lunes, 28 de febrero de 2011

Yoyes y Txelis, laberintos de la locura.

El que ordenó el asesinato de Yoyes, José Luis Álvarez de Santacristina, quiere ahora pedir perdón a la familia. Es un gesto que indica arrepentimiento. Pero Santacristina lleva muchos años arrepentido, ya no es de ETA y predica el abandono de las armas. ¿Qué añade el pedir perdón? ¿Qué significa perdonar? Al parecer no sentir animadversión hacia el causante del daño, el perdonado. Eso es harto difícil. El directamente agraviado no puede; los familiares y amigos probablemente no quieran. Sólo puede perdonar Dios, que no existe.

Tampoco está claro que el perdón sirva de algo al culpable. Quizá lo ayude a recuperar cierta paz interior, pero será por poco tiempo ya que seguirá presente el dolor por haber causado un daño irreparable. Así que perdonar es como verter una botella de aceite en la mar embravecida.

Cierto, es un gesto y tiene su valor simbólico que es por donde interesa analizarlo. Santacristina pide perdón en realidad para su alter ego, para Txelis, para otro que ya no es él porque ha cambiado, como cambiamos todos los seres humanos. Como cambió González Catarain. Sólo que a ella la mataron por cambiar. Y el que la mató ha cambiado tanto que ahora pide perdón por el crimen. Crimen ritual, crimen de secta. Yoyes no fue la primera asesinada por traidora; antes lo había sido Miguel Solaun por idéntico motivo. Traición. Es lo que el Estado al que ETA combate a su vez llama "alta traición". Porque ETA quiere ser un Estado en la sombra. Por eso hace justicia a su modo.

Aquí lo que puede verse es el terrorífico poder de las ideologías al que muchos se entregan como quien se entrega al diablo. Ideologías, esto es, discursos que formulan juicios genéricos en virtud de abstracciones como la nación, la raza, la clase, el credo pero que tienen un enorme impacto sobre la vida de las gentes concretas, generalmente destructivo. Y son ideologías porque justifican ese impacto en función de elevados valores. En nombre de una quimera llamada Patria Kubati descerrajó tres tiros a Yoyes en presencia de su hija de tres años. Un tiro por año.

Ese momento físico, irrepetible, del asesinato lo ha convertido en materia de creación artística. Hay una película de Yoyes y ella misma es un icono de una cultura de resistencia que se manifiesta poco. Pero lo más claro del episodio del asesinato y la petición de perdón veinticinco años después es que las ideologías son estados de enajenación mental, los discursos de la locura. La nación, la raza, la clase, la religión... ideas asesinas. ¿Cómo se puede matar a otra persona aduciendo que se ha traicionado a sí misma y al pueblo vasco? Lo del pueblo vasco tiene un pasar, lo de la traición "a sí misma" indica un grado profundo de demencia.

(La imagen es una foto de elmejorcinedelcable.blogspot.com, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 27 de febrero de 2011

El tiempo en que vivimos.

No hace mucho regía el principio incuestionable de la no injerencia en los asuntos internos de otros países. Era emanación del no menos sólido principio de soberanía. Hoy todo ese edificio se cuartea. Hace unos días Manolo Saco dedicó una de sus magníficas columnas a pedir la aplicación del derecho (y el deber) de injerencia. En efecto, hace ya algún tiempo que viene argumentándose en el orden internacional por la eficacia de semejante derecho y deber. Se arguyen razones humanitarias. Por tales entenderemos básicamente el derecho a la vida de los habitantes de los Estados que sus gobiernos no pueden conculcar. El derecho de injerencia se basa en la idea de los derechos humanos; pero la de derechos humanos es una idea occidental. Algunos Estados se excluyen de ese derecho-deber sosteniendo que tienen su propia idea de los derechos humanos. Al final, el derecho de injerencia se aplica, si se aplica, en aquellos Estados que no pueden evitarlo, Serbia, Kosovo, el Irak, el Afganistán. No es pensable en la China, pero algo es algo, como se prueba por el hecho de que ahora se esgrima para Libia, antes de que el criminal que la rige masacre (más) a la población.

Otro asunto muy típico de la época es la creciente tendencia a enjuiciar a los dictadores, a todos los dictadores que sobrevivan a la pérdida del poder. Esa seguridad es la que probablemente lleva a Gadafi a tomar la decisión de morir matando, con el sorprendente argumento de que no tiene nada de que dimitir porque no es nada sino "lider de la revolución", como si no cupiera dimitir del liderazgo de lo que sea.

De todas formas la Jefatura del Estado tampoco es ya garantía de impunidad. Ahí está el Papa denunciado en el Tribunal de La Haya por encubrir la pederastia en la Iglesia y otros supuestos delitos. Los entendidos dicen que el tribunal archivará la querella. Seguramente, desde luego, habrá magistrados católicos a los que resultaría absurdo enjuiciar al representante de su dios en la Tierra; pero también los habrá protestantes para quienes el Papa de Roma es un justiciable como otro cualquiera aunque con alguna peculiaridad. O sea que a lo mejor lo citan a declarar, creando así un problema mucho más difícil de desenredar que el de Gadafi.

El tiempo ha cambiado y está cambiando más rápidamente que el pensamiento sobre él. Las sociedades mutan. Cuando Alemania dice estar dispuesta a emplear a jóvenes trabajadores españoles cualificados, licenciados, etc, hay que animar la idea si de verdad queremos llegar a una Europa que sea una comunidad. La reacción no puede ser darse por ofendidos en el orgullo patrio porque el asunto es un hecho: los alemanes dan ocupación a una fuerza de trabajo que la industria española no es capaz de absorber. Criticar que nosotros costeemos la formación de esos licenciados para que luego se beneficie Alemania indica una miopía intelectual propia de un nacionalista dado que la educación española se ha financiado en buena medida, como el resto del país, de transferencias netas de Alemania en concepto de los fondos comunitarios a los que Alemania contribuye la parte del león.

Por este motivo pienso y creo que este es buen lugar para decirlo que la izquierda, si quiere encontrar un discurso nuevo, tiene que dar un vuelco a su orden actual de prioridades y quizá retornar en mejores condiciones a uno anterior que se perdió. Esto es hay que dejar de priorizar la política en los contextos nacionales y articular las propuestas en un contexto europeo, como mínimo y más adelante, por supuesto global. Se trata de una idea muy extendida, pero solo como idea cuando lo interesante es ponerla en práctica de un modo inequívoco.

Supongo que es pensable convocar una conferencia de la izquierda europea abierta a todas las tendencias de esta orientación política, incluidas las que están enfrentadas. En ella se trataría de ver si es posible articular un programa común europeo de la izquierda. Un programa muy sencillo, concentrado en un punto estratégico último, a cuyo logro se articulará la acción política: el de la desaparición de los Estados nacionales europeos y la constitución de unos Estados Unidos Europeos que no tienen por qué consistir en los veintisiete Estados, sino en una cantidad de ellos a la que se pueda ir agregando otros, como sucedió con los EEUU.

El ritmo de crecimiento de la población (visible en este gráfico extraído de Martínez Coll, Juan Carlos (2001): "Demografía" en La Economía de Mercado, virtudes e inconvenientes) es tan espeluznante que debiera ser el objetivo número uno de las autoridades mundiales controlarlo. Mil seiscientos millones en 1900, tres mil millones en 1960, seis mil millones en 2000 obligan a pensar qué pinta tendrá el rancho cuando haya diez mil millones. A ese ritmo, habrá que colonizar el espacio. Pero, en el ínterin, conviene saber cómo va administrarse un mundo en el todos los graves problemas -exceso de población, agotamiento de recursos, deterioro de la biosfera- no solo son globales sino que ya afectan de modo directo y palpable a la gente. Con seis mil millones de habitantes es absurdo que el mundo haya de gobernarse por el equilibrio general de casi dos centenares de entes soberanos que pueden estar regidos por orates y muchas veces lo están.

Ese es el punto esencial de la izquierda, la clave sobre la que cabrá ir construyendo un discurso europeo, preludio de uno mundial que abogue por un órgano de gobierno europeo (y luego mundial) no sometido a las erráticas, contradictorias y despilfarradoras decisiones de los Estados nacionales. La izquierda tiene que volver a un discurso internacionalista, cosmopolita gradual: primero ponemos orden en nuestra casa Europa y luego podemos colaborar en la construcción de otra mayor. Desde luego, hay que estar presentes en la política de los Estados y tratar de ganar las elecciones, que es la única forma de hacer cambios. Pero la izquierda debe trabajar asimismo en su objetivo estratégico de los Estados Unidos europeos y debe hacer propuestas siempre encaminadas a conseguirlo. La crisis, por ejemplo, debe servir para respaldar la unión monetaria con una única política fiscal de la UE y una mayor integración económica y financiera. Carece de sentido que se hayan fusionado las bolsas de Frankfurt y Nueva York y no lo hayan hecho las de París, Londres, Frankfurt, Madrid, Milán, etc.

(La imagen es una foto de BlantantNews.com, bajo licencia de Creative Commons). El gráfico pertenece a Martínez Coll, Juan Carlos (2001): "Demografía" en La Economía de Mercado, virtudes e inconvenientes , edición del 23 de mayo de 2007.

sábado, 26 de febrero de 2011

Tres hombres y un destino.

Los tres hombres, muy distintos entre sí son Gadafi, Berlusconi y Camps. Gadafi es un apuesto barbián cuartelero; Berlusconi, un exuberante galán latino; Camps, un cacique de piadosa catadura. Pero su destino es el mismo: dar cuenta de sus actos, de los que son responsables a fuer de hombres, ante los órganos correspondientes, como cada hijo de vecino.

Ese es su destino, o debiera serlo porque los tres se han sublevado contra él y pretenden esquivarlo. Para lo cual los tres se escudan en el poder del que se valen no en interés de la colectividad sino en beneficio propio, al dictado del más primitivo instinto de los seres vivos, la supervivencia. En el caso de Gadafi probablemente en sentido literal pues la guerra en que ha metido el país es, como todas las guerras, a vida o muerte. En el caso de los otros dos, más en sentido figurado. La vida de Berlusconi ni la de Camps corre peligro, pero sí su condición jurídica que puede pasar de ciudadanos honrados e inocentes a delincuentes. Una muerte civil.

El poder político es al que se aferran; el de hacer las normas por las que se rige el común. Y, como se ve, ese poder político anda siempre rozando la guerra y, desde luego, el conflicto. Porque, ¿qué es lo que pretenden los tres parapetándose en el poder? De hecho lo que pretenden es que se les considere irresponsables de sus actos. Pero eso no se puede decir; es indecible. Así que se declaran prestos a rendir cuentas pero se valen del poder para impedir toda rendición. Gadafi a tiros; Berlusconi dictando leyes personales; Camps ganando unas elecciones.

En los tres casos el dinero es un elemento esencial, aunque cumple funciones distintas. En el de Gadafi se trata de una supuesta fortuna depositada e invertida en diversas partes del mundo. Una de esas montañas de dinero que los gobernantes cleptócratas acumulan en sus años de tiranía. Mobutu Sesé Seko era uno de esos ejemplos, y Duvalier en Haití, y Teodoro Obiang en Guinea o Ben Ali en Túnez. Supermillonarios que, en algún momento, deciden que hay que defender su riqueza a cañonazos.

Berlusconi posee otro tipo de fortuna. Acumulada mediante actividades industriales que puede que no hayan sido siempre legales. El acceso, o asalto, de multimillonario al poder se da en anticipación de algún proceso judicial por supuestas prácticas delictivas de carácter fiscal, financiero, etc. El dinero allana el camino al poder, como en los tiempos de Julio César o de los Medici o de los Rockefeller. Y el dinero permite conservarlo. No es disparatado pensar que el dinero es la argamasa que tiene unida a esa veintena de diputados procedentes de todos los demás partidos que han constituido un grupo independiente que se llama algo así como responsabilidad y garantiza que Berlusconi gane votaciones estando en minoría.

Berlusconi no solo gobierna en beneficio propio sino que se permite despreciar a los políticos a los que encuentra venales. Lo sabe él en sus libros de contabilidad.

El caso Fabra tiene unas dimensiones menos épicas pero más bufas. No parece que Camps se haya enriquecido como un Gadafi ni que tenga un fortunón que defender como Berlusconi. Nadie lo acusa de eso. Las acusaciones son de unas minucias, unos cohechillos, pero gracias a los cuales presuntamente otros se han llevado millones ilegalmente. Camps no puede liarse a tiros como Gadafi ni dictar leyes como Berlusconi; le falta poder. Así que ha decidido someterse al veredicto popular. Si se pretende juzgarlo mediante jurado, ¿qué mejor jurado que un plebiscito? De ese modo, el curita lleva meses componiendo la imagen del Ecce homo para que, al final, sea el pueblo el que lo aclame. Al margen de que haya o no tal aclamación, que está por ver, conviene recordar que la más afamada vez en que se recurrió a este proceder, el pueblo eligió a Barrabás. Claro que también podría ser Camps.

Pero el destino es común y tarde o temprano los tres tendrán que rendir cuentas de sus actos ante los órganos correspondientes que no son el ejército, el parlamento ni los electores sino los jueces. Y lo harán porque los tres son presuntos delincuentes.

(La primera imagen es una foto de El País, que dice es una toma de la TV libia. La segunda una de By Shealah Craighead, en el dominio público por ser una foto del Gobierno de los EEUU vía Wikimedia Commons. La tercera es de Carlesmari, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 25 de febrero de 2011

El candidato y la Gürtel

Camps es ya el candidato oficial del PP a la presidencia de la Generalitat valenciana. El PP propone a la ciudadanía valenciana como su mejor representante a un hombre imputado por cohecho. Ignoro qué idea tiene Rajoy del electorado valenciano pero, a primera vista, parece bastante baja puesto que sitúa a los ciudadanos en la disyuntiva de no votar o de depositar su confianza en una persona que puede ser que no la merezca. Esto recuerda la que se armó en el país cuando se trataba de que el imputado Barrionuevo fuera en las listas del PSOE. Habrá quien diga que el supuesto delito era de importancia muy distinta. Pero delitos son y su importancia política es la misma, aunque la penal no lo sea.

Sin duda, y supongo que será la argumentación del PP para tan arriesgada apuesta, hay que respetar la presunción de inocencia y no hacer juicios paralelos. Efectivamente y aunque sea fácil probar que el PP no sigue sus propias máximas cuando se trata de casos de otros partidos, tiene la suerte de que los demás sí lo hacemos, respetamos la presunción de inocencia y nos abstenemos de juicios paralelos. Pero la decisión política no puede depender del proceso judicial, entre otras cosas porque ya hay datos suficientes en la realidad sin necesidad de tocar la presunción de inocencia ni de hacer juicios paralelos porque son hechos que ya se han dado y son incontrovertibles y del dominio público.

Empezamos por el de que Camps ya ha mentido a la opinión paladinamente al asegurar que se paga sus trajes pero sin demostrarlo. Este asunto de los ternos se da ya por cierto y los compañeros de partido de Camps no lo niegan pero dicen que no tiene importancia. Y claro que la tiene porque no depende de la cuantía. Un regalo de un traje es lo mismo a los efectos morales que un regalo de un buque.

Igualmente es cierto que Camps ha presumido en público de tener una amistad tan estrecha con el anterior presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana que el nombre de amigo se quedaba corto. El mismo presidente que no tuvo empacho en pronunciarse en la causa contra Camps dictando un archivo que lo favorecía claramente.

Igualmente cierto es e independiente del proceso que Camps manifestó en repetidas ocasiones que estaba deseoso de acudir a declarar porque así quedaría diáfano que él no tenía nada ocultar. Sin embargo sus abogados se han apuntado a la práctica de obstaculizar al máximo el proceso y él, en concreto, cuando fue llamado a declarar se acogió a su derecho a no declarar.

Por último es también un hecho que Camps, que lleva un par de años sin dar ruedas prensa, en sus comparecencias públicas no contesta a las preguntas de los periodistas cuando versan sobre la Gürtel o sobre su situación personal. Un comportamiento tan insólito no tiene nada que ver con las convenciones democráticas acerca de las relaciones entre los políticos y los medios.

En resumen, Camps no reúne las condiciones éticas ni políticas necesarias para ser candidato a nada en una democracia. Al nombrarlo a la presidencia de la Generalitat valenciana, el PP se ha cavado su tumba electoral porque va a conseguir que la Gürtel tenga la incidencia que merece en la campaña electoral. Es decir, que ésta esté presidida por el mayor escándalo de corrupción y latrocinio de la democracia española que tiene como eje precisamente al propio PP.

jueves, 24 de febrero de 2011

La sucesión de Zapatero.

Los sistemas parlamentarios no suelen limitar la cantidad de mandatos de los principales dirigentes políticos. Eso de los límites es un debate abierto en el que, a mi juicio, las razones a favor y en contra están muy equilibradas. El hecho es que, en tanto no exista limitación, el primer ministro o presidente del gobierno tiene el privilegio de decidir si repite o no y también cuándo, pues ostenta igualmente la prerrogativa de convocar elecciones anticipadas.

Esos son los datos y en su marco debe entenderse la movida especulativa general sobre la sucesión de Zapatero que tanto interés despierta en los medios pues es el tipo de asunto en el que cabe hacer predicciones que se cumplen o no; y el que hizo la que se cumplió se pasa luego cuatro años presumiendo de zahorí, poseedor de un don especial, como el de doña Manolita. Sin olvidar que fue el propio Zapatero quien atizó el gusanillo con unas declaraciones hace un par de meses admitiendo la posibilidad de no repetir mandato. Ambigüedad calculada que puso en marcha el runrún capitalino que puede llenar el tiempo de aquí a las elecciones si ese payaso sanguinario libio no provoca una catástrofe de dimensiones impensables.

Lo primero que debe considerarse en el asunto de la sucesión es la circunstancia personal de Zapatero pues, al fin y al cabo, se trata de su decisión. Sería lógico que, a la vista de cómo han ido las cosas en su segunda legislatura y el tremendo desgaste que ha tenido, decidiera no presentarse a un tercer mandato. Pero también sería lógico que no se resignara a dejar tras de sí una imagen de socialista converso al neoliberalismo, él que empezó su mandato como el símbolo del avance de la izquierda. Ambas cosas serían lógicas. Debe ser el propio presidente el que opte. Él y su familia.

La segunda consideración afecta al PSOE como partido, es decir como organización política que tiene una estrategia y una táctica en un contexto de rivalidad política democrática que, en el fondo, se rige por los mismos criterios que las guerras, si bien el conflicto es incruento y está exento de violencia en la medida de lo posible. De acuerdo con toda táctica militar lo más conveniente es no revelar la identidad del mando porque ya se sabe que el enemigo concentrará el fuego en él y cuanto menos tiempo tenga para hacerlo, mejor para ese mando.

Pero una vez llegado el momento decisivo, el de la confrontación electoral, hay que tener el mejor candidato posible. Y ¿cómo se consigue el mejor candidato posible? En el PSOE, como era de esperar, hay un consenso casi universal en que el mejor candidato posible es el propio Zapatero. Pero, caso de que éste desista, ¿quién puede ser el mejor? La única forma democrática de averiguarlo es a través de unas primarias. La idea de que el sucesor pueda ser un tapado por decisión de la oligarquía del partido, como se daba en el PRI no es aceptable. Y tampoco la de imponer el sucesor por decisión personal del sucedido, como en el PP. Lo suyo en el PSOE son las primarias de las que además, va teniendo cierta experiencia.

Y unas primarias muy abiertas y reñidas, a las que puedan y quizá deban presentarse diversos/as candidatos/as. Desde luego, Rubalcaba, que tiene una altísima valoración ciudadana y aun en contra del propio Rubalcaba que hace poco afirmaba estar en el trecho final de su carrera política. Y también, por supuesto, Carme Chacón que no le va en zaga y reúne dos condiciones francamente prometedoras para el avance de España: sería la primera mujer presidenta del gobierno en la historia y la primera catalana en hacerlo desde el mandato del general Prim en tiempos de la Gloriosa hace 150 años. Y ¿por qué no? también podría presentarse Bono, a quitarse la espina de su derrota en 2002 con casi un 41 por ciento del voto. Igualmente podría presentarse un miembro de Izquierda Socialista para que se visualizara el apoyo real de la corriente en el seno del partido. Y quedarían aún posibilidades para Blanco o para Solana.

Como se ve hay un abanico amplio. Por ello resulta tanto más absurda la bombástica declaración de Rajoy de que a él le da igual con quién haya de medirse en las elecciones, Zapatero, Rubalcaba, Pepiño o la Chacón, declaración que no solo es absurda (cuenta habida de que Rajoy viene de perder dos elecciones precisamente frente a Zapatero) sino también, como es su talante, altanera, despreciativa, insultante. ¡Cuánto machismo de cuarto de banderas hay en ese la Chacón!

(La imagen es una foto de Machacón, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 23 de febrero de 2011

30 aniversario del Glorioso Golpe.

Habla el Caudillo y Jefe del Estado, general Zoquete Pronunciado.


Españoles todos: embargado por honda emoción rindo tributo a los próceres del Glorioso Golpe de 23 de febrero de 1981, cuya inmarcesible victoria celebramos hoy por trigésima vez y seguiremos celebrando por los siglos de los siglos si Dios nos da vida, que voluntad no nos falta.

Eran aquellas horas amargas de desmembración y hundimiento de la Patria que veía acongojada cómo cada día se humillaba, ultrajaba y perseguía los más sagrados símbolos que son su esencia: la bandera, el himno, el escudo y su mismo sentir nacional.

Las hordas rojas y los masones en nauseabunda coyunda impusieron al país un régimen policial y de terror basado en una seudodemocracia parlamentaria con políticos venales y corruptos; con partidos que eran banderías de ladrones; con un periodismo de cloaca dedicado a la injuria, la calumnia y el ataque a los valores cristianos.

Con la religión perseguida, la Iglesia humillada, la familia preterida y agredida el país era un inmenso lupanar, sin respeto alguno por las buenas costumbres, la honestidad de nuestras mujeres y la virginidad de nuestras hijas. Un lugar en que no estaba la gente casada (por lo civil) y ya se había divorciado. Un holocausto de inocentes merced al crimen horrendo del aborto. Y una plaza de diversión y exhibición de todo tipo de aberraciones sexuales, desde la homosexualidad a la transexualidad, de forma que ya no se sabía cuándo un hombre era un hombre y una mujer, mujer.

La sagrada unidad de la Patria se resquebrajaba por la impudicia de los demagogos separatistas, de forma que esta gran Nación, madre de naciones, estaba rompiéndose en reinos de Taifas gobernados por sectores sediciosos antiespañoles. Sectores al servicio de intereses extranjeros siempre conspirando en contra de España. Esa Europa de la que nos mantenemos orgullosamente aislados, esa Europa de judíos, mercaderes, masones y mediadores internacionales que dice que no nos quiere siendo nosotros quienes no la queremos. En cuanto al terrorismo es verdad que ETA ha aumentado su actividad criminal pero no lo es menos que, habiendo declarado normal el Estado de excepción en el País Vasco, la situación está controlada y en vías de resolverse.

La disgregación moral y el separatismo iban de la mano de la degeneración de la raza. España se había convertido en puerto de acogida de desechos y razas inferiores de todo el planeta, lo que se traducía en un clima de inseguridad ciudadana a causa de los altos niveles de criminalidad de las bandas extranjeras, los proxenetas y los narcotraficantes.

En estas circunstancias extremas un puñado de hombres de honor que había jurado la bandera supo alzarse y, ofrendando sus vidas a la Patria, salvó a ésta del abismo. Esta Patria esplendorosa cuyo treinta aniversario celebramos hoy, libres de las ataduras de la dictadura izquierdista, libres de seudoconstituciones (que ellos mismos incumplían) y de monarcas felones. El rey de entonces, habiendo faltado a su deber de Capitán General de los Ejércitos de ponerse al frente de estos y comprendiendo que no estaba a la altura de su insigne predecesor San Francisco Franco, optó por el muelle refugio del exilio en donde le deseamos larga vida.

La patria recuperada supo ser generosa con sus enemigos. Ciertamente fue inevitable pasar por las armas a los principales dirigentes del centro y la izquierda, así como a los demagogos separatistas. En cuanto al resto bastó con una solemne admonición de la Jefatura que ostento en presencia del Cardenal Primado para que todas las ovejas descarriadas regresaran al seno de la Patria y se integraran en los puestos que la administración militar del trabajo les había asignado en el gran plan de la regeneración nacional cuyo éxito nos contempla.

Sabemos de todo esto gracias a unos medios de comunicación que, lejos de la demagogia, el libertinaje y la canallesca manipulación de la realidad, transmiten hoy el culto a los valores patrios con una única y potente voz con la que proclaman la verdad de España al mundo. Unos medios que así como reflejan fielmente la realidad edifican al pueblo en las virtudes cristianas: la lealtad y el valor en los hombres y la modestia y el recato en las mujeres.

Al día siguiente del triunfo del Glorioso Golpe, los partidos políticos desaparecieron por las alcantarillas como las ratas sorprendidas por la luz. No obstante entendiendo la Junta que presido hace 30 años que la participación política del pueblo es un bien para la colectividad, nuestro Golpe fundó un partido único, el Partido Patriótico, en el que incorporamos un buen número de políticos del viejo régimen mediante el correspondiente adoctrinamiento en nuestra forma de ver la vida. Bien es verdad que algunos no lo precisaron, dicho sea en su honor.

El resultado de tanto esfuerzo es el orgullo que compartimos todos los españoles de bien: ayer se suprimieron las cartillas de racionamiento y en un mes habremos alcanzado el PIB de 1903. España está preparada para conquistar el futuro gracias a la extraordinaria placidez de que disfrutamos.

(Las imágenes son sendos dibujos de Georg Grosz, el primero titulado Dependencia de las clases dominantes (1919) y el segundo Siegfried Hitler (1922-23).

martes, 22 de febrero de 2011

Zafarrancho de combate en Libia.

Seguramente los aviones y helicópteros que están disparando sobre la multitud en Bengasi y otras ciudades libias son europeos, quizá italianos o franceses o rusos. La Gran Jamairiya Árabe y Socialista, es decir, el cortijo personal de Gadafi, ese curioso truhán que parece un dibujo de Hugo Pratt (Corto Maltés), estaba en buenos términos con Occidente luego de un largo periodo de aislamiento a cuenta del atentado de Lockerbie en 1983, en el que murieron 270 personas, entre ellas una azafata española. Libia acabó admitiendo su responsabilidad en el atentado en 2003 y pagó unos 2.700 millones de dólares EEUU en daños a las familias a cambio del levantamiento de las sanciones de la ONU.

Las relaciones con Libia han sido siempre muy tirantes desde que Gadafi se hizo con el poder en 1969. De hecho, los años ochenta estuvieron llenos de escaramuzas con los EEUU que culminaron cuando Reagan ordenó bombardear Trípoli y Bengasi en 1986, irónicamente a modo de aviso de lo que haría el dictador quince años después, una vez que había ganado la necesaria respetabilidad internacional al ser excluido de la lista de Estados terroristas o que amparan el terrorismo.

Obviamente los desesperados intentos de Gadafi de contener la avalancha revolucionaria árabe a base de cortar internet, cerrar el país y amenazar a todo el que se mueva no han servido de nada. La revolución árabe es imparable y va a llevarse por delante todas esas pomposas instituciones, Jamairiyas, monarquías, repúblicas, como las riadas se llevan los muebles de las casas, los coches, los árboles. En Marruecos, el primo de Juan Carlos, con un edificio constitucional algo más elaborado que la jaima de Gadafi, trata de contener el movimiento; en Bahrein la revolución avanza; en Argelia están en la fase de represión callejera, que suele expandir, profundizar y acelerar la insurrección.

Todo el mundo árabe está en revuelta y el reventón lo ha dado la red ligada a la telefonía móvil, algo que está presente en todos los países y a través de lo cual se propaga la información en tiempo real, originada in situ e irradiada no ya en un país sino de país a país porque no hay barreras lingúísticas... ni religiosas. El clérigo qatarí de origen Egipcio, Yussef Al-Qardaui, ha lanzado, una fatua contra Gadafi por la que pide a los militares libios que maten al dictador. Parece que entramos así en el temible mundo del fanatismo islámico. Esto de las fatuas viene a ser como los entredichos medievales por los que los Papas relevaban del deber de obediencia a los súbditos de un rey o un emperador. Un poco primitivo pero eficaz. Y sigue siéndolo. De momento Gadafi ha desaparecido, como si fuera Salman Rushdie. Hay quien lo hace en Venezuela pero eso deben de ser ganas de fastidiar a Chávez.

La situación en Libia parece caótica. Da la impresión de que el ejército se ha dividido. Hay dimisiones de altos cargos y militares, hay deserciones, el Estado, si es que había algo que mereciera ese nombre, se desmorona. No cabe considerar que haya un Estado, una administración, un ordenamiento allí donde, para dar cuenta de lo que el Estado piensa hacer frente a las revueltas, comparece en la televisión el hijo del dictador, que lleva el rimbombante nombre de Saik el Islam (La espada del Islam). Será lo que quiera del Islam pero del Estado libio no es nada ya que no ocupa cargo institucional alguno. Es un hombre de negocios bastante chulo, ultrarreaccionario (¿pues no era amigo del neonazi austriaco Jörg Haider?) y personaje estrafalario, como su señor padre, pero no es una autoridad oficial. Que, a pesar de todo, salga por la tele diciendo que la gente se calla o hay una guerra civil muestra con qué tipo de gobiernos tienen que habérselas los insurrectos árabes. Gobiernos mafiosos. Así que la foto que ilustra la entrada es muy reveladora. Lo malo es que buena parte del suministro de petróleo de Occidente proviene de estas mafias lo cual no va a ser precisamente bálsamo para la crisis.

(La imagen es una foto de daveeza, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 21 de febrero de 2011

El archipiélago de la izquierda.

Hace algo más de un año IU puso en marcha un proceso de refundación. Palinuro subió el 29 de noviembre de 2009 una entrada llamada La refundación que terminaba diciendo: Por último, me parece estupendo que la izquierda radical, alternativa, etc, ande a la enésima búsqueda de su personalidad pero auguro otro fracaso mientras no empiece por reconocer que, aquí y ahora, la praxis de la izquierda está en el socialismo o en la colaboración con él.

Un año y pico después, los resultados saltan a la vista. De refundación, nada; IU sigue estando tan presa de sus vicios de funcionamiento como siempre. Las últimas fugas de Rosa Aguilar, Reyes Montiel e Inés Sabanés, cada una a un lugar distinto, así lo atestiguan. Por no hablar de las relaciones entre diversos órganos y órdenes institucionales. Además, en el ínterin, se ha formado Equo que, en principio, debería estar dentro de una IU refundada, mientras que Sortu también está en un proceso de refundación de la izquierda y también por su lado. Para colmo, recién aparece un movimiento de convergencia cívica que quiere formular alternativas al desastre actual del capitalismo desde una perspectiva de izquierda pero alternativas también parciales, reformistas, no de cambio radical que, aparentemente, no considera nadie.

La situación, pues, es de fragmentación y de una conciencia clara de lo insatisfactorio que esa fragmentación es. Esta izquierda tiene un fuerte componente ideológico y, al propio tiempo, quiere ser eficaz en la realidad, incidir sobre ella para cambiarla y por eso se autotitula izquierda transformadora. Pero es obvio que ha transformado muy poco por no decir nada y eso debe tener alguna explicación que no sea recurrir a la excusa de la injusticia del sistema electoral. El sistema electoral es injusto pero se comportaría de otro modo si el porcentaje electoral de IU fuera muy superior. El problema es la falta de votos, de electores.

Es preciso dar explicaciones de calado. En mitad de una crisis extraordinaria, general, del capitalismo, la izquierda carece de propuestas alternativas de carácter global. La palabra "socialismo" no solo no designa ninguna realidad social tangible sino tampoco una ideal coherente. Cuando la izquierda critica las políticas del PSOE y pide "medidas de izquierda" se refiere a formas de administrar las medidas pero sin cuestionar el modo de producción capitalista basado en la propiedad privada de los medios de producción y, por ende, del beneficio.

No obstante la izquierda insiste en su crítica al PSOE, al que acusa de haber abandonado la política socialdemócrata clásica (cosa que éste niega) y haberse convertido en un partido neoliberal. Es una vieja cantinela de la izquierda desde los años veinte del siglo pasado: los socialistas o socialdemócratas habían traicionado la visión revolucionaria y se habían convertido en gestores del capitalismo que no cuestionaban. La gracia es que la crítica se mantenga cuando buena parte de los críticos también ha abandonado la visión revolucionaria y su pendencia actual es en qué sentido se gestiona el capitalismo que no se discute, si en el del supuesto interés del capital o en el del no menos supuesto del trabajo.

Ciertamente, no es cosa de ignorar que hasta en el reformismo hay diferencias y que unas reformas pueden ser más radicales que otras, más "de izquierda" que otras. La cuestión es, sin embargo, explicar por qué no sea posible sostener esas políticas más "de izquierda" dentro del PSOE, como hace la corriente de izquierda socialista. En este territorio la verdad es que el personalismo de los dirigentes de la izquierda alcanza cotas patológicas. Hay grupos, facciones y partidos que cuentan con poco más que su dirigente y un puñado de incondicionales que antes perderían los dos ojos que ingresar en alguna organización mayor en la que ellos no manden. Y frente a ese intento sin duda bienintencionado de articular una izquierda a la izquierda del PSOE con alguna esperanza electoral sigue esgrimiéndose el argumento de que, al dividir el voto de la izquierda se da paso a la derecha. Ya sé que hacer a esta izquierda víctima del voto estratégico (¡que viene la derecha!) es injusto; pero mucha gente puede pensar que esa injusticia es un mal menor frente al peligro de que venga esta derecha.

Todas estas consideraciones parten del supuesto de que el orden social actual en el modo de producción capitalista, con su inicua distribución de la riqueza en el mundo y la subalternidad de las clases populares en el contexto de la crisis general, es estable y se mantendrá a corto y medio plazo. No hay consenso social para formular un discurso de cambio radical y mucho menos revolucionario. Pero eso no quiere decir que sea completamente imposible. Si el ejemplo de los países árabes desatara un proceso de revueltas en los países occidentales alimentado por los sectores menos favorecidos, los pobres, las mujeres, los jóvenes, ertc, obviamente la situación sería muy otra. Pero tampoco en este caso, creo, tendría eco el relato de la izquierda radical en Occidente que está francamente anticuado.

(La imagen es una foto de ishaip, bajo licencia de Creative Commons y representa la manifa del 1º de mayo de 2009 de las juventudes socialistas en Tel Aviv).

domingo, 20 de febrero de 2011

La rebelión de los árabes.

La revolución en los países árabes se acelera y se expande como la gasolina que es con lo que empezó, por cierto, en Túnez. Detrás de éste y de Egipto vienen Argelia, Bahrein, Jordania, Libia, Marruecos y Yemen, de momento. Era evidente desde el primer instante que no era una revolución de país sino de comunidad civilizatoria, que tendría "efecto dominó" y se extendería a todo el ámbito étnico árabe. Menos evidente pero también muy posible, que desbordara dicho ámbito y prendiera en otros países del Islam, aunque no árabes. Pues bien, ya hay disturbios en Teherán y Yakarta.

La pauta que siguen los gobiernos es siempre la misma: su primera reacción es represión y bloqueo de redes. La diferencia ahora es que los déspotas parecen pensar que, para que sea eficaz, la represión debe ser feroz: en Libia la policía dispara a matar y van ya cerca de cien muertos; en Argelia carga a lo bestia; en Bahrein los carros de combate patrullaban las calles hasta ayer en que desaparecieron por las presiones gringas y hoy hay convocado un acto multitudinario en la plaza de la Paz que puede tener un desenlace parecido a los anteriores en los dos países norteafricanos.

Obama que, dada su posición, está obligado a pronunciarse sobre todo cuanto sucede en el mundo, como si la Casa Blanca fuera el verdadero Panopticón benthamiano, muestra su irritación con los reyezuelos de la parte de los infieles y pide a los Gobierno que se contengan en la represión, a lo que estos son reticentes pues han visto el destino de Ben Ali y Mubarak precisamente por contenerse. En el caso de Barhein ya hay claros elementos de juicio. Algunos congresistas en los EEUU piden que se suspenda la ayuda al califa barheiní en aplicación de una ley segun la cual no se ayudará a aquellos Estados en los que no se respeten los derechos humanos. Probablemente los congresistas creerán que en los EEUU se respetan pues, en definitiva, Guantánamo no es los States sino un exclave, una base en el espacio, un territorio imaginario, fabuloso.

Es posible que la bestialidad de la represión devuelva a la gente a la resignación y al miedo. Pero también es posible que eso no suceda y que en unos sitios u otros la multitud siga su camino imponiendo cambios que nadie sabe hasta dónde pueden llegar porque en la región no hay tradición democrática alguna. Con ello no se está diciendo que los árabes sean congénitamente incapaces para la democracia; eso es una tontería. Pero sí que carecen de algunos requisitos como la tolerancia religiosa y la separación de la Iglesia y el Estado o un grado aceptable de igualdad entre sexos. Es verdad que en esta igualdad tampoco los países occidentales son un buen ejemplo; pero cien veces mejor que los Estados árabes. Tampoco se da en estos una estructura social o una sociedad civil modernas o, si se quiere, industriales. Son países con predominio del sector agrícola o de éste combinado con actividades extractivas y en los que no se ha desarrollado un capitalismo industrial sino, en algunos casos, paradójicamente, financiero.

Fallan las teorías que ven las revueltas en los esquemas marxistas de la insurrección de clase y de clase proletaria. En realidad nunca habían acertado. La revolución marxista se dio en sociedades de base agraria, Rusia, China, Cuba. En sí, el asunto es irrelevante. Como lo es señalar que estas revoluciones reflejan la insurrección de los pobres, los hambrientos, los marginados y desempleados. Hace muchos años que se dan estas condiciones en los países árabes y nunca había pasado nada. En realidad tampoco es cierto que la extrema miseria impulse a la sublevación; tambien puede hacerlo a la sumisión.

Causas para la revolución las ha habido de siempre y no sólo en el mundo árabe, ni siquiera en el islámico. Lo que faltaba era la forma de organizarla, el vehículo, el catalizador y ese ha sido la red, mediante la cual los países árabes se han integrado en el tiempo occidental; la globalización es una realidad. El ciberespacio es la organización natural de la rebelión y un arma poderosa para defenderla. Es la red la que cortocircuita el intento del Gobierno marroquí de deshacer la manifestación de hoy anunciando falsamente por la radio que se ha cancelado. La radio es un instrumento del pasado. La gente se informa por la red que, entre otras cosas, conecta el interior de las satrapías con los exiliados y con la información del exterior.

Los regímenes no pueden combatir la fuerza revolucionaria de la red en la misma red porque en ésta no hay más principio de autoridad que el que reconocen los internautas. Y, al no poder valerse de ella, tienden a cerrarla. Pero eso tampoco es practicable porque la economía depende en medida creciente de la red; incluso el propio gobierno. Si la red se cierra, el país se para solo. Las sociedades árabes tendrán que ir hacia la democracia porque eso es lo que la multitud demanda. Y tendrán que inventársela como, por lo demás, hemos hecho todos.

(La imagen es una foto de cjb22, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 19 de febrero de 2011

Sortu: si todos dijeran la verdad.

Este asunto de Sortu tiene, entre otras, la virtud de pasar por el tamiz de la sinceridad las declaraciones de los agentes políticos que tratan de gestionarlo, impedirlo, utilizarlo, según cuáles sean sus fines. Ello permite contrastar lo que dicen con lo que piensan y obtener así dos cuadros completamente distintos de lo que está pasando, si es que está pasando algo y si, caso de pasar, es distinto de lo que ya ha pasado otras veces, muchas otras veces.

Así, el PP dice que Batasuna-ETA-Sortu o sea, ETA, para qué andarnos con remilgos, no debe entrar en las instituciones. Pero piensa que no debe entrar en las instituciones –lo que podría llevar al fin definitivo de ETA- con un gobierno socialista que se lo apuntaría como baza.

El Gobierno manda la solicitud de inscripción de Sortu en el registro al Tribunal Supremo e induce a la fiscalía a que pida la ilegalización (o se lo sugiere o recomienda o insinúa) y remite asimismo unos informes muy negativos de la policía y la Guardia Civil, para que sean los tribunales los que tomen la decisión. Pero piensa que, llegados aquí, cabe ser flexibles a base de poner precio político a la inscripción, forzando la disolución de ETA, vieja esperanza con la que comenzó su mandato. Pues no hay presidente del Gobierno español que no dé prioridad al fin de ETA, igual que los ministros de Exteriores de Franco tenian como misión recuperar el Peñón.

Mayor Oreja dice a quien quiera oírlo, que ya quedan pocos, que el Gobierno está negociando con ETA. Pero piensa que ojalá estuviera haciéndolo y que, si no lo hace, quizá quepa empujarlo a hacerlo.

El PNV afirma que Sortu o como se llame la izquierda abertzale debe estar en las próximas elecciones. Pero piensa que ojalá no esté. Al fin y al cabo se trata de votos y del control de la cámara vasca.

Sortu declara que rechaza la violencia para poder estar en las instituciones, que es lo que quiere decir cuando habla de “vías exclusivamente políticas”. Pero piensa que hay que estar en las instituciones para así rechazar la violencia. Pues de algo se ha de vivir.

ETA dice que mantiene el alto el fuego unilateral para dar una oportunidad a la vía política pero piensa que la vía política es un callejón sin salida pues implica la aceptación de partida del marco español de legitimidad que es justamente lo que se niega y espera que el Estado español rechace legalizar la izquierda patriótica, lo que le permitirá justificar su presencia in extremis.

Algunos argumentos sobre el asunto merecen atención. Se dice, por ejemplo, que las personas cambian, que quien ha delinquido una vez no tiene por qué hacerlo una segunda y que lo importante es la asociación que se alumbra que por primera vez rechaza explícitamente la violencia, incluida de modo expreso y "sin ambages" la de ETA. Es verdad. Pero no son las asociaciones las que delinquen sino los individuos y quien lo ha hecho una vez es más propenso a hacerlo otra que quien no lo ha hecho jamás por la misma razón por la que un esguince tiende a reproducirse allí donde se dio por primera vez.

O sea, los individuos sí importan. Y si Rufi Etxeberria presenta los estatutos de Sortu lo menos que puede decirse es que se trata de una decisión con escaso tacto diplomático. Al igual que la presencia de otros dirigentes que también han pasado por la prisión. Habrá quien vea en esto una actualización de la caída del caballo de Pablo de Tarso. Pero también habrá quien lo vea, quizá la mayoría, como un trágala: no nos queréis como Batasuna pero nos tendréis como Sortu. Y si hay que rechazar la violencia, se rechaza. Eso son palabras que se lleva el viento. Sobre todo el del Norte, la tramontana.

¿Cuál es el resultado de este sempiterno galimatías? Pues que todo seguirá como está; que, mientras no haya atentados, a nadie importa un comino lo que suceda en el País Vasco; que la izquierda abertzale seguirá fuera de las instituciones y los presos continuarán en las cárceles, salvo que los pistoleros de ETA comprendan (cosa difícil en sí misma) por fin que su tiempo pasó hace treinta años; que esta siniestra historia no ha servido para nada sino para producir sufrimiento estéril y para que cuatro ideólogos de taberna al norte del Ebro satisfagan sus desmesurados egos y cuatro descerebrados al sur sigan alimentando sus frustraciones y delirios .

viernes, 18 de febrero de 2011

Vuelve el pasado.

La nueva peripecia de Ruiz Mateos vendría a ser la enésima comprobación del manido dicho de que la historia se repite pero la segunda vez como farsa, de no ser porque en este caso, ya la primera fue una farsa.

La expropiación (que no nacionalización) de Rumasa el 23 de febrero de 1983, con la que prácticamente se estrenaba el primer Gobierno socialista, levantó suspicacias sobre el bolchevismo de la izquierda. Miguel Boyer, ministro de Hacienda entonces y ya por entonces converso al popperismo, pasaba por ser una especie de furibundo radical dispuesto a socializar los medios de producción en plan soviético. De demostrar lo contrario se encargaría doña Isabel Preysler. Pero los defensores del orden constituido llevaron el asunto al Tribunal Constitucional y, como éste dictaminara la constitucionalidad de la expropiación, cargaron contra el alto órgano jurisdiccional y su presidente, García Pelayo, que era un rojo venido del exilio.

Por supuesto, en la izquierda también pusieron verde a Boyer, presumiendo que la expropiación era una concesión a la banca comercial para que ésta devorara aquel intruso de la abeja que había tenido la audacia de hacerse con un banco, el Atlántico, pretendiendo entrar en el club de los grandes, él que era un parvenu por muy Marqués de Olivara que sea y grandeza de España que diga tener.

Casi treinta años después el propio Ruiz Mateos, que en el curso de su pintoresca vida llegó a propinar un mojicón al ministro de Hacienda que lo había expropiado, se ha encargado de probar que el apuñado ministro tenía razón. Ahora vuelve al proscenio con una historia que hace temer lo peor. Diez empresas del holding-no holding zozobran. Y, según parece, detrás están los ahorros de cientos de personas que los invirtieron con la promesa de intereses altísimos. ¿Suena esto a algo? ¿Suena a caso Madoff en ibérico? ¿A esquema Ponzi? ¿A alguien que da duros a cuatro pesetas?

Veamos: después de la expropiación y su batalla judicial con el Gobierno, Ruiz-Mateos se metió en política, creó una agrupación, buscaba la inmunidad parlamentaria contra el acoso de la justicia. En cierto modo un adelantado del método Berlusconi aunque no con tanta fortuna pues el jerezano sólo llegó a eurodiputado. Por eso hubo de acudir a otros recursos, como aparecer en público vestido de Supermán. Finalmente, dio con sus huesos en la cárcel. La flor y nata del empresariado patrio en la trena en una situación que quizá preludie la del exjefe de los empresarios, Díaz Ferrán.

Y aquí está de nuevo el héroe, rehecho por segunda vez y por segunda vez en situación comprometida. Comparece en público, sombra de lo que fue, con sus seis hijos varones pues en las familias de orden las mujeres se quedan en casa, a decir que, si no puede pagar, se pega un tiro... si sus convicciones religiosas se lo permiten; que no se lo permiten, ya lo sabe él de sobra, que es hombre pío ,como lo demuestran sus trece hijos.

Tan pío que no hace dos años el cardenal Tarsicio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, le imponía en Roma la medalla de la Orden de San Gregorio Magno que es "la máxima distinción y reconocimiento que otorga la Santa Sede a un laico por su contribución y ayuda a la Iglesia", dice La Razón. Hay que ver cómo ha decaído la diplomacia vaticana y su servicio de inteligencia. O quizá sea que la codicia ciega al clero. Pues será el momento de ver si el Vaticano está dispuesto a socorrer a su caballero en este difícil trance. Se admiten apuestas.

El pasado ha vuelto para dar la razón a Miguel Boyer que ya había calado al menda, a diferencia de monseñor Bertone.

(La imagen es la cabecera del blog de Ruiz-Mateos.)

jueves, 17 de febrero de 2011

El pulpo que asfixia España.

Hace unos días se conmemoró el centenario de la muerte de Joaquín Costa, el autor de Oligarquía y caciquismo como la forma de Gobierno actual en España, escrito en la tradición de propuestas arbitristas (Lucas Mallada, Macías Picavea, etc) que buscaban las razones de la decadencia española y trataban de ponerles remedio. Igual que Costa. Igual que el resto de los regeneracionistas de los que la IIª República fue la última manifestación. Y tantos esfuerzos tanto tiempo después, ¿han servido de algo?

Temo que no. La prueba más palpable es la desgraciada peculiaridad de España en el contexto de la crisis actual: el doble de la tasa de paro y la recesión continuada allí donde los demás países han iniciado ya la recuperación. España sigue siendo un país no enteramente europeo como se ve en cuanto se repase la actualidad.

La forma de gobierno, como en los tiempos de Costa, es la oligarquía y el caciquismo, algo edulcorada la primera que se disfraza de modernidad a través de la banca y los llamados mercados y en auge el segundo en todos los niveles de gobierno, comunidades, diputaciones, municipios en los que el caciquismo es el hilo de oro de la acción pública; y eso sin hablar del turnismo de los dos partidos del sistema cada vez más parecido al de la Restauración.

Todos los vicios y defectos que denunciaba Larra están presentes casi doscientos años después: el favoritismo, el clientelismo, el enchufismo, el amiguismo y el fulanismo continúan determinando el quehacer nacional con redoblada intensidad y amplitud. No son solamente las formas de actuación de la derecha y los sectores tradicionalistas e integristas de toda la vida sino también de los que alguna vez se presentaron como alternativa a los anteriores, los democráticos y de izquierda. Siempre se dijo que cuando estos accedieran a los asuntos públicos las cosas cambiarían, el país se modernizaría, se haría más próspero y más productivo.

Mentira.

La izquierda es tan enchufista, amiguista y clientelar como la derecha. Los partidos de izquierda son redes de influencias, camarillas unidas por relaciones de intereses personales, desde el gobierno, en donde el presidente nombra a quien le peta, sin consultar el parecer del partido ni del Parlamento, hasta la última pedanía. En todos los casos el requisito para ocupar un cargo no es la competencia ni el criterio, sino la amistad con el baranda y la fidelidad a su persona. Basta con ver algún ministro o ministra, algún director general u otros cargos. Los nombrados, a su vez, reproducen estas prácticas: llenan de amigos y clientes los órganos e instituciones públicas en un toma y daca de casta de enchufados. El rendimiento de esta miríada de cargos, dedicada a medrar, es cero o, incluso, negativo. Situación que afecta por igual a la otra formación de la izquierda, IU; no tanto en los nombramientos porque ésta tiene pocos spoils que repartir, pero sí en el conjunto de su acción política. El 95 por ciento de los conflictos internos de la coalición se origina en cuestiones personales más o menos disfrazadas de ideología. Más bien menos.

Estos vicios no son tales en la actividad privada de la sociedad civil. Si un empresario quiere colocar en su negocio a todos sus familiares es libre de hacerlo porque es responsable de sus actos y no tiene que dar cuentas a nadie. Pero el asunto ya no es tan claro cuando esa actividad privada consiste en influir sobre la pública a través de la formación de la opinión, la participación en los debates, en definitiva, la acción en el ámbito ideológico y simbólico, especialmente cuando, como sucede siempre, los opinantes, en la sombra de Catón el Censor, se arrogan la condición de conciencia moral de la colectividad.

De nuevo que esto suceda en la derecha no tiene nada de extrañar: es su forma de ser y prueba de su completa identificación con el orden constituido, basado en esas prácticas. Las distintas facciones conservadoras tienen sus predicadores a sueldo y es muy improbable que estos cambien de cobijo si no es por algún choque extraordinario. Pero lo mismo sucede en la izquierda en donde se presume de mayor autonomía de juicio y de sentido crítico. Ambas cosas falsas.

Hace muchos años que Benda señaló que los intelectuales han traicionado su independencia de criterio, su misión en definitiva, pensando y escribiendo en el marco de consignas, de intereses de partido cuando no de empresa, diríamos hoy. Ahora esa traición se hace más abyecta pues los dichos intelectuales ostentan la marca de la ganadería con orgullo. Y no son solamente los intelectuales, todos los hacedores de opinión, los periodistas, las gentes de los medios, actúan movidos por consignas partidistas, de grupo, corporativas. Y lo hacen como los políticos: con criterios de enchufismo, amiguismo y gremialismo: forman camarillas, grupos de intercambio de favores, que excluyen a los críticos y sólo admiten a los incondicionales.

La izquierda critica estos vicios en la derecha y los exhibe en su propio comportamiento a extremos vergonzosos. ¿Se quiere una prueba? En el momento en que, al ver un nombre, ya sabemos lo que va a decir o escribir, ¿estamos hablando de un opinante o de un esbirro? Generalmente muy bien pagado, pero esbirro al fin y al cabo. El resultado es este desconcierto de la izquierda en un panorama de atonía y mediocridad en los medios en donde no alumbra debate alguno de interés.

La independencia, única garantía de sinceridad, ha sido siempre un lujo y un riesgo. La blogosfera le ha procurado un medio propio de expresión. Un blog es un lugar en el que cabe leer textos como éste que será imposible encontrar en algún periódico o medio audivisual, literalmente copados por los fulanistas que parasitan a los independientes pero no lo dicen.

El pulpo que asfixia España es el incumplimiento del programa regeneracionista ayer por la derecha y hoy por la izquierda.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Delincuentes políticos y políticos delincuentes.

La política es una actividad muy mal valorada en todos los sondeos de opinión. El prestigio de los políticos es generalmente bajísimo y los partidos suelen ocupar el último lugar en el aprecio de los ciudadanos. Se asocia con ella la falsedad, el engaño, la mentira, la hipocresía y la demagogia, cuando no los privilegios, el favoritismo y la injusticia y, desde luego, la corrupción. Y eso en cuanto a la opinión que, al fin y al cabo, es una imagen. La realidad viene siendo aun peor. La política mantiene relaciones muy complejas con dos tipos de actividades humanas que todo el mundo condena, incluso los que viven de ellas: la guerra y el delito. Las relaciones con la guerra son de tipo causa-efecto en que la política tanto puede tomar una forma como la otra. Las relaciones con el delito suelen ser de tipo medio a fin y aquí la política viene siendo el medio para el fin delictivo, no el delito en sí mismo.

Ese juicio tan condenatorio que merece la política se pretende contrarrestar a veces echando mano de nobles ideales acerca del bien común, el servicio público, la condición ciudadana, la civilización, que enraizan en la filosofía griega y se mantienen confusamente hoy cuando hasta los políticos a veces distinguen entre la política como sucia actividad cotidiana y la Política (suelen decir que "con mayúscula") como desinteresada vocación.

Es la distinción que también se hace muchas veces entre un político y un estadista. La nobleza del estadista reside, precisamente, en que ha dejado de ser un político, esto es, de ocuparse del bien público desde un punto de vista de partido para pasar a hacerlo desde el punto de vista de la totalidad sin cuestionarse mucho cómo sea esto posible en una sociedad conflictiva. La distinción es un intento de resolver la contradicción que se da entre reconocer de algo (la política) que es imprescindible y tener al propio tiempo la peor opinión de ello.

Son aquellas viejas relaciones de la política con el delito las que están cambiando aceleradamente. El político al servicio del delito gestiona el bien público en interés de un individuo o de un grupo de individuos, una asociación delictiva, por ejemplo la mafia. La importancia de la política para la delincuencia, igual que para los demás quehaceres del hombre, radica en que engloba la actividad legislativa, la capacidad para establecer las normas generales, las reglas del juego. Por ello se está pasando de la instrumentalización de los políticos por los delincuentes a la conversión directa de los delincuentes en políticos. Es el camino que llevan los países en los que el narcotráfico está sustituyendo al Estado. Y el que emprendió Berlusconi hace años si fuera cierto que, efectivamente, los tribunales lo condenan por la comisión de delitos y no digo de cuáles porque, de darse el caso, con Berlusconi puede acabar pasando lo que pasó en su día con Al Capone, que lo buscaban por unos delitos pero lo condenaron por otros. Delitos eran al fin y al cabo.

La diferencia sin embargo es considerable: Berlusconi ha intentado gobernar, poner el aparato del Estado en su conjunto al servicio de sus intereses, el primero de los cuales es no responder ante la justicia por los numerosos delitos de que se lo acusa. Su gobierno ha sido un tejer y destejer leyes procesales para garantizar su inmunidad, muchas veces en detrimento del Estado de derecho. Y al final viene a caer por un presunto delito posterior a su consagración como político, de donde se seguiría que, para él, gobernar no es solamente protegerse frente a los tribunales sino, además, seguir delinquiendo.

El poder ciega. A lo más que puede llegar Berlusconi es a imitar a Sansón y morir bajo los cascotes del templo, en este caso, el Estado de derecho. Pero este proceso que, por fin, le han abierto en Milán permite suponer que el Estado de derecho sobrevivirá a la sacudida. En todo caso, la enseñanza es clara: la política debe estar libre de toda concomitancia directa o indirecta con el delito.

Por esta razón la aventura de Camps es distinta de la de Berlusconi pero tiene elementos en común. El primero eso de que el poder ciega y el miedo a perderlo ciega aun más. Camps pretende imponerse al curso de la justicia no cambiando las leyes sino contraponiéndole un triunfo en un plebiscito. Si la derecha quiere mantenerse dentro de las reglas del juego democrático del Estado de derecho, no puede permitírselo. Esas afirmaciones de Camps de que es el candidato más respaldado de la democracia en el mundo entero demuestran que el hombre ha perdido todo contacto con la realidad en la que se ve con facilidad que ni su propio partido lo respalda, salvo, claro está, su núcleo más fiel de clientes. Únicamente así, como un destello de un espíritu trastornado, puede entenderse que alguien crea que un voto unánime del electorado valenciano en su día pudiera pesar más que la decisión de un solo tribunal. Alguien debiera explicárselo. Explicarle que la fuerza de los tribunales proviene de la legitimidad que les ha dado la decisión de las generaciones en la historia y es muy superior a la que pueda emanar de un destello de una decisión colectiva momentánea, superficial y pasajera. El cadáver de la Gürtel sigue creciendo.

(La imagen es una foto de Alessio85, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 15 de febrero de 2011

Candidato Gürtel.

Reunión de urgencia del Comité Electoral Regional del PP del País Valencià. Resultado: unanimidad búlgara para nombrar a Camps candidato a la presidencia de la Comunidad Autónoma valenciana. Acto seguido, envío de dicha decisión al estilo prusiano a la sede nacional del PP en la calle Génova de Madrid con un lacónico comunicado en el que se lee textualmente que el Comité Electoral Nacional deberá ratificar la propuesta elevada por el PPCV. Deberá, imperativo; no deberá de, posibilista, desiderativo. Obviamente los valencianos piensan que el Comité Electoral Nacional es un órgano ratificante; como las Cortes de Franco. O sea, perfectamente inútil.

La taxativa comunicación quiere emplazar a la dirección nacional del PP ante un hecho consumado. Era la táctica preferida de Hitler. Y no estoy comparando a Camps con Hitler. Es obvio que no tienen la misma talla y no me refiero a la de los trajes. Hitler lo hacía porque podía: te descuidabas y había invadido la Unión Soviética. Camps y el PPCV lo hacen por si cuela. Tienen conciencia de su subordinación. Los traiciona el verbo elevar hablando de su propuesta. Sólo se eleva algo a lo que está más alto. Y desde el punto de vista de la derecha lo que está más alto prevalece siempre sobre lo que está más bajo.

Camps ha retado a duelo a Rajoy. Habrá analistas que digan que ha echado un órdago; cada cual con sus aficiones. El intríngulis es que Rajoy tendrá que pronunciarse, cosa que, al parecer, le molesta. Tendrá que decir sí o no. ¡Ah, que no quepa nombrar al "curita" embajador ante la Santa Sede! Podría, si las cosas se ponen muy mal, solicitar santuario en la basílica de San Pedro, escenario adecuado a la idea que tiene de sí mismo. Como El Escorial lo era para la que tenía Aznar también de sí mismo y de su prole. En la derecha siempre han gustado mucho las películas de Samuel Bronston.

Hay quien dice que si Rajoy no se ha pronunciado todavía es porque Camps conoce cosas cuya revelación le haría daño. Cuando se llega al fondo de la naturaleza humana nunca se sabe, pero me atrevo a decir que no hay tal. No creo que Camps pueda chantajear a Rajoy en algo más que en insinuar que puede alzar bandería propia en el Reino como Cascos lo ha hecho en la siempre indómita Asturias. Porque esa es una preocupación real. Rajoy teme no lo que pueda decir Camps sino lo que pueda hacer. El PP no resistiría una escisión valenciana. Francisco Camps es capaz de cualquier cosa una vez que ha decidido defenderse en el ámbito jurídico con armas políticas, como Berlusconi.

Y lo es porque el hombre no debe de regir ya del todo bien, sometido a una tremenda presión social y mediática de dos años de duración. Sus actos nunca han sido enteramente comprensibles pero, de un tiempo acá, revelan rasgos patológicos. Ese obstinado silencio ante la prensa es tan lamentable como lastimoso. Y de nada le sirven, (al contrario, lo obnubilan) las loas de la televisión valenciana y las defensas públicas de Ritá Barberá, como una dueña dolorida. Así las cosas Rajoy sólo puede desautorizar a Camps y esperar que la derecha valenciana no se eche al monte. Lo que no puede es tener un candidato sentado en el banquillo de los acusados. Porque acabarán llamándolo el candidato Gürtel. Y muy mal deben de ver las cosas los valencianos para no permitir que Rajoy pueda decidir sabiendo si el juez abre la vista oral o no con Camps de acusado. Y ojo porque a veces los cachazudos se vuelven flamígeros.


La vergogna sei tu, Silvio

Como si se tratara de una obra de Aristófanes, cientos de miles de ciudadanas salieron el domingo a la calle en Italia a decir a Berlusconi que ya basta de humillar y maltratar a las mujeres. El comediógrafo griego viene a cuento aunque no lo parezca. ¿No ha invocado una senadora belga el ejemplo de Lisístrata para pedir a las mujeres de los políticos que los tengan en abstinencia sexual en tanto no compongan gobierno? Lo que no sé es qué resultado dará en un país rebosante de católicos y protestantes tan respetuosos con el débito conyugal.

Berlusconi se defiende sosteniendo que él jamás ha pagado por las mujeres ya que una de las acusaciones es haber obtenido los favores de prostitutas menores de edad a cambio de dinero. Pero esa defensa es en verdad el mayor ataque a la dignidad de las mujeres porque, si no es por el dinero, ¿por qué otro don consigue Berlusconi a las mujeres?

(La primera imagen es una foto de mercedesalonso, bajo licencia de Wikimedia Commons. La segunda, una foto de Ricardo Stunckert/PR Agência Brasil[1]), también bajo licencia de Wikimedia Commons).

lunes, 14 de febrero de 2011

Goyesca.

La gala del cine español tuvo ayer su noche con todos los requisitos de rigor, empezando por la imitación de la ceremonia de los Óscar, alfombra roja incluida, así como en mojigato, sous-développée y provinciana. Es verdad que Hollywood tiene la paternidad y maternidad del cine y es justo que se le rinda tributo. Pero no es imprescindible imitarlo. Si el Óscar es aquí Goya, la fiesta quizá pudiera tener un aire más goyesco. Podían hacerla en una romería, por ejemplo; o llevarla al anfiteatro de Mérida o a la plaza de toros de Ronda. Para eso los tenemos, cosa que no pasa en Hollywood. Los medios acudirían igual y la atención sería la misma, puede que superior. También los títulos podían ser algo más castizos: Buried es casi tagalo y Biutiful, impresentable. Parece que no pero los títulos también son arte y debiera haber un Goya para ellos. Pa negre es lo más recio que ha habido, lo más goyesco. Lo dice todo.

Aun así hubo bastante esencia nacional. Eso de tener a una ministra en el acto no como convidada de piedra sino activa por ser del gremio es un punto. Luego dicen que los sociatas comunican mal. Lo que sucede es que el personal no las pilla. ¡Una ministra vestida de gala de cine! Con un glamour (como dicen los especialistas) discreto. Eso vale algo.

La ministra, además, enconada con el director saliente, Alex de la Iglesia, que se ha largado un discurso de gran interés. Y mira que el hombre ha salido mal parado en la lluvia de premios. Le han dejado dos de consolación: maquillaje y efectos especiales que a mí me parecieron detestables por la cantidad de casquería. Y tampoco se lo hubiera dado al título. Pero sí le hubiera dado algún otro que ha ido a parar a otras pelis.

En su discurso, por cierto muy ágil y con sentimiento, De la Iglesia se ha rendido a lo evidente: internet que, dice, es el presente, está cambiándolo todo. Pero eso es obvio desde hace años. Añade el ya exdirector de la Academia que la considera (internet) como la gran oportunidad para los cineastas, para el cine. Pero no dice cómo y, además, da la impresión de que dimite porque no ha conseguido un resultado favorable a su punto de vista en las negociaciones de la Ley Sinde. Lo que sucede es que su punto de vista no está claro. Y esto no es un reproche. De la Iglesia es un hombre honrado y viene a reconocer que las circunstancias lo superan. Llega hasta decir que hay que cambiar el modelo de negocio. Pero como él no es un negociante, el asunto le es ajeno.

Entre tanto, la gala se vio oscurecida o iluminada (según puntos de vista) por la presencia de los miembros o seguidores de Anonymous que, tras haber tumbado las páginas de la Academia y de los Goya, se llegaron hasta el Real a armar bulla en pro del acceso gratuito a la cultura, cosa en principio loable siempre que se resuelva previamente el modus vivendi de los creadores que son esos que, por tener genio, suelen estar condenados a la miseria unas veces por una causa, otras por otra, como Modigliani, Balzac, Van Gogh, etc.

Hay en este elemento del anonimato de Anonymous un aspecto moralmente dudoso. El anonimato es el santo y seña de la red. Pero el activo, el eficaz. Me explico: el anonimato ha sido, es y será el destino del 99 por ciento del género humano. Lo que hay de nuevo es que se trata de anónimos que pueden hacer daño y no dan la cara. Ellos dicen que no se identifican por prudencia, porque tienen declarada la guerra a la cienciología y esa secta amenaza de muerte a quienes la combaten. Es posible, pero los pobres Goya no tienen nada que ver con una secta. Entonces, ¿por qué se mantiene el anonimato? ¿Puede haber alguna otra razón que la de hacer daño a terceros impunemente? Y eso, se defienda lo que se defienda, no es de recibo. Es una parábola: el ataque al glamour de las candilejas viene de la sombra. De la sombra que las propias candilejas proyectan.

No obstante, el capitalismo no sería lo que es si no tuviera capacidad de adaptarse a las nuevas circunstancias creadas precisamente por su evolución. Esta resistencia numantina de los partidarios de los derechos de autor durará el tiempo que tarde el capitalismo en encontrar la forma de conseguir beneficios de y en internet. Y los piratas durarán el tiempo que tarde el mercado en encontrar fórmulas para obtener beneficio de la libre navegación en la red. Esos beneficios se materializarán el día que los costes de perseguir la piratería se hagan prohibitivos.

Porque el beneficio es la diferencia entre el coste y el precio. Ahora puede estar en una relación de veinte a uno. Si vigilar tiene un coste muy elevado, puede empezar a resultar atractiva una relación de dos a uno, teniendo en cuenta que los clientes se multiplican por millones. 500 millones de usuarios de FaceBook hacen que el servicio sea gratuito y un negocio próspero, sumamente próspero. Ese es el camino. Para el cine también.

domingo, 13 de febrero de 2011

Gürtel, el cadáver y los pirómanos.

El cadáver de la obra de Ionesco sigue creciendo y ya ocupa los escenarios de los mítines del PP. La derecha está reaccionando del peor modo posible a las noticias sobre el proceso de la Gürtel.

Del peor modo posible en lo referente a los intereses generales y el respeto debido a las instituciones a las que pone en solfa permanentemente. La policía y la fiscalía siguen consignas políticas. Los jueces tienen doble rasero y no son independientes. Un discurso que cuestiona la actuación de los órganos del Estado y sus fuerzas de seguridad sin pruebas es tan ajeno al espíritu democrático y al Estado de derecho como a la verdad.

Pero también está actuando del peor modo posible respecto a sus intereses como partido. Esa batahola que organizan los dirigentes llamando persecución política al hecho de que el Ministerio Público acuse de presuntos delitos al presidente de la Generalitat valenciana en sede judicial es tan disparatada, tan delirante, que sólo sirve para magnificar lo que quieren minimizar: la Gürtel. Lo inteligente aquí sería no mencionar el asunto y hablar de otra cosa a ser posible montando un escándalo. En lugar de ello respiran por la herida, cada vez más infectada y lo hacen sin temor al ridículo. Escuchar al señor González Pons llamar al pueblo a la sublevación, como si fuera Rafael de Riego o Marat es un poco ridículo. Salvo que en realidad esté llamando a la sublevación a los militares cosa que, tratándose de quien se trata, tampoco sería de extrañar.

Ese conjunto de disparates que va desde querer minimizar la importancia del presunto delito (teoría de las "cuatro corbatas") hasta negar la legitimidad de los jueces por los más peregrinos motivos revela tal desquiciamiento y estado de nervios que va a dar al traste con las esperanzas electorales del partido. No creo exista un solo delincuente que no diga que es objeto de una persecución de jueces que le tienen ojeriza o víctima de una sórdida venganza de alguien que maneja a los jueces como si fueran guiñoles. Véase el caso de Berlusconi, presunto delincuente de manual. Dice que los jueces son comunistas que lo persiguen. Más o menos como Rajoy cuando dice que son socialistas.

El último desatino en esta campaña de intimidación de los jueces a fin de obtener la impunidad para una serie de presuntos sinvergüenzas y mangantes es insistir en el nombramiento de Camps como candidato a la Generalitat estando imputado en un proceso penal porque eso equivale a erigir un baluarte político frente a la acción de la justicia. Caer en tan craso error supone intentar una política caudillista no admisible. Nadie, ni el Rey, está por encima de la ley; nadie excepto el Rey (que ya tiene narices), fuera del alcance de los tribunales. Y eso es sin duda lo que pretende el presunto delincuente Camps: mantener su aforamiento para que no lo juzguen y decir luego que era inocente. Como Fabra con la prescripción. En el PP se hace lo que sea con tal de no comparecer ante los tribunales.

En nada ayuda la otra cara de esta actitud de asalto a la justicia, consistente en negarse a rendir cuentas públicas, a responder a las preguntas de los medios. Camps hace tiempo que no contesta a los periodistas que quieren saber algo sobre la Gürtel y María Dolores de Cospedal sigue su ejemplo y se niega a contestar preguntas sobre Camps. Silencio. Luego llegará el que se encargue de no contestar a las preguntas sobre Cospedal. No hay comentarios. Son los mismos que luego incendian la pradera en sus mítines. Esa parece ser la consigna: hablar en los mítines, en donde se puede decir lo que se quiera sin que lo repliquen a uno, sí; responder a las preguntas de los periodistas, cuando hay que dar explicaciones concretas y justificar las palabras, no.

Y el cadáver sigue creciendo.


No sé qué pinta Bono en Guinea Ecuatorial y estoy dispuesto a creer que lo mueven objetivos solidarios en pro de la paz y la libertad del pueblo guineano así como intereses de Estado mutuamente benéficos. Seguramente. Pero la verdad es que la tiranía de Obiang no se diferencia de la de los cleptócratas árabes más que en el color de la piel del tirano y los tiranizados. Esa infeliz excolonia española solo ha conocido la dictadura en sus 42 años de independencia, primero del tío y luego del sobrino.

Pero el país es también otras cosas. Hay gente que protesta y a la que no se debe silenciar. Hay un intelectual, Juan Tomás Ávila Laurel, en huelga de hambre en pro de la democracia en su país y que ha escrito una carta abierta a José Bono y hay también un puñado de opositores en el exilio (cuatro, en realidad; pero la razón no se mide por el número) que ha suscrito un manifiesto de solidaridad con Ávila Laurel. Palinuro aplaude la acción y espera que Bono dé algún tipo de respuesta a la carta de un ciudadano en huelga de hambre contra una tiranía a la que le unen más cosas de las que lo separan. Otra vez como si esta importancia fuera numérica de más o menos cosas cuando es obvio que si lo que nos separa es el respeto a los derechos humanos, nada de nada puede unirnos.

(La primera imagen es una foto de Carlesmari, bajo licencia de Wikimedia Commons; la segunda, una de US Department of State, en el dominio público vía Wikimedia Commons).

sábado, 12 de febrero de 2011

Más sobre Egipto y más sobre Gürtel.

La momia se va

Ahora que los egipcios han echado a Mubarak como los españoles antaño a Isabel II y a su nieto Alfonso XIII, y mientras se enciende otra revuelta en algún otro país árabe, es buen momento para recapitular las reflexiones teóricas que se van confirmando en los hechos.

No es una revolución en un país, sino en un conjunto de ellos, unidos por la etnia y la religión, son islámicos y árabes. Es así, por lo grupal, parecida a la revolución que puso fin a los regímenes de los países comunistas, aquella oleada de revoluciones pacíficas, algunas de terciopelo, todas con presencia determinante de la multitud como protagonista. Somos el pueblo decían las pancartas en la República Democrática Alemana, que fue la chispa que provocó el incendio.

La cuestión es si la revolución actual desbordará el llamado "mundo árabe" al amparo de la unidad civilizatoria que es la Unma. Eso está por ver. En Turquía es improbable pues se trata de una democracia; peculiar en algunos aspectos, pero democracia. Mas ¿por qué no en el Irán? Al fin y al cabo aquí también se derribó un tirano, Mohammad Rezā Shāh Pahlavi, en 1979. ¿Por qué no otro?

Las revoluciones tunecina y egipcia las han protagonizado sendas multitudes; no partidos, sectas, asociaciones u organizaciones en general. Acción espontánea de multitudes. Estas han sido capaces de actuar coordinadamente merced al uso masivo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (las célebres TICs); cosa tanto más de esperar cuanto que los protagonistas de las rebeliones han sido los jóvenes, generalmente duchos en su manejo. Los gobiernos tratan de yugular el movimiento cerrando la red, bloqueando páginas, servidores, redes sociales. Sólo para descubrir que no pueden. Cerrar internet en un país es buscarle la ruina en cosa de días.

A su vez este uso masivo de la red para la movilización multitudinaria se ha visto acicateada por la aventura de WikiLeaks, dicho sea como respuesta a esa doctrina tan extendida entre nosotros de que WikiLeaks es un bluff o algo peor, un señuelo de la CIA. No siempre que se piensa mal se acierta.

Otra cuestión abierta: ¿pueden estas rebeliones traspasar la frontera civilizatoria? ¿Saltar del ámbito musulmán al cristiano? La principal enseñanza de las habidas es que los pueblos son capaces de tomarse la libertad por su mano. Y otra más que, si la revolución y la inestabilidad política se extienden, los suministros de petróleo se verán afectados. Aunque quizá sólo se den las revoluciones en los países pobres, los que no tienen ese recurso o lo tienen moderadamente. El asunto se comprobará viendo qué sucede en Libia, cuyo jeque, El Gadafi, lleva cuarenta años nadando en un mar de petróleo entre huríes.

Estos acontecimientos van a replantear las relaciones entre civilizaciones. No creo que haya choque ni alianza; pero sí que habrá más diálogo y en mayores condiciones de igualdad.


Gürtel: el cadáver crece.

La dimisión del alcalde de Boadilla del Monte, el segundo por ahora, a causa de la Gürtel ha encontrado ecos heroicos. Dice la señora Aguirre que en el PP el que hace algo incorrecto dimite. Sublime manera de hablar porque el alcalde dimisionario no ha hecho algo incorrecto ahora sino, supuestamente, hace meses cuando no solo no dimitió sino que lo ascendieron de concejal a alcalde.

Pero el cadáver de la obra de Ionesco Amadeo o cómo salir del paso sigue creciendo. Los trajes de Camps ya tienen precio penal 41.250 €. Más le hubiera valido pagarlos. La aventura del curita tiene elementos de farsa pero en lo esencial es una historia acerca de cómo el poder enajena. Desde el mismo principio el comportamiento de Camps ha sido lamentable. En lugar de dimitir ipso facto de iniciarse la investigación judicial, ha dado la batalla en todos los frentes: ha mentido sobre los trajes, ha tratado de conseguir el archivo de la causa por medios que han resultado torticeros, se ha encastillado en una actitud de hostilidad a los medios y ha asegurado que estaba deseoso de que el asunto se aclarase cuanto antes mientras se niega a declarar y sus abogados dificultan y retrasan el procedimiento cuanto pueden.

Este de Camps es un problema real para el PP que no puede aceptar que alguien quiera contraponer la legitimidad política a la jurídica. En el caso de Camps ni en el de Fabra. Los políticos acusados de corrupción e imputados en sede judicial no deben ir en lista electoral alguna.

El cadáver sigue creciendo.

(La primera imagen es una foto de 20 Minutos bajo licencia de Creative Commons. La segunda también de 20 Minutos, bajo licencia de Wikimedia Commons).