pero, en efecto, en las dos elecciones de 1993 y 1996, IU alcanzó sus mejores resultados hasta hoy, llegando a tener veintiún diputados en el Congreso, con el 10,5% del voto. Lo nunca visto

El vocablo, así, en italiano, era entonces de uso común en Italia, su tierra natal. Pero, como los términos políticos tienen múltiples significados, según quien los emplee, pues suelen ser desiderativos, allí no tenía el significado que aquí le daba Anguita. Allí se empleaba para nombrar la feliz situación -que se creía al alcance de la mano- de que Italia sobrepasara a Francia en alguna magnitud macroeconómica, quizá el PIB o el PIB por habitante. Eso tampoco tenía mucha importancia. Al fin y al cabo, el sorpasso que se había quedado en la memoria colectiva italiana era el de la película de Dino Risi, a comienzos de los sesenta, una genialidad con Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant.

Il sorpasso español no se materializó pero, en 1996, el año de mejores resultados de IU, la derecha ganó las elecciones y el PSOE se tiró ocho años en la oposición. Hoy la posibilidad del sorpasso vuelve a tomar cuerpo. Y no con el hálito fervoroso del político cordobés sino con los fríos datos de la encuesta de Metroscopia, según la cual las intenciones directas de voto a IU y el PSOE son de 10,7% y 8,8% respectivamente, casi dos puntos por debajo.

Estos datos tienen una interpretación inmediata que, por supuesto, puede ser errónea. Traducen dos tendencias, una de radicalización progresiva del electorado a medida que se alarga la crisis y esta se ve como una agresión del capital a las clases medias y bajas; la otra de rechazo también progresivo de ese electorado a un PSOE que, sobre no distanciarse de los errores del pasado, comete otros nuevos sin parar y se mantiene de espaldas a los movimientos reales de la sociedad que aspira a gobernar. Sabido es, además, que esta situación no es algo repentino, que haya aparecido inopinadamente, un cambio súbito de humor del electorado. No. Es el resultado sostenido y agravado de la derrota del 20-N de 2011. En año y medio prácticamente el PSOE no ha levantado cabeza sino que la ha hundido más debajo del agua, como el somormujo. Y no la levantará porque no tiene previsto hacer nada que dé un vuelco a la situación. Cuando el secretario general de un partido cosecha un 84% de desconfianza hacia su persona entre sus votantes y un 95% entre todos ellos y cuando esta lamentable valoración no es flor de un día sino un estado de opinión consistente, el partido tiene un problema que no va a resolverse con una conferencia política en octubre en la que, por lo demás, y según sabemos, no se podrá decir nada sobre la autodeterminación o la Monarquía.

El PSOE tiene un obvio problema de falta de liderazgo. Ayer publicaban Odón Elorza y Beatriz Talegón (que son como dos francotiradores) un artículo muy bien intencionado con el título de Necesitamos un relato socialista. Bien intencionado, en efecto, y vagaroso como el aleteo de las mariposas. Conscientes los dos socialistas de que tienen el partido hecho unos zorros, proponen tres cosas: a) recuperar la pasión por la democracia; b) ofrecer un "contrato ciudadano" para dignificar la política; y c) presentar un proyecto alternativo para salir de la crisis. ¿Quién les dirá que no? Hombre, estaría mejor llegarse a los detalles y especificar que "pasión por la democracia" quiere decir proceso constituyente; que "contrato ciudadano" es lucha contra la corrupción, enjuiciamiento y castigo de los culpables, incluidos los especuladores financieros y los banqueros si lo son; que modelo alternativo quiere decir auditar la deuda, no pagar la que no sea pública, dejar caer los bancos, subir los impuestos, especialmente a los más ricos, aumentar la austeridad, reorientar el gasto público de las partidas militares, eclesiásticas, protocolarias así como las subvenciones a los servicios públicos privatizados y los concertados, a las de necesidad social.

Pero, en fin, se entiende. Sobre todo se entiende que el valor del artículo es de carácter testimonial y consiste en desmentir al secretario general y la dirección del partido, empeñados en que el PSOE es una balsa de aceite y hace piña detrás de su líder. De eso nada. En ese partido reina la inquietud y la incertidumbre, así como un sordo descontento, que hace estallar de vez en cuando conflictos localizados aquí y allá, como las burbujas del magma de la caldera, esperando que se produzca la erupción.

El gobierno y la oposición mayoritaria padecen una especie de mimetismo mutuo. Los dos pelean por sobrevivir frente a una opinión muy hostil. Los dos están prácticamente "bunkerizados". Cierto, Rubalcaba se hace ver más y habla con la gente, pero no trata los asuntos de enjundia de la política nacional. Los dos se niegan a explicar sus razones, a reconocer y aceptar los datos consistentes en año y medio y, por tanto, a cambiar de rumbo. Y, desde luego, ninguno de los dos está dispuesto a reconocer que no tiene ni idea de lo que pueda pasar. Entre otras cosas porque, por no saber, no se sabe cuándo pueda terminar esta crisis y ni siquiera si va a terminar. 

En estas condiciones nada tienen de extraño los datos de la intención directa de voto. Ustedes dejen a Rubalcaba un par de años más al frente con su implícita consigna de "Yo o el diluvio" y no será necesario que elijan el diluvio. Lo tendrán.


(La imagen es una caricatura mía sobre una foto de Rubelcaba 38, bajo licencia Creative Commons).(/div)

dilluns, 8 d’abril del 2013

Maggie y Sarita.


La sociedad patriarcal utiliza gozosa los diminutivos siempre que se trata de mujeres. Es impensable que nadie llamara a Edward Heath Eddie o Jimmy a James Callaghan, así como tampoco Fernandito a Fernando Fernán Gómez o Toñín a Antonio Banderas en España. Hay alguna excepción, claro, como Bill (William) Clinton o Nikita (Nikolai) Kruschef. Pero lo normal es que el diminutivo sea para las mujeres. A veces con tan poca razón como en los casos de estas dos damas hoy fallecidas, las dos mujeres de personalidad, arrojo y ambas triunfadoras en sus vidas coetáneas, sí, pero muy, muy diferentes. Muy diferentes y, sin embargo, con un punto en común que trataré de exponer.

Sé algo de Margaret Thtacher porque, aparte de que su actividad cae en mi campo de estudio y de que aquella fue notoria, leí en su día sus memorias, (The Downing Street Years), un texto aburridísimo, pero repleto de información imprescindible. En cuanto a Sara, aparte de haber visto muchas de sus películas y alguna varias veces, como Yuma (un film de Samuel Fuller, 1957), la conocí personalmente, habiéndola tratado en un par de ocasiones, una en los años sesenta, y otra a mediados de los años noventa, con treinta  entre medias. Por ello oso hablar de lo que me parece que tuvieron en común: sus orígenes. Los de las dos son modestos; Thatcher es hija de un tendero y Montiel de un campesino que más tarde abriría una bodega en Orihuela en donde creció Sara, que era natural del Campo de Criptana. Y las dos alcanzan el éxito en la vida aplicando una filosofía propia de sus orígenes, de sentido común, realista, escéptica, la filosofía del comercio, de las realidades tangibles, del pan pan y el vino vino. La filosofía del tendero. Las dos conocían los vicios y virtudes de su época y sabían que, para coronar sus ambiciones, debían saber jugar con las ilusiones y las quimeras de los contemporáneos, pero sin creérselas ellas mismas.

Así que Thatcher se vistió de Iron Lady y devolvió a una atristada Gran Bretaña el orgullo de los tiempos imperiales pasados gracias a su victoria en la guerra de Las Malvinas, aunque fuera contra un enemigo tan patibulario como los dictadores argentinos y se erigió en figura de John Bull femenino, poniendo contra las cuerdas el continente europeo. Montiel personificó en cambio la figura de la voluptuosidad inalcanzable en la miserable España anterior al desarrollo, hermosa sensual que alegró los deprimidos ánimos de los españoles de los cincuenta sometidos al despotismo de la vocinglería fascista de baja estofa y la cutrez reprimida de las sacristías.

Hay entre las dos también una gran diferencia. Sara Montiel triunfó, llegó a ser la actriz mejor pagada del mundo gracias a El último cuplé, sin hacer daño a nadie, fuera de las habituales trifulcas que habrá en la vida privada de cada cual, sin predicar a los demás, sin intentar imponerles sus ideas. Thatcher, en cambio, no solo triunfó ella sino que quiso -y lo logró- que en buena medida triunfaran sus doctrinas neoliberales, que han causado y siguen causando mucho sufrimiento en el mundo entero. Su férreo carácter se echa de ver en ese enunciado TINA (There Is No Alternative) que invocan todos los gobernantes que se aprestan a infligir padecimientos a la gente. Y esa diferencia es esencial. Una deja un buen, agradecido, merecido, unánime, recuerdo. La otra, no.

Pero que la tierra sea leve a ambas.

(Las imágenes son dos fotos, una de de Roberthuffstutter, bajo licencia Creative Commons) y otra de Biografías y vidas, en  uso libre).

Del rosa al amarillo.


Tomo prestado el título de una película de Manuel Summers de los años sesenta con algo de licencia. Porque Summers cuenta dos historias, una es la rosa y otra la amarilla, mientras la fábula de hoy es una sola historia del rosa al amarillo. También hay licencia en el significado de los colores. En Summers, el rosa era el de la infancia y la pubertad y el amarillo el de la vejez. En la historia actual el rosa es el de las revistas del corazón y el amarillo el del escándalo.


El rosa. Los Príncipes de Asturias son presencia habitual en las revistas del corazón, género rosa por excelencia. Casi como los héroes de una leyenda. El príncipe que se casa con las hermosa plebeya. Un Pigmalión de clase. Símbolo de la eternidad y la modernidad de la monarquía. La sangre antañona se mezcla con la reciente y turbulenta del pueblo. Una joven de su tiempo, moderna, profesional, desenvuelta, trinaban los plumillas. El Príncipe mostraba también un carácter actual, abierto, sin prejuicios. Los únicos que torcieron el gesto en público fueron los curas. La Princesa de Asturias, futura Reina de España, era y es una divorciada. Y en diplomática torcedura de gesto quedó el asunto. Mandan los cánones que la mujer llegue virgen al matrimonio. Pero, en fin, no están los tiempos para pedir gollerías. Además, el rosa dominaba. Pronto llegaron las dos angelicales criaturas, las dos niñas que a su vez llenaron páginas y páginas de papel couché, intensificando el rosa, color adjudicado a las niñas por tradición iconográfica popular.

El amarillo. No tiene ahora -o por ahora- nada que ver con la edad de la pareja que sigue presentando inmejorable aspecto, aunque el Príncipe luzca ya barba cana. Tiene que ver con el escándalo. El amarillo es el color del sensacionalismo, la murmuración, el cotilleo. Yellow Chrome. Y llega en forma de libro que se presenta hoy de David Rocasolano, primo de la Princesa de Asturias, con un título de múltiples connotaciones. Podría entenderse como una despedida del primo o como una despedida de la prima, una especie de amenaza.

Porque, según parece, el libro cuenta que, antes de casarse con el Príncipe Felipe, Leticia se sometió a un aborto. Y eso ya son palabras mayores. Tan mayores que lo más cómodo que podría suceder es que no fueran ciertas. La Princesa siempre puede querellarse. Porque, si lo son, habrá que abrir un debate sobre varios asuntos.

Es evidente que si la Princesa abortó hizo uso de un derecho que le concedía la ley. Que lo haya mantenido en silencio o en secreto tampoco es, en principio, criticable, pues, no siendo nada ilegal, es cosa que solo afecta a ella y a las personas más directamente involucradas, como el padre del nonato y solo hasta cierto punto. Otra cosa es la cuestión religiosa. El gesto torcido de los curas de cuando el divorcio va a tornarse aquí en una mueca de espanto y quien sabe si algún que otro exabrupto. Porque esto ya no es un asunto de doncellez, sino, al parecer, un crimen. Si Leticia ha abortado está automáticamente excomulgada. Pero estas son cuestiones que afectan a la conciencia de la Princesa y la relación que tenga con la iglesia.

Desde un punto de vista de izquierda y agnóstico, Leticia no ha hecho nada vituperable y el color amarillo sobra. En la izquierda somos republicanos y abogamos por el fin de la monarquía con o sin divorcios, con o sin abortos. Pero, mientras llega la República, no se nos ocurre atacar el comportamiento público de la Princesa en este campo ni tacharlo de escándalo.

El problema, una vez más, lo tiene el gobierno. Si por él fuera, se derogaría la ley de interrupción voluntaria del embarazo, siguiendo el criterio de sus sectores más ultramontanos. Como no se atreve, el ministro competente, Ruiz Gallardón, anda buscando fórmulas para vaciarla de contenido. Pero le va a resultar difícil ir contra el aborto cuando la futura Reina de España ha recurrido a él. Por eso, la publicidad del hecho clarifica sobremanera las cosas, aunque pueda resultar molesto para la protagonista. No es posible restringir o suprimir el derecho al aborto en un país cuya futura Reina ha abortado. Ciertamente, el gobierno es libre de manifestar su desagrado y en algún caso concreto, como el del ministro del Interior, miembro del Opus, quizá debiera dimitir por razones de conciencia.

Otra cosa es que Leticia sufra represalias de parte de la Corona o su "entorno". Serían injustificables y una razón más a favor de los republicanos a la hora de pedir la substitución de la Monarquía por la IIIª República. Un objetivo tan razonable y sensato como la lucha contra el déficit.