domingo, 26 de mayo de 2019

La República de todas

Los municipios y Europa. El alfa y omega de la vida política en la UE. Hoy decidimos por cuatro años en los municipios (y algunas comunidades autónomas) y por cinco en Europa.

En Catalunya, la batalla está en las municipales entre ERC y Barcelona en Comú y en las europeas entre JxC y ERC en sus respectivas candidaturas. De importancia general también son las elecciones municipales y autonómicas en Madrid, en donde lo más llamativo es el fraccionamiento de la izquierda. Nos concentramos en Catalunya, que es donde, en realidad, se parte el bacalao, aunque los heraldos del Imperio crean que lo esencial sucede en Madrid. Y en las municipales, en Barcelona, sin demérito del resto de los municipios.

En Barcelona, Maragall aporta una larga militancia de la izquierda y una gran experiencia en cargos públicos. Desde su paso a ERC se añade un franco compromiso independentista/posibilista que abarca un importante sector del electorado de izquierdas, independentista o no independentista. Para dar cuenta, además, de las peculiares circunstancias de Barcelona, en donde la divisoria entre independentismo y no independentismo está más acusada. La figura del candidato es menos relevante y en cambio lo ha sido la de la organización durante la campaña electoral. La fuerza de ERC es su probada eficacia como partido/organización.

Muy a la par con Maragall, según las encuestas, Colau es la reina de la ambigüedad. Cuenta más su figura que la organización, Barcelona en Comú, que es un poco batiburrillo. Los sondeos también anuncian primer o segundo lugar en preferencias electorales a ese maremágnum estilo Podemos entre independencia e izquierda. Al enfrentarse a ERC (independentistas de izquierda) la parte independentista de Barcelona en Comú cojea . La promesa de la Constitución de Pablo Iglesias, "por España" deja las cosas muy claras. Los de Podemos y, por extensión, los de Barcelona en Comú, no son independentistas. 

Lo interesante de estas elecciones será ver qué gobierno municipal de Barcelona sale de ellas. La repetición de un  tripartito parece excluirse casi por unanimidad. Una alianza con el PSC no es previsible. Una coalición independentista parecería la opción más razonable, lo que no quiere decir que se ponga en práctica. 

Luego están las elecciones europeas, que están mezcladas con las municipales.

Puigdemont aparece como el líder legítimo por antonomasia de la República. Es su proyección exterior. También la figura personal, el carisma, prevalece sobre la organización. En su caso, además, la cuestión de la organización es problemática. Procede del nacionalismo burgués, tradicionalmente pactista, no independentista y relacionado con la corrupción en sus últimos años de gobierno. Del descrédito absoluto consiguió salvarse el nacionalismo conservador a base de girar hacia el independentismo. El giro, la refundación procede de la iniciativa de Mas. La crítica habitual es que se trata de un independentismo fingido, instrumental, para combatir el descenso electoral de la formación. Pero Mas ha dado pruebas de un independentismo genuino, como un fin en sí mismo. Fue él quien, al verse obligado a hacerse a un lado, eligió a Puigdemont, que completó con éxito la teoría y la práctica del independentismo.  Pero recomponer las piezas del tablero roto no es cosa que pueda improvisarse. Por eso cuenta más la personalidad del candidato que la organización y, por eso, aunque haya fundado un movimiento que funciona como partido, La Crida, se presenta al margen de los partidos, como la personificación de la República con una candidatura que insiste en dos temas: unidad y transversalidad. 

Junqueras hace doblete. Su proyección personal es indudable y su carisma tiene un matiz místico. La persona y el partido, la organización, son aquí igualmente importantes. ERC aprovecha su actual hegemonía en el independentismo para ganar en todos los terrenos. Hace bien. Trata de dar a la independencia un contenido de izquierda, para lo cual marca distancias con la opción independentista conservadora. No acepta candidatura única al Parlamento ni con la oferta de Puigdemont de ir de segundo. Se quiera o no la candidatura de Junqueras plantea una situación de combate singular entre él y el presidente. Lo que todo el mundo va a mirar es cuál sea el respectivo respaldo electoral en Catalunya. No está mal, aunque es irrelevante. La República solo es concebible si contiene todos los sectores, corrientes, ideas, partidos, tendencias y no solo una parte. "El todo es lo verdadero", dice Hegel y añade Adorno a la contra: "el todo es lo no verdadero". Verdadero o no verdadero, el todo es la República, que es todo porque es de todas.