divendres, 1 de febrer del 2013

Dimisión de un gobierno bajo sospecha.

El bombazo de El País deja al gobierno noqueado. Su reacción ha sido típica del pánico. Rajoy, como acostumbra, se ha escondido, parapetándose detrás de la segundona. Esta, tras postergar su comparecencia, salió a dar la descompuesta cara que se aprecia en las fotos y lo hizo siguiendo la acrisolada doctrina de que la mejor defensa es un buen ataque. La defensa consistió en reiterar la transparencia, legalidad y limpieza de las cuentas del PP. Con lo cual no se entiende por qué se ha ordenado una investigación interna. El ataque mostró un fondo de resentimiento y odio. Cospedal anunció "acciones legales" contra todo aquel que difunda estas falsas afirmaciones. Amenaza de matar al mensajero y, de paso, al conjunto de la audiencia. Nostalgia de la censura franquista. ¡Ah, aquellos plácidos tiempos en que se podía robar y la gente, punto en boca! Por cierto, el de los "plácidos tiempos" también figura entre los presuntos sobrecogedores. Y su hermano, al parecer, como dadivoso. Y es que esto es muy fuerte: la dama de la austeridad castellano-manchega no solamente tiene unos ingresos desaforados, presuntamente legales, sino que está bajo sospecha de haberlos incrementado con otros presuntamente ilegales.

Muy, muy fuerte. El partido de los recortes, de la supresión de derechos, de la reducción de salarios, subvenciones de todo tipo y pensiones, de la negación del acceso a la educación, la sanidad y la justicia, aparece acusado de llevar veinte años repartiéndose sobresueldos en negro, de una contabilidad B, presuntamente delictiva. Las sospechas recaen, además, sobre el presidente del gobierno quien, sobre no haber sido claro jamás respecto al volumen y origen de sus ingresos, lleva desde el comienzo del escándalo Bárcenas, sin responder a la pregunta de si él ha cobrado alguna vez sobres en negro. Y es bien sencillo: sí o no. Por fin, ayer, Rubalcaba se lo preguntó en una conferencia de prensa. Una nueva evidencia de la falta de fuelle del secretario general del PSOE. Eso tenía que habérselo preguntado el miércoles en el Parlamento, en la sesión de control del gobierno.

En todo caso, este terremoto (los datos muestran también el vínculo entre Bárcenas y la Gürtel) es una crisis de Estado y el gobierno ya tendría que haber dimitido en pleno. Esa es la convención democrática imperante hoy en la Unión Europea. El escandalazo se ha internacionalizado. Hasta el embajador gringo, Solomont, salió dando su opinión, un poco al estilo proconsular que los Estados Unidos adoptan con los hispanos. Los europeos no dan crédito a lo que ven y se preguntan cómo aún no ha dimitido el gobierno. Es más: a ver cómo se presenta Rajoy en la cumbre de Bruselas del lunes, con qué cara y a decir qué. Si piensan poder engañar a los europeos, van dados. Todos nuestros vecinos están ya al cabo de la calle. Para eso tienen embajadores no del estilo de Trillo y servicios de inteligencia que funcionan a la perfección.

Afortunadamente para nosotros, los españoles. La salvación, como siempre, nos vendrá del extranjero. No creo que Frau Merkel, en año electoral, acepte hablar con Rajoy. Si no fuera por esta feliz circunstancia, si no estuviéramos en Europa, aquí no pasaría nada. La respuesta del gobierno sería negar la evidencia, atacar la libertad de expresión, recurrir a la censura, reprimir las manifestaciones de protesta y mantenerse gobernando por decreto hasta las elecciones de 2015. Mientras tanto, de batacazo en batacazo. Hace unos días, Rajoy decretaba silencio en el caso Bárcenas hasta ver las conclusiones de su irrisoria investigación interna. Creía el hombre ganar tiempo. Resultado: más ruido que nunca. Ahora quiere seguir oculto y en silencio hasta el sábado en que comparecerá tras una reunión con su gente.

Pues a lo mejor no llega ni al sábado. El Fiscal General del Estado quien, hace unos días, no veía razón alguna para investigar de oficio los sobres barcénigos, ahora no descarta la posibilidad de llamar a declarar a la cúpula del PP. Y eso quiere decir, el presidente del gobierno, que lo es del partido y por eso también cobra. Pero, además, está el chorreo de arrepentidos. Ya el primero del día, García Escudero, desmentía las afirmaciones de Cospedal y obligaba a la dama a encontrar un alambicado sofisma: García Escudero es cierto; el resto no. Pero el resto, sí. Detrás de García escudero vinieron Matas y del Burgo. Y vendrán más. Es el sálvese quien pueda.

Sobre todo porque El País parece estar en posesión de más y más graves pruebas.

A todo esto, llamativo el silencio de dos pesos pesados habitualmente gárrulos: Aznar y Aguirre.

dijous, 31 de gener del 2013

PPl, o Partido de Presuntos ladrones.

Hace unos años, Rajoy no contestó a una pregunta que le hizo en televisión una señora acerca de cuánto ganaba al mes. Y siguió sin contestar cuando se le planteó en los años siguientes. La razón está hoy clara: no lo sabía porque dependía de lo que contuvieran los sobres que trimestral o semestralmente le entregaba Bárcenas, el tesorero de su partido bajo cuerda y con dinero supuestamente negro, procedente, según parece, de donaciones o vaya usted a saber qué. Porque, a estas alturas, cualquiera puede hacer las suposiciones que se le antojen sobre el origen de esos fondos turbios que durante años, si la información de El País es correcta, han estado untando a un puñado de dirigentes de la derecha. Años.

Rajoy llevaba años cobrando en negro hasta, según se dice (pero de nuevo vaya usted a saber), 2008. Es legítima la pregunta: ¿sigue usted cobrando o ya ha "regularizado" su situación, buen hombre? El protagonista del mayor paquete de recortes y rebajas de la historia de España, el que empuja a la emigración a la gente y sume en la pobreza a quienes se quedan, llevaba años llenándose los bolsillos de forma vergonzosa, fraudulenta, propia de mafiosos. Siempre supuestamente, claro.

Álvarez Cascos, ese hombretón que amenaza con querellarse cada vez que alguien proyecta una mínima sombra sobre su "honorabilidad", igualmente años pillándolo crudo mientras sembraba el desconcierto en torno suyo con su desastrosa política de obras públicas que solo ha dejado detrás de sí un reguero de ruinas y se iba de caza como medida de emergencia ante catástrofes del tipo del "Prestige".

Javier Arenas, el campeón del trinque, el que ha salido al proscenio a contener la indignación general cuando empezó a saberse que este grupo de mangantes recibía dinero en sobres, el que prometía que se harán investigaciones exhaustivas y se tomarán las medidas adecuadas, también cobrando en negro durante años.

María Dolores de Cospedal, la dama de hierro de Castilla La Mancha, la que ha dejado sin sueldo a los diputados de la oposición, sin urgencias médicas a los vecinos de los pueblos pequeños, sin empleo a cientos, miles, de trabajadores públicos, la que se compra mansiones y olvida declarar picos de 7.000€ igualmente en la pomada de los sobres, pillando para casa mientras predica austeridad a todos los demás.

Todos parecen haber cobrado de Bárcenas: Aznar el puro, Acebes, Rato, figura familiar en donde se mueva dinero, el ínclito Mayor Oreja, azote de etarras. Todos.

Ignoro cuáles serán las consecuencias penales de esto y si las hay. Por lo pronto, ya pueden traer de prisa a Trillo de Londres y ponerle al frente de un bufete de emergencia. Tampoco sería tan nuevo, dado que, al parecer, es uno de los más y con mayor regularidad, lleva cobrando cantidades en negro por actividades probablemente más negras.

Con independencia de otras cuestiones esta es una crisis de Estado. El partido del gobierno lleva años en manos de un puñado de supuestos apandadores a quienes la gobernación del país importa menos que sus ingresos mensuales. Un hatajo de ladrones sin escrúpulos, demagogos baratos que han mentido sistemáticamente a la gente, a los medios, a sus electores, a todo el mundo. Una manga de sinvergüenzas que han convertido la muy problemática democracia española en un estercolero.

La situación solo puede resolverse mediante la dimisión inmediata de este gobierno de randas y la convocatoria de nuevas elecciones.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

¿De qué está hecho el capital?

El capital; no el dinero. El pobre dinero no tiene la culpa de nada. Cuando, en mis años mozos, traduje La filosofía del dinero, de Simmel, quedé convencido de que se trata de uno de los más maravillosos inventos de la humanidad. El dinero es la materialización de una idea, de algo que, en sí mismo, carece de consistencia: la idea del valor y la necesidad de medirlo. Por eso al principio la idea estaba adherida a la cosa que era valiosa normalmente por escasa, la moneda (que viene del latín Moneo, de Venus Moneta) era la cosa misma: la sal, la piel, la oveja, la vaca. Luego se descubrió el valor nominal y apareció el papel moneda, el dinero, que ya era rizar el rizo de la segunda abstracción. Pero el valor seguía midiéndose en términos de escasez.

Lo anterior se ve claramente con un ejemplo cotidiano: ¿es hoy el trabajo escaso? No, hay de sobra. El trabajo, por tanto, vale muy poco, casi nada. Y los salarios tienden a cero. Esto, sin duda, es inhumano, dado que el trabajo, la fuerza de trabajo, es todo con lo que cuenta la inmensa mayoría de la humanidad para sobrevivir. Pero la culpa no es del dinero, sino del capital que no son lo mismo, aunque a veces se confundan. No todos los ricos son capitalistas, pero seguramente todos los capitalistas serán ricos.

El capital es el dinero en acción, igual que el viento es el aire en movimiento. El capital es una relación social, como decía Marx. Esa relación se da en una sociedad con una determinada distribución del dinero, de la riqueza, en la que algunos tratan de incrementar la suya a base de cambiar la vida de los demás. Es entonces cuando actúan como capital y pueden hacerlo de modo legal o ilegal, moral o inmoral. El capital tiende a saltarse la legalidad y la moralidad, las que experimenta siempre como enojosas restricciones al logro de su objetivo del máximo lucro. Un ejemplo bien claro y evidente es la noticia de que algunas afamadas empresas españolas o extranjeras pero con presencia en España explotan trabajo infantil en otros continentes. Y, de seguir las cosas así, quizá se haga también en este y en este país.

Le viene de antiguo al capital. Prácticamente todas las empresas capitalistas del mundo comenzaron con eso que los economistas llaman "acumulación primitiva" de capital. Fundamentalmente actividades de robo, saqueo, piratería o rapiña luego consagradas con el paso del tiempo y las leyes y hasta ennoblecidas. El capital tiende al delito como la cabra al monte. Por eso se inventaron las regulaciones, intervenciones, legislaciones que el capital está siempre tratando de sacudirse. Es legítimo preguntarse ¿de qué está hecho el capital?

Pues básicamente de lo que un juez -obligado siempre a hablar de casos y personas concretas- acaba de dictaminar en el de Urdangarin, que este está poseído por un desmedido afán de lucro. Un desmedido afán de lucro lleva a alguien a traspasar la línea de la legalidad y jugarse su buen nombre y el de los suyos en actividades empresariales, de acumulación primitiva, en las que todo vale, el nombre del Rey o de una amiga del Rey.

Más o menos lo mismo que impulsa a Bárcenas. Sus actividades empresariales parecen ser muy variadas, desde el sector agropecuario al comercio de obras de arte. Pero están fundamentadas en un dinero acumulado de modo presuntamente ilícito. El capitalista, ya se sabe, tiende a ignorar las barreras legales y, cuando estas se levantan, a aprovecharse de ello. Por eso Bárcenas se acogió a la amnistía fiscal de su compañero de partido, el ministro Montoro. Y, de paso, ha creado un nuevo problema político al gobierno. Sin duda por orden de este, Hacienda se columpió negando en declaración pública que Bárcenas se hubiera acogido a la amnistía fiscal. Bárcenas ha probado ante el juez que, en efecto, "blanqueó" casi once millones de euros. Es decir: ahí, señoría, están once milloncejos del ala, "regularizados", como dice la ley y no "blanqueados", como dice la chusma. De los otros once hasta los veintidós que había en un principio, aquí nadie sabe nada.

¿De qué está hecho el capital? De lo que dice el juez, "el desmedido afán de lucro". Y otro día hablamos de la Iglesia.

dimecres, 30 de gener del 2013

España cañí.

Según mis noticias, TVE ha censurado una escena de homosexualidad en una serie propia, que se emite en horario de máxima audiencia, pretextando la audiencia infantil. Los niños no pueden ver cómo dos hombres (o dos mujeres) se besan. Pero sí pueden ver que se odian, se engañan, se envenenan, se asesinan, incluso entre hermanos. Tampoco es tan extraño. Al fin y al cabo, Caín y Abel no se llevaban muy bien. Desde luego, es una curiosa forma de entender la moral. La serie, según parece, es una imitación de Falcon Crest. Eso sí que me parece obsceno: adaptar productos culturales extranjeros, copiarlos, adoptar pautas culturales, formas de vida, costumbres extrañas, exponiendo situaciones que aparentan ser reales pero están fuera de la realidad cotidiana de la gente. Es un asalto, una imitación lacayuna y una renuncia a elaborar ficciones y relatos en los que la gente pueda reconocerse.

Pero, en fin, lo cañí es tomarla con la homosexualidad. Como ya no pueden tratarla de delito, han dado en la flor de considerarla una enfermedad, aunque la OMS hace años que la ha eliminado de la lista oficial de dolencias. No importa, en la España eterna se la sigue considerando una efermedad en virtud de la superior autoridad del obispado, experto en estos asuntos. Por eso hasta ofrece curarla. La autoridad secular, algo más prudente que la espiritual, prefiere invisibilizarla. Los matrimonios homosexuales, la homosexualidad han desaparecido de la Educación para a ciudadanía. Por supuesto, en la tele los chicos no se besan y, si se besan, se corta la escena. Y eso que esta no se rodó en el procaz extranjero sino en el viril solar patrio.

Claro, el Consejo de Europa la ha tomado con TVE, a la que acusa de someterse a las presiones del gobierno. TVE lo niega en solemne comunicado y tiene razón. TVE no se somete a las presiones del gobierno. Es el gobierno. O, mejor dicho, parte de él. Es su aparato de publicidad y propaganda con absoluta desfachatez. No saben los señores del Consejo de Europa qué es la España cañí. Podrían darse una vuelta por el foro.

El Rey está para el arrastre pero no puede abdicar porque es un momento muy malo para el prestigio de la Monarquía. La abdicación de la Reina de Holanda, frecuentemente empleada como espejo de la Corona española, no tiene nada que ver. Si se quiere emplear el caso como ejemplo, compárese con Isabel II de Inglaterra, que en tres años habrá reinado tantos como la Reina Victoria. La Monarquía no es una institución racional y no se atiene a pautas racionales. Cada cual abdica cuando le parece. Lo cañí de la historia es que el Rey no puede abdicar debido a la maraña de complicaciones procesales en que se encuentra su familia. Visto lo visto, quién sabe si él mismo. Siendo Rey, es irresponsable; pero no siéndolo, estando abdicado, cabría sostener lo contrario. El Rey Juan Carlos I no está sujeto a responsabilidad. ¿Y el ciudadano Juan Carlos de Borbón? Esa sería otra historia.

Lo último en cañí vuelve a los niños. Los escolares de la pública que lleven fiambrera (ahora llamada tupper por la misma razón por la cual el rompecabezas de toda la vida se llama puzzle) pagarán 3,8€ en concepto de ignoro qué. El precio del menú en el Congreso de los Diputados es de 3,5€. Sus señorías tienen el papeo subvencionado con cargo a los fondos públicos. Los escolares pagan incluso sin tener por qué. No comprendo cómo se puede permitir algo así.

Y cañí del todo es el asunto de los sobres. Rajoy ha prohibido a los suyos, gobierno y partido, hablar de él. Igual que la TVE escamotea los besos entre hombres. Pero los besos existen y los sobres, también. Los últimos han salido hasta en el New York Times. Es decir, son la comidilla mundial. En definitiva, un nuevo ataque, una nueva infamia de la conspiración judeo-masónica antiespañola. Eso sí que es cañí.

dimarts, 29 de gener del 2013

A las puertas del infierno.

El caso Gürtel/Bárcenas es descomunal. Responde a todos los esquemas interpretativos de la corrupción: la teoría de la mancha de aceite, la de la bomba de relojería, la de la traída y llevada manta, la de los colores de la corrupción (blanca, marrón y negra), la del ventilador, la del sálvese quien pueda, la de la venganza. Este caso de corrupción tiene tantas ramificaciones, tal calado en el tiempo y en el espacio y afecta a tal cantidad de personas de relieve político, económico y social que se confunde con la realidad misma. Y eso sin contar las cantidades cienmillonarias, quizá milmillonarias defraudadas, indebidamente apropiadas, malversadas.

Es, además, un asunto con una intensa carga emocional. El fenómeno en sí produce indignación y consternación en concreto el hecho de que se vean afectadas las más altas instituciones del Estado: la Corona, el Tribunal Supremo, el Gobierno y el Parlamento. En estas condiciones el Estado de derecho es muy problemático. Si a ello se añade que el único condenado hasta la fecha en el caso Gürtel es el juez que inició la investigación, se entiende el clima de fuerte tensión reinante.

Frente a este asunto, el caso de la Fundación Ideas, del PSOE es peccata minuta. No se trata del partido del gobierno, ni del gobierno, ni de los legisladores, ni de jueces o magistrados, ni de un miembro de la familia Real. Tampoco se trata de cientos de millones de euros. Se trata de una pareja de empleados de una institución que han decidido lucrarse indebidamente con un ardid rocambolesco, extraído de la trama de una novela, de inmediata aparición, escrita por la parte femenina del dúo. Un lucro cifrado en 50.000 euros. Calderilla para la Gürtel; la propina del guardacoches. Además, cuando la novela salga a la venta, seguramente se venderá como rosquillas. La autora se compensará por el mencionado lucro cesante y ya no estará obligada a escribir artículos en inglés y español sobre el cultivo de dátiles en Mauritania.

El caso Bárcenas es más de lo que el gobierno puede digerir a pesar de su mayoría absoluta. El nombre de Rajoy aparece en una cuenta suiza de Bárcenas; los recibís en poder de este ponen contra las cuerdas a una cantidad indeterminada de altos cargos; sus temibles cuentas parecen estar en relación con la financiación de la campaña electoral del PP en 2008; la lista Falciani, cuyo contenido empieza a conocerse lentamente, contiene nombres de políticos y empresarios suficientes para hacer saltar aun más de indignación a los ciudadanos.

No, no es posible tapar ni diluir el caso Bárcenas porque es un proceso abierto al sistema político surgido de la transición y secuestrado por los partidos, singularmente, los dinásticos. Ciertamente esa falla no es generalizable por igual a todos ellos. Ni siquiera al segundo dinástico, el PSOE, hoy en la oposición. Los socialistas han tenido y tienen episodios de corrupción. Pero nada comparable a la que afecta al PP en el que parece tener carácter estructural. Porque allí donde no alcanzan los tentáculos del núcleo corrupto de la Gürtel, como en Castellón, Ourense o las Baleares ello se debe a que han erigido sus propias estructuras clientelares, caciquiles, corruptas.

Gobernar como Dios manda ya no es gestionar "razonablemente" la realidad, aplicar "sentido común" a una realidad "previsible" de un modo "normal". Gobernar es luchar por mantenerse de pie sin saber de dónde vendrá el próximo golpe, si del exterior en forma de algún nuevo desaire a España o del interior en forma de alguna decisión de los tribunales que obligue a las autoridades a revocar sus normalmente drásticas decisiones; si de la rebelión creciente del catalanismo o de la contumacia de otras comunidades no nacionalistas; si de una posible revelación de Bárcenas o de una querella por presunta comisión de delitos.

Ciberutópicos y ciberpesimistas.

Noticias de la corte.- La presentación del libro La comunicación política y las nuevas tecnologías en la librería Juan Rulfo de Madrid,  estuvo muy bien, muy concurrida y animada. Los dos invitados estelares, el alcalde de Jun y Félix Ortega, catedrático de Sociología de la UCM, tuvieron unas intervenciones interesantísimas. Muchas gracias a ambos. Las crónicas de este Real Sitio guardarán recuerdo emocionado de ellos y Palinuro los saluda efusivamente. Los dos defendieron puntos de vista encontrados y lo hicieron con enorme competencia.

Antonio Rodríguez, el alcalde, hizo una exposición completa de esa gran aventura que protagoniza hace ya casi quince años y ha convertido a Jun (Granada) en un punto de referencia mundial del gobierno abierto. Y cuando digo mundial quiero decir mundial. Jun muestra el camino del gobierno adaptado a la ciberpolítica. José Antonio es un ciberutopista nato. Con una extraña virtud: vive su utopía en la cruda realidad; mejor dicho, la convive con sus conciudadanos y, vía ciberespacio, con más de 160.000 seguidores en Twitter.

La réplica vino de Félix Ortega ciberrealista con un pellizco de ciberpesimista. Su gran capacidad analítica señaló los puntos cuestionables en el planteamiento ciberoptimista, compartido, como se sabe, por Palinuro. La parte más contundente, indubitable, de su razonamiento llegó al comienzo mismo de su intervención. Fue, por así decirlo la preparación artillera de la contienda que se siguió. Todo el avance, la ejemplaridad, el prodigio de Jun, argumenta Ortega, es indudable pero, en lo esencial, no se debe a las nuevas tecnologías, sino a la voluntad política de su alcalde. Algo indiscutible. El resto fueron agudas escaramuzas de infantería.

El animado coloquio a continuacion entró por esa línea de fractura. La de siempre, por lo demás, cuando se trata del impacto de lo nuevo en la acción humana. ¿Qué podemos esperar de las redes? Es desesperante pero cierto: todo y nada. ¿Son las redes o son los seres humanos? Las redes sin los seres humanos no serían nada; ni siquiera concebibles. ¿Y los seres humanos sin las redes? Seríamos lo que fuimos y lo que fuimos nos ha traído a las redes sin las cuales no es imaginable la vida. Por supuesto, no estoy diciendo que sea la situación del mundo entero. Pero lo será.

dilluns, 28 de gener del 2013

Recordatorio presentación de libro.



Hoy estará Palinuro presentando el libro sobre Comunicación Política y nuevas tecnologías en la librería Juan Rulfo, de Madrid, junto con Jose Antonio Rodríguez Salas, alcalde de Jun y el colega Félix Ortega.

Bienvenid@s tod@s aquell@s que se interesen por el asunto.

Conquistando el mundo.

Las andanzas de Rajoy por el nuevo mundo tienen su aquel. Ha incurrido en el típico ridículo de ¡Viva Honduras!, pero eso es lo menos que cabe esperar de los dignatarios españoles en sus tratos con las naciones hermanas. Es proverbial la falta de tacto y de conocimiento de las distintas realidades latinoamericanas. Lo esperable.

Lo inesperado, lo insólito, ha sido el passe de deux interpretado por el presidente español y la canciller alemana. Esta, dama adusta y de pocas palabras, debe de estar hasta el casco de las importunidades del caballero español. En cuanto coge un micrófono se pone a decir a los demás lo que tienen que hacer para sacarle a él las castañas del fuego. Rajoy apareció en Chile, en efecto, pidiendo a los alemanes más alegría para asegurar la recuperación económica. Frau Merkel respondió por el mismo medio recordando que los alemanes ya hacen su parte, consistente en mantener un euro "robusto" y que los españoles podían hacer algo de la suya, por ejemplo, venderles cosas a los latinoamericanos, aprovechando que hablan la misma lengua.

Pobre Rajoy. Todo el mundo entendió la respuesta de Frau Merkel como un revés, un desplante, un desaire. No sea usted sablista, buen hombre, ni pedigüeño, y trabaje. Francamente, no es gallarda la figura del español en esta porfía. Hasta Piñera se hizo eco del rapapolvo germánico. Los chilenos han sido siempre muy proalemanes. Era necesario dulcificar algo el tono, no permitir que Rajoy vuelva a casa como un perro apaleado. Así, pues, se habló de una entrevista a dos, Merkel-Rajoy, para limar asperezas y eliminar tiranteces. Al final, la entrevista se produjo pero no fue, como trompetea La Moncloa en su web "un encuentro en el marco de la Cumbre CELAC-UE", sino un breve tête à tête, en un pasillo, justo el tiempo para hacerse la foto y aplazar lo pendiente a la cumbre de Europa de primeros de febrero. Si se hubiera dado un encuentro de cierto alcance, hubiera habido alguna declaración.

Bueno, realmente la ha habido. Interrogado el presidente sobre su fugaz encuentro con la canciller, ha respondido, con sólito estilo que, con Angela Merkel, muy bien, muy bien. Ignoro qué ámbito de la política bajo custodia de Rajoy pueda verse afectado por ese misterioso muy bien pero, a la vista de la foto, intuyo que ninguno. Esos encuentros con intérpretes son lamentables. No es una tontería: la escasa visibilidad internacional de España se relaciona con esa inveterada costumbre de los políticos nacionales de no hablar ninguna otra lengua que no sea la suya, especialmente el inglés.

Es decir, España depende en buena medida de decisiones que se toman fuera pero de las cuales sus mandatarios no suelen enterarse bien porque no entienden las lenguas en que se formulan.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

El discurso sobre el discurso.

Luis Arroyo (2012) El poder político en escena. Madrid: RBA (519 pp).

Luis Arroyo es un especialista en comunicación política. Dirige una empresa llamada Asesores de comunicación pública por lo cual tiene un conocimiento práctico, empírico, de su profesión. Pero lo tiene también en el orden teórico más riguroso, como se prueba en su blog, Todo lo que hay que saber sobre comunicación política, de lectura inexcusable para quienes quieran estar al día en estos asuntos y acceder a los productos más valiosos. Mezcla así el autor una faceta práctica con otra teórica, académica, lo cual da como resultado que la obra en comentario sea muy interesante, muy equilibrada y muy voluminosa. Pero se lee con delectación porque, aunque Arroyo expone sus razonamientos con rigor y fundamentación, lo hace en un estilo ágil, poco frecuente en estos empeños. Además, el autor es un profesional con un compromiso político de izquierda que suele reconocer por mor del juego limpio. Actuó como jefe de comunicación del ministerio de Carme Chacón en lo que hoy parecen los lejanísimos tiempos del gobierno de Zapatero.

El poder político en escena aporta una enorme cantidad de información sobre los más variados aspectos de su materia. Será imposible referirse a todos por falta de tiempo y de competencia del comentarista, pero en algunos nos detendremos. No obstante lo abigarrado de este florido jardín de la comunicación, hay dos ideas motrices, que orientan la investigación como hilos dorados: una, explícita ya en el título, la política es un espectáculo; dos, las ideas, los comportamientos, las actitudes políticas tienen una base fisiológica, genética, neurológica.

La segunda opinión se reitera a lo largo del libro bajo formas distintas. El núcleo es que las dos grandes narrativas contemporáneas, conservadores y progresistas (p. 90) tiene aquel fundamento. La insistencia del autor en este punto, que le hace ser un ávido seguidor de los avances de la neuropolítica, permite sospechar al taimado crítico alguna intencionalidad más de fondo. Desde la aparición del materialismo, la idea del condicionamiento material, químico, biológico, de las facultades espirituales es un tradicional compañero de viaje del descubrimiento de la humanidad por sí misma, tanto, por lo menos, como lo es la otra, la del carácter libre, inexplicado e inexplicable de dichas facultades. Necesidad y libre albedrío, venerables contertulios. Tiene uno la impresión de que la referencia a este punto de vista no interesa tanto desde el punto de vista colectivo como desde el individual. ¿Qué determina en el individuo, en mí mismo, la opción progresista frente a la conservadora? Si me canso de buscar razones y justificaciones, siempre puedo cargarle el mochuelo a una parte de mi cerebro. Me temo, sin embargo, que esto no nos sirve de gran cosa. Por mucho que se avance en la genética, que se hará, y en las ciencias neurológicas, al final del camino, el individuo se encuentra, como decía Sartre, condenado a ser libre. Y ahí es obligado optar. Es imposible que la ciencia, producto del ser humano, explique por entero al ser humano por la misma razón por la que las máquinas jamás podrá rebelarse contra su creador.

El libro abunda en ejemplos de esta visión determinista, muy bien documentados y ampliados a prácticas no ya de laboratorio sino de acción social. Los famosos experimentos de Milgram tienen aquí especial relevancia (p. 299) y Arroyo el acierto de hablar de ellos en el marco de la teoría de la espiral del silencio, de Noelle-Neumann (p. 289). Sin duda el asunto es mucho interés y nos resulta muy revelador acerca de nosotros mismos. Hay que ver cómo somos; capaces de matar a alguien por obedecer el principio de autoridad. Aquí engancha un montón de debates. Siendo humildes (y dando un ochavo al determinismo) podemos retrotraer estos experimentos al perro de Pavlov. Los reflejos condicionados son eso, condicionados. A las gentes no se nos condiciona de forma tan ruda como a los canes, pero sí con similar éxito. La familia, la escuela, el barrio, la lengua que hablamos, nos constituyen caracteriológicamente, nos socializan en unos códigos de valores, nos condicionan. Quien haya sido socializado autoritariamente, matará más por obediencia que quien lo haya sido libertariamente. Pero los dos matarán y los dos dejarán de matar en distintas proporciones. Porque, al final de todo, la decisión de apretar el botón la toma uno en libertad de no hacerlo. A eso llamamos responsabilidad del individuo de la cual, muy atinadamente, excluimos a los perros y nos incluimos nosotros, incluso en los casos que, por parecer contradictorios, llamamos de "disonancia cognitiva" (p. 63).

Los especialistas en comunicación política tienen que indagar en las motivaciones humanas. Cuando no se recurre a las deterministas materiales se acude a las deterministas lógicas. Presupuesta la verdad apodíctica del cálculo de costes/beneficios de la acción, la teoría de la decisión racional explica muy bien el comportamiento humano, incluso el inmoral. Arroyo tiene un brillante capítulo sobre la importancia de la mentira en política (p. 389), que corona con la referencia al perjurio del Rey como acto iniciático de la transición (p. 391). No obstante, se revuelve contra el predominio del paradigma de la decisión racional pues, a su parecer, no predice los comportamientos colectivos. Él mismo proporciona un estupendo ejemplo en su capítulo sobre la emancipación de los negros en los Estados Unidos en los años sesenta (p. 261). ¿Qué lleva a Rosa Parks a su decisión de no levantarse de su asiento en aquel autobús de Montgomery? No hay cálculo de costes/beneficios del individualismo racional egoísta que pueda explicarlo. Solo puede hacerlo aquella convicción profunda acerca de la dignidad de la persona que acompaña al ser humano desde su origen. La idea de que sin dignidad no merece la pena vivir.

La otra idea central de la obra es la de la política como espectáculo. La foto de la portada transmite el mensaje: Charles Chaplin arengando a la gente en un mitin. El político como actor; el actor como político. La política es parte de la sociedad y ya Debord dejó dicho casi pontificalmente que es una sociedad del espectáculo. Luego llegaría el filósofo y añadiría un espectáculo de simulacros. La idea de que la vida humana es teatro, comedia, espectáculo en el cual cada uno interpreta un papel debe de ser tan vieja como la humanidad y, desde luego, como el teatro. El propio teatro es espectáculo del espectáculo y por eso no es extraño que concite a veces las iras del poder político. Desde la Divina Comedia a la Comedia humana la idea de la vida como espectáculo es perseverante. Llega, incluso, a la ciencia social del siglo XX. En el fondo, la sociología funcionalista, con su aparato teórico de status, roles, acción social, etc se formula en términos dramatúrgicos.

Indudablemente, nuestra época es una orgía de espectáculos merced a los avances tecnológicos. Este es un campo en que Arroyo muestra especial competencia. Aporta una gran cantidad de información y documentación sobre los medios audiovisuales, en especial la televisión. Esta condiciona el discurso político, el debate, el intercambio, en tal medida que ha transformado su naturaleza. La televisión impone estilo, exige comportamientos, premia y castiga de acuerdo con sus pautas propias que, al principio, eran desconocidas. El primer debate televisado de la historia, el de Nixon/Kennedy tiene amplio tratamiento en la obra. Todo lo que quepa decir sobre la relación entre televisión y política, bueno y malo (y se ha dicho mucho) entra en esa observación de que los políticos están obligados a formular su mensaje esencial en diez segundos (p. 364). Puede que diez segundos sea el bit de inteligencia televisiva.

Arroyo rastrea todos los medios en cuanto contribuyen a la naturaleza esencialmente espectacular de la época. No se salta ni la radio. Su mayor importancia: podía llegar a todo el mundo, analfabetos y letrados. Fue el primer medio realmente de masas y buena parte de su existencia está relacionada con una faceta de la política que no tiene cabida en el libro, esto es, la política como conflicto y, en último término, guerra. La radio es medio de combate, medio de propaganda, difusión de ideología. Como el libro trata de la política democrática en tiempos de paz, ha poco lugar a adentrarse en esas cuestiones. Más provecho saca el autor al cine. Recuerda que Mussolini lo consideraba "el arma más potente del estado" (p. 196). El cine es espectáculo y parte del espectáculo, refleja la realidad y la configura; extiende las pautas culturales, las modas, las ideas como ningún medio hasta la fecha. Parte de la fuerza de la televisión reside en ser un cine en casa. Esa ventana por la que se nos cuela el Rey la nochebuena, como lo hacía Roosevelt a través de la radio en los años 30 o Chávez, de nuevo a través de la televisión.

En la polémica entre ciberpesimistas (quienes, sin duda, prefieren llamarse ciberrealistas) y ciberutopistas o ciberoptimistas (p. 446), Arroyo ha decidido situarse entre los primeros, supongo que sin ningún tipo de condicionante genético; simplemente porque es su conclusión racional. Y lo hace de modo combativo. La ha tomado con Twitter. En su blog tiene una entrada Diez razones por las que Twitter no sirve para (casi) nada en política que son una magnífica recopilación de razones en contra. En el libro dictamina que las revoluciones no se hacen en Twitter (p. 349). Claro que no, y no me parece haber leído mucha gente sosteniendo lo contrario. Pero el asunto no es tan sencillo. Twitter es parte del ciberespacio, que es un mundo muy complejo y de creciente complejidad. Hay una interrelación permanente entre el ciberespacio y el espacio "real"; tanta que son inseparables. La importancia relativa recíproca depende, claro es, de su fuerza, su antigüedad, su generalización, pero está cambiando continuamente. Un tribunal alemán acaba de sentenciar que el acceso a internet es hoy imprescindible para la vida del individuo. Es un derecho. Twitter es parte del ciberespacio y en este se da una forma nueva de política, la ciberpolítica que, por supuesto, no va a substituir a la otra como internet no va a substituir a la televisión, pues ningún medio substituye o aniquila a otro, según la ley de Riepl. Pero es imprescindible.

Ese ciberpesimismo o ciberrealismo lleva a Arroyo a cargar contra la futurología. Lo hace asimismo en otra entrada de su blog, llamada Sociología breve de las predicciones, en donde reproduce un pellizco de este libro. La idea es bastante clara y está suficientemente demostrada de modo empírico: la probabilidad de que un experto en finanzas, en economía, en política, en sociología, acierte es igual a la del azar. Los tales expertos, dice Arroyo, solo lo son en el arte de ocultar su fracaso predictivo ofreciendo brillantísimas teorías "postdictivas" o de cómo las cosas no podían haber sido de otra manera. Obviamente, todo esto es cierto. Son también expertos los expertos en formular teorías para justificar sus altos honorarios. Sí, eso de "asesor" está bien pagado.

Queda una pregunta en el aire. La futurología está desacreditada. Pero, ¿por qué se siguen pagando altos honorarios si el servicio prestado no es el prometido? Porque las predicciones de experto siguen vendiéndose bien gracias a la credulidad de gente. Todas las sociedades han recurrido a profetas, oráculos, adivinos, hechiceros, gurús. Y todos estos personajes han pretendido siempre estar en posesión de un conocimiento del futuro que les venía de una fuente incuestionable de verdad. Dicha fuente en el día de hoy es la ciencia y por eso los profetas contemporáneos se llaman expertos y hablan como técnicos, como científicos. Pero la sociedad misma revela la escasa importancia que concede a estos pronunciamiento como se ve en el hecho de que, junto a los expertos proliferen los videntes, los adivinos y los echadores de cartas a quienes la gente sin duda presta tanto crédito como a los primeros.

Si los expertos, en quienes se presume un afán desinteresado por la verdad, desatinan, innecesario hablar de las predicciones de los políticos. El discurso político está frecuentemente habitado por la mentira en la medida en que la política es la continuación de la guerra por otros medios. La cuestión que se abre al final a la comunicación política acaba siendo de naturaleza moral. ¿Sirve la comunicación política para que la mentira triunfe? ¿Puede el discurso sobre el discurso ser inocente?

diumenge, 27 de gener del 2013

El silencio y el ruido.

Las órdenes del presidente del gobierno parecen ser taxativas: silencio, chitón, punto en boca, aquí no se habla de Bárcenas ni de sobres ni de nada en tanto no termine la auditoría interna, encargada a una fiel y competente militante de la organización bajo sospecha. Al principio hubo un aluvión de desmentidos, de declaraciones de inocencia algunas de las cuales eran comprometedoras, como esa del ministro Fernández Díaz reconociendo que se cobraban sobresueldos pero "luego se declaraban a Hacienda". Dada la pertenencia del declarante al Opus Dei, en donde no se puede mentir, el asunto es enojoso. Por lo demás, la declaración de Hacienda no legaliza un dinero ilegal. Lo dice hasta Montoro.

En efecto, la orden del mando es muy pertinente. En este guirigay se pueden decir cosas comprometedoras. Todo el mundo callado. El partido y hasta las Nuevas Generaciones si quieren llegar a ser viejas generaciones. Nada de dar dos cuartos al pregonero, que la corte está rebosante de ellos. Pacifiquense los ánimos y aplíquese la ley. La ley del silencio. Hay que dominar la tempestad.

Pero para dominar los elementos hace falta ser Próspero, valiéndose de Ariel. Y no es el caso. Rajoy ha querido cubrirlo todo con el manto del silencio, pero no ha podido evitar un cruce de querellas, que han refulgido como aceros en la noche. Aznar se ha querellado con El País por decir que está involucrado en el asunto de los sobres. IU contra él, Rajoy y Cospedal, si no ando mal informado, asimismo por haber supuestamente cobrado los tales fementidos sobresueldos.

Cubrir este ruido con un ukase de silencio es como apagar un incendio con una taza de té. El País sostiene que, como se malicia el patio, Bárcenas tiene agarrado al PP por salva sea la parte. Tener agarrado al partido del gobierno es tener agarrado al gobierno. Como no es factible indultar al imputado antes de la condena, aunque ganas no faltarán, el corto plazo vendrá muy afectado por las peripecias procesales del proceloso Bárcenas. Y, por supuesto, del cálculo de costes/beneficios que el interesado se haga.

En realidad, la auditoría interna no parece tanto una indagación acerca de cómo están las cosas sino acerca de qué información en concreto pueda tener la otra parte, a la que siempre quisimos tener contenta. Por eso le mantuvimos despacho, coche, garaje y secretaria aun no siendo ya nadie en el partido.

No hay silencio que pueda cubrir el ruido del escándalo Bárcenas.