domingo, 30 de diciembre de 2018

La Inquisición española

Nadie está llamándose a engaño. La causa general contra el independentismo es un típico proceso político, disfrazado de farsa judicial. Judicial porque se quiere disimular el aspecto político; farsa porque se ha montado con falsedad y atropello de todos los derechos de los acusados, empezando por el del juez natural. 

Por eso, la declaración de Turull centra la cuestión: no pedirá perdón y reivindicará lo que hicieron el 1-O y el 27-O porque no entiende que fuera un delito, sino un acto político y, como tal debatible en foro político, no penal. Palinuro coincide. En efecto no solo no se dan los delitos concretos que se les imputan de rebelión y sedición porque, al faltar el requisito de la violencia, no pueda hacerse; es que, mirado con detenimiento, no hay delito en absoluto.

Procurar cualquier objetivo por medios pacíficos y democráticos es un derecho. También lo es procurar pacífica y democráticamente la separación de España. Si no lo es, o no se permite que lo sea, arrastrando a los responsables a una farsa judicial, evidentemente, no será a causa de los medios, que son los mismos, sino a causa del fin, esto es, la separación de España. Lo que los jueces quieren castigar como delito es el ejercicio de un derecho. 

El ámbito del derecho es el de las interpretaciones divergentes. Pero no tanto. Algo no puede ser un delito y un derecho al mismo tiempo, salvo que lo sea para partes distintas, como es el caso. Para los indepes, la acción política pacífica y democrática en pro de la independencia de Cataluña es un derecho irrenunciable. Para los jueces, el gobierno, los medios, la opinión española, procurar algo pacífica y democráticamente es un derecho, salvo que se trate de la separación de España. El "delito" está en el propósito, el objetivo, la idea.

Este juicio es una farsa porque es un proceso de convicciones, como los de la Inquisición. Lo que para esta era herejía, para los juzgadores de hoy es un crimen nefando que les gustaría tratar como delito de alta traición. Al necesitarse aquí una situación bélica (siempre más difícil de inventar que la existencia de violencia) no se puede proceder por la vía militar, aunque no será por falta de ganas

La justicia de los jueces españoles se hace en nombre del Estado español, personificado en el monarca, en resumen, de España. España es la fuente absoluta de derecho. Es una entidad prejudicial, en cuyo marco tienen sentido los procesos legales. Su permanencia y unidad, por tanto, son sagradas. Si alguien osa cuestionar la unidad de España, cuestiona su misma razón de ser, algo que los jueces no pueden admitir, ya que los cuestiona a ellos, descubriendo su carácter de juez y parte y aniquilando toda base de la justicia. 

Lo que los jueces quieren juzgar es un viejo conocido de toda tiranía: el "delito" de opinión. Por eso el proceso es una farsa judicial porque es un proceso por convicciones. La doctrina que subyace en esta actitud de unos jueces españoles dispuestos a condenar a unas personas por no querer ser españolas es la muy esclarecida que soltaba ayer Rosa Díez: las ideas independentistas no son legítimas y VOX es un partido político tan legítimo como otros. Ideas no legítimas, tome nota, Torquemada cuando haya que proceder contra quienes las albergan. Y VOX, partido legítimo.

Por supuesto, mientras no delinca, será legitimo. La gente tiene derecho a pensar lo que quiera y decirlo, según las circunstancias. Tan legítimo es ser independentista como soñar con ver a todos los independentistas colgados. Con todo, esta segunda variante no tiene buena fama. 

En su visión, los jueces están animados del espíritu de Díez. Para ellos, negar España, ir contra su unidad, querer separarse, como para la ex-de UPyD, es ilegítimo, es delictivo, debe castigarse. A esos apuntan las referencias de algunos al superior interés de España en su lenguaje judicial . Es el mismo espíritu que anima a VOX: todo por España. Y tanto en el caso de los magistrados como de los ultras de Abascal, "todo por España" significa "todo contra Catalunya". 

Los herejes de la Inquisición de hoy somos los catalanes.