miércoles, 23 de agosto de 2017

La lucha por la foto

Guste o no en la Corte, el episodio terrorista de la Rambla-Alcanar-Cambrils, se ha resuelto gracias a la pericia de los Mossos. Lo que no quiere decir que haya terminado en el aspecto policial ni mucho menos, a pesar de las urgencias del pintoresco ministro del Interior por apropiarse del caso y cerrarlo, todo en uno.

En cuanto al debate público, no solo no ha terminado sino que está empezando en ese ámbito cruzado de declaraciones institucionales, relato de los medios convencionales y trituración en las redes sociales. Que son las que mandan. La respuesta del mayor de los Mossos a un periodista que se quejaba de que hablara en catalán, Bueno, pues molt bé, pues adiós se hizo viral y se convirtió en TT, lo cual es una señal de los derroteros por los que va el debate. Cuestiones identitarias, sobre todo, de nacionalismo y patriotismo, pero también de aportación de información que ayuda a hacerse juicio propio sin brumas de propagandas.

Las instituciones, a la greña. Acusaciones cruzadas de juego sucio, ocultación de información, boicoteo, etc. La descoordinación de los cuerpos de seguridad es evidente y eso es sobre todo culpa de la administración central que es la responsable de esa coordinación. Habrá agravios por ambas partes pero, a la larga, la más perjudicada es la catalana por su situación de dependencia.

El hecho de que, a pesar del handicap del gobierno central y sus ministros, la Generalitat haya resuelto la emergencia con tanta eficiencia tiene una dimensión política imposible de ignorar: Cataluña es autosuficiente; el Estado estorba. Por supuesto, una simplificación, pero una simplificación de una realidad que ahora se consagrará de modo simbólico admitiendo que la manifestación del sábado no la presidan las autoridades del Estado. De producirse esa foto de una manifestación encabezada por taxistas, mossos, sanitarios en la que los grandes dignatarios del Estado forman parte del séquito, será lo más destructivo para la Corona, a falta de un referéndum sobre la Monarquía. 

Si este mes de agosto está siendo decisivo para el futuro inmediato del sistema político español, excuso decir el próximo de septiembre.