jueves, 31 de marzo de 2011

Aznar dice que el Gobierno miente. Aznar.

"Aznar es un cretino"


Este reencuentro de los dos viejos amigos de conspiración de los años 90 tiene algo de Sunset Boulevard o el ocaso de los dioses. Está, al parecer, en alguna de esas emisoras de TDT cuyas licencias distribuyó Esperanza Aguirre entre sus incondicionales. Uno de ellos, El Mundo. El empeño de este diario, megáfono de su director, por derribar el gobierno socialista con una especie de recrudescencia de los GAL es una muestra patente del espíritu contumaz y de lo arraigado de las creencias en la receta de la abuela.

No obstante, el asunto puede pasar. El Mundo es una empresa, tiene que vender su producto y la sabiduría convencional desaconseja cambiar algo de lo que está vendiéndose bien. Lo que ya no es tan comprensible es que la mímesis de la situación aconseje repetir los personajes porque ya no son ellos. Igual que Norma Desmond no conseguirá ser la Norma Desmond de sus días de gloria en Sunset Boulevard, el Aznar de hoy ya no es aquel relativamente joven político que venía con las "manos limpias", que era el "hombre normal". Ahora tiene una historia detrás. No solamente un gesto, tiene una trayectoria. De acuerdo con ella, ¿a quién se le ocurre que Aznar pueda acusar al Gobierno de mentir? ¿Qué valor puede tener eso en boca de un hombre que mintió dos veces y además lo hizo de forma pública y las dos, soberbia infinita, pretendiendo engañar al mundo entero? En la primera afirmó que en el Irak había armas de destrucción masiva sabiendo que era falso o cuando menos a él no le constaba. En la segunda sostuvo contra viento y marea la autoría de ETA en el atentado del 11-M no solamente sabiendo que era falsa sino intentando imponer la falsedad por medios oficiales. ¿Por qué acusa a los demás de mentir este mendaz sujeto? Por eso, porque es un mentiroso compulsivo y no puede dejar de mentir.

La única justificación que se me ocurre para prestar atención a Aznar hablando de mentir es invocar la competencia técnica. Este mancebo de mentir sabe un montón. Es su especialidad. No ha hecho otra cosa en su vida. No concibe abrir la boca si no es para mentir. Por lo demás, esta murga de El Mundo en contra del gobierno de Zapatero no alcanza el grado flamígero que tuvo la del Felipismo. ¡Aquellos sí que fueron tiempos! Este gobierno, en cambio, resiste todo. Tiene garantizada la mayoría parlamentaria hasta el fin de la legislatura y, además para inmensa irritación de la derecha, goza del respaldo empresarial y financiero, como se ve escuchando a Botín y Rosell.

Dado que el Gobierno cuenta también con el apoyo reticente de los sindicatos, una hoja de servicios impresionante en materia de reformas llamadas "impopulares" y el respaldo de los demás gobiernos de la UE, el intento de derribarlo antes de tiempo está condenado al fracaso y deja al descubierto la finalidad de la oposición, que no es resolver los problemas sino instalarse en el poder. Y que para hacerlo se recurra a unos GAL zombies casi parece un chiste. Que en el momento en que ETA está en sus horas más bajas, quizá en trance de agonía, se quiera procesar al ministro del Interior que lo ha conseguido, igual que con los GAL cosecha vieja se encarceló a Barrionuevo, revela a las claras en dónde tiene cada cual puestos sus intereses. No se está diciendo que si, en el curso de una guerra, se cometen delitos no hayan de perseguirse judicialmente. De hecho, el caso Faisán está en los tribunales. Se trata de no valerse de las circunstancias de la lucha antiterrorista para beneficiarse electoralmente.

Para mayor encono, estos GAL fantasmagóricos tiene que convivir en atención mediática con la reaparición de la Gestapillo, del espionaje en la Comunidad de Madrid, presidida por la señora de los licencias. Un asunto que restará mucha visibilidad mediática a la resurrección de los GAL, si no por su importancia intrínseca, sí por la vía de su fondo de astracanada. La Gestapillo es presunta delincuencia de Mortadelo y Filemón. Pero es, y la señora Aguirre de las entretelas de El Mundo tendrá que explicar el motivo por el que espía a sus adversarios políticos con cargo a los fondos públicos, aparte de su maternal solicitud porque no anden en compañías peligrosas, como Pinocho.

No sé si El Mundo traerá información sobre el caso Gestapillo digna de tal nombre. Si lo hiciera a lo mejor parececía menos un tebeo de lo que parece.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Duke vs. Wal Mart.

Los Estados Unidos son un foco de civilización. El mayor hoy día. Eso de la civilización, sin embargo, hay que matizarlo porque sabido es que se han cometido crímenes monstruosos y genocidios en su nombre; pero también gestas inmortales en beneficio de la humanidad. Dado que por lo general van mezclados es necesario pararse a discernir. Por ejemplo, los EEUU han creado, consentido y glorificado uno de los movimientos más odiosos del mundo, el Ku Klux Klan. Pero lo han hecho a través, entre otros medios, de una de las películas más fascinantes de todos los tiempos, la epopeya del cine, el origen de esta arte contemporánea, el Nacimiento de una nación (1915), de David W. Griffith que lo hace, además, con esa intención explícita de vincular el Klan con el nacimiento de la nación gringa.

Así que la actitud razonable hacia los EEUU no puede ser una elección maniquea de totalmente a favor o totalmente en contra. Tendrá que ser mestiza, como todo en la vida. De los EEUU vienen y han venido noticias e influencias nefastas y también otras benéficas. Así como las matanzas de indios en el Oeste fueron un horror, la revolución que llevó a la independencia ha sido el faro que ha guiado muchas aventuras posteriores, como se visualiza al llegar a Nueva York y ver la estatua de la Libertad, regalo/tributo de Francia que también hizo una revolución que, como la gringa, es patrimonio de la humanidad.

Algunas de las mayores barbaridades imperialistas en los últimos cincuenta años han venido de los EEUU; pero también las mayores oleadas de luchas por los derechos civiles, contra la discriminación de los mujeres, los negros o los homosexuales. La sentencia en el famoso caso Roe vs. Wade, recaída en 1973, definía el aborto como un derecho fundamental de las mujeres al amparo del derecho a la intimidad de la cuarta y la novena enmiendas y según el cual, la decisión sobre la interrupción del embarazo es cosa que compete a la propia mujer. Esa sentencia influyó en el mundo entero, abrió esperanzas a millones de mujeres y, de paso, una polémica a veces violenta con los "pro vida" en el interior del país que reclaman que se revierta Roe, igual que en España el PP quiere derogar o, al menos, recortar la ley del aborto.

Pues bien, la demanda que han presentado Betty Duke y otras cinco mujeres en representación de un millón y medio más contra Wal Mart por discriminación es también también un asunto histórico que va a influir en todas partes. Por un lado el carácter masivo del hecho, muy gringo, como las producciones de Cecil B. de Mille. Los mismos gringos se ríen de esto cuando dicen que todo lo americano es grande, ruidoso y no funciona. Y, por otro, la importancia del fondo de la cuestión. El Tribunal Supremo tiene ahora que decidir si admite a trámite una demanda por discriminación una de cuyas pruebas es la diferencia salarial sistemática y persistente en el tiempo entre hombres y mujeres en contra de estas. Es claro que el gigante Wal Mart, uno de los símbolos de EEUU, va a movilizarse a tope para evitar una decisión del Tribunal porque supondrá indemnizaciones siderales pero que no son otra cosa que la contabilización a precios de hoy de la sobretasa de explotación a que están sometidas las mujeres. El valor del ejemplo para los europeos es que estos comprendan que la discriminación salarial a que están sometidas las mujeres en Europa y en todas partes es denunciable en los tribunales; al menos en el viejo continente. Y que ya es hora de que se empiece a hacer.

Por eso hay que ser cauto en el juicio sobre los EEUU, país del que proviene mucha propaganda nacionalista pero también las películas de Michael Moore, dedicadas a denunciar el funcionamiento no democrático de la democracia. Lo que Duke vs. Wal Mart va a dirimir, igual que antaño lo hizo Roe vs. Wade es una cuestión que afecta a toda la sociedad porque se plantea en el campo de los derechos fundamentales. Y se plantea también para todas las mujeres que trabajan en Europa y en el resto del mundo, aunque aquí las necesidades puedan ser más apremiantes. Exactamente, ¿con qué razonamiento puede justificarse que a trabajo igual no haya salario igual? ¿Con el de la intrínseca superioridad de los hombres? ¿El de sus más sublimes necesidades?

No en balde los países occidentales, a pesar del antiamericanismo que hay en ellos, copian cuanto pueden de los EEUU. Entre ellos España que les copió la Constitución de la Iª República, aquella que era federal, cosa a la que la vigente ni se ha atrevido.

(La imagen es una foto de sashafatcat, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 29 de marzo de 2011

Cómo desmantelar el Estado del bienestar en doce sencillas lecciones.

Primera. Convénzase de que el Estado no es la solución sino parte del problema y pida que se jibarice o desaparezca por entero.

Segunda. Reduzca o elimine la progresividad en el impuesto sobre la renta argumentando que es injusto desde el punto de vista de Hayek.

Tercera. Elimine todos los impuestos especiales, reduzca el tipo general e incremente los impuestos indirectos porque así cada cual paga por lo que consume y no por lo que consumen otros.

Cuarta. Desregule la actividad de las empresas y otórgueles todo tipo de incentivos fiscales, incluso la exención, con el argumento de que son las que crean riqueza y generan puestos de trabajo

Quinta. Liquide el sector público rentable a precio de saldo para dinamizar el tejido productivo y lo que no sea rentable, sanéelo con dineros públicos.

Sexta. En tanto desaparece el Estado, imponga por ley del máximo rango el principio del presupuesto equilibrado con el generoso fin de no endeudar a las generaciones venideras y limite también el gasto público por ley, vinculándolo a la productividad, no a los beneficios.

Séptima. Vivimos en una mundo global, por tanto, permita la libre circulación de capitales que, de todas formas, tampoco puede impedir.

Octava. No ponga inconvenientes a los paraísos fiscales. Son puertos de descanso de la excesiva fiscalidad del capital. Si el capital no tributara y su color no importara, ¿a que se acababan los paraísos fiscales? Una prueba más de que la culpa de los paraísos fiscales es de los Estados.

Novena. Derogue los restos del antaño tremendo edificio del ordenamiento jurídico del trabajo, elimine el derecho del trabajo incluso como asignatura y reduzca los sindicatos a la mínima expresión porque sólo así se conseguirá flexibilizar el mercado de trabajo, la jornada laboral y hasta los propios trabajadores.

Décima. Socialice las pérdidas y mantenga privados los beneficios que ya ellos se encargarán de redistribuirse por la sociedad en forma de caridad, beneficencia o maná.

Undécima. Emplee los recursos públicos que queden después de las diez primeras medidas en garantizar la tasa de beneficio del capital, salvando las financieras de las crisis o subvencionando directa o indirectamente unos u otros sectores industriales.

Duodécima. Como es evidente que con las once medidas anteriores el Estado se ha empobrecido y descapitalizado hasta el borde de la quiebra, la población debe empezar a pagar si quiere seguir teniendo servicios sociales como la educación o la sanidad. El Estado ya no tiene dinero porque, como hemos visto, ha renunciado a él para transferirlo al bolsillo de la gente. De alguna gente.

(La imagen es una foto de Bettysnake, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 28 de marzo de 2011

Por alusiones

El sábado pasado, y porque participaba en él mi amigo Pablo Iglesias, vi íntegro el programa "La noria" de Tele 5 por primera y última vez en mi vida. No sé qué pretendan los hacedores de esta basura pero, sea lo que sea, es eso, basura con un nivel intelectual ínfimo en un ambiente de verduleros. El caso es que, en el curso de esa bazofia, el periodista Alfonso Rojo dijo que yo era responsable o inspirador o algo así de la movilización de los estudiantes de la Complutense por el asunto de la capilla. No es cierto. ¡Qué más quisiera yo que haber inspirado un acto con el que estoy de acuerdo por su ejemplaridad!

Ahora bien, supongo que, en justa reciprocidad y por alusiones que él cree vejatorias y a mí me enorgullecen, podré decir a mi vez algo de Rojo y de sus contertulios: todos ellos periodistas que se embolsan una pasta por ir a decir siempre lo mismo y a ver quién grita más y quién tiene peor gusto. Lo importante aquí es la pasta y, si estos mendas tuvieran un decoro mínimo, dirían cuánto pillan cada vez que salen en pantalla, a defender su cuadra. Para que la gente sepa de qué va esto.

En fin, que la derecha esté representada y defendida por alguien como Alfonso Rojo me parece normal. Que haya representación de la izquierda en ese espectáculo incalificable es menos normal y que la ostente un engolado sectario como Sopena da risa.

El dinero hace maravillas.

(La imagen es una foto de Adrián Pérez, bajo licencia de Creative Commons).

ETA y Libia.

La incapacidad de cierta izquierda (esa que se considera verdadera o transformadora sin que en treinta años haya conseguido transformar algo relevante como no sea su nombre) para calibrar objetivamente el resultado de sus propuestas solo es comparable a su afición a culpar a los demás de sus propios fracasos. En el asunto impropiamente llamado de la cuestión vasca dicha izquierda se ha opuesto a todo: a la Ley de Partidos Políticos, a las sucesivas ilegalizaciones de las sucesivas siglas de la izquierda abertzale, a las instrucciones del juez Garzón, a la última ilegalización de Sortu, a la exclusiva lucha policial y judicial contra ETA..., a todo. El mismo Palinuro lo ha hecho en alguna ocasión. Y siempre con dos argumentos: a) las medidas a las que se opone son contrarias al Estado de derecho y la democracia en España y b) sólo contribuirán a prolongar la violencia, el terrorismo, el sufrimiento.

El balance, sin embargo es al revés: a) el Estado de derecho y la democracia en España no están especialmente mal o, cuando menos, no peor que si las tales medidas no se hubieran tomado; y b) jamás hemos visto tan cercano el fin de ETA. ¿Servirá esto de algo? Probablemente no porque el discurso político es voluntarista y está vacunado contra el virus de la realidad.

Ahora, con el nuevo comunicado de ETA sobre la verificación internacional del alto el fuego, volverán a alzarse voces pidiendo que se haga caso a la banda, atacando la intransigencia de las autoridades españolas y llamando "fascistas" (o poco menos) a los sociatas españoles. Pero ¿cuál es la lectura de los últimos hechos? SORTU está ilegalizado y ETA, en lugar de romper la tregua unilateral y cometer algún atentado, emite otro comunicado. Sin embargo, las cosas no están mejor que hace veinte años: Euskal Herria sigue tan sometida a los Estados español y francés como antes; Navarra, por su cuenta; la autonomía de Euskadi cabe en un estatuto; la izquierda abertzale sigue fuera de las instituciones; ella misma, ETA, no levanta cabeza; y la Comunidad Autónoma Vasca está gobernada por una coalición de hecho de los dos partidos españolistas. Hace veinte años esto hubiera sido un rosario de bombas; ahora es un rosario de comunicados a cada cual más ovejuno, con un sonido que recuerda el adagio final de la Sinfonía del adiós de Haydn. ETA se deshace y al final sólo van a quedar el que da las órdenes y el concertino.

Cuando vea que no hay comisión ni verificación internacional, ETA tendrá que soltar otro comunicado más aporético aun: uno a medio camino entre la situación del momento y la que es inevitable, esto es, la entrega de las armas. A este deseable resultado la izquierda no habrá contribuido gran cosa, por no decir nada.

Pues no importa, está dispuesta a repetir el patinazo con la guerra de Libia. El domingo desempolvó los viejos carteles del ¡No a la guerra!, se echó bravamente a la calle... y se quedó sola. Es posible que esta guerra de Libia no despierte entusiasmos, no es frecuente que las guerras lo hagan. Pero no suscita oposición. La gente tiene más sentido común y flexibilidad que la izquierda. ¿No a la guerra? Bueno, depende, hay que pararse a pensar un poco y no tomarse el enunciado como un dogma. Porque hay guerras y guerras y no todas son iguales.

Una guerra por mandato de la ONU para librar a un pueblo de la vesania de un tirano dispuesto a masacrarlo no es lo mismo que otra a espaldas de la ONU y de pillaje para apropiarse los recursos de otro país. Eso es tan obvio que hasta la izquierda lo entiende, aunque no le guste reconocerlo. Ella cree tener una crítica, una objeción más poderosa: ese tirano demente era nuestro amigo y fiel aliado hasta ayer. ¿Con qué legitimidad moral le hacemos ahora la guerra? Obviamente, con toda. Tardía pero toda. De momento, aprovechemos la ocasión para derrocar al tirano y ver si se consigue que los libios se organicen autónomamente. Luego ya llegará el momento de señalar con el dedo a quienes se daban el pico con Gadafi.

Pues no señor: es ¡No a la guerra! sin más. Con esa absurda contundencia con que en cierta ocasión escuché a un izquierdista clamando que él, en las guerras, estaba siempre del lado del perdedor. Lo cual lo ponía del lado de los nazis en la segunda guerra mundial, un sitio extraño para uno de izquierda.

Lo que sucede es que en buena medida ese tremolar del ¡No a la guerra! viene bien para alimentar el gusanillo del principio de la identidad propia: cargar contra el PSOE por traidor, neoliberal, belicista, imperialista. En estas cosas se nota quién es la verdadera izquierda; en estas y en que no la apoya prácticamente nadie, cuestión que en una democracia tiene su aquel.

(La segunda imagen es una foto de B. R. Q., bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 27 de marzo de 2011

Gürtel: la respuesta.

El cadáver gürteliano salió ayer a la calle en Valencia: sesenta mil ciudadanos/as exigieron la dimisión de Camps, un espectáculo que no ha existido para los televidentes de la televisión autonómica. Menos mal que sólo la mira algo así como un dos por ciento. Con un PP desesperado por impedir el acto, primero pidiendo al juez que lo suspendiera y luego enviando a unos jóvenes a provocar por si podían reventarlo. Por desgracia debieron de dejarse las porras en casa porque no pudieron hacer nada. En tiempos de Franco esto no pasaba porque, con muy buen tino cuartelario, todas las manifestaciones estaban prohibidas sin más. ¿Cómo no se puede prohibir ésta? Es obvio que Camps no distingue entre la dictadura y la democracia. Su comportamiento es el de un autócrata, encerrado en el silencio y la falta de explicaciones. Pero le falla la represión. Puede manipular la información y censurarla como hace a través de su televisión, Canal Nou, con el dinero de todos los españoles. Pero no puede bloquear la red, aunque lo ha intentado, pidiendo que se cierren las webs que publicitaran la manifa. Y no puede reprimir. No puede impedir que la gente salga a la calle a manifestarle su repulsa. Eso va a perderlo.

¿A que ya no hay tanta seguridad en que Camps obtenga una mayoría absoluta holgada el 22 de mayo? ¿A que ya va abriéndose paso la idea de que hasta puede perder? Y la campaña propiamente dicha aún no ha comenzado. Pero, cuando comience, ¿cómo va a hacerla un Presidente que no puede salir a la calle sin que lo increpen ni puede ir a mítines y actos públicos? La Gürtel se lo está comiendo todo. Los estrategas del PP merecen el finiquito porque no han sido capaces de calibrar la reacción de la gente en distintos supuestos. Es posible que el personal guarde fidelidad de voto al PP si, a pesar de la corrupción, ve que se está luchando contra ella o que, cuando menos, se lamenta. Pero resulta francamente increíble que se conserve ese apoyo aun cuando no solamente no se hace nada contra la corrupción sino que los corruptos se ufanan de ella.

Ahora las cosas son difíciles porque se plantea esa problemática opción de sostenella o enmendalla. Pero según pasen los días la situación se complicará más porque en sí misma es noticia: ¿cuánto puede aguantar Camps? ¿Y cuánto unas instituciones a las que Camps está pulverizando? Y pulverizando no sólo en Valencia sino en todo el Estado porque, al mantener vivo el muerto de la Gürtel, estigmatiza la política del partido en todo el país. ¿Puede este partido pedir elecciones anticipadas después del 22 de mayo? Puede; pero ¿debe?

Hay un indicador en nuestra sociedad mucho más potente que toda la batería de encuestas y sondeos, que todo el mundo conoce pero nadie reconoce: la opinión de los mercados y de sus dueños, los banqueros y empresarios. Esos han dado el espaldarazo a Zapatero, por lo menos hasta 2012, lo han armado caballero y le han hecho un feo a Rajoy difícil de superar. La motivación: que está empezando a notarse lo que más teme la derecha política y mediática, aparte del fin de ETA, esto es, la recuperación económica. Si lo dicen los empresarios, puede ser la consabida profecía que se autocumple. La marca España aguanta en los mercados internacionales incluso en el peor de los supuestos: el crack de Portugal. Estos dos índices, resistencia del Estado y apoyo de la patronal, se retroalimentan y hasta es posible que los moodies, que ya están en los tribunales, tengan que meter la inversa.

Zapatero se ha portado bien desde el punto de vista de la elite empresarial y financiera del país. Ha sido más papista que el Papa y ha mostrado dominio de la calle, mucho más pacífica aquí que en Francia y no se diga ya en Inglaterra. En realidad, los que han zanjado el debate sobre la candidatura del PSOE son los empresarios que saben de sobra que quien mejor aplica políticas económicas restrictivas (en el sentido de con menores costes sociales) es la izquierda porque la derecha genera conflicto por overkill.

Y, en todo caso, no van a apoyar al candidato que no sabe distanciarse de la Gürtel.

(La imagen es una página de Público, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 26 de marzo de 2011

Fibra de mujer.

Magnífica exposición en el Thyssen y Cajamadrid titulada Heroínas. Casi todo cuadros con dos o tres esculturas, alguna impresionante como ese prodigio de bronce alado que es la Iris de Rodin. Predomina la pintura y toda sobre mujeres con un motivo común, según lo expresa el comisario, de presentarlas como seres fuertes, activos, hasta dominantes, autónomos, lejos de la imagen de la mujer sumisa, amante, esposa, madre. Y ciertamente es un punto de vista de interés. Para ello ha llegado a extremos difíciles. Por ejemplo, en el grupo de cariátides, esto es, mujeres como columnas o bases de apoyo, mujeres recias que aguantan duras tareas, incluye una campesina de Bouguereau, que ya tiene mérito con lo cursi que era el autor que ha dejado decenas de mujeres de una afectacion que hace daño a la vista. El hecho de que la campesina esté afilando una guadaña daría que pensar que los estereotipos de Bouguereau lo llevan a identificar a la mujer con la muerte, como si fuera Schopenauer. Pero probablemente es una exageración.

Los grupos en que se ha clasificado la imagen de las mujeres son muy ilustrativos: magas, amazonas, místicas, lectoras, ménades, atletas, etc. y están muy bien. Circe cuenta con varias representaciones: se encuentra la de Dossi, que tiene un equilibrio de colores único y la de Waterhouse, que es una delicia para la vista. Hay una Medea aunque no especialmente terrible. Es casi como si se tratara de pasar por encima del incómodo hecho de que gran parte de estas condiciones activas de las mujeres, sus iniciativas, no son autónomas, sino reflejo de su relación con los hombres. Todas las brujerías de Medea se hacen a causa de Jasón. Y Circe, igual que Calipso, cede ante Odiseo

En otras actividades las mujeres parecen más autónomas. Pero si se escarba un poco, el asunto no está tan claro. Por ejemplo hay un par de versiones de la leyenda de Atalanta e Hipómenes. Es imposible no quedarse alelado mirando la de Guido Reni, en la que se ve a Atalanta volviendo sobre sus pasos para recoger las manzanas de oro mientras Hipómenes pasa raudo. Atalanta representa la total independencia de la mujer que es igual o superior al hombre... y es castigada por ello con una vil engañifa ideada por otra mujer. Y este es el nudo de la cuestión a mi entender en la exposición: hay mucha interpretación de mujeres hecha por hombres lo cual es determinante.

Queda un campo en el que la actividad de las mujeres prescinde por entero de la visión masculina, que es el del autorretrato. Mujeres con mirada de mujeres que hacen ese milagro de todos los autorretratos cuando entramos en su campo de visión de mirarnos con los ojos de la artista a través de los de su imagen. Y ahí es donde se atisba el fondo del alma de la pintora en ese deseo de comprenderse a sí misma que es igual al de los hombres porque, digan lo que digan Schopenauer y sus precedentes y consecuentes, somos iguales siendo distintos.

Nada de esto afecta al célebre autorretrato de Artemisia Gentileschi como alegoría de la Pintura con esa perspectiva en picado y ese gesto de la artista de estar pintando fuera del cuadro, de donde proviene la luz que la baña literalmente, la ilumina, la inspira, la arrebata, la posee casi como a una Dánae, pero no quiero ser inconveniente.

Se encuentran también bastantes piezas modernas. Hay una Santa Teresa de Abramovic que impresiona por tomarse lo de los pucheros a la tremenda y una serie de fotografías de mujeres levitando de Julia Fullerton-Batten que es de lo más extraño que he visto nunca. También hay algo de arte de vídeo que no es de lo mejor, lo cual no es para enfadarse. El arte del vídeo es dificilísimo. He visto mucho y no recuerdo nada que me haya parecido en verdad bueno. Pero eso puede deberse a mi desconocimiento. También hay volúmenes sorprendetes, como un bronce de mujer sobre una pira hecha con leña de verdad, con trozos de encina de esa que arde con la fuerza de siglos.

La exposición está hasta junio y merece la pena acercarse. Ya la merecería sólo el contemplar la Ifigenia de Feuerbach, recostada sobre un parapeto y mirando el mar Egeo por donde supone que algún día le llegará la salvación y el retorno a casa, pero no sabe cómo ni cuándo.

Gürtel en Valencia.

El cadáver de Ionesco sigue creciendo sin parar y ocupándolo todo. En Valencia ya no es posible dar un paso sin encontrarlo. Hay Gürtel hasta en las esquinas. Y lo que habrá, pues aún no ha comenzado la campaña electoral. Los tres últimos acontecimientos del Reino son tres manifestaciones Gürtel a tope y de lo más típico. Una por la vía de la amenaza, otra por la del silencio y la tercera de un chiste.

La amenaza. Ya tiene tela que el primero que haya de sentarse en el banquillo por el caso Gürtel sea Ángel Luna, portavoz del PSPV y uno de los que lo han denunciado. El propio Luna se sorprende en un artículo en El País titulado Desde el banquillo. No tendría por qué. ¿No está procesado el que intentó hacer justicia a las víctimas del franquismo? Por cierto, magnífico lance judicial el de Garzón al acudir al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo en petición de amparo. Tendría gracia que Estraburgo le diera la razón y el Supremo lo condenara. Claro que este último podría decir que más alto que Estrasburgo está el tribunal de la divina providencia de la que él es muñidor. En todo caso, tranquilo, Luna. Ahora lo que tiene que hacer es defenderse de la acusación explicando la situación. Está en su derecho y va a ser demoledor para Camps cuya estrategia procesal es cada vez más disparatada.

El silencio. Ya lo está siendo. Ese empeño de Camps por prohibir la manifa de hoy en Valencia en contra de la corrupción, denunciando a los organizadores por un supuesto delito de injurias graves con publicidad, vuelve a plantear la cuestión política en el terreno judicial. Camps, que lleva meses sin contestar pregunta alguna sobre Gürtel, no puede hacer política si no es en los tribunales. Y Gürtel lo está devorando vivo. Ya no puede salir a la calle sin que alguien lo llame ladrón. Tropieza con el cadáver de Ionesco a cada paso que da. Es extraño cómo la dirección de su partido no se piensa la posibilidad de sustituirlo de candidato antes de que la cosa vaya a mayores y Camps tenga que desplazarse con una dotación de antidisturbios como si fuera una guardia pretoriana. Lo único que se me ocurre es que alguien esté dándole cuerda para que se ahorque, lo que tratándose del magma de un partido político tampoco es tan extraño.

El Chiste. La normativa electoral quiere que los gobernantes y autoridades en general se abstengan de cortar cintas en la campaña electoral lo que quiere decir que se adelantan las inauguraciones de modo que a veces se inauguran cosas que están por terminar. ¡Quién sabe si por hacer! No sería raro ver a Esperanza Aguirre inaugurando un campo de golf en un vertedero en el que hubiera un poste que rezara (y nunca mejor dicho) Campo de golf. Así se hacían las representaciones teatrales del siglo de oro. Un cartel decía "bosque" y allá cada cual a imaginarse el que le petara. Camps y el inefable Fabra han inaugurado un aeropuerto en Castellón en el que no hay aviones. Podrían haberlo hecho en una terraza en la Avinguda de la Mar. Espero que no se le ocurra a ningún gracioso decir que los aviones no están porque la Gürtel los ha vendido en Panamá. Claro que hay cosas más raras y milagrosas. Por ejemplo que a alguien le toque cinco veces seguidas la lotería.

(La imagen es una foto de Visentico/Sento; la segunda, una foto de Público, ambas bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 25 de marzo de 2011

Fuera capillas de la Universidad.

La profanación de la capilla de la Complutense ha traído cola y ha resaltado la necesidad de abordar el problema eternamente irresuelto de la separación entre la Iglesia y el Estado. La Universidad, como suele pasar, ha señalado el camino a un Gobierno que nunca tuvo intención de andarlo. Aplicó, sí, en la primera legislatura unas políticas sociales de igualdad de derechos que exasperaron a la Iglesia pero ésta no la tocó. Al contrario, contemporizó con ella, le incrementó el porcentaje de recaudación en la asignación del IRPF y finalmente se puso en sus manos, proponiendo como presidente del Tribunal Supremo a un hombre cuyo principal mérito es ser un fervoroso cristiano y como embajador en el Vaticano a otro que lleva el fervor casi al misticismo. El resultado ha sido que el Gobierno ha decidido postergar a las calendas griegas la pendiente ley de libertad religiosa. Asunto que, al parecer, no es urgente.

Pero el happening de la capilla muestra que sí lo es. La Iglesia debe abandonar todos los nichos y puestos de mando que aún mantiene en la estructura institucional del Estado o, cuando menos, renegociar con él su régimen. Es posible que deba haber capillas en los hospitales pero en las universidades, sobran. Y eso es lo que han puesto de relieve los estudiantes. ¡Ah! Pero es que el problema está en cómo lo hicieron, en que se desnudaron y atentaron contra sagrado y contra la moral pública. Lo del sagrado es muy dudoso, ya que ese sagrado está en donde no debe estar y quienes han protestado esgrimían un sagrado mayor: el de la propiedad de la colectividad, no de una parte de ella. En cuanto al escándalo público eso es muy elástico.

En todo caso, nadie pretende que no sea una infracción; pero lo será en una medida proporcional al alcance objetivo del hecho y su dimensión moral. Porque se trata de un acto típico de desobediencia civil que consiste en quebrantar públicamente una norma para llamar la atención sobre su iniquidad o la iniquidad de alguna otra. Ninguna sociedad civilizada puede ignorar el valor moral de la desobediencia civil y deberá tratarla con sanción proporcional al hecho. Es decir que a los asaltantes puede imponérseles una multa que todos los que reconocemos el valor moral de su acción contribuiremos solidariamente a sufragar.

Porque ese es el asunto, la performance de la capilla (me ha divertido mucho el término que es polisémico) no es un asalto, ni un crimen, ni una gamberrada, ni un atentado, sino una manifestación pública de una injusticia por unas gentes que son responsables de sus actos. Lo que sucede es que este razonamiento no hace mella en las huestes de la derecha mediática que plantean el hecho llamando "zorras" a las muchachas y hablando de coacción, violencia, en la antesala de un frenesí colectivo de matanza de curas y monjas y quema de iglesias.

Por otro lado, la Iglesia también ha reaccionado hiperbólicamente, convocando una misa de desagravio a la que acudieron unos mil fieles que, al no caber en la capilla, siguieron el oficio fuera, arrodillados en el suelo del campus. Eso es extraordinariamente simbólico. ¿Va la gente a la Universidad a arrodillarse? ¿O va a erguirse? Esa foto de los asistentes arrodillados es realmente lamentable.

Es imposible convencer del valor moral de una actitud a quienes reaccionan como energúmenos, de modo bronco o suave. No. Hay que cambiar de tercio y preguntar qué calificación debe darse al hecho de que, también en sagrado, se oficien misas por el eterno descanso de un dictador sanguinario, presunto genocida de su pueblo y se oficien, además, en lucimiento de la parafernalia simbólica de su régimen. Y si, como sostiene Palinuro, se trata de delitos, qué se piensa hacer y si la Fiscalía va a actuar de oficio en defensa del interés público.

Así que el acto de hoy, al que corresponde la foto, será de desagravio a la Universidad y no habrá nadie de rodillas sino que todos estaremos de pie excepto los que pillen asiento.

jueves, 24 de marzo de 2011

Sortu: más allá y más acá del derecho.

Tengo para mí que la decisión del Tribunal Supremo sobre Sortu es la más sabía que cabía tomar dadas las circunstancias. Tanto en el fondo como en la forma. La forma: esos tres votos discrepantes valen su peso en oro porque es la primera vez que se rompe la unanimidad de la sala. Mandan un mensaje de: no desistáis, afinad y acabaréis consiguiendo que esos tres votos convenzan a la mayoría. Confiad en el Estado de derecho.

Pero lo importante aquí es el fondo. El primer acierto fue remitir la cuestión a un órgano judicial y que todo el mundo aceptara la decisión de éste, empezando por Sortu, como así ha sido y como ya decía Jáuregui con su claridad habitual: que lo que diga el Supremo es lo que vale y a pesar de que el temperamental Eguiguren, confundiendo los tirios con los troyanos, culpara del "problema" (como si alguno hubiera) a la falta de valentía de Zapatero, sólo para desdecirse al cuarto de hora. El Supremo habla y todos a acatar. Civilizadamente. La izquierda abertzale muestra su descontento, cual estaba previsto, diciendo que la decisión es política.

Por supuesto. Todo en este proceso ha sido político desde el principio. Política ha sido la decisión de crear Sortu y política la de denegarle la inscripción. Ambas partes acudieron a las armas del derecho para defender sus opciones políticas. Pero esas armas eran inútiles. Sortu tenía que demostrar lo indemostrable, esto es, que el hecho de cumplir la letra de la ley garantizaba que cumpliría el espíritu. Un juicio de intenciones.

A su vez, el tribunal tenía que tomar una decisión sin una sola prueba material, empírica, tangible, en un sentido u otro. Sortu no tenía ni una a favor de su legalización más que su palabra; pero los contrarios tampoco tenían ninguna salvo la palabra de la policía, del fiscal y del abogado del Estado y algunas convicciones de sentido común que siempre son sospechosas. Por ejemplo, la idea de que quienes estuvieron alguna vez ligados a Batasuna están en cierto modo "contaminados" a lo mejor puede aplicarse a los propios jueces. ¿Ninguno de ellos ejerció la judicatura en tiempos de Franco? ¿O haber sido franquista no "contamina" pero haber sido de batasuna sí? Efectivamente, así es: un franquista puede ser juez, pero un ex-batasuno carece de crédito.

El Tribunal tuvo que tomar su decisión por un criterio subjetivo de qué fuera lo mejor. Y la pregunta inmediata es: lo mejor ¿para quién? ¿Para qué? La no menos inmediata respuesta será para España y para el fin del terrorismo o lo que sus señorías entiendan por ambas cosas. En lo de España no me entretendré porque no terminaríamos. Lo interesante es lo del "fin del terrorismo", que es objetivo que hoy, al parecer, comparten todos, incluidos los que han sido excluidos por simpatizar con los terroristas. Tiene gracia.

Con todo y a pesar de lo anterior, el Tribunal ha sido muy sabio. A falta de criterios jurídicos ha aplicado criterios políticos de los que ha habido muchos y muy contrastados. Lo primero que ha visto el Supremo es que habría mucha más unanimidad en los dos partidos nacionales con una decisión negativa que con una positiva porque hasta el presidente del Gobierno salió diciendo que mientras hubiera ETA lo de Sortu sería problemático. Creyendo decir algo valiente, el Lehendakari advirtió de que Sortu no es ETA. Toma, claro, saltó de inmediato el ministro de Justicia, Caamaño, si lo fuera estarían todos en la cárcel. A veces la justicia es divertida porque tiene algo de género chico.

Una mano decisiva ha echado el propio Sortu al formular su posición como una opción de juego: legalizar a Sortu acelerará el desistimiento de ETA, que es el argumento de fondo, político, de Iruin en su alegato. Pero poner las cosas en el frío terreno racional de la teoría de juegos es peligroso porque la otra parte puede encontrar más beneficiosa la propuesta contraria: el desistimiento de ETA aceleraría la legalización de Sortu. Y es la más beneficiosa porque la primera está dictada por la debilidad, la necesidad de sobrevivir. Endurecer las condiciones puede parecer despiadado pero es conveniente.

Por eso la decisión del Supremo es la más sabia. dentro de lo que cabe Ciertamente, política. Pero es que la política, como todo, se divide en buena y mala y ésta es buena. Una de las pruebas es que Sortu, en espera de tiempos mejores, según parece, ha puesto en marcha su plan B: candidatos blancos, o sea, reblancos porque candidato ya quiere decir blanco. Y luego están los que dicen que queda el Constitucional pero eso no cambiará nada ya que el Constitucional no es un tribunal de casación y Sortu ha agotado ya la vía judicial.

Con Sortu no legal, a ETA no le queda más remedio que desistir si quiere que la izquierda abertzale independentista tenga representación en las instituciones. Es preciso que muera lo viejo para que nazca lo nuevo. Tampoco es tan difícil de entender. Es ley de vida.

(La imagen es una foto de josu, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 23 de marzo de 2011

La hipocresía de la Iglesia.

En estos días están debatiéndose en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en su 16º período de sesiones, asuntos relativos a la Declaración de las Naciones Unidas sobre derechos humanos, orientación sexual e identidad de género que se aprobó en diciembre de 2008 a instancias de la Unión Europea, presidida entonces por Francia. La han firmado unos 67 Estados, los Estados Unidos lo hicieron en 2009 ya con Obama porque Bush, lógicamente, se negó. Faltan los demás y de ellos se oponen decididamente 70 porque la declaración pide que se despenalice la homosexualidad en todo el mundo. Obsérvese: no que no se discrimine a los homosexuales o no se les nieguen unos u otros derechos sino que no se les encarcele o ejecute.

Pues bien, el representante permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas, el arzobispo Silvano M. Tomasi, se opuso ayer a que se despenalice la homosexualidad con el siguiente discurso, monumento al sofisma y a la hipocresía. Ya lo hizo su antecesor en su día, cuando se presentó la propuesta en 2008. Monseñor Celestino Migliore se oponía a la despenalización porque crearía nuevas discriminaciones... en concreto en los países que no reconocen el matrimonio homosexual, que es lo que procupa a la Iglesia, siempre tan atenta a lo que hace la gente en la cama.

Pero es que monseñor Tomasi ha mejorado a monseñor Migliore porque, en lugar de invocar una causa tan ridícula, hace una fina distinción sosteniendo que la Iglesia reconoce el derecho de la gente a tener sentimientos gay, pero no a que los traduzcan en comportamientos. Es decir: sé gay si quieres, pero ojito con lo que haces. Es inevitable acordarse del artículo 16 de aquel increíble Fuero de los españoles de 1945 que rezaba: "Todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado", uno de los cuales era que la religión católica era la del Estado. Como lo sigue siendo, según el vigente Concordato de 1953, acordado entre el Vaticano y el Estado español en nombre de la Santísima Trinidad.

Lo verdaderamente hipócrita de la declaración de Monseñor Tomasi es que viene precedida de una especie de jaculatoria en la que se recuerda cuán decididamente se opone la Santa Sede a toda violencia que se ejerza contra la gente a causa de sus sentimientos y pensamientos sexuales o sus comportamientos sexuales. Comportamientos. Bien, la Iglesia no puede ignorar que hoy hay 70 países en el mundo que consideran la homosexualidad como un delito penal y en once de ellos (Irán Arabia Saudita, Yemen, etc) penado con la muerte.

¿Cómo diablos, Monseñor, se puede estar en contra de despenalización de la homosexualidad y decir al tiempo que se condena toda violencia ejercida contra los homosexuales? La cárcel y la muerte, ¿no son violencia? El ahorcamiento ¿no es violencia?

Ahora que en España toma nuevos bríos un movimiento laico a propósito de la lucha contra las capillas en las Universidades y (es de esperar, otros espacios públicos: ¿qué pasa con los aeropuertos?), conviene saber de qué y de quién se está hablando. Se está hablando de gente que pide libertad para imponer sus creencias en donde no corresponde pero aplaude que se ejecute a otros por tener (y practicar) creencias distintas en cuanto a su vida sexual; es decir, gente a la que parece bien el asesinato.

Como la capacidad para la hipocresía y la mixtificación es fabulosa, debe recordarse que quienes pedimos la despenalización de la homosexualidad, en realidad pedimos la despenalización de todas las relaciones sexuales entre adultos que saben lo que hacen y consienten libremente. No estamos pidiendo la despenalización de la pederastia. Aunque a muchos curas les vendría de miedo.

Por último, la causa por la despenalización universal de la homosexualidad necesita cuantos apoyos pueda conseguir. Quien quiera colaborar, puede hacerlo.

(Las imágenes son un dibujo de Felicien Rops de 1879-1880, titulado Hipocresía, y una foto del sitio web de apoyo a la despenalización universal de la homosexualidad en las Naciones Unidas en la que se ve a dos adolescentes homosexuales a punto de ser ahorcados por homosexuales).

martes, 22 de marzo de 2011

Es imposible comprender una guerra.

Para no repetir eso tan manido de que la primera víctima de una guerra es la verdad, lo diré de forma más suave, más susceptible de debate: la guerra es siempre confusión. Aparte de la que se genera por sí en todo conflicto armado en que las actividades cotidianas se interrumpen y la vida se altera, está la confusión que generan a propósito los combatientes. Pues es el abc de la guerra que al enemigo hay que engañarlo. Dado que el enemigo hace lo mismo, el resultado sólo puede ser la confusión y el caos. Confusión y caos a los que ayudan mucho los que saben de buena tinta cuáles son las verdaderas razones de los combatientes. Los que se las saben todas, vamos.

Pero al mismo tiempo, en medio de esa confusión y caos se crean situaciones reales que afectan a seres humanos concretos. La foto es de un campo de refugiados de la ONU en la frontera de Libia con Túnez a primeros de marzo. Hay decenas de miles de inmigrantes de Túnez, de Bangladesh, de Egipto, que huyen de la guerra líbica. ¿Quién explica a uno de esos refugiados que tiene que hacer cola para comer y dormir en una tienda de campaña qué está pasando en Libia? ¿Qué está pasándole a él, precisamente a él?

La guerra es una cuestión política cien por cien. Las pelean militares pero las deciden políticos. Y política es su interpretación. En España, para la derecha, la guerra de Libia es como la del Irak, dígase lo que se diga en sentido contrario. Se justifica así la decisión de las Azores y se deja al gobierno como traidor entonces y seguidista hoy. Para la izquierda la situación es la misma sólo que es ahora cuando se juzga que el gobierno es traidor porque traiciona el "No a la guerra" de 2003. Quizá el último renuncio que quedaba por hacer a Zapatero, tras haber abandonado más o menos sus políticas progresistas, laicas, sociales, de igualdad. Quiso ser Prometeo que traía el fuego a los españoles y se quedó en Epimeteo, el marido de Pandora.

En este mundo de ahora, ¿alguien ha conseguido alguna vez parar una guerra? Sólo los bolcheviques en la Paz de Brest-Litovsk de 1918 y porque tenían que concentrarse en la guerra civil en casa. Una vez que se ponen en marcha las guerras son imparables y sólo terminan por rendición de una de las partes o negociación, que suele ser el otro nombre de la rendición.

Los combatientes viven en esa confusión y se aprovechan de ella. Gadafi ha desaparecido, al estilo Sadam Husein y ya habla por la tele pero sin imagen suya, lo cual quizá no sea tan poco recomendable entre los árabes que son iconófobos. Además ha politizado extraordinariamente su propaganda de guerra, volviendo al lenguaje de lucha de liberación nacional contra el imperialismo y ha llamado exprofeso a la comunidad arábiga y la islámica. Quiere tocar el corazón de la izquierda occidental. Pero lo tiene muy crudo. Con respecto a la comunidad étnica y religiosa no hay nada que hacer porque la Liga Árabe respalda la acción militar occidental. En cuanto al izquierdismo, por muchas que sean sus ganas a sus respectivos gobiernos, nadie puede admitir un poder personal de cuarenta y dos años, tiránico, probablemente hereditario, corrupto y servil. Gadafi, en el colmo de la confusión, cree que puede extender la guerra sin darse cuenta de que no hay guerra porque el enemigo está fuera del alcance de sus armas. Ya Napoleón decía que el poder llega allí donde llega el poder de las armas. O sea que la Libia de Gadafi es casi impotente.

Por último ese pintoresco batiburrillo que es la alianza occidental, una vez conseguido el primer éxito bombardeando objetivos estratégicos, se apresta a hacer eso que la Unión Europea hace también magistralmente: debatir en sesiones interminables. Hay una petición italiana, probablemente secundada por los EEUU, de que la OTAN se haga cargo de la operación porque en una guerra el mando debe ser único. Pero esta petición tan lógica puede retrasarse porque hay diferentes proyectos políticos en juego. Da la impresión de que los franceses y los ingleses viven una especie de nostalgia imperial y se consideran las metrópolis del viejo imperio arábigo, aunque con excepción de Libia, que fue italiana. Cuando se juntan Inglaterra y Francia y los árabes vienen a la memoria Lawrence de Arabia, Paul Nizan, Rimbaud en Adén tratando de hacerse rico.

En todo caso lo han tomado como una cuestión europea. Hasta los EEUU hablan de dejar paso a otro mando. Y Putin, con fina ironía eslava, dice que se trata de una cruzada. Algo de eso hay.

Y, por cierto, el del diálogo de las civilizaciones es el primero que se ha montado en un F-18. Otra cosa es lo que haga ahí arriba. Parece que poco.

(La imagen es una foto de B.R.Q., bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 21 de marzo de 2011

El negocio de la guerra.

Esta guerra de Libia, como todas, tiene partidarios y detractores, así como detractores que son partidarios y partidarios que son detractores. La guerra suele confundir bastante el juicio. Los partidarios hablan de guerra justa. Los detractores dicen que no hay guerra justa alguna salvo la de legítima defensa.

La cuestión es que el terreno de las ideas es resbaladizo. Los teóricos postmodernos del derecho internacional sostienen que hay un derecho y un deber de injerencia cuando se violen derechos humanos. Es decir, cabe entender esta injerencia como un caso de legítima defensa en cierto modo ampliada. Los críticos dicen reconocer este punto de vista pero señalan que no siempre se aplica sino según los intereses de Occidente. Lo cual puede ser cierto, pero no es un argumento en contra del principio de extensión de la legítima defensa, sino en contra de quienes no lo aplican.

El juicio moral de las guerras está siempre indeciso hasta que se terminan. Luego ya se ocupa el vencedor de explicar el sentido de la contienda. Mientras esto sucede, se puede analizar el asunto desde una perspectiva más práctica como es la económica que responde a la clásica pregunta de ¿a quién beneficia? Desde luego los más obvios beneficiarios son los fabricantes de armamento. Supongo que los fabricantes de carros de combate estadounidenses, franceses, etc estarán encantados de ver cómo sus aviones y sus misiles, vendidos a los gobiernos humanitarios, revientan sus carros ya que Gadafi se los compró a ellos que ahora tendrán que sustituirlos. Un negocio.

También estarán encantados los fabricantes de todo lo demás. Una guerra no solo destruye armas, destruye todo lo que encuentra, viviendas, monumentos, infraestructuras, agricultura, ganadería y todo eso hay que reconstruirlo luego. La perversión del asunto quiere que, si se alegran los fabricantes, se alegren los que trabajan en sus fábricas porque así tienen más trabajo y ganan más, según el acreditado efecto llamado de spill over, o sea, la pedrea de los trabajadores, que también se llevan su tajada. Más negocio. El capitalismo es destrucción que no solamente atenta contra el medio ambiente sino contra sí mismo como sistema. La guerra es un concepto económico. Basta con recordar los cálculos que hacía uno de aquellos buitres de la administración de Bush sobre los negocios de la reconstrucción del país que iban a "liberar" o machacar, según se mire.

Por supuesto los occidentales van a lo suyo, a controlar el petróleo y el gas y lo disfrazan invocando principios de libertad del pueblo libio, como si el pueblo libio estuviera ahora peor que hace veinte años, sojuzgado por un déspota terrorista que, sin embargo, dejó de ser terrorista unos años después, previo pago de certificado de buena conducta, que estos tipos todo lo compran precisamente porque otros, o sea nosotros, todo lo vendemos. Hasta la limpieza de sangre civil. ¿Fuiste terrorista en tus años mozos? No importa; paga una pastuqui y cátate ahí convertido en un flamante miembro de la comunidad de naciones civilizadas.

Gadafi, obviamente, también va a lo suyo que no es expoliar sino conservar y acrecentar lo expoliado. Para él la guerra sólo será negocio si la gana. Le ha venido impuesta por haber recurrido a la violencia, incluso la militar, en contra de unos opositores que empezaron como los demás árabes pero se fueron radicalizando al ver que el poder sólo sabía reprimir. Aquí las discrepancias se dan en la motivación última de tales opositores sublevados. Para unos serán agentes pagados por las potencias occidentales y para otros genuinos representantes de la voluntad popular, el pueblo en armas. ¡Ah, no! El pueblo en armas es el de Gadafi, que las ha repartido entre la población. He aquí la prueba de su apoyo popular. Sin embargo sus tropas se retiran de Bengasi sin que la población se le haya unido, prueba de su falta de apoyo popular. Obviamente el negocio de la guerra para Gadafi y los suyos es la oportunidad de legitimar su poder.

Pero todo eso está ahora en el aire. Puede que se haya hecho lo que era preciso hacer. Pero algo es seguro, sin embargo, las guerras son negocio para todos excepto para aquellos en cuyo nombre se hacen y quienes mueren en ellas, que suelen coincidir.

(La imagen es una foto de B.R.Q., bajo licencia de Creative Commons y representa el dormitorio de la residencia de Gadafi en el aeropuerto de Bengasi).

domingo, 20 de marzo de 2011

La política por otros medios: la guerra.

Los Estados Unidos y buena parte de la Unión Europea, en una apresurada coalición de términos inciertos, estamos en guerra con un régimen que lleva cuarenta y dos años rigiendo Libia. Estamos por decisión de último momento del Consejo de Seguridad de la ONU (y ya va siendo hora de replantearse la reforma de ese Consejo) con lo que sobran todas las comparaciones con el acto de agresión ilegal que se cometió en el Irak. Aunque a quienes las hacen da igual que sean o no razonables porque lo que buscan es justificar la tropelía pasada como sea. Por cierto, siempre en esta línea de preparativos políticos de la guerra, la dicha coalición cuenta también con el visto bueno de la Liga Árabe que avala las operaciones militares contra la Jamahiriya Árabe Socialista.

Del otro lado, el de Gadafi, la guerra ha condicionado desde el principio la política. El alto el fuego decretado a raíz de la resolución del Consejo de Seguridad era un señuelo para ganar tiempo y tratar de asestar el golpe definitivo a los rebeldes tomando Bengasi. Era una estratagema. Al no funcionar, Gadafi se apresta al combate volviendo a un lenguaje político de los años sesenta, el de las luchas de liberación nacional. Califica el ataque de agresión neocolonial y llama a los pueblos de América Latina, Asia y África, esto es, el viejo Tercer Mundo, a mostrarle su solidaridad porque su causa es la de la independencia y, se supone, el socialismo.

Pero los tiempos han cambiado mucho. Parte de ese Tercer Mundo que se invoca está ya en el primero al menos en cuanto a potencial militar e industrial, como la China. Además, la amplia difusión de la información en nuestro tiempo hace que sea difícil interpretar el papel de lider invicto en la guerra por la independencia y el socialismo cuando se apalean miles de millones en cuentas e inversiones repartidas por todo el mundo, una fortuna que se ha amasado mediante el latrocinio y la dictadura sempiterna y hereditaria. En definitiva, que las proclamas de este barbián suenan a mofa y chulería.

A su vez la pintoresca coalición enarbola la idea del derecho de injerencia por razones humanitarias, una actitud encomiable en sentido puro pero que se presta a todo tipo de abusos y arbitrariedades siendo la más frecuente la de que se invoque según los intereses de los intervinientes o interventores. Esa crítica que apunta a la instrumentalización de razones morales para enmascarar meros actos de piratería tiene contenido y es necesario responder a ella de modo convincente, no saliendo del paso como sea.

Las operaciones militares de la coalición (de guerra sólo habla Gadafi) se dan en un tablero político muy variable. La OTAN no interviene por expreso deseo de Francia que se ha alzado con la iniciativa y ha sido la primera en abrir fuego, secundada por Inglaterra, con exclusión de Alemania por voluntad propia. Es decir, la Unión Europea tampoco ha intervenido. sino que lo hacen los dos principales Estados, vencedores en la segunda guerra mundial, con Alemania, la vencida, en segundo plano. La participación de los Estados Unidos y la abstención de Rusia y la China dan las dimensiones de lo que hoy se entiende por "acción europea".

Al pasar de la política a la guerra las necesidades militares se hacen perentorias e impregnan todo cálculo civil. Gadafi ha respondido diciendo que considera el Mediterráneo zona de guerra a todos los efectos. Pero esto parece una de esas baladronadas de los gobernantes despóticos, como la de Sadam Husein anunciando que, si era atacado, se desencadenaría la madre de todas las batallas. La cuestión es la capacidad militar del dictador libio frente a los occidentales que, está claro, es ínfima. Obviamente Gadafi no puede aspirar a ganar la guerra, ni siquiera a resistir mucho tiempo. Le queda, sin embargo, una baza para regresar a la política, negociar su rendición. La idea de que no tiene fuerza negociadora si pierde la guerra olvida que, para que, en efecto, tenga que dar la guerra por perdida es preciso que se invada el país con infantería, que es la única que conquista territorio. Y esta coalición, con la imagen del Irak y el Afganistán en la memoria, sostiene que no piensa invadir Libia con lo cual podrá destruirla, pero no controlarla y menos conquistarla. Nunca estuvo tan claro aquel escéptico dicho de que se sabe cómo empiezan las guerras pero no cómo acaban.

(La imagen es una foto de B.R.Q., bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 19 de marzo de 2011

Gürtel va a las fallas.

Igual que no todo el mundo puede presumir de haber tenido unos padres comunistas, según reza el título de una divertida película francesa de los años 90, no todo el mundo tampoco puede presumir de tener un candidato a la presidencia de su Comunidad imputado en un procedimiento penal o en varios, según como quede la cosa al final en los tribunales. Una imputación no sobrevenida sino anterior a la proclamación de candidato. Desde luego que no. Es una situación bien pintoresca que requiere algún tipo de explicación allende la muy obvia de que imputar no es destruir sin más la presunción de inocencia. No, simplemente es cuestionarla con motivos fundados. Eso debiera ser suficiente para que el candidato no fuera candidato. Si lo es se debe a la cerrada determinación del interesado y de su círculo de allegados que han vencido las reticencias de la dirección nacional de su partido sobre el que pesaba mucho el temor a una repetición de la bandería de Álvarez Cascos en Asturias, el miedo a la fragmentación.

Pero forzar la propia candidatura en estas condiciones no normaliza la situación sino que, al contrario, la hace más anómala y más contraproducente. Que en mitad de dos crisis de envergadura mundial como son la nuclear del Japón y la militar de Libia, los dos dirigentes del PP, Rajoy y Camps, no tengan nada mejor que hacer que pasar el día de fallas puede ser comprensible en lo que respecta al candidato local para quien las las fallas son un elemento de identidad regional. Pero en lo que hace al Presidente nacional del partido la cosa es insólita. Puede invocarse la costumbre pero es débil argumento para excusar su participación en los escenarios en que se ventilan intereses de Estado.

La presencia de la Gürtel en esa alegre jornada fallera ha sido abrumadora. Rajoy no puede librarse del abrazo de Camps quien, como todo el que se ahoga, tira hacia abajo de aquello a lo que se aferra. Las fotos del uno con el otro, con o sin González Pons o Rita Barberá, son trofeos de caza y la pieza cobrada, Rajoy, cuyos gestos así lo delatan.

La situación es insostenible ( y quedan dos meses para las elecciones) por cuanto los dos, Rajoy y Camps, embarcados al final en el mismo barco, tienen una amarga opción que los jugadores conocen bien: escoger entre dos males. Se trata de elegir el menor, claro, pero ¿cómo saber cuál es? Si Rajoy acude a las fallas, la interpretación será la ya aventurada: es rehén de Camps. Si no acude la interpretación será que ha perdido su más firme base de apoyo en el partido en el que pueden volver los movimientos de sustitución en la Presidencia.

Cuál sea el menor solo se sabe al final de la partida. Pero la situación es muy atípica: los dos dirigentes han comparecido en público pero ha sido una comparecencia censurada, en la que se ha mantenido a raya a los periodistas, y coronada con una rueda de prensa en la que no se han admitido preguntas. Es decir, más que comparecer, se han mostrado como el Santísimo en un ostensorio que la cofradía de San Gürtel sacara en procesión. Sin embargo, las preguntas cada vez se harán más acuciantes y ¿puede un candidato estar dos meses sin responder preguntas? Obviamente puede. Camps es capaz de eso y de mucho más. Después de decir y continuar diciendo que se paga los trajes que le regalan, de afirmar que no conoce de nada a quienes son sus "amiguitos del alma" y de asegurar que se muere de ganas de declarar ante el juez siendo así que, una vez ante el juez, se niega a declarar, este hombre es capaz de todo: carece de principios , de vergüenza y de sentido del ridículo. La pregunta es: ¿sigue siendo alta a su favor la intención de voto de los valencianos? Porque ese es el busilis del asunto: que pueda ganar elecciones una persona sospechosa de trincar a mansalva.

(La imagen es una foto de Fran Ontanaya, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 18 de marzo de 2011

Bombardeos humanitarios.

La decisión de intervenir militarmente en Libia se ha retrasado algo respecto a lo que suponía Palinuro en la entrada del 1º de marzo titulada En puertas de la intervención armada, pero ya se ha tomado. En este momento puede haber aviones estadounidenses y/o franceses bombardeando las posiciones de Gadafi. El conflicto libio se ha internacionalizado con la abstención de los rusos y los chinos que, pudiendo pararla, no lo han hecho. Cuando se diga que los gringos han montado otra bronca en otro lugar del planeta, debe recordarse que estuvo en la mano de la China y Rusia evitarlo. Porque en esto, al menos, se diferencia la administración de Obama de la anterior, en que ha ido a buscar el mandato de las Naciones Unidas antes de ejercer de pacificador (como el Colt que conquistó el Oeste) mientras que en la anterior la decisión de invadir el Irak la tomaron dos cuates en una isla con un español al lado ejerciendo de Matamoros. Algo es algo.

El retraso en la intervención armada ha tenido además dos razones de peso. De un lado la diplomacia se ha movido para conseguir el apoyo de la Liga Árabe a las acciones militares contra Libia; lo cual, aunque seguro, lleva su tiempo. De otro, se ha jugado a la posibilidad de que los rebeldes triunfaran y se deshicieran de Gadafi como fuera. Entre tanto se congelaban todos los activos del Padre de la Patria en Suiza, Inglaterra, España y se daba cierto reconocimiento de derecho al Consejo Nacional rebelde. Solo cuando se ha dispuesto del visto bueno de los hermanos árabes y se ha comprobado que los rebeldes no pueden hacer frente a Gadafi, se ha puesto en marcha la maquinaria de la intervención en cuyas consecuencias políticas nadie quiere pensar. Los mandos descartan una invasión por tierra pero, hasta la fecha, nadie ha conseguido controlar un país desde el aire. Hay que ocuparlo.

Tras un primer momento de desconcierto, ya que creía contar con el apoyo de sus aliados occidentales, el lider bienamado del pueblo reaccionó en el frente militar y en el político con muy distintos resultados. En el frente militar ha arrasado a los rebeldes a sangre y fuego. En el político no ha dicho más que disparates. En un primer momento animó a los jóvenes portugueses a alzarse contra su gobierno, lo que puede salir o no pero tiene su lógica. A continuación se comparó a sí mismo frente a Bengasi con Franco frente a Madrid en la guerra civil. Franco no es una referencia positiva en Occidente. Además, aunque Gadafi parece saber algo cuando dice a la población bengasí que es su Quinta columna, en realidad muestra una ignorancia supina ya que Franco tardó casi dos años y medio en entrar en Madrid.

Tampoco la referencia a la Quinta columna remite a ningún tipo de noble sentimiento puesto que el mismo truhán amenazaba con que si los rebeldes no se rendían en horas, bombardearía Bengasi a mansalva, incluida la Quinta columna. Claro que eso era lo que hacía Franco a su vez, si bien este dirigía sus baterías de preferencia a los barrios populares.

El último disparate de Gadafi, rayano en la demencia, es amenazar la libertad y seguridad de la navegación civil en el Mediterráneo. Parece como si, cegado por los dioses, quisiera dar motivos a sus enemigos para aniquilarlo: motivos humanitarios, pues masacra a su población; motivos ideológicos, pues se compara con Franco; y motivos económicos, pues amenaza los negocios.

Mucho peor es el hijo del lumbrera, Saif el Islam, cuyo nombre al parecer significa La espada del Islam y que está de la cabeza como ese nombre indica. Otro que mezcla la vileza moral con la mera estupidez. Por un lado amenaza con que, si triunfan los rebeldes, el siguiente país en ser invadido por oleadas de inmigrantes y por terroristas será Italia, puerta de Europa. Es decir, este joven valor quería vender su inapreciable misión de portero de noche frente a la invasión de los bárbaros, su propio pueblo. Por otro afirma que su padre financió la campaña electoral de Sarkozy, cosa que este niega. Tanto si es cierto como si no, decirlo equivale a ganarse la intervención francesa.

Desencadenada la intervención militar las posibilidades de Gadafi son muy reducidas ya que sus milicias no cuentan con otro armamento que el que él pueda comprar en los países con los que está en guerra. No es fácil encontrar armamento pesado en el mercado civil de armas que se concentra en las armas ligeras y menos lo es enfrentarse con ellas a una invasión.

(La imagen es una foto de B.R.Q, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 17 de marzo de 2011

Japón : EL zen y el apocalipsis.

Apocalipsis, esa fue la palabra más usada ayer por los medios sin duda para tranquilizar a la gente que, como era de suponer, está más nerviosa en California que en Tokio. Muchos comentaristas señalaban asombrados que no se vieran escenas de pánico, de histerismo, de pillaje, de muertos recogidos por los vivos y se preguntaban cómo puede la población tener esa serenidad, esa presencia de ánimo. Ya han comenzado a aparecer los expertos explicando las profundidades insondables del espíritu nipón. Un terremoto altísimo en la escala Richter, un tsunami con olas de 10 metros y una catástrofe nuclear con cuatro reactores a punto de reventar y ahí están los japoneses haciendo cola en el supermercado o evacuando disciplinadamente las zonas de peligro.

Los japoneses no tienen religión en el sentido en que se entiende en Occidente como una relación de los mortales con un dios todopoderoso, irascible, celoso, terrible, con guerras santas, infiernos, castigos espantosos, amenazas sin cuento, fines cataclísmicos del mundo, terrores del milenio y el séptimo sello. No hay dios y, por tanto, tampoco hay temor de dios. En la medida en que el sincretismo japonés es un conjunto de creencias se compone por un lado de una liturgia cívica de honra a los antepasados, relaciones armónicas con los coetáneos en sistemas formales de castas en el que se ha generalizado el código del bushido, la vía del guerrero, cuyo principio fundamental es que hay que vivir sin miedo a la muerte. Tiene gracia que esa sea la conclusión a que llega la filosofía occidental cuando por boca de Heidegger dice que el hombre es un ser para la muerte porque, por otro lado, en el aspecto metafísico, la creencia japonesa no es religiosa sino filosófica. Precisamente en la idea de la muerte está la diferencia: en el existencialismo heideggeriano esa lucidez conduce a la desesperación y el absurdo de la existencia mientras que en el mundo mental altamente moralizado del Japón a través del budismo y de su versión Zen lleva a la búsqueda de la sabiduría y el logro de la perfección. O sea, nada que ver.

Los japoneses, como los chinos y otros orientales, son un arcano para los occidentales. Suele decirse a título de consolación que lo peculiar de los occidentales es la ciencia. Pero eso es falso primero porque la ciencia no reconoce divisiones políticas y/o nacionales y segundo porque los orientales han demostrado tener un espíritu científico igual si no superior al occidental. Es decir, que la consolación es breve. Viene luego el aspecto melodramático, nuestras creencias religiosas repletas de supersticiones, desvaríos, terrores y claudicaciones de forma que, como han señalado muchos filósofos de Schelling en adelante: la educación científica de los occidentales no ha ido al paso de la moral. Occidente es un gigante científico y un pigmeo moral, a pesar de que vaya por el mundo impartiendo unas doctrinas que empieza por no aplicar en casa.

Añádase a la deficiencia ética la miseria estética, el amor al melodrama, la hipérbole sentimental, la afición por lo truculento, esa visión teatral y catastrofista de la vida que hace que los occidentales anden temiendo el apocalipsis a cada vuelta del camino. Veníamos del temido apocalipsis del sida y caímos en los terrores del año 2000, cuando toda la red informática del planeta iba a reventar; no pasó nada pero enseguida se suscitaron los terrores colectivos de la gripe aviar y luego la porcina. Ver a la gente por la calle con máscaras de cuando el tatarabuelo combatió en Verdun era como un inútil aviso al retorno al sentido común.

Ahora amenaza el apocalipsis nuclear y los japoneses parecen no enterarse de que, si las cosas van mal, este será el mundo de Mad Max y eso en el mejor de los casos. ¿O sí lo saben pero también saben, como podrían saberlo los occidentales si leyeran más a Epicuro y admitieran que, como este enseña, el miedo a la muerte -lo único real que hay bajo los terrores apocalíptios- es absurdo por aquello tan célebre de que cuando yo estoy, ella no está y cuando ella está, yo no estoy?

Los dioses libren a Palinuro de frivolizar, trivializar o minimizar la gravedad del momento que vive la humanidad. Pero está claro que de nada sirve desesperarse ante las posibles consecuencias de un fenómeno cuyo alcance se ignora y seguirá ignorándose si no se es capaz de refrenar los nervios y mantener el ánimo. Incluso en los términos científicos que los occidentales decimos emplear: es imposible encontrar una solución a un problema que no se comprende. Puede ser que el riesgo nuclear japonés acabe en una catástrofe irreversible; pero vamos a esperar a ver si es así sin perder la cabeza. Cosa muy difícil de conseguir cuando una copiosa vía de negocios de los medios, sobre todo la prensa escrita, es alimentar la fiera de la truculencia a base de hablar del Apocalipsis, de Armaggedon, de Ragnarok. De aquí a las procesiones de flagelantes que, como es sabido jamás sirvieron para nada, no hay gran trecho.

Lo que sí hemos sacado de momento en limpio es que el inaguantable debate sobre la energía nuclear se ha cerrado ya: no, gracias.

(La imagen es una foto de Pinboke_planet, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 16 de marzo de 2011

El templo de Dios y los vasos del Diablo.

El 22 de abril de 1969, cuando Theodor Wiesengrund Adorno, filósofo, musicólogo, sociólogo, cabeza junto a Horkheimer de la Escuela de Frankfurt, se disponía a iniciar su clase magistral, tres jóvenes con las tetas al aire subieron al estrado e intentaron besarlo. Se organizó un escándalo. Adorno se retiró muy dolido y unos días más tarde se quejaría en Der Spiegel de que le hubieran hecho algo así a él, que siempre había estado en contra de toda represión sexual. Algún mes después, cuando los estudiantes ocuparon el Instituto de Investigación Social que él dirigía, Adorno llamó a la policía. Murió aquel verano del 69 probablemente amargado por la incomprensión cerril de unos estudiantes ultrarradicales que reclamaban acción y no querían que les siguieran dando teorías. Siendo así que él había respondido a la undécima tesis sobre Feuerbach diciendo que "hasta ahora los filósofos no han interpretado suficientemente el mundo".

La profanación de la capilla de Somosaguas tiene elementos del happening de Frankfurt, salvando los tiempos y los países. Han pasado 42 años y si en Alemania se reventaba una Vorlesung de Filosofía, en España se profana un templo. Cada cual a lo suyo. La reacción social ha sido casi unánime y cada cazador ha disparado a su pieza: el Rector, un probo izquierdista, ha condenado enérgicamente los hechos y abierto un expediente; el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha pedido la dimisión del Rector por lo del Pisuerga; los medios de la derecha se han puesto a jurar en arameo hablando de gamberrismo, atentado contra la libertad de conciencia, ultraje, blasfemia, provocación, allanamiento de morada (y morada celestial les faltó decir), persecución de los cristianos, nueva época de caza del clero y quema de iglesias etc. Los del centro izquierda guardan un incómodo silencio. La sociedad civil pide castigos ejemplares para esos jóvenes que a saber no ya si son estudiantes sino si son jóvenes.

En el fondo, esa furibunda reacción revela el miedo de la Iglesia y del cristianismo en general a las mujeres. Porque lo decisivo de Somosaguas no ha sido la profanación en sí sino los pechos desnudos de las chicas. Por ahí sí que el Orden no va a pasar. La religión lleva siglos oprimiendo a las mujeres, despreciándolas, atacándolas, negándoles el derecho más elemental del ser humano, el de ser personas autónomas. Es decir lleva siglos esclavizando a la mujer. La Biblia la ve como aliada del Mal; para San Antonio, es la encarnación del diablo; para Santo Tomás, un hombre incompleto, mancado; para el Papa de hoy, madre de familia y ama de casa, que viene a ser lo mismo.

Hace ya mucho tiempo que el pecho desnudo de las mujeres representa no solamente su liberación sino la del conjunto de la sociedad. El famoso cuadro de Delacroix, una barricada en París durante la Revolución liberal de 1830 que trajo al trono de Francia a Luis Felipe de Orleans, hijo de Luis Felipe llamado Igualdad, consagra la figura de la Marianne francesa, personificación de la libertad, la revolución, la República: una mujer con el pecho al aire, como las alemanas de 1969 y las españolas de 2011. La fuerza de esa rebelión radica en que ataca directamente el núcleo del Patriarcado, esto es, la represión sexual, oscuro territorio que, debidamente sublimado, da origen a la cultura misma según Freud. En la medida en que las mujeres se desinhiben y se yerguen, ponen de relieve la hipocresía y el fariseísmo de un orden social que condena como escándalo el fundamento mismo de su acción.

La batahola organizada (sin duda lo que querían los estudiantes) replantea el debate sobre la presencia de la religión en los lugares públicos en un Estado que debiera ser laico pero no lo es porque el Gobierno no se atreve. Plantea asimismo la legitimidad de la Iglesia a la hora de quejarse por ser perseguida, como en los tiempos del Imperio romano. Esa capilla de Somosaguas es uno de los residuos de aquellos casi cuarenta años de dictadura en los que la Iglesia era la dueña y señora de todos los espacios públicos y no dejaba expresarse a los demás, mientras que la enseñanza de la religión católica, apostólica y romana era obligatoria en todos los cursos de todas las facultades. Ahora gimotea (ya que no puede quemar vivo a nadie), pero ¿alguna vez ha pedido perdón por aquel asesinato masivo de almas?

martes, 15 de marzo de 2011

El cadáver llega al Escorial.

Palinuro en Radio clásica


El cadáver de la Gürtel no para de crecer y crecer. El muerto de la corrupción ocupa ya todo el escenario. Ahora llega a la boda del Escorial, como era de suponer y monopoliza el debate. Con lo que ya se sabe de Correa, el Bigotes y otros guajes de similar estampa, la pregunta inevitable es ¿qué pintaban esos en aquel bombástico acontecimiento absolutamente desmesurado?

La respuesta solo puede ser que estaban allí por amistad, por interés o por los dos a la vez. Cabe pensar que los cabecillas de esa alucinante red de corrupción vieron la posibilidad de calzarse una pastuqui aprovechando la megalomanía de Aznar. Una red de corrupción que parece haber enmarañado todas las actividades de gobierno y administración del PP allí donde ostenta el poder. Si los mismos que estaban en pelotazos urbanísticos en Boadilla se ponían las botas con la visita del Papa a Valencia, ¿por qué no iban a probar mano con un evento tan singular y faraónico como era una boda "de Estado" en El Escorial?

Llama la atención el silencio del novio en aquel rimbombante casamiento. El mismo que se apresuró a anunciar acciones legales contra todo aquel que insinuara siquiera que él tenía algo que ver en la Gürtel se encuentra con un fichero precisamente de la Gürtel en unas circunstancias de las que se sabrá pronto el alcance. Además los mendas de la trama organizaron prácticamente todos los actos públicos de la plana mayor del orfeón conservador, de Aznar, de Aguirre, Rajoy, Acebes, etc y par dessus le marché también tenía que ver con AENA, aprovechando que Álvarez Cascos estaba en el ministerio de Fomento. Un submundo poblado por políticos venales y corruptos, meros estafadores, empresarios con pocos escrúpulos. Esto no hay quien lo detenga.

No sé si, a falta de otras opciones más comedidas, el PP recurrirá a la explicación de que el Estado policía del PSOE y el malvado Rubalcaba (que sólo se ha puesto malo para disimular), temiendo los resultados electorales, siguen persiguiendo políticamente al PP. Como están las cosas, tras descubrirse un prometedor almacén Gürtel en Alcorcón, es de temer que las acusaciones de Estado policial al estilo de De Cospedal ya no sean suficientes. Tendrán que pasar a acordarse directamente de la Gestapo y la GPU, policías de Estados totalitarios que trataban de aplastar a la oposición.

Incluso al Gobierno porque en el caso valenciano la trama estaba relacionada con la Generalitat y el Tribunal Superior de Justicia del País Valenciano (TSJPV) rechaza otro recurso de Camps para suspender la causa. Porque este es un detalle muy típico del comportamiento de Camps. Cuando alguien inocente se encuentra en un proceso judicial, lo que quiere es que este se acelere para que reluzca su inocencia. Si ese alguien, al contrario, trata de retrasar y posponer las decisiones, de impedir que se vea la causa públicamente, lo normal es pensar que sabe que es culpable y trata de que no se haga justicia. Y eso es obvio. Ahora bien, ¿es aceptable que el presidente de un ente político como la Comunidad valenciana obstaculice la acción de la justicia con algo que frisa en la mala fe procesal? Los valencianos deben decidir, no si votan a un candidato penalmente imputado, sino si votan a uno que colabora con la justicia o trata de paralizarla.

Se dirá que es injusto hablar únicamente de la Gürtel cuando el otro gran partido, el PSOE, aparece también pringado en el fraude de los EREs ilegales en Andalucía; efectivamente, así es y habrá que dedicarle la debida atención. No obstante, de momento, igual que lo cortés no quita lo valiente, lo mangante no quita lo chorizo. Tengo la intución de que este asunto de los EREs puede hacer que el PSOE pierda las elecciones en Andalucía y no deja de ser curioso que la corrupción que en una comunidad autónoma quita votos hasta producir la derrota en otra como Valencia los dé, y al extremo de apuntar a una sólida mayoría absoluta. Parece increíble, pero es lo que dicen los sondeos.

Esta situación puede llegar al esperpento si, como señala José Manuel Romero en un artículo en El País titulado Retorcido Estado de derecho, el primero que se sienta en el banquillo a consecuencia de la Gürtel no es ninguno de los presuntos implicados sino un portavoz de la oposición por haber aireado un documento que está bajo secreto sumarial, aunque ya se hubiera filtrado con anterioridad. Eso es precisamente lo que también consideraba hace días Palinuro en una entrada titulada El Gürtel crucis de Francisco Camps. En fin, puede que en el PP crean que este posible proceso a Ángel Luna, el portavoz del PSPV, sea una victoria para ellos. Si lo creen andan muy errados. En primer lugar, es obvio que la imputación y la causa en sí es una desmesura y, en segundo y como consecuencia de lo anterior, el banquillo servirá al socialista como tribuna para airear la Gürtel. Antes sólo lo escuchaban los demás parlamentarios en las Corts; ahora lo escuchará todo el mundo.