domingo, 30 de septiembre de 2012

Palinuro pregunta.

El gobierno acaba de suprimir la dotación presupuestaria de la memoria histórica. No hace falta escuchar sus razones que, como siempre, son mentiras. Los herederos ideológicos de los fascistas sublevados en 1936 no quieren que se sepa la verdad de las atrocidades que, durante años, perpetraron los suyos contra un población indefensa. Quieren que los asesinados y enterrados en fosas comunes ahí sigan, que no se averigüe el destino de decenas de miles de torturados, violados, asesinados, que se eche en  olvido, que no se recuerde y, de paso, que las víctimas y sus parientes y allegados se callen y traguen con su infortunio hasta el fin de los tiempos.
Garzón acaba de decir con mucho tino que no se puede construir el futuro sobre cientos de miles de víctimas. Ni el futuro, ni el presente, ni nada. Pero los neofranquistas en el gobierno pìensan que, si tuvieron 40 años de cristiana "placidez" en un país sembrado de cadáveres, ¿por qué no algunos más?
Los herederos ideológicos de los vencidos en 39, tengamos o no allegados entre los asesinados, tenemos un deber moral de acudir en defensa de una causa justa: la reparación de aquella infamia. Los trabajos de la memoria histórica deben continuar e, incluso, intensificarse. Por ello Palinuro propone la creación de un Fondo Social de la Memoria Histórica que puede empezar en las redes como una campaña de crowdfunding y tratar luego de ampliarse solicitando subvenciones de organismos nacionales e internacionales que atiendan a un principio de equidad, justicial y moral que el gobierno de Rajoy ha pisoteado.
Se ruega a las personas interesadas hagan saber su disponibilidad. Para ello sugiero se busque a Palinuro en Facebook y se le haga saber si tenemos la base suficiente para echar a caminar el proyecto que, si cuaja (¡ojala!,) pondremos en manos de quienes noble y desinteresadamente han estado trabajando todos estos años por la memoria histórica.
También sugiere Palinuro crear un hashtag #memoriahistórica o algo así en Twitter para dar a conocer la iniciativa y recaudar la ayuda.
Vamos a responder a la nueva provocación de los neofranquistas y nacionalcatólicos.

La noche no es suave.

Entre 11 y 12 de la noche la salida de la calle de Cedaceros a la Plaza de Neptuno que, por cierto, se llama de Cánovas del Castillo, presentaba este tenso aspecto. La coordinadora del 29S había dado por terminada la manifa cantando victoria y, dado que los antidisturbios (más conocidos como "prodisturbios"), venían por todas partes arreando estopa, recomendaba marcharse por la calle de Huertas, aún transitable, para reunirse mañana, domingo, en los jardines del Retiro. Pero ciento y pico manifestantes se negaron a irse y en un acto típico de desobediencia civil, un sit out, se sentaron con la espalda contra la valla metálica de la policía y quedaron encerrados entre los antidisturbios detrás de ellos y los que venían en las lecheras delante de ellos. La policía no debía de tener órdenes y no cargó, en espera de tenerlas. Después de una hora hubo unos parlamentos y los manifestantes abandonaron el lugar sin ser hostigados ni identificados.
Este hecho encierra la clave de la victoria del movimiento. Si la policía no identificó a estos ciento y pico con la que habían montado, ¿qué valor tienen todas las demás identificaciones a gentes que pasan por las calles? Así que, para resarcirse, más tarde los prodisturbios invadieron Lavapiés, entrando en los locales, sacando a la gente y apaleándola entre las lecheras. Puro terror urbano a cargo de unos funcionarios públicos que, según parece, cobran 200€ por cada noche que salen a aporrear a los ciudadanos. Si esto es cierto -y el ministro debe aclararlo en las Cortes- cabe decir que nuestra policía está compuesta por mercenarios, lo cual explica su saña y hace inútil razonar con ella.
Pero esa victoria vino al final de una jornada muy dura que comenzó en tonos bélicos, pidiendo la autoridad desde el principio a los periodistas que acudieran con cascos. La señora Cifuentes, cada vez más ciega en su furia represiva, declaró que la manifestación era absolutamente ilegal. No debe de tener asesores que la ilustren de que no es ella quien determina la legalidad o ilegalidad de los actos. A las cuatro de la tarde, la policía impidió que se instalaran estructuras para las cámaras de TV. El Ayuntamiento, o sea, Ana Botella, lo había prohibido sin que conste razón alguna para ello. No querían cámaras. No querían periodistas. No querían testigos que recogieran las marranadas del ¡que soy compañero, coño! y otras provocaciones. Querían la oscuridad y el silencio.
Pero justamente eso encendió las redes, en donde brilló de inmediato la inteligencia de las multitudes. Se empezó a pedir a los vecinos que fotografiaran y grabaran desde los balcones y terrazas aledaños y muchos de ellos los abrieron a que lo hicieran los manifestantes. Los periodistas aguantaron las amenazas de multas y se mantuvieron a pie firme, con lo que todos los periódicos trajern cumplida información de lo que estaba pasando en streaming, en directo, en tiempo real. Además, debidamente avisados, los medios extranjeros comenzaron a difundir la información y la autoridad, básicamente la delegación del gobierno, porque el ministro del Interior está escondido, se pensó dos veces su proyecto originario de disolver la manifestación por la violencia. Simplemente, no se atrevió.
La incompetencia de la delegada Cifuentes es fabulosa. Plantea el conflicto exclusivamente como una cuestión de orden público e intensifica el antagonismo hasta ponerlo en términos de guerra, que ya se sabe que es la continuación de la política por otros medios, como se echa de ver en sus amenazas, sus medidas preventivas, la difusión de mentiras e informaciones falsas para desmoralizar al enemigo, la última de las cuales fue cifrar la asistencia entre 2.000 y 4.500 personas cuando la BBC ya hablaba de 100.000. Y 100.000 entusiasmados porque había otros 100.000 en Lisboa exigiendo lo mismo: la dimisión de los parlamentarios, del gobierno, la apertura de un proceso constituyente.
El fracaso de Cifuentes es colosal. Es injusto que cargue ella sola con la monumental pifia que es de todo el gobierno. Porque resulta evidente que no pueden parar el movimiento. Y no pueden por su incapacidad para entender la política en la época del ciberespacio.
Por poner un ejemplo que entiende todo el mundo: hoy hay convocada una asamblea en el Retiro para decidir las próximas acciones en octubre. Empeñada como estaba anoche la policía en impedir que esta asamblea se produzca, ¿a quién o quiénes iría a detener esta madrugada a sus casas? ¿Quién dirige el movimiento? ¿Cuál es su estructura? ¿A quién se puede acusar?
¿Y lo de Mas, tanto como decían que el asunto del independentismo interesaba tanto al PP como a CiU para que así no se hablara de los problemas reales? Pues lo de Mas se ha quedado en una baladronada. Quería el mandato para sentirse como Sir Galahad en su empeño, pero no convocará el referéndum hasta estar seguro de ganarlo. O sea, nunca.
Un columnista del Telegraph dice que España debe abandonar el euro y ve a Rajoy como un muerto viviente. A mí me pasa lo mismo con Rubalcaba. Lo veo un poco zombie. Y, en general a la dirección del PSOE. Tan descolocada en el asunto de la resistencia popular extraparlamentaria como en el rebrote de la autodeterminación. Preguntado respecto a la primera convocatoria de ocupa el congreso, Rubalcaba dijo que le parecía mal. En esa respuesta laten al unísono el apoltronamiento del político profesional y el miedo a dar al PP una baza patriótica estilo don Pelayo. Las bases del PSOE están mayoritariamente, creo, con el movimiento (como lo está el conjunto de la sociedad, la mayoría silenciosa que pretende usurpar Rajoy entre caladas al Cohíba) y la dirección parece lamentablemente desorientada. No se atreve a repudiar un movimiento cívico popular pacífico tan obviamente cargado de razón y de moral pero, por otro lado, tampoco osa respaldarlo por dos razones: porque tiene demasiados intereses creados en el juego institucional que el movimiento cuestiona por inútil, corrupto y antipopular y, porque teme ser aniquilada electoralmente ante un potente discurso de la derecha centrado en el mantenimiento del orden público, la seguridad jurídica, el crédito exterior de España y ¡el respeto a la Constitución!.
Así que, en definitiva, nadie sabe qué hacer, excepto los de un movimiento que, por no tener, no tiene ni nombre.
(La imagen es una foto del streaming publico.es, bajo licencia Creative Commons).

sábado, 29 de septiembre de 2012

El momento decisivo

En este momento, Neptuno está así y todavía falta por llegar mucha más gente que está en Sol. Es una foto aérea de El diario.es. Los fascistas del gobierno y, en especial, Cifuentes, están fracasando en su intento de silenciar lo que está sucediendo. Hay miles y miles y miles de gentes rodeando el congreso en Madrid. Y no solo en Madrid; también en otros puntos de España. Es un amanecer de la conciencia democrática de un pueblo que está harto de que lo expolien, lo apaleen y lo detengan.
El fracaso de Cifuentes es obvio: todos los periódicos están dando en streaming lo que pasa. Las televisiones están mudas pero esto solo es la prueba definitiva de que las televisiones son y han sido siempre meros tigres de papel o, para decirlo en recio castellano, una mierda. Lo que vale es la prensa (sobre todo la digital) y la radio.
También los medios extranjeros están dando la noticia de que el gobierno español impide que la cobertura de lo que está pasando. Ya lo he visto en Francia, Alemania e Inglaterra- El asunto es del dominio público.
Aunque Botella ha colaborado como corresponde a su fascismo también intenso, prohibiendo que se instalen medios para dar cuenta de lo que sucede, los fascistas están perplejos y no saben qué hacer. Si estuvieran seguros ya habrían dado la orden de cargar, en el entendimiento de que, antes, habrán dicho a los policías que sean especialmente brutales. Pero no lo están. Son miles, cientos de miles los ojos mirando. El secreto al garete. Y cada minuto que pasa hay más gentío y es más imposible despejar el patio.
Si, por fin, la orden llega, ¿qué pasará? Lo más fácil es que sea un espectáculo dantesco y que haya heridos quizá algún muerto.
¿Y luego? ¿Y mañana?
La revolución está en marcha y no serán las porras de unos gorilas a las órdenes de unos imbéciles fascistas los que la detengan.

Preparando la masacre
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Desde las 16:00 del día de hoy, 29 de septiembre, la policía de Cifuentes está impidiendo que se instalen televisiones en la plaza de Neptuno y en Sol. Además, están echando a la prensa del lugar. La conclusión es obvia: no quieren testigos de sus brutalidades y delitos en contra de la población pacífica. No quieren que los graben agrediendo a gente indefensa, arrastrando ancianos, apaleando niñas. No quieren que sus delincuentes a sueldo, a los que llaman infiltrados, aparezcan grabados mientras cometen sus infamias.
Es obvio que están preparando una masacre como escarmiento.
Cualquier gobierno que impida la libertad de expresión e información y oculte las ilegalidades de su policía deja de ser un gobierno democrático y se convierte en un puñado de fascistas y forajidos. Es por tanto imprescindible que la oposición exija cuentas en el Parlamento y pida la dimisión de esta peña de fascistas, la dimisión ipso facto del ministro, Fernández Díaz, del director general de la policía, Ignacio Cosidó y de la delegada del gobierno Cristina Cifuentes. Y que lo haga toda la oposición de izquierda, clara y rotundamente. Que el PSOE abandone ya esta oscura ambigüedad de la actual dirección rubalcabiana y se sitúe por fin del lado del pueblo. Si no lo hace ahora, con la que se avecina, habrá firmado su sentencia de muerte. Todos entendemos que la izquierda debe ser moderada y pactista y procurar el entendimiento y la estabilidad... cuando se puede. Cuando no se puede, estos términos se convierten en uno solo: complicidad y el PSOE no va arrastrarnos a la complicidad con los fascistas porque, para decirlo con suavidad, no nos da la gana.
Además de protestar enérgicamente en Parlamento, la oposición y todos los ciudadanos debemos pedir la presencia de observadores internacionales, prensa extranjera, que puedan contar lo que está pasando aquí.
Muchos ciudadanos con viviendas en los lugares de las protestas están ofreciendo sus balcones y terrazas para que se pueda fotografiar y grabar desde ellos. Hay que aprovecharlos. El destino de mucha gente depende de que se pueda dar cuenta de lo que la policía está tramando.
El fascismo no quiere publicidad, quiere secreto y silencio para perpetrar sus crímenes y solo luego de perpetrados quiere que se sepan para aterrorizar a la gente. Es todo tan repugnante que da asco solo de escribirlo.
Pero hay que hacerlo. Cuando un gobierno, además de estafar y robar a los ciudadanos quiere reprimirlos, no dejarlos expresarse y masacrarlos, ya no es un gobierno legítimo sino una cuadrilla de delincuentes.
Una última consideración: es imposible que la policía se deje manipular al extremo de apalear al pueblo sistemáticamente en defensa de los intereses de los señoritos, los curas, los ricos, los banqueros. Tiene que haber algo más. ¿No estarán los los gobernantes dando pagas extras a los antidisturbios a cuenta como siempre del dinero público? Es importante que la oposición exija ver el sistema retributivo de los antidisturbios, que son funcionarios como los demás.
Y ¿qué nos apostamos a que, además de impedir las cámaras de TV y las fotos y los periodistas, estos fascistas intentan bloquear internet y las redes sociales?
Ya lo sabían los griegos: a quien los dioses quieren perder, primero lo vuelven ciego o loco. ¿No ven los fascistas que están alimentando un movimiento que no podrán parar?
(La imagen es una foto de Popicinio_01, bajo licencia Creative Commons).

El Alcázar no se rinde.

Muchos españoles, es de suponer, estarán frotándose los ojos, preguntándose si si sueñan o no, si es realidad esta enésima erupción de la vieja querella territorial española o alguien anda en una remake virtual.
Los catalanistas, a quienes siempre se ha atribuido en la Meseta sentido común, o sea, seny, que viene a ser como la marrullería de un payés socarrón, han enarbolado de pronto la bandera de la independencia y están ya construyendo barricadas, ideológicas, políticas, legales, pero más resistentes que las de adoquines. Esa declaración del Parlament en pro de la consulta de autodeterminación, aprobada por gran mayoría de diputados que representa una gran mayoría de la población catalana no se puede ignorar así como así ni mucho menos condenar como un acto sedicioso de un órgano que actúa ultra vires, más allá de su competencia.
A su vez, aunque muchos señalan que Mas se envuelve en la estelada para no dar cuenta de su nefasta gestión, ello no impide que el pronunciamiento patriótico catalán obedezca a un sentimiento colectivo profundo. Si se piensa bien, se verá que difícilmente podía Mas hacer otra cosa después de obtener la enésima bofetada en Madrid y que a esta respondiera un millón y medio de catalanes en la Diada. El Parlament ha hecho lo que el pueblo pedía. La ruta hacia la independencia está marcada. Será cosa de ver hasta dónde llega.
Y no está aún todo el pescado vendido, como se dice en castizo, ya que, antes de las elecciones anticipadas por Mas al 25 de noviembre, el 21 de octubre se celebran las de Galicia y el País Vasco, dos territorios de alto voltaje político, sobre todo el País Vasco, en donde puede salir una mayoría nacionalista que gobierne según una u otra fórmula.
¡Ah, esa nefanda coyunda inter-nacionalismos la han ilustrado perfectamente Urkullu y Mas almorzando juntos en la Ciudad Condal! ¡Un contubernio antiespañol! ¿Se sabe en qué restaurante han compartido la pitanza? Si fuera Els quatre gats podría hablarse del "Pacto dels 4 gats", incluso "Pacto D4G" que suena más política 2.0
Los dos políticos nacionalistas se han sentado a la mesa para hablar en español, única lengua en la que los dos se entienden. Es curioso que el español solo sirva para que se entiendan en él los que quieren verlo desaparecer y no quienes quieren verlo florecer. Pero ha sido celebrar el almuerzo y la vieja esencia hispánica se ha revuelto como picada por un áspid, con una reacción visceral y virulenta que deja ver cómo la huera retórica tradicional de la "gran nación española" es eso, retórica huera. Una "gran nación" no está permanentemente cuestionada desde dentro; no desde fuera por un enemigo extranjero sino desde su propio interior por sectores de la población en territorios determinados que no son leales al proyecto nacional oficial unitario. Las partes de una "gran nación" le son leales y jamás cuestionan la razón de ser de la nación. Donde esto no se da, de gran nación, nada porque ninguna nación puede ser grande si obliga a otra a someterse a ella. La lealtad no se puede imponer. Imponer se puede el silencio.
Y esto es lo que el exacerbado nacionalismo español pretende hacer con el reto catalán: acallarlo. Bono quiere morirse antes que ver España rota. Otros, en vez de morirse ellos, prefieren matar a los demás o por lo menos, abrir tan contundente posibilidad. Ya ha salido un espadón retirado a decir que el Ejército cumplirá la sagrada misión de garantizar la unidad de la Patria. Y el eurodiputado Vidal Quadras, mucho más inteligente, prefiere que eso lo haga un teniente general de la Guardia Civil. Más inteligente porque, si van los militares, la cosa toma un cariz feo y difícil de defender en la Europa no africanista. En cambio, la Guardia Civil es un cuerpo de orden público pero con la ventaja de estar militarizado y disponer de armamento de campaña ligero, con el cual podrían hacer frente a una eventual insurrección armada de los catalanes.
Pero ¿nos hemos vuelto locos?
Pues sí, bastante. En cuanto el nacionalismo "periférico" se agita, la fiera dormida del nacionalismo español se despierta y lanza un zarpazo, bombardeando Barcelona, por ejemplo. "¡La independencia de Cataluña es imposible, ni por la buenas ni por las malas!", brama otro milico ya retirado, recordando glorias pasadas en la batalla del Ebro.
Tratando de apaciguar los ánimos Sáez de Santamaría avisa de que el gobierno recurrirá al Constitucional la consulta soberanista. No es hacerle un favor al Tribunal, cada vez más deslegitimado en las cuestiones territoriales. Y esto sin contar con el peligro de que, para resguardar su dignidad de tribunal, el Constitucional abra una vía legal para aplicar el derecho de autodeterminación en España.
La autodeterminación es como un conjuro que desconcierta y paraliza al PSOE. La actual dirección es contraria a toda autodeterminación y firme partidaria de la unidad de España si bien con un impreciso horizonte federalista que esgrime como señuelo de vez en cuando aunque sin trabajárselo mucho. Pero dudo de que esa sea la actitud de todo el partido. Desde luego, en el caso del PSC, decididamente, no y en el resto, no estoy seguro.
La negativa a la autodeterminación une a los dos partidos dinásticos, PP y PSOE y alguna otra formación minoritaria, como UPyD. No se puede reconocer ese derecho porque tendría que pronunciarse el conjunto del pueblo español.
Muy bien. Hagámoslo así. Por algún sitio hay que empezar, en lugar de enviar tenientes generales de la Guardia Civil. Convoquemos un referéndum para preguntar al pueblo español si reconoce el derecho de autodeterminación de algunas partes que lo componen y se consideran a sí mismas naciones.
A lo mejor nos encontrábamos alguna sorpresa.
Pero, por favor, otro repaso a El Alcázar no se rinde, no.
Ya tenemos bastante con monseñor Reig y Pla,, azote de degenerados y pecadores.
A todo esto, un columnista de The Telegraph sostiene que Rajoy es un "cadáver viviente" y que España tiene que salir del euro
¿A que nos dejan solos otra vez con estos?
(La imagen es una foto de Dan Vaquerizo Molina, bajo licencia Creative Commons).

viernes, 28 de septiembre de 2012

Llueve fuera y dentro de casa.

Hoy viene la cosa de portadología de primera. El titular tiñe de negro el horizonte. Los gobernantes, estos y los anteriores, han conseguido llevar España a la situación de los países latinoamericanos de los años 80 con la crisis de la deuda. Ahora entendemos los españoles lo tremendo que es no solamente no poder pagar la deuda sino no poder pagar los intereses de la deuda. Desde luego es la noticia más importante porque la posibilidad de impago de los intereses de la deuda llevaría España a la quiebra y a un rescate de condiciones leoninas.
Pero la noticia que el diario considera más importante es la de la posible escisión catalana. A ella va dedicada la ilustración. Cierto, es difícil encontrar una ilustración para el enunciado sobre los intereses de la deuda. Aunque quizá no para la medida del gobierno de entrar a saco en fondo de reserva de las pensiones: unos buitres devorando una presa estarían muy al caso.
Pero es que, además, la foto de marras es muy significativa. Basta con fijarse en el careto del Rey. El Parlament acaba de aprobar por amplia mayoría la propuesta de una consulta popular de autodeterminación, por decirlo de modo claro y contundente. Los diputados están muy contentos al abordar un autobús y el propio Mas aparece resplandeciente en claro contraste con el rostro del Borbón, un rostro taciturno con una mirada perdida en los confines del Imperio. "España antes roja que rota" parece decirse.
Estaba Rajoy tan tranquilo, hablando solemnemente de Gibraltar a una Asamblea General más vacía y desierta que el hemiciclo del Congreso al intervenir los diputados del grupo mixto, cuando se le ha montado un cirio en la Marca Cataláunica que no tiene ni idea de cómo gestionar.
Mostrando toda la pelambre de la dehesa, Soraya Sáez de Santamaría, dice que el gobierno se opondrá al intento secesionista catalán valiéndose del Tribunal Constitucional quien no puede ignorar que, según la CE, art. 2, hay una "indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles". Sapientísima señora. No se trata solamente de que confunda a propósito el derecho de autodeterminación con el hecho de la independencia, sino de que la derecha, como siempre, cree que los órganos del Estado están al servicio de su partido y, así, el Tribunal Constitucional es una especie de órgano legitimador de la política del gobierno.
Probablemente el Tribunal Constitucional negará la consulta y el derecho de autodeterminación, pero tendrá que razonar la negativa y quizá apunte a un procedimiento para resolver el contencioso de la autodeterminación en la línea de la famosa sentencia del Tribunal Supremo Federal canadiense en el asunto del Quebec y por el cual se precipiten luego los nacionalistas catalanes.
Por cierto y sin muestra de mala follá alguna, me permito señalar que la continua presión quebequesa por la independencia demuestra que el federalismo no es un dique de contención del separatismo como alguno de sus proponentes quiere suponer.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Una propuesta práctica para la izquierda.

Los últimos acontecimientos en Madrid y otros lugares de España son muestra de un deterioro alarmante de la democracia. La desmesurada violencia policial en la represión de un 25S pacífico; el hecho de que los agentes fueran sin identificar, en contra de la ley y que sus mandos se jacten de ello; la brutalidad indiscriminada desatada por las provocaciones de los propios agentes disfrazados de manifestantes, contra toda norma moral; las identificaciones aleatorias e intimidatorias; las detenciones discrecionales; el hostigamiento y amedrentamiento sistemático de la población, todo ello prueba una neta involución política hacia formas políticas autoritarias, casi dictatoriales.
Y la consecuencia más evidente es la generalizada conciencia de indefensión de la ciudadanía frente a las arbitrariedades del poder, lo cual produce un estado de creciente irritación popular ante la que la autoridad solo responde intensificando la violencia.
El gobierno salido de las elecciones arrastra un déficit de legitimidad sobrevenida al haber incumplido clamorosamente todo el programa en virtud del cual se lo eligió. Por este motivo tiene tanta autoridad para gobernar como el mancebo de la botica. Sabedor de esta carencia de legitimidad, el poder no se molesta en guardar las apariencias, prescinde de todos los frenos y contrapesos propios del Estado de derecho y actúa a golpe de decreto, sin someterse a control alguno. El Parlamento, vaciado de contenido por la mayoría absolutísima del PP, no pinta literalmente nada. Las demás instituciones de fiscalización, como la Defensora del Pueblo, por ejemplo, están al servicio incondicional del gobierno. Solo los tribunales conservan un remedo de independencia, pero es de efectos tardíos, inseguros y quizá poco eficaces. Cuando el ministro Wert mantiene la subvención a los centros educativos segregados por sexo en contra de una sentencia del Tribunal Supremo hay poca duda sobre lo que aquí se dice.
El círculo se cierra con el control del gobierno sobre los medios de comunicación, total en el caso de los públicos -que actúan como unidades de agitprop del PP- y casi total en el de los privados. Un control que, con los esfuerzos de una batería de plumillas e ideólogos, fabrica una realidad diaria tipo Potemkin, esto es, simulada, ficticia. Una realidad en la que el pueblo que protesta contra el golpe de Estado de la banca es presentado por la autoridad como golpista, en que los escasos diputados que denuncian la violencia institucional son acusados de violentos y en la que son los manifestantes pacíficos como los de las fotos los que atacan a la policía.
Y no hay mecanismos de defensa. 
Gracias a las redes sociales todo el mundo puede ver lo que ha pasado, lo que está pasando, cómo la policía va sin identificar, se extralimita de continuo, carga brutalmente y maltrata a la ciudadanía que está ejerciendo un derecho. Luego, la delegada del gobierno ocupa los medios y miente con todo descaro, reduce los manifestantes a la décima parte, los insulta tratándolos de golpistas, asegura que atacan a la policía y que esta actúa correctamente. El gobierno ampara y sostiene estas patrañas y los medios de comunicación al servicio de la autoridad, esto es, casi todos, propalan los embustes, los infundios, las calumnias y son cómplices del poder en la tarea de criminalizar la oposición extraparlamenteria y parte de la parlamentaria, en concreto el puñado de diputados que ha tenido el coraje y la honradez de sumarse a los manifestantes.
La iglesia, como siempre que la derecha actúa en defensa de sus intereses, calla, y la gente tiene que informarse en las redes sociales y los medios extranjeros, hoy al alcance de la mano gracias a internet. Pero lo hace y eso se traduce luego en una acción política práctica extraparlamentaria que, aunque la delegada Cifuentes y quienes están tan ciegos como ella la vean como un problema de orden público, tiene un alcance inmenso, cada vez más de manifiesto. El sábado vuelve el pueblo soberano a rodear el parlamento para protestar por una forma de hacer política que reputa antidemocrática, injusta e inmoral. Lo hace de modo espontáneo, sin organización jerarquizada porque los partidos no pueden ya canalizar las aspiraciones de los ciudadanos, unos porque, siendo los partidos dinásticos, están comprometidos con la situación que se impugna y los otros porque tienen perfiles ideológicos restrictivos, casi sectarios, que no invitan a seguirlos. El poder reacciona con desmesurada violencia frente a este movimiento pacífico de desobediencia civil y, en su necia locura no se da cuenta de que está alimentándolo. Las instituciones que habían de servir de contrapeso son cómplices del atropello y, aunque ya sea claro que el movimiento es imparable, lo es por el sacrificio de la gente, dispuesta a padecer la violencia del poder, indefensa.
Pero no debiera ser así. Debiéramos encontrar mecanismos de defensa de la protesta tanto colectiva como individualizadamente, que pudieran enfrentarse al poder desde una posición de altura moral y con la legalidad en la mano, para  pararlo, reducirlo y proteger el movimiento.
Por ello propongo celebrar una conferencia de organizaciones de la izquierda, de toda la izquierda, incluido el PSOE, para consensuar la constitución de un Tribunal Cívico, compuesto por media docena de personas de indudable integridad moral y altura intelectual que conozca los casos de conculcación de los derechos de los ciudadanos a manos de las autoridades. La cuestión sería ponerse de acuerdo en los nombres, cosa que no debiera ser difícil por consenso y serviría como un primer paso claro y práctico en pro de la unidad de la izquierda. Pienso en nombres como los de José Luis Sampedro o Federico Mayor Zaragoza, gente que dé la talla y goce de merecido reconocimiento.
La función del Tribunal Cívico será dictaminar sobre los casos que investigue, los abusos, las arbitrariedades, poniéndolos en conocimiento de los medios y también de los tribunales de justicia nacionales e internacionales. El Tribunal Cívico debe disponer  de un cuerpo o gabinete de letrados que recurra permanente y sistemáticamente a los órganos judiciales en defensa de los derechos de los ciudadanos para oponerse individual y colectivamente a las decisiones de un poder que no quiere límites. 
Dado que la Defensora del Pueblo defiende al gobierno que ataca al pueblo, que el Parlamento se limita a convalidar las políticas antipopulares del gobierno y que los tribunales de justicia no son operativos en el control de las desmesuras gubernativas, poner en pie un organismo de este tipo es un gran paso en la actividad de proteger un movimiento popular, espontáneo, de crítica y regeneración del sistema político y en defensa de un orden más humano y justo aquí y ahora, no en un hipotético futuro.
(Las imágenes son dos fotos encontradas en Twitter que recogen momentos de la represión policial del 25S. No he visto que tuvieran derechos reservados y he asumido que están en creative commons. De no ser así, un simple aviso en el contacto de Palinuro bastará para retirarlas).

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La verdad y la mentira.

Mentir no es nunca un acierto, sobre todo cuando la verdad es pública y notoria, al alcance de todos en nuestra sociedad videograbada. La manifestación de ayer no es un fenómeno aislado ni se reduce a una protesta contra el gobierno del PP puesto que enlaza con un movimiento social permanente de hace más de un año, cuando el gobierno era del PSOE. No es un problema de orden público, como quiere hacer ver el gobierno y su singular delegada en Madrid sino un problema politico de gran envergadura que refleja un descontento, una irritación muy extendida en la sociedad, de la que todo el mundo tiene conocimiento.
No sirve de nada mentir aunque sea con aplomo, como hace la delegada Cifuentes, diciendo que hubo 6.000 asistentes. Las fotos, los vídeos visibles en todas partes muestran muchísimos más. Y la mentira es doble porque, aunque solo hubiéramos sido 6.000, ya seríamos muchos cuenta habida de que ella misma llevaba dos días amenazando y creando un clima de intimidación y miedo, al decir que la convocatoria era ilegal, que estaba trufada de neonazis, que era un golpe de Estado encubierto y que la policía actuaría. Y así lo hizo preventivamente, intimidando y hostigando a los ciudadanos ya dos días antes de la cita, identificándolos arbitrariamente, deteniéndolos y amenazándolos. Dos días antes en que el centro de Madrid estuvo tomado por la policía en una forma de estado de excepción no declarado puesto que se conculcaban los derechos de circulación, reunión y expresión.
Dicen la delegada y sus palmeros que las fuerzas del orden defendían la democracia. Nunca jamás se defenderá la democracia mediante el uso injusto de la violencia. Injusto porque se emplea contra ciudadanos pacíficos y no violentos. Un sistema que reprime por la violencia las manifestaciones pacíficas de los ciudadanos no es una democracia, no es un Estado de derecho.
Y la violencia estuvo presente desde el comienzo del día en la actitud intimidatoria y provocadora de la policía, que hizo ostentación de su aparato represivo, sus furgonetas con las luces destelleando, los cascos, las armas, las escopetas de pelotas, el helicóptero. Se retuvieron autocares en las entradas a Madrid y se cacheó al pasaje, se siguió identificando ciudadanos a voleo por las calles sin razón alguna y, finalmente, se empleó la fuerza bruta, so pretexto de una supuesta agresión de la parte de los manifestantes que se dio, sí, pero a cargo de los propios policías vestidos de paísano e infiltrados en la protesta portando banderas rojas. Están identificados en varios vídeos. La falsa agresión, otra mentira, justificó las cargas, los apaleamientos, las pelotas de goma, las detenciones.
Dos o tres horas después de que la policía desalojara Neptuno, una asamblea de doscientas personas en la Puerta del Sol decidía por unanimidad que hoy a las siete de la tarde volvemos al Congreso. El movimiento social sigue porque no es un problema de orden público sino de una convicción generalizada de la carencia radical de legitimidad de un gobierno que ganó las elecciones con un programa y luego aplicó el contrario. ¿Para qué sirven entonces las elecciones? ¿Para otorgar el poder político a quien no se siente vinculado por su palabra? Y ¿qué tipo de democracia es esta?
Es ya la última mentira de la saga de embustes con que la derecha ha jalonado sus gobiernos, la guinda de las dos anteriores, la de que en Irak había armas de destrucción masiva y la de que el atentado del 11M fue obra de ETA. Son mentiras que se propagan en la sociedad a través de los medios de comunicación de la derecha, que son muchos y se defienden en los medios públicos, convertidos en oficinas de propaganda del gobierno mientras se acalla la voz de la oposición.
Frente a este universo de la mentira la verdad se alza incólume pero su fuerza depende de su capacidad para imponerse al discurso político del sistema institucional y mediático dominantes. Es decir, es escasa. Necesita el apoyo de un movimiento cuya crítica política tiene una vertiente ética. Y si un movimiento que tiene una vertiente ética tan clara es un problema de orden público la dificultad está en la socidad.
Nota bene.- Como el poder, cuando es injusto, ilegítimo y tiránico, no puede si no mentir, ahí va el útimo embuste de esta gente, recogida en las últimas "informaciones", facilitadas por sus medios de intoxicación: ¡27 policías heridos en la protesta! Esto es, como decía Franco, "menos viajar y más leer el Informaciones" o La Razón, el ABC o El Mundo, que son lo mismo, o peores. Por no hablar de sus cadenas de radio y televisión, incluidas las públicas.

martes, 25 de septiembre de 2012

El estado de excepción no declarado de la delegada Cifuentes.

Aviso.- Esta entrada la escribí hoy sobre las 16:00, antes de ir a la concentración en torno al Congreso. A la vuelta, no veo razón alguna para cambiar una sola coma. Al contrario, tendría que añadir algo sobre la actitud chulesca y provocativa de la policía en todo momento, obviamente, ordenada por esa delegada del gobierno de talante fascista.

Hoy, 25 de septiembre, desde primera hora de la mañana y cumpliendo órdenes de la delegación del gobierno de la capital, la policía ha rodeado y acordonado el Congreso de los Diputados, impidiendo el normal desarrollo de sus actividades, causando quebradederos de cabeza a todo el mundo y afectando gravemente la actividad de los comercios de la zona. Responsable: Cristina Cifuentes.
Asimismo, como grupos de incontrolados, los policías merodean por las calles aledañas a la Carrera de San Jerónimo, hostigando a los transeúntes pacíficos, acordonando y cercando a grupos que le parecen sospechosos, actuando con total arbitrariedad, identificando sin causa alguna a los ciudadanos y tratando de amedrentar a la población. Responsable: Cristina Cifuentes.
Igualmente, como si de bandas de asaltacaminos se tratara, hay retenes en las entradas a Madrid deteniendo a su capricho los autocares que les parecen, obligando al pasaje a bajar, registrándolo y cacheándolo sin justificación alguna y levantando atestados por delitos imaginarios, como el hecho de llevar una careta de la V de Vendetta. Responsable: Cristina Cifuentes.
Todo lo anterior es, en realidad, equivalente a un estado de excepción encubierto (Cifuentes sabe mucho de encubrimientos. Ya dijo que el proyecto de rodear el Congreso era un "golpe de Estrado encubierto"), ilegal por no estar declarado y en el que la policía actúa con total discrecionalidad y arbitrariedad reprimiendo a los ciudadanos y conculcando sus derechos. Esto es, se trata de la actuación descarada de un Estado policial y represivo. Responsable: Cristina Cifuentes.
Ignoro en qué medida esta barbarie represiva que huele a fascismo a distancia y puede llegar a provocar alguna desgracia está instigada desde instancias más altas, como el ministro del Interior o el presidente del Gobierno. Lo que está claro es que el rostro visible de esta desmesura represiva en contra de los derechos y libertades de los ciudadanos es el de Cristina Cifuentes, quien ha salido en todos los medios a propagar sus embustes; a saber:
a) que la acción popular es ilegal. Mentira: es legal. Lo único ilegal es lo que hace ella.
b) que es un "golpe de Estado encubierto". Lo único encubierto aquí es el estado de excepción aplicado por la doña pero no declarado.
c) que el movimiento está infiltrado de neonazis. Los únicos neonazis que puede haber son los agentes provocadores que ella misma haya enviado.
d) que el movimiento trata de conseguir una "involución" cuando la única involución es la que han impuesto Cifuentes y sus amigos.
Lo que corresponde es dar la condigna respuesta al régimen de amedrentamiento que esta señora está imponiendo de forma pacífica pero resuelta, rodeando hoy el Congreso.

La historia acelera.


La magia de los nombres... La transición española tiene hoy mala fama. Se empezó considerándola un ejemplo, un modelo que podrían seguir otros países con dictaduras a sus espaldas y se ha terminado por ahora teniéndola por un fracaso cuando no una traición a las esperanzas de una auténtica democracia. Pero si el objeto anda en demérito, la palabra conoce gran predicamento. La prueba es que, cuando las cosas se complican, alguien habla de hacer una "segunda transición". No debe de haberse realizado porque, de ser así, ya se estaría hablando de la "tercera transición" y no es el caso. Sigue invocándose la segunda. Pero todos quieren transiciones. Los nacionalistas catalanes también y, por eso reclaman en su proyecto de declaración que aprobará seguramente el Parlament el jueves una transició nacional basada en el dret a decidir.

...Y la realidad de las cosas. Merezca el juicio que merezca la transición algo es claro: abrió de golpe las compuertas de la historia a una España que llevaba cuarenta años aherrojada y en estado de tutela. El país se encontró de pronto alternando en un mundo y una Europa que habían evolucionado en aquellos años hacia formas y relaciones que los españoles conocían por los medios pero a las que no habían podido adaptarse. Sus formas sociales, su cultura, sus fuerzas políticas resultaban anticuadas. La izquierda estaba dividida, diezmada, debilitada y tenía mucho miedo. La derecha que, en un primer momento, guardó un prudente silencio, volvió rápidamente a su actitud cerril y ultramontana, demostrando que no había aprendido nada del mundo moderno.

Pero la historia acelera. Gran parte de la transición se ha empleado en encontrar formas de organización que resuelvan el sempiterno problema nacionalista, sin conseguir otra cosa que exacerbarlo, como puede verse en el desafío institucional que se apresta a lanzar la Generalitat. Este, a su vez, se produce en un momento especialmente complicado por dos razones: a) el fin de ETA plantea un previsible recrudecimiento de las tensiones separatistas también en el País Vasco; b) la virulencia de la crisis económica que cada vez toma un aspecto que recuerda más los tiempos de las luchas de clases que la teoría política y social de la postguerra había enterrado junto a las ideologías.

En las condiciones actuales el Estado español no puede recurrir a la violencia para dar respuesta en ninguno de los dos frentes, el nacional o el de clase, por más que está en manos de un partido y un gobierno que tienen una clarísima ideología nacional y clasista. Y no puede porque el contexto de globalización y la inspección permanente que unos Estados ejercen sobre otros no aceptan que los Estados recurran a la idea de soberanía interna para reprimir a sus poblaciones con violación de los derechos humanos. O sea que esos militares que amenazan a los catalanistas con llevarlos a la jurisdicción castrense por alta traición a España no son muy conocedores del terreno que pisan.

Las razones de Mas. Mucha gente en la izquierda y en la derecha sostiene que el repentino frenesí independentista de Mas no es otra cosa que una cortina de humo para desviar la atención pública de sus barrabasadas como gobernante. Es posible, pero esto no exime a los españoles o españolistas de la obligación de responderle en el terreno que él elija porque es quien tiene la iniciativa. La misma idea de convocar un referéndum para consultar a la población si desea decidir es una jugada maestra pues, con el cuento de la consulta (si llega a realizarse) se calienta el nacionalismo de los votantes, se perfila Más como un lider de liberación nacional, en la tradición de Macià y Companys, como el padre de un pueblo y, con el maná del carisma le permitirá postergar las elecciones que podía perder, dado el universal enfado con los recortes.

Las razones de los demás. Están todas ya expuestas, debatidas, discutidas, refutadas, como lo están las del nacionalismo y no queda esperanza razonable de que una parte vaya a traer a la otra a su campo, a convencerla. Los nacionalismos son excluyentes, qué vamos a hacerle. Precisamente para salir de este marasmo, el PSOE acude al baúl de los malos recuerdos y las frustraciones históricas y rescata el polvoriento federalismo en el que, en el fondo, nadie cree. Aun así se asusta tanto al hacerlo que se apresura a darle largas: federalismo, sí, pero ad calendas graecas.

Europa/España. Los españoles, abrumados por nuestras desgracias, tendemos a pensar que estas son típicamente nuestras y desconocidas en otras latitudes. Así es en ciertos casos, pero no siempre. Por ejemplo, los conflictos terroriales son asuntos típicamente europeos. En comparación con otros continentes, cuyas formas políticas se mantienen a lo largo de los siglos (América, Asia), Europa es un crisol de cambios en perpetua efervescencia; aparecen y desaparecen Estados, principados, reinos, imperios, repúblicas, hay guerras, revoluciones, unos territorios se juntan y otros se separan y las fronteras son mudables. Siendo así en Europa, ¿por qué no va a serlo en España, parte de Europa? Desde la caída del comunismo han surgido muchos estados nuevos,los Bálticos, Ucrania, Belarús, etc, otros han desaparecido, como Yugoslavia y otros se han escindido, como Checoslovaquia. ¿Que son la Europa eslava? En la Europa occidental hay hoy cuatro focos de conflicto territorial, de los que cabe esperar cualquier cosa: Irlanda del Norte, Escocia, Bélgica y España. ¿Por qué unos sí y otros no?

lunes, 24 de septiembre de 2012

Democracia, derechos, tiranía, fascismo.

La iniciativa de rodear el Congreso de los Diputados viene fraguándose hace un par de meses. Ha ido cambiando de nombre prudentemente para no dar pie a los aparatos de represión a yugular el movimiento antes de ponerse en marcha. Y ha hecho bien porque la maquinaria represiva a las órdenes de la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, no desdeña ocasión alguna de perseguir a la gente, amenazarla, hostigarla, intimidarla y detenerla con el fin obvio de sembrar el miedo y conseguir que los ciudadanos no protesten en contra de un gobierno que los esquilma, los expolia y, encima, los detiene.
Con el paso de las asambleas en la Puerta del Sol y otros lugares a la Carrera de San Jerónimo, el movimiento 15M ha conseguido un avance espectacular en la articulación de su lucha por un sistema democrático y justo en lugar de esta pantomima injusta. Ha sido un salto cualitativo y demuestra que la indignación ciudadana por esta estafa generalizada de la casta política con el pretexto de la crisis está tan viva como siempre y, poco a poco va encontrando sus formas propias de acción. Para el movimiento indignado, que es la forma más genuina, espontánea y viva que ha tomado la protesta social contra el atropello capitalista, esta acción es de una gran importancia y por eso la está preparando meticulosamente, manteniéndola dentro de una legalidad escrupulosa e insistiendo en su actitud pacífica, radicalmente no violenta, de estricta desobediencia civil.
Pero igual que los demócratas y los resistentes inician mañana una jornada decisiva en su destino, las fuerzas represoras de la derecha neofranquista y nacionalcatólica que se alzaron con el triunfo electoral hace diez meses mediante una sarta de mentiras, tratan de hacerla fracasar. Para ello se emplea a fondo la citada Cifuentes, un caso patente de actitud autoritaria, protofascista, que fía su éxito en las maniobras de intoxicación, mentiras, amenazas, calumnias y todo tipo de juego sucio más propio de la delincuencia que de las fuerzas del orden.
En lugar de encontrar a su marido, prófugo de la justicia por una presunta estafa, cómo no, la señora Cifuentes dedica las fuerzas de policia a sus órdenes a hostigar e intimidar por calles y jardines a los ciudadanos pacíficos, procediendo a identificaciones abusivas e inmotivadas y amenazando a los identificados con posteriores represalias si se les vuelve a ver en una manifestación. Entre estos métodos y los de los gángsteres de Chicago no hay gran diferencia.
Igualmente se procede a detenciones preventivas, probablemente basadas en unas listas ilegales de ciudadanos "peligrosos" que Cifuentes ha hecho compilar sin mandato judicial y por las cuales, si esto fuera una democracia, la citada señora debiera estar respondiendo ante los tribunales. Pero no solamente no es así sino que, en una muestra patente de justicia política, un juez de la Audiencia Nacional, la heredera del Tribunal de Orden Público franquista, se ha prestado a abrir diligencias contra varias personas detenidas por los policías cifuentescos, a las que acusa -se ignora con qué fundamento- de intentar atentar contra los altos organismos del Estado o algún otro cuento similar. Esta actividad indigna da a su vez cobertura para que los policías de Cifuentes sigan sembrando el miedo por las calles justificando sus identificaciones intimidatorias en que hay un procedimiento abierto en la Audiencia. Procedimiento que se abrió a petición de la policía. Es el círculo vicioso de la tiranía.
Pero no le basta con la represión física, directa, violenta, con las cargas, los palos, los gases, los tiros: todo eso lo tiene ya preparado y previsto Cifuentes y está deseando tener una excusa para desatarla. Por eso, quienes vayamos mañana al Congreso debemos mantener la calma a toda costa, no responder a las provocaciones de los agentes cristinos y filmar y grabar todas las actuaciones de la policía. Insisto: no le basta. Por eso, ademàs de los aparatos represivos con que cuenta, Cifuentes ha echado mano de la propaganda, la mentira, el engaño, la difamación. Aparte de la condigna ración de todo esto que cabe a los plumillas que tiene a sueldo en periódicos, revistas, radios y televisiones, dedicados a mentir las veinticuatro horas del día, demostrando su maestría en las tareas de propaganda, la propia Cifuentes ha añadido un buen puñado de infundios de su Minerva particular: que si rodear el congreso es ilegal y se impedirá por la fuerza; que si coaccionar a los diputados es un delito y actuará la policía; que si la manifestación de mañana es un "golpe de Estado encubierto" y se tomarán medidas. La técnica es siempre la misma: una mentira y una amenaza, a ver si consigue descabezar el movimiento porque, de ese modo, probablemente sus jefes la recompensarán con alguna bicoca. A lo mejor le prometen que, si entrega a su marido el prófugo, lo indultan. Y eso cuando no le da por rememorar su formación política de juventud e insinúa, por si cuela, que entre los convocantes del acto de mañana hay neonazis y gente de extrema derecha. Debiera reconocerlos mejor ya que los trata y les autoriza manifestaciones con ánimo de reventar las de izquierda; pero eso es igual porque lo que pretende es encizañar y boicotear los actos legales por ella misma permitidos porque no le ha quedado más remedio.
La derecha nacionalcatólica y neofranquista tiene miedo y, por eso, el flanco más reaccionario ha acudido en apoyo de Cifuentes. Cospedal, la presidenta de Castilla La Mancha, que cobra dos sueldos públicos indebidamente por unos 20.000 euros al mes, vive en una mansión de lujo custodiada por policías a cargo del erario público, sube los sueldos de sus asesores mientras despide a los trabajadores a miles y bebe agua embotellada a cinco euros la botella, Cospedal, digo, equipara el 25S con el 23F tratando de criminalizarlo. Pero ni yo ni nadie hemos visto, leído o escuchado en ninguna parte condena alguna de Cospedal y los cospedales a la intentona fascista de Tejero y sus compinches. Es más, dada la cercanía ideológica de los golpìstas al credo tradicional de la derecha "sin complejos" que los cospedales representan, más parece que, si lo hubieran condenado quizá habría sido por no triunfar, antes que otra cosa.
Así que ni caso a estas sayonas y mañana acudamos todos a demostrar que somos conscientes de nuestros derechos, vamos a defenderlos y no toleraremos que sigan despojándonos de ellos.
(La imagen es una foto de Popicinio_01, bajo licencia Creative Commons).

Cataluña irredenta.

Al perro flaco todo se le vuelven pulgas y España hace siglos que es perro flaco. Ahora, además de la crisis descomunal, se enfrenta por enésima vez a un problema territorial recrudecido que lleva cien años tratando de resolver sin conseguirlo. Ya pueden aplicarse las más variadas fórmulas, del centralismo franquista a la extrema descentralización autonómica; ya puede el nacionalismo español bramar que en España solo hay una nación, siendo los demás cosas menores, y consagrarlo en la Constitucion. La tozuda realidad se empeña en probar lo contrario una y otra vez. En España hay varias naciones (entendidas como un sentimiento compartido por una cantidad de gente políticamente relevante) y algunas de ellas quieren independizarse y dotarse de un Estado propio. Y esa es una realidad que no cabe ignorar ni descalificar despectivamente como una algarabía.
Aunque parezca paradójico, la existencia de ETA obstaculizaba la marcha del nacionalismo vasco (así como el catalán y el gallego) hacia la independencia. La desaparición de la banda ha dado paso a un fortalecimiento del nacionalismo independentista mucho más difícil de combatir para el nacionalismo español por formularse en términos estrictamente pacíficos, legales, políticos.
Si el Parlamento de Cataluña adopta la decisión que anuncia fracturará la sociedad catalana en dos porciones, una catalanista, presumiblemente mayoritaria y otra españolista, compuesta por el PSC y el PP. Y aun el PSC tiene una buena porción catalanista y no es socio españolista al 100%. Es una situación parecida a la del País Vasco en donde las elecciones próximas del 21 de octubre, las primeras normales, sin la amenaza de ETA, darán una visión realista de las respectivas fuerzas vasquistas y españolistas. Con la diferencia de que el PSE parece más españolista que el PSC.
Pero, al margen de la fractura de la sociedad, la decisión del Parlament tiene una importancia táctica que no es posible ignorar. Si, como cabe cuponer, el legislativo catalán proclama su derecho a decidir o el derecho a decidir del pueblo catalán será imposible impedir que las elecciones autonómicas, de adelantarse, se conviertan en un plebiscito sobre la autodeterminación. Porque derecho a decidir es, simplemente, autodeterminación.
Hay un problema serio -el sempiterno problema español- que se agravará con el presumible resultado de las autonómicas vascas de mayoría vasquista. Y es inútil seguir ignorándolo o negándolo.
Pero no está claro que estemos en disposición de ánimo de examinarlo con discernimiento y tratar de resolverlo de modo civilizado. Por mucho que los españoles presuman de no ser nacionalistas (cuando se enfrentan a los nacionalistas llamados "periféricos"), en cuanto creen en peligro la sacrosanta nación española, lo ven todo rojo. Ahí están para demostrarlo José Bono, quien prefiere morir a ver "España rota"; José María Aznar, más bravo, que afirma que "nadie va a romper España"; y un Teniente General cuyo nombre he olvidado, quien augura indirectamente la intervención militar en el Principado.
Son las reacciones temperamentales, viscerales, de la derecha cuando barrunta que le tocan la Patria. Puede que haya algo de verdad en eso que dicen algunos de que la guerra civil no se dio a causa del riesgo de la España roja sino de la España rota.
No obstante, la izquierda no adopta una actitud más distanciada, aunque sí se las ingenia para no parecer tan españolista, violenta y opresora. Los socialistas, que han enterrado definitivamente su consigna de autodeterminación y no la reconocen ya como derecho, son sensibles a las tensiones territoriales del país y las tendencias secesionistas y se muestran dispuestos a encontrar fórmulas que resuelvan la situación de común acuerdo. Así, José Griñán trae una propuesta federalista bajo el brazo. Tengo la impresión de que la fórmula, a la que también se suma con entusiasmo Felipe González, no es adecuada y, además, llega tarde. Son los propios nacionalistas quienes no quieren la federación porque supone una situación de igualdad entre estados federados que excluye toda relación bilateral o aeque principaliter, como pretende el nacionalismo catalán. Por otro lado, la misma realidad española, con la existencia de los fueros vasco-navarros, hace imposible esa igualdad federal. La federación resulta por tanto inviable al no poder admitir el cupo catalán y no poder suprimir el vasco-navarro.
La izquierda radical española en casi todos sus avatares tampoco es favorable al derecho a decidir de los demás. Ciertamente se reafirma en el principio de autodeterminación pero está firmemente convencida de que no será necesario recurrir a él una vez que los pueblos de España, incluso los ibéricos, liberados del capitalismo (es de suponer) formen una unión fraternal, libre e igual. En el ínterin esta izquierda nos avisa de no caer en las trampas de las querellas nacionalistas con las cuales las derechas, la central y las periféricas, tratan de desviar la atención de sus agresivas políticas de clase. El nacionalismo, según este punto de vista, no es una algarabía, es un opio.
Es difícil debatir fríamente en estas condiciones. Las posiciones maximalistas no lo permiten. Lo que no se mueve en el exabrupto, se mueve en el desconcierto o el engaño. Por si acaso, lo más sensato que podrían hacer los españoles demócratas sería preparar y aplicar a la mayor brevedad una reforma de la Constitución que afectara al Senado. Nada de reformar el actual. Lo procedente es abolirlo e instaurar en su lugar un Consejo Autonómico copiado literalmente del Bundesrat alemán, una cámara no electiva sino delegada de las Comunidades Autonomas con competencia para vetar la legislación del Congreso que afecte a cuestiones autonómicas. 
Si esta reforma reconduce las relaciones de las Comunidades más secesionistas a la empresa común tendremos un momento de respiro. Si no, habrá que estar preparados para reconocer el derecho de autodeterminación de una u otra forma.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La batalla está en la izquierda.

Corren malos tiempos para la izquierda en el mundo entero. Prácticamente no quedan referentes territoriales. La China ha conseguido salirse de todos los esquemas interpretativos de forma que casi nadie en la izquierda se identifica con ella como hacían antaño los partidos comunistas con la Unión Soviética. De ella puede decirse, como de la Rusia soviética hacía Churchill, que es "un secreto dentro de un misterio dentro de un enigma". Lo que se diga de la China vale para el Vietnam. Corea del Norte es casi tan innacesible y remota como Shangri-la. Solo queda la isla de Cuba, en una actitud numantina que ha encontrado alivio en la alianza con Venezuela y ha suscitado también cierto resurgimiento de la izquierda latinoamericana en el Ecuador, Nicaragua y Bolivia.
No obstante todo ello es muy poco para compensar por la pérdida de posiciones de la izquierda y la hegemonía ideológica de la derecha neoliberal que, en los últimos 30 años se ha enseñoreado del mundo. La misma crisis estructural del sistema sin duda ha reanimado la izquierda pero en mucha menor medida de lo que ella misma había previsto. De ahí que se eche a la calle en busca de los apoyos sociales que no le vienen espontáneamente.
El Partido Comunista de España está celebrando su fiesta anual en un ambiente de prudente euforia por la radicalización social que la crisis está produciendo y el discurso de unidad de la izquierda. En cuanto a radicalización, se oye a algún dirigente del PCE recordar la "gloriosa" historia del partido. Ninguna historia es "gloriosa" y la del PCE no es excepción. Esa reivindicación de la propia historia deja fuera el estalinismo que ocupa una buena porción del relato, durante y después de Stalin ella y si alguien lo encuentra "glorioso", pues, en fin.... No merece la pena seguir.
En cuanto a la unidad, solo parece lograrse mediante una reducción al absurdo. En los últimos días se han constituido dos nuevas fuerzas políticas de izquierda archiminoritarias, el Foro Cívico, de Anguita e Izquierda Abierta, de Llamazares. La declaración constitutiva de ambas señala que su función es conseguir la unidad de la izquierda. Cuanto más fraccionaria es la formación, más dice luchar por la unidad y más se evidencia su carácter de formación política estrictamente personalista. Porque el personalismo es uno de los vicios de la izquierda, quizá el peor que, en momentos de delirio, se configura como culto a la personalidad. Y ha de ser mucho delirio porque hay personalidades y personalidades,
En lo único en que esta izquierda fragmentada suele ponerse de acuerdo es en negar la condición de izquierda al socialismo democrático, la socialdemocracia, el PSOE. La acusación es que se ha convertido en un partido del propio sistema capitalista que en nada se distingue de la derecha neoliberal. Por supuesto, el punto de vista del PSOE es distinto pues se considera a sí mismo como izquierda democrática y relega a la otra izquierda al ámbito revolucionario y, en todo caso, no democrático. En lo referente al PCE es relativamente sencillo pues basta con señalar su pasado estalinista y sostener que queda bastante de él.
El bloqueo de la situación tiene difícil salida dado que el socialismo democrático es el que reúne la mayor cantidad del voto de izquierda en los países occidentales y en algunos casos el único que lo reúne pues la otra izquierda es parlamentariamente inexistente. La aceptación de las pautas democráticas implica la necesidad de obtener el respaldo mayoritario para la acción política. Y es saber acumulado que las mayorías tienden a ser moderadas y huir del radicalismo. Sustituir a la socialdemocracia, captar el voto que va a ella sin moderar el radicalismo de las posiciones propias es la particular cuadratura del círculo de la izquierda radical que ya empieza a tener problemas al definir qué entienda por "radical". Por ejemplo, Izquierda Abierta sostiene en su manifiesto fundacional ser partidaria del control democrático de la economía. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que esta fórmula vagarosa es lo que queda de lo que otrora fue la planificación centralizada de la economías.
La izquiera radical vive ahora un momento de dos ilusiones en una confusa relación causal: se ve a punto de aumentar sensiblemente su representación parlamentaria por la radicalización del voto que la crisis ha provocado y también se considera en el buen camino hacia la unidad de la diversidad sin que se sepa si es la unidad la que atraerá la mayoría o la mayoría la que impondrá la unidad. Es la doble ilusión que se simboliza bajo el nombre de syriza. Una izquierda mayoritaria no socialdemócrata y no comunista. Suena bastante inverosímil, pero es una idea. Y, mientras tanto, el capitalismo lo gobierna una derecha sin problemas de identidad.
(La imagen es una foto de machacon, bajo licencia Creative Commons).

sábado, 22 de septiembre de 2012

Esa algarabía catalana.

"Algarabía" era el término que Rajoy utilizaba en la reciente entrevista de la RTVE1 para referirse a las propuestas de pacto fiscal de Mas y la Diada de este año. Por "algarabía" entendían los claros varones de Castilla, el habla de los árabes, para ellos incomprensible. Solo faltaba a los catalanes que, además de llamarlos polacos, en la corte se empezara a llamarlos árabes o moros, términos que mueven la peor xenofobia, también en Cataluña. Por cierto, la cuarta acepción de "algarabía" en el DRAE es manera de hablar atropelladamente y pronunciando mal las palabras, que también puede predicarse de Rajoy, el confuso algárabe.
En la entrada Sempiterna España se decía a modo de conclusión: "El secesionismo se ha extendido mucho en Cataluña y todos saben que el único modo de traerlo de nuevo al estatu quo es haciéndole concesiones precisamente en la dirección que alimentará la ruptura del estatu quo" que es exactamente lo que está pasando.
Después de la visita de Mas a La Moncloa, el catalán retornó al Principado y se dejó recibir a ritmo de salvador de la patria catalana, de Simón Bolívar de los països catalans y daba a entender que iniciaba el camino de la independencia, aunque de modo ambiguo y esquinado. Pedía órganos estatales para Cataluña y, de paso, añadía un elemento payés a la confusión general reinante dado que la Generalitat, precisamente, es el Estado o, si se quiere, el máximo órgano del Estado en Cataluña.
Rajoy, a su vez, responde que Mas no le dijo nada de independencia ni Estado (se supone que catalán). Solo habló de pacto fiscal y Rajoy dice haberle dicho que lo pase por el Parlamento y que Rubalcaba piensa lo mismo que él en este asunto. Ciertamente, los dos saben que el Parlamento es una máquina de triturar pactos. Todavía hay restos del de Ibarretxe por los pasillos.
Toda esta parafernalia independentista se da a unos meses vista de la obligada negociación de la fórmula de financiación de las Comunidades para los próximos cinco años. Al presentarse esgrimiendo el pacto fiscal (o sea, el concierto económico a lo vasco/navarro) los catalanes traen un órdago. Rajoy, según propia declaración, aspira a desactivar el órdago haciendo mayores concesiones de todo tipo a Cataluña que no se lleva su Pacto Fiscal pero sí un buen pellizco más del conjunto de las rentas de España. Mucho menos de lo que le corresponde a tenor de lo que produce a juicio de los nacionalistas independentistas pero lo suficiente para que los nacionalistas más moderados puedan darse por satisfechos de momento.
De momento.
En su funcionamiento hasta la fecha, el Estado autonómico ha mostrado ser una fórmula inestable que no reduce las fuerzas nacionalistas centrífugas sino que, al contrario, las intensifica. Por eso se plantea y replantea una y otra vez hasta el hartazgo. Ahora mismo hay una corriente del nacionalismo español (ese que dice que no es nacionalista) que propone recentralizar el Estado y revisar las competencias de las CCAA; otra, en cambio, apunta a la necesidad de declarar España como un Estado federal.
Entre tanto los nacionalistas catalanes tienen la iniciativa con la posibilidad de adelantar las elecciones. Si lo hacen, el resultado medirá la fuerza de Cataluña en la negociación sobre financiación con el resto de España. La algarabía catalana se instala en el centro.
(La imagen es una foto de Convergència Democràtica de Catalunya, bajo licencia Creative Commons).

viernes, 21 de septiembre de 2012

¿Qué pasa en el PSOE?

El PSOE ha hecho una encuesta interna acerca de asuntos de importancia vital tanto para él en cuanto partido como para el sistema político español, del que es pieza esencial. Los resultados pueden verse aquí y resultan muy ilustrativos. Para empezar, Palinuro subraya que las conclusiones que cabe extraer del estudio es lo que él lleva diciendo hace meses, cosa fácil de comprobar yendo al buscador del blog y poniendo PSOE. Ahí podrá verse cómo los socialistas llevan diez meses casi en estado de trance, después del batacazo que se dieron en las elecciones de 20N. ¿Se merecía el PSOE un resultado tan malo? Probablemente no, sino que la derrota fue un varapalo en el que estos pagaron por los errores propios y por los del todo mundo. Pero el caso es que fue como fue y, en diez meses de oposición ya debiera haber dejado atrás la amargura de la derrota y perfilado un oposición eficaz, sobre todo teniendo en cuenta que si su último gobierno fue equivocado y  malo, el que puso en marcha el PP es muchísimo peor; si el suyo tomó alguna medida impopular, el del PP ataca directamente al conjunto de la sociedad y solo favorece a los ricos y los curas.
Desde las elecciones, el PSOE está enfrentado a un gobierno que no ha hecho más que mentir, insistir en las mentiras, negar los derechos de la gente y empobrecerla con medidas erróneas y justificadas con tal estulticia por cada uno de los ministros que cabe dudar seriamente si sumando todos los que componen el consejo de ministros sale un inteligencia media, aunque sea moderada En teoría la oposición a este desastre debería ser sencilla. Sin embargo, aunque los sondeos (los privados y los del CIS) coinciden en señalar una caída en picado del Gobierno del que muy pocos se fían y del prestigio y popularidad de sus miembros, todos ellos bajo mínimos y muy justificadamente, las fortunas del PSOE no son mejores. Mes tras mes cabe ver cómo se hunden la expectativas electorales del PP pero también cómo las del PSOE no mejoran sino que, al contrario, si acaso descienden. Cabe ver igualmente cómo si los españoles desconfían mayoritariamente de Rajoy aun lo hacen más de Rubalcaba. 
Sin embargo, la dirección del PSOE no parece preocupada por esta situación y, al contrario, da la impresión de creer que el juicio popular está errado o, en todo caso, es impaciente; que bastará con esperar para ver cómo la actitud del partido, aunque ahora no se comprenda, dará sus frutos. Tal fue el discurso de Rubalcaba en su entrevista en la TVE1: comprende las críticas a su actitud pero está convencido de que su oposición responsable es la más adecuada y que llegará un momento en que se vea y se le haga justicia.
Es posible pero, de momento, lo que la encuesta interna del PSOE muestra es todo lo contrario. Y esta encuesta no es entre la gente de la calle, sino que refleja la opinión de la militancia. Y los resultados son patentes: la mayoría cree que la oposición que hace el PSOE y Rubalcaba en concreto, es mala o muy mala, como malos o muy malos juzga los demás aspectos de la política del PSOE, desde la democracia interna hasta la composición de los órganos del partido. Es decir, las bases del PSOE, al igual que la gente de la calle, creen que el PSOE está metiendo la pata, que su dirección está equivocada y que Rubalcaba no solamente no está haciéndolo bien como secretario general del PSOE sino tampoco como posible candidato a la presidencia del gobierno. Los militantes prefieren a Eduardo Madina, a Carme Chacón, a Tomás Gómez, prácticamente a cualquiera antes que a Rubalcaba. Cuestion digna de reflexión. 
¿Cómo es esto posible? En opinión de Palinuro porque Rubalcaba y la actual dirección padecen un defecto de visión muy conocido. Al ser continuidad del gobierno anterior, porque algunos de ellas fueron ministros o altos cargos (y otros, como el mismo Rubalcaba de muchos otros gobiernos anteriores al anterior) tienen vicios de funcionamiento, rutinas e inercias de las que no pueden librarse. Aplican las fórmulas que les resultaron en el pasado solo para comprobar que ahora no funcionan y no entender por qué, con lo cual cada vez son más pintorescos en sus actuaciones. 
La "oposición responsable" de Rubalcaba es un conjunto de actitudes como la prudencia, la ponderación, la moderación, el sentido del pacto, los acuerdos de Estado, el respeto al adversario, etc, que le dio muy buen juego al PSOE en las elecciones de 2004 porque permitió que la gente eligiera entre ese talante educado, moderado, pactista, con sentido de Estado y respetuoso con los adversarios de Zapatero y la bronca permanente de unos gobernantes agresivos, embusteros, insultantes, fracasados, intolerantes y que habían metido al país en una guerra abyecta y criminal.
Pero hoy la situación es muy otra. No porque los gobernantes de hoy no sean igual de agresivos, embusteros, intolerantes y ultrarreaccionarios que los otros. Lo son y más, hasta llegar materialmente a la estafa. Pero lo que hoy importa no es eso sino la crisis que ha caído sobre el país como una plaga bíblica, azota al conjunto de la población y este tiene bastante con ver cómo sobrevive en vez de ocuparse de lo que dicen y hacen los gobernantes. Da por descontada la inercia y el disparate de un gobierno nacionalcatólico, más preocupado por los preservativos que por el PIB y agradecerá que se le diga que hay un plan alternativo para salir de la crisis en socialdemócrata, es decir, por la izquierda. De eso de proponer soluciones, ideas, planes es de lo que ha de ocuparse el psoe y no de si el personal observa la diferencia que hay entre los jayanes y meapilas del gobierno y los eficaces gestores de la izquierda.. 
Carece de sentido reproducir el estilo de oposicion de 2000 a 2004 en las condiciones actuales. Sin embargo, es lo que Rubalcaba hace: dar una respuesta inercial, rutinaria, equivocada a una situación que no parece entender. Eso es lo que detecta la gente de la calle en las encuestas, lo que viene diciendo Palinuro hace meses y lo que, por fin, le ha dicho la militancia a la dirección. Sana decisión de la militancia que es de esperar tenga respuesta.
No corresponde a Palinuro decir a nadie lo que tenga que hacer pero está claro que la dirección del PSOE tiene que dar respuesta al contundente mesaje de su propia militancia. En concreto, despertar y actuar de forma tal que los españoles puedan confiar en una alternativa socialdemócrata real (que no se improvisa) que los libere de la desgracia que padecen en 2016.

Sempiterna España.

Ya hemos conseguido meternos en otro lío de identidades, conllevancias, separatismos, agravios, centralismos. Ya estamos de nuevo discutiendo sobre la Constitución, los estatutos, la planta territorial del Estado, el federalismo y los reinos de taifas. Ya están las naciones del solar patrio a gritos a la salida de misa sobre si son una sola o varias y si la una reprime a las demás (empezando por no reconocerlas y terminando por querer aniquilarlas) o las demás tienen perpetuamente chantajeada a la una con la amenaza permanente de la secesión, que les produce magníficos dividendos.
La Constitución de 1978, incluye diversos asuntejos, como la monarquía, los derechos y libertades, el sistema electoral, etc, pero su razón de ser última es la organización territorial del Estado en Comunidades Autónomas, el célebre y celebrado título VIII y su capítulo III. Las CCAA, un hallazgo semántico para evitar el término "naciones" y el de "regiones", han funcionado en teoría en los últimos 34 años, a trancas y barrancas, y con sobresaltos permanentes. Pero presentan notables carencias y disfunciones. La más notoria la perfecta inadecuación del Senado a la que debiera ser una cámara territorial. Y sobre todo, con un cuestionamiento sistemático de horizonte independentista en el País Vasco y Cataluña.
La derecha se parapeta en la Constitución, aunque algunos diputados de Alianza Popular (la matriz del actual PP) votaron en contra de ella y otros se abstuvieron. Hoy, en cambio, toca defenderla a modo de tope o límite. Por eso Rajoy dice que "no" a todo lo que, a su entender, no cabe en la Constitución, especialmente ahora el pacto fiscal que Mas traía en el cabás. Ha sido un episodio Ibarretxe II acelerado. De vuelta a la Marca Cataláunica, recibido con aplausos por los seguidores de la Asamblea Nacional de Cataluña, Mas adquiere rasgos de Moisés y medita si llevar a su pueblo a la tierra prometida, liberándolo de la tiranía del faraón español.
Para no faltar en nada al cuadro histórico redivivo, ha tomado la palabra un espadón advirtiendo de que la independencia de Cataluña es imposible, por las buenas o por las malas.
Los militares tienen encomendada la defensa de la integridad de España por el artículo 8 que consideran sagrado, pero están obligados a matizar ese culto sacrosanto recordando que es el gobierno el que determina la política civil y militar y la defensa del Estado (art 97). Según prevalezca una u otra querencia, tendremos un ejército mas o menos intervencionista. Pero tenemos un ejército intervencionista.
En estas condiciones, se exacerba el nacionalismo catalán. Después del revolcón de la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto han venido los tiempos duros de la crisis que han agudizado la conciencia catalana de expolio y trato injusto. La Diada de este año ha puesto a todo el mundo sobre aviso de que algo gordo está cociéndose en la opinión del Principado y, por aprovechar la fuerza de la ola, los nacionalistas han pisado el acelerador.
La respuesta de "Madrid" (esto es, del gobierno del PP) es "no". La Constitución es el límite. Y, si Mas cae en la tentación de mover algún tipo de consulta de fines territoriales conviene recuerde que el último gobierno de Aznar estaba tramitando una reforma del Código Penal para convertir en delito la convocatoria de referéndums ilegales.
Quienes sostenían que Zapatero rompía España y que con ellos eso no pasaría se encuentran con una crisis secesionista de gravedad y no saben cómo resolverla. Lo que Rajoy tildó de algarabía se convirtió en días en un estruendo tan atronador que no puede ignorarse ya. Cataluña demuestra en la práctica que está en situación de imponer una política de aeque principaliter que la Constitución y su guardián no le toleran.
El secesionismo se ha extendido mucho en Cataluña y todos saben que el único modo de traerlo de nuevo al estatu quo es haciéndole concesiones precisamente en la dirección que alimentará la ruptura del estatu quo. 

He resaltado en rojo la noticia sobre el nuevo caso de presunta corrupción municipal en Galicia a cargo esta vez de un alcalde socialista. Ahora se verá si es cierta esa afirmación de que la corrupción enoja más contra su propio partido a la izquierda que a la derecha. Lo comprobará el PSG en sus costillas. La corrupción, por lo demás, es el cáncer de la democracia.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El discurso mirífico de Anguita.

Orwell se quedó cortísimo. La neohabla de "la paz es la guerra" o "la verdad es la mentira" se ha generalizado después de 1984. Véase la manifiesta intención de Anguita de conseguir la unión de la mayoría de los ciudadanos , para evidenciar lo cual ha creado una nueva organización, el Frente Cívico. Por supuesto, decir que se busca la unión aumentando para ello la desunión y el fraccionamiento es pura neolengua.
- En absoluto, caballero- responde Anguita- nuestro Frente Cívico es ya una mayoría, lo que sucede es que aparece desunida y, precisamente como punto de unión, como puente, proponemos nuestro Frente Cívico. De esa manera se recoge la mayoría que existe pero no está homogeneizada.
Homogeneizada. Que cada cual diga a qué le suena esta palabra. Lo diré yo: mayoría homogeneizada. Los pelos como escarpias, ¿verdad? Tomándolo por el lado benévolo, esa mayoría querrá ser la alternativa a la mayoría silenciosa o la muchedumbre solitaria. Querrá ser lo que quiera ser pero mayoría homogeneizada suena tan mal que es preferible no ser mayoría.
Sabedor de este inconveniente, Anguita fortalece sus cimientos y la mayoría se convierte en inmensa mayoría. Si lo entiendo bien, su Foro Cívico aspira a aglutinar a la inmensa mayoría de la sociedad. ¿Hay aquí una reminiscencia de algún movimiento nacional o es una suposición maliciosa?
Desde luego, hablar en nombre de la inmensa mayoría es hacerlo con gran autoridad moral. No veo que sea necesario recurrir a la fuerza. Sin embargo, el leninismo siempre latente en Anguita le hace decir que quiere entrar imponiendo la fuerza" política al resto de formaciones. "Y no le extrañe, caballerete", sigue diciendo la sombra de Ulianov mientras se pierde en la oscuridad, "al fin y al cabo,la política es relación de fuerzas". Siempre que se menciona el concepto básico de la Realpolitik, esto es, la fuerza, el poder, la violencia (que todo es uno), lo que se está diciendo es que esa fuerza política se impondrá por la fuerza, no por el voto. En ningún momento dice Anguita que su Foro Cívico vaya a presentarse a elecciones pero, desde luego, una vez se haya impuesto esa inmensa mayoría homogeneizada, el movimiento ciudadano elaborará un programa (Anguita y el programa es una vieja simbiosis) que deje a un lado las ideologías.
Primero te homogeneizan, después te ahorman en una "inmensa mayoría" y luego te piden que dejes a un lado la ideología. No sé si queda alguien en la sala pero vamos a peor.
Verdad es que Anguita se apresura a sustituir la fementida ideología por el desarrollo de un proyecto basado en la Declaración de los Derechos Humanos y documentos como la Carta Social Europea o la Carta de los Derechos Laborales. Asuntos dignos y nobles, sin duda alguna, pero ¿puede explicar Anguita por qué sea necesario hacer a un lado la ideología para ocuparse de ellos con la dignidad y la nobleza que requieren?
Aclara Anguita que el fin último de este empeño así concebido, del 'Somos Mayoría' sería la justicia social, la democracia, la ética y la cultura, objetivos que solo los cantos rodados del lecho de los ríos dejarán de suscribir. Para conseguirlos, el excoordinador general de IU considera legítimo el recurso a la desobediencia civil. Eso está muy bien, es un gran avance pues antes se invocaba la indefectible llegada de la revolución. La desobediencia civil es una actitud moral, respetuosa con la legitimidad y la legalidad del sistema pero que, por por razones de conciencia, objeta a una norma concreta, considerada inicua y la incumple públicamente aceptando a continuación la sanción que lleve aparejada ese incumplimiento. Eso jamás será un delito, aunque haya legisladores dispuestos a convertirlo en tal. La desobediencia civil no se realiza en su sola voluntad sino que ha de decir públicamente qué norma o normas se incumplen por razones de conciencia. En España, ahora, ¿cuáles serían estas?
Termina Anguita su alegato en pro de la nueva alternativa de la acción social de la izquierda sugiriendo que hay que luchar para no estar sometidos a la voluntad del azar, que es el mercado. Un viento gélido vuelve a soplar por el escenario: ¿hay un orden imaginable en el que los seres humanos no estemos sometidos no a la "voluntad del azar" (que es expresión redundante) sino al azar sin más? Puede ser si está compuesto por una inmensa mayoría homogeneizada que haya dejado de lado la ideología. Y ¿cree Anguita que esa sea una oferta de futuro atractiva para mucha gente? Ayer estaban escuchándolo 250 personas, según la prensa, y a su organizacion se han adherido 20.000 en España y en el extranjero.
Para finalizar: la carrera de Anguita está llena de emociones. Ayer, precisamente, mientras él lanzaba su Frente Cívico, fallecía Santiago Carrillo, compañero/adversario suyo en tiempos. Es posible que sea por un descuido mío o mi incompetencia a la hora de buscar, pero no he visto que Anguita haya hecho declaración alguna al respecto. Desde luego, perdió la oportunidad  en la presentación de su Frente y, que yo sepa, solo consta que un "tajante" Anguita respondió telefónicamente a una pregunta de El Imparcial que Carrillo Ha sido un referente en la historia de España. Vale, un referente pero ¿cómo? ¿Como Beltrán de Duguesclin o como Guzmán el Bueno? Porque en la historia hay todo tipo de referentes. Para lo bueno, para lo malo y para lo ni fu ni fa.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Borboneo.

La Casa Real acaba de inaugurar página web en casareal.es cuya interfaz está en captura a la izquierda. Enhorabuena a Palacio en donde, como se sabe, las cosas van despacio. A paso de tortuga. Una página web en 2012 ya tiene mérito. De todas formas, como tiempo han tenido, no está mal: sobria, elegante, recatada. No se quiere transmitir idea de oropel o boato sino de cercanía, cotidianidad y amor por la familia, firme promesa de perennidad de la institución.
En cualquier caso, enhorabuena, ya puede la Real familia comunicarse con l@s ciudadan@s directamente, sin cortapisas. Así, la salida al aire de la Real Web (o Real Red o Royal Web, para unificar idiomas) ya trae una carta del Rey se entiende que a todos los españoles. ¿Y qué dice el Borbón? Exactamente lo que el gobierno quiere que diga y, además, con sus mismas palabras. No es la primera vez que el gobierno se vale del Rey para apuntalar su política de partido. Hace unas fechas Rajoy llevó al Monarca a presidir el consejo de ministros en que se aprobó la orgía de recortes y cercenamientos, con lo que le cargó con parte de la responsabilidad.
Y ahora aparece el Borbón hablando como si fuera el gallego. Es sorprendente. La derecha parte del principio de que las instituciones y símbolos del Estado están al servicio de su ideología. Así que el Rey recorta y el Rey avisa a las tribus de vascones y cataláunicos de que no persigan quimeras. Por si esto fuera poco, suena el toque viril del cuartel en la voz del teniente general retirado Pedro Pitarch de que La independencia de Cataluña es impensable, ni por las buenas ni mucho menos por las malas. ¿Queda claro? Aviso de que el ejército español no ha ganado una sola guerra internacional en trescientos años; pero las guerras contra su propio pueblo las gana siempre.
Oído el Rey y oído el espadón, si quieren los lectores nos ponemos a hablar de cómo se presenta la cosecha de vino este año.
¿Que no? ¿Que queremos seguir hablando de política? Pues nos la estamos jugando porque ya está claro que la Corona ha tomado partido, el partido del remo. Esa expresión de remando a la vez es del vademécum de los propagandistas de la derecha. Igual que ese futuro de Europa y de España, que no se le cae a Rajoy de la boca. Pero lo más preocupante es el caveat que viene a continuación, cuando nos enteramos de que lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas. Las quimeras del Rey, siempre más culterano, equivalen a la algarabía de Rajoy, algo más vulgar. Y lo de ahondar las heridas en un país en el que decenas de miles de sus hijos yacen asesinados en las cunetas para desconsuelo de sus allegados suena a real metedura de gamba o habitual destemplanza de Rajoy. Y ¿en nombre de qué hay que remar juntos, y dejarse de quimeras y rencillas? En nombre de un ente que la carta real designa como Transición Democrática, así con las dos mayúsculas del Te Deum, una TD entronizada en una perfección inamovible.
Tengo la impresión de que esa carta, escrita al dictado del gobierno, es un golpe duro a la legitimidad de la Corona por cuanto esta aparece involucrada en un conflicto político y de un modo sorprendentemente represivo, prohibitivo. Dice el Monarca que no son tiempos para escudriñar esencias. No sé qué entenderá Juan Carlos por "escudriñar" pero, sea lo que sea, la pegunta inmediata es: ¿por qué no? ¿Porque lo dice él? ¿Y quién es él para determinar qué hagan las gentes con sus esencia? Porque escudriñar en las esencias es fundamental en la conciencia de todo nacionalismo, incluido el español.
En resumen, la carta es una nueva muestra del error de la dinastía, el borboneo, esto es, el compadreo entre la Corona y el gobierno. Si al resurgir del borboneo añadimos las amonestaciones militares, el cuadro que empieza a emerger de España en estos momentos es preocupante. Es de suponer que, por muy de derechas que sea, el gobierno hará respetar la supremacía del poder civil. Pero el borboneo, la interferencia del Rey en la política, todavía es peor. Casi merece más la pena que el monarca se vaya de safaris, aunque se caiga.
(La imagen es una captura de la página web de la Casa Real, casareal.es).