martes, 14 de febrero de 2017

¿Cómo hemos llegado a esto?

Mientras Rajoy era reelegido presidente del PP por mayoría búlgara, en Valencia caía una cascada de años de cárcel a algunos de los principales de la Gürtel, Correa, el Bigotes, una exconsejera del gobierno de Camps, etc., todo galaxia PP, primer partido en comparecer como acusado en un proceso penal. Y no un partido cualquiera, sino el partido del gobierno. El partido del presidente reelegido por aclamación y cuya comparecencia en otro procedimiento penal vuelve a solicitarse para que aclare su relación con la caja B de su organización de la que, supuestamente, cobraba unos sobresueldos, acusación que no se ha refutado, que yo sepa y que debería haber supuesto su dimisión fulminante desde que se conoció el cambalache.

La corrupción generalizada no se reduce a estos casos. Ayer mismo, al tiempo que el partido, comparecía en la causa la exministra de Rajoy, Ana Mato, quien trató de hacerlo prácticamente incógnito y resultó no saber ni recordar nada, como siempre. Hace un par de días, también, se sabía que Rodrigo Rato, exvicepresidente del gobierno de Aznar venía al parecer defraudando a Hacienda desde desde 2004 a 2015. Métanse en un saco, por no hacer el relato interminable los múltiples casos de otros cargos, cargazos y carguillos del PP que llevan años deleitando las sobremesas televisivas: Camps y sus trajes; Matas y su palacete; González y su ático; Fabra y su aeropuerto para peatones; Granados y la Púnica; Barberá y su Ayuntamiento. Añádanse también sendos procelosos elencos de otros acusados de corrupción en la rama valenciana y, sobre todo, la madrileña, poblada de personajes curiosos.

Rancho aparte ha venido teniendo el increíble caso Bankia, protagonizado por el no menos increíble amigo de pupitre de Aznar, Blesa, aficionado a los safaris, como Hemingway. Una estafa de proporciones ciclópeas, con decenas de miles de afectados, lo que provocó ese rescate de Bankia que se ha hecho a costa de la hucha de las pensiones. Todo ese Monipodio celebrado a todo lujo en una francachela a cuenta de las black. Cuando el asunto fue a parar a la alta inspección del Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el resultado llevó a imputar no a Bankia sino a los directivos de las dos entidades ya se verá con qué alcance.

Las vueltas que da la vida. En tiempos del gobierno de Felipe González, el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, acabó en la cárcel. Por entonces se consideró que se había llegado al límite de lo soportable en materia de corrupción. Que te robe el gobernador del banco central es como para dudar de la racionalidad y eficacia de los mercados de razón neoliberal. 

La situación hoy es muchísimo peor. En tiempos de González, este estuvo a punto de ser llamado en el proceso de los GAL. En estos, Rajoy puede ser llamado por otro tipo de motivo. La corrupción es estructural y apabullante. La cuestión es, en efecto, ¿cómo hemos llegado a este extremo? Se me ocurren varias razones concomitantes: en primer lugar porque la sociedad tiene una umbral de tolerancia de la corrupción muy alto y una conciencia ciudadana muy baja. Entretenernos en esto sería prolijo y también innecesario porque es opinión generalizada. En segundo lugar por una llamativa  incuria de los partidos de la oposición que son cualquier cosa menos oposición. Su falta de beligerancia permanente contra la corrupción del partido del gobierno prácticamente los hace cómplices. Y, en tercer lugar, unos medios abrumadoramente a favor del PP. Los audiovisuales públicos son centros de propaganda del gobierno y su partido. Los privados, pese a algunos escarceos, al servicio de la derecha, como la prensa de papel. Función de investigación de la corrupción del poder, cero.

A todo esto debe añadirse un profundísimo sentido caciquil de la política, impuesto por el presidente de los sobresueldos que lleva toda su vida ejerciendo de político profesional gracias a sus pragmáticas (algunos dirían "cínicas") formas de proceder. Su gobierno ha abolido de hecho el principio de separación de poderes, desnaturalizado la democracia, colonizado las instituciones y politizado a su favor la administración de justicia. Y ha anulado el principio de rendición de cuentas de los gobernantes. Un verdadero destrozo.

Así es como hemos llegado a esto. Y parece muy difícil remediarlo.