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martes, 11 de febrero de 2014

A Europa con ardor.

El PSOE tiene ya cabeza de lista para las  europeas. La Comisión Ejecutiva Federal ha respaldado por unanimidad a Elena Valenciano, la segunda a bordo. La interesada lo ha anunciado en la sede del PSOE, exultante, por cierto. En el mes de marzo, un Comité Federal decidirá el resto de la candidatura. Quizá también por unanimidad. Es un procedimiento estatutario, correcto, legal. Pero en los tiempos que corren de inquietud, desánimo, desconcierto y exigencias de mayor apertura y participación, chirría. Parece de antes, de cuando las decisiones se tomaban en los cenáculos del poder y se anunciaban luego al pueblo llano para su regocijo. Es la costumbre. Ni las formas se guardan.

Beatriz Talegón protesta en El Plural y habla de decisiones a dedo. Probablemente su queja de que "la dirección" del partido no haya consultado con la militancia carece de substancia. Si la "dirección" está para algo, será para dirigir y si cada vez que ha de decidir tiene que consultar, no es dirección sino seguidora. Pero la protesta traslada al interior del PSOE algo del descontento general en la ciudadanía. Talegón invoca el decálogo enunciado por el Foro ético (un grupo de socialistas con tintes regeneracionistas), los diez requisitos que debe cumplir una candidatura socialista al Parlamento europeo. Seguramente Valenciano reúne muchos de ellos y añade experiencia directa de dos legislaturas en Estrasburgo/Bruselas. Por eso mismo, tiene razón la joven socialista, ¿por qué no anunciarse un poco antes en lugar de aparecer como un hecho consumado? Porque estaba ya apalabrado con los barones. Procedimientos del aparato, de circulación interna que diría un teórico de las élites, de reacomodo de mandarines.

Tiene uno la impresión de asistir a una doble representación de escenarios alternativos. De un lado vivimos en un país agitado, casi convulso, con infantas ante los tribunales, una insurrección nacional catalana, inmigrantes muertos por docenas, ministros abucheados, represión policial, manifestantes apaleados, ciudadanos desahuciados, estadísticas de espanto, corrupciones diarias, incompetencia gubernativa, protestas de todos los estamentos, intervencionismo y autoritarismo de los poderes públicos, control agobiante de los medios, prepotencia de los políticos, ruina de los servicios públicos y desafección popular lindando en la insubordinación general. Esa es la realidad.

De otro lado aparecen estos personajes bien vestidos, casi atildados, en tranquila rueda de prensa con todos los emblemas del partido -en suya sede se producen- arropándolos. Por cierto, ojo a la imagen y la comunicación. Ojo a las combinaciones de colores. Parecía un acto de la Coca-Cola. La rutina. Hay unas elecciones, se presenta una candidatura, se hace una campaña y se coloca a veinte o veinticinco conmilitones en el Parlamento europeo a defender una política que son incapaces de explicar a sus electores porque ni ellos la tienen clara. Así lo prueban las manifestaciones de Valenciano en la impoluta rueda de prensa: las derechas llevan diez años haciendo y deshaciendo en Europa. Ahora nos toca a nosotros hacer y deshacer. ¿Quiénes? Los socialdemócratas. Y de ahí no sale. Propone presidente de la Comisión al alemán Martin Schulz, un socialdemócrata de la socialdemocracia que gobierna en Alemania en coalición con la derecha.

Y conste que me parece una ventaja. Entre ser gobernado por la derecha a secas a serlo por una alianza de derecha e izquierda socialdemácrata prefiero lo segundo. Pero ¿es posible en España? Dos circunstancias, una objetiva y otra subjetiva la impiden. La objetiva: la derecha tiene una sólida mayoría absoluta, lo que no es el caso con la CDU/CSU alemana. La subjetiva: ya quisieran los socialistas españoles tener tan claras las cosas como los socialdemócratas alemanes quienes, en menos de un mes de gobierno han impuesto varias medida reformistas de izquierda, entre ellas, la fijación del salario mínimo y el adelanto de la edad de jubilación. 

El único significado de estas elecciones europeas es ser preparativo de las del año próximo. Pero no parece concentrarse mucho en ellas quien de antemano prescinde de su mano derecha enviándola a lejanas tierras.

domingo, 19 de enero de 2014

Seísmo en la izquierda.

La presentación de Podemos ha revolucionado la izquierda. Uno piensa que ha de ser grato para esta verse en tal situación, como al pez le gusta nadar y al pájaro volar, pero no parece ser el caso. En tiempo record -todo cuanto tiene que ver con esta iniciativa sucede aceleradamente- ha habido variedad de reacciones, desde las hagiográficas hasta las iracundas y agresivas. Es así porque la decisión demuestra la existencia de una necesidad sistemáticamente ignorada. Lo lógico no es ponerse a insultar, sino pararse a reflexionar y, probablemente, dialogar. Lo digo porque he visto en Twitter tuits y en otras redes comentarios con una extraordinaria agresividad personal hacia los impulsores de la plataforma

Eso es impropio de la izquierda. Por supuesto, Podemos es una iniciativa fundamentalmente mediática y viralizada en las redes sociales, gracias a la personalidad casi carismática de su rostro visible, Pablo Iglesias. Pero eso no es un demérito, sino al contrario. Ya es hora de que la izquierda deje de ofrecer la figura del agrio sermoneador y se adapte a las nuevas vías y formas de comunicación. Mahoma tiene que ir a la montaña. La crítica más habitual es que lo mediático anula la fuerza, el fondo, del mensaje, como si los discursos en las plazas de toros los contuvieran. En la era digital la política es digital, tiene códigos nuevos y su propia iconografía, plenamente conseguidos en la figura de Iglesias. En los ataques a este hay mucho de envidia. A ver este parvenu que no se ha chupado mili y ya lo conoce todo el país. En lugar de estudiar sus modos y procedimientos para ver cómo se obtienen tan óptimos resultados, cuestionan sus intenciones que, por lo demás, hasta la fecha, bien claras son. Ojalá esta situación imprevisible pero esperable sirva para debatir cuestiones pendientes y encontrar vías nuevas sin insultarse y sin agredirse.

Palinuro aprovecha la ocasión para cuestionar el nombre, Podemos. Chupa rueda del Yes we can. Hay que rascarse el magín y ser más originales. Este Palinuro es un impertinente.

El problema de la izquierda es la fragmentación. Se perfilan varias candidaturas a las elecciones europeas. Ahorro las consabidas monsergas sobre el carácter de estas consultas. Tengan el carácter que tengan, el problema de la izquierda es la fragmentación. A resolverlo debiera dedicar todas sus fuerzas. Y no es difícil.

Carece de sentido, se dice, fundar una opción nueva y hacerlo en nombre de la unidad. Parece cierto. Pero también (o más) es lo contrario: para llevar a la unidad conmigo a una fuerza, lo mejor es mostrar la misma fuerza. Así puede establecerse un diálogo de igual a igual, una negociación de mutuo provecho. Alguien objetará qué tenga que negociar una organización consagrada, como IU, institucional, respetable, con respaldo electoral con un grupo de advenedizos que solo son un fenómeno mediático. Podrá decirse eso y podrán decirse muchas otras cosas, pero, a la postre la cuestión sigue siendo sí o no; se dialoga o no se dialoga sobre la unidad de la izquierda, un objetivo que ambas partes dicen compartir. Sí o no. Las cuadernas del viejo aparato chirrían pero: ¿sí o no?

Si al final es sí, como parece razonable, el diálogo tendrá que versar sobre propuestas concretas y viables, no sobre fórmulas retóricas. Cada parte habrá de hacer explícito su discurso. Y aquí es donde van a manifestarse los problema porque si IU carece de una alternativa específica, claramente identificable que no se agote en la negación del PSOE, Podemos tampoco tiene un discurso propio distinto de la negación del PSOE y de IU. Ese es el fondo de la cuestión para una perspectiva de izquierda y el que nos corresponde considerar.

Pero ya será en otra entrada porque esta debe concluir con una declaración de parte. Palinuro no considera que, caso de llegarse a un acuerdo en ese diálogo (que desea de todo corazón), se haya conseguido la unidad buscada porque, como es sabido, se niega a excluir al PSOE de la izquierda. Ya sé que, al llegar aquí, más de un lector sentirá deseos de retorcerle el cuello (a Palinuro, no a la izquierda), pero no estaría bien que el hombre no dijera lo que piensa. Los diálogos con reservas no son diálogos.

Palinuro siempre juzgó una aberración la consigna PSOE, PP, la misma mierda es. Una simpleza y un  dislate bien patente, pues obliga a decir que tener derecho a abortar y no tenerlo es lo mismo. En fin. Como es un disparate sostener que el PSOE -uno de los hacedores del Estado del bienestar- es su enemigo porque se ha convertido en un partido neoliberal. Y otros errores de bulto que inducen a pensar que quizá no sean errores sino tácticas de propaganda para conseguir el ansiado sorpasso con los socialistas.

Por supuesto, aquí no se ignora el calamitoso estado interno del PSOE tanto orgánica como doctrinalmente. Los largos años de gobierno (en Andalucía, de por siempre) lo han burocratizado, anquilosado, poblado de intereses de capillas y oligarquías, corrompido. El pragmatismo del poder conjuntamente con la virulencia de la crisis lo ha hecho orientarse a la derecha a veces clamorosamente, hasta el punto de hacer lo contrario de lo que decía querer. El PSOE tiene grandes contradicciones internas, situación que, por lo demás, tampoco es nueva. Igual que hay partidarios de la Monarquía y de la unidad entre la iglesia y el Estado, hay corrientes que están en contra de ambas. Me atrevería a decir, la mayoría. Ya no estoy tan seguro sobre la cuestión catalana. Pero esa es otra cosa. El PSOE no es un partido de derecha. Es un partido de izquierda socialdemócrata. Dinástico, sí, pero solo accidentalmente, mientras dure esta dirección. Empeñarse en que la socialdemocracia no es social ni democrática, y hacerlo desde una perspectiva que abraza la tradición comunista tiene su pizca de complejidad.

En todo caso, para no perder mucho tiempo con los inmarcesibles principios, ese partido contradictorio, cuarteado, ambiguo, a veces oportunista, en primer lugar no se escinde y, en segundo, mantiene un suelo mínimo de intención de voto en torno al 27 por ciento, diez o más puntos por encima de IU. Estos datos son esenciales porque, que se sepa, nadie aspira a llegar al poder si no por las vías electorales. Ganar las elecciones es el objetivo prioritario de quien pretenda gobernar. Condición imprescindible, guste o no guste. Así pues, al modestísimo entender de Palinuro, la izquierda toda -entendiendo por tal el PSOE, IU y cuantas organizaciones quieran sumarse, quizá incluyendo las nacionalistas- debiera ser capaz de sentarse en una mesa y acordar un Programa Mínimo Común de la Izquierda con compromiso contractual firme. Que no dejará satisfecho a nadie, por supuesto; que obligará a las partes a insistir en pro de sus reivindicaciones específicas, también por supuesto. Pero dentro del marco de ese programa mínimo común de la izquierda. Mucha gente en todas las escuderías lo considerará un fracaso cantado. Cantado está el fracaso si no se intenta. 

No es preciso acudir a la historia de los frentes populares, cuando los comunistas y los socialistas gobernaron juntos. Hoy basta con acudir al sentido común, que no es patrimonio de Rajoy aunque él piense que sí y que manda dejar a un lado los doctrinarismos, los narcisismos, los sectarismos, los seguidismos y presentar una plataforma con apoyo electoral mayoritario para un gobierno que: a) paralice y revierta todos los destrozos que ha causado la derecha; b) abra un proceso de reforma constitucional con participación de todos y sin exclusión de temas; y c) gobierne ampliando y consolidando la democracia en un sentido progresista.

Bueno. Todo el mundo tiene derecho a expresar su parecer.

martes, 10 de diciembre de 2013

El problema del PSOE.


Sí, efectivamente, tendría puñetera gracia que un tipo como Carlos Mulas llegara a ser diputado del Congreso por el PSOE. Como para no volver a votar a ese partido en la vida.

Porque el problema, señores míos, no es Carlos Mulas. El mundo está lleno de Carlos Mulas. Sobre todo en épocas de crisis y confusión en las que cualquier mangante con suficiente morro, buena facha y algo de labia (sobre todo de la llamada técnica económica o jurídica, y no digamos ya si es de marketing) puede dar el pego del new thinking siempre que encuentre papanatas para seguirle la corriente. Estuve dos veces en mi vida en la Fundación Ideas, de cuyo vicepresidente, Caldera, tengo la mejor opinión: un hombre honrado, sincero, con iniciativa, pero bastante ingenuo. Porque a Carlos Mulas se le ve venir a la legua. Basta con no dejerse embaucar por sus trucos de business school de tercera.

El problema es el PSOE, cuyo desarme moral, abandono de los principios, falta de ideas y seguidismo de los embelecos seudoacadémicos del neoliberalismo le impiden distinguir a los Carlos Mulas de cualquier persona genuinamente identificada con los valores de la izquierda democrática y le llevan a caer en la trampa de estos vendechufas de la excelencia académica y técnica (expresiones que, claro, comparten estos pillastres con gente como Wert) y la política de resultados.

Insisto: el problema está en el PSOE. Su desaforado oportunismo no le permite detectar a tiempo a los Carlos Mulas e impedir que escalen puestos de responsabilidad desde los cuales destruyen el espíritu de izquierda de la organización, siembran el ejemplo de que un partido fundado para conseguir la emancipación de los trabajadores es, en realidad, un medio idóneo para la carrera personal cuando no el enriquecimiento, desaniman a la gente movida por ideales y destruyen las esperanzas de mucha otra que vota confiando en unas siglas que ya no son lo que eran.

Sí, el problema es del PSOE, de su conversión en un partido de trepas, carreristas y gentecilla que jamás haría nada en la vida si no hubiera intrigado en los conciliábulos y pasilleos de una organización donde las apariencias, el enchufe, el engaño y el peloteo personal pesan más que la dedicación desinteresada, el trabajo,  el sentido crítico y el criterio propio.

Porque Carlos Mulas quedan bastantes en el PSOE. El gobierno de Zapatero tenía un buen puñado de ellos

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Buscando a Susana desesperadamente.

Palinuro, siempre comedido, ha dejado pasar unos días desde el congreso extraordinario de Sevilla, para pulsar reacciones. Ha habido pocas, la mayoría de círculos del PSOE y la mayoría de la mayoría reticentes cuando no abiertamente hostiles. Excepto en Andalucía, en donde Díaz alcanzó una cantidad de votos de las llamadas búlgaras, el 98,7%, todos los emitidos, pues no hubo votos en contra ni constan en blanco. El 1,3% restante estaría en el excusado. Rubalcaba, casi en éxtasis, hablaba del poderío de Susana Díaz. Curiosa palabra, aunque entendible en alguien que entre los suyos gana con un cincuenta y algo por ciento raspado. Claro que en su elección había contrincante y Díaz competía con el tiempo. No sé si es poderío o adocenamiento. Al fin y al cabo, Díaz es la candidata de Griñán, como Griñán lo fue de Chaves. Es una forma de transmisión del mando de carácter típicamente cesarista. Es verdad que Díaz se había impuesto en unas primarias pero, probablemente, porque era la candidata oficial. Tanto es así que los mismos vencedores acordaron rebajar a partir de entonces la cantidad de avales exigida para que pudiera presentarse alguien más, aparte del tapadx.

¿En dónde reside el poderío? ¿En el discurso? El de Susana Díaz es muy voluntarista, rotundo, determinado; en el tono, pero no en el contenido. Invoca fines generales sin tasa, algunos excesivos para sus competencias (y son muchas, pues viene investida del máximo poder en Andalucía), como la unidad de España, los pactos con el gobierno, con la vista puesta en el Estado, la inaplicación de los recortes en Andalucía. Ahora hay que ir a la letra menuda. A cómo se conviertan en realidad los decididos propósitos de la recién elegida. En eso no hay muchas indicaciones. Casi ninguna. Y la situación es especialmente peliaguda. Díaz hereda una comunidad que siempre ha estado gobernada por el PSOE, lo cual, aparte de muchas ventajas, ha terminado cristalizando en un anquilosamiento de las estructuras del partido y las instituciones, pobladas de intereses creados, muy reacias a renovaciones y cambios que supone un tremendo peso muerto de inercia. Tiene un trabajo por delante.

Pero el poderío puede venir también del hecho de que el PSOE de Andalucía es decisivo en el calendario que se ha marcado Rubalcaba. Las primarías serán cuando diga el comité federal y este dirá lo que digan los andaluces. Y lo que van diciendo ya, al menos Griñán, es que toca retirada a la generación mayor, los restos del felipismo, rescatados por Rubalcaba tras el paréntesis arco iris de Zapatero. Aquí el poderío es el de la guadaña, que no deja mies sin segar.

Díaz se ve mandataria andaluza y se excluye de la carrera a la dirección española. Ahí siguen postulándose prudentemente, en fintas y escarceos algunos nombres.  Cuando las primarias se convoquen puede haber un alud de candidatos. Lo cual está bien, es más democrático que las elecciones con uno solo. Pero puede sembrar el desconcierto. Eso si no se lanza algún espontáneo como en su día lo fue Rosa Díez.

La cuestión es que, si aparece media docena de candidatos es porque ninguno destaca lo suficiente puesto que todos están a lo que mande la dirección. Pero a la gente le interesa saber qué piensa cada uno de ellos de cuestiones substantivas que ya tendrán reflexionadas, salvo que se presenten candidatos con ánimo de tener las ideas después. Y eso es lo alarmante. Ninguno dice nada; ninguno matiza la política oficial del partido, ni discrepa de ella. 

No se explica por qué son media docena. O sí.

(La imagen es una foto de Sevilla Report, con licencia Creative Commons).

viernes, 15 de noviembre de 2013

Rumorologías.


Dice el fiscal Horrach que no cabe imputar a nadie (se refiere a la infanta Cristina) a partir de una mera rumorología, que hay que presentar pruebas, cuando menos indiciarias. Cierto. La cuestión es, sin embargo, cómo se consideren las que ya hay, si suficientes o no. Y eso lo decide el juez Castro. Entre tanto, curiosa palabra esta de rumorología. No parece estar en el DRAE, lo cual normalmente tampoco importa mucho cuando resulta necesaria. Se usa, y ya la admitirá el diccionario. La pregunta es qué añade la inexistente "rumorología" al existente rumor, fuera de sílabas. Parece añadir énfasis. Como si el normalmente poco valorado "rumor" necesitara un complemento para hacerlo ya detestable. Lo malo de las hipérboles es que acaban haciendo bueno aquello de lo que se apartan. La "rumorología" es condenable porque el modesto "rumor" no lo es. 

En fin, no nos liemos y vayamos a lo nuestro, el rumor. Navegando por la red doy ayer con una página llamada atualcanceblog.es en la que se afirma que Rubalcaba no se presentará a las primarias. La información menciona "fuentes cercanas al líder socialista", pero he sido incapaz, a mi vez, de averiguar algo sobre la identidad del autor (o autores) de la página. Quizá se deba a mi incompetencia, porque es raro que páginas con publicidad no den datos sobre su personalidad, si individual o colectiva, asociativa, institucional, etc. El hecho es que no puedo verificar la autoría de la información ni contrastarla porque no la veo en ningún otra parte. Así pues, es prudente adjudicársela al rumor, o la "rumorología". Palinuro se considera mediano internauta y su experiencia le dice que en la red se pueden cometer las pifias más sonadas y caer en las trampas más absurdas. Cualquiera puede abrirse una página web con un nombre ficticio o haciéndose llamar cualquier cosa y propalar las noticias más pintorescas, incluso, ¿por qué no? con intención dolosa hacia terceros.

Pero el rumor es una potencia. A la vuelta de la conferencia política del PSOE, El Plural (que, ese sí, es claramente un diario digital proclive a los socialistas) informaba de que Rubalcaba regresaba de la conferencia y de la gripe sin dar señal alguna sobre su futuro. Es la oposición entre el propósito y el resultado. El partido (sobre todo, su dirección) quería que se hablase de cuestiones programáticas y no de las primarias. El resultado es que se habla de las primarias, incluso para decir que aún no se sabe nada. Es lo que les da interés morboso, como en los thrillers: no se sabe qué va a pasar.

Si alguien dice saberlo y, añade, de buena tinta (tinta y fuente suelen acompañar al rumor), habrá revuelo. Los rumores son poderosos porque se extienden sin control alguno. Los medios serios, comerciales, no los acogen porque incluso si informan de ellos como "rumores" ya les están dando algún respaldo. El rumor solo lo combate el silencio y no tiene la victoria garantizada.

El PSOE renovado en la conferencia anuncia una intención sincrética, como si quisiera renovar el viejo conjuro del partido atrapalotodo: dice echarse a la izquierda en políticas frente a la crisis y de recuperación de derechos pero, al mismo tiempo, se postula reciamente nacional español (en vagarosa acepción federal) y defensor del trono y el altar. El trono, sin ambages, a través de un ejercicio de suspensión fenomenológica de su espíritu republicano  y el altar por una especie de fatalismo que lo lleva a denunciar los Acuerdos de 1979 pero solo con el muy puro fin de negociar otros. Porque acuerdos, al parecer, ha de haber.

Uno puede estar más o menos conforme con estos o aquellos aspectos, pero no hay duda de que la voluntad del PSOE, confirmada en su conferencia, es formular una propuesta general, omnicomprensiva, "holística", como dicen los de sistemas para que, salvo los extremos más furibundos, todos se sientan cómodos en ella, la izquierda, el centro y hasta el centro-derecha.

Pero el rumor contraataca: y esas intenciones tan convincentes, ¿quién va a llevarlas a la práctica? ¿Con qué discurso? ¿Con qué lenguaje? O sea, ¿cómo va a comunicarlo? Porque en un país gobernado por un partido llamado "popular" que tiene ministros aristócratas y millonarios y cuya defensora del pueblo es una marquesa, el orden retórico, básicamente el de la política, presenta ciertas anomalías.

Una de ellas puede ser la de conciliar la izquierda con la defensa del trono y el altar. De lo que se trata, obviamente, es de ganar las elecciones y, a este fin, la amalgama propuesta puede salir o no, pero es claro que ya está propuesta y así va a mantenerse, determinando los límites del juego. Resta ahora por ver precisamente aquello en lo que se ceba el rumor: el rostro de quien vaya a encargarse de la defensa.  Las audiencias necesitan atribuir autoría a los discursos, autoría personal, no institucional. Las instituciones no tienen rostro.

Los rumores, la rumorología, van a seguir.

martes, 12 de noviembre de 2013

La conferencia del PSOE y la basura del PP.


La atención mediática suscitada por la conferencia política del PSOE ha llevado a segundo plano otras cuestiones de no menor enjundia. Paradójicamente el evento socialista serviría de cortina de humo para que no se hablase de los últimos disparates de la derecha en el gobierno español y, específicamente, en el madrileño. Que no se hablase de Bárcenas, quien continúa con su pausada estrategia de revelación de más presuntas irregularidades del PP; de las becas Erasmus del ministro Wert, empeñado en suprimirlas por ser vías de acceso de las gentes sin medios a los estudios; de la congénita incapacidad de Ana Botella para gestionar nada más complicado que su personal make up, como se prueba con esa increíble huelga de las basuras en Madrid; o del enésimo desatino autoritario de Rajoy, quien declara que los artículos 1 y 2 de la Constitución son innegociables, que no hay nada que negociar ni dialogar y eso como muestra de la disposición a negociar.

Celoso el PP en un principio del protagonismo mediático del PSOE, pretendió oscurecerlo fabricando un argumentario por el que su gente y sus periodistas a sueldo probarían la inanidad, la inutilidad del esfuerzo socialista. Pero no debía de estar muy convencido de su oportunidad ni debía de darle mucha importancia porque encargó la tarea a Carlos Floriano, en la seguridad de que nadie le haría caso. Como sucedió. En el fondo, lo inteligente para el PP era que los socialistas se llevaran todo el protagonismo dos o tres días. La cortina de humo se haría más densa y no era preciso alertar a la gente con juicios malignos y falsos, tópicos y maledicencias de poca monta.

Así que, exultantes, los socialistas afirmaban haber recuperado la iniciativa, mostrando su capacidad de generar ideas, propuestas y soluciones de consenso para los problemas internos de su partido. El PSOE tiene una acreditada capacidad para llegar a acuerdos en su interior y preservar su unidad, que lo diferencia de otras fuerzas de izquierda, más dadas a enfrentamientos domésticos, anatemas, purgas y escisiones. A lo mejor por ello niegan estas a aquel su condición de izquierda.

El acuerdo más complicado al que los socialistas han llegado es el que afecta a las primarias. Tomás Gómez se quedó solo proponiendo fecha. Nadie lo siguió. El partido cerró filas en torno a la propuesta de que sea el Comité federal el que dije el plazo. Eso no es, evidentemente, poner puertas al campo. Pero se le acerca. De aquí a las primarias, los distintos candidatos pensarán sus estrategias, tomarán posiciones y orientarán su acción en el sentido de la candidatura. Serán inevitables planes, acuerdos. Es obvio que Carme Chacón no va a quedarse quieta; ni Patxi López; ni Emiliano García Page; seguramente ni Tomás Gómez y solo queda que Madina dé un paso al frente. Y Rubalcaba aún no ha ejercitado su derecho a decidir, que él sí se lo reconoce a sí mismo.

No sé si puede llamarse a eso haber recuperado la iniciativa, pero está bien que el partido se mueva, se agite, porque así también se debatirán proyectos y algunas de las cuestiones que la conferencia política ha silenciado o soslayado pueden volver a salir a debate. Y saldrán.

Mientras tanto, en el PP podrían responder si van a hacer algo con respecto a los cuatro nuevos problemas que han tenido la habilidad de provocar en las últimas 72 horas. En concreto:

- Si el gobierno y el partido van a colaborar por fin con la justicia en lugar de entorpecerla y si Rajoy va a asumir la evidente responsabilidad política que tiene en el caso Bárcenas/Gürtel.

- Si el ministro Wert va a dimitir visto su fracaso no solo con las becas Erasmus sino son su Ley orgánica de Mejora de la Calidad de la Educación (LOMCE) que no tiene detrás más que los votos del PP y, por tanto, nace muerta.

- Si Rajoy va a adoptar una actitud de diálogo con la Generalitat catalana, en lugar de cerrarse en banda a todo intercambio y de estar propiciando ese choque que se dice querer evitar.

- Si Ana Botella, por fin, va a dimitir, vista su incapacidad para conseguir que los madrileños tengamos un servicio de recogida de basuras por el cual pagamos nuestras tasas e impuestos. Llena de pasmo que una alcaldesa incapaz de garantizar la limpieza de las calles pidiera traer los Juegos Olímpicos 2020 a la capital con tanto ahínco como para hacer el ridículo. Ella, que quería "limpiar" las calles de prostitutas y mendigos, ni siquiera puede limpiarlas de los montones de bolsas de basuras.

(La imagen es una captura del twitter de Verbal Kint).

lunes, 11 de noviembre de 2013

No, no son iguales.


Lo mejor de la conferencia política del PSOE fue su clausura. Palinuro ha seguido atentamente el evento en varias entradas (Los jarrones chinos parlantes; PSOE: fuego de fogueo; y ¿Esto es todo?) con un espíritu crítico, ligeramente escéptico, muy interesado en el desarrollo de los acontecimientos y por último resignado a una conclusión que los economistas llaman subóptima. La gran maquinaria del mayor partido de la oposición, y hasta hace poco de gobierno, se había estremecido en una tarea de revisión, actualización y rejuvenecimiento. Pero, luego, se imponía la inercia de los viejos armatostes. Al fin y al cabo, como recordaron varios dirigentes, el PSOE tiene ciento treinta años y cuando algo ha resistido tanto tiempo no es fácil darle la vuelta como si fuera un calamar. Además, cualquier cambio que se le haga, tiene mucha repercusión porque afecta a multitud de equilibrios, formas, rutinas ya casi tradicionales.

Por eso, entre discursos, ponencias, enmiendas, pasilleos, declaraciones, acuerdos y votaciones, el cónclave llegó a su cuasi-final, dejando una generalizada sensación de perplejidad decepcionada: ¿hemos convocado una conferencia política para dejarlo todo como está? Bueno, como está, no. Algunas cuestiones quedaron precisadas, unas para bien (a juicio de Palinuro), como la recuperación de los derechos, el blindaje del Estado del bienestar, la política fiscal; otras para menos bien, como la imprecisión de la cuestión territorial o las ambigüedades sobre lo que debiera ser hace años ya la tajante separación entre la iglesia y el Estado; y otras para mal, como la cuestión de la República. La fórmula según la cual el PSOE, siendo republicano, apoya la monarquía, corresponde a la más firme ortodoxia cristiana, ya fijada en el concilio de Calcedonia, según la cual Cristo es una sola persona, como el PSOE es un solo partido; pero tiene dos naturalezas, igual que el PSOE, una esencial, republicana y otra de conveniencia, monárquica. O sea, quienes insistimos en el republicanismo solo y único, en el fondo, somos monofisitas.

Acababa, languidecía, la conferencia cuando el domingo, sin avisar, llegó la catarsis: un sensacional discurso de Rubalcaba que puso en pie al auditorio e hizo emocionarse a más de un veterano periodista de los de la batalla de la transición. ¡No somos iguales!, rugía el viejo zorro convertido en león. Vuelve la izquierda, vuelve la energía, la decisión, la voluntad de cambio. Vuelve el PSOE, el PSOE ha vuelto. Hay mucha miga en esa expresión. Quiere decir que se había ido. En realidad, la expresión acuñada sería: se había retirado a los cuarteles de invierno, aunque fuera verano. Pero vuelve; vuelve como partido; como instrumento para conseguir algunos cambios sociales de presumible amplia repercusión electoral; un programa no de máximos pero sí de mínimos viables y nada superfluos como andan las cosas. Rubalcaba estuvo muy bien subrayando que no son lo mismo. Claro que no. Y los hechos hasta hoy (no todos, pero sí muchos de ellos) lo avalan en sus propósitos. Un programa de izquierda posible, realista, capaz de concitar apoyo electoral mayoritario. Todavía podrá precisarse más y es claro que se necesita un nombre que simbolice este conjunto de propuestas. Por ejemplo, devolución. El PSOE se propone devolver a los distintos sectores de la sociedad (trabajadores, parados, pensionistas, mujeres, jóvenes, funcionarios, dependientes, niños) los derechos que una política antipopular del partido popular les ha arrebatado. Devolución.

Pero hay más en la expresión y en el discurso. Queda saber quién llevará adelante esos propósitos regeneracionistas de la democracia y el Estado del bienestar. Es decir, la sombra de las primarias. Y la cuestión de si Rubalcaba se presentará o no a ellas. Podría haber aprovechado el momento de exaltación que consiguió para anunciar su propósito. Pero no lo hizo. Ha vuelto a aplazar la clarificación y, se quiera o no, con el aplazamiento, se avivarán las inquietudes internas. Según parece, los llamados "barones" dan por descontada la retirada de Rubalcaba. Me inclino a suponerlo. Mi interpretación es que la categoría del discurso viene a ser como el canto del cisne, bello por lo que representa. Rubalcaba, enardecido por el patriotismo de partido, se apresta a ponerlo, reavivado y listo para la acción, al servicio de la candidatura de quien obtenga el respaldo mayoritario. Si lo hace, pasará con honores a la historia del PSOE. Pero no tiene por qué hacerlo. Muchos dirán que eso es suicida pues es imposible ganar unas elecciones cuando el noventa por ciento de los votantes no se fían de ti. Pero es que el asunto es más complicado.

Veamos: el PSOE está en situación de presentar un programa mínimo de la izquierda muy viable y que seguramente tendrá apoyo mayoritario, dado el descontento universal con las políticas del PP. Necesita, sin embargo, un candidato con tirón y respaldo. Para eso se hacen unas primarias abiertas. Supongamos que se presentan siete aspirantes. ¿Puede hacerse candidato a un aspirante que alcance el 20 por ciento de los votos porque los demás aun tienen menos? Sin duda, si Rubalcaba se presenta, tendrá un apoyo masivo que no bajará del cuarenta y tantos por ciento. ¡Ah, pero Rubalcaba es el pasado y nos lleva a la derrota en 2015! Muy probablemente. Con todo, hay una forma sencilla de evitarlo: preséntese un(a) candidatx capaz de ganar no a los otros bisoños sino a Rubalcaba. Ahí está el mérito.

Por lo demás, esa es buena lid y Rubalcaba tiene perfecto derecho a entrar en ella. A lo que no creo que lo tenga es a postergar sine die la fecha de las primarias.

(La imagen es una captura del vídeo de El País.

jueves, 7 de noviembre de 2013

¿Conectan? La conferencia política del PSOE.


Mañana inauguran los socialistas su anunciada jamboree ideológica. Viene precedida de casi dos años de deterioro de la imagen pública del partido y sus dirigentes, de algunos brotes de tensiones internas normalmente pacificadas, inquietudes, bastante runrún, declaraciones y contradeclaciones y debates mas o menos sordos sobre candidaturas y sucesiones. Es decir, ha despertado interés y levantado expectativas, además de las muy anunciadas sobre renovación ideológica. La organización ha hecho un buen trabajo colgando en la red el material por debatir en abierto. Incluso hay demasiado. Tiene un Documento marco de 143 páginas, una especie de preámbulo o declaración de principios que luego desarrolla y precisa (aunque no mucho) en una Ponencia con otras 384. En total, los asistentes al evento deberán haber embuchado 527 páginas de árida lectura más o menos programática cargada de infinitivos. Lo dudo, aunque es lo que se supone. A ese tocho han de añadirse los miles de enmiendas. Tienen para debatir y votar.

Elena Valenciano, felizmente recuperada de una neumonía, subraya el espíritu abierto del encuentro y hace especial hincapié en el debate sobre primarias también abiertas, aunque escurre el bulto al hablar de fechas, justo lo que más interesa a esos chismosos de periodistas y, con ellos, a la opinión, muy aficionada, gracias a la tele, a ver los eventos políticos como reality shows. Añade la vicesecretaria general, muy orgullosa, que está previsto una especie de estallido de creatividad en un espacio digital nuevo que actuara pari passu con la conferencia, llamado PSOE Lab en el que se fabricarán contenidos en espacios MediaLab, DataLab y KeyLab que colgarán y distribuirán, supongo, por las redes, al estilo de Basesenred (Twitter), Nuevas tecnologías sbt (Facebook), etc. Signo de los tiempos; eso está bien. Ya el uso del verbo conectar indica la voluntad de estar al día.  Conviene facilitar información a los internautas que forman una curiosa corrala.

Los contenidos son lo esencial. La lectura es indispensable. Los documentos son a veces farragosos, excesivamente prolijos, tienen lagunas y reiteraciones y despiden un aroma a generalidad y ambigüedad, propias por lo demás de este tipo de escritos de carácter tentativo, propuestos para discusión y enmienda. Extraer una idea definida de ellos es muy difícil (aunque no imposible) y, para ahorrarse esfuerzo, no está mal ver qué opinan los responsables antes de empezar. Y nada más claro que el secretario de organización, Óscar López, quien ya entra en faena asegurando que la única izquierda, la izquierda real, es el PSOE. Es una orientación. Parece incluso que el ex-ministro Sebastián se la ha tomado en serio y se ha enfadado.

En todo caso, quiere ser un documento para la izquierda. Eso se verá cuando las tropecientas páginas queden reducidas a las diez o quince de una plataforma electoral que es lo que después se difunde por los audiovisuales y lo que llega a la gente, o sea a los votantes. La conferencia se convoca para legitimar ideológicamente un programa de acción. Lo decisivo será lo que conste en ese programa. Viendo así los documentos, a Palinuro se le ocurren dos o tres observaciones.

No hay ni mención de los dos grandes asuntos, uno sobrevenido y otro heredado, esto es, Cataluña (y la cuestión de la autodeterminación) y la Monarquía. Esta se menciona en la última página de la ponencia, a modo de estrambote, para pedir que se actualice en cuestión de igualdad de género y se prevea la posibilidad de una Reina (otra vez la ley sálica y la pragmática sanción) con lo que, se supone, se da por indiscutible la institución y la República no aparece ni en pintura. En cuanto al sobrevenido (en realidad, también heredado), el problema catalán, se hace sentir en dos referencias en passant a la federalización de España. No es mucho. No compromete a nada y tampoco parece ser el bálsamo de Fierabrás.

No hay cuestionamiento alguno del modo de producción capitalista. Se habla de crecimiento, sostenibilidad y empleo, es decir, salida de la crisis dentro del marco del capitalismo, con algunos retoques generalmente imprecisos. Por supuesto, de la idea del de-crecimiento (que proponen sectores radicales de la izquierda) aquí ni se habla. Ni tampoco de nacionalización de la banca, ni de banco público y, al considerar la política fiscal, se insiste mucho en la lucha contra el fraude y se hace una lejana referencia a su carácter progresivo, sin mayores precisiones sobre la presión fiscal o el modo en que se remodelará la proporción entre fiscalidad de las rentas y la de las empresas. Todo el apartado de pensiones está, por lo menos, anticuado. Se insiste en retornar al Pacto de Toledo cuando el gobierno ya ha sacado adelante su reforma unilateral para cargarse el sistema público de jubilaciones.

La ponencia tampoco es taxativa y rotunda en el propósito que tiene más gancho electoral porque es el que entiende todo el mundo: reversión de todas las medidas de la derecha que hayan supuesto merma y restricción de los derechos de las personas. Algo así se dice con referencia específica a la sanidad y la educación. Pero debe ampliarse a todos los campos de unas políticas públicas que no es que sean solo ideológicas; es que son claramente clasistas y atentan todas contra el principio de igualdad. No dejar las cosas en el aire. Al menos las que no lo necesitan. Otras son más problemáticas. Por ejemplo, se habla de la institución de un salario mínimo universal. Será interesante ver qué sale de ello.

En las relaciones iglesia-Estado, el documento es de una prudencia exquisita. No se habla de denunciar los acuerdos con el Vaticano de 1979 pero sí de reformarlos según ello se siga de una futura ley de libertad religiosa que bien podía ser la que los mismos socialistas proyectaron en tiempos de Zapatero pero luego metieron en el cajón del olvido, asustados por las consecuencias. No es una perspectiva ilusionante. Tampoco hay una clara decisión de exigir a la iglesia católica que cumpla de una vez los tales acuerdos y se financie como su dios le dé a entender, pero no a costa de todos los españoles, incluidos los que adoran a otro dios o a ninguno.

Hay muchísimas más cosas en los documentos y seguramente muy interesantes, que darán lugar a apasionantes debates. Pero, según el conjunto del planteamiento, el PSOE aparece como un partido nacional español federalista, dinástico, acogido al marco teórico económico neoliberal con reparos y no muy específicas medidas correctoras. Por ejemplo, la única vez que se menciona el famoso artículo 135 de la Constitución no es para pedir su abolición, sino para compensarlo con el reconocimiento de algunos derechos con el mismo nivel de constitucionalidad. 

La ausencia más clamorosa es la de cualquier mención a la Ley de la Memoria Histórica. La única es tangencial, para referirse a los hijos de emigrados y exiliados, a quienes dicha Ley reconoce la nacionalidad española. Nada más. Y mucho menos un propósito de derogación de la Ley de Amnistía de 1977, es decir, de la ley de punto final, o de hacer justicia a las víctimas del franquismo, acatando los autos que dicte el tribunal argentino que instruye la causa por los crímenes de Franco.

Por decirlo de algún modo al uso: no está mal, pero es un documento de mínimos muy mínimos. 

viernes, 25 de octubre de 2013

¿Qué pasa en el PSOE?


Carme Chacón reaparece inopinadamente en Madrid para presentar a Tomás Gómez... en donde maldita la falta que le hace que lo presenten. ¿De qué se trata aquí? Probablemente de una campaña de lanzamiento publicitario. Ambos dirigentes, forzados a las penumbras del segundo plano por los decorados de la conferencia política o cónclave de los cabezas de huevo que ha escenificado Rubalcaba, quieren reemerger, recuperar protagonismo, que se hable de ellos porque, si nadie habla de ti hoy es que estás muerto; cuando menos, políticamente muerto. Hacen bien. Los dos tienen sus legítimas ambiciones y quieren que el aparato mediático tome nota de ellas y no se limite a mostrar una y otra vez los rostros de los otros aspirantes, López, Madina, García Page...

¿Y qué dicen presentadora y presentado? Que haya primarias a la voz de ya, antes de las elecciones al europarlamento en mayo de 2014. Parece bastante lógico, pero desbarata los planes de Rubalcaba y los suyos que, como todo el mmundo sabe, son postponerlas hasta poco antes de las generales de 2015 y (seguramente), presentarse a ellas. Es muy probable. Pero no es toda la historia. No basta. No convence del todo. Aquí hay más bacalao del que corta el furriel. Veamos:

El PSOE se ha olvidado de la moción de censura; no hostiga al gobierno, a pesar de su carácter corrupto, autoritario, embustero e inepto; vuelve a una oposición de mentirijillas y guante blanco; se desvincula de la calle; dobla el espinazo ante el Rey y se hace monárquico; marrullea con la iglesia católica; se pasa el día secreteando con Rajoy sin exigir su dimisión por corrupto y le chivatea todos los asuntillos que trata con los levantiscos catalanes.

¿A qué huele todo esto? Bingo, querido lector: a gobierno de gran coalición PP/PSOE, a la vista de la grave situación por la que atraviesa la patria, gravedad causada por estos dos grandes estrategas. Rubalcaba no quiere primarias porque aspira a consagrar por derecho el duunvirato que ya existe de hecho entre los dos dirigentes de los partidos dinásticos, hermanados por la circunstancia de ser los dirigentes peor valorados por la opinión pública de la breve historia democrática española. Chacón y Gómez quieren primarias porque, si se arma el tablao grancoalicionista, ellos se quedan para vestir los santos de la liturgia sociata.

Y esa gravedad ¿de dónde viene? La crisis, según los mentideros oficiales y los propagandistas de la fe, está ya semivencida. ¿De dónde, pues? Obvio: de Cataluña. Cierto que hemos llegado aquí por la especial incompetencia de los dos dirigentes. La de Rajoy es la habitual en la derecha cerril y no merece mayor consideración. La de Rubalcaba nace de su cerrado centralismo, su fobia al derecho de autodeterminación (al que teme porque, en el fondo, no cree en la Nación que ensalza) y su seguridad de que los demás son tontos y van a conformarse con la piruleta federal que acaba el mozo de sacarse de la faltriquera. Habiéndose, por fin, dado cuenta de que el señuelo no engaña ni a los más tontos de la batida, se ha presentado en Barcelona con una nueva (y astuta, cómo no) propuesta: que los catalanes voten, sí; pero solo sobre la reforma de la Constitución. Sensacional: no los deja votar en la autodeterminación para ellos solos (en donde, probablemente, los independentistas perderían) y los hace pronunciarse en solitario sobre un asunto que, según dicen las gentes de orden, compete a todos los españoles y donde, también probablemente, la opción reformista ganaría, abriendo un tiempo de incertidumbre en el país que, claro, gestionaría ese gobierno de gran coalición, sabiamente dirigido por estos dos padres de la patria.

Estarán los lectores de acuerdo en que a grandes males, grandes remedios. Llegar a las elecciones generales de 2015 con un gobierno de PP/PSOE (acerca de cuyas ventajas habrá Merkel aleccionado a Rajoy germanico more, es decir, a collejas) tiene la ventaja añadida de que quizá podamos ahorrárnoslas. ¡El terrible peligro de la escisión catalana todo lo justifica! Incluso la aceptación de esa feliz consigna expectorada recientemente por un militar: la Patria está antes que la democracia. ¿Está claro? 

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Luego, si tengo ánimos, subiré algo sobre esa Fundación Felipe González Márquez, dedicada, según tengo entendido, a investigar los arcanos de la gestión de aquel gran político que fue el sevillano, hoy, al parecer, aquejado de un proceso galopante de necrosis intelectual.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Adiós al PSOE.


El Jaque al Rey dejó dos imágenes muy significativas. Una, Rubalcaba yendo a visitar al Monarca y haciendo unas declaraciones de gozoso cortesano, feliz de que su señor natural se recupere del "incidente" y, con su gran "fuerza de voluntad", pronto lo tengamos "perfectamente en forma". Falta grande nos hace ¿verdad? Qué suerte, don Alfredo, y quiera Diana, la diosa de la caza, que Su Majestad pueda incluso pegar algunos tiros en la sabana africana. Si la forma no llega a tanto, siempre habrá un gato montés por El Pardo a falta de oso borracho al que hacer la vida insufrible. El cortesano y su monarca han hablado de todo, incluido el derby, porque, ya se sabe, son dos hombres llanos, del pueblo.

Palinuro suele referirse a los dos partidos, PP y PSOE, como partidos dinásticos. Podría parecer chocante, pero no lo es. Este acendrado monarquismo de Rubalcaba tampoco es casual, sino la deliberada muestra de que el hombre valora altamente la esencia de la transición: la restauración de la Monarquía, que es lo que le mola. Partido dinástico, sostén de la Corona. Designación correcta.

Mientras tanto, en las empapadas calles de Madrid, los perroflautas de la coordinadora 25-S, el nombre actual de los sans-culottes, pedían el fin de la Monarquía y un proceso constituyente. Unos 1.500 manifestantes que, con los elementos en contra, acabaron en doscientos, sin poder acceder a la Plaza de Oriente cual era su intención, para acampar indefinidamente. Los elementos fueron dos: el meteorológico de una fuerte lluvia y la acción inadmisible, desaforada de la policía que en todo momento hostigó a los manifestantes, retuvo autocares en los accesos a Madrid, entró en las líneas de metro, cerró estaciones, bloqueó calles, obligó a identificarse arbitrariamente a la gente, retuvo a quienes quiso y, en fin, desplegó un operativo preventivo intimidatorio desmesurado que infringió todas las normas sobre libertades ciudadanas y ejercicio de derechos. Ayer, Madrid, fue la capital de un Estado policial.

No es cuestión ahora de si salir a la calle a pedir el fin de la Monarquía es correcto o no. Volveremos luego sobre ello. Sea o no sea correcto el propósito, la reacción represiva, autoritaria, dictatorial del gobierno no es de recibo. Pedir la República o un proceso constituyente no puede ser un delito. ¿O sí? Sobre eso es sobre lo que el PSOE debe hablar y pronunciarse. No sobre el derby y el estado de salud del Rey. Hay más. El gobierno se permitió pedir a unos observadores extranjeros de la OSCE que ahuecaran el ala porque consideraba "anticonstitucional" la marcha de Jaque al Rey. Nada de observadores; nada de testigos. Nunca se sabe cuándo van a empezar los palos, la violencia, la brutalidad y no conviene tener chismosos y fisgones en torno. Nadie va a darnos lecciones. Esta monarquía bananera tiene su dignidad.  Por lo demás, ¿quién es el gobierno para decidir si una marcha es "anticonstitucional" o no?

Eso también requeriría un firme pronunciamiento del PSOE y quizá caiga en la cuenta una vez se haya sacudido el evidente estado de arrobo en que ha dejado la realeza a su secretario general, quien, para hacer ver que es de izquierda, se presentó descorbatado, como si fuera Cayo Lara. A lo mejor por eso sostiene Lara que el PSOE copia el discurso de IU. Pero no hay afán. Como nos descuidemos, Rubalcaba termina felicitándose del fracaso de la coordinadora del 25-S. Sin comprender que ese fracaso, en el fondo, es un triunfo. Jaque al Rey es la primera movilización ciudadana exclusivamente para pedir el fin de la Monarquía, algo que está mucho más extendido en la sociedad de lo que supone el cortesano Rubalcaba. Incluso en su propio partido, en donde aún quedan republicanos que, es de suponer, si les resta algo de dignidad, tendrían que pronunciarse sobre el plegamiento palaciego de su secretario general..

El PSOE realmente no sabe en dónde está y su declive parece inevitable. Solo lo frena que no haya otro partido a la izquierda capaz de atraer los votos de su electorado. Porque IU aumenta, pero no tanto como si hubiera trasvase de votos. Las razones de ese marasmo son tres:

1ª) La cuestión monárquica. La conversión del PSOE en un partido dinástico no encaja en la tradición socialista ni en la izquierda en general. Se argumenta el accidentalismo y se insiste en la primacía de la democracia y el carácter meramente honorífico de la magistratura. Pero es un discurso anquilosado, dogmático, falso. La monarquía es contradictoria con la democracia. Eso se comprueba todos los días con las excepcionalidades e inmunidades del Rey y su gente. Con el añadido de que ninguno de ellos son ejemplo de nada y su crédito y prestigio a los ojos de la ciudadanía andan muy bajos. Que son una vergüenza, vamos. Vivimos en una crisis devastadora que pone en cuestión principios tenidos por eternos e irrenunciables. ¿Por qué no la forma de gobierno? Al situar la Corona fuera del alcance del debate político en España, Rubalcaba (y, en la medida en que lo siga, también su partido) se alinea con la derecha más tradicional como soporte fiel de la Monarquía que instauró Franco, el genocida.

2º) La cuestión catalana. Salvo en la propuesta de reforma de la Constitución en un sentido federal, no hay modo de distinguir la actitud del PSOE de la del PP en cuanto a la cuestión catalana. La negativa al derecho de autodeterminación (que es el fondo real del dret a decidir) puede incrementar las expectativas electorales del PSOE en España pero seguramente disminuirá las del PSC en Cataluña. O quizá no mucho. Pero tampoco el incremento del primero será grande. El voto nacional español se siente más atraído hacia el PP.  Eso de enfundarse ahora en la casaca federal después de 35 años celebrando la baronías autonómicas ya no convence ni a las propias bases y prueba que el partido que iba a vertebrar España ya solo vertebra Andalucía y con ayuda del andador de IU.

3º) La cuestión del propio Rubalcaba. El secretario general sigue determinando los tiempos del partido con una deliberada ambigüedad. Pretende dejar indecisa hasta el final la cuestión del liderazgo para mantener abiertas sus opciones. Seguramente, lo mejor que puede hacer para sus intereses que, según parece, son ser candidato a la presidencia del gobierno, para terminar de hundir al PSOE. Mucho más dudoso es que también sea lo mejor para los intereses de este y, por encima de él, de España. Porque, aunque él, en sus cálculos de interés personal lo ignore, el Partido Socialista era un activo de todos los españoles; no solo suyo. Ya no.

Cuesta imaginar un sistema de partidos en España sin el PSOE, sobre todo por la ausencia de alternativas viables; y es muy probable que no se dé. Pero cuesta mucho menos verlo dejar de ser partido de gobierno. Poca gente espera en serio un sorpasso el estilo de Anguita, pero es el temor a dejar de ser partido de gobierno lo que explica el encastillamiento del partido en el orden constituido. Reforma de la Constitución, pero nada de proceso constituyente. Nada de nada. Un arreglillo de taller -como suele bromear el Rey con ese gracejo que podía meterse donde le quepa-, de cadera... y a tirar otros 35 años con esta Monarquía de Monipodio, esta tupida red autonómica de caciques, clientes y ladrones, esta España de corrupción y pandereta en la que los dos partidos intercambiables se turnan en hacer cabriolas mientras engañan a la gente.

¿Estoy en un error o el PSOE aún no se ha pronunciado sobre la reclamación de la justicia argentina de extradición de cuatro presuntos torturadores del franquismo? Y exactamente, ¿qué va a decir? ¿Que apoya la extradición de los criminales franquistas o que la transición, como la Corona y los caciques, no se toca?

lunes, 23 de septiembre de 2013

Buena entrevista de Rubalcaba.


Y mejor hubiera sido si Ana Pastor dejara hablar al entrevistado. Una cosa es no dejarse llevar al huerto y otra interrumpir continuamente, sobreponer la voz. Consecuencia, parte de la entrevista no se entiende y está llena de "no, no, no.,..", "déjeme explicar...", "no, pero no es así...", "permítame hablar...", etc, etc. La táctica de la periodista es evidente: como piensa que el entrevistado barrunta qué preguntas se le harán y trae un rollo preparado, trata de desbaratárselo, interrumpiéndole y repreguntando. No está mal, pero no debiera ser tan atosigante. El foco debe estar en el entrevistado, no en la entrevistadora que tiene un punto de narcisimo en femenino.

Por fortuna, Rubalcaba trae sobrada experiencia, muchas tablas, flema y capacidad para encajar. Lo más importante: sabe de lo que habla cosa que, contra lo que pueda parecer, no es tan frecuente entre los políticos que apenas tienen tiempo de leerse los papeles. Y, además, domina la cámara. Su lenguaje no verbal es sencillo, llano, nada ampuloso o acartonado, genera complicidad enseguida con el auditorio. Da la impresión de ser persona inteligente con cierta malicia guasona. Se le escapan miradas al objetivo, prueba de que está alerta del ángulo que ofrece. Se le ven ganas de espetarnos un discurso en directo pero, sabiamente, se contiene.

Dijo lo que quería decir de modo sucinto pero contundente. No tiene nada que rascar en el caso Faisán, Griñán no será imputado por los EREs, la Ley Wert es una ley muerta, habrá que reformar la Constitución para buscar reacomodo a Cataluña en España (no quiere ni oír hablar de autodeterminación) y tanto la reforma laboral como la sanitaria y la de las jubilaciones tienen los días contados. Ese debe ser el meollo del discurso del PSOE de aquí a las elecciones. Dejó meridianamente claro que Rajoy mintió al Congreso en lo tocante a sus relaciones con Bárcenas. Así que anunció que seguirá hostigando al gobierno sin descartar la moción de censura en cuya alforja echará además de Bárcenas, la salud, la educación la cuestión catalana, etc.

Todo eso por la vía de la oposición. Pero, siendo su espíritu siempre tan constuctivo, ¿qué propuso como alternativas? Aquí vino un segundo bloque de la entrevista en donde Pastor más se encendió porque se husmeaba drama. Rubalcaba admitió que el PSOE salió mal de las elecciones de 2011 y ahora toca levantar cabeza, recuperar la confianza del electorado, remontar, teniendo muy en cuenta que la crisis obligará a hacer cambios muy profundos. ¿Cuáles? Ya se verá cuando el PSOE presente su proyecto, en el que está trabajado. Es decir, está haciendo oposición sin proyecto. Pero este llegará. ¿Será él el candidato?, saltaba Pastor como si más que pastor fuera loba. Sí, si es útil para su partido. Consabida respuesta que no dice nada. Bueno, puede atacarse por otro lado: ¿habrá primarias en el PSOE? Sí, profiere encantado Rubalcaba, y abiertas, lo cual es mucho giro para uno de los dos partidos dinásticos. Sí, sí, pero ¿cuándo? Lo más cerca posible de las elecciones generales, como hace todo el mundo. Resumen para sufridos comentaristas: aquí no se mueve nada hasta unos meses antes de las elecciones de noviembre de 2015. Pase lo que pase en las europeas de 2014.

La razón del aplazamiento se encuentra en el nuevo proyecto que saldrá de la conferencia política de noviembre. ¿Quién sabe? Un nuevo PSOE, una nueva socialdemocracia. Hay que esperar y ver y leer antes de hablar. Obvio. Es un meritorio intento de sacar el debate del PSOE del ámbito de la mera imagen, del liderazgo personal, del torbellino mediático para conducirlo al terreno de las ideas, las propuestas, incluso las teorías. Veremos si funciona o no. La sociedad del espectáculo tiene escasa paciencia con las controversias ideológicas.

Una aclaración respecto al enunciado partidos dinásticos. Supongo que el PSOE puede considerarse un partido accidentalista, indiferente a la forma de gobierno siempre que sea un Estado social y democrático de derecho, según reza la Constitución. Pero, la verdad, suena raro escuchar en su secretario general un discurso monárquico. Es comprensivo con el Rey en estos momentos en que el señor mayor, según Corinna, lucha con la enfermedad y no plantea cuestión alguna respecto a la legitimidad de la institución. La máxima crítica afecta a la decisión real de operarse en centro privado. Nada sobre el desastroso ejemplo que la Monarquía (empezando por el yerno y siguiendo por el suegro) lleva años dando, perceptible en su vertiginoso descenso en el aprecio de los ciudadanos.

Suena raro, desde luego. Suena no solo a dinástico, sino a cortesano. No veo por qué, si el PSOE va a proponer una reforma de la Constitución en lo referente a organización territorial del Estado y sistema electoral, no prevé asimismo lo que será inevitable: que también se plantee la cuestión de la monarquía y la separación real de la iglesia y el Estado, entre otras. Y, si de reformar la Constitución se trata, ¿por qué no una total? ¿Por qué no plantear un proceso constituyente, como reclama el M-15, el Partido X (creo) y múltiples izquierdas?
 
Ya, que se trata de ganar las próximas elecciones, no de perderlas. Un verdadero problema en el que estamos todos interesados.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Carta abierta a Rubalcaba.


Dada su gran experiencia política, su perspicacia, su reconocido buen juicio y su prudencia no tengo duda de que calibra usted perfectamente la gravedad de la situación. El gobierno del PP no solamente va a aniquilar todo el reformismo de los gobiernos socialistas, desde el primero de González, sino incluso los escasos adelantos (pero adelantos al fin y al cabo) que se consiguieron en el último franquismo y durante la transición. Una involución en toda regla, una aniquilación del programa socialdemócrata, un retroceso de un siglo. Suficientes muestras ha dado ya habiéndose cargado el último pilar del Estado del bienestar, el sistema público de pensiones. Todavía le quedan dos años, si el asunto Bárcenas no lo impide. De ahí que las próximas elecciones de 2015 sean cruciales. Si el PP las pierde cabe deshacer por vía legislativa gran parte del destrozo ocasionado. Pero, si las gana, lo consolidará, la sociedad se retrotraerá al capitalismo más salvaje y la izquierda será barrida por una larga temporada.

Sigo pensando que el único partido de la izquierda que puede frenar y revertir esta catástrofe es el PSOE. Pero el problema, que ya debiera estar resuelto, es bajo la dirección de quién. Hace casi dos años perdió usted unas elecciones estrepitosamente. Cabía argumentar que, en realidad, las había perdido su antecesor, Zapatero. Y, supongo, por eso, lo eligieron a usted secretario general: para darle la oportunidad de recomponer las perspectivas electorales de su partido. Dos años después, estas no han remontado, sino que se han hundido más y su grado de aceptación, confianza y popularidad es ínfimo. Curiosamente en estos años también se ha dado un hundimiento del PP sin que el PSOE se haya beneficiado de él. Recién parece que se acerca a aquel en su momento más bajo, con un magro 30% de intención de voto.

En efecto, si la gestión del PP ha sido -y sigue siendo- muy impopular por injusta, arbitraria, autoritaria y ruinosa, la del PSOE ha sido errática e insatisfactoria. No ha conseguido articular una oposición aceptable. Empezó ofreciendo pactos de Estado a un partido que no entiende nada de eso pues su función se limita a aplicar el programa de la patronal y la iglesia y cuidar de sus intereses materiales como partido e individualmente, según los sobresueldos que se reciban. Pasado el lamentable sarampión pactista disfrazado de "oposición responsable" comenzó a articularse una oposición con algo más de nervio, pero deshilachada y nada convincente. Un ejemplo lo deja claro: por fin, el PSOE abandonó el compromiso de pactar con el PP la ley de transparencia, esa broma que el gobierno ha aprobado con ayuda de CiU, PNV y CC. Menos mal. Pero, ¿puede alguien explicar de quién fue la brillante idea de aceptar un pacto sobre transparencia con el PP?

La endeblez, la irrelevancia de la oposición se ve a las claras en el hecho de que el PSOE no haya vuelto a hablar de la moción de censura y prefiera jugar al ratón y al gato en sede parlamentaria, teniendo que valerse de subterfugios reglamentarios para plantear debates que debieran ser obligados y con obligada comparecencia de Rajoy. Y el principal responsable de esta inoperancia del PSOE es usted. No se ve cómo, con los datos actuales en la mano y su trayectoria desde 2011, alguien pueda vaticinar un triunfo del PSOE en 2015. Lo que se discute es por cuánto perderá y cuál será la distancia con IU, en pleno ascenso. Así que, nos guste o no nos guste, es muy legítimo plantear el problema de la candidatura del PSOE.

Usted ha dicho en alguna ocasión, como sacrificándose, que si su partido le pide ser el candidato, querrá serlo. Muy bien. Pero no puede ignorar dos aspectos: 1º) es bastante probable que su partido le pida lo que usted quiera que le pida porque, como todos los partidos, tiene una estructura oligárquica y clientelar; quizá menos que otros, pero la tiene. 2º) No es su partido quien lo llevará, en su caso, a a La Moncloa sino el electorado y este, obviamente, a juzgar por los barómetros más fiables, no lo quiere a usted. 

Es comprensible que pretenda coronar su larga carrera política con la presidencia. Es humano. Pero debe pensar en qué está usted jugándose en el empecinamiento. No solo el fin de aquella (al menos en primer plano; siempre podrá ir de senador o de eurodiputado), sino la definitiva destrucción de un modelo de sociedad, muy insatisfactoria, desde luego, pero infinitamente más justa, libre, solidaria y humana que la que la derecha trae en las alforjas.

Pausa. La política es un terreno de decisiones dramáticas y las consideraciones tácticas son secundarias. Si se queda usted lo más probable es que pierda las elecciones porque ofrece un blanco muy fácil para los ataques del PP y, al tiempo, su capacidad de respuesta es muy débil sobre todo por carente de crédito. Pero si se va usted, tampoco está garantizado el éxito ni mucho menos. Un nuevo liderazgo, nuevas propuestas, un perfil claro de oposición, incardinación en los nuevos movimientos sociales que articulan el malestar social, diálogo con las demás fuerzas de la izquierda y, a ser posible, presentación de un programa mínimo con el máximo apoyo popular posible: derogación de toda la obra legislativa de la derecha, restablecimiento de los derechos de los distintos sectores ciudadanos y su blindaje constitucional. 

Pues bien, aun así, se puede perder. Todo dependerá del tiempo que haya para articular la nueva forma de acción. A menos tiempo, menos posibilidades. Y esa es una decisión que, al parecer, ha de tomar usted. Y sin referencia a cuestiones tácticas, de esas de elecciones europeas o locales. Tome la decisión, pues las cuestiones tácticas se arreglarán por sí solas. Lo esencial es dar tiempo suficiente a quien haya de liderar su partido en unas elecciones que determinarán nuestras vidas para muchos años por venir.

Piénselo. Escuche a todo el mundo. No solo a los de su partido. 

(La imagen es una foto de rubalcaba38, bajo licencia Creative Commons).

jueves, 4 de julio de 2013

El lío de la izquierda.


Es casi una jaculatoria en los círculos de la izquierda: ¿cómo es posible que gobierne la derecha con mayoría absoluta siendo nosotros más? Algo de responsabilidad cabe aquí a la desunión, la fragmentación, tan típica de la izquierda como el polen de la primavera. Se oyen rumores unitarios. Esto no puede seguir así. Hay que formar frentes, alianzas, generar movimientos. Hay que ir a la unidad de la izquierda. Ya no como táctica para la victoria sino para la mera supervivencia.

Así que lo primero que se hace es montar un movimiento nuevo. Convocatoria Cívica se llama la plataforma impulsada por Garzón, Mayor Zaragoza y un buen puñado de intelectuales de izquierda. Nace con un manifiesto y se concibe como un movimiento, si bien no descarta presentarse a las elecciones, aunque el juez aclare que él no será candidato. Por supuesto, la llamada primera de la nueva organización es a unir, a aglutinar fuerzas, a hacer frente a la derecha. Si no recuerdo mal, Julio Anguita a su vez, anima algo parecido de similar denominación, Foro Cívico o Frente cívico, no estoy seguro. Por otro lado se oye hablar de un Frente amplio promovido por Llamazares que está en IU, pero con su partido propio, Izquierda Abierta. No sigo contando los otros grupos por no marear, pero hay algunos más. Todos predican la necesidad de unidad de la izquierda. Y ninguno la practica porque todos quieren que se produzca en torno al palo de su bandera. Bien es cierto que las últimas formaciones muestran un talante más abierto, no quieren poner a la gente a marcar el paso y se muestran favorables a formas mixtas, como relaciones de redes, dobles militancias y cosas así. Pero cada uno es cada uno y eso se nota en la común característica de tratarse de asociaciones con un fuerte liderazgo personal.

La izquierda tiene un problema agudo de narcisismo imposible de resolver. La idea de concurrir a las elecciones toda unida como una piña, cual hace la derecha, la asalta periódicamente, pero no lo consigue, en parte porque no quiere y en parte porque no puede. Que no puede está claro: es imposible agrupar en una sola organización racionalmente constituida a tanto líder carismático u hombre providencial como bulle en el espacio público y que cada uno brille con luz propia y tenga una presencia destacada. Esa fórmula todavía no se ha inventado. Así seguirá por tanto la feria de la unidad de la izquierda en la que cada cual monta su chiringuito.

Esta nueva Convocatoria parece loablemente volcada a las redes digitales. Sí, la ciberpolítica es muy prometedora. Pero también es muy dura. Si los dirigentes de la formación creen que, por abrir sus páginas a los debates van a movilizar una aspiración regeneracionista, como parecen pretender, no tardarán en moderar considerablemente sus expectativas.

Pero tampoco quiere. Esto es más difícil de ver. Pero es real. La quiebra principal afecta a las dos formaciones mayoritarias de la izquierda, IU y el PSOE. En la medida en que IU es una formación hegemonizada por el Partido Comunista, la situación no es absoluto distinta a la que se ha venido dando en Europa hace casi ya cien años: una izquierda comunista desgajada del gran tronco socialdemócrata  que sigue generalmente su trayectoria. Durante el resto del siglo XX y lo que va del XXI se ha mantenido esa división de lo que antes se llamaba el "movimiento obrero" y es seguro que en el 90 % del tiempo ambas formaciones han estado enfrentadas y atacándose. Unirlas no es fácil.

Es hoy y, cuando alguien habla de unidad de la izquierda, seguro como la ley de la gravedad que algún otro negará al PSOE la condición de partido de izquierda.  Son los censores, generalmente del ámbito comunista, que no advierten el carácter plural y los contornos difusos de la izquierda pues únicamente se rigen por los dogmas que llevan en la cabeza. En su formulación más grosera, esta mentalidad remite a esa fórmula tan falsa como inepta de que el PP y el PSOE son lo mismo. Fue Rubalcaba quien por fin hubo de responder con contundencia a Coscubiela en el congreso diciéndole algo evidente para todo el mundo que no hable a base de prejuicios: que no, que el PP y el PSOE no son lo mismo, ni mucho menos.

Los socialistas están dispuestos, al parecer, a hablar con IU para llegar a acuerdos con el fin de frenar a la derecha. Parecería lo lógico (si se olvidan las muchas veces que han pactado con la derecha en contra de IU); pero no se ve a IU entusiasmada con la idea. Es comprensible. Los sondeos le auguran subidas de votos importantes (como a UPyD) y, en esa promesa, la formación vuelve a acariciar la idea aguitiana de los ochenta del sorpasso. Superar a los socialistas en votos es la última aspiración de esta izquierda y, obviamente, eso no sucedería si fueran unidos.

¿Y si, llegadas las elecciones, no hay sorpasso? Bueno, se dispondrá de cuatro años para fundar nuevos grupos unitarios. Y se hará y así se seguirá, con una izquierda mayoritaria a la que las minoritarias niegan la condición de tal y una miríada de "verdaderas" izquierdas, todas llamando a la unidad cada una desde su irreductible trinchera.

Esa patológica tendencia al fraccionamiento de la izquierda (mientras la derecha es unitaria) debe tener alguna explicación y, luego de darle algunas vueltas, he llegado a la conclusión de que quizá se deba a una circunstancia -entre otras- muy curiosa que normalmente no se subraya: la diferencia entre la derecha y la izquierda es que, mientras aquella defiende intereses, esta defiende ideales. Los intereses son pedestres, materiales, muchas veces inconfesables, pero sólidos y aglutinan mucho. La derecha sabe siempre lo que quiere, el poder y el dinero. Los ideales son etéreos, sublimes, muchas veces quiméricos, muy diversos y alimentan las fantasías de omnipotencia de unos dirigentes carismáticos que siempre prefieren ser cabeza de ratón que cola de león. La izquierda no suele ponerse de acuerdo en lo que quiere porque carece de anclaje práctico.

Pero la república de los ratones no es una perspectiva verosímil. Ni siquiera deseable. 

lunes, 6 de mayo de 2013

El PSOE reacciona.


Ya era hora. Quince meses después de su humillante derrota electoral, el principal partido de la oposición presenta propuestas concretas, inteligibles, alternativas -o, cuando menos, distintas- a las del gobierno, dadas ya por fallidas universalmente, incluso por sus seguidores. Ojalá no vuelvan los tiempos de la inactividad, la ambigüedad, el marasmo, las reiteradas propuestas de "pactos de Estado", sistemáticamente despreciadas por el gobierno. La oposición responsable, si por tal se entiende la ausencia de oposición, el silencio o la tímida protesta, no ha servido para nada. Corresponde ahora ser responsable pero de otros modos.

Sin incurrir en el vandalismo institucional que caracterizó la oposición del PP en la legislatura anterior, la del PSOE debe ser rigurosa, rotunda, consecuente, en contra de los desmanes del PP y en defensa de los intereses de los sectores mayoritarios de la sociedad. No se ha de consentir ni un atropello más. Debe acudirse a los tribunales siempre que las vías políticas sean insuficientes. Una buena piedra de toque son las pensiones, cuyo desmantelamiento parece tener dividido el gobierno. Pero el PSOE debe dejarle claro que cualquier reforma de las pensiones que no se consensue con la oposición, será revertido ipso facto después de las elecciones si estas le son favorables.

Hoy presenta el PSOE unas propuestas neokeynesianas. No todo ha de ser recortar. Recuérdese: los recortes han fracasado y ya solo prometen más recortes y, por tanto, más fracaso. Lo sabe todo el mundo. Lo suyo es, por tanto, mantener la austeridad pero arbitrar asimismo medidas de estímulo. Se financiarán con los miles de millones (60.000, al parecer) que el gobierno no ha tocado de la línea de crédito del primer rescate. Ya solo ese hecho es clamoroso. ¿No hubiera sido más justo echar mano de estos recursos antes que vaciar el fondo de reserva de las pensiones, esas pensiones a las que se pretende vapulear de nuevo? Se trata de las cosas que el PSOE debe explicar claramente. Para que los jubilados y pensionistas sepan a quién les conviene votar la próxima vez. Por lo demás, esas medidas de estímulo tienen también una importante misión social por cuanto están pensadas para mitigar el desempleo.

Luego queda la cuestión de la letra pequeña o cómo se aplican esas medidas de estímulo. Es preciso evitar que sirvan para aumentar la corrupción. En España tenemos una tradición de picaresca y a saber lo que harán los empresarios con unas medidas de estímulo que los benefician. A este propósito quizá estuviera bien proponer la dotación de otro fondo similar para potenciar la labor fiscalizadora de la Hacienda y su capacidad para luchar contra el fraude fiscal que en España es masivo. La rentabilidad de esta medida es evidente pues hará aflorar grandes cantidades de dinero.

En todo caso, este es el tipo de oposición que la gente espera. Con propuestas claras, positivas, que puedan debatirse. En opinión de Palinuro estas propuestas claras, razonables debieran abarcar también otros campos más en el terreno político o de los principios. En concreto, las tres cuestiones abiertas en el sistema político: la Monarquía, la Iglesia y el soberanismo. Son cuestiones peliagudas pero no por ignorarlas van a desaparecer.

La cuestión de la Monarquía. El PSOE debe aclarar si es o no republicano y hacerlo en un congreso; no por boca de un secretario general que tiende a confundir sus convicciones personales con las posiciones del partido. El argumento de la oportunidad no vale. El pais puede debatir tranquilamente si quiere ser Monarquía a República. La Monarquía ha demostrado ya estar fuera de lugar en el mundo contemporáneo. Resulta absurdo que un país haya de verse pendiente de las andanzas de unos u otros miembros de la Familia Real y sus compinches. Y es que eso es lo esencial en la institución monárquica: su carácter familiar.

La cuestión religiosa. Suficientemente claro ha quedado ya que la Iglesia católica se apunta a la teoría de la política del apaciguamiento, tristemente famosa desde la conferencia de Munich,  de 1938: cuantas más concesiones se le hacen, más se enciende su voracidad. Creyeron los socialistas de la era Zapatero haber llegado a un acuerdo con la Iglesia y por ello le sacrificaron su Ley de Libertad Religiosa y luego ha resultado que la Iglesia ha hecho tabla rasa con los acuerdos anteriores: fuera la educación para la ciudadanía, dentro la clase de religión; discriminación por sexos y cuestionamiento del aborto y ya veremos qué pasa con el divorcio. El PSOE no tendría perdón si no denunciara los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 y procediera a separar de modo eficaz la Iglesia del Estado.

En cuanto al soberanismo, los socialistas deben encarar el asunto con franqueza. El partido que comenzó la transición proclamando el derecho de autodeterminación se lo fue dejando por el camino hasta llegar a negar que alguna vez lo hubiera defendido. También esto debiera ser objeto de una propuesta acordada en congreso. El PSOE, ¿reconoce el derecho de autodeterminación? ¿En qué condiciones? Si no lo reconoce, ¿qué modelo de organización territorial de España propone? Ese vetusto federalismo que ha desempolvado del baúl de los recuerdos requiere un aggiornamento profundo. 

Las últimas cuestiones, en efecto, son graves y es tentador el olvido, el silencio. Pero no es honrado ni eficaz. Al fin y al cabo, cuando la dirección del partido habla de reformar la Constitución, se refiere exactamente ¿a qué?

Por último, si el PSOE se propone recuperar la visibilidad de verdad, compensar por la inacción y el tiempo perdido, tiene que escuchar el rumor de la calle, tiene que tender lazos de colaboración con organizaciones y movimientos sociales que se han ido formando en el proceso de insubordinación social creciente. Tarea difícil por la desconfianza que suscita en movimientos como el de los indignados. Pero imprescindible si ese partido quiere calibrar hasta qué punto se ha echado a la izquierda la opinión y cree conveniente, como lo cree Palinuro, radicalizar algo más las opciones.. 

También es importante que, lejos de apagarse, el debate sobre la candidatura siga abierto. Es sano para el partido y para todos. Pero, sobre eso, ya seguiremos mañana.

lunes, 18 de marzo de 2013

El PSOE , en punto muerto.

Al igual que todos los seres humanos, Rubalcaba no está hecho de una sola pieza, como un monolito, sino que es un ser complejo, con sus matices, sus diferentes facetas, sus contradicciones.. Lleva más de treinta años en política, de ellos veinte en cargos públicos. Ha sido ministro de varios asuntos, diputado y vicepresidente del gobierno, candidato derrotado a la presidencia del gobierno y, en la actualidad, secretario general del PSOE. Una vida dedicada a la política, a la que se acercó por afición ya que él es químico de oficio. Hizo una mutación weberiana de la ciencia como vocación a la vocación de la política. Ahora bien, su desempeño en tal larga tarea no ha sido siempre igual. Fue un buen segundón en todo momento y brilló especialmente como ministro del Interior, siendo a él a quien cabe reconocer casi todo el mérito del fin de ETA, un logro que obtuvo gracias a su tesón, su trabajo duro, su perseverancia y su obstinación. Todas ellas cualidades muy convenientes para alguien situado en segundo plano, que recibe órdenes y las aplica fielmente. Pero quizá no tanto cuando se ocupa un puesto central, decisivo, en primera línea, en donde las órdenes no se reciben sino que se dan y hay que mostrar el grado necesario de flexibilidad, prontitud en la reacción y clarividencia que son cualidades  imprescindibles en un líder.

Pues aquí está el problema, en que quizá al postularse como candidato a la presidencia del gobierno y como secretario general después, Rubalcaba haya llegado a su nivel máximo de incompetencia y, lejos de ser la persona idónea para sacar al PSOE del atolladero en que se encuentra, desarbolado por una tremenda derrota electoral, sin ideas, sin propuestas, incapaz de salir del marasmo, resulta ser el principal obstáculo. Sin duda él no lo verá así. Nada más subjetivo e intransferible que la imagen que uno tiene de uno mismo. Al contrario, puede verse como el héroe, dentro de la figura del sí mismo como arquetipo junguiano, el hombre providencial que llevará a sus seguidores al triunfo.

Pero para conseguir ese objetivo en la España de hoy, literalmente reventada por la arrogancia, la estupidez y la agresividad del PP, hace falta algo más que una buena hoja de servicios a la causa. Hace falta perspicacia e inteligencia para entender las nuevas circunstancias; audacia para dar con fórmulas no gastadas, propuestas alternativas; determinación para ponerlas en práctica; y libertad de movimientos para no ser presa de los intereses creados en el partido. Nada de eso adorna a Rubalcaba que, al contrario, no ha dado muestra alguna de iniciativa en los catorce meses desde las elecciones, permitiendo que el PSOE se desdibuje hasta desaparecer, que no tenga perfil de partido de oposición (responsable o no responsable), que la intención de voto socialista esté por debajo de la del PP después del desastre sin paliativos de la gestión de este y que su índice de popularidad sea inferior al de Rajoy, lo cual es ya para suicidarse.

En el fondo, la veteranía de estos dos ilustres segundones, Rajoy y Rubalcaba, perfectamente inadecuados para funciones de primera responsabilidad, ha acabado haciendo que se parezcan y actúen de forma muy parecida y así como el gallego con su retranca, también llegado al grado máximo de su pavorosa incompetencia, se niega a admitir que su política sea un desastre e insiste en que tengamos paciencia, que ya dará frutos con tanta veracidad como la que tenía cuando juró el cargo, el santanderino hace lo mismo. Catorce meses de fracasos, líos en Galicia, Cataluña, Ponferrada y una creciente contestación en su partido no le mueven a reflexión sino que, como Rajoy, pide confianza, que ya habrá resultados, aunque no a plazo fijo.

Seguramente Rubalcaba verá como injusto que, con todo lo que ha hecho y hace, haya gente en su partido -y mucha- que le recomienda apartarse y dejar paso a otros porque es un obstáculo. Pero el partido no es suyo. El electorado no le sigue en su política de oposición, suponiendo que sepa cuál es, bajo ningún concepto y tengo mis dudas de que, si algún día hace explícitas sus convicciones conservadoras, casi tan reaccionarias como las de su amigo Bono, acerca de la Monarquía, la Iglesia y la organización territorial de España, lo sigan muchos en su propio partido. Una situación tan sorprendente que, de ser mal pensados, podríamos decir que el secretario general tiene secuestrada la voluntad colectiva para actuar de aliado objetivo de los conservadores en las políticas frente a la crisis y mantener el sistema corrupto del turnismo de los partidos dinásticos.

(La imagen es una foto de Rubalcaba 38, bajo licencia Creative Commons).