dilluns, 4 de febrer del 2013

Made in Spain: la marca España.

Rajoy ha creado un personaje de guiñol: él mismo. Su rueda de prensa sin preguntas, a través de una pantalla, es una especie de Gran Hermano orwelliano en alpargatas, de control social de la aldea por medio de las nuevas tecnologías. Está al nivel de la famosa gestapillo madrileña o los espías de la T.I.A. Aunque parece más propio del Mago de Oz, detrás de una bambalina. El homo videns de Sartori ha terminado su ciclo. Lo real no es el hombre sino su simulacro.

Este episodio se incorporará a todos los manuales de comunicación audiovisual y será objeto de sesudos estudios. De cómo la tecnología sirve para connecting people, como dice la publicidad de una marca japonesa o para disconnecting them, como es el caso. La alocución televisada en circuito cerrado tenía tres auditorios: el inmediato, allí, al alcance de su mano, como los apóstoles en la última cena; el mediato, los periodistas, como los catecúmenos; y el difuso o universal de la ciudadanía.

Se analizará el contenido de su trémulo mensaje, lo que se llama la "comunicación verbal", lo que dijo y cómo lo dijo (sin soslayar el hecho deplorable de que lo llevara escrito) y la "no verbal", los gestos, los tics, la escenografía. En cuanto al verbal, lineal, como una alocución de Academia militar: todo es falso, una conjura, una conspiración contra el presidente, el gobierno, España. Punto. Pero si creen que conseguirán variar el rumbo del pulso firme, están equivocados. Contrapunto. Rubalcaba es un felón. Coda.

En cuanto al no verbal, ya sabe todo el país que cuando Rajoy miente, guiña el ojo izquierdo. Es un tic delator. En la red hay cortes de vídeos comparando momentos similares, cuando Rajoy dice algo que luego se revela falso.

Pero la catástrofe es el impacto en el extranjero. La marca España se ha ido al garete con el conjunto del episodio: el presidente del gobierno de España salpicado en un asunto de corrupción, se niega a dar explicaciones en directo y convoca a la prensa a una sesión de cineclub. La marca España no está allí donde nosotros queremos que la gente mire sino allí donde la gente mira por decisión propia. Y la gente tiene tendencia a mirar lo extraño, lo estrafalario, lo estrambótico. Por esa razón tenían tanto éxito los gabinetes de monstruos o los fenómenos de feria. Si una tarde coincidían en una aldea un juglar de la trova y una mujer barbuda en exhibición, la gente se iba a ver la femenina barba. Es la misma razón por la que, si bien se mira, la televisión está llena de auténticos fenómenos.

Pues lo mismo con Rajoy. Por decisión propia y sin razón física o material que lo justifique, el presidente se ha convertido en un busto parlante. La escena tiene algo freaky. Por eso lo saca la prensa mundial. La marca España es un presidente balbuceante, salpicado en un caso de corrupción que no se atreve a dar la cara.

(La primera imagen es una foto tomada del twitter de javiprietoviedo Javi Prieto).

Sísifo y la ceremonia de la nación.

Jaime Pastor (2012) Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda. Madrid: La oveja roja. Colección Viento Sur. 197 pp.

Llamar problemático al concepto de nación es decir una vulgaridad. No hay tratado de filosofía, teoría o ciencia políticas que no comience señalando la inexistencia de una definición generalmente aceptada de aquel. Con sobrado motivo, porque es un concepto derivado de un sentimiento y los sentimientos son imposibles de definir. Le ocurre como al amor. No hay una definición única de él, sino múltiples, todas erróneas o todas ciertas, según los momentos, las circunstancias y los sujetos que las invoquen. Los conceptos designan realidades porque el universal no existe. Las gentes aman por los más diferentes motivos y se juntan en naciones por las más diversas causas. La nación significa cosas distintas para cada ser humano aunque a veces puñados de estos se pongan de vociferante acuerdo para agredir a los demás en nombre de una idea de nación que dicen compartir.

Tal resignación teórica, doctrinal, no es bien venida en la práctica. El bueno de Zapatero formuló al comienzo de su mandato ese escepticismo académico y hubo una reacción violenta. Aseguró que el concepto de nación es discutido y discutible, lo obvio. Al instante le saltó a la yugular Mariano Rajoy quien parece pensar que hay algo indicutido e indiscutible: España. Su idea de España. Por supuesto, Zapatero se tragó sus palabras y no volvió a mostrar debilidad crítica alguna en punto a patriotismo nacionalespañol. La nación es un concepto indefinible pero tiene consecuencias prácticas contundentes bajo la forma de los nacionalismos, poderosísimas ideologías políticas de gran tendencia agresiva.

O sea, el problema es el nacionalismo. Sobre todo es problema para aquellas otras ideologías políticas que se precien de cosmopolitas, universales, internacionalistas. Y, dentro de ellas, muy en especial, el marxismo, cuyo presupuesto fundamental es que el sujeto de la historia, el proletariado, es universal. De hecho, sin embargo, la historia del marxismo es en buena medida una controversia sobre el nacionalismo. Por eso es de agradecer la última aportación de Jaime Pastor a este concurrido foro. Pastor es un notorio investigador desde una perspectiva marxista. Para los enterados en la materia sirve aclarar que su marxismo es de vertiente trotskista, lo cual es relevante en el tema nacional ya que uno de los puntos de conflicto entre Trotsky y Stalin fue el choque entre el internacionalismo del primero y el nacionalismo patriótico del segundo. Ambos, por supuesto, presumiendo de marxistas y hasta de leninistas. Ello da al libro un interés especial pues en él se mezcla el espíritu y método académico, en busca de la objetividad, con una posición militante que, al ser marxista, sostiene implícitamente estar en una situación de superioridad epistemológica o, cuando menos, heurística.

El libro no es una obra sistemática, pues acoge ensayos y textos publicados en otros lugares, si bien el autor los ha reelaborado para integrarlos en un discurso único y en gran medida lo consigue. Son cuatro capítulos que tienen un vago orden cronológico aunque son autónomos.

El primero, una persectiva histórica y teoríca es un repaso a la idea de nación y el nacionalismo en la historia de la izquierda, especialmente la marxista. Previamente paga el obligado tributo a la complejidad del concepto y deja sentada una definición del derecho de autodeterminación (p. 27) con la que coincido, así como su propuesta de articulación territorial como el federalismo plurinacional (p. 39) que recomienda especialmente para España (p. 179) y con la que no coincido. No porque tenga otro alternativo sino porque me parece ocioso y un pelín utópico adelantar configuraciones futuras en función de criterios ideológicos.

El repaso por los pensadores marxistas está muy bien, muy documentado, pues el autor es reconocido experto en la materia. Marx y Engels dejaron el asunto en el aire porque, internacionalistas como eran, daban a la nación un significado modesto. La distinción de Engels entre "naciones con historia y naciones sin historia" (p. 42), aunque tiene orígenes hegelianos, no es muy penetrante ni justa. A mi modesto entender oculta un prejuicio racial germánico contra los pueblos eslavos. Pastor dedica bastante atención a la polémica entre Luxemburg y Lenin acerca del nacionalismo. La primera, polaca de origen pero máxima representante del grupo rígidamente internacionalista al que pertenecían el también polaco Strasser y el holandés Pannekoek, rechazaba el derecho de autodeterminación en lo que a Pastor le parece que es "una concepción eonomicista del problema nacional" (p. 55).

Lenin, en cambio, defendía ese derecho a mi entender por motivos puramente tácticos, aunque en esto no sé si Pastor estaría de acuerdo, pues sostiene que era una defensa no instrumental sino finalista (p. 56). En mi opinión, Lenin trata el problema de un modo que luego han imitado casi todos los comunistas de tradición que Pastor llamaría estalinista, esto es: se defiende el derecho de autodeterminación para debilitar las estructuras imperiales porque, al fin y al cabo, la batalla es contra el capitalismo, pero luego no hará falta autodeterminarse o independizarse porque todos los pueblos del imperio volverán a abrazarse en fraternal unión. Algo así es lo que muchos proponen hoy para España.

Es interesante la referencia al austromarxismo pues este fue otro momento crucial en las tormentosas relaciones entre marxismo y nacionalismo al verse aquel repentinamente enfrentado al principio de autodeterminación de los pueblos de cuño wilsoniano después de la primera guerra mundial. Oportunísimo el recurso a Otto Bauer quien había publicado en 1907 su famosa La cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia de donde surge su también célebre definición de nación como comunidad de carácter surgida de una comunidad de destino, lo que plantea la diferencia entre la concepción personal y la territorial de nación, una distinción muy propia del nacionalismo pangermánico y que se aparta del también germánico pero más tradicional de Blut und Boden. Andando el tiempo, esta idea configuraría la muy penetrante y utilizada distinción de Meinecke entre naciones culturales y naciones políticas. Por cierto, tengo la impresión de que donde más influyó la doctrina de Bauer/Meinecke del principio personal/cultural fue en la articulación del nacionalismo judío.

El resto del repaso por el marxismo contiene acertadas observaciones sobre Jaurés y, por supuesto, Antonio Gramsci, el paladín moderno del maridaje entre los opuestos de nacionalismo y marxismo a través de su concepción de lo "nacional popular". Connolly y Mariátegui serán dos nuevas versiones de la controversia con toques étnicos, irlandés el uno e indigenista americano el otro.

El segundo capítulo, Estado, nacion y capitalismo en la España contemporánea trae el problema nacional a la piel de toro. Arranca la España moderna de la Guerra de Sucesión, con su final de apoteosis centralista y Decretos de Nueva Planta y traza luego la historia del siglo XIX siempre con el hilo de Ariadna (porque esto del nacionalismo es un laberinto, basta con pensar en los carlistas) del nacionalismo para llegar a la conclusión pesimista clásica del fracaso del esfuerzo nacionalizador español (p. 92) que, en aquella época sería el acicate del regeneracionismo y de los atribulados intentos de reacomodo de la IIª República (luego de la fragmentación de la Iª), abruptamente interrumpida con la Dictadura de Franco (p. 102). Pastor dedica particular atención, supongo que por afinidades electivas, a las elaboraciones de los trotskistas catalanes del POUM y del Bloque Obrero y Campesino, singularmente, claro, Nin y Maurín. De este último destaca, creo que con simpatía, esa configuración deseada de la UIRS o Unión Ibérica de Repúblicas Socialistas (p. 115). El iberismo asoma siempre la oreja en este tipo de proyectos.

El tercer capítulo, Transición política, nacionalismo español y las izquierdas de ámbito estatal. parte del sólito juicio crítico sobre el alcance de la transición, considera de corta mira el reconocimiento de la plurinacionalidad de España en la Constitución (p. 123), detecta la pronta deriva neocentralizadora de la LOAPA (P. 125), expone el cierre en banda del parlamento y el Tribunal Constitucional tanto al Plan Ibarretxe como al nuevo estatuto de Cataluña (p. 129) y acaba señalando la ironía de que sea el PP quien acoja la idea de Sternberger del patriotismo constitucional en su programa en 2002 (p. 133). Tuve la precaución de asomarme al texto y, la verdad sea dicha, no han entendido el concepto, por tanto este no queda mancillado y sigue siendo tan difícil de implementar como siempre. Viene luego un examen de la izquierda de ámbito estatal en relación al nacionalismo en el cual se resalta la deriva neocentralizadora del PSOE cuyo punto simbólicamente dominante le parece a Pastor es la proclamación del doce de octubre como Fiesta Nacional española en 1987 (p.145); igualmente se subraya la ambigüedad de IU (p. 152) y que yo atribuiría a la vieja herencia del tacticismo leninista. Queda claro que la plurinacionalidad es el problema irresuelto del Estado español (p. 163). Hoy más que nunca.

La cuarta parte, Identidades, derechos e intereses. Mirando al futuro es un texto más circunstancial. Hay un dictamen rotundo que habla de "fracaso nacional español" (p. 178), una expresión que parece encajar perfectamente con la experiencia de una búsqueda bicentenaria de la esencia nacional española, un trabajo similar al de Sísifo. Cuando creemos haber llegado a la cúspide de una planta territorial, se nos derrumba bajo los pies como si fuera de galleta. Sospecho, no obstante, que ese dictamen no revela toda la verdad. No por ser falso, sino por ignorar la posibilidad de una perspectiva refleja. Si se habla de "fracaso" es porque no se ha alcanzado un objetivo. Muy bien. ¿Cuál? ¿Y si la esencia de la nación española fuera la angustia de un replanteamiento permanente de su sentido a partir de la conciencia de un fracaso? No es retórica. Es una realidad. Pocos pueblos se ven obligados a plantearse cotidianamente su razón de ser. Es una situación que acicatea el debate político e ideológico. Otra cosa son los resultados.

Entre estos, pide Pastor, si no ando equivocado, una "segunda transicion" (p. 179). No es fórmula feliz. Todo el mundo habla de "segunda transición". Hasta Aznar y no creo que con el mismo significado. Pero es igual, Pastor formula su propuesta de una unión libre de los pueblos del estado español en torno a un proyecto federal plurinacional, plurirregional y pluricultural que a su vez contribuyera a ir forjando otra Europa de los pueblos" (p. 179). En subjuntivo y como unión "en torno a un proyecto" es una determinación tan amplia que es imposible no estar de acuerdo con ella.

diumenge, 3 de febrer del 2013

¿Por qué no despega el PSOE?

El sondeo de Metroscopia en El País de hoy es un mazazo para los dos partidos dinásticos, en caída libre hace meses. El PP pierde más de veinte puntos (de 44,6% en noviembre de 2011 a 23,9% en febrero 2013) y aun parece poco a la vista del cúmulo de escándalos, embustes, abusos, torpezas, estupideces y latrocinios que ha protagonizado en el último año. Y eso que la encuesta está hecha, supongo, antes de que los los papeles de Bárcenas señalaran que el político más veterano en pillar sobres en negro fue Rajoy, pero que tod@s ell@s están en la pomada. Incluso la virago de Castilla La Mancha y su señor marido hombre de procelosas actividades empresariales.

Pero eso era de esperar. Si robas y te pillan es poco probable que subas en el aprecio popular. Lo extraño es que, a pesar del desastre sin paliativos de un gobierno sospechoso de corrupción desvergonzada y comprobada inutilidad para nada que no sea amargar la vida a todo el mundo excepto los ricos y los curas, los socialistas no levanten cabeza. Al contrario, siguen perdiendo, (desde el 28,7% en noviembre de 2011 al 23,5% de hoy), cinco puntos. En otro momento hablaremos de IU y de UPyD, ahora, al parecer también pringada en los papeles barcénigos y con la peor de las sospechas. En cuanto al PSOE, ¿por qué no sube? ¿Por qué no se beneficia no ya de la desafección de los ciudadanos sino de su claro rechazo y desprecio a un gobierno de prepotentes? ¿Por qué no adelanta a un partido que lleva más de un año imponiendo austeridad y recortes a golpe de decreto mientras, según parece, su presidente y altos cargos roban, expolian hace años el erario público y han tejido una red de enchufes, corruptelas, caciquismo y despilfarro de proporciones bíblicas? Analizando el asunto con la objetividad y prudencia que la situación requiere, se me ocurren seis razones:

Primera. La herencia recibida. Este PSOE está lastrado por el peso muerto del derrumbe zapateril en la legislatura pasada y no ha sido capaz de transmitir una imagen de cambio y renovación. Sus promesas de tomar tales o cuales medidas se han estrellado siempre con la sorna popular cuando se les dice que tuvieron siete años para llevarlas a la práctica y no lo hicieron. Y es verdad. El PSOE dice ahora que quiere ir a una verdadera separación de la Iglesia y el Estado, por ejemplo. ¿Cómo creerlo cuando fue él -no otro, sino él mismo- quien subió la asignación anual que la Iglesia parasita a los ciudadanos a través del IRPF y quien aparcó sine die la Ley de Libertad Religiosa? ¿Por qué hemos de creerle ahora que no puede si cuando pudo no lo hizo? ¿Qué ha cambiado fuera del hecho de haber perdido unas elecciones por goleada? Solo la acuciante necesidad que los sociatas suelen formular de, dicen, recuperar la confianza de los ciudadanos. Catorce meses después siguen sin saber cómo hacerlo.

Segunda. El estilo de la oposición. Desde el principio de la derrota Rubalcaba se obstinó en aplicar las fórmulas zapateriles que llevaron al PSOE a la victoria en 2004 y 2008, de forma mecánica, sin variantes, sin darse cuenta de que el discurso, entonces acertado y muy eficaz, de la calma, la serenidad, la responsabilidad, la visión de Estado, la cortesía, etc era invención de otro y a él le tocaba aportar su impronta propia. Pero no la tiene y lleva catorce meses de inactividad, sin relevancia, casi sin visibilidad, repitiendo melopeas sin interés, ofreciendo pactos hasta para jugar a las tres en raya y desanimando y desmovilizando a su propia gente mucha de la cual, como se ve en el sondeo citado, se refugia en la abstención. La oposición responsable es un rotundo fracaso no porque el nombre sea inadecuado, pues es muy oportuno, sino porque no contiene nada. Por oposición responsable hasta ahora se entiende una oposición fundada en una oferta de pactos permanentemente ignorados por este gobierno de badulaques ensoberbecidos y sospechoso de corrupción y mangoneo hasta las cejas.

Tercera. La personalidad de Rubalcaba. El secretario general -que fue buen ministro y es buen segundón- no tiene fibra de líder. Carece de arranque, de impacto, de ideas. Su respuesta a los imprevistos es siempre atona, gris, previsible. Nunca responde con rapidez y contundencia y sus reacciones son un penoso zigzag de vuelo bajo, cuando no meteduras de pata. Veinticuatro horas antes del estallido del caso Bárcenas, estaba ofreciendo el enésimo pacto al PP en contra de la corrupción; es decir, un partido al que el PP machacó literalmente a cuenta de la corrupción se ofrece ahora a salvarlo de la suya propia en obvio detrimento del derecho a la información y otros de este jaez. Estallado el caso Bárcenas y cuando está claro que Rajoy no contesta a la pregunta de si él cobraba dinero negro en sobres o no, Rubalcaba no se la plantea en sede parlamentaria durante la sesión de control del gobierno, obligándolo a responder ante todos los españoles; lo hizo veinticuatro horas más tarde y desde el cobijo de la sede del PSOE, lo cual permitió a Rajoy seguir haciendo como que no lo oía. Por último, Rubalcaba ha tardado más en pedir la dimisión de Rajoy por su indigno y vergonzoso comportamiento que este en dar algún tipo de seudoexplicación. Este hombre será muy corredor de fondo pero, en el sprint es tan ágil como una yunta de bueyes.

Cuarta. Las complicidades impuestas. Rubalcaba lleva más tiempo compartiendo penas y alegrías con Rajoy que con la mayoría de los miembros de los órganos superiores de su partido. Conoce más al gallego que a Carme Chacón y, claro, eso deja un poso de comprensión y de tolerancia mutua que, por supuesto, Rajoy -cuya fibra moral es bajísima- no respeta, pero Rubalcaba sí porque está bien educado y no es un granuja. ¿Por qué se resistía el secretario general a pedir la dimisión de Rajoy? Sencillo porque no quiere arriesgarse a que alguien le diga que se vayan los dos pues, si uno lleva mucho, demasiado, tiempo en política, el otro también; si uno fue segundón largos años, el otro también; y si el otro perdió una elección, el uno perdió dos. Así es imposible hacer oposición.

Quinta. La propuesta de renovación. Para acallar rumores, debates, eventuales protestas, actividad fraccionalista en el PSOE, Rubalcaba ha convocado a la militancia a una especie de bouleversement teórico de hondo calado a largo plazo, entreteniendo a cientos de posibles voces críticas en la elaboración de un macroproyecto de búsqueda de la piedra filosofal política hasta octubre. Se trata, además, de postergar cuanto pueda la celebración de elecciones primarias arguyendo que no es el momento. (¿Conoce el lector muchos políticos que consideren llegado el momento oportuno de quitarse del medio, fuera de Cincinato, Carlos V o DeGaulle?). El gran programa teórico del socialismo del futuro, encomendado a Ramón Jáuregui, convoca a varios cientos de jóvenes promesas que, en octubre, parirán un ratón pero muchos de ellos habrán conseguido su objetivo de situarse bien para hacer carrera en el partido, con buenos apoyos e influencias en una organización oligárquica con estructura clientelar típica.

Sexta. Las malas prácticas. Porque ese es también un problema crucial que el PSOE no quiere reconocer. Su funcionamiento interno es solo parcialmente democrático (como manda la Constitución) y está embebido de enchufismo y criterios clientelares. No al extremo del PP, pero en un grado muy superior a lo que una conciencia de izquierda puede tolerar. Un ejemplo bien reciente es la bochornosa, ridícula (y cursi) peripecia de la Fundación Ideas. Se ha actuado con contundencia contra el responsable de la estafa y la dirección ha querido reducir el asunto a las dimensiones de un caso personal, particular. Pero no es así. Las corruptelas de amiguismo, enchufe, nepotismo abundan en el partido y, sobre todo, en sus órganos de mando en donde siempre hay un grupo mayoritario compuesto por incondicionales de la jefatura y dos o tres sensibilidades más que se mueven con criterios muy parecidos. ¿Quieren una prueba? A raíz de la estafa de la Fundación Ideas, ¿se atrevería el PSOE a hacer una investigación de sus otras fundaciones, la Pablo Iglesias, la Jaime Vera, etc? Una investigación no solamente contable sino de funcionamiento y transparencia democráticos: cómo se contrata a los colaboradores, quién lo decide, cómo se relacionan entre ellas, etc.

¿Cómo va a despegar un partido que acaba de perder unas elecciones por hundimiento, es incapaz de articular una oposición eficaz y creíble, aparece dirigido por un veterano segundón sin madera de líder, está acomodado a unas prácticas parlamentarias que lo acercan al adversario pero lo alejan de la calle, propone una refundación teórica no como un fin en sí mismo sino como un instrumento, una añagaza para impedir la crítica interna y está literalmente invadido por la carcoma enchufista y clientelar como plataforma para la carrera política de algunos y no como medio para transformar la sociedad en un sentido progresista?

La noche de la iguana.


Actualización a las 06:00 de la mañana del tres de febrero.


El País acaba de soltar la bomba. Es un cuaderno, el cuaderno de Bárcenas. Me lo he mirado bien. No veo la necesidad de cambiar una palabra en el artículo que había colgado antes de conocer la noticia. Era lo que se esperaba. La única diferencia es que los papeles de Bárcenas contestan a algunas preguntas del artículo.

Cuando a media tarde de ayer, El País tuvo el rasgo de humor de anunciar la publicación de todos los papeles de Bárcenas condenaba a la mayor parte de los personajes del actual esperpento hispánico a una noche de insomnio. Probablemente la noche más larga de sus vidas. Porque la portada del periódico está embargada, como hace de vez en cuando Pedro J. con El Mundo, si bien él lo trompetea a los cuatro vientos.

Noche aciaga, noche de tensa espera, de morderse los nudillos, noche de lobos para Rajoy, Cospedal, Arenas y demás caballeretes y damiselas que no hace muchas lunas se pavoneaban dando órdenes a la servidumbre, o sea, a todos nosotros. ¿Qué contendrán esos otros papeles barcénigos? ¿Habrá recibís? ¿Nuevos nombres? La constelación Gürtel Bárcenas, que suena como Alfa Centauro, ¿tendrá alguna supernova? ¿Nos iremos todos por el agujero negro de la corrupcion? La jornada fue de un ajetreo mediático y callejero elevadísimo. De un lado, el teatro (en el peor sentido del término); del otro, la gente en la calle en Barcelona, Madrid, Valladolid, etc. Lo del teatro es literal. Después de dos días silente en mitad de la más grave crisis política española de los últimos tiempos, Rajoy no se atrevió a dar la cara y se apareció a los periodistas tras una pantalla, como si fuera un guiñol, a leerles con voz trémula que quería ser firme y rostro desencajado que quería mostrar determinación, unos folios llenos de simplezas, circunloquios, gimoteos y trolas. Rajoy interpretaba a Rajoy. Jamás ha recibido dinero negro y se apresta a probarlo mostrando su declaración del dinero blanco. No ha venido, dice, a la política para enriquecerse ni para engañar a nadie. Lo segundo es falso, como sabe ya todo el mundo porque el propio Rajoy así lo ha reconocido. En entredicho está ahora también lo primero. Por cuanto parece, ha venido a enriquecerse y a que le paguen los trajes. ¡Qué ironías literarias tiene el destino! Camps podía dedicar unas coplas a su antiguo protector.

Después de eso el país fue manifa y chirigota frente a un gobierno sin crédito alguno, al que desprecia ya todo el mundo, dentro y fuera de nuestras fronteras. Las redes se incendiaron y produjeron obras del calibre de la foto para ilustrar la rueda de prensa de mañana en Berlín. Es tan genial que la publica El País en primera. Porque es lo que Palinuro viene preguntándose hace tres días: ¿cómo va a evitar Rajoy las preguntas en Alemania, preguntas que se traducirán a todas las lenguas europeas, cuando menos. Sr. presidente: como no nos dejó preguntarle nada en España, ¿podría usted decir si cobró sobres con dinero "blanco", en concepto, por ejemplo, de dietas? ¿Está usted seguro de haberse pagado todos sus trajes? ¿Cómo puede sonar eso en Washington, París, Berlín o Londres?

La noche de la iguana. La décima plaga. Todos esperando el paso del Ángel Exterminador.

(La imagen es una foto de MarinoCarlos, bajo
licencia Creative Commons).

Las siervas de Satán.

Mi universidad ha organizado una interesantísima exposición en el Ateneo de Madrid, titulada Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad (1930 - 1980). Es un conjunto de piezas, carteles, objetos, modelos, fotografías, cartas, postales, tebeos, libros, etc., acompañadas de abundantes explicaciones ilustrativas, gratas de leer y bien documentadas. Se ve la mano cuidadosa de Raquel Osborne, profesora de la UNED y comisaria de la exposición, que también es la editora del libro de igual título (Madrid: Fundamentos, 2012) en el que se recogen diversos trabajos de especialistas sobre los asuntos tratados en la exhibición y he incorporado a mis próximas lecturas.

No es una exposición espectacular al uso sino más recogida, modesta, de la vida cotidiana, del oscuro y normal trajín de la existencia. Es como una metáfora del mensaje trasmitido, esto es, en España (1930 - 1980) la mujer es un ser de segunda, destinado a los aspectos menores de la existencia, descanso del guerrero, apoyo en la sombra del hombre como madre, como esposa, como hija. Manda Dios mantenerla en esa condición, sofrenando sus internos impulsos a la perversión, el pecado, la lascivia. En el empeño colaboran la cultura tradicional, las convenciones, las ideologías, la educación, el Estado y, por supuesto, en primerísimo lugar, la Iglesia católica. Esta lo hace con especial refinamiento pues, habiendo elevado a aquella a la condición de madre de Dios, le rinde culto. Por supuesto, de hiperdulía, inferior al de latría (el de Dios), aunque, supongo, superior al de dulía, el de los santos. La Iglesia venera a la Virgen y la ha subido a los cielos. ¿Alguna duda sobre su respeto y reconocimiento a la mujer? La Virgen está en el cielo, como su hijo, Cristo, Dios. Pero Cristo ascendió por sí mismo en tanto su madre fue asunta pues ella sola, carne del mundo, no hubiera llegado muy arriba. ¿Dudas? Ninguna. La Iglesia católica es una institución radicalmente misógina.

La exposición tiene dos momentos: el breve lapso emancipador de la República y la larga noche del franquismo. La primera subraya la aportación de las mujeres a la nueva sociedad española, en paz y en guerra. Se hace referencia al origen y desarrollo del feminismo español y se habla y se muestra a Pardo Bazán, Victoria Kent, Clara Campoamor. Y también se valora lo que la República hizo por las mujeres, el derecho de sufragio, el acceso a las profesiones tradicionales feudos masculinos, la ley de divorcio, la extensión de la educación sexual, etc. También una referencia a la aportación de las mujeres al esfuerzo de guerra no solo en la retaguardia, sino en las formaciones milicianas. Habrá quien diga que fue esta disposición de las mujeres a defender sus recién adquiridos derechos con las armas en la mano la que explica la especial saña de los vencedores de la guerra contra ellas. No es ni siquiera necesario. Las mujeres iban a ser objeto de una represión específica, propia, particularmente injusta y brutal, doble en cualquier caso. Es su suerte en todos los conflictos armados de la humanidad. Las mujeres son objetivo estrategico en las guerras normalmente declaradas por hombres y a través de prácticas odiosas, como las violaciones, el ridículo público o la prostitución forzosa. No hay grandes diferencias entre las violaciones y vejaciones infligidas por los franquistas a las mujeres republicanas y las que practicaban los serbios en las recientes guerras de los Balcanes o las de los hutus a las mujeres tutsis en el conflicto de Ruanda. El ataque a las mujeres forma parte de toda estrategia militar desde tiempo inmemorial del Patriarcado.

Por eso el franquismo se cebó especialmente con ellas durante la guerra y en los primeros años después: represión, tortura, violación, asesinato, por ser madres, esposas, hijas de perseguidos; es decir, por ser eso que el nacionalcatolicismo considera la triple excelsa misión de las mujeres. Después de la especial brutalidad de la primera postguerra vino la represión en la paz, la dominación doctrinal a cargo de la Iglesia y la política y social a cargo de la Sección Femenina, dirigida por la hermana del Ausente, Pilar Primo de Rivera. Por cierto, creo haber advertido en la exposición una sugerencia, como al desgaire, de que las mandos falangistas, casi todas solteras y lo que los machistas llaman marimachos, venían a ser una especie de sublimación de unas tendencias lésbicas quizá inconscientes y, en todo caso, reprimidas. Es una observación interesante. Forma parte de un hilo sutil que informa el espíritu de toda la exposición: entender el lesbianismo (y otras formas de sexualidad no conformista) como una tendencia que pugna siempre por burlar el poder patriarcal y manifestarse de mil formas. Tiene mucho valor una vitrina que contiene pruebas de la constitución de un grupo marginal de homosexuales hombres y mujeres quienes, en los años setenta, habían creado una especie de red clandestina en la Barceloneta con un complicado sistema de señales para realizar actividades colectivas en donde no tuvieran que disimular, esconderse o temer la represión.

Porque esta siguió siendo muy dura para las mujeres (y, por supuesto l@s homosexuales) hasta el final mismo de la Dictadura. En su apogeo, la vida de las mujeres fue la de un sector subalterno, en minoría de edad civil permanente, práctica esclava del macho de turno, marido, padre, hijo y hasta chulo para aquellas que, por una razón u otra, hubieran acabado en el grupo de las llamadas mujeres caídas. Para quienes vivimos buena parte del franquismo, la muestra trae piezas con un valor de memoria incalculable. Hay unos minutos del No-Do de los años cincuenta, con una demostración de la Sección Femenina en la explanada del Monasterio del Escorial ante el Caudillo Franco, bajito, regordete, ataviado con una chaqueta blanca de gala falangista y una boina roja, inolvidable. A much@s se les encenderán los recuerdos al ver las ediciones de los libros de Celia, por Elena Fortún, que leyeron siendo niñ@s. Y no hablemos de un spot televisivo de "OMO lava más blanco" entre dos marujas de los sesenta que es para troncharse de risa. De risa sardónica.

En fin, películas, Marisol, Isabel la Católica, España imperial, todo entre acericos, canesús y hasta Mariquita Pérez, la Barbie del franquismo, las novelas de Corín Tellado, el desarrollo, el turismo. Las mujeres son tontas en general y perversas y si, además, son comunistas, entonces, amigo, hay que aislarlas porque padecen una enfermedad terrible, transmisible, como científicamente demostraba el psiquiatra del régimen, el doctor Vallejo-Nágera, quien aún tiene una calle en Madrid. El franquismo reprimió a todo el mundo. Pero a las mujeres las reprimió el doble.

Desde entonces hemos progresado mucho. Las mujeres han conquistado una posición social en todos los órdenes jamás antes igualada. Pero el Patriarcado es un sistema tenaz, duro de pelar. Todavía les (nos) queda mucho trecho por recorrer. La prueba la proporciona inconscientemente el folleto de la exposición en cinco columnas en orden cronológico. La primera (años treinta) se titula afirmativa Las modernas. La quinta (años setenta) se titula dubitativa ¿Las liberadas?

dissabte, 2 de febrer del 2013

Rajoy el lunes en Berlín.




Foto de WizBaryan

Sin palabras. Sin preguntas.


La comparecencia del presunto trilero y la tarea del Rey.

Rajoy ha escenificado el enésimo atentado contra la decencia, la honradez, el derecho a la información y la libertad de expresión. Parapetado tras una pantalla, encerrado en una sala con los suyos, habiendo confinado a los periodistas en otra, sin admitir preguntas, ha espetado un insultante declaración a la ciudadanía como podría hacer Big Brother. Y sin preguntas. Quien no admite preguntas es porque quiere ocultar las respuestas, porque está pringado, como lo está este individuo, vergüenza de su partido, del país y de Europa entera.

La ridícula comparecencia con monólogo balbuciente y leído, para no cometer algún desliz procesalmente relevante, se resume en el típico discurso exculpatorio de todo delincuente: la inocencia y nobleza de sus actos, todos impolutos, señor juez. Son las envidiash e insidiash de los enemigos. Las mentiras vienen en tres niveles:

La persona. Juro que yo no he sido. Además, pringaos, sabed que he perdido dinero viniendo a la política y dejando mi lucrativo puesto de registrador. Mentira. Lleva 34 años en política. Ha ejercido meses como registrador y, si sumamos todo lo que ha pillado, ha amasado una fortuna a base de sueldos, supuestos sobresueldos, dobles sueldos, dietas indebidas, presuntas rentas de la plaza de registrador y todos los gastos pagados, incluidos los trajes. (¡Pobre Camps! ¡Qué tonto fuiste!) Como todos ellos, este pájaro ha venido a la política a forrarse. Añade, tomando a la audiencia por imbécil, que mostrará su inocencia publicando sus declaraciones de la renta. Pero ¿qué tienen que ver las declaraciones al fisco con el dinero que se haya pillado en negro? Nada. ¿Desde cuando declaran los ladrones a Hacienda lo robado? Si de verdad quiere refutar las insinuacionesh y las insidiash y probar su inocencia, queréllese contra El País y, sobre todo, contra Bárcenas. Todo lo que no sea querellarse e ir a los tribunales es puro trilerismo, hocus pocus de chorizo y mangante.

Caballero ¿no dudará usted de mi honradez? No, señor presidente, no dudo: la niego rotundamente.

El Partido. Ya lo dijo Cospedal: es un ataque al PP. Envidia de fracasados en las elecciones. El PP no tiene contabilidad en negro ni cuentas en el extranjero. Ya hay una fiel mandada escrutando los libros de Génova (y no los bolsillos de los peperos que es en donde, al parecer, está la pastuqui) y el partido no tiene cuentas en el extranjero. La prueba, contra la innegable evidencia en contrario, está en su palabra y la de Cospedal (otra presunta sebrecogedora) que valen tanto como una ñorda de vaca en un prado. Según parece, hay montones de peperos pringados en cobros ilegales e inmorales. Si de verdad el PP quiere salir impoluto y probar su inocencia que vaya al juez también y se querelle. Que ponga todo en manos de la justicia y en lugar de obstaculizar, hacer trampas, amenazar a diestro y siniestro; que colabore con los tribunales para que se vea con claridad si, como insinúa el presunto trilero mayor de la banda, el culpable de todo es el sibilino Rubalcaba con sus asechanzash.

Caballero, ¿no dudará usted de la limpieza del PP? No, señor presidente, no lo tengo por un partido sino -si las informaciones son ciertas y ustedes siguen sin desmentirlas fehacientemente- por una banda organizada de delincuentes.

España. Ya lo dijo el Caudillo, además de su fiel seguidora, Cospedal: quien me ataca a mí, ataca a España. ¿Acaso no es hoy lo mismo? Un ataque a España en un momento gravísimo de su historia. La Antiespaña en acción. Quieren los judeomasones de hoy apartar al líder indiscutible de su entrega total a la salud de la Patria. Otra vez mentira. La gravedad del momento la ocasiona, precisamente, que el gobierno esté en manos de una pandilla de presuntos ladrones encabezada por un embustero empedernido a quien no parece preocupar otra cosa que seguir mangando. Si el gobierno quiere quedar limpio y defenderse, pues es su presidente el considerado ladrón, debe igualmente ir a los tribunales, querellarse también. Todo lo que no sea eso es presentarse ante Merkel como un unverschämte Dieb o "ladrón desvergonzado".

Caballero, ¿no dudará usted de la acrisolada honradez y la entrega del gobierno de España? No, señor presidente, no lo tengo por gobierno sino, a la vista de las informaciones no refutadas, por una pandilla de ladrones. Y, a propósito, cuénteme cómo va a evitar que en Berlín los periodistas le pregunten ante el mundo entero lo que no pudieron preguntarle hoy? Hay trileros que, además, son imbéciles.

Y esa es la situación. Rajoy se niega a asumir responsabilidad alguna, rechaza la evidencia, no se querella, no informa, se esconde o parapeta, balbucea estupideces y pretende seguir arrastrando el país al abismo de indignidad a que se dirige él. Confía en que las fuerzas de seguridad seguirán reprimiendo a la población y protegiendo a la manga de sinvergüenzas que dan las órdenes; que sus lacayos en sus televisiones y los lameculos de los medios privados sigan desinformando sistemáticamente; que no salgan más papeles ni más pruebas de una corrupción en la que parecen estar tod@s hasta las cejas.

¿Y qué pasará si mañana saca El País más pruebas? Por ejemplo, algún recibí.

Creo que, si Rajoy se obstina en escabullir el bulto y en seguir ignorando la opinión pública (por cierto, ya van 683.813 firmas pidiendo la dimisión de la cúpula del PP, esto es, de lo que parece ser una asociación de delincuentes), si, a pesar de todo, el mayor responsable de esta catástrofe nacional se aferra desvergonzadamente al cargo, hay que forzarlo a irse. Y como en su partido parece faltar la  honradez, el coraje y la decisión para exigir su marcha y dado que el país se encuentra en un callejón sin salida. habrá llegado el turno del Rey, una de cuyas funciones es (art. 56) arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones. Siendo evidente que las instituciones no funcionan pues quienes las rigen en todos los órdenes están ocupados a salvar su pellejo procesalmente, el Rey debe llamar a Rajoy y pedirle la dimisión.

De uno en uno, con las manos en alto.

Por fin se cierra la trampa sobre el zorro. Los papeles de la Gürtel engarzan a la perfección con los de Bárcenas. Los han pillado. La partitura y el guión están completos y la escena que ofrecen es terrorífica. Con la primera salva de Bárcenas, sale la señora Cospedal, bastante fuera de sí, a amenazar a la ciudadanía. De Rajoy, en cambio, solo se ha sabido su ausencia y su silencio. Le han preguntado en público si cobraba sobres en negro y todavía no ha contestado. Y mira si es sencillo decir sí o no. Claro, no es tan sencillo, sobre todo si es sí. Para seguir con la danza, según parece, la señora Ana Mato, la que no veía un Jaguar en su garaje pero sí el copago en las recetas, vivía a cuerpo de reina a cuenta de la red Gürtel, cosa reiteradamente negada por ella.

Pero estos son casos concretos. Hay un clima general de frustración, de rabia, de indignación que va encendiéndose por días según se conocen los detalles de este piélago de corrupción. La "clase política", sección derecha, pues esto es un asunto exclusivo del PP, aparece como una manga de corrupt@s que cobran dos o más sueldos, dietas indebidas, sobresueldos a pelo o en sobre y comparten el expolio con una red de amig@s, parientes, allegad@s y compañer@s de partido a fuerza de enchufes, por decenas, por cientos, como en Ourense. Es un festín que evoca de inmediato el banquete del Rey Baltasar, el comienzo de su caída por designio divino. Aquí no interviene la mano de Dios o, si lo hace, no vamos a enterarnos, sino el aguante de las personas. Si no sé con qué cara va Rajoy a verse con Merkel el lunes, menos sé con qué autoridad va a pretender el gobierno imponer las próximas medidas de austeridad y rigor. ¿Con qué legitimidad pueden pedir sacrificios, moderación salarial y resignación cristiana gentes que supuestamente se lo llevan crudo?

Rajoy está, como siempre, bravamente desaparecido, cual corresponde a la concepción postmoderna del liderazgo. Hoy pretende escenificar una de esas ceremonias de idiocia que le salen tan bien y en donde no se admiten preguntas. Es para pellizcarse. No se admiten preguntas. En una situación en la que está en juego la honorabilidad de la persona y la respetabilidad del cargo, no se admiten preguntas. Es obvio, el presidente del gobierno carece de toda idea de dignidad pero, llegados a este punto, es preciso plantearnos (a nosotros mismos, pues contestamos) algunas cuestiones. Si el presidente del gobierno incumple tan flagrantemente su deber de dar cuenta de sus actos, ¿no habrá nadie en el PP que se lo recuerde? ¿Se espera, en cambio que los demás cumplan con el suyo, que los médicos curen, los abogados defiendan, los profesores enseñen, los periodistas informen, los policías mantengan el orden público? ¿Por qué? ¿Con qué ejemplo? ¿Con qué autoridad?

Cuando comparezca, Rajoy lo hará como un hombre con una mancha en el honor, de esas que antaño, según la recia moral castellana, solo se lavaban con sangre. Ahora, al parecer, no hace falta la sangre porque, sencillamente, no se lavan. Si, a pesar de no admitir preguntas, en su alocución, Rajoy no responde a la que ya se le ha hecho públicamente de si recibió o no sobres, saldrá de su comparecencia con el honor más manchado aun. Cierto, no debemos convertir los piques de honor en código de conducta; pero mucho menos los de deshonor. Porque, además, este empieza a rozar el esperpento valleinclanesco. ¿Pues no resulta ahora que, al parecer, Rajoy tampoco se pagaba sus trajes? Por eso sostuvo siempre a Camps hasta el final. Era su alter ego, una afinidad electiva a lo Beau Brummell.

Gobernar en democracia no es que a uno lo elijan para hacer lo que le dé la gana los cuatro años siguientes, incluso saltarse la ley, si llega el caso. Gobernar en democracia es, sobre todo, predicar con el ejemplo, porque solo así se consigue el objetivo de que los gobernados respeten a los gobernantes. Y no es el caso ni por asomo. El partido como tal, importantes miembros del gobierno, cargos en todas las instituciones a todos los niveles parecen estar involucrados en esta gigantesca red de corrupción en donde se expoliaba y supuestamente se sigue expoliando el erario público a mansalva. Tod@s l@s polític@s involucrad@s en esta red mafiosa están deslegitimad@s para gobernar.No son respetables.

 Realmente, aunque ya sea solo por sentido del ridículo, el gobierno como Dios manda debe dimitir cuanto antes, disolver y convocar elecciones. Urge poner al mando quien sepa lo que hace y se interese más por el interés general que por su propio beneficio y el de sus amig@s.

Por cierto, change.org tiene abierta una campaña para conseguir un millón de firmas pidiendo la dimisión de la cúpula del PP. En el momento de escribir esto llevábamos 600.811. Seguro que llegamos al millón. Y lo pasamos. Es un record para el Guinness: el presidente que más votos negativos expresos ha recibido en la historia de la humanidad. Es la ciberpolítica.

Vampira.

Hemos montado un cineclub en casa porque salir al cine con toda la familia, al precio a que el gentil ministro del ramo lo ha puesto, solo está al alcance de políticos sobreados. Lo hemos inaugurado con una película que llevaba años fuera de todo circuito: Vampyr, de Carl Th. Dreyer, un film de 1930 que no es de los más afamados suyos, desaparecido y del que se conservaban copias en no muy buen estado en un par de filmotecas europeas. En 1998 se hizo una versión integral, se rehizo en 2009 y vienen las dos juntas. Por exigencias del productor (que es también el protagonista, medianejo actor), había que rodar los diálogos en inglés, alemán y francés a la vez. Por eso se redujeron al mínimo y el director recurrió a las técnicas del cine mudo, incluidas leyendas a plena pantalla. La copia remasterizada es la alemana con subtítulos en español.

La peli es magnífica, una mezcla de expresionismo y surrealismo. Tanto el carácter del héroe, Allan Gray, como la peripecia del enterramiento en vida vienen directamente de Un perro andaluz (1929). Directamente. La parte expresionista está en deuda con el Nosferatu (1922), de Murnau. ¿Qué tiene, pues, la peli de Dreyer? El movimiento de la cámara, los planos dislocados, refinados, hasta rebuscados que mantienen siempre alerta la atención del espectador. Estamos obligados a interpretar cada escena a causa de la multiplicidad de enfoques y puntos de vista, incluido el llamado cámara subjetiva que, por entonces, era revolucionario. El equilibrio perfecto entre la figura humana en acción y su escenario. Un baile permanente, ligero y sutil, de una gran belleza plástica.

La historia es de vampiras. Ya sé que el femenino de vampiro es vampiresa pero prefiero vampira porque, como suele suceder con los nombres femeninos vistos como duplicados de los masculinos, vampiresa ha sufrido una degradación de significado. Así pues, Vampyr debe traducirse por Vampira. Creo. Hace justicia además a la inspiración de la historia, dos cuentos de Sheridan Le Fanu, publicados en 1872 en una recopilación titulada In a Glass Darkly, la obra que mencionan los títulos de crédito del film. Pero este no se basa en todas las historias, sino en dos:Carmilla y la habitación en el "Dragon volant". Carmilla es la historia de la vampira, publicada veinticinco años antes que el Dracula de Bram Stoker. Con todo, tampoco Le Fanu era original en esto. Uno de los primeros, si no el primer vampiro de la literatura occidental, a mi conocimiento, es el de John Polidori, publicado en 1819. Bueno, tampoco era enteramente de él. La idea se le ocurrió a Lord Byron, quien comenzó a redactarla en una noche de tormenta en los Alpes en la que también se concibió el Dr. Frankenstein, que esos sí son hermanos, Drácula y Frankenstein y no Frankenstein y el hombre lobo. Pero Byron la dejó apenas esbozada (de hecho, se publica como Fragmento). Polidori, su médico y amigo, se inspiró en ella y en otras de Byron y produjo The Vampyre. Pero, por una serie de circunstancias, se publicó como obra del ilustre poeta. Lo que sucedió después parece una trama de vampiros. La historia fue un éxito de superventas porque era de Byron, aunque este lo desmintió noblemente. Cuando Polidori la publicó bajo su nombre, dejó de venderse. Y Polidori se suicidó. Si bien puede que tampoco haya sido exactamente así, pues la muerte fue certificada por causas naturales. La historia del vampiro ya empieza con una incertidumbre sobre la muerte.

No obstante, la de Le Fanu, además de la atmósfera cerradamente gótica, añade un elemento de amor lésbico que está puritanamente convertido en la película en otro entre hermanas, cosa que choca especialmente cuando la hermana vampira mira con ojos ávidos a la inocente paloma. Esa línea homosexual ha tenido muchos seguidores contemporáneos por la vía de las Dráculas femeninas, en donde se hace evidente la carga erótica de todo el vampirismo. Dreyer prefiere enlazar con los cultos diabólicos, la magia y el propio vampirismo. Trae en su apoyo un extraño libro que supongo imaginado de Paul Bonnat, La extraña historia de los vampiros, aparentemente editado por los herederos de Gottleib Faust , en Leipzig, h. 1870. Aunque con l@s vampir@s nunca se sabe.

divendres, 1 de febrer del 2013

Visión de un nacionalista español atípico.




No lo tome la lectora a mal si comparto con ella este vídeo de un servidor sobre la llamada "cuestión catalana" que, en realidad, es también "cuestión española", quizá más. El punto de vista que en él se expone y ha sido el mío de siempre, no suele encontrarse en los medios de comunicación españoles. "No suele" es un understatement: no aparece nunca en los medios de la derecha ni de la izquierda. Es una posición (o discurso, como dicen l@s leid@s) invisible e inaudible. Está, sí, parcialmente presente, en Cataluña y el País Vasco en boca de gentes que no se consideran españolas. Pero en absoluto en España y argumentado por gentes que, como yo, se consideran españolas. Hagan la prueba: traten de defender este punto de vista en cualquier medio español de derecha, de centro o de izquierda. ¡Si todavía me acuerdo de cómo me echaron de una patada de El periódico de Cataluña por mostrar una cauta simpatía por el Pacto de Lizarra! Y voto a tal que El Periódico es un idem de izquierda. La prueba es que escribe Catalunya en castellano. Ahí es nada. Solo en lugares como La Tuerka, de TeleK con la que me honro en colaborar pueden defenderse libremente estas ideas.

La originalidad del vídeo, tengo la osadía de pensar, radica en que siendo un enfoque nacionalista español abierto, democrático y de izquierda, reconoce el derecho de autodeterminación de otras naciones del Estado. No es que lo tolere, no. Es que lo reconoce como preexistente y no dependiente de tolerancia o permiso ajenas algunas; y aboga porque sus titulares lo ejerzan en un clima de entendimiento democrático y mutuo respeto.

Desde el punto de vista del nacionalismo español de la derecha nacionalcatólica más reaccionaria, el de Palinuro equivale a una alta traición a los intereses de una Patria española definida en términos de cuarto de banderas, sacristía y, hoy, las cloacas financieras, repletas de sobres. Desde el punto de vista de Palinuro es el verdadero nacionalismo patriótico, muy superior al que la larga línea de persas, serviles, tradicionalistas, facistas, falangistas y últimamente neoliberales, ha impuesto a nuestro desgraciado país, pues se basa en una concepción de España integrada por las gentes y tierras que voluntariamente quieran pertenecer a ella. Ese es el éxito de naciones y Estados como Alemania, Francia o los Estados Unidos: sus partes componentes quieren serlo por voluntad propia, no a base de decretos de nueva, novísima y requetenovísima planta.