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martes, 14 de marzo de 2017

Susana y el tiempo

La operación de lanzamiento de Susana Díaz debe de estar diseñada por un buen equipo de comunicación Tiene el estilo de una campaña de marketing. Hay que vender un producto llamado Susana Díaz.

Por ello se anuncia la presentación con doce días de anterioridad. En ese tiempo, Díaz no es solo la presidenta de Andalucía, pero tampoco es la candidata a la SG. Lo será pero, de momento, está en una especie de limbo como candidata in pectore o candidata a candidata. Con ello, dos ventajas: una, tiene doce días de carencia en los que incluso (cosa impensable) podría retirarse; dos, no está obligada a explicar un programa específico del que a todas luces carece.

El producto Susana Díaz, obviamente muy ensayado y preparado, se asimila al partido mismo, en una identidad de esencias propia de todo caudillaje: Díaz es el PSOE como el PSOE es Díaz, al modo en que, como proclamaba enfervorizado Giménez Caballero, "España es el caudillo como el caudillo es España". Y por eso, la campaña de marketing planea proclamar a Díaz candidata al día siguiente de que los barandas del PSOE, detentadores del poder actual, hayan aprobado el documento que la junta gestora presentará al próximo congreso.

Ese documento del partido será el que Díaz esgrima como programa, no ya sin haberlo escrito, sino sin haberlo leído. Lo que se prepara para el próximo 26 de marzo es la llegada gloriosa de la doncella de la aldea de Domrémy, perdida en los Vosgos, a la salvación de la dinastía y de Francia. Como ahora de la del PSOE, la dinastía y España.

Es llamativa la campaña de la derecha en favor de la candidatura de Díaz. Y no sé si está haciéndole mucho favor.

domingo, 26 de junio de 2016

La brexit ha ganado las elecciones en España

Ha sido un doble aldabonazo en la conciencia de los electores, adormecida por la sarta de mentiras y vulgaridades que los cuatro líderes fracasados el 20 de diciembre han salmodiado por los rincones del Estado.

Una campaña átona, vista con indiferencia por la ciudadanía a la que se le pide que cambie el voto sin aportarle razón alguna para hacerlo. Un solo y raquítico debate televisado en el  que los líderes no tenían nada nuevo que decir pero lo llevaban todo pactado para no pillarse los dedos. Consigna: no digáis nada que haga perder votos. Abundancia de mítines con enfervorecidos seguidores tratando de trasmitir un clima de alegría y optimismo que nadie siente. Todos temen una repetición de los resultados de las elecciones anteriores. Y nada autoriza a pensar que este cuarteto de hombres -de hombres- del montón sea capaz de mejorar su actuación pasada.

Solo en Cataluña, el único lugar del Estado en que se mueve algo de verdad, hay iniciativa y se proponen novedades de nivel europeo, el resultado suscita inquietud e interés. Se trata de saber si se reafirma y avanza el impulso independentista o, por el contrario, hace mella la ambigüedad de Podemos, lo cual, a su vez, influirá en la cuestión de confianza planteada el próximo septiembre.

El resto, la resignación habitual y la confusión de unas propuestas deslavazadas, inconexas, sin justificar y carentes de contexto y apoyo en algún proyecto político concreto y tangible para las próximos cuatro años. Se prevé una alta participación, lo que significa que el electorado no quiere una situación de bloqueo como la anterior. Pero eso no es nada seguro y, en todo caso, al no estar en su mano cambiarla, es probable que el bloqueo se reproduzca. Ningún miembro del cuarteto ha dicho nada que incite al cambio de voto. Pero los hemos tenido día tras día en las pantallas, haciendo gansadas por falta de ideas. Cada uno de ellos absorbido en su supervivencia política personal: Rajoy, el principal responsable de este marasmo, dispuesto a rechazar de nuevo el posible encargo de formar gobierno; Sánchez, luchando con denuedo por una honroso segundo puesto que le dé la vitola de ser el primero de los perdedores; Iglesias, recién converso a la socialdemocracia, obsesionado por justificarse con un sorpasso que no parece producirse; Rivera tratando de mantener la cabeza sobre el agua y conseguir que se le distinga del chico de los recados.

Una nube de palabras que hiciera algún alma caritativa nos pondría ante la realidad de estos discursos sin interés, sin empuje, sin retos: cambio, reformas, la gran nación, la unidad de España, la igualdad de los españoles, la Patria, ilusión, sonrisas, moderación, populismo, Europa, trasparencia, equilibrio, pactos. O sea, nada.

Y, de pronto, los dos aldabonazos: el primero, la inesperada brexit; el segundo, el arrepentimiento veinticuatro horas después. Dos millones de firmas en el Reino Unido pidiendo la repetición del referéndum, aduciendo engaño en el primero. ¿Suena? Los pelos de punta. Ojo con lo que se elige, que podemos vernos votando por tercera vez antes de que termine este año perdido para todos.  

Un panorama angustioso. Los españoles descubren acongojados que el referéndum británico es más decisivo en su país que sus propios votos.  Que son europeos de segunda. En unos días, alemanes, franceses e italianos se reunirán para ver qué hacen con la salida británica. No invitan al español, ni falta que hace. La hipótesis más esgrimida es la de Europa de varias velocidades. Lo que se decida hoy en España no le importa a nadie. 

Y, a pesar de todo, hay que ir a votar. Para tratar de poner fin a esta vergüenza de cuatro años y medio de un gobierno corrupto, autocrático, neofranquista que ha desmantelado el Estado del bienestar, consolidado la precariedad laboral, arruinado la hucha de las pensiones, disparado la deuda pública, politizado y pervertido todas las instituciones del Estado y destruido la unidad de España que dice defender. Un gobierno cuya expectativa de voto, incomprensiblemente, sigue siendo la más alta. Frente a él, una izquierda dividida, enfrentada y, por lo tanto, inoperante. 

La brexit influirá en los indecisos, legitimará las opciones independentistas en Cataluña y, en el resto del Estado, aumentará los votos de los dos partidos dinásticos. Nadie quiere despertarse mañana arrepentido de su voto como los británicos.  Muchos están ya pensando que acabar con el bipartidismo no fue una buena idea y, para no tener que arrepentirse el lunes, depositarán hoy un voto ya arrepentido..

miércoles, 27 de abril de 2016

El don de la oportunidad

Afirmo perentoriamente que no lo hemos hecho a propósito. Llevamos más de un año preparando este curso. Y los hados han querido que su impartición en la semana que viene coincida con la apertura de la campaña para las nuevas elecciones, esas que nadie quería al principio pero que, en el fondo, todos deseaban. Cuando uno no es capaz de realizar la tarea que se le ha encomendado por incompetencia propia, lo más cómodo es llamar al que formuló el encargo la primera vez, el cliente, en este caso el electorado y pedirle que lo formule por segunda. Como es natural, ninguno de los cuatro genios que han consumido otros tantos meses en reuniones inútiles, declaraciones y ruedas de prensa aun más inútiles, chanzas y provocaciones en los medios y las más imaginativas formas de perder el tiempo tiene ni la menor intención de echarse a un lado y dejar que otro/a intente lo que él no ha podido.

Y sería lo más lógico, lo que haría cualquiera que pudiese disponer de este personal: Fulano, Mengano, Zutano y Perengano no sirven. Lo han intentado durante cuatro meses y ha sido inútil. Cuatro meses tirados. Cambiémoslos por otras. Demos oportunidad a otras gentes menos resabiadas, menos encallecidas, más abiertas y con otros planteamientos.


Ni hablar. Estos son los jefes y aquí se quedan. ¿Quién tose en el PP a Rajoy, aun a sabiendas todos de que es un perfecto inútil? ¿Quién a Rivera, que ha sacado un partido de la nada y está dando de comer a muchos fieles? Eso en la derecha. En la izquierda es algo distinto. Hay mucha gente deseando perder de vista a estos dos niños bonitos, horros de inteligencia y livianos de personalidad pero con un narcisismo estratosférico. Pero tampoco aparece porque a quien ose postularse le montan unas "primarias" de esas de resultado ultrademocrático estilo búlgaro y todos tan contentos.

Y así va el país.

A lo mejor, si los candidatos se apuntaran al curso, conocerían medios, técnicas, procedimientos que les ayudarían a impedir que se produzca lo que todos temen más que a un nublado: que el resultado del 26J sea igual al de ahora.

El curso es en Valdepeñas. Pero, quienes quieran, pueden seguirlo en streaming o diferido. Basta con entrar en contacto con el Centro de la UNED de Valdepeñas.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Que el Sobresueldos rinda cuentas

La campaña que inició Infolibre el 5 de diciembre exigiendo que Rajoy haga público su expediente como registrador de la propiedad lleva ya más de 95.000 firmas.Lo que se quiere saber -y es un derecho de la ciudadanía- es si Rajoy vulneró o no la Ley de Incompatibilidades, si simultaneó sus sueldos de cargo público electo con sus ingresos de registrador de la propiedad. El gobierno de Aznar decretó el secreto de este expediente en un "archivo de seguridad", pero el mantenimiento de ese secreto es un ataque directo al derecho a la información de los ciudadanos, quienes están legitimados para saber si sus representantes públicos se han atenido siempre al cumplimiento de la ley.

Es una campaña de firmas. Sería estupendo que, al llegar el día 20 hubiera 150.000 o 200.000 y que los demás partidos se hicieran eco de esta exigencia y, a su vez, demandaran el levantamiento de ese secreto. Quien quiera firmar puede hacerlo pinchando sobre la imagen o aquí.

viernes, 11 de diciembre de 2015

La televisión manda.

La americanización de la política ha llegado por fin también a España. Lo que los teóricos como Sartori, Manin, etc., vienen anunciando desde hace años, la "videodemocracia", "la democracia de audiencias" está haciéndose realidad en esta apartada región del mundo. Ya lo era antes, con el antiguo formato de campañas a base de mítines, cuando se reservaba la frase contundente del candidato para el momento en que las cámaras grababan a fin de estar en los telediarios. Pero ahora ha cambiado: los líderes no esperan la llegada de las cámaras sino que ocupan los platós de televisión y se prodigan en todo tipo de programas, sea cual sea su contenido con tal de que tengan audiencia.

Los llamados "partidos emergentes" han nacido en los programas de televisión, en las tertulias, las entrevistas, los espacios de locutores con mucho seguimiento. Y ahora, por un efecto de retroalimentación, se ha cerrado el círculo y si antes eran los políticos quienes buscaban las cámaras,  son las cámaras las que buscan a los políticos y estos se han convertido en verdaderos héroes de shows de más o menos repercusión. Aparentemente, la dinámica de la acción política está cambiando y es frecuente encontrar análisis que tratan de dar cuenta de esta evolución según la cual la sociedad mediática hace honor a su nombre.

Porque este amoroso diálogo entre los políticos y los platós forma parte de lo que se ha bautizado ya como infotainment (o infoentretenimiento) pero no se agota en él, ha convertido la política en un espectáculo y un simulacro. Los políticos son actores y las cuestiones, los issues que se debaten están guionizados de forma que, cuando alguno se sale del guión lo despellejan, como ha pasado con el machismo de Rivera (a) Falangito. El despelleje no tiene por qué ser en el propio plató sino que suele producirse luego en las redes sociales, especialmente Twitter, la dominante. Ahí es donde un patinazo, un lapsus, un error, se viraliza y da de nuevo la vuelta al ruedo porque, al viralizarse, los medios convencionales recogen la noticia que retorna a las redes ya con el marchamo de las cabeceras. Un Merry go round permanente.

En principio, no hay nada en contra de esta forma de hacer política y batirse el cobre en las campañas electorales. Estas elecciones del 20 de diciembre son también una buena ocasión para comprobar qué efectos tendrán los cambios. A primera vista se me ocurren cuatro cuestiones que pueden tener interés:

La primera es obvia: el medio determina el mensaje y la asistencia a los programas de mucha audiencia trivializa el discurso y vacía de autoridad la figura de los candidatos que aparecen como gente superficial, cuando no verdaderos botarates. Puede decirse que tanto da siempre que los voten. La cuestión es si la gente vota a  cantamañanas. También parecía que Beppe Grillo en Italia iba a comerse el mundo y luego resultó que no lo votan.

La segunda es el peligro de que los medios, que son empresas privadas con intereses específicos, manipulen el impacto que los políticos y los candidatos tengan obligándolos a adaptar sus discursos a los parámetros ideológicos que alimentan aquellos. Los medios audiovisuales no solo determinan la agenda sino que obligan a ajustar los postulados programáticos al mainstream que ellos mismos han creado y alimentado.

La tercera es la relación entre medios y redes sociales. Estas últimas son verdaderos zocos de militancia política pero, aunque su gran abullición pareciera anunciar otra cosa, su impacto sigue siendo minoritario, como saben todos los que convocan actos a través de las redes a los que habitualmente acude menos del uno por ciento de quienes han comunicado que lo harán mediante un click en el correspondiente botón de "iré".

La última es que la audiencia televisiva no diferencia entre votantes y abstencionistas. El 25 por ciento que habitualmente se abstiene en las elecciones españolas, también mira la televisión. Incluso es posible que sea lo único que haga, mirar la televisión. Ir luego a votar es otro asunto.

lunes, 5 de octubre de 2015

Contra la manipulación.

Hay una campaña en Change.org para pedir a las autoridades de la UE que aclaren qué sucedió con la carta de su presidente Juncker en la versión española que el ministro García Margallo exhibió hasta tres veces en su debate televisado con Oriol Junqueras. Este, que es de letras, se olió el tejemaneje del ministro y, sin tener noticias seguras, apuntó a que la carta podría haber sido manipulada ya que contenía el término "autonómicas", que ningún angloparlante o germanohablante utilizaría, pues ellos emplearían "regional".

Acertaba en toda la línea. La traducción al español de la carta de Jocker incluía una morcilla de matute que alteraba el texto original para hacer decir a Juncker que la independencia de Cataluña no sería reconocida por la UE. De inmediato se formuló la correspondiente denuncia: alguien, algún funcionario, había trucado el mensaje con la fraudulenta intención de que la UE apoyase la posición del gobierno español. En un primer momento, las autoridades descartaron la mala intención y adujeron que era un error de traducción. Unos días después, sin embargo, ya reconocen que hay indicios de mala fe y deliberada manipulación del texto.

En consecuencia, la campaña de Org.com para conseguir que las autoridades abran una investigación oficial y se sepa quién manipuló el texto y por orden de quien, debe seguir.

Casi se ha alcanzado un objetivo de 7.500 firmas. Quien quiera firmarlo, puede pinchar aquí.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Elecciones: un tándem de cine.

En las próximas elecciones en Madrid se presentan dos mujeres del mismo partido que gustan de fotografiarse juntas, subrayando la idea de formar una especie de tándem con una clara intención de transmitir un mensaje de coordinación y estabilidad por común militancia. Un tándem de cine. De qué cine está por ver. A veces recuerdan algo "Con faldas y a lo loco" (Some Like It Hot) y todo el problema sería repartir entre las dos candidatas los tres papeles de Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemon. En las redes hay malvados que las presentan como las dos niñas de El resplandor, lo que quizá sea un tanto excesivo.

En todo caso hay algo que las distingue de casi todos los demás candidatos: la veteranía. Los otros pretendientes vienen casi in albis. Ellos sí son candidatos en sentido propio, pues visten la túnica cándida. No traen equipaje, ni historia. Algunos se presentan por primera vez en su vida a algo. Otros quizá hayan ocupado algún otro puesto o cargo en el pasado, pero no son propiamente políticos profesionales. No lo es Carmena ni siquiera Gabilondo, a pesar de haber sido ministro del PSOE que lo era, como sigue siendo hoy, independiente. Es decir, aquí hay diez primerizos, a algunos de los cuales casi no los conocen ni los suyos y dos veteranas archiconocidas con una larguísima experiencia en puestos de gestión pública, sobre todo la sandunguera señora Aguirre a quien, habiendo sido casi todo, ministra, presidenta del Senado, de la Comunidad de Madrid, ya solo queda ser alcaldesa y cardenal primada de España, aunque eso lo tendrá más difícil.

El tándem es de cine porque coincide con el meollo del discurso electoral del PP: ojo a las ocurrencias, las improvisaciones, los conejos de la chistera, las aventuras y los adanes, por sintetizar el jardín metafórico del presidente. No tiréis por la borda lo mucho conseguido y nada de poneros en manos de inexpertos. Hay que confiar en la experiencia, la estabilidad, la responsabilidad de quien lleva años al frente de los gobiernos y sabe lo que hace y lo que se trae entre manos.

Vale. Por eso el PP propone de candidatas a dos veteranas funcionarias del partido que han pasado toda su vida laboral trabajando para este, bien en su organización interna, contratadas por él aunque, como en el caso de Cifuentes, a veces haya sido presuntamente con procedimientos ilegales y en régimen de economía sumergida, bien en cargos representativos. No deja de tener gracia que se presente a guardiana de la ley quien comenzó por saltársela. Pero esto no parece ser óbice en el país de José María el tempranillo. Ahora, las dos mujeres piden el voto para acabar con la corrupción y regenerar Madrid, lugar en el que su partido lleva veinte años gobernando con mayorías absolutas. O se refieren a la corrupción de la corte visigótica o habrán de admitir se trata de la que ellas alimentaron, o ignoraron, o fingieron ignorar mientras gobernaban. Sobre todo Aguirre. De forma que es lícito preguntarse si, a pesar de su veteranía, las dos saben qué se traen entre manos.

En el caso de Cifuentes sí parece, aunque, a la vista de su ejecutoria como delegada del gobierno en Madrid, da miedo lo que pueda estar tramando. Su política de orden público, muy respaldada por el ministerio del Interior, ha sido represiva, autoritaria, hostigadora de la ciudadanía, punitiva y escasamente respetuosa con los derechos civiles y las libertades públicas. Miedo da con una Consejería de Presidencia y Justicia que lleva también asuntos de interior a su disposición. Y su programa está muy claro. Lo dijo en el debate de la televisión: libertad de elección. O sea, privatización de servicios públicos. Quien quiera educación, sanidad, etc., que se los pague de su bolsillo.

Decir que Aguirre sabe lo que se trae entre manos es mucho más aventurado. Su casi interminable mandato en la Comunidad de Madrid ha dejado un panorama terrible: tiene decenas de colaboradores o cargos bajo su responsabilidad en la cárcel o rodando por los juzgados como robagallinas compulsivos. Le han sacado a relucir tramas y fraudes rocambolescos derivados o relacionados con contratos de su gobierno en donde, al parecer, el que no trincaba comisiones, pillaba sobresueldos, enchufaba a recuas de parientes o quería modificar el régimen fiscal aquí o allá en beneficio propio o de sus allegados. Un panorama tremendo que tiene a los juzgados echando humo y a los medios pasmados de cómo se lo llevaba crudo el personal. Pero la señora Aguirre no sabía nada. Y menos mal que no salió una operación bajo su directa influencia, pero que parecía ideada por un comité de gangsters presidido por Al Capone de instalar una especie de Sodoma y Gomorra del ludocapitalismo en Alcorcón. ¿Puede decirse que alguien así sepa lo que se trae entre manos?
 
Es un tándem de cine, pero más al estilo de Pili y Mili.

lunes, 13 de abril de 2015

El voto de los "normales".

Rajoy es muy aficionado a esta imaginería de "la normalidad" y, en el escaso vocabulario que maneja un hombre tan limitado intelectualmente, términos como "normalidad", "previsibilidad", "hombre corriente", "como Dios manda" y simplezas análogas ocupan un gran espacio. Es el discurso taimado y desconfiado del palurdo que cree saber qué ocultas intenciones traen siempre los demás y presume de que a él no se la dan. ¡Pues no es él avisado ni nada! ¡No ha jugado miles de partidas de tute en el casino del pueblo! ¡No sabe él de qué pie cojea cada cual! Precisamente el resultado de tanta perspicacia y retranca consiste en presentarse a sí mismo como un "hombre normal" siendo así que se tiene por intuitivo agudo, capaz de ver las auténticas intenciones de los otros, por mucho que quieran ocultarlas.

¡A él van a venirle con ocurrencias, conejos en la chistera, adanismos, demagogias y vanas promesas! ¡Pues no es largo el "normal" pontevedrés! A ver: todos esos demagogos populistas que surgen como las setas, prometen lo imposible y dejan luego tirada a la gente. A diferencia del hombre "normal" y "previsible", como él, el que habla al "hombre de la calle",  Juan Español, porque lo entiende, porque es como él.

Tiene razón Rajoy. Es un hombre normal... en España, en donde lo normal es que la gente grite "¡vivan las caenas!" y los intelectuales mantengan "lejos de nosotros la funesta manía de pensar". Un país en el que los gobernantes sacan la pistola cuando oyen la palabra cultura. Un país que considera patrimonio cultural y arte sublime una fiesta cruel, estúpida y sanguinaria en la que se asesina a un animal indefenso para regocijo de algunos "normales". Uno que votaría a Belén Esteban la tercera en una competición a la presidencia del gobierno. Uno que se deja expoliar por los curas que, además, ubusa de sus niños. Uno que vota a millones a los herederos ideológicos de un dictador genocida y que se deja robar por ellos a manos llenas.

En ese país "normal", Rajoy es, desde luego, un hombre "normal": miente siempre; incumple su palabra (de hecho carece de ella); engaña cuanto puede; cobra dineros presuntamente ilegales en concepto de sobresueldos inmerecidos; rechaza dar explicaciones de sus actos; se esconde del público; se niega a dar conferencias de prensa en directo y abierto y se oculta detrás de pantallas de plasma; no habla ninguna lengua civilizada (ni siquiera el español) y, en consecuencia, no se entera de lo que le dicen; gobierna por decreto; es amigo, compadre y sostén espiritual de los ladrones de su partido;  solo lee el Marca y solo se distrae con el fútbol.

Tiene razón el presidente, convertido en ectoplasma: hay que votar a los suyos porque son gente "normal": son igual de granujas, mangantes, embusteros, cínicos, abusones y estúpidos que su gobernante. Forman un equipo compacto al que llaman Partido Popular pero que, según todas las apariencias, no es más que una asociación de malhechores.

Y el razonamientto "normal" del hombre "normal" no puede ser más "normal": lo mejor que cabe hacer aquí es votar a la banda de malhechores por si los votantes pueden pillar algo de lo que aquellos roben. 

Los demás ciudadanos, los que no votan a los mangantes y sinvergüenzas, los que pretenden que el gobierno no sea cosa de ladrones, los que quieren defenderse y garantizar las libertades, los derechos y  la honradez pública, somos ... anormales.