jueves, 12 de enero de 2017

Los santos dineros

¡Qué radical es el PSOE! Pedir que el Tribunal de Cuentas -que tampoco es un órgano muy estricto sino más bien laxo en muchos aspectos- fiscalice los cuartos de la iglesia católica es un inaudito acto de rebeldía, de falta de confianza. Precisamente los mismos que incrementaron la casilla de la declaración de la renta del 0,5 al 0,7 por ciento, ahora quieren meter sus narices en lo que los curas hacen con ese dinero. Una desvergüenza. ¿Qué va a hacer? Lo que ya ha hecho con los 1240 millones de euros entre 2010 y 2015 Está clarísimo: dedicarlo a fines lícitos, píos, santos, propios de su condición espiritual. Dudarlo es casi una blasfemia. La iglesia cumple su mandato escrupulosamente. Con cáritas se cuida de la pobreza, con la financiación de 13TV difunde la verdad del Evangelio y con las campañas en contra del aborto se trata de apartar a las descarriadas ovejas del mal camino.

El PSOE afirma que, aunque el PP ya ha votado en contra, su propuesta saldrá porque cuenta con el apoyo de Podemos y C's, partidos modernos y esclarecidos que no comulgan con el nacional-catolicismo del PP. En realidad esta aparentemente radical medida para controlar el estado dentro del Estado  que es la iglesia en España es lo contrario, un modo de consolidar más la preeminencia eclesiástica porque se acepta esta forma de financiación y lo único que se pide es que, encima, no dé lugar a ilegalidades.

Pero no es eso lo que la izquierda debiera pedir; no la reforma de la casilla en la declaración de la renta sino su supresión sin más. Aplicación de las Acuerdos con el Vaticano de 1979 o quizá mejor, también, denuncia de estos. Que la iglesia se financie por su cuenta, como asociación privada que es. Sus otras denominaciones, sociedad perfecta, etc, no pueden influir sus obligaciones fiscales. Que recaude sus aportaciones de los feligreses directamente, sin intermediación del Estado, que no tiene por qué recaudar en nombre e interés de una asociación privada. Y, en último término, si se quiere recaudar por hacerle un favor, ese 0,7 por ciento, hágase, pero no detrayéndolo de la carga fiscal total del contribuyente (para que no seamos todos los paganos) sino, al revés, añadiéndola. 

Y, aparte de eso, la izquierda tiene una cuenta pendiente con la situación absolutamente privilegiada de la iglesia en mteria de impuestos, pues está exenta del pago de todos. Como asociación que es, la iglesia tiene que pagar sus impuestos al igual que los demás, los territoriales (el IBI), los personales y los de sociedades. Todos. 

Aparte de ello, y es urgente, la izquierda debe exigir la revisión de todas las inmatriculaciones de bienes de todo tipo que la iglesia ha venido haciendo en los últimos veinte años a cuenta de una reforma de la legislación hipotecaria de Aznar que le ha permitido poner a su nombre miles de propiedades por cantidades ridículas, incluida la mezquita de Córdoba. Un auténtico expolio. 

En España hay que separar la iglesia del Estado si queremos que quede algo de este.