miércoles, 30 de noviembre de 2011

Franco.

La memoria de Franco pesa sobre la conciencia colectiva de los españoles como una losa más abrumadora que la de 1500 kilos que cubre la tumba del dictador. Se haga lo que se haga, ahí sigue, como un fantasma del pasado que no permite el descanso de los muertos ni la paz de los vivos. Su periódico retorno con uno u otro motivo resucita los sentimientos de humillación, terror y persecución de cientos de miles de españoles, vivos de nuevo en el recuerdo de los relatos de la España negra con los que crecieron sus descendientes.

¿De qué otra forma podía ser cuando, contra todo espíritu de magnanimidad, el cuerpo del dictador yace en el centro de un inmenso, ciclópeo mausoleo que se hizo construir en vida para su mayor gloria en la muerte a su vez en el centro mismo de España? Cercana al Escorial, pétreo emblema del imperio español, con voluntad de resurrección imperial, esa gigantesca cruz no simboliza la reconciliación de los españoles, sino la victoria de unos sobre otros y se alza en recuerdo de los casi cuarenta años del régimen más sanguinario que haya padecido el país nunca. Desde Cuelgamuros irradia el espíritu de unos vencedores inmisericordes que crearon un cementerio colectivo en el que enterraron a la fuerza los huesos de los vencidos para que les sirvieran como trofeo por los siglos de los siglos. Quienes afirman que el monumento trata de hermanar a los españoles más allá de la muerte y de honrar por igual a los caídos de ambos bandos sólo añaden la mofa a la afrenta. ¿Desde cuando se entierra a las víctimas con su victimario, a los asesinados con su asesino?

Mientras esa mole esté en donde y como está los españoles no conocerán la paz de espíritu ni podrán entenderse. Los descendientes de los vencedores porque se sentirán obligados a seguir respetándolo y aun rindiéndole honores como única forma de acallar sus remordimientos. Los de los vencidos porque, al no encontrar justicia ni reparación, seguirán siendo presas del recuerdo herido y sintiéndose derrotados, como experimentan quienes diariamente pasan junto al arco de La Moncloa que, para vergüenza de todos, sigue llamándose Arco de la Victoria.

Ahora la comisión de expertos a la que el Gobierno encargó la tarea de recomendar una decisión que hubiera debido tomar el Parlamento en su día propone exhumar los restos del Caudillo y llevarlos a otro lugar, siempre que la iglesia católica otorgue su permiso. Sin duda esta cautela está dictada por muy pertinentes consideraciones jurídicas pero equivale a dejar en manos de una organización privada una medida de enorme trascendencia pública; una organización privada que fue cómplice de la Dictadura a lo largo de su existencia. Y más que complice, fue, junto a ejército y la policía política, uno de sus pilares fundamentales bajo la forma del nacionalcatolicismo, la que tomó el fascismo en España.

Tres de los miembros de la comisión se oponen a lo que ésta recomienda porque contribuiría a dividir y radicalizar a la opinión pública, un argumento que pone de relieve lo que niega. Todo lo que tiene que ver con Franco divide y radicaliza porque él dedicó su vida a dividir y radicalizar España y, mientras no esté enterrado en algún otro lugar, mientras siga expuesto presidendo en cierto modo el centro mismo de la memoria colectiva de la tragedia nacional, así será. Tarde o temprano, aquí, en la Argentina o en donde sea, un tribunal de justicia calificará de genocidio la represión franquista, un delito que no prescribe, y condenará a Franco como genocida. Entonces el peligro de división y radicalización será máximo.

El franquismo es el responsable de que generaciones enteras de españoles experimentaran su condición nacional como una vergüenza cuando, al salir al extrajero, comparaban los Estados de derecho europeos, respetuosos con la dignidad de sus ciudadanos, con la tiranía que ellos padecían y que los trataba como súbditos y carne de presidio. Nada humilla más a una persona que vive bajo una tiranía que compararse con quien lo hace en un régimen de libertad. De ahí viene en buena medida el complejo de inferioridad de los españoles frente a los europeos.

Llega el informe en el momento del relevo en el gobierno y, por más que los socialistas pidan a Rajoy que no lo ignore, lo más probable será el olvido con el argumento de que no es un asunto urgente, pues los hay mucho más. Querrá ocultarlo recurriendo a esa fórmula huera de que España es una gran nación y se ayudará de los gritos de rigor al estilo Bono de ¡viva España! Pero una nación que maltrata a sus hijos, les niega la justicia y la reparación, jamás será grande. Vivirá seguramente pero será en la ignominia. El orgullo del presente hunde sus raíces en el pasado y el pasado español hiede a mortandad.

(La imagen es una foto de hermenpaca, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 29 de noviembre de 2011

¡Viva España!

Palinuro es moderado, carece de prejuicios, hasta es (bueno, era) moreno; grita ¡viva España! con todas sus fuerzas legionarias. ¿Cómo no es aún secretario general del PSOE? ¡Ah, claro, porque no es del PSOE! Pero eso le pasa también a Carme Chacón, según Guerra y Bono que, mira por dónde, a pesar de su correoso antagonismo, coinciden en el amor a la patria. Al ser la ministra del PSC no es del PSOE como, según dice Guerra, sostienen algunos socialistas catalanes, más cuatribarrados que bicolores. Lo que nos lleva a la curiosa conclusión de que el Gobierno de España es de coalición y no nos habíamos enterado.

El debate sobre la sucesión de Zapatero, que se preveía animado, empieza a tocar fibras nacionalistas, siempre delicadas. Ya puede Carme Chacón desgañitarse por los páramos manchegos gritando "¡viva España!". No se la oye, no se la escucha, porque es catalana. Hace un par de días Palinuro avisaba de que éste iba a ser su handicap porque en España hay mucho prejuicio anticatalán, incluso entre los socialistas. Dicen los prejuiciados que no es por catalana sino por socialista catalana. Pero sólo es un modo de disfrazar el prejuicio.

Estamos en zona minada. En el post citado Palinuro sostenía que, para la izquierda, la condición de catalán no sólo no puede ser un lastre sino que ha de ser una ventaja. Si el PSOE se tiene por el gran partido vertebrador español ha de admitir sin más que una catalana pueda ser secretaria general y, llegado el caso, presidenta del gobierno de España. Eso es vertebrar. Lo otro, no. En efecto, zona minada porque no es un claro terreno de política práctica, sino uno oscuro de pasiones y sentimientos. El de los prejuicios.

Pareciendo que oliera el peligro, Felipe González, cuyo mayor activo político ha sido siempre una poderosa intuición, ha reafirmado lo obvio, esto es, que se puede ser secretario general y catalán; que no es tan obvio porque, si lo fuera, no sería necesario reafirmarlo. Como Palinuro pasa por furibundo felipista desde lo de las Termópilas, ofrece a Isidoro de Sevilla la base racional de su intuición. Es simple: si lo que queremos es fomentar el nacionalismo y el separatismo en las filas del socialismo catalán y, por extensión, en Cataluña, lo mejor que podemos hacer es poner pegas a los catalanes por catalanes. Es difícil que un nacionalista excluyente lo entienda, pero es fácil que lo hagan los incluyentes. Y, en efecto, consuela que Vara, Iglesias y Griñán coincidan con Felipe en que un(a) catalán(a) pueda liderar el PSOE. Por supuesto. Y ser president@ de España. Como lo fue de la Generalitat un cordobés. Es de sentido común en un país en el que tod@s somos iguales ante la ley.

Juzguen los socialistas la capacidad, la inteligencia, la habilidad, la determinación de Carme Chacón si presenta su candidatura. Juzguen lo que quieran menos su procedencia territorial. Si hay España, es propiedad de tod@s. Otra cosa es la sorda pugna partidista PSOE/PSC, que la hay y que los socialistas tendrán que resolver con alguna fórmula imaginativa que no los lleve a la situación en que se vieron el PCE y el PSUC. Es difícil, desde luego (como siempre que aparecen los nacionalismos), pero no imposible y, en todo caso, no puede convertirse en la razón por la que se atropellen los derechos de una persona.

Rubalcaba no es catalán pero tiene mucho a su favor. Varios dirigentes añosos lo postulan con razones de peso que hablan de experiencia y eficacia probadas. El propio Rubalcaba las exhibe cuando, como es costumbre en él, no habla mucho, pero hace. En este caso ha hecho lo más sensato y lo que más deben agradecerle sus compañeros: seguir dando la cara en el Congreso aun sin haberse pronunciado sobre su candidatura a la secretaria y sin saber si es o no segura. Su partido tiene una deuda con él. Y más que tendrá después del debate de investidura. Se puede objetar que se trata de una maniobra suya, según ese maquiavelismo que le atribuyen, para postularse de hecho como candidato. Pero quienes esto dicen deben responder dos preguntas. La primera, qué otra cosa cabe hacer. La segunda porqué no son separables la candidatura a la presidencia y a la secretaría.

A todo esto lo de añosos de más arriba no llevaba mala intención. Sobre la sucesión se han pronunciado ya bastantes miembros importantes del PSOE en sana discrepancia. Tienen, sin embargo, algo en común: todos son hombres y ninguno cumplirá ya los sesenta. Guerra critica la predilección por los jóvenes y las mujeres; pero se refiere a los cargos públicos. Estoy seguro de que no tiene nada que objetar a que opinen. Sería bueno que se escucharan voces de generaciones más recientes. A la postre será su secretari@ general más tiempo que lo será para algunos de los que ya han hablado. Ley de vida.

(La imagen es una captura de telecinco.com)

lunes, 28 de noviembre de 2011

De la dignidad en política.

El diario El País continúa con ese ataque al PSOE y a Rodríguez Zapatero que deja ver el mar de fondo producido por la negativa del gobierno socialista a plegarse a los intereses empresariales del grupo Prisa. El duro, altanero e injusto editorial de ayer contra el secretario general del PSOE (¿Nadie es responsable?) muestra por lo bajo que se intenta hacer leña del árbol supuestamente caído y por lo más bajo que el periódico acabará consiguiendo ponerse a la altura moral de sus competidores de la derecha.

Interpreta el editorialista a su modo el contenido del Comité Federal de ayer y se escandaliza de que Zapatero no haya aceptado su responsabilidad en las dos derrotas electorales producidas por la pretendida mala gestión de la crisis, de la cual hace exclusivo culpable al presidente en funciones, exactamente igual que Rajoy quien, sin embargo, ahora está comprobando amargamente que a lo mejor no consigue estar a la altura de aquel a quien denigraba sin cesar. Igual también que El País quien, a su vez, al no ser gobernante, no tiene que temer por ese lado, pero sí por el de la desafección de sus lectores más ecuánimes.

No vamos a perder el tiempo recordando que lo de la "mala gestión" no es cierto como ve cualquiera que compare a Italia con España; por no hablar de Grecia, etc. Al contrario, vamos a ganarlo con una simple pregunta: ¿qué diría hoy El País si, en lugar de girar 180º en mayo de 2010, el presidente hubiera seguido con la política de estimular la demanda a base de más gasto público? No fue así y Zapatero tuvo la dignidad de anteponer los intereses de España a los de su partido. Pues eso no lo libra de la bronca del sabelotodo de siempre. Haga lo que haga será abroncado porque, en el fondo, el ataque responde a otras causas que, sin embargo, no se tiene la dignidad de formular. Hay sus diferencias.

Al día siguiente de la derrota del PSOE, el mismo diario, en otro durísimo y despreciativo editorial, pedía la inmediata dimisión de Zapatero y como éste no la presentara, el periódico, molesto por que no se acaten sus mandatos, volvió ayer a la carga con el nivel y los resultados que ya se ha visto. La independencia del poder político frente a las exigencias perentorias de quienes se arrogan un derecho de intervención que toma la forma de órdenes es una garantía de la dignidad de la política.

Otra sencilla pregunta ¿qué hubiera pasado si Zapatero, en lugar de no doblegarse ante esta petulante injerencia, hubiera dimitido? Un PSOE descabezado, una probable comisión gestora, aplazado sine die el congreso, un partido que no podría, quizá, hacer su labor de oposición hasta bien entrado el año 2012. Si es esto lo que se buscaba, probablemente porque haya que hacer méritos con los nuevos aires, la operación se ha frustrado gracias a que, de nuevo, Zapatero ha actuado con dignidad y ese sentido de la responsabilidad que El País le niega igual que se lo negaba el PP.

Zapatero ha explicado ante el Comité Federal que no había alternativa al giro de mayo de 2010, cosa que entiende todo el mundo salvo quien no quiera hacerlo. Porque ¿cuáles eran las otras opciones? Dado que resultaba imposible seguir con las medidas económicas de incentivar la demanda, sólo quedaba dimitir y convocar elecciones o convocar un referéndum y ambas, en aquellos momentos críticos, hubieran sido catastróficas.

Por último, reducir las dos legislaturas de Zapatero a una mezcla de improvisación, populismo y volubilidad, ocultando (no ignorando sino ocultando adrede) que la primera introdujo cambios sustanciales en la sociedad española convirtiéndola en una de las más avanzadas de Europa en punto a igualdad, derechos civiles, protección de las minorías, dependencia, etc., es algo más que indigno. Raya en lo repulsivo.

(La imagen es una foto de Delatorre, bajo licencia de Creative Commons).

Reflexión sobre los resultados electorales.

Invitación a una reflexión y debate sobre los resultados electorales



Todo el mundo bienvenido.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Reaccionar a tiempo.

Nadie podrá acusar al PSOE de lentitud o afán de escurrir el bulto. Ya tiene convocado el congreso ordinario para elegir su nuevo secretario general y decidido el procedimiento para hacerlo. Quedan descartadas las primarias y serán los delegados los que se pronuncien.

De aquí a primeros de febrero se formalizarán las candidaturas. Se quiere que haya varias como se demuestra por el hecho de que el Comité Federal haya rebajado la cantidad de avales que se precisan para optar. Pero, de momento, ninguno de los posibles interesados ha soltado prenda. Sí han hablado, en cambio, algunos que no se postulan. El viernes lo hizo Gabilondo, pidiendo a Rubalcaba que se retire y ayer, en cambio, Jaúregui decía que, de no haber otro que concite mayores apoyos, hay que fortalecer a Rubalcaba, mientras que Bono pedía un candidato que sea español "sin complejos". Este Bono es tan de derecha que hasta coincide con ella en las expresiones. Esa de "sin complejos" es expresión cara a Aznar y a la partida de la porra mediatica conservadora y quiere decir que no basta con tener convicciones fuertes sino que hay que vociferarlas por ahí, sacarlas a relucir venga o no a cuento y arrojárselas a la cabeza a los posibles adversarios. Esta falta de complejos de Bono se refiere a su acendrado nacionalismo español. Bono quiere un secretario general españolista. Rubalcaba lo es, aunque quizá no tan estridentemente como le gustaría a Bono. Pero da la impresión de que, en el fondo, su fórmula no pretende tanto animar a Rubalcaba como justificar la oposición a la candidatura de la catalana Chacón. Ayer decía Palinuro que en España hay un fuerte prejuicio anticatalán. La prueba, en menos de doce horas. Así pues Bono sólo admitiría un catalán como candidato si fuera un nacionalista español al estilo de Josep Pla. Verdaderamente llamativo en esta impertinente exigencia es que a Bono lo único que le preocupe del candidato sea la intensidad de su nacionalismo y no sus ideas o propuestas acerca de la renovación de la socialdemocracia.

Sin embargo, la definición ideológica se presenta como lo verdaderamente decisivo en este caso. El capitalismo al que la socialdemocracia tiene que enfrentarse ha evolucionado mucho desde aquel otro al que Pablo Iglesias quiso oponerse fundando un partido. El partido tiene asimismo que evolucionar. Y tiene que hacerlo atendiendo a unos objetivos propios de la socialdemocracia que se distinguen de los de la derecha y los de la izquierda de obediencia comunista: libertad, democracia, igualdad, justicia social. Estado keynesiano del bienestar.

Caballería roja. El arte y el comunismo.

La Casa Encendida alberga una portentosa exposición de arte soviético titulada Caballería roja. Arte y poder en la Rusia soviética, 1917-1945 con tal abundancia de material, magníficamente organizado por la comisaria, Rosa Ferré, que si se pretende contemplarla con cierto detenimiento, da para más de un día. Se ha hecho con un enorme esfuerzo de coordinación y colaboración con muchos museos de Rusia que debe aplaudirse porque el resultado es impresionante. En los cuatro espacios de exposición de la planta baja y sótano de la Casa Encendida se exhibe la mejor muestra del arte soviético, de todo él y en todas sus manifestaciones, que pueda imaginarse.

Hay cuadros de Kandinsky, Chagall, Malevich (uno suyo da nombre a la exposición), Deyneka, Brodsky, etc; carteles de El-Lissitsky, Dmitri Moor, Gustav Klutsis, Maiakosky; fotomontajes de Rodchenko y otros; música de Shostakovich y Prokofiev; libros y poemas de Ana Ajmatova u Ossip Mandelstam; novelas y relatos de Babel, Gorki, Pasternak, Pilnyak; bocetos y diseños de Meyerhold, Maiakovsky de nuevo; artefactos de Tatlin o Theremin; películas de Dziga Vertov, Eisenstein o Pudovkin; esculturas de Vera Mujina e Ivan Shadr. Treinta años de creatividad muy bien expuestos, que dan una idea de la evolución del arte soviético desde la revolución bolchevique hasta 1945, el fin de la Gran Guerra Patria, que no del estalinismo.

Sin embargo, esa idea puede resultar engañosa si el visitante no sitúa en el debido contexto la enorme afluencia de obras de arte que lo asaltan. Para hacerlo, lo aconsejable es comprar el catálogo de la exposición, una obra muy apreciable con aportaciones de especialistas en la materia. Las de Rosa Ferré, las más abundantes, son con mucho las mejores. De este modo, armado con las claves que en el catálogo se encuentran el espectador ya no corre peligro de caer en la trampa de una visión convencional del arte comunista que, de darse, vendría a ser como el triunfo póstumo de la única habilidad en la que el comunismo ha destacado con auténtica maestría: la propaganda.

En efecto, el visitante de buena fe recorrerá las salas y su primera impresión (que, muchas veces, la mayoría, es la única que se obtiene) será coincidente con la interpretación al uso de la evolución del arte soviético y que, más o menos, dice lo siguiente: con la revolución bolchevique, en vida de Lenin y durante los primeros años de la joven república soviética (hasta el ascenso de Stalin en 1927) hubo un tremendo florecimiento del arte, en medio de la libertad de creación más absoluta, un montón de genios en todas las ramas estéticas asombraron al mundo con la fuerza, la originalidad y la belleza del arte revolucionario. Es cierto que, en muchos casos, la creación procedía de las vanguardias prerrevolucionarias pero, a partir de 1917, el comunismo revolucionó no solo la política y la economía sino la literatura y el arte en general, haciendo aportaciones que todavía se imponen con fuerza. A partir de 1927, sin embargo, con el ascenso de Stalin y, sobre todo, al comienzo de los años treinta hay un giro de radical de la política artística del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), el mismo Stalin se mete en cuestiones estéticas, el más rígido dogmatismo ahoga toda creatividad artística, se instalan el realismo socialista y el culto a la personalidad, los artistas se convierten en acobardados servidores y propagandistas de la ideología pseudomarxista del estalinismo y las obras de arte son falsas, bombásticas o puro kitsch.

Esta interpretación al uso es parcialmente cierta y parcialmente no. Es cierta la segunda parte: el estalinismo significó la sumisión del arte a las obtusas directrices del PCUS, administradas por Jdanov, consuegro de Stalin y que tenía tanto sentido estético como un boniato; significó asimismo el soborno de los intelectuales y artistas que se sometieron y la persecución, la tortura, el destierro o la muerte para los que no lo hicieron. Este triste destino afectó a miles de creadores. De los seiscientos asistentes al congreso de escritores en Moscú en 1934, unos años después doscientos habían sido fusilados.

En cuanto a la primera parte, es cierto que en los primeros años de la revolución hubo una verdadera explosión de creatividad artística, pero es falso, como suele darse a entender (ya que nadie se atreve a decirlo claramente por ser claramente mentira) que tal explosión estuviera animada por las autoridades comunistas o que Lenin fomentara la creatividad artística que no estuviera estrictamente ligada a la propaganda. Más abajo volveré sobre este asunto que no es sino el enésimo intento de cargar todas las monstruosidades del comunismo sobre Stalin, salvando la figura de Lenin, cuando es claro que lo único que diferencia a Lenin de Stalin, en esto como en todo, es que el primero murió prematuramente y no le dio tiempo a llevar a cabo todos los crímenes que cometió el segundo. No obstante hizo lo suficiente para justificar este juicio que, insisto, expondré al final de la entrada.

Antes unas palabras sobre el régimen de terror de Stalin que literalmente revuelve las tripas. En 1932, el ex-seminarista pone fin a la multiplicidad de escuelas, corrientes e ismos artísticos y crea una Unión de Escritores Soviéticos. El congreso de 1934 impone la doctrina del realismo socialista y ésta se expande a todas las ramas del arte a partir de la creación en 1936 de un Comité de Asuntos Artísticos de la Unión. Los artistas y creadores que querían prosperar tenían que pertenecer a estas organizaciones; los que no lo hacían ya sabían que les esperaba el ostracismo, la persecución o algo peor. Stalin fue especialmente duro con los escritores y, en concreto, con los poetas: Maiakovsky, Yesenin y Marina Tsvetaeva fueron empujados al suicidio, Mandelstam murió en el gulag, como Shyleiko y Nicolai Punin, segundo y tercer maridos de la poetisa Ana Ajmatova, cuyo hijo, Lev Guvilev también fue deportado y murió en consecuencia. Todo esto lo encontramos en la exposición.

Es Ajmatova, precisamente, la que cuenta en su introducción al primer poema de su obra Requiem que sólo pudo publicarse en Rusia en 1987 la famosa y estremecedora historia que mejor describe el terror stalinista. Estaba la poetisa en una de aquellas colas de familiares de presos y desaparecidos que todos los días tenían que ir a la puerta de la cárcel de Leningrado a esperar durante horas con temperaturas bajo cero por ver si conseguían alguna noticia de sus allegados y que tan bien describe Grossman en alguna de sus obras, cuando una mujer que estaba detrás le susurró al oído (nadie podía hablar en voz alta): "¿puede usted contar esto?" "Sí", respondió Ajmatova, "puedo". El resultado es el poemario Requiem, que pone los pelos de punta.

Pero no fueron únicamente los poetas los perseguidos. En los años del Gran Terror (de 1934 a 1940), Stalin hizo fusilar pintores (Pavel Filonov, 1937), cartelistas fieles hasta la muerte (Klutsis, 1938), novelistas (Boris Pilnyak, 1938; Isaak Babel, 1940), cineastas (Boris Shumiatsky, 1938), dramaturgos (Vsevolod Meyerhold, 1939) o periodistas (Mijail Koltsov, 1940). La exposición contiene obra de todos, mucha de ella, paradójicamente, alabando a su asesino. Por supuesto, al ser la exposición de arte, nada se dice de la masacre estalinista de políticos, militares, médicos, científicos y gente de la calle. Aun hoy es imposible calcular cuánta gente asesinó este tirano.

¡Ah, pero es que el estalinismo fue una degeneración del comunismo, del leninismo! Lenin era otra cosa. ¿Acaso no previno en su testamento de lo que se venía encima con el georgiano al que él mismo había nombrado secretario general? Es posible que tuviera segundos pensamientos pero, en realidad, Stalin no es sino la continuación de los métodos de Lenin. Fue Lenin quien cerró la asamblea constituyente y ahogó la democracia en la cuna; fue él quien ordenó reprimir a sangre y fuego la sublevación de Kronstadt, él quien hizo fusilar al Zar y su familia, incluido el zarevich, un niño, sin juicio alguno (y mantener oculto este crimen durante años) y él quien puso en marcha los primeros campos de concentración. En realidad no es Stalin ni tampoco Lenin, es el comunismo. Con él comienza el terror y la única diferencia entre Stalin y Lenin es que éste fallece muy pronto, está muy ocupado con la supervivencia del poder bolchevique (guerra civil, comunismo de guerra, NEP) y, desde su muerte (en 1924) hasta el triunfo de Stalin en la lucha interna por sucederle (1927), los comunistas tienen poco tiempo de ocuparse de los artistas.

Es decir, el grandioso florecimiento del arte revolucionario que se abre en 1917 es posible no gracias a los bolcheviques y Lenin, sino, al contrario, gracias a que los bolcheviques y Lenin estaban ocupados tratando de sobrevivir. Así se desarrollaron las vanguardias, o los grupos de artistas, como el Proletkult o Lef, por cierto, todos ellos sinceramente bolcheviques y revolucionarios. De todo esto hay magníficos ejemplos que suspenden el ánimo en la exposición. En punto a producción artística, la Rusia bolchevique no tenía nada que envidiar a la Alemania de Weimar. Y si en ésta hubo expresionismo o la neue Sachlichkeit, en Rusia hubo futurismo, constructivismo, acmeísmo, suprematismo o productivismo. Otro curioso parecido que se daría unos años después entre Alemania (ahora la nazi) y la URSS fue la persecución de las formas artísticas que disgustaban a las respectivas tiranías y ambas bajo el mismo nombre: "arte degenerado".

Pero todo ello no gracias a Lenin, sino a pesar de él. El fundador del bolchevismo no tenía inquietudes artísticas y sus gustos eran conservadores, por no decir del montón. Odiaba las vanguardias (para vanguardia ya estaba él) y los ismos. Su único interés en el arte residía en su faceta propagandística y por eso apoyó el cine, puso al dramaturgo Anatoli Lunacharski al frente del comisariado de arte y facilitó que se crearan aquellos trenes que llevaban los documentales de Dziga Vertov por los pueblos de la estepa. Pero ahí se acababa su preocupación y en el resto fue tan arbitrario y censor como Stalin sólo que mucho menos eficaz. Si Nadia Krupskaia iba al teatro y no le gustaba la obra, el dramaturgo recibía un aviso, igual que cuando Stalin iba al estreno de, por ejemplo, la Lady Macbeth de Shostakovich, no le gustaba y, al día siguiente, la Pravda cargaba contra una música que no era tal, sino un caos burgués, asunto peligroso que podía llevar al creador al gulag. Fue Lenin quien mandó al exilio a docenas de intelectuales y creadores, desde el novelista Evgenii Zamiatyn hasta el filósofo Nicolai Berdiaev, pasando por el sociólogo Pitirim A. Sorokin. Y fue igualmente Lenin quien hizo fusilar en 1921 a Nicolai Gumilev, primer marido (divorciado) de Ana Ajmatova, bajo la acusación de conspiración monárquica. Aún no se había descubierto la práctica de torturar y fusilar gente bajo la acusación de trostkistas. Es el estalinismo, es el leninismo, es el comunismo en definitiva, el que ahoga toda libertad creadora y, cuando puede, termina con los mismos creadores.

Una última noticia respecto a otro episodio siniestro de abyección de los intelectuales y artistas en la Unión Soviética que se encuentra documentado en la exposición y del que da cumplida cuenta el catálogo. En 1934, Maxim Gorki pone en práctica su teoría de que los escritores deben trabajar en brigadas como los proletarios y escoge a ciento veinte autores para escribir un libro glorificando la construcción del canal de Bolomor, que unió el mar Báltico con el el mar Blanco con una longitud de 227 kms. Era una de las grandes obras emblemáticas del estalinismo y no sólo por la proeza de ingeniería. Lo que Gorki y los demás escritores al servicio de Stalin celebraban era el hecho de que la obra fuera, además, una comprobación de las doctrinas comunistas sobre la regeneración de los presos mediante el trabajo forzado. Porque el canal -que los ciento veinte autores visitaron mientras se construía- fue obra de presos que lo hicieron picando el granito casi con las manos. Es decir Gorki y los autores estalinistas no tuvieron inconveniente en glorificar el gulag.

Relación de imágenes:

Primera: Kasimir Malevich, Caballería roja (h. 1930).

Segunda: El Lissitsky, Derrotad a los blancos con la insignia roja. (1920).

Tercera: Kuzma Petrov-Vodkin, Retrato de Ana Ajmatova (1922).

Cuarta: Isaak Brodsky, Stalin (1933).

Quinta: Stepan Karpov, La amistad de los pueblos (1922-24).

Sexta: Vera Mujina, El trabajador y la koljosiana (s.d.).

Séptima: Gustav Klutsis, Viva la URSS (s.d.)

sábado, 26 de noviembre de 2011

¿Qué secretario general para el PSOE?

El Comité Federal que se reúne hoy determinará qué forma tendrá la designación del nuevo secretario general en el congreso de febrero. Parece que se pronunciará por un congreso abierto, facilitando la presentación de varias candidaturas. Es lo que piden Elena Valenciano, Fernández Aguilar y otras voces. Es también lo que piensa Palinuro: cuanto más abierta la elección, mejor. Convendrá que sea elegido quien tenga mayor apoyo dentro del partido en su conjunto (es decir, que no salga electo gracias a maniobras o pactos de fracciones internas) y conecte directamente con la calle, lo cual le dará mayor legitimidad, cosa conveniente porque deberá dirigir el partido a la par que ser el candidato a la presidencia del gobierno.

Este método, sin embargo, tiene una limitación que el congreso habrá de tener en cuenta y es que el electo sea diputado. De otro modo se corre el peligro de que el partido esté dirigido por un candidato a la presidencia del gobierno que carece de presencia parlamentaria, lo que lo hará prácticamente invisible. La desafortunada experiencia del PP cuando nombró presidente a Hernández Mancha entre 1987 y 1989 es ilustrativa. El nombrado era senador y no podía intervenir en el Congreso. Para hacerlo excepcionalmente tuvo que presentar una moción de censura que estaba perdida de antemano, que efectivamente perdió y que obligó al partido a nombrar a otro candidato para las elecciones de 1989, a Aznar quien asimismo las perdió.

Esto quiere decir que los candidatos del PSOE con más probabilidades de entrada surgirán en el grupo parlamentario, en donde no abundan quienes puedan postularse con visos de triunfo. Destacan Rubalcaba, Chacón y Madina. Comienzan a escucharse voces a favor de una o de los otros y es bueno que así sea y que las voces se identifiquen, especialmente si tienen peso en la opinión. Gabilondo ha sido el primero en hacerlo, aunque por vía negativa, pidiendo que no se presente Rubalcaba. ¿Los argumentos? Uno al que suele darse mucho peso pero no por ello resulta más convincente: porque hay que dejar el sitio a las nuevas generaciones. Ese es el argumento que esgrime José Blanco para retirarse de la primera fila política. En este caso suena a excusa pues es dudoso que alguien contara con Blanco de no ser Zapatero. En el otro tampoco es más consistente: no hay que dejar el sitio a las nuevas generaciones; éstas deben ganarlo, imponerse, no pedir paso. Cada cual a lo suyo.

Los posibles candidatos, efectivamente, presentan pros y contras. Rubalcaba es perro viejo, experimentado, resistente y eficaz, lo cual no impidió que perdiera unas elecciones. Chacón quizá tenga menos experiencia por más joven, pero es igualmente resistente y eficaz, si bien no consiguió postularse como candidata a la presidencia del gobierno en lugar de Rubalcaba. Madina es muy nuevo, casi bisoño, y puede personificar esa especie de deseo de renovación del PSOE si bien dicha renovación no aparece claramente definida.

En cuanto a la imagen, la de Rubalcaba no es especialmente buena. Cabe decir que el electorado atiende a otras consideraciones antes que a la apariencia física, pero eso es más un deseo que una realidad. La facha cuenta mucho. Obsérvense las campañas de las democracias y se verá que los candidatos/as se mueven en los límites de un canon en el que Rubalcaba no encaja del todo.

Mejor presencia tiene Chacón, cuenta también a su favor que es mujer y que su elección llevaría aparejada una solución a una injusticia histórica. Pero es catalana. Este es un asunto peliagudo. Desde un punto de vista de izquierda, la catalanidad de Chacón no sólo no es un demérito sino que es una ventaja. Palinuro así lo cree. Pero no está seguro de que sea opinión universalmente compartida. Es ingenuo negar que en la opinión española, socialistas probablemente incluidos, hay un prejuicio anticatalán superior al prejuicio antiespañol que hay en Cataluña en donde ha sido Molt Honorable uno de Iznájar. Y, sin embargo, se remediaría otra injusticia histórica puesto que el último presidente catalán del gobierno español fue el general Prim, en 1870.

La imagen de Madina está aún por hacerse ya que su exposición en la esfera pública ha sido muy escasa y mucha gente ni siquiera lo identifica visualmente.

Atendidos estos aspectos importantes, desde luego, pero que no debieran ser decisivos, lo imprescindible es que los candidatos se presenten y presenten un proyecto para el PSOE y para la recomposición de sus expectativas electorales. Y aquí Palinuro insiste en que ese proyecto debe ser completo, debe explicar qué sea la socialdemocracia en la era de la globalización y de la crisis estructural del capitalismo. Tiene que aclarar sus relaciones con la otra izquierda, no puede seguir ignorándola; aclaración que debe ser crítica. Con el mismo derecho con que la izquierda llamada "plural" sostiene que el PSOE no es de izquierda puede el PSOE insistir en que IU tampoco, si no que es el Partido Comunista oculto detrás de otras siglas. Tiene también que articular una defensa del Estado del bienestar, buscando la alianza con los sindicatos y todas las asociaciones civiles interesadas en impedir su desmantelamiento. Por último tiene que organizar un partido más abierto a la sociedad, sobre todo a la cibersociedad que es en donde está el fermento del futuro. Cuanto más se abra a las redes el PSOE y circule por ellas, más fuerte será.

O sea, un proyecto que hable de socialdemocracia, del conjunto de la izquierda, del Estado del bienestar y del propio partido. Y que el congreso decida.



Cómo no deben hacerse las cosas


Ese indulto del gobierno a un banquero condenado a tres meses de cárcel por un tribunal deja atónito a cualquiera. A cualquiera que viva en este mundo en el que los banqueros son presuntos delincuentes que están expoliando a la gente mientras que a un pobre desgraciado que no puede pagar la hipoteca lo dejan al raso con su familia.

Es posible que se trate de uno de esos casos de incapacidad del gobierno de comunicar, como dicen los expertos. Es posible que el banquero indultado sea una bellísima persona y su condena, aun siendo justa, provoque un daño moral superior. También es posible que los burros vuelen. Pero no probable. No sé qué tendría que hacer el gobierno para explicar a la opinión porqué un banquero está por encima de la ley, puesto que un indulto es siempre pasar por encima de la ley. Lo que sí sé es que lo ha hecho casi de matute, en una de sus últimas decisiones ya en funciones, sin duda avergonzado. Porque este indulto no tiene explicación alguna pero va a hacer un daño tremendo al PSOE.

También es posible que Rajoy, quien lleva tres días recibiendo órdenes de los banqueros, haya transmitido a Zapatero el deseo del gremio de que uno de los suyos no vaya al trullo, como si fuera un chorizo cualquiera. De sobra es sabido que los olímpicos del dinero jamás serán unos cualquieras. No es de extrañar que Rajoy sirva de valet a los banqueros; para eso lo han puesto en donde está. Lo que ya no es tan fácil de explicar es que Zapatero también. A él no lo pusieron los banqueros; lo pusimos los ciudadanos. Y los ciudadanos queremos que los banqueros vayan a la cárcel cuando así lo deciden los tribunales de justicia. Lo otro es una burla.

viernes, 25 de noviembre de 2011

La violencia contra las mujeres

Hoy, 25 de noviembre, se celebra el día en contra de la violencia machista. En lo que va de año en España han muerto 54 mujeres asesinadas por sus parejas o ex-parejas. En el resto del mundo la situación no es mejor; en otras partes, en México, en Colombia, en la China, en los países árabes es muchísimo peor. Está bien que se haga cuanto se pueda por elevar la sensibilidad de la sociedad frente a esta lacra que, a pesar de las leyes y las medidas de todo tipo de las autoridades para prevenirla y castigarla, no parece remitir.

Y ¿por qué no remite? Porque no es un delito o un vicio social que haya aparecido en nuestra época, como el tabaquismo, por ejemplo, contra el que es relativamente fácil luchar. Al contrario, es en nuestra época cuando ha comenzado a manifestarse la conciencia de que se trata de un crimen sistemático que nos degrada a todos y desmiente la idea de que la civilización avance. Es importante ahondar en esa conciencia y afrontar el problema en su pavorosa magnitud.

La civilización occidental, la que presume de sintetizar el judeocristianismo, la filosofía griega y el derecho romano, está basada en la violencia contra la mujeres. No me atrevo a hablar de las otras por falta de conocimiento bastante, aunque, por lo que sé, no andan muy a la zaga. En la nuestra esa violencia no sólo esta tradicionalmente admitida, sino glorificada, enaltecida, consagrada; desde siempre. Muchos filósofos, de Aristóteles en adelante, no ha hecho sino racionalizar los prejuicios en contra de la mujeres. Un mero repaso al conjunto de imbecilidades misóginas de Schopenauer debiera bastar para cuestionar la mera racionalidad del inventor de la Eudemonología.

Y no son únicamente los filósofos; los poetas, los literatos, los dramaturgos, los músicos, los pintores rivalizan en una misoginia agresiva que traza una imagen tradicional de las mujeres como seres inferiores, despreciables, odiosos, lo que justifica que se las maltrate. La celebrada figura de la doma de la bravía, un tema muy tratado en el Siglo de Oro, en Cervantes, en Lope y también en Shakespeare, etc., tiene eco en todas las culturas. A la mujer hay que "domarla", como se doma a las caballerías. Y nos se hable ya del llamado crimen pasional que todo lo justifica y que abunda en la literatura del siglo XIX. Mujeres atacadas "por amor", como El rojo y el negro, empujadas al suicidio, como en Ana Karenina o en Madame Bovary. La mujer es siempre la víctima.

El desprecio a las mujeres y su consideración como vasos del diablo y perdición de los hombres (compatible, por cierto con su imagen ideal en la tradición caballeresca) es inherente a las religiones, al cristianismo, desde luego. Que hay que violentar a las mujeres de todas las formas posibles es recomendación que se encuentra en la llamada sabiduría popular secular, en el refranero y en las políticas de los Estados; ejemplo universalmente conocido, las tres K del nazismo como destino de las mujeres: Kinder, Kirche, Küche (niños, iglesia y cocina).

La misoginia ha impregnado las leyes civiles y penales de todos los países hasta hace muy poco y, en muchos sitios, por ejemplo en el islam, se sigue haciendo. Está embebida en las instituciones y hasta en el lenguaje mismo, como las feministas han señalado repetidamente.

Corregir esta tradición implica reevaluar toda la tradición filosófica, religiosa, artística, jurídica de occidente. No es fácil y por ello se requiere una actitud combativa e intransigente con las infinitas formas de complacencia que se dan diariamente y son como una bruma que desnaturaliza los esfuerzos de la sociedad para acabar con él. A quienes propugnan esta lucha se los trata de exagerados. ¿Que tiene de malo la simpática costumbre del piropo, los concursos de belleza, la denigración de las mujeres en la publicidad comercial? Pues que todas estas prácticas son la antesala de la mentalidad feminicida.

En efecto, puede parecer una exageración. Pero lo que verdaderamente es una exageración es que sólo en este año haya habido 54 mujeres víctimas de asesinatos machistas. La dominación de los hombres sobre la mujeres desde el origen de los tiempos al día de hoy se basa en la amenaza de la violación y en su práctica individual o colectiva, muchas veces política de guerra, como dice Susan Brownmiller en En contra de nuestra voluntad . De lo que se trata es de someterlas por ese miedo difuso a ser agredidas, violadas, mutiladas, desfiguradas, asesinadas. Y el mejor modo de mantenerlo vivo es seguir recurriendo a esas prácticas.

Queda muchísimo por hacer. Apenas hemos comenzado, y nos enfrentamos a grandes resistencias, en no pocas ocasiones ofrecidas por las mismas mujeres, y eso es terrible.

(La primera imagen es un dibujo de Max Klinger titulado Asesinato y rapto. La segunda, un óleo de Degas, La violación (h. 1868). La tercera, otro de Frida Kahlo, titulado Unos cuantos piquetitos (1935)).

Padres e hijos de nuestro tiempo.

La última película de Roman Polanski es estupenda. Se llama Carnage y en la versión española la han traducido como Un dios salvaje, lo que no es tan absurdo como parece porque se basa en una obra de teatro de Yasmina Reza, coguionista con Polanski, titulada Le dieu du carnage.

La obra es un profundo análisis psicológico de los personajes, dos matrimonios muy normales que viven en Brooklyn. Al intentar resolver de modo civilizado, amable, progresivo, un típico problema de críos generado cuando el hijo menor de uno de ellos agrede y hiere al del otro en el colegio, acaban manifestando sus neurosis, sus frustraciones, sus manías de una forma obsesiva, ridícula, pero muy normal.

El argumento recuerda un cuento de Jardiel Poncela en el que dos paseantes por la calle de Alfonso XII, junto a la verja del Retiro, discuten sobre si la educación de la gente no es más que una pátina que apenas oculta nuestros instintos más salvajes. El interlocutor partidario de esta teoría se la prueba al otro azuzando con su baston a través de los barrotes de la verja a un pareja de pacíficos ancianos que pasea del otro lado. Al principio estos pretenden ignorar la provocación, pero acaban rabiosos, echando espuma por la boca y rugiendo como fieras.

En la peli de Polanski y la obra de Reza la violencia física no llega a esos extremos; es más, casi no la hay porque la que se manifiesta es la psicológica y la moral. Los cuatro son muy avanzados, están movidos por el afán de encarar abiertamente los hechos y de buscarles una solución acorde, como dice una de las mujeres, con los "valores occidentales". Pero terminan sacando toda la basura primitiva, los rencores, la agresividad que llevan dentro. La magnanimidad era pura hipocresía.

Los personajes están muy bien retratados, un abogado que defiende oscuros intereses de una empresa farmacéutica; su esposa, una asesora de inversiones muy moderna y abierta; un propietario de un establecimiento de sanitarios y su mujer, un alma sensible, con aficiones artísticas y que escribe libros sobre las inhumanas condiciones de vida en Somalia. Y los actores, sobre todo ellas, Jodie Foster y Kate Winslet, los interpretan magistralmente.

Es un cuadro, una crítica y una burla de las pautas liberales típicas de unos habitantes de Nueva York, de Brooklyn, que piensan vivir en el pináculo de la civilización. Esa habilidad para conjugar la ironía y el sarcasmo con la indagación en los aspectos oscuros de la personalidad, rasgo característico de la obra, tenía que agradar a Polanski porque es su tema sempiterno, desde aquella su primera obra de hace casi medio siglo, El cuchillo en el agua: rascas en la superficie de la gente cuando se interrelaciona en situaciones que, por algún motivo se salen de lo ordinario y surge lo primitivo, incluso lo diabólico, como en Rosemary's Baby.

El director no hace concesiones y no trata de disimular el carácter puramente teatral de la obra según las tres estrictas unidades clásicas de acción, tiempo y lugar. Toda la película transcurre en el angosto espacio de un apartamento neoyorquino y sin embargo resulta extraordinariamente ágil porque la cámara salta continuamente del primer plano al plano medio corto (casi no hay otros, salvo algunos de grupo, porque no hay distancias) al ritmo de un diálogo velocísimo que nunca tiene despedicio y viene acompañado de unos lenguajes no verbales cuidados al detalle. No hay música ni se echa de menos. La historia se hace brevísima (la peli dura unos 75 minutos) y se queda uno con ganas de volver a verla de inmediato porque sospecha que ha perdido mucho de unas conversaciones en las que las refinadas vulgaridades de unas gentes "políticamente correctas" (como reconoce uno de los personajes) alternan con exabruptos, modismos y mucho slang. Da gusto ver un cine tan difícil, tan cuidado y en el que la genialidad asoma discretamente bajo lo anodino de unas vidas vulgarmente narcisistas. ¡Ah! Y hay muchos momentos realmente desternillantes.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Apurar los tiempos.

Está claro para todo el mundo. La gravedad de la crisis no admite dilaciones, entendiendo por tales el cumplimiento de los protocolos ordinarios. No hay tiempo que perder y Zapatero y Rajoy hacen bien adelantándose a ellos para evitar la sensación de vacío de poder que sería (más) dañina para España, sobre todo ahora que ya ni el baluarte alemán es seguro.

Los dos gobernantes, el saliente y el entrante, actúan con responsabilidad. Ahora es necesario que también lo hagan los partidos, especialmente el PSOE, que inicia su tarea de oposición, lo que los comentaristas, influidos por sus lecturas bíblicas, llaman la "travesía del desierto", olvidando que duró cuarenta años. Y eso que era la del pueblo elegido, excusado es decir la del partido "des-elegido". Este tiene que ponerse de inmediato a considerar la situación, identificar los problemas y buscarles una solución, a proyectarse de nuevo como alternativa votable, cosa tanto más necesaria cuanto que ningún gobierno en Europa tiene hoy asegurado el cumplimiento de su mandato. Por si fuera de utilidad Palinuro ofrece una breve enumeración de aquellos aspectos a los que el PSOE haría bien en dedicar atención para que el próximo congreso decida con tino sobre ellos.

El primero de todos, el más urgente, es el de la falta de paridad en el nuevo Parlamento. Esas 124 diputadas, ese magro 35 por ciento del total que reproduce el 36 por ciento de la legislatura anterior es una vergüenza. Ignoro cuál sea el porcentaje exacto de mujeres electas en las listas del PSOE porque no he encontrado esta información pero, si no está en torno al 50 por ciento, es obligado plantearlo de inmediato. Y no se diga que es asunto menor a la vista de las circunstancias porque no es cierto. Es asunto prioritario. ¿Cómo luchar contra la marginación de las mujeres en la vida civil cuando se empieza por marginarlas en el supremo centro de decisión soberana? O se cumplen las leyes, especialmente las de espíritu socialdemócrata, como la de la paridad, obra del PSOE, o se sienta plaza de demagogo.

Viene después una tarea pendiente del PSOE en sus dos última legislaturas, la de la comunicación. Todo el mundo dice que el gobierno socialista ha comunicado mal, que no ha sabido explicar sus políticas. Y es bastante cierto. El habitual trasvase del centro de gravedad del partido al gobierno con la excusa de que es éste el que importa, ignora al partido y suele convertirlo en un ente anodino que se limita a corear la acción de su ejecutivo, éste pierde la realidad de vista y, al final, no conecta con la ciudadanía. Es un error que se ha señalado muchas veces pero que se ha diagnosticado mal, pensando que se limita a mostrar una falta de entendimiento del gobierno con los medios. Teniendo en cuenta que la mayoría de ellos le es hostil no tiene nada de extraño. Lo que sucede es que eso es irrelevante porque el problema radica en la subordinación del partido al Gobierno. El PSOE haría bien creando un órgano intermedio entre el uno y el otro (cuando sea él quien lo ocupa), una especie de lugar de encuentro entre gobernantes y cargos del partido que, informándose recíprocamente, permita que los primeros sepan lo que la gente piensa y los segundos puedan explicar a la ciudadanía la acción gubernativa.

El actual traspaso de poderes es un buen ejemplo. No es de recibo que, una vez realizado, el PP salga diciendo que el PSOE mintió. Los socialistas deben estar preparados para contrarrestar esas informaciones, para pedir auditorias internas si es necesario, explicar a los ciudadanos que las declaraciones de Cospedal, de Aguirre, etc, no se atienen a la verdad cuando hablan de la "herencia desastrosa" y las "arcas vacías", incluso ir a los tribunales con las pruebas en la mano.

La adaptación a una sociedad cuyo nivel de información y, por lo tanto, de movilización ha aumentado prodigiosamente (el movimiento 15-M, del que Rubalcaba suele hablar con encomiable respeto) no es más que un botón de muestra. El PP tiene de popular el nombre, el realmente popular es el PSOE. Pero tiene que entender que su relación con el pueblo ya no puede ser la que era hace cincuenta o cien años porque la realidad social ha cambiado mucho. El PSOE ha de encontrar formas de capilarizarse distintas de las tradicionales cuando, por ejemplo, se decía que había que escuchar al pueblo. Ahora tiene que abrirse y dialogar con la ciudadanía para que ésta vuelva a confiar en él.

Palinuro insiste en algo apuntado en entradas anteriores. El PSOE debe volcarse en la redes. Ya lo está bastante, pero no suficientemente. Debe hacer ciberpolítica, política 2.0, convertirse en un ciberpartido fundamentalmente porque en ese territorio es en donde se encuentran los sectores más jóvenes, ágiles y dinámicos de la sociedad, los que tienen la llave del futuro. Y tiene que hacerlo sin abandonar a sus militantes de "toda la vida", los que han traído la antorcha hasta aquí y también merecen un respeto.

Por último es obligado reflexionar sobre la perdida hegemonía ideológica, sustituida por la neoliberal y que afecta a toda la izquierda y no sólo al socialismo. Se trata de una tarea de renovación teórica que suele postergarse (y hasta verse con cierto desprecio) a causa de las urgencias del gobierno con la consecuencia de que luego faltan criterios claros. Es una tarea irremediablemente teórica pero imprescindible. En las sociedades capitalistas avanzadas y globalizadas en las que ya no valen muchas nociones tradicionales hay que demostrar la indudable vigencia de la socialdemocracia y hay que redefinir el concepto de izquierda, hoy tan necesario como siempre. Y hacerlo como un posible terreno de entendimiento con otras izquierdas que manejan conceptos más anquilosados y tienen aun una menor sintonía con los sectores populares como se demuestra por sus exiguos resultados, elección tras elección. Sobre todo porque si la socialdemocracia espera que sea esa misma izquierda la que se renueve (y no se limite a una labor cosmética y un baile de siglas), puede esperar sentada.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La doble tarea del PSOE.

En línea con lo que decía Palinuro en la entrada de ayer, Conservar la calma, el PSOE es un activo esencial de la democracia y (añade ahora) de la estabilidad en España. Su derrota electoral no lo ha desintegrado, como deseaban sus más sañudos enemigos de la derecha y, en el fondo, también esperaba IU. Esos casi siete millones de votos no sólo son un consuelo sino una responsabilidad. Los socialistas saben ahora que lo que hagan con su partido no es únicamente un asunto suyo; es algo que importa mucho a tod@s en España.

Por otro lado, hasta los analistas políticos se han dado cuenta de que la contundencia de la victoria de la derecha se ve en el Parlamento, pero no en la calle. Es el sistema electoral el que ha operado el milagro de que 600.000 votos más al PP hayan dado a éste 76 diputados de ventaja sobre el PSOE y la mayoría absoluta, siendo así que con muchos más votos (450.000) en 2008, el PSOE hubo de gobernar en minoría.

En efecto, la mayoría absoluta conservadora no lo es en votos puesto que frente a sus 10.830.693 se alzan 12.174.712 para otros partidos que estarán más o menos cercanos al PP pero, en principio, son de la oposición. A su vez, dentro de ésta, los 6.973.880 sufragios del PSOE son más que los 5.520.832 de todos los demás partidos juntos. De aquí que corresponda al PSOE encabezarla. Tiene pues el PSOE dos tareas ante sí: a) no ensimismarse; b) ser leal oposición.

No ensimismarse. Los socialistas han convocado ya un congreso ordinario para primeros de febrero. Hasta entonces deben abrir un debate que permita después a ese congreso tomar las decisiones más acertadas. La discusión ha de ser lo más sincera y a fondo que puedan. Pero con un punto de partida: la derrota es del partido; no del candidato, ni de la campaña electoral que, por cierto, ha sido muy buena, dadas las circunstancias (Valenciano debe sentirse orgullosa), ni de Zapatero, ni de los barones. No hay culpables. Los culpables han sido los mercados, y la crisis económica con esa pesada cruz de los cinco millones de parados.

Tod@s deben hablar, exponer sus razones, hacer propuestas. Hay quien pide ya a Rubalcaba que se presente. También habrá quien pida lo contrario. La decisión le corresponde. Lo ha hecho muy bien como ministro y como candidato y su partido tiene cierta deuda con él por haberse hecho cargo de un navío en zozobra. Pero también debe hablar Carme Chacón. Habrá quien pida primarias. Y es posible que se presenten otr@s candidat@s. También han de expresarse los militantes. Además, si de verdad el PSOE está en la política 2.0, tiene que encontrar una vía en el ciberespacio para que puedan expresarse l@s simpatizantes y votantes. Recuérdese que el objetivo no es únicamente elegir un secretario general, sino definir la acción general del partido en los próximos cuatro años. También la oposición tiene un programa; no debe ir a la negatividad absoluta. Y no irá.

El PSOE tiene que hacer todo eso sin ensimismarse, sin ausentarse ni un momento de su función opositora. El país no puede permitirse el lujo de una oposición perdida en busca de su identidad. La situación no lo tolera ni los ciudadanos lo perdonarían. Tiene que estar en la oposición desde el primer día y en una oposición constructiva. Es cierto que parece irritante exigir del PSOE un comportamiento que no fue en absoluto el que tuvo el PP cuando le tocó la oposición. Pero es que los dos partidos no son iguales. No lo son en nada; en esto tampoco. Cosa que sabe todo el mundo y por eso se le exige siempre más que a los otros. Aunque es de suponer que el PSOE debe de estar ya acostumbrado. ¿O no es cierto que cuando pierde las elecciones, igual que cuando las gana lo hace sin ningún apoyo mediático, con todos los medios en furibunda contra, la iglesia en contra, los empresarios en contra, el capital financiero en contra? La base real del PSOE son los ciudadanos y estos son muy exigentes. Van a exigirle que, sin dejar de ser oposición, colabore lealmente con un gobierno compuesto por gentes que antes le negaron toda ayuda.

Ser leal oposición. Y tiene que hacerlo. Por dos razones: primera porque, una vez más, los dos partidos no son iguales. ¿Alguien imagina que Rodríguez Zapatero se dedique ahora a recorrer el mundo dando conferencias en las que explique que España es un desastre, que va a la ruina y a la quiebra porque el gobierno es una pandilla de radicales ineptos? Segunda porque es lo más sensato que puede hacer por el interés general.

Rajoy (que parece incurrir en un nuevo ataque de silencitis) ha descubierto de golpe que la situación es tan negra como parecía y no se aclara milagrosamente gracias a su feliz parusía. Ya está afirmando lo contrario de lo que dijo en la campaña -que España cumple- y pidiendo árnica a Frau Merkel y ésta ha respondido con un telegrama diciéndole que se deje de monsergas y haga lo que tiene que hacer. No van a darle los cien días de cortesía; y no será la oposición sino los suyos, que, cuanto más radicales e intransigentes, más avasallan. Los obispos ya han avisado de que rezarán por él, lo cual suele tener un precio. Aguirre asegura que estará detrás de él, cosa nada tranquilizadora. Artur Mas le muestra cómo actúa un verdadero cirujano de hierro. Y ya Cospedal, adelantada mesetaria, le vaticinó alta conflictividad callejera cuando diga lo que tiene que hacer, esperando, seguramente, ser ella quien lo diga.

Rajoy prometió gobernar para todos los españoles. Para hacerlo necesita la leal oposición del PSOE si quiere contrarrestar la ferocidad de los sectores más intransigentes de la derecha que lo empujarán al maximalismo y a la confrontación, los ultramontanos de su partido y ese frente mediático vociferante.

La situación no está para que el nuevo gobierno vaya de rodillo o se dedique a hacer oposición a la oposición. No es necesario, ni siquiera oportuno, el gobierno de concentración que pedía Bono hace una fechas, pero sí que todas las fuerzas políticas, empezando por el PSOE, comprendan que se requiere la máxima unidad de acción compatible con la firmeza en los principios. Es toda la ciudadanía la que debe aunar esfuerzos. Aquí sólo sobran los que insisten en la confrontación más irresponsable, los mentados políticos reaccionarios y su frente mediático. Esa locutora de Telemadrid que, contra toda razón, habla de Amaiur/ETA está empleando dinero público en ir contra el interés público y el parecer de los tribunales, según los cuales Amaiur no es ETA.

Es un buen ejemplo de lo que aquí se avisa de la necesidad de liberar al presidente in pectore de su guardia pretoriana. Rajoy ya ha dicho que no hablará con Amaiur. Eso es lo que hay que evitar, que disparate antes de empezar. El presidente del Gobierno no puede negarse a hablar con un grupo parlamentario. ¿O es que piensa no responder cuando Amaiur pregunte algo en sede parlamentaria? Porque eso es faltar al respeto a siete diputados, a los 333.628 ciudadanos que los han elegido y al conjunto del pueblo vasco, del que Amaiur es una parte, guste o no guste. Es tarea fundamental del PSOE evitar que el radicalismo, la hostilidad y la intransigencia de una derecha ensoberbecida destroce uno de sus más brillantes logros: el comienzo de la pacificación del País Vasco.

Es muy dura esta doble tarea de recomponer el partido y ser al tiempo leal y eficaz oposición. Un ejemplo lo aclarará más. En los años ochenta del siglo XX el gobierno del PSOE prácticamente no tuvo oposición porque la derecha estaba ensimismada en la prolongada tarea de reconstituirse.

Una ocasión más de demostrar con hechos que los dos partidos no son iguales. El PSOE es partido de gobierno hasta cuando está en la oposición. Por el bien de España y para impedir que, enajenado por sus jenízaros, el PP sea partido de la oposición hasta cuando está en el gobierno.

martes, 22 de noviembre de 2011

Conservar la calma.

El PSOE ha tenido un resultado electoral desastroso. En otros partidos ya se hubiera desatado una tempestad de recriminaciones, peleas, crisis internas, culpabilizaciones y hasta escisiones. Probablemente hay mucha gente, incluidos analistas políticos y, entre estos, algunos que aparentan simpatizar con el partido, que están esperando y hasta deseando que ocurra algo así. Cosa difícil pero no imposible.

El PSOE tiene 132 años. En muchos momentos de su historia se confunde con la de España y es tan agitada como la del país. Rubalcaba ha dicho en varias ocasiones que su partido siempre ha antepuesto los intereses de España a los de la organización. Es una muestra de lo que se llama "patriotismo de partido" que, como todos los patriotismos, a veces exagera. Es probable que la intención del PSOE haya sido anteponer en todo momento los intereses de España a los propios; pero no siempre lo ha conseguido. Ningún ser humano, ningún grupo de seres humanos, acierta siempre en 132 años. Es imposible.

Seguro es que se trata del partido de la izquierda real más popular del país en sus épocas democráticas. Y es también, quizá por ello, el principal autor de la renovación de la sociedad española en los últimos treinta años. Con él entró España en la Unión Europea (y se mantuvo en la OTAN), se dotó de un Estado del bienestar que, sin ser perfecto, ha sido lo mejor que ha tenido y con él han alcanzado los derechos de los ciudadanos cotas hasta hace poco insospechadas. A su derecha, una fuerza conservadora ha tratado siempre de bloquear estos adelantos y, tras su reciente victoria, se apresta a aniquilarlos. A su izquierda, una fuerza que se dice transformadora lleva también más de treinta años obstaculizando la labor de los gobiernos socialistas en nombre de políticas que suelen ser vagarosas o demagógicas y nunca tienen un apoyo ciudadano significativo, lo que no es óbice para que la dicha fuerza pretenda imponerlas al partido mayoritario, acusándolo de traicionar sus principios por no hacerlo.

El PSOE es casi una institucion. Fuera de la iglesia católica hay pocas más en el país tan longevas. Ese carácter institucional lo obliga a admitir que muchos ciudadanos, no ya sus militantes, simpatizantes o votantes, sino todos los ciudadanos, lo consideren como algo propio y se crean con derecho a opinar sobre él, a criticarlo, a hacerle recomendaciones. Lo tienen.

El PSOE debe de estar acostumbrado a la crítica; son críticos sus militantes y a la vista está que también lo son los votantes. Precisamente esa es su fuerza y la razón por la que gusta considerarse partido del socialismo democrático. En la derecha no es habitual la crítica ni la autocrítica, lo que no quiere decir que en ella no haya tensiones y oposiciones internas, pero suelen resolverse por métodos autoritarios. En la izquierda autollamada transformadora sí se da la crítica, pero suele resolverse por la vía de las exclusiones, expulsiones o escisiones. IU es el ejemplo más evidente. Por cierto, una federación con 25 años de existencia, dentro de la cual se oculta el Partido Comunista de España. Incapaz éste de realizar una autocrítica y dar una explicación plausible de su existencia una vez desaparecido del mundo el comunismo real, prefiere disimular sus siglas dentro de una batería de ellas. Es una diferencia significativa: el PSOE tiene una historia centenaria con las mismas siglas mientras que las del PCE nacen en 1921 y se escamotean a partir de 1986.

En todo caso, el PSOE tiene que escuchar las críticas, incluso las más duras, de la sociedad pues sólo así mantendrá su contacto con la gente y podrá aspirar a recuperar la mayoría social que ahora ha perdido. Porque la democracia es eso, gobernar con el apoyo de la mayoría. Pero que deba escuchar todas las críticas y las opiniones no quiere decir que tenga que plegarse a ellas sin más. Entre otras cosas porque muchas están movidas por la mala fe. El editorial de ayer de El País, titulado Zapatero debe dimitir como secretario general del PSOE es un caso claro de mala fe. Es un texto injusto e hiriente hacía Zapatero que sólo se diferencia de los de la prensa de derecha en que insulta menos; es altanero y despreciativo y, además, se arroga el derecho a dar órdenes en donde no tiene competencias. Es de esperar que Zapatero ignore esta vez la enésima impertinencia de un diario que, habiendo criticado siempre la idea de otros de que los periódicos puedan y deban derribar gobiernos, lleva años cargando contra el de Zapatero y, como se ve, contra el propio Zapatero en algo que empieza a parecerse a una obsesión rencorosa.

En el mes de julio, Cebrián, factótum de El País, pedía de modo intemperante y con bastante petulancia un adelanto electoral en un artículo titulado Esta insoportable levedad. Estaba en su derecho y también en su estilo. Como lo hubiera estado Zapatero ignorándolo, que era lo que tenía que haber hecho. En lugar de ello cometió el error de dejarse arrastrar y el resultado es el que se vio el 20-N, no porque haya sido malo para el PSOE, sino porque lo ha sido para España, como ya predijo Palinuro en un artículo en Público titulado Urgencias electorales en el que se decía ¿O cree alguien que los temibles mercados perderán la ocasión de seguir atacando la nave aprovechando el cambio de guardia? Eso no fue actuar pensando en los intereses de España, aunque tampoco del PSOE. Fue actuar dejándose llevar por el consejo del adversario, sin mantener fría la cabeza. Es de esperar que no suceda lo mismo con el nuevo exabrupto de El País exigiendo la dimisión del Secretario General. Salvo caso de fuerza mayor, tal decisión corresponde al congreso de su partido, que ya ha convocado.

No tiene mucho interés indagar en las razones de esta feroz inquina de El País contra Zapatero pues casi todas ellas son muy claras. Pero sí debe el PSOE prepararse para andanadas similares, provenientes, quizá, de sectores que hasta ayer eran uña y carne del partido y hasta el partido mismo. Suele pasar a los socialistas (así sucedió en 1993 y 1996, cuando bastante de su gente le dio la espalda) que en las horas bajas muchas críticas que se le dirigen no tratan de salvar al partido sino las expectativas personales de quienes las formulan.

Una última nota. Palinuro no tiene nada que ver con el PSOE, pero lo considera un importante activo de España, uno que ha demostrado ser garante de la democracia, del Estado del bienestar, de los derechos ciudadanos y la cohesión territorial de modo tangible y eficaz. No quiere decir que otros no lo sean pero sí que el PSOE lo es de modo rotundo. Por eso es de interés general que no se deje avasallar ni desorientar, que conserve la calma y proceda a una clarificación y/o renovación odenadas y democráticas, promoviendo el debate de su militancia y escuchando las críticas exteriores, distinguiendo la fe con la que se hacen: buena o mala.

(La imagen es una captura de la página web del PSOE).

lunes, 21 de noviembre de 2011

La victoria del silencio.

Se cumplieron las previsiones de los sondeos casi aritméticamente. La distancia entre los dos partidos mayoritarios es de 15 puntos porcentuales. Gran triunfo del PP y no menos grande derrota del PSOE. 186 contra 110 diputados. 76 escaños de diferencia. Victoria abrumadora... en el parlamento.

Pero ¿lo es en la calle? El PP ha conseguido el mejor resultado de su historia en votos y, aun así, obtiene unos 450.000 menos que los del PSOE en las elecciones de 2008. Aunque los socialistas hayan perdido más de cuatro millones de sufragios, los conservadores sólo han incrementado los suyos en medio millón. Lo que sucede es que, al tener tan concentrado su voto y estar el de la izquierda fragmentado, el sistema electoral premia al PP con esa holgada mayoría absoluta. Nunca ha estado tan claro el dicho de que las elecciones no las ganan los unos sino que las pierden los otros.

En este caso el PSOE que cosecha su peor resultado desde el restablecimiento de la democracia. Ha perdido los mentados 4.200.000 votos aproximadamente y 59 escaños. Los escaños se han repartido entre casi todas las fuerzas políticas; no es tan claro que lo hayan hecho los votos. IU, la candidata lógica a absorber los votos de izquierda que se hayan ido del PSOE, aumenta en algo más de 700.000 votos y nueve escaños mientras que UPyD lo hace en unos 600.000 votos y cuatro escaños. Aunque todas estas adquisiciones fueran del PSOE, representarían 1.400.000. Faltan casi tres millones, gran parte de los cuales se habrán ido a la abstención, que ha alcanzado más del 28 por ciento y debe de haber sido la opción mayoritaria. Es decir, la mayoría de votantes que ha perdido el PSOE se ha abstenido.

Las razones de la derrota parecen bastante claras: la crisis económica y la losa de los cinco millones de parados. El gobierno puede decir lo que quiera que la opinión pública siempre le hará responsable de los resultados y con alguna razón puesto que es él quien toma las medidas. A ello se añade el cerrado monopolio mediático de la derecha que lleva tres años culpando de todo a los gobernantes y batiéndolos sin descanso. Unos gobernantes que habían renunciado a la posibilidad de manipular la radiotelevisión pública en su beneficio. Así se impuso el discurso hegemónico de que Zapatero era el culpable de la crisis. A raíz del cambio de rumbo de 180 grados en mayo de 2010, a este discurso se unió el de unos electores de izquierda indignados con el giro del gobierno que acabó siendo demasiado de izquierda para unos y demasiado de derecha para otros.

En el Parlamento habrá más grupos parlamentarios nuevos, IU y Amaiur los tendrán y puede que UPyD, además, el grupo mixto mostrará una abigarrada composición. Pero este pluralismo tiene muy modesto significado puesto que, al haber una mayoría absoluta tan abrumadora del PP, ninguno de los grupos minoritarios (el del PSOE incluido) ni su posible combinación pueden amenazar la hegemonía conservadora y, por tanto, su influencia sobre las decisiones del parlamento será nula. Si la tienen sólo será por condescendencia del PP, cuando éste busque consensos simbólicos. No siendo así, el PP puede gobernar prácticamente por decreto. En realidad, tan vistoso pluralismo apenas afecta al bipartidismo de la cámara. En 2008, los dos partidos mayoritarios concentraban el 92,2 por ciento de los escaños; en 2011, el 84,5 por ciento. Ha bajado ocho puntos, pero sigue siendo apabullante. Y en el Senado, cámara de la que nadie se acuerda, el bipartidismo es total ya que los dos mayoritarios suponen casi el 92 por ciento de los senadores y ningún otro partido no nacionalista (como IU o UPyD) tiene representación.

Una última consideración para consumo interno de la izquierda. Como estaban las cosas antes de las elecciones, muchos analistas esperaban un resultado tan catastrófico para el PSOE como el de la UCD en 1982, es decir, prácticamente la desaparición del partido. Cayo Lara había pedido el voto de los socialistas para su formación. Volvía la ilusión del sorpasso anguitiano, la sustitución de la falsa por la verdadera izquierda. A la vista está que no ha sido así, y que probablemente no lo será nunca si no se ha dado en esta ocasión que probablemente haya sido la hora más aciaga del PSOE en treinta años. Es verdad que IU ha superado holgadamente los resultados de 2008, pero no ha alcanzado ni con mucho los de Julio Anguita en 1993 y 1996 (otros dos momentos malos del PSOE) ni siquiera los del PCE en 1979. En esa confusa relación del PCE con IU está la auténtica razón de los exiguos resultados de esta formación. A lo mejor, pasada esta euforia de los once diputados, se abre camino una reflexión sobre cuál sea el sentido de una izquierda transformadora que, dado su obvio bajo techo electoral, nunca puede transformar nada pero sí, a veces, impedir que otros lo hagan. Palinuro reconoce sin embargo que tal probabilidad es remota ya que exigiría que esta izquierda practicara una política menos personalista. Es mucho más cómodo echar la culpa al sistema electoral y al fementido bipartidismo.

Se fue Pradera.

Lo conocí poco, pero suficiente; lo traté escasas veces, pero nos entendimos; hablamos en contadas ocasiones, pero siempre, creo, con mutuo agrado. Éramos muy diferentes, de generaciones distintas y puntos de vista separados. Las contadas veces que trató conmigo a lo largo de más de cuarenta años, él representaba alguna organización o empresa (un partido, el PCE; una editorial, Alianza; un periódico, El País) en los que ocupaba posiciones directivas, mientras que yo sólo me representaba a mí mismo y nunca conseguimos encontrar un terreno de colaboracion, debido generalmente a mi intransigencia. Él me hablaba desde la experiencia y el afecto. Se daba cuenta de que mi actitud de radicalismo era un modo de disimular mi admiración hacia su persona que me aparecía adornada por dos de las virtudes que más estimo en los hombres: la honradez y el valor. Pradera es un símbolo, el de una trayectoria vital movida por la fuerza de unas convicciones que le causaron tremendos conflictos pero a las que jamás renunció. Fue una gran persona que luchó por sus semejantes con una actitud de elegante y discreto distanciamiento.

Que la tierra te sea leve.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Gracias, Rubalcaba.

Aunque no sea portavoz ni representante de partido alguno, Palinuro, que colgará mañana una valoración más sosegada del resultado de las elecciones, hace una primera consideración inmediata de carácter estrictamente personal para dar las gracias al perdedor, el candidato socialista cuyo posterior destino político él mismo ha puesto en manos de un congreso ordinario de su partido.

No pudo ser, si bien Rubalcaba lo intentó con todas sus fuerzas. Era demasiada pendiente, demasiada ventaja del contrincante, muy contrarias las circunstancias, muy negro el panorama, muy adversos los datos económicos, demasiado atronador el monopolio mediático de la derecha y con mucho oportunismo manejado el discurso de la izquierda transformadora . Era, en definitiva, imposible.

El electorado no dio crédito al giro a la izquierda de Rubalcaba o quizá éste no supo girar suficientemente. Pero, por si le sirve de consuelo, esto tampoco es definitivo en la explicación de la derrota. IU, lógica beneficiaria de la fuga de votos del PSOE por la izquierda, sólo ha recibido unos 600.000 de los cinco millones que han perdido los socialistas; los mismos que UPyD. Cuando se sepan las cifras de cantidad real de votos que cada cual ha recibido se podrá hablar con mayor conocimiento de causa pero, de todas formas, sí parece que aquellos cinco millones de votos se hayan volatilizado, si bien debe recordarse que la participación ha sido dos puntos porcentuales inferior a la de 2008. Pero no es así: parte se ha ido a los partidos más pequeños, como una especie de pedrea y la otra parte se ha refugiado probablemente en la abstención que esta vez casi es entera del PSOE. En fin, mañana, un análisis algo más detallado.

De momento, gracias, Rubalcaba, por pelear hasta el final. Debes saber que tenías y tienes mucha gente a tu lado.

(La imagen es una foto de psoe extremadura, bajo licencia de Creative Commons).



Una jornada singular.

Los medios de comunicación, a los que fascinan los ritos, darán cuenta de la jornada electoral atendiendo sobre todo a lo que llaman los aspectos humanos, cotidianos que son, dicen, los que interesan a la gente porque es ella la protagonista. Así informan del hecho como suelen hacerlo de otros "días señalados" del año, de esos que traen la noticia en la fecha: el Gordo de la lotería nacional, noche vieja y año nuevo, el día de Reyes, la noche de san Juan o el día de la Hispanidad. Todos ellos días de rituales, coronas, desfiles, botellas de cava, ofrendas. La colectividad toma conciencia de sí misma y le gusta verse actuar. Con más razón en el día de las elecciones porque es cuatrienal (o casi). Pero el tenor será el mismo: anécdotas curiosas de las mesas electorales, declaraciones de los candidatos sonrientes con sus cónyuges animando a votar; es posible que alguien mencione la consabida "fiesta de la democracia", algún contencioso en algún lugar, impresiones, opiniones, análisis y memoria. Y esto internet y los medios digitales porque los de papel vienen con una foto fija de antes de que se abran los colegios electorales, con lo que casi parecen documentos históricos.

Supongo que habrá muchos columnistas, publicistas, opinantes en los medios que reflexionarán sobre el significado simbólico de que estas elecciones se celebren un veinte de noviembre. Y es que es enorme. La Junta Electoral Central ha prohibido los habituales actos de homenaje y exaltación del dictador Franco. (Quédese para otro momento la consideración de que España debe de ser el único país civilizado del planeta en el que algunos rinden tributo de admiración a un dictador sanguinario). La democracia ha sacado del escenario la memoria de la tiranía. Y esto tiene un gran significado. La democracia es el aire de la vida; la dictadura, el carcelero que impide a la gente disfrutar de la libertad. Pero, a la larga, no lo puede impedir y el personal desborda rejas y cerrojos, da la espalda a la dictadura y sale a respirar el aire de la vida. La democracia es lo que está delante; la dictadura, lo que está detrás. Lástima que puedan ganar las elecciones quienes quieren invertir el curso de la historia, esa derecha neofranquista insoportable.

Cuando hicieron notar a Zapatero que quizá la fecha elegida para las elecciones no era la más oportuna, parece que dijo que, para él, el veinte de noviembre no tenía significado especial alguno. Una respuesta que convierte las celebraciones del 20-N en una especie de aquelarre de fanáticos bastante antiguos. Un curioso legado de Zapatero a ese objetivo de reconciliación nacional que sigue pendiente en buena medida. Tanto como decían que si con la Ley de la Memoria Histórica estaba reverdeciendo la tradicional contienda española. Tan no es así que convoca elecciones en el día sacrosanto de la dictadura. Ya en su momento, al comienzo de las elecciones, Palinuro colgó una entrada con el título de el legado de Zapatero. Para ser justos a lo mencionado en ella hay que añadir esta elegante habilidad de sustituir el día de homenaje al Caudillo por uno de ejercicio democrático. Y lo ha hecho con la misma sencillez con que alentó las medidas de política social y derechos cívicos que revolucionaron la vida cotidiana de los españoles y le granjearon el odio mortal de la derecha y santurrón especial, Rouco Varela..

En cuanto al contenido concreto de la votación no creo quede nada por decir. De todo se ha hablado: de bipartidismo, izquierda, nacionalismos, independencias, ETA, los cinco millones de parados, la crisis, los recortes, las privatizaciones, los pequeños partidos, los indignados, los mercados, las pensiones. Estoy seguro de que en algún lugar en la red alguien ha hecho una nube de etiquetas de lo que se haya hablado en la campaña. Sería interesante verla porque es el testimonio de que en una campaña electoral se habla de todo. Con qué resultado, lo sabremos por la noche.

(La imagen es una foto de St Peter's Community News, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 19 de noviembre de 2011

Tiempo para pensárselo dos veces.

Probablemente una de las ideas más injustas, insidiosas y reaccionarias que se hayan lanzado en los últimos tiempos sea la de que el PP y el PSOE son lo mismo. Aunque se presenta como ajena a ambos partidos, si se piensa un poco, se ve que sólo beneficia a la derecha y perjudica a los socialistas. Nadie que sepa algo de política pensará por un segundo que el PP se haya acercado en nada al PSOE; todo lo contrario. No es una convergencia. Luego el sentido de la afirmación es que el PSOE se ha acercado al PP. De lo que se trata es de atacar al PSOE, atacar al PSOE simulando atacar también al PP. Si alguien quiere comprobar la falsedad del dicho, que lea una breve, rotunda y brillantísima carta de Ana Valiente, una lectora de El País, titulada No todos los políticos son iguales. Es imposible decir más en menos espacio. La conclusión sólo puede ser que quienes han propalado semejante falsedad no merecen el voto de la ciudadanía. No merecen ni su atención.

Efectivamente, la derecha comenzó la legislatura haciendo una oposición bronca y destructiva e insultando a mansalva a Rodríguez Zapatero y uno de los que más insultó fue Rajoy, por ejemplo con aquel bobo solemne que quizá le cuadrara más a él. La continuó hilando injurias y calumnias contra el gobierno y extendiendo éstas a las fuerzas de seguridad del Estado y la administración de justicia. La coronó con la utilización de la lucha contra el terrorismo con fines de beneficio partidista y puso el estrambote negando la colaboración al gobierno en la lucha contra la crisis y entorpeciéndola a base de socavar el crédito exterior de España, acusándola de estar en bacarrota. ¿Cómo va a ser lo mismo salvar España de la quiebra que tratar de hundirla en ella?

Durante la campaña ha quedado claro que el programa del PP es acabar con el Estado del bienestar en España, recortar la sanidad y la educación públicas, encarecer lo que quede y privatizarlo. Es aliminar la educación para la ciudadanía, eliminar el derecho al aborto, el de los homosexuales a contraer matrimonio y reducir las pensiones haciendo que los que disfrutan las más elevadas paguen por sus medicamentos, lo que equivale a una burla sangrienta de la reivindicación progresista de que paguen más quienes más tienen. Es también suprimir la ayuda a la dependencia, según ha anunciado ya Rajoy. ¿Cómo va a ser lo mismo promulgar una ley de ayuda a las personas dependientes que derogarla? ¿Piensan quienes esto dicen que los ciudadanos somos imbéciles?

El triunfo del PP significa igualmente el retorno al nacionalcatolicismo de hecho cosa que se advierte viendo cómo los obispos han pedido el voto para la derecha. Y significa también que corrupciones mayúsculas como el caso Gürtel o el Palma arena seguirán esquilmando a mansalva el erario público, por cuanto, lejos de luchar contra ellos, el mismo Rajoy considera a Camps, Fabra o Matas, todos presuntos, "políticos ejemplares". ¡Cómo serán los no ejemplares!

Frente a esta oposición, el país ha tenido en la última legislatura un gobierno que, aun con errores, ha luchado contra una crisis mitad heredada y mitad importada. Y lo ha hecho con notable éxito ya que España se ha salvado de un destino parecido al de Grecia, Irlanda, Portugal e Italia. Tanto éxito, a pesar de los esfuerzos de Aznar y sus amigos por boicotearlo, que los mercados han decidido intervenir en el último momento a favor del PP amagando con la quiebra de España en función de lo que ahora dicen que fue un error. Un éxito que se debe a la gestión del gobierno que, además, lo ha conseguido manteniendo la cohesión social e incluso aprobando una ley de dependencia que es la que la derecha quiera ahora derogar.

A su vez la campaña de Rubalcaba ha consistido en descubrir las intenciones ocultas de la derecha y explicar una serie de medidas para salir de la crisis con un espíritu netamente socialdemócrata en parte heredado del gobierno al que perteneció y en parte recuperado de lo que ese gobierno se vio obligado a hacer de lado. Por eso Palinuro no cree que haya razones para variar el sentido de su voto a favor del candidato socialista, pues cree que es lo mejor para el conjunto de la ciudadanía. Si acaso, la campaña de Rubalcaba (que ha seguido atentamente, como ha hecho con las de los otros partidos) lo anima a añadir un motivo de agradecimiento personal al candidato quien, con todas las probabilidades en contra, ha tenido el coraje de pelear por el triunfo.

Por supuesto que no son lo mismo. Sobre eso es sobre lo que hay que reflexionar.