miércoles, 29 de febrero de 2012

El ministro gárrulo.

Empieza a convertirse ya en aburrida costumbre. Al comenzar el día de los sufridos ciudadanos del país, lo primero que encuentran es alguna de esas declaraciones del ministro de Cultura en las que, con la petulancia, suficiencia e impudicia que lo caracterizan, lanza algún disparate con el obvio deseo de llamar la atención y hacer titulares. La garrulería de este hombre empieza a ser insoportable. Ayer sobre el sistema educativo en su conjunto, con las habituales soflamas reaccionarias de la derecha; antes de ayer sobre los toros.

Justamente ayer también me hizo llegar mi amigo Miguel Ángel Quintanilla, colega en el extinto Consejo Editorial de Público el ultimo artículo que ha escrito y no sabe si se publicará o no en Público.es. Es estupendo, ágil e inteligente y, como me gustó mucho, le pedí permiso para publicarlo en Palinuro cosa que hago raramente. Me lo dio de inmediato y he aquí la brillante pieza que Palinuro suscribe de la cruz a la fecha:


PROVOCADOR


Miguel Ángel Quintanilla Fisac


No conozco ningún ministro de ningún gobierno de España, desde la instauración de la democracia, que haya conseguido, en tan poco tiempo, hacer tantas declaraciones desafortunadas como las que ha hecho el ministro de educación del actual gobierno de Rajoy.

Recién estrenado, ya anunció que desaparecía la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que sería sustituida por otra de Educación Cívica. ¿Puro virtuosismo léxico? No, una simple provocación, que torpemente pretendió justificar con engañifas.

También se ha apresurado a suspender los temarios que están estudiando miles de opositores a plazas de profesor en la escuela pública. No le gustaban al señor ministro los temas recientemente introducidos y decidió acabar con tanta modernidad: volvamos a los temarios de hace veinte años. Mucho mejor. ¿Un error, una imprudencia, una improvisación? No, una simple provocación.

Pero no es bastante. El ministro también ha decidido en estos días que el sistema de becas para estudiantes debe ser revisado profundamente: menos becas a los pobres y más a los listos. ¿Nadie le ha explicado que sin un sistema público de ayudas para compensar las desigualdades sociales, no puede prosperar una sociedad moderna? ¿Otra ligereza de alguien acostumbrado a la banalidad de una tertulia? No, otra provocación.

Igual que la de negar la financiación de los campus de excelencia de las universidades. Sólo eran préstamos blandos, pero de ellos dependían importantes proyectos de mejora del sistema universitario público. Lo que pasa es que seguramente el señor ministro no lo sabe y, si lo sabe, le da igual.

Y la guinda, el otro día en el Parlamento. Contestando a una pregunta de la oposición, al señor ministro debió entrarle un calentón y acusó a los socialistas de ponerse del lado, no de los estudiantes que protestaban en Valencia contra los recortes en educación, sino del de los agitadores violentos. Y se quedó tan pancho. Hay quien pretende que pida disculpas por lo que ha dicho e incluso que tal ofensa a una fuerza política democrática se borre de las actas del Congreso. No estoy de acuerdo. Es mejor que quede constancia para la historia. De lo contrario dentro de unos años nadie creerá que hubo una vez en nuestro país un ministro como este, del que lo único que se puede esperar ya es que le cesen pronto.

(La imagen es una foto de La Moncloa, en el dominio público.Commons).

Ética y política.

Las relaciones entre estos dos conceptos llenan bibliotecas. Aristóteles los dejó unidos para siempre. La ética busca la felicidad y el hombre la encuentra cuando se ocupa de los demás, se hace político, polites, y no cuando se aparta de ellos, se dedica a sus cosas y se hace un idiotes. El político es más ético y mejor. De ahí que al hombre educado y ejemplar se llame poli en francés, a ordenar la colectividad se le diga "policiarla" y quienes se ocupen de ello sean los policías.

Pero esa unidad aristotélica que acogió el cristianismo bajo la forma del tomismo hasta hoy, no ha sido nunca cierta. De entrada hubo éticas centradas en el individuo no solo separado de la colectividad sino opuesto a ella, v. gr. los cirenaicos o los cínicos, con algún caso intermedio como los epicúreos, colectivistas pero más por el placer de la tertulia y los amigos. E igualmente hubo políticas -un cínico diría todas- ajenas a la ética y por si la buena conciencia no quisiera reconocerlas, Maquiavelo se las mostró. Y por eso se ganó la injusta fama de maquiavélico que arrastraba cuando el pobre florentino era un fervoroso patriota republicano. Si de algo se le puede acusar es de haber sido complaciente con los poderes que mostraba en toda su desnudez. Pero esa es una debilidad típica de los intelectuales.

La Reforma protestante dio fuerte sacudida al saber convencional de la relación entre ética y política, llegando a postular el tiranicidio por razones morales. En ello lo siguió algún jesuita, como el padre Mariana. La Reforma tuvo el efecto de un terremoto sobre la doctrina cristiana acerca de las relaciones entre los dos conceptos. Que se lo digan a Pascal, los de Port Royal y a esos cristianos a los que costó siglos aceptar el Edicto de Nantes (que revocaron) y la tolerancia...hasta que se les puso delante un Dreyfus.

La Revolución francesa dio otra sacudida al tablero y su asentador teórico oficial, Constant, formuló la disyuntiva que latió durante toda la Ilustración entre la libertad de los antiguos y la de los modernos. La vieja diferenciación aristotélica rejuvenecida y ennoblecida porque ahora los modernos son los que se ocupan de sus asuntos, los individuos considerados como fines en sí mismos, como dictaminaba Kant que, como buen alemán, tenía la revolución en la cabeza. Una diferenciación que aparece una y otra vez en el liberalismo del siglo XX en los conceptos de libertad positiva y negativa al estilo de Isaiah Berlin.

El tercer zafarrancho lo organizó la Revolución bolchevique que se veia a sí misma como heredera y superadora de la burguesa. De nuevo la divisoria se esfuma: la única ética es la que funde al individuo con algún tipo de colectividad, como la clase, el partido, el sindicato, el koljós, el kibutz, la comuna, el Estado. Lógicamente como esas colectividades orgánicas son reales (hasta tienen "conciencia"), también son puras y éticas en sí mismas. Pero esta última revolución ha fracasado y los órdenes sociales que estableció han revertido al estadio anterior a la revolución.

Las sociedades capitalistas se han configurado por útimo como democracias liberales en las que impera la ética individualista más radical, en parte como respuesta a la orgía de éticas colectivistas del siglo XX. En este territorio, la única ética que la tradición marxista parece mantener es la del discurso, la ética comunicativa habermasiana. Esta hispostasia el acto de la comunicación dialógica al extremo de convertirla en demiurgo de órdenes sociales más justos, más libres, emancipados, más humanos. Lo que antes se prometía a través de la revolución se espera hoy de la comunicación.

Pero, para alcanzar tan nobles fines, la comunicación ha de darse en tales contextos y cumplir tales requisitos que no resulta verosímil y no porque no sean razonables, justos y hasta santos, sino porque han de regir en el contexto de sociedades conflictivas en las que los hombres tienen intereses antagónicos y, por defenderlos, están dispuestos a lo que sea, hasta mentir, cosa que rara vez hacen los animales. Y la mentira, la falsedad, el engaño dinamitan los supuestos de cualquier comunicación emancipadora. Como saben muy bien quienes se dedican a esa actividad de caracter tan maquiaveliano (no necesariamente maquiavélico) que se llama comunicación política. ¿No son en cierto modo los comunicadores políticos los sofistas de nuestro tiempo, en el sentido bueno del término sofista?

Pero el peligro no está en la sofística que, al fin y al cabo, es un recurso retórico para una finalidad más o menos aceptable, sino en la actitud de aquellos sectores sociales dedicados a romper los fundamentos de la acción comunicativa misma, a traspasar todos los límites convencionales de los debates democráticos llegando a delinquir (generalmente por injurias y calumnias) porque su compromiso con esos órdenes democráticos no es estratégico sino táctico. Esa derecha extrema de la prensa amarilla, sensacionalista, agresiva, de los tabloides no tiene límites porque si la democracia hiciera crisis, convertida en una dictadura, ella no sería perseguida y sobreviviría de lujo. Algo similar puede decirse de los medios de la extrema izquierda, cuyo respeto por el fair play comunicativo es idéntico al de la extrema derecha, tan convencida como ella misma de que el fin justifica los medios; su fin. Pero su alcance es mucho menor, casi marginal, no existente. No tienen el respaldo de poderosas empresas que, en cambio, sí financian la prensa de la derecha cerril porque los beneficios de todo orden que obtienen de su acción, contraria a todos los principios éticos imaginables, compensa por las pérdidas que reflejan sus cuentas de resultados.

(La imagen es una foto de Robotclaw666, bajo licencia de Creative Commons).

Valencia es bono basura.

Así lo ha dictaminado una de esas agencias de calificación de las que todos maldicen y a quien todos temen: Valencia no hace honor a su nombre y no vale ni el papel para envolverla. Hasta aquí nada de anómalo porque esas agencias andan todo el día por ahí dando estacazos a los créditos más sólidos, rebajando solvencias de países enteros, grandes bancos, corporaciones financieras. Lo único que no se mueve es la fortaleza alemana, die deutsche Festung, entre otras cosas porque, si se moviera, ¿cómo iba a funcionar el sistema de comparaciones con el que estos de las agencias aterrorizan a medio mundo y aterrorizarían al otro medio si tuviera en donde caerse muerto? Además, ¿no hemos descubierto en España que las Comunidades Autónomas son maestras en sisar el dinero de la administración central y derrocharlo en proyectos faraónicos propios de palurdos? ¿No se ha sabido que son agujeros por los que se van los dineros públicos hacia los más oscuros y remotos lugares de donde ya no regresan?

Sí, hemos sabido todo eso pero el caso de Valencia trae una lección especial que comparte con Madrid, aunque no en todo su alcance: la ruina valenciana es producto directo del pillaje a que lleva entregada hace más de veinte años una clase política gobernante del PP, repleta de presuntos corruptos, golfantes y ladrones en connivencia con tramas de delincuentes organizados dedicadas al saqueo de las arcas públicas, del dinero de todos los valencianos. Para coronar la fiesta y dado que el dinero público circulaba por la comunidad como bancos de sardinas, también se dejó caer por alli Iñaki Urdangarin a hacer unos suculentos negocios con aquella manga de pollinos y plebeyos enriquecidos que al parecer compraban con los millones de euros propiedad de todos los valencianos el derecho a tratarse de tú a tú con un duque y una infanta.

Que hay una relación inmediata de causa-efecto entre los millones que supuestamente afanaba Carlos Fabra o los que Camps metía en los bolsillos del Bigotes y de los seguidores del Papa o del PP y la ruina total valenciana, en donde no se pueden pagar los colegios públicos, ni la sanidad pública, ni se pueden garantizar los derechos de los ciudadanos es evidente para quien no sea un zoquete de sacristía. Y los responsables no se amilanan en reconocerlo al ver que su corrupción escandalosa no solo no les resta votos sino que se los da. Una de las comunidades antaño más ricas de España reducida a la ruina por un gobierno de mayoría absoluta del partido que gobierna España con otra mayoría absoluta y que ordena calentar a porrazos a los estudiantes que protestan para compensar por la falta de calefacción en las aulas. Cuando debiera ser la población en masa la que exigiera la inmediata dimisión o destitución de todos los corruptos. Porque, a estas alturas, todo ese despilfarro no es mero despilfarro sino que frisa en lo delictivo. El aeopuerto de Castellón sin aviones, por ejemplo, además de algo ridículo parece una obvia malversación de caudales públicos.

Palinuro propondría como himno de la Comunidad la obertura de Los esclavos felices, de Arriaga. A ver si hoy hay una buena manifa en Valencia, pacífica, civilizada, multitudinaria. El motor son los estudiantes, como suele pasar, pero es de suponer que sumen los demás sectores sociales. Una manifa de una sociedad civil que debiera estar harta de que la esquilmen y, encima, se rían de ella.

(La imagen es una foto de ppcv, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 28 de febrero de 2012

El franquismo y la transición según el Tribunal Supremo.

La sentencia de ayer del Tribunal Supremo (TS) absolviendo a Garzón del delito de prevaricación por declararse competente en la investigación de los crímenes del franquismo cierra el tercer acto del drama que, de momento, acaba con la carrera del mentado y molesto juez. El propio Garzón lo ha dicho claramente: con su absolución “El guión se ha desarrollado como estaba previsto”, incluso a costa de alterar los tiempos procesales. Se cierra ese drama, pero se abre otro que no sabemos aún a dónde puede llevarnos. A esos efectos, la sentencia no solo es buena por absolver a Garzón sino por existir en sí misma ya que, por primera vez, disponemos de una decisión judicial al más alto nivel sobre un asunto (los crímenes del franquismo) que hasta ahora quedó al margen de los tribunales.

No estoy seguro de que los magistrados sean conscientes del alcance de su decisión. Si lo hubieran sido, habrían puesto más atención en la solidez de su razonamiento que presenta bastantes inconsistencias, al margen de su interpretación puramente técnica. Sin olvidar que se trata de una reflexión urgente, pretendo concentrarme en los primeros aspectos (los del puro razonamiento lógico), absteniéndome de los segundos por falta de competencia, en la seguridad de que serán tratados en su momento por quien la tenga.

A primera vista está claro que el TS no se ha limitado a entender de la cuestión concreta y específica del supuesto delito de prevaricación. Es tal la convicción ideológica de los jueces sobre el fondo del asunto, que no han resistido la tentación de pronunciarse sobre él y de hacerlo de un modo tan insatisfactorio que plantea más problemas de los que resuelve, si es que resuelve alguno y a no ser que dar carpetazo sin más a un problema lo llamemos resolverlo.

El núcleo del razonamiento del TS (los fundamentos de derecho) es un pequeño embrollo que, debidamente desentrañado, deja al descubierto una sentencia con un claro componente ideológico. Sostiene el TS que Garzón no prevaricó sino que solo erró en su calificación del delito y en su interpretación del derecho positivo, la doctrina y la jurisprudencia. Pero, como no puede limitarse a absolver al reo, procede a explicar en qué consistió ese error, contraponiendo a la garzoniana otra interpretación que prevalece sobre la del juez por razón jerárquica del órgano que la emite, pero no necesariamente por su superioridad racional. Incidentalmente, esta absolución en estos términos es simétrica de la condena previa al mismo acusado por el caso de las escuchas y, como en toda simetría, el orden de los términos está invertido. En la condena se decía que hubo prevaricación porque no se trató de una mera interpretación, sino de una decisión injusta a sabiendas mientras que en este, no hubo decisión injusta sino error de interpretación, con lo que el a sabiendas no cuenta. ¿Pero no contiene esta expresión un fuerte elemento subjetivo, materia de interpretación en sí mismo? En fin, un asunto esencial, sobre el que se discutirá mucho en el futuro y que dará armas al juez Garzón en sus posteriores recursos pero que aquí es secundario.

En su tercer "fundamento de derecho" el TS empieza por decir que Garzón cometió un error de tipificación de los hechos que, de darse, en realidad, hace irrelevante el resto de sus consideraciones. Pero es que lo mismo cabe decir del conjunto de la sentencia, cuyo primer fundamento empieza por decir que los hechos denunciados en su día (los crímenes franquistas) no pueden ser objeto de proceso penal pues no hay a quien imputar la responsbilidad porque a las dos causas tradicionales de extinción de la responsabilidad penal (muerte del reo y prescripción del delito) se añade aquí la sobrevenida de la Ley de Amnistía de 1977.

El TS niega que en España pueda darse un juicio de la verdad, como en otros países porque la naturaleza de este (averiguar la verdad) no casa con el alma del procedimiento penal español sustantivo que consiste en encontrar un culpable y sancionarlo. Lo pintoresco (por eso decíamos antes que es muy importante que esta sentencia exista) es que el alto tribunal reconoce que hay victimas en demanda de tutela judicial que él, dice, no puede brindarles. En cuanto a la averiguación de la verdad, pues no puede tratarse de la judicial, habrá que acudir a la historiográfica. No sé si los magistrados del TS leen la prensa; pero, si lo hacen, habrán visto que la Real Academia de la Historia, en la que un puñado de ideólogos franquistas sienta plaza de historiadores, ya ha establecido que Franco no fue un dictador y de genocidio y crímenes contra la humanidad ni hablamos. No hay verdad judicial y tampoco la hay historiográfica. Con ello se cierra no solo un círculo vicioso sino literalmente pérfido con el que unos ideólogos judiciales y otros historiográficos tratan de blindar una situación en la que no pueda haber justicia para unas víctimas que llevan setenta años esperándola y a algunas de las cuales el TS tuvo que escuchar por primera vez. Pero las víctimas existen, están ahí y nadie podrá seguir ignorándolas, máxime ahora que esta sentencia expresamente las reconoce como tales con lo que, se entiende, habrá que encontrar algún medio de hacerles justicia.

La interpretación que el TS hace de casi todas las demás cuestiones (la eficacia del derecho internacional consuetudinario, la prescripción de los delitos, la cuestión de la retroactividad de las normas penales, etc) es opinable y supongo que será objeto de mucho debate jurídico. Pero hay alguna en concreto que llama la atención por lo falaz de su construcción. Y no es menor, ya que afecta a la visión que de la transición tiene el TS y que era lo que nos faltaba para reavivar la hoguera sobre el carácter profundo de la mutación de la Dictadura en un sistema democrático de modo pacífico.

El TS alcanza tonos ditirámbicos cuando dice que "La idea fundamental de la transición, tan alabada nacional e internacionalmente, fue la de obtener una reconciliación pacífica entre los españoles y tanto la Ley de Amnistía como la Constitución Española fueron importantísimos hitos en ese devenir histórico". Sin embargo, el Tribunal no puede ignorar que la Ley de Amnistía es de 1977 y, por lo tanto, preconstitucional, ya que, en el mejor de los casos, de no pertenecer al orden jurídico franquista, estaría en ese derecho transicional que el mismo Tribunal menciona y que de ser algo sería como el "vertebrado gaseoso" de que hablaba Nicolás Ramiro Rico. Sí dice el TS, curándose en salud, que dicha ley no fue derogada posteriormente por la Constitución pero olvida decir que no lo es expressis verbis, pero que puede defenderse su inconstitucionalidad en función de la cláusula derogatoria genérica que también cuenta. Admitido, quizá esto sea ya un exceso de activismo judicial y no corresponde a los magistrados decidir sobre estas cuestiones. Sin embargo, tampoco les corresponde justificar una determinada forma de transición que mucha gente considera nociva.

Sin duda, como dicen algunos comentaristas, el TS bloquea la posibilidad de investigar penalmente los crímenes del franquismo pero, al mismo tiempo, reconoce la existencia de unas victimas carentes de tutela judicial (aunque en un párrafo que yo tildaría de mezquino, enumera algunas medidas compensatorias ya adoptadas y manifiestamente insuficientes) a las que habrá que otorgársela. Con ello, el TS devuelve la patata caliente al Parlamento, esto es, a la opinión pública. Y, por tratarse de este trágico asunto, a la opinión pública internacional.

(La imagen es una captura del vídeo publicado ayer por El País.)

lunes, 27 de febrero de 2012

Ja, ja, ja, ja.

Sí, sí, risa, sana risa rabelesiana producen los magistrados del Tribunal Supremo a fuerza de previsibles en sus triquiñuelas. Hace unos dias, Gaspar Llamazares publicaba un estupendo artículo en El País, titulado No acato ni respeto un escándalo supremo que Palinuro hizo suyo en un post titulado Garzón ya está en el mundo porque escaso respeto y menos acatamiento suscitan unas gentes que disimulan su comportamiento de la forma en que lo han hecho. Retrasaron la vista de la causa por prevaricación respecto a la investigación de los crímenes del franquismo para poder condenar al juez previamente por el asunto de las escuchas, que era políticamente anodino. Luego se podrían dar el lujo de absolverlo en la causa del franquismo para no pasar a su vez por unos impenitentes franquistas. Una maniobra que ya había denunciado Palinuro en un post del 10 de febrero titulado: La condena. El pelotón. La ejecución. Así que poco más que hilaridad puede suscitar el perfectamente previsible comportamiento de los magistrados. Por si hubiera lugar a dudas y para saber cómo se hacen las cosas en su exquisitas justas maneras, la absolución de Garzón ha sido por seis votos contra uno mientras que su condena fue por los unánimes siete votos. Quien tenga oídos que oiga y quien tenga ojos que vea. Es obvio que la absolución tiene menos peso (un séptimo menos) que la condena. Para que quede claro y no se apliquen criterios aritméticos. O compensatorios.

En España, líbrenos el Señor misericordioso, la justicia no se aplica en absoluto con criterios políticos. Pero si un animal anda como un pato, habla como un pato y se mueve como un pato, es un pato. Y no digo más.

Ética y Política o WikiLeaks ataca de nuevo.

Anoche coincidieron dos obras en el escenario de la aldea global. De un lado, la concesión de los Óscars y de otro, la noticia de que WikiLeaks filtraba millones de correos de una agencia mundial de inteligencia que nutre la diplomacia y los servicios secretos de medio mundo. Cada cual se ajustó al programa de mano que más le apasionaba. Palinuro lo tuvo fácil porque, aunque fuera la única noticia del planeta, no miraría los Óscars porque lo considera un espectáculo cursi y de un mal gusto apabullante. Así que anduvo fisgando por los territorios WikiLeaks, llenándole de satisfacción que el periódico escogido esta vez para publicar las subsiguientes noticias haya sido Público.es. Mira por dónde, a lo mejor remonta el diario. Ya ha sacado noticias flipantes, como esa de que los agentes de la empresa de espionaje se burlan del derechismo de Aznar.

Es una coincidencia, los Óscars vs. WikiLeaks, pero está cargada de enseñanzas. Lo de la fábrica de sueños es pura propaganda del más descabellado capitalismo, sin demérito para el mucho cine crítico que se hace en Hollywood y al que también se reconoce en la gala. El conjunto del evento es un marketing universal del que los Goya son el Bienvenido Mr. Marshall. No veo por qué dan "Goyas"; mejor daban "PepeIsberts".

Lo de WikiLeaks pinta de otra forma. Sin duda hoy o mañana saldrá algún experto explicando que es una jugada maestra de la CIA (otra), para quitarse de encima a un molesto competidor. Pero la reacción de los poderes, las instituciones, los gobiernos, las autoridades, las iglesias, los poderes financieros y algunos grupos mediáticos darán la medida del hecho. Digo esto porque observo que, esta vez, WikiLeaks no ha recurrido a ninguna de las grandes cabeceras de prensa y supongo que esto tendrá alguna explicación.

Lo importante ahora es comprobar cómo una vez más, la política se da en el ciberespacio, que es ciberpolítica. Teóricamente WikiLeaks estaba acabado. Y no es cierto. Teóricamente el 15-M tambien. Y habrá que verlo.

El ciberespacio, internet, tiene dos reglas de oro: la gratuidad y la publicidad, y las dos ponen en peligro el orden constituido, la una en lo económico y la otra en lo político. Lo económico desemboca en lo político y lo político en lo ético. ¿Qué queremos, enriquecernos o liberarnos? ¿Qué esperamos, tranquilidad o verdad? ¿Qué haremos, lo más más conveniente o lo más justo? El debate es universal, tormentoso, sin reglas ni normas: ¿pueden las sociedades democráticas capitalistas (muchos dirán que esto es una contradicción en los términos) sobrevivir en un mundo en el que todo es gratis y todo de conocimiento, público y en el que no hay costes ni secretos? Es más : ¿puede la civilización sobrevivir en estas condiciones?

El mundo ha cambiado de base y no nos hemos enterado. Ante estos fenómenos, la política tradicional en los marcos de los Estados es una actividad irrelevante.

Dios en el teatro.

Gran exposición de Chagall en el Thyssen/Fundación Caja. Una síntesis cronológica de toda su obra en su larguísima trayectoria y en casi todas sus variantes, pintura, grafismo, cerámica, escultura. Faltan, claro, los vitrales y los frescos como los de la Ópera de París. Una ocasión única para ver abundante obra de un artista muy representativo del siglo XX pero al que no suele exponerse por su carácter único, inclasificable, ajeno a escuelas y grupos y con una visión del mundo que parece de otro mundo.

Hay dos elementos determinantes en la obra de Chagall, uno más visible que otro: su judaísmo y el hecho de haber sido discípulo en un momento decisivo de su vida de otro judío, Leon Bakst. El judaísmo de Chagall es patente en toda su obra, formal y materialmente. Desde el principio al final hay judíos, rabinos, ritos y objetos litúrgicos mosaicos en toda ella y transmite una concepción mística, intimista, panteística, del mundo, conforme a la enseñanza jasidista que recibió de sus padres y mantuvo toda su vida aunque no fuera practicante y llegara a formular una visión sincrética (todo en Chagall es sincrético) entre el cristianismo y el mosaísmo, como prueban sus numerosos crucifijos. La influencia de Bakst también es determinante. Más de lo que se admite. Bakst, otro artista bielorruso mayor que él, era un notable pintor de decorados teatrales y esa influencia floreció en el extraordinario manejo del color de Chagall, en su maestría en el uso del guache y la acuarela y, sobre todo, un sus ilustraciones de grandes obras literarias de la humanidad, como la Biblia, el Quijote, etc. Es en este genio en el que se fijó Ambrose Vollard, el gran marchante y editor que le encomendó ilustrar el Antiguo Testamento.

Chagall era, sobre todo, un gran ilustrador y eso se nota en su pintura. Desde luego, esta no es fácil y a veces desconcierta porque mezcla dos mundos (otro sincretismo) muy distintos: de un lado el suyo natural, el de su infancia en Bielorrusia (hoy Belarús), el pueblo, las casas modestas, el campo, los animales domésticos casi sacralizados (Dios está en todas partes para un jasidista) en una visión naïf, folklórica, legendaria y un punto onírica; de otro, el suyo aprendido, el de las vanguardias artísticas más avanzadas, el del París al que emigró muy pronto y a dónde siempre volvió, el modernismo, el expresionismo, el cubismo, el fauvismo. La maravilla permanente de su obra es eso: vanguardia con motivos tradicionales, eternos.

Chagall pasó por el siglo como uno de esos ángeles o personas voladoras que pinta; pero el siglo, el terrible siglo XX, no parece haber pasado por él. La primera guerra mundial lo cogió en Rusia y, luego, la revolución bolchevique, a cuyo régimen, como casi todos los vanguardistas, se sumó en un principio, llegando a ser algo así como comisario de arte de Bielorrusia o de su pueblo. En 1922, al no llevarse bien con los comunistas, volvió a París. Los nazis en los años treinta confiscaron toda su obra en Alemania porque entraba en la categoría de arte degenerado. ¡Y tanto! ¡Arte de temática judía hecha por un artista judío! Algo inimaginable. Como en parte también lo era para los judíos que, como se sabe, no ven con buenos ojos las artes plásticas. La segunda guerra mundial lo pilló in albis y solo se salvó de la quema (nunca mejor dicho) en el último momento, emigrando a los Estados Unidos. Después volvió a su amada Francia (cuya nacionalidad adquirió) y allí se quedó hasta su muerte, si bien fue un hombre muy viajado. Llegó a residir tiempo en Jerusalén, pero no se nacionalizó israelí. Sin embargo ese largo periplo no se refleja en su obra en la que no hay símbolos ni motivos políticos de ningún tipo. O quizá sí, depende de cómo se interprete. Prácticamente no hay referencia al Holocausto, aunque hay quien dice que está simbolizada en los retratos que hizo de su mujer, Bella, a raíz de su prematura muerte. Hay gente para todo.

Chagall buscaba su felicidad "allí en donde la encontraba", como decía Molière y por eso uno reconoce en muchos de sus temas ecos de genialidades ajenas: sus caballos de colores son los de Franz Marc, algunos de sus retratos (y autorretratos) recuerdan a Chaïm Soutine, los dobles rostros, a Picasso, a veces pinta como Lèger y a veces como Gauguin, etc. Y todo eso sin perder jamás la impronta de su fortísima personalidad que tiene raíces muy profundas. En el fondo, hasta la Edad Media. La mayor parte de la gran pintura de Chagall no solo es simbolista sino también narrativa, cuenta historias en el tiempo y las expone en el espacio, por lo cual las figuras grandes coexisten con otras pigmeas o a veces apenas esbozadas. Es la lejanía del espacio y el tiempo.

Todo eso puede apreciarse en la exposición del Thyssen, que está muy bien escogida y explicada. Felicidades. Todo eso y más. Por ejemplo, podemos apreciar el tercer sincretismo que caracteriza a Chagall, el de su estética. La sinestesia reaparece como un rasgo decisivo de su obra. Desde luego era un extraordinario decorador (eso se ve en su pintura). Cuando estuvo en Nueva York hizo los decorados de un ballet (no recuerdo cuál) que fue un exitazo en Broadway. Pero no era solamente eso, sino que la sinestesia está explícita en muchas de sus mejores cuadros, de los que la exposición tiene varios. La música es la más evidente en las figuras de los judíos violinistas o los pianos que aparecen de vez en cuando o las referencias a su músico preferido, Mozart. Eso lo vió André Malraux cuando, siendo ministro de Cultura, le encargó pintar el techo de la Ópera de París, que es un espectáculo. Pareja con la música aparece la poesía. Al margen del contenido de sus obras, la figura del poeta es frecuente. Y los poetas lo trataban como uno de ellos. Breton lo daba por surrealista. Y, en efecto, hay bastante surrealismo en la obra chagalliana. Como hay cubismo, expresionismo, fauvismo...Pero Chagall es Chagall, un genio sencillo capaz de pintar un mundo que no es de este mundo.

domingo, 26 de febrero de 2012

¡Bien por la Izquierda Abertzale, muy bien!

Magnífica la noticia de El País de que la Izquierda Abertzale (IA), muestra su pesar por las víctimas del terrorismo etarra. Ha salvado un escollo importante en el camino hacia la normalización en el País Vasco en todos los sentidos, incluido el suyo de acercarlo a la independencia. Llega muy tarde, cierto, pero llega, que es lo importante. Digo "tarde" porque este es uno de los elementos que siempre me ha parecido más odioso de esta izquierda, una muestra de hipocresía y maldad atosigante. Nunca me cabrá en la cabeza que uno pueda no indignarse ni rebelarse contra los asesinatos cuando los cometen los del propio bando. Al contrario, siempre he considerado que la superioridad de la izquierda reside, entre otras cosas, en que aplica el mismo rasero ético a los propios y a los extraños; incluso más que el mismo. Jamás creeré en una causa que, para imponerse, exija asesinar gente indefensa. Jamás.

Así que se entenderá que aplauda la decisión de la IA de poner fin a años y años de encanallamiento moral, al parecer libremente consentido. Es un momento decisivo. Y también lo es en un terreno práctico y hasta táctico. Una vez que en octubre la banda terrorista decidió poner fin a sus crímenes, estamos en un camino de no retorno y, en ese tipo de caminos, lo mejor es hacerlos cuanto antes; a la carrera si es posible. ¿Qué ganamos arrastrando los pies, dilatando decisiones, regateando las declaraciones valientes? Nada de nada salvo abrir la posibilidad de que las cosas puedan torcerse o dar a los enemigos de la democracia y del derecho de autodeterminación un pretexto para cometer alguna fechoría.

La IA está en las instituciones y dispuesta a atenerse a las reglas del juego democrático con todas las consecuencias. LLegue hasta el final en el recorrido: exija la disolución de ETA. Y la banda, si le queda un adarme de sentido común, que se disuelva hoy antes que mañana y mañana antes que pasado.

En una democracia -incluso en una tan deficiente como la española- se pueden defender libremente todos los proyectos políticos que no incluyan el asesinato de gente indefensa y/o el uso de la violencia. Todos. Incluidos los independentistas. Les ha costado casi cuarenta años entenderlo. Han tenido que perder una guerra para ello. Que no les cueste otros cuarenta tomar las decisiones acordes a ese entendimiento.

Y no se crea que Palinuro actualiza el blog por un mero interés objetivo de señalar el notable avance político y moral que la decisión de la IA significa en el País Vasco. Lo hace también por el subjetivo de recuperar la libertad de expresión, secuestrada por los asesinos y que incluye la defensa del derecho de autodeterminación en España. El interés subjetivo de ver que en la izquierda española somos muchos los partidarios de ese derecho, que no podía defenderse cuando se reclamaba a punta de pistola. Si ahora existe una posibilidad de debatirlo pacíficamente y adoptar las decisiones consecuentes, para luego es tarde.

Los puntos sobre la íes en el caso Urdangarin.

Primer punto. El juicio mediático. Según mucha gente es un abuso, se está condenando de antemano a Urdangarin, es un linchamiento, no hay derecho, no se respeta la presunción de inocencia. Algunos, como la hermana del Rey, la infanta Pilar, afirman que todo lo de Urdangarin es creación de los medios y nos mandan callar. En un brillante artículo (Celebridades y proceso judicial) Marc Carrillo deja en claro que se trata de reacciones inaceptables y que nadie puede mandar callar a los demás. Obviamente en nuestra sociedad de la comunicación, el derecho a la información es un límite respecto al derecho a la propia imagen de los personajes públicos. Si ese derecho a la información se extralimita y llega a lo delictivo, l@s perjudicad@s tendrán siempre la vía penal para defenderse. Pero Urdangarin no solamente no se ha querellado contra nadie sino que el otro día puso literalmente pies en polvorosa ante la presencia de una periodista en un sprint poco gallardo. La familia del Duque de Palma dice estar pasando muy malos momentos. Como cualquiera implicado en un proceso penal. Ciertamente, Urdangarin no es cualquiera, pero tiene poca fuerza de convicción advertirlo en los momentos malos, entre otras cosas porque también hubo momentos buenos en los que el hoy acusado disfrutaba de privilegios sin cuento por eso mismo, por no ser un cualquiera.

Segundo punto. El cenagal valenciano. Además de hacer negocios con Matas, expresidente del Consell Balear y hoy imputado en procesos por corrupción, Urdangarin entró en contacto con los políticos valencianos más significados, Rita Barberá, alcaldesa de Valencia y Francisco Camps, expresidente de la Generalitat valenciana. La primera es un caso prodigioso de populismo vulgar capaz de sostener, en descargo propio, cosas tan absurdas y tan malsonantes como que todos los políticos y los funcionarios reciben regalos. El segundo, un hombre que lleva dos años a vueltas con los tribunales de justicia, es el prototipo del político presuntamente corrupto, despilfarrador y sin ningún crédito, excepto el que él mismo se concede, presentándose a ocupar su escaño en les Corts valencianas en contra de lo que la discreción y la prudencia mandan que es hacer mutis por el foro, luego del asunto de los trajes y aunque un jurado popular lo hay absuelto. Los dos simbolizan el espíritu de una comunidad que si está en la cola de prestación de servicios sociales, está en la cabeza de la corrupción política porque es puro territorio Gürtel, una especie de territorio comanche del latrocinio.

Tercer punto. La igualdad ante la ley. El rey la predicó en su mensaje de Nochebuena. La justicia, dijo, es igual para todos. Pero tiene tendencia a no serlo. El poder, la fama, el dinero de algunos justiciables les ganan privilegios. Hasta un miembro del Consejo General del Poder Juidicial (CGPJ), la portavoz, según tengo entendido, ha venido a reconocer que no todos somos iguales ante la ley y hasta a justificar la presunta desigualdad en el caso de Urdangarin.

Cuarto punto. La suerte de la Monarquía. La Corona viene intentando distanciarse de Urdangarin cosa que no consigue por la razón de que el duque de Palma es yerno del Rey y, cuando viene a declarar, se aloja en el palacio de La Zarzuela, en compañía de su esposa a la que quizá haya que ver declarando ante el juez, a pesar de que parece haber un acuerdo general en impedir esa posibilidad. El caso Urdangarin es el mayor golpe que ha sufrido el crédito de la Monarquía española. De las declaraciones del propio imputado se sigue que su suegro sabía lo que estaba sucediendo e intentó evadir la acción de la justicia, forzando la expatriación del yerno y su esposa.

Todo lo anterior, la persecución de los medios, el supuesto juicio paralelo, la acumulación de imputaciones sobre el duque de Palma este pudiera haberlo evitado teniendo un comportamiento por encima de toda sospecha y no, como sucede, por debajo de ella.

(La imagen es una foto de Joxemai, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 25 de febrero de 2012

Adiós a Público en papel.

Lo que casi todo el mundo temía se ha producido: la edición en papel de Público deja de aparecer. Queda la digital y tampoco con muchas garantías. Cuando a primeros de enero de este año se anunció el concurso voluntario de acreedores, Palinuro escribió una entrada con el título Sobre Público en la que daba su opinión acerca del problema del periódico. Con la independencia de criterio y la buena fe con que procura siempre decir lo que piensa, apuntaba las razones del fracaso y aportaba alguna crítica (y autocrítica) que faltaba en la carta con la que el tercer director del diario, Jesús Maraña, daba cuenta de la situación. Tras haberlo releído considero válido el post del 4 de enero y creo ocioso reproducirlo aquí. Si alguien quiere conocer su contenido, que pinche sobre el enlace más arriba.

Ahora cumple hablar sobre algunas de las reacciones que el cierre ha suscitado. La mayoría de los medios lamenta la desaparición de una cabecera y no solo por espíritu corporativo sino en virtud de la muy generalizada convicción de que disminuye el pluralismo informativo y eso es una lástima. Así es en verdad. Pero no es decir mucho. Disminuye la oferta de pluralismo informativo. Y, como esto es un mercado libre, disminuye porque era una oferta que no tenía demanda, o no la tenía en la forma en que se presentaba la oferta (me permito remitir de nuevo al lector al post citado, en donde se explica esto un poco mejor) que es como no tenerla. Solo así puede explicarse esa perplejidad casi universal de que, habiendo una demanda de un periódico de izquierda, el periódico de izquierda cierre por falta de compradores. Esto se puede matizar, pero no es el momento de hacerlo; tiempo habrá si de verdad queremos reflexionar sobre qué sucede con la llamada "prensa progresista". El hecho es que no había esa supuesta demanda o no la había para la oferta que se presentaba.

Lo anterior es casi una perogrullada; pero es. Podría servir quizá para abordar un debate sobre qué exactamente piden los lectores de izquierda a la prensa. Incluso los lectores en general. Sería interesante. Podría hacerse un par de encuestas preguntando a la gente, algo siempre más avisado que empeñarse en que la gente hace, no lo que cree, sino lo que queremos que crea. Es un típico error de factura ideológica, asesino de toda decisión empresarial con sentido. Estoy seguro de que se entiende pero, por si alguien necesita tocar con los dedos, como Santo Tomás, recuérdese el fiasco relativamente reciente del intento de otro periódico en papel más a la izquierda de Público, La voz de la calle. Cuatro meses escasos duró el proyecto del millonario izquierdista, simpatizante o militante comunista y amigo de Santiago Carrillo, Teodulfo Lagunero. Alguien le dijo que había sitio en el mercado para un diario más a la izquierda de Público o sea, ya abiertamente de IU, es decir, del Partido Comunista de España. Y alguien también le dijo a tiempo que eso era falso. A tiempo hasta cierto punto porque el blog de Antonio Arce, el del anterior enlace, termina con la siguiente amarga reflexión: "La próxima vez casi mejor si se lo piensan, grandes nombres de la izquierda, antes de joder una vez más a los de siempre". Es muy fuerte. ¿Puede decirse algo parecido de Público? Hasta cierto punto, sí.

Pero solo hasta cierto punto. Las consecuencias, sin duda, han sido las mismas o peores. La intención, sin embargo, era buena; aunque seguramente falló la competencia para realizarla. De esto se hablará mucho en los próximos días. Pero, insisto, una cosa son los resultados y otra las intenciones. ¿Alguien no entiende esto o hace como que no lo entiende? Sí, también, en concreto Luis Solana que en su entrada en el blog que tiene alojado en El Plural, titulada Público, el último error progresista, simulando analizar desapasionadamente la situación, hace una espantosa leña del árbol caído que desautoriza de cuajo toda la columna. Culpa a la empresa de Público de haber hecho un grosero error de cálculo mercantil pero no por no ser capaz de realizar el producto necesario, sino por haber intentado hacerlo en competencia con El País y el grupo PRISA a los que Solana atribuye una especie de derecho indiscutible a apacentar la grey progresista. Si esto es un error práctico, la crítica es aceptable; pero si se presenta como un error político, incluso moral, el autor debe mostrar haber estado a la altura de lo que predica. Y para ello habría de empezar por explicar en primer lugar porqué aloja su blog en un periódico en lugar de mantenerlo por libre para saber cuánta gente lo lee por ser él mismo; y en segundo, porqué empezó alojándolo en Libertad digital antes de pasarse a El Plural. ¿Es indiferente el soporte? Y, si es indiferente para él, ¿por qué no para Público?.

Público se equivocó. Pero lo hizo de buena fe.

Saldrá otro Público. Quizá un Repúblico. ¿Por qué no? La demanda existe; pero hay que satisfacerla como es (sin renunciar a un prudente espíritu formativo) y no como queremos que sea.

viernes, 24 de febrero de 2012

Blanco y negro del País Valenciano.

Blanco.
.

La Primavera Valenciana se extiende y se afirma en la Comunidad de Valencia. Los estudiantes de universidad y secundaria han mantenido asambleas en el día de hoy para denunciar la lamentable situación de la enseñanza pública en la Comunidad bajo el gobierno del PP, caracterizado por el despilfarro, la malversación de fondos y la corrupción galopante. Cada vez queda más claro que hay una relación de causa-efecto entre el modo de "gobernar" de la gente de Camps y sus amigos, esto es, expolio de las arcas públicas, beneficio de los corruptos y desastre y ruina de los servicios públicos y las carencias en la prestación de servicios públicos esenciales como la sanidad y la educación. O, dicho en pocas palabras, que la gente paga en desatención la estafa de unos gobernantes que o han tirado el dinero en proyectos estúpidos, propios de megalómanos paletos (no hay contradicción en los términos) o permitían que unos presuntos delincuentes se llevasen crudos los los dineros públicos.

Los estudiantes valencianos han ilustrado esta posición más concienciada y crítica llevando sus protestas ante los domicilios de Barberá y Camps y empujando a los sindicatos a que transformen la manifa prevista para el próximo 29 de febrero en una huelga general. Valencia pasa así de ser un bochorno a ser un orgullo para España; la España verdaderamente liberal, progresista, de izquierda, democrática; no la España inmoral y cursi de Camps y su gente y no menos inmoral y verdulera de Barberá.


Negro.


Pero este país no sería España de verdad si, junto a estas muestras de coraje cívico de los jóvenes no hubiera nuevas manifestaciones de ese clima de desvergüenza y corrupción generalizados que ha dominado y sigue dominando la política valenciana. Por increíble que parezca, ayer el absuelto Camps por el episodio de los trajes gracias a un jurado popular, un hombre que aceptaba voluntariamente su delito en un vergonzoso caso de unas chaquetas y unos pantalones, tenía el desparpajo de ocupar su escaño en las Cortes valencianas. Trabajo tienen en Valencia los demócratas si quieren cerrar el paso a un desprestigio mayor aun de la política como se derivaría de que un sujeto tan desequilibrado como falto del mínimo decoro volviera a desempeñar cargo alguno.

Y más negro aun es el modo en que la autoridad valenciana trata los continuos casos de corrupción a que se enfrenta, productos de su forma de hacer política. Ayer Alberto Fabra, president de la Generalitat destituyó fulminantemente a Josep Maria Felip, director de integración de la Generalitat, diz que para dar ejemplo. Pero olvidó decir que el tal Felip ya estaba en el calabozo por decisión del juez. Ayer también se supo que ese menda y otro cómplice suyo se habían embolsado, presuntamente, un millón y medio de euros de fondos para la cooperación en Nicaragua de los cuales este país centroamericano solo había recibido 40.000.

Y así es todo la Comunidad valencia, gobernada/saqueada por el PP hace ya veinte años.

Claro que debe dimitir la delegada del gobierno que manda aporrear niños; pero también el presidente de la Generalitat y la alcaldesa de Valencia y tutti quanti estén pringados en la trama Gürtel y demás tramas delictivas de esta comunidad. Y convocar elecciones anticipadas. Valencia puede ser la chispa que prenda un incendio nacional, alimentado con el combustible de la indignación de los valencianos y el resto de los españoles.

Garzón ya está en el mundo.

No se crea que Palinuro haya abandonado su pretensión de proponer al juez Garzón candidato al Premio Nóbel de la Paz. Al contrario, sigue empeñado en ello. Pero quiere que le salga bien y no que se produzca cierto impacto al principio y luego el asunto desaparezca de la palestra por errores de planteamiento. La tarea ahora es recabar apoyos para poder dar cobertura mediática y solidez a la propuesta. El activismo lleva siempre trabajo penoso y oscuro. Llegado el momento, Palinuro explicará su planteamiento y tod@s quienes quieran echar una mano serán bienvenid@s.

En esta ocasión el post versa sobre la decisión del Consejo General del Poder Judicial de expulsar al juez Garzón de la carrera judicial en cumplimiento de la última sentencia del Tribunal Supremo en el llamado caso de "las escuchas" a los presuntos delincuentes de la Gürtel. Sobre el asunto en sí mismo y los tres procesos que se le han hecho al magistrado, Palinuro ha subido varias entradas (pueden encontrarse metiendo "Garzón" en el buscador del blog) y no es necesario volver sobre ellas. Basta con reseñar la triste coincidencia de que el CGPJ haya hecho efectiva la exclusión un 23-F. Las coincidencias, como las armas, las carga el diablo.

El apartamiento de Garzón de una carrera tan dilatada y brillante como vocacionalmente sentida ha movido un magnífico y valiente artículo de Gaspar Llamazares en El País (No acato ni respeto un escándalo supremo) con el que Palinuro, que tampoco acata ni respeta, coincide plenamente. Este artículo, una valoración política muy negativa de la decisión del Supremo, incide en esa pretensión -que los propios magistrados del alto tribunal quisieran que tuviera fuerza de ley- de que las decisiones judiciales no puedan ser criticadas. Pretensión comprensible, pero no admisible. Las decisiones de los tribunales de justicia deben ser tan criticables como cualesquiera otras de otros órganos que incidan sobre asuntos del común, en los que todos opinamos, por ejemplo, las leyes. La crítica a las sentencias de los tribunales está amparada en la libertad de expresión, guste o no a los magistrados. Su único límite es la legalidad y los derechos de terceros. Pero este es un limite general que afecta a todo el mundo.

Otro buen artículo, siempre en El País, de José María Ridao (Los porqués de una sentencia) venía a incidir sobre estas relaciones entre lo político y lo jurídico en el ámbito de los tribunales y daba por supuesto que la sentencia, además de su indudable repercusión política, tiene un fundamento sólidamente jurídico lo que sucede es que normalmente no se expone porque es muy complicado. Y en su articulo no especifica cuál sea dicho fundamento. Esto reabre a su vez una vieja polémica acerca del alcance de una justicia cuyas decisiones puedan ser incomprensibles para los justiciables. ¿Qué sucederá entonces? Sencillamente, que una sentencia pueda ser injusta por razón de su contenido y de su forma.

Pero la cuestión no tiene mayor tracendencia porque el propio juez expulsado ha explicado su doble punto de vista. De un lado, el jurídico. Garzón presenta una petición de anulación de la sentencia basada en razones estrctamente jurídicas. La petición, sin embargo, al sostener que la sentencia es muy injusta por tratarse de una condena construida a su medida viene a ser una especie de acusación al Supremo de aplicar un "derecho penal del enemigo" y, en el fondo, de prevaricación, aun sin decirlo. La solicitud, probablemente, será rechazada pero ese rechazo abre al juez la vía del recurso al Tribunal Constitucional. Ante este tiene Garzón una buena batería de argumentos estrictamente jurídicos. El Constitucional dirá.

En cuanto al aspecto político, Garzón asegura que piensa continuar luchando por sus ideas y amparando a las víctimas mientras pueda. UNa buena idea podría ser la de trabajar por el reconocimiento de los derechos de las víctimas del franquismo. Quizá pueda hacer como abogado, como jurista lo que no se le permitió hacer como juez.

Es decir, la decisión del CGPJ de expulsar a Garzón, curiosamente lo ha devuelto a este tipo de acción ético-política de la que la esfera pública en nuestro país está muy necesitada. Es decir, lo ha devuelto al mundo de la acción práctica, en condiciones distintas pero con una superior legitimidad del juez. Y da la casualidad de que en este tipo de empeño pueda llegar a ser más eficaz que en el jurídico.

(La imagen es una foto de Popicinio_01, bajo licencia de Creative Commons).

A escuchar al vate.

CONVOCATORIA


Hoy, 24 de febrero de 2012, leerá en público sus últimos poemas mi amigo José Luis Reina Palazón, gran traductor y exquisito poeta. El acontecimiento será a las 20:00 en el bar La flauta mágica, sito en la c/ Alcántara, nº 49, Madrid, más o menos entre Príncipe de Vergara y Francisco Silvela. Estamos tod@s invitad@s y estoy seguro de que José Luis nos recibirá con esa sonrisa que un día arrebató a los dioses.



EL LECTOR DE POESÍA

Tú te lees a ti mismo,
a ése que buscas tú
y siempre creas,
el que te dice las sombras de las letras,
el que te invita al descifrar del canto,
el que tú no conoces y habita en ti,
siempre que vas leyendo tu ternura,
tu cuerpo, tu loca fantasía hacia otro nombre.
Y siempre habitas tú en ese olvido
y al saberlo de ti te reconoces,
eres el alma del poema.

(José Luis Reina Palazón)

(La imagen es una reproducción del famoso cuadro de Henry Wallis, La muerte de Chatterton (1856))

Muerte de un viejo guerrillero.

Me ha entristecido la noticia de la muerte de José Sandoval. Lo conocí y lo traté en el penal de Soria entre 1967 y 1968. Tenía una condena que debía ser diez o doce veces la mía y siempre pensaba cómo era posible condenar a tantos años de cárcel a un hombre tan tranquilo y tan afable. Pero esas eran las apariencias y una muy buena educación. Por dentro estaba hecho de materiales más duros. Era comunista, combatió en el Vº Regimiento durante toda la guerra civil y luego formó parte de un destacamente guerrillero en la Unión Soviética, en lucha contra los nazis. Un hombre que defiende voluntariamente sus ideas con las armas en la mano y no en las manos de otros, merece siempre respeto, incluso aunque uno no comulgue con esas ideas.

Hace unos años, publicó sus memorias (Una larga caminata. Memorias de un viejo comunista), con prólogo de otro correoso militante, el novelista Armando López Salinas. De ellas hizo Palinuro una reseña en su día (Los viejos comunistas), en la que contaba algunas de las cosas que se dicen aquí.

El poco ruso que sé me lo enseñó él. Y, si es poco, no fue por falta suya, que era un excelente profesor, sino porque cumplí condena, salí a la falta de libertad de la Dictadura en 1969, y no continué lo que había empezado. En varias ocasiones he podido comprobar que no era tan poco y siempre que así ha sucedido, me he acordado de él con gratitud. Ya en la calle, nos tratamos intermitentemente mientras fue director de la Fundación de Investigaciones Marxistas y siempre con mutuo agrado.

До свидания, Иосиф! Покойся с миром.

jueves, 23 de febrero de 2012

El ejemplo de Valencia.

Es el que hay que seguir. Cuando parecía que la gente de Valencia vivía extrañamente subyugada por la manga de granujas y sinvergüenzas que llevan veinte años esquilmando las arcas públicas hasta dejar la Comunidad en la ruina y hasta los votaban por mayoría absoluta, he aquí que se lanza a la calle con un civismo, un pacifismo y una conciencia encomiables. No estaba todo perdido. Quedaba mucha dignidad entre la población que, por fin, consciente de su fuerza y de sus derechos, ha empezado a hablar.

Vuelven los valencianos a pedir la dimisión de Sánchez de León, esa delegada del gobierno entreverada de fascista que ordena apalear niños en la calle. Pero piden también más cosas. Su grado de conciencia política, como decía Palinuro ayer, ha aumentado. Piden que cesen los recortes en educación y que haya una educación de calidad. Y más aun, convierte a los valencianos en la punta de lanza o el mascarón de proa de la nave de la dignidad española, convocan a una huelga en Valencia y piden que se extienda a general en toda España y que los sindicatos la hagan suya.

La lucha de los estudiantes valencianos es la de todos los estudiantes españoles y la de estos, la de todos los españoles progresistas: parar los pies a un gobierno popular antipopular, que se ha estrenado con una batería de agresiones contra los derechos de los trabajadores.

Basta con ver y escuchar a los ministros y políticos conservadores para percibir que lo suyo es un plan premeditado de aniquilar los derechos de las clases populares y cargar falsamente las culpas sobre el PSOE. Basta oír al Director General de la Policía, Cosidó, diciendo que la acción policial el martes fue ejemplar, al ministro Wert seguir mintiendo con que el PSOE apoya manifestaciones violentas siendo no ya solamente su policía la única que recurre a la violencia sino su propio gobierno y el mismo ministro que habla: ¿o atacar los derechos de los trabajadores por decreto no es violencia? ¿No es violencia eliminar la "Educación para la ciudadanía" a fin de dejar a los chavales en manos de las doctrinas de los curas? ¿No es violencia suprimir el derecho al aborto o intentarlo con el matrimonio gay? Violencia es y de la más reaccionaria, de la más baja estofa. Por eso es un derecho de la ciudadanía luchar contra ella, y el camino lo señala Valencia.

(La imagen es una foto de popicinio_01, bajo licencia de Creative Commons).

La conciencia de un pueblo.

El mayor peligro que corre la llamada #PrimaveraValenciana, en camino de convertirse en la Primavera Estudiantil, es que pase a segundo plano de actualidad y quede anegada bajo la copiosa lluvia de noticias de la vida cotidiana. Como acontece con casi todas las que ocupan un par de días las portadas de los periódicos, que desaparecen bajo otras más urgentes o impactantes. Porque cuando eso suceda, los manifestantes valencianos, cuyo tesón en la protesta es encomiable, volverán a estar indefensos en manos de las fuerzas encargadas de defenderlos. Y eso da miedo.

La garantía del movimiento ciudadano de Valencia es el apoyo y reconocimiento que encuentre en el resto de España. Para hoy hay convocada otra manifa pidiendo la dimisión de la delegada del gobierno, Sánchez de León, quien se niega tozudamente a asumir su responsabilidad en la brutalidad del lunes, y es toda. En ese forcejeo político y moral planteado en Valencia, el resto del país debe apoyar la reclamación de la calle. Sobre todo porque esta ha aumentado su grado de conciencia, como sucede siempre que se pasa a la acción política, a la práctica, que ensancha y fortalece la teoría. La realidad se comprende mejor cuando se forcejea con ella. Los valencianos han vinculado por fin el conflicto y su circunstancia concreta de los recortes en educación con la condición general del gobierno en su Comunidad Autónoma, caracterizada por el depilfarro, la incompetencia más deplorable, el caciquismo y una presunta corrupción generalizada; una casta política de la derecha que parece tener patrimonializado el gobierno de la Comunidad.

Esa relación de sentido es extrapolable a toda España en donde la pregunta es ¿por qué debe pagar la educación las consecuencias de la incompetencia o la corrupción de los gobernantes? Y más específicamente, ¿por qué debe pagarlas la educación pública en beneficio de la concertada o de la privada a la que se sigue favoreciendo con exenciones fiscales?

Por más que el gobierno de la derecha se obstine en considerarla así, la educación pública no es un gasto sino una inversión; aparte, por supuesto, de un derecho de los ciudadanos. Hay todos los motivos para que las movilizaciones en España en apoyo a Valencia se conviertan en manifas a favor de la educación pública y en exigencia de que el gobierno y sus Comunidades Autónomas cambien la orientación general de su política en este terreno. La educación es una prioridad absoluta y no se puede mermar y mucho menos negar a palos.

Esto es tanto más necesario cuanto el gobierno y sus defensores en los medios ya están tratando de deslegitimar las protestas, de justificar la brutalidad de la policía y de amparar a los políticos de comportamiento más antidemocrático. Para ello recurren a los infundios, las insinuaciones y las simples mentiras. El ministro del Interior dice que la culpa de la violencia la tienen unos radicales que solo habitan en sus pesadillas, pues ninguna de los cientos de cámaras que han grabado los hechos ha registrado su presencia. La labor de desinformación la coronó ayer el ministro de Cultura en sede parlamentaria al afirmar que los socialistas se ponen del lado de la protesta violenta. Mentira podrida. No porque los socialistas se pongan o dejen de ponerse en donde quieran, pues allá ellos, sino porque la protesta no es violenta. No lo fue el martes, no lo fue el miércoles (y en ambas hubo miles de participantes) y no pretende serlo hoy. Los únicos que han recurrido a la violencia han sido los policías a las órdenes del gobierno del ministro. Y eso es un hecho.

Es esencial que la #PrimaveraValenciana, la protesta pacífica valenciana, siga siendo objeto de atención en toda España. No es decartable que quienes recurren a la mentira para argumentar también den en la flor de introducir provocadores en las manifas para conseguir las confrontaciones violentas que, suponen, justificaría su política represiva.

(La imagen es una foto de melderomer, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 22 de febrero de 2012

El fascismo no es lo que era.

Con Franco esto no pasaba. Por tercer día consecutivo más y más valencianos se han echado a la calle para exigir la dimisión de la delegada del gobierno, Sánchez de León. No les gusta Sánchez y, en vez de callárselo, lo dicen a gritos. No, con Franco no pasaba. Por eso llevan su retrato algunos maderos valencianos; el retrato de su caudillo y, seguramente, el de la propia Sánchez de León que, sin embargo, no sabe estar a la altura de su destino histórico. El primer día, esta brava camarada ordenó a la policía tundir a palos a los chavales que se manifestaban pacíficamente. El segundo día, viendo que se le iba la poltrona (y el suculento salario), trató de echar las culpas de los palos a los policías y prometió investigar si hubiera habido desmanes. Aparte, naturalmente, del de haberla nombrado a ella. Y el tercer día "negoció" con los manifestantes que no había nada que negociar y que no movía el trasero de su asiento.

Los fascistas de los que estos toman ejemplo, eran una pandilla de criminales, pero decían tener un sentido heroico, una afición por el gesto y una estética de la bravura. Esta otra pequeña funcionaria, que quiso dar un escarmiento a los valencianos probablemente para hacer méritos ante sus jefes, agarrada como una garrapata al sillón, ya no sabe qué hacer o decir para que se calme la tormenta que inició con su prepotencia y su falta de sensibilidad.

La situación ahora está atascada: los valencianos seguirán manfestándose mientras Sánchez de León no dimita. Si siguen manifestándose, habrá que volver a emplear la policía. Eso supondrá más y más numerosas manifestaciones en cumplimiento de la regla de acción-reacción y a los ojos del mundo entero.

Sánchez de León debe dimitir de inmediato y, si no lo hace, el ministro debe destituirla. Y si el ministro no la destituye es él quien debe dimitir. Y, de paso, que se vaya con el almibarado Wert, ese que habla de "manifestaciones violentas" que solo existirían en su imaginación si la tuviera.

La calle se subleva.

Los trescientos se convirtieron en tres mil; los tres mil, a saber. Los conflictos sociales son muy diversos y dependen de muchas circunstancias, generalmente únicas, razón por la cual lo más peligroso en enfrentarse a ellos con una idea preconcebida. El gobierno reaccionó el lunes con una exagerada violencia contra manifestantes pacíficos, quinceañeros y escasos. Quería mostrarse fuerte, contundente y cosechó una reacción general de rechazo. Hasta los suyos tuvieron que defenderlo acudiendo a las mentiras más insólitas como la de que un anciano ciego había agredido a los antidisturbios. En consecuencia, el martes retiró la policía y la gente tomó las calles a miles pacíficamente para mostrar su repulsa.

La responsable de la brutal agresión, la delegada del gobierno en Valencia, aseguró que se investigarían los hipotéticos excesos pero que no se retiraban los cargos contra los detenidos y ella no pensaba dimitir. Esto es, no ha entendido nada. Suele pasarle a la gente autoritaria. Claro que el ministro del Interior tampoco estuvo más sembrado. Reconoció que podía haber habido algún exceso de la policía pero, acto seguido, echó la culpa a los radicales, esos entes de ficción que no parecen por sitio alguno ya que los únicos radicales que la gente pudo ver fueron los antidisturbios en una danza frenética de carreras y porrazos. Es decir, tampoco ha entendido nada. Debieran dimitir los dos, él y su delegada.

O a lo mejor se orientan hacia otra táctica, la de dejar pasar un tiempo mientras traen refuerzos de otras provincias. Según parece se ha ordenado el traslado de unidades de la policía a Valencia desde Granada y otros lugares. De ser así, las autoridades demostrarían realmente no entender nada. La chispa valenciana ha prendido en muchas otras partes de España, en Galicia, Madrid, Málaga, Baeza. A lo mejor es más necesaria la policía en aquellas que en Valencia. Hoy hay manifas convocadas hasta en las sacristías.

El asunto es que, cegado por la soberbia de su triunfo electoral el gobierno no trae ninguna voluntad de compromiso, de consenso, de flexibilidad. Sus millones de votos y la situación de crisis lo legitiman a sus propios ojos para actuar como si viviéramos en un estado de excepción. Y no es el caso, al menos de momento. El gobierno tiene que respetar los derechos de los ciudadanos y no puede apalearlos por ejercerlos ni tratar de negárselos a base de embustes. Hoy la información está universalizada y no se puede mentir sobre realidades que todo el mundo conoce. Escuchar que los chavales agredieron a los policías, cosa de la que no hay prueba alguna, no solo mueve a risa sino que prueba quien tal cosa dice es un redomado granuja.

Los conflictos tienen siempre una causa. Negar que esta exista suele ser la primera reacción del poder, capaz de afirmar que el conflicto es inventado. Las manifas de estudiantes valencianos protestaban por los recortes en educación que dejan a sus institutos, por ejemplo, sin calefacción en invierno. El argumentario del PP, sin embargo, adoctrina a los suyos para que digan que no hay recortes y los manifestantes están manipulados por intereses extraños.

El problema es que las manifestaciones se han generalizado porque los recortes no solo existen sino que se aplican en toda España. En Valencia, sin embargo, tienen un carácter especialmente inicuo por cuanto, junto a ellos, junto a los recortes, se ha dado en los últimos veinte años un gobierno de despilfarro y corrupción que ha arruinado a la comunidad. Hay decisiones tan delirantes que quienes las hayan tomado no solo no debieran estar en el gobierno sino que debieran estar en la cárcel o en el manicomio. ¿A quién se le ocurre gastar 180 millones de euros del dinero de todos en un aeropuerto sin aviones? Esa es la causa última que el gobierno se empeña en negar y que los estudiantes valencianos han puesto de manifiesto con su acción al vincular los problemas de sus centros con el despilfarro y la corrupción del gobierno autonómico del PP y que está muy resumida en la foto de la derecha: "Arruinar una comunidad, dejar sin medicinas los hospitales, no pagar a los colegios, recortar los sueldos a los funcionarios, tener el paro más alto de España y seguir ganando con mayoría absoluta." Esa mayoría absoluta pese a todo es la que los ha perdido, cegándolos. Ahora tienen el conflicto en toda España y, por los mismos motivos, esos recortes que el argumentario del PP niega al tiempo que los practica con el claro desprecio por la verdad de que hace gala Cospedal cuando dice que España es un Estado policial y no se refiere a su gobierno, sino al del PSOE. Además de esto, ¿no es un insulto que unas gentes puedan arruinar una comunidad antaño próspera por su despilfarro o corrupción o ambas cosas a la vez y se vayan de rositas y, si acaso, diciendo, como dice Fabra que todo es una campaña de la prensa? Vamos, de lo que Franco llamaba la canallesca.

(Las dos imágenes son capturas de Tweeter y presumo que están en Creative Commons. De no ser así una nota en el kontrakt bastará para retirarlas).

martes, 21 de febrero de 2012

La dignidad de la gente y la indignidad de la gentuza.


Gente


La que se ha echado a la calle hoy en Valencia, pacífica, civilizadamente, por miles, a protestar por la brutalidad policial ordenada por unos mandos políticos de claras tendencias fascistas.

La gente quetambién pacífica y civilizadamente se ha echado a la calle en Madrid y otras ciudades para solidarizarse con los agredidos en Valencia, pedir el fin de la represión y la destitución de quienes no son dignos de los cargos que ostentan.

El Sindicato Unificado de la Policía (SUP) que ha tenido la honradez y dignidad de calificar de cobardes a los mandos que tratan de escurrir el bulto, culpando a los agentes que han hecho lo que ellos les mandaban.

La decana de la Facultad de Historia que dejó altísima la autonomía universitaria frente a la indigna partida de la porra policial.

Los redactores de Canal Nou, que han tenido la dignidad de amotinarse ante el empeño de los jefes por seguir emitiendo la pócima de mentiras, embustes y provocaciones que realizan habitualmente.


Gentuza


El ministro Ruiz Gallardón, quien afirma que la policia respondió a la violencia, mintiendo como un bellaco a un país que contempló las fotos de cómo los matones policiales aporreaban niños, chicas y ciegos.

La inenarrable alcaldesa de Valencia, epítome de la verdulería nacional, diciendo que los manifestantes "no pasaban de doscientos" que, además de ser mentira, supone que, si los manifestante son menos de doscientos, la policía puede abrirles la cabeza.

La delegada del gobierno que dio las órdenes de apalear indiscriminadamente con el fin de amedrentar a la población civil para que no aumenten las protestas por una situación tan alucinante como la que refleja la foto de la derecha.

El ministro de Incultura, Wert, quien sostiene que los "problemas no se arreglan con manifestaciones", típica hipocresía que oculta que lo escandaloso no son las manifestaciones sino la agresión policial a los manifestantes.

La central de agit-prop del PP en Madrid, llamada TeleMadrid, en donde se calificaron los hechos de ayer en Valencia como "guerrilla urbana", en un episodio más de periodismo abyecto y rastrero lacayo del poder.

Si no es fascismo, lo parece

Valencia es una de las comunidades autónomas más endeudada, si no la más endeudada. Por dos veces ha habido que rescatarla con aportaciones del gobierno central por amenaza de quiebra. A esa situación se ha llegado porque lleva años gobernada por una casta política entregada al despilfarro y la supuesta connivencia con una trama de delincuencia dedicada al expolio y saqueo de las arcas públicas. El despilfarro es patente en proyectos megalómanos ruinosos, torres que no existen pero cuestan millones, aeropuertos sin aviones y otros disparates de este tenor. El expolio se ha venido dando supuestamente en las contratas públicas de todo tipo, la visita del Papa en 2006, malversaciones sistemáticas de fondos, concesiones millonarias ilegales y, por supuesto, "negocios" con la trama de Urdangarin. Igualmente es la comunidad en la que se da mayor densidad de políticos del PP imputados en causas de corrupción y presunta financiación ilegal del partido.

Valencia es también la comunidad en que antes se han aplicado los recortes del gasto público y con efectos más devastadores, en donde los servicios públicos no se prestan o se prestan en condiciones inadmisibles, en concreto los de salud y educación públicas. Y ahora le cabe la honra de ser la comunidad en la que la policía reprime con mayor brutalidad las manifestaciones pacíficas de ciudadanos, especialmente las de jóvenes y adolescentes que protestan por las deplorables condiciones de sus centros de enseñanza.

Que la policía apalee brutalmente a los chavales es por sí bastante indignante. Pero no hay que caer en el sentimentalismo. Lo haría igual con adultos o con ancianos. La policía cumple órdenes de los mandos políticos y las de estos son claras: mano dura con todos los manifestantes, la calle es mía, aunque haya que regarla con sangre. Que nadie se mueva, que nadie proteste. La libertad de expresión e información, los derechos de reunión y manifestación, las garantías de los ciudadanos frente a los excesos de la fuerza pública, todo eso es papel mojado. La mayoría absoluta nos da derecho a agredir por decreto los derechos de los trabajadores y a socavar más la Constitución y quien proteste, que se atenga a las consecuencias.

La concepción del orden público de la derecha es esencialmente autoritaria y represiva. Nada de dialogar. A los sediciosos (la policía los llama el enemigo) se los apalea para que sepan a qué atenerse y sirvan de escarmiento a otros sectores sociales que sientan la tentación de secundar su ejemplo. Es una concepción muy cercana al fascismo.

Sé que lo he dicho otras veces pero, habida cuenta de los hechos innegables que todos hemos de padecer, reitero mi afirmación de que solo los necios o los provocadores pueden sostener que el PP y el PSOE sean lo mismo. Por cierto, ignoro en dónde están los hipercríticos del 15-M pero, estén en donde estén, habrán de admitir que, mientras hubo un ministro socialista en Interior, ellos pudieron realizar sus actividades. Ahora ya les ha advertido la delegada del gobierno de Madrid que no las tolerará. Será interesante ver qué sucede cuando el 15-M reaparezca; si reaparece.

Según mis noticias -pues no veo la tele- la mayoría de las cadenas censuró las imágenes más impactantes de la brutalidad policial; no se reprodujeron los vídeos -por lo demás colgados en Youtube- en los que se ve a los policías como matones armados hasta los dientes corriendo como locos por las calles apaleando a cuanto ciudadano vieran menor de 25 años. No importa: las redes cumplieron su función y propalaron a los cuatro vientos las barbaridades que se estaban cometiendo. La policía no puede actuar brutalmente contra los ciudadanos sin que estos fotografíen o registren en vídeo los hechos y los suban a internet en todos los soportes de forma que imágenes como la de Público ayer saturaban FB, Twitter y la blogosfera en general, llegando en tiempo real a todas partes del mundo. Son las que recogen hoy los periódicos. Es el poder de internet, del ciberespacio, en el cual todos participamos de los acontecimientos no ya como espectadores sino como simpatizantes, auxiliares, correos y codeliberantes en las decisiones. Por ejemplo, para hoy se esperan concentraciones, manifestaciones, actos de protesta en toda España. ¿Quién los ha convocado? Nadie. Se han convocado solos, de modo espontáneo en la red. Habrá alta participación del estudiantado universitario desde el momento en que la Facultad de Historia de Valencia será el centro de atención general. El conflicto se extenderá y radicalizará a medida que el gobierno siga aplicando la única política de orden público que conoce, la del palo y tentetieso.

Por cierto, esto no es Túnez, ni Egipto, ni Grecia. Esto es España.

lunes, 20 de febrero de 2012

Valencia (Spain) Today.

We need to reach out so much as possible.

Please help spread the news. Spanish police is openly brutalizing children who protest peacefully against school cuts.

With the new right wing Gvnt, Fascism is back in one of the most corrupt countries of Europe, in which thieves get cleared by the "courts" (still staffed by Francoists) while people who fight for justice, like judge Garzón, are ousted of the judiciary by means of dubious judicial proceedings.

The repression in Valencia will probably ignite a social revolt in the country. It is therefore essential that the international community keep an eye on the events in Spain, where nobody gives a damm for human rights under the PP Gvnmt.

Esto también requiere respuesta.

Puede que esté empezando una #primaveravalenciana; puede que no. Lo que está claro es que el gobierno de la derecha no ha perdido el tiempo con contemplaciones. Todos sus actos han sido ataques a los derechos de la ciudadanía, a su seguridad, su nivel de vida, sus libertades, su derecho al trabajo. Y, cuando parte de esa ciudadanía, harta (como en Valencia) de que no haya servicio público de educación por el que sin embargo ha pagado, se manifiesta, el ataque pasa a la vía de hecho. Los policías reciben órdenes de cargar sin contemplaciones contra jóvenes y adolescentes estudiantes, aporrearlos, machacarlos con pelotas de goma, gasearlos. Sabíamos que el ministerio del Interior está en manos de fascistas; pero faltaba por comprobar que hasta sus miñones más ridiculos (como esa delegada del Gobierno en Valencia, que no puede ser más falaz, brutal y desagradable) se aplican con saña a la tarea.

Hay que responder a las agresiones del gobierno. De forma pacífica y civilizada (lo que no son ellos), pero en masa. Espero que las redes sociales nos convoquen a manifas de solidaridad con Valencia.

Hay que parar el fascismo que, listos que somos, hemos traído con nuestros votos y la ayuda inestimable de los imbéciles que decían que el PP y el PSOE son lo mismo. A la vista está. Por cierto, ¿en dónde andan los del 15-M?

Gran respuesta a la agresión de la derecha.

La jornada de ayer fue de las que levantan el ánimo. Al margen de la inevitable guerra de cifras, está claro que la gente hemos reaccionado, que no vamos a dejarnos avasallar así como así, que estamos dispuestos a luchar por nuestros derechos frente a quienes pretenden dejarnos sin ellos, no nos arredramos y vamos a impedir que el bloque reaccionario compuesto por la iglesia, la patronal, la derecha política con su cohorte de cargos corruptos nos hagan volver al siglo XIX en el que el trabajo era el reino de la explotación servil.

Emborrachada por unos resultados electorales del 20-N que no hubieran sido tan contundentes de no haberse producido el semihundimiento del PSOE, la derecha creía llegado el momento de desmantelar todas las conquistas políticas, sociales y laborales que se habían conseguido en los últimos años y que hacían de nuestra sociedad un lugar no perfecto pero sí aceptable para vivir. Se arrancó así por la brava suprimiendo de un plumazo la Educación para la ciudadanía, el derecho al aborto, el acceso a los contraceptivos (en cumplimiento de órdenes de la iglesia) y siguió luego con ese "decretazo" que pretende despojar a los trabajadores de sus derechos dejándolos a merced de los patronos, a tono con el programa máximo de estos.

Pero la respuesta de ayer es prueba evidente de que la sociedad no va a permitir que se instaure el oscurantismo eclesiástico ni la ley del más fuerte empresarial al amparo de un gobierno reaccionario. Ha sido una protesta tan contundente, una movilización tan masiva que eclipsó la apoteosis de Rajoy en el congreso de Sevilla y hasta los Goyas del cine español. No se lo esperaban y lo único que Rajoy ha acertado a balbucear en defensa del ataque frontal al fundamento constitucional del derecho del trabajo es que la reforma es "justa, buena y necesaria para España" cuando desde el común sentir de la ciudadanía es injusta, mala y solo conveniente para los empresarios que quedan con las manos libres para tratar a los trabajadores como siervos.

La movilización es un éxito de los sindicatos. No es de extrañar que la derecha los tenga en el punto de mira pues son los únicos que pueden darle una respuesta multitudinaria y unida. Falta ahora que los partidos, especialmente el PSOE, sepan estar a la altura de las circunstancias. Ha podido comprobar que la desmovilización de las pasadas elecciones no se refleja en apatía alguna. Al contrario, hay voluntad de lucha y orientada a la izquierda. Por tanto los socialistas tienen que liquidar su proceso de renovación interno y ponerse a la tarea de ejercer una oposición clara y de principios, hacer causa común con los sindicatos y proponer un programa claramente de izquierda socialdemócrata: separación nítida entre la iglesia y el Estado, consolidación y ampliación de la educación pública gratuita, defensa decidida de los servicios públicos, especialmente la sanidad, ampliación de la democracia, reforma del sistema electoral, política fiscal progresiva y redistributiva, políticas keynesianas y elaboración de un programa europeo de izquierda socialdemócrata. Tiene que demostrar el absurdo de que, en el momento en que se prueba que las políticas neoliberales han fracasado por segunda vez, sean las que el gobierno quiere aplicar.

Debe quedar claro que las movilizaciones de ayer son solamente el comienzo de una voluntad generalizada de parar los pies a los nuevos bárbaros. En un momento en que la mayoría absoluta del PP y su voluntad de imponerla convierte la oposición parlamentaria en un remedo de lo que debiera ser, la oposición habrá de ser extraparlamentaria y ejercerse tanto dentro como fuera de las cámaras. Y en esa doble vía debe estar el PSOE porque ello es perfectamente legítimo. Los derechos están para ejercerlos, especialmente contra quien quiere suprimirlos. La movilización debe continuar y orientarse hacia una huelga general que no se quede en un acto de un día.