domingo, 10 de marzo de 2019

La Llorona

Recordando el post de ayer sobre la jornada feminista del 8M, Somos unas antiguas Palinuro cayó e la cuenta de que había intentado racionalizar el tema, darle una perspectiva histórica, narrar sus dificultades y los todavía ingentes obstáculos a que se enfrenta. Todo muy justo. Pero, ¿por qué se sigue de aquí que haya de defenderse este movimiento? ¿Qué promesas encierra en su seno que justifiquen una tan gran alteración de las pautas culturales dominantes? Hay programas que racionalizan el futuro previendo cómo será la vida cuando las mujeres alcancen la igualdad real. Pero el futuro es imprevisible y tanto da verlo a la luz de la razón como de los sentimientos. Ahí estaba la carencia del post: no hablaba de sentimientos. Así que, para enmendar la omisión, busqué esta secuencia de la pelicula Frida, (2002), de Julie Taymor. Vean mujeres (y algunos hombres):




Salma Hayek, Chavela Vargas, Frida Kahlo, Diego Ribera (en efigie), Trotsky y Ramón Mercader. El sentimiento y la razón. La vida y la muerte. Las mujeres y los hombres.

Ya; que estoy pasándome. No más que quienes auguran la paz y armonía universales cuando gobiernen las mujeres; o quienes ven un gobierno de brujas; o quienes dicen que algún día se alcanzará la "verdadera" igualdad.

Salma, Chavela, Frida; o, en orden cronológico real, Chavela, Frida, Salma. Y La Llorona. Con Ribera comienza el sufrimiento, y con Trotsky y Mercader llega a su paroxismo racional.

Este Ribera se autorretrató como niño formal, con paraguas y canotier, por delante de Frida, ya mujer, de la mano de la calavera Catrina en el famoso mural de la Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, por si alguien quiere ver al repipi mozalbete. La calavera Catrina es mujer, dama incluso, lleva un aparatoso sombrero y luce de fular la serpiente emplumada, símbolo casi ctónico de México. Y muy lógico, porque simboliza la unión del cielo y la tierra