lunes, 31 de enero de 2011

Las mujeres y sus asesinos.

En lo que va de año han muerto seis mujeres en España asesinadas por sus parejas o exparejas. Habrá pocos problemas sociales de los que más se hable, a los que más atención se preste tanto en las instituciones como en los medios, a los que se dedique mayor cantidad de recursos, que provoquen más repulsa social y sobre los que se hagan más campañas de eso que se llama "concienciación". Y aun así, seis mujeres asesinadas en un mes son triste testimonio de que esta peste no cede.

No cede porque anida en lo más profundo de las culturas humanas, todas ellas patriarcales. No es un problema español, ni europeo, ni cristiano. La violencia de género en la China es una verdadera lacra y en los países musulmanes no solamente no es delito sino que es virtud. Esa violencia se encuentra en la base misma de la civilización y erradicarla va a costar mucho. Hasta hace poco también en Occidente se la glorificaba como prueba el vicioso concepto del "crimen pasional" que contaba con todo tipo de atenuantes y hasta gozaba de simpatía social... siempre que el crimen lo cometiera el hombre; si era la mujer la cosa tomaba otro cariz. En el hombre imperaba ese noble sentimiento que todo lo explica y justifica, el amor, que lo lleva a matar lo que ama, según reza el famoso verso de Oscar Wilde en la Balada de la cárcel de Reading.

La matanza tiene caracteres globales (¿hace falta recordar los feminicidios de Centroamérica, los asesinatos de Ciudad Juárez, los crímenes del Congo?) y por tanto resulta ridículo plantearla en términos de opciones confesionales, locales, de secta o partido. Decir, como dicen los obispos españoles, que la violencia de género es más frecuente en las parejas de hecho que en los matrimonios canónicos es ser verdaderamente sectario. La violencia es de género y se da por igual en todos los matrimonios, religiones, clases, razas o cualquier otra determinación que no sea la esencial aquí: el sexo.

El proceso de emancipación de las mujeres es, lógicamente, imparable. Es verdad que discurre con mucha lentitud porque se enfrenta a intereses adquiridos, convicciones muy profundas, complejos de todo tipo, normas morales, tradiciones, leyes, costumbres, sistemas filosóficos y hasta estructuras lingüísticas; pero discurre, avanza. Y, al avanzar, socava la posición dominante de los varones, sus privilegios, sus derechos innatos a ser los amos de aquellas a quienes dicen amar. El género en conjunto siente la amenaza y el individuo en concreto cree que se realiza en sus carnes cuando (como ha sido el caso en uno de los dos últimos asesinatos) el objeto de su amor, o sea su esclava, le dice que quiere divorciarse. Se vuelve tan loco que, en muchos casos, además de asesinar a su pareja, trata de suicidarse.

Es que eso del amor justificalotodo es un cuento. Porque los hombres no solo matan a las mujeres una a una en ejercicio de su peculiar sentido del amor, también las asesinan por decenas en ejercicio de su peculiar sentido del negocio, por ejemplo en México. No es la relación; es la conciencia que los hombres tienen de las mujeres como instrumentos para la realización de sus superiores fines. Cambiar esa conciencia va a costar más que convencer a la humanidad de que la tierra gira en torno al sol. Y, por supuesto, en primera línea de quienes se opusieron entonces a la teoría heliocéntrica están los mismos que ahora van en contra de ese cambio de conciencia: los curas.

Así que, resumiendo, menos bromas con el feminismo que es una concepción justificadísima que todos debiéramos compartir. Cada vez que escucho expresiones como femininazismo u oigo advertencias sobre las denuncias falsas como venganza femenina o quejas por los privilegios de las mujeres a través de las cuotas o escandalizadas críticas de ruptura del principio de igualdad ante la ley a propósito de la discriminación positiva, pienso que el machismo no es un punto en el espacio sino una actitud continua con gradaciones que empieza cuestionando la legitimidad del feminismo y termina asesinando a las mujeres.

(La imagen es una foto de United Nations, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 30 de enero de 2011

La guerra civil y el cine.

A propósito de los países árabes:

La historia, esa que se había acabado, acelera. Sobre la revolución de la multitud (árabe/islámica) Alá juega al dominó. Sobre la revolución de la multitud (europea/cristiana): protestas estudiantiles en Gran Bretaña. Otra hipótesis: las multitudes son de jóvenes, a los que no es posible domesticar; y sus movimientos corren como regueros de pólvora.


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En TeleK que es una TDT que emite para Vallekas hay un programa-tertulia política llamada La tuerka, muy de izquierda y en la que participo con cierta frecuencia. Es un lugar austero, porque la izquierda tiende al rigorismo pietista (sobre todo si su presupuesto está equilibrado en torno al cero), si bien no falto de gusto lógicamente minimalista. Aunque va echando pechuga. En la primera sesión a la que fui no había ni mesa; luego apareció una mesa que es como una especie de cartapacio colectivo y en la última han crecido unas tazas chulísimas con el logo del programa.

Además de lo agradable del ambiente y el buen hacer de los técnicos que rozan la maravilla al estilo Lars von Trier, lo que allí se habla suele tener interés y se adorna con unos vídeos perversamente divertidos. En el último se trató de la peli de Alex de la Iglesia, Balada triste de trompeta, que interesaba mucho al presentador y autor del programa, Pablo Iglesias, un joven y competente profesor de la Complutense perfectamente adaptado a los tiempos mediáticos que corren. Tanto le interesaba que había publicado un artículo en kaosenlared.net: Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia. España, el Franquismo y las tetas de Carolina Bang, que casi parece el título de un tema de Ray Charles. Una perspicaz crítica de la peli que tiene más de crítica a las críticas.

Para mí, Balada es una buena película, muy movida, tremendamente ágil, variadísima a la que sólo sobra la casquería. Sé que hay muchos a quienes gusta. A mí, no. El resto está muy bien. Es una película hecha de películas, un copón de intertextualidad cinematográfica. Todas las secuencias recuerdan otras con mayor o menor intensidad. La balacera del comienzo en la iglesia suena a Grupo salvaje y las escenas en la cruz del Valle de los Caídos casi una remake de las finales de Con la muerte en los talones y, entre medias, hay de todo: mucho Fellini, Berlanga, Saura, todo el cine de Landa, Woody Allen y hasta algo de Anthony Hopkins y Batman; incluso, al entrar en el cine Luchana, se atisba tras el payaso triste el fabuloso cartel de publicidad de Hondo, una peli de John Farrow, de 1953, interpretada por el Duque, John Wayne. Quien quiera ver este icono de mi adolescencia, que pinche aquí. Por cierto, puestos a buscar anacronismos, como parece que le reprochan a De la Iglesia...

No creo que Balada sea una película sobre la guerra civil sino que es una película-río que empieza en 1937 y termina, más o menos, en 1973. El recurso a la cascada de imágenes documentales es un modo como otro cualquiera de resolver el problema del paso del tiempo en un relato de treinta y seis años. Tiene la ventaja de que resalta los elementos que considera significativos y determinantes: el No-Do, Franco, los planes de desarrollo, el biscúter, el seiscientos, Massiel, el Lute, la guardia civil, Lola Flores, ETA, Burgos, Marisol, en fin, el país en sus rancias esencias en un relato burlesco. Es decir, es una peli que usa la guerra civil, la postguerra y el franquismo como el contexto, el telón de fondo, de su relato y, aunque los acontecimientos sean las causa de las peripecia de ese relato, la peli no es una peli sobre la guerra civil o el franquismo. Otra cosa es el mayor o menor interés del relato en sí, una rivalidad entre dos payasos de un circo por los amores de una trapecista.

Entiendo la preocupación por ver cómo contribuye el cine a la formación de una memoria colectiva de la guerra civil y el franquismo que durante cuarenta años estuvo dominada por pautas simbólicas ultrarreaccionarias. Sólo se me ocurren dos salvedades. Primera: no creo sea posible construir memoria colectiva alguna a base de superponer un relato a otro relato, ignorando aquel monopolio interpretativo que ha dejado huella. Segunda: esa memoria colectiva no puede alimentarse con un solo tipo de películas que refleje un juicio valorativo y, por tanto ideológico que se da por bueno. Llama la atención la hostilidad que refleja la izquierda al hecho de que Alex de la Iglesia presente una visión "de las dos Españas", como si fuera algo fatídico, el destino de la raza y hasta sea sospechoso de equidistancia, una posición que no suele despertar entusiasmo entre los convencidos de cualquier credo. Sin embargo, es obvio que hay dos Españas, que sigue habiéndolas y que el sistema democrático simplemente palía algo la dureza del enfrentamiento. En España sigue habiendo las dos naciones que veía Disraeli en Inglaterra sólo que no están separadas por razones económico-sociales sino sobre todo ideológicas y religiosas.Y si alguno no quiere tomar partido por ninguna de las dos, al estilo de Salvador de Madariaga, no por ello es un maldito ni su cine malo.

Además de industria (cosa que es siempre) el cine es arte (cosa que no es siempre) y, cuando es arte, es libre y no sigue consignas políticas. Por cierto, si alguien quiere ver los vídeos de la tertulia sobre la guerra civil y el cine los tiene en el banner de la Tuerca, en la columna de la derecha.

sábado, 29 de enero de 2011

Alá juega al dominó.

Está claro que los acontecimientos de los países árabes tienen una importancia extraordinaria, de alcance mundial. Una importancia similar a la que tuvo en su día la caída del comunismo. Por supuesto sin querer establecer más paralelismo que el hecho de que se trata de un fenómeno político revolucionario que afecta a una serie de países que tienen una especial ligazón entre sí, el comunismo en el segundo caso y el islamismo en el primero. La similitud es obvia: la caída de varios países en un efecto dominó. Para no repetirme remito al lector a una entrada anterior, La i-revolución islámica prende en la que se reflexiona sobre la posibilidad de que algo así pudiera pasar.

Desde luego se confirma la hipótesis de que se trata de movimientos espontáneos, sin previa organización ni planificación, movilizaciones de la sociedad civil, especialmente de los jóvenes que en un porcentaje altísimo están en el paro. También convalidada ha quedado la suposición de que, en la medida en que quepa hablar de algún tipo de organización o comunicación, se trata de la red, de internet, cuya presencia en las revueltas ha sido determinante. La mejor prueba reside en las reacciones de los gobernantes. En Túnez se bloqueó Facebook; en Libia, Youtube; en Egipto fue primero Facebook, luego Tuenti y, finalmente, el Gobierno ha cerrado la red en pleno, en un acto insólito de cuyas consecuencias, evidentemente, no tiene ni idea y que, además, no parece vaya a refrenar la movilización de la gente. Porque si se cierra la red es como si se cerrara una parcela importante de la actividad económica y social y se desconectara a Egipto del mundo. Y eso, ¿es posible? ¿Por cuánto tiempo?

Y no es esta la única reacción de unos gobiernos acorralados. Tienen otras: anuncian reformas; lo hizo Ben Ali en Túnez y lo ha hecho Mubarak en Egipto en actos tan falsos como el famoso dicho de Fernando VII, "marchemos francamente y yo el primero por la senda constitucional" y, es de esperar, con menor eficacia. Mubarak ha sacrificado al Gobierno en pleno, incluido el ministro del Interior que por la mañana anunciaba que no permitiría más manifestaciones y al que las manifestaciones han dejado a su vez sin mañana como ministro. Un sacrificio para salvar la propia cabeza (que es la que piden los manifestantes) ofrendado al nuevo dios de la multitud.

Ese es el concepto que la teoría política moderna emplea, retrotrayéndose a Hobbes y Spinoza, un concepto anterior al marxista de clase pero que ha resultado mucho más certero en estos casos, como en los del hundimiento del comunismo. Nosotros somos el pueblo decían los ciudadanos de la República Democrática Alemana cuando cayó el muro de Berlín. En realidad, piensa la nueva teoría política, querían decir la multitud. Queda la sospecha de si, al tratarse de países árabes islámicos, el factor religioso tiene especial relevancia. No fue el caso en Túnez y tampoco lo parece en Egipto, aunque aquí están siendo muy activos los "hermanos musulmanes". Sin duda su impronta se está haciendo sentir en la mayor violencia callejera, pero no da la impresión de que este grupo ni ningún otro integrista esté dirigiendo o determinando el movimiento. Éste tiene reivindicaciones económicas y sociales, es decir, laicas. Si triunfa, puede ser el comienzo de la modernidad en el mundo árabe.

Añádase a todo ello la presión internacional. Las cancillerías occidentales no han estado muy rápidas en la comprensión del fenómeno, han tardado en reaccionar y se han limitado a decir obviedades del tipo de que se debe evitar la violencia y hacer reformas. Hay mucho apoyo a los regímenes corruptos y autoritarios que revisar, hay mucho que cambiar. Porque, a su vez, la cuestión geopolítica que se plantea es grave: ¿qué sucede si la oleada de protestas, la revuelta, prende en el bastión del islamismo, estrecho colaborador de Occidente, Arabia Saudí? Todo el equilibrio del petróleo puede verse afectado. Y eso no va a ayudar a resolver la crisis global.

A partir de aquí los escenarios son muy variados. Por ejemplo: el efecto dominó no se detiene en los países árabes, ni siquiera en los islámicos, sino que pasa a los cristianos. Ganas no faltan en Grecia, en Italia, España, Portugal, Francia o Irlanda. Islandia es ya hace meses un ejemplo de revolución de multitud, pero está muy lejos y los islandeses son muy pocos. En el continente puede ser otra cosa.

viernes, 28 de enero de 2011

Bolas, bulos y trolas.

Soy firme creyente en la teoría de la acción comunicativa de Habermas y sostengo que la democracia es un régimen en el cual las decisiones colectivas se adoptan tras deliberación y debates donde se supone que los participantes dicen la verdad. También creo a pies juntilla en la doctrina liberal de que la verdad prevalecerá sobre el error siempre que se puedan constrastar libremente, como dice Milton en la Areopagítica. Soy fiel creyente en las dos visiones en el terreno de lo que debe ser. En el de lo que es resulta absurdo ignorar que el debate político, la deliberación hasta en sede parlamentaria, está plagada de mentiras y que la mentira prevalece sobre la verdad incluso en sociedades libres y abiertas. Habrá quien diga que si están basadas en la mentira no pueden ser libres, pero ese es otro debate. En el de la realidad algunos sostienen que la mentira no es solo común en la democracia sino que es imprescindible porque si estuviéramos condenados a decir la verdad volveríamos al estado de naturaleza de la guerra de todos contra todos. Pero éste es también otro debate y algo más cínico.

Siendo la mentira omnipresente en la acción política la hay de muy diversas categorías. Cabe distinguir, entre otras, las tres del título de esta entrada: bolas, bulos y trolas.

La señora De Cospedal es consumada maestra en bolas, mentiras redondas que ruedan y ruedan según el principio de la inercia. Ahora dice la citada señora que el PSOE "ha puesto detectives privados" a miembros del PP. ¿Pruebas de tan sorprendente como perversa práctica? De momento ninguna. Y no es de esperar que se esgrima alguna a juzgar por las que se esgrimieron en las dos bolas acusatorias anteriores de De Cospedal: que el Gobierno escuchaba ilegalmente las conversaciones telefónicas del PP y que ese mismo gobierno pretendía establecer en España un "Estado policial". Pruebas, cero. Las mismas que habrá ahora con la tercera bola o mentira redonda. Lo único que parece aquí hasta ahora probado es que esta señora tiene una manía persecutoria que debiera consultar con un especialista.

A su vez el Gobierno es también experto en la fabricación de bulos. El bulo es una mentira amorfa que se extiende por todas las instancias sociales y es objeto de conversaciones y comidillas generalizadas sin que nadie conozca de cierto su fuente, ni su grado de verosimilitud, ni siquiera su contenido exacto. El bulo calienta imaginaciones y pone al personal a perder el tiempo haciendo cábalas. El último es el ya decidido desistimiento de Zapatero como candidato a la presidencia del Gobierno y su sustituciòn por Pérez Rubalcaba, ministro del Interior de acero y hombre que goza de un insólito prestigio en amplios sectores de la sociedad. La mentira se usa en política como en la guerra, para desconcertar al enemigo y la posible candidatura de Rubalcaba no es halagüeña para el PP pues tendrá que diversificar sus ataques. A Zapatero lo tenía muy castigado, pero enfrentarse a un Rubalcaba crecido sólo porque puede ser el candidato según reza el bulo que nadie confirma pero nadie desmiente puede ser catastrófico.

La derecha mediática prefiere la trola que es una mentira artificiosa, alambicada, llena de claves que descubren verdades ocultas por oscuros e infernales intereses. La trola más disparatada y la que más réditos ha dado a la hora de poner en cuestión los fundamentos mismos del Estado de derecho es la de la conexión etarra en el atentado de Atocha. Este terco dislate rebosante de pruebas, contrapruebas y recontrapruebas, tiene de tal modo cegados a sus promotores que no les deja ver que la gente se lo toma a pitorreo. Y es de extrañar en personas tan perspicaces. Está claro que el odio y la soberbia ciegan más a los hombres que el amor hasta el punto de hacerles creer que, porque tengan un periódico o una radio, pueden convertir su delirio en realidad. En cuanto al señor Arenas, que se parece al fantasma de la Ópera, su desmedido afán por ganar alguna vez las elecciones en Andalucía puede obnubilarlo de tal modo que acabe confundiendo a Griñán con Josu Ternera.

Que en los debates entre políticos abunde la fabulación probablemente sea inevitable; que eso también se dé en los medios es más preocupante.

(La imagen es una foto de gaelx, bajo licencia de Creative Commons).


jueves, 27 de enero de 2011

Inés Sabanés y la situación de la izquierda.

No están las cosas en IU para permitirse el abandono de personas de valía como Inés Sabanés. Es cierto que sigue siendo militante de la organización y conserva su escaño en la asamblea de Madrid. Pero seguramente se trata de un compás de espera en tanto decide cuál será su próximo destino. Ofertas no le faltarán. Parece que ya se ha adelantado López de Uralde, de Equo, ofreciéndole encabezar su lista por Madrid. Y en el PSOE se la rifarían. Ella dice estar sopesando otras posibilidades, como participar en un debate sobre la izquierda.

En fin, Palinuro desea que Sabanés atine en su elección no sólo por su interés sino por el general pues la tiene en muy alto concepto como persona y como política.

Allende las cuestiones personales, la triple dimisión de Sabanés se lee como un mojón más en el penoso proceso de apocamiento y disgregación de IU y, en general de toda la izquierda a la izquierda del PSOE. Quizá se refiera a esto Sabanés cuando dice que quiere participar en un debate en la izquierda más de ciudadanos que de partidos. Si es así resulta algo optimista. No es posible participar en un debate que no existe. Existe la idea de que el debate debe existir; pero el debate como tal no existe. A no ser que se considere debate sobre la izquierda aquella reunión de IU de hace unos meses, celebrada con grandes alharacas que se autotituló la refundación y no sirvió para nada pues la práctica viciada de IU siguió como antes de refundarse y el acto en sí no atrajo ni una sola adhesión de fuera de la organización pero sí hubo de encajar alguna separación más.

Que la práctica de IU está viciada es cosa que reconocen sus mismos militantes que se quejan de los personalismos y los clientelismos que dan lugar a una política de capillas, escisiones y abandonos personales. Aún no hace tanto que se marchó Reyes Montiel, al parecer a Equo. Estas peleas intestinas, normalmente por cargos, puestos en las listas, etc., se agudizan en partidos pequeños con escasa representación parlamentaria, como es el caso.

La práctica viciada viene acompañada de una actitud teórica que imposibilita todo debate. La izquierda fuera de IU razona de forma extremista y dogmática: el capitalismo es radicalmente malo, todo lo que sea reformarlo es, en el fondo, sostenerlo y lo que procede es acabar con él por medio de una revolución. La pregunta de cómo hacer una revolución con partidos insignificantes y enfrentados entre sí, en una sociedad desmovilizada y en la que el nivel de vida, aun con la crisis, es muy superior al del Tercer Mundo y al propio hace cincuenta años, queda sin responder.

Para evitar reconocer esa situación de marasmo teórico IU procede por la vía de hecho de la refundación, por aquello de que todo lo real es racional y todo lo racional es real. Y así escamotea la cuestión de qué propone IU en términos de modelo de sociedad, capitalista o socialista, y de proceso de transición, reforma o revolución (o ese ingenioso tercero en discordia que se llama "reformismo radical"); y si es socialista, qué exactamente quiera decir eso, si socialización de los medios de producción, abolición del mercado; y si la transición es revolucionaria, qué formas tomará la revolución. IU se llama a sí misma izquierda transformadora, pero no aclara qué quiera transformar y cómo. Por eso se limita a hacer propuestas concretas, de políticas públicas, presumiendo siempre que las suyas son las verdaderamente de izquierda pero sin poder aplicarlas nunca.

El debate sobre la izquierda y desde la izquierda tiene que darse a partir de dos premisas, las dos tan amargas de tragar que se entiende por qué no hay debate. Premisa primera: el modelo socialista alternativo al capitalismo basado en la socialización de los medios de producción ha fracasado en todo el mundo, incluida Cuba. De ahí tienen que revisarse planteamientos. El Partido Comunista, semioculto en IU a la que inspira y ahoga al mismo tiempo, tiene que explicar qué signifique el comunismo hoy día.

La segunda premisa es que identificar el PSOE, el socialismo, la socialdemocracia, con la derecha no lleva a ningún sitio. La base supuestamente "sana" del partido no lo abandona para seguir la bandera de la "auténtica" izquierda. En realidad es un problema muy viejo. Ya se dio en los años veinte y treinta del siglo XX, en la política de la izquierda en la que los comunistas llamaban a los socialistas "socialfascistas" y se apresuraban a aclarar que eso sólo se refería a los dirigentes, que la militancia llana era fetén. La historia acabó en los frentes populares. Hoy la situación es distinta pero la visión que tienen los comunistas y asimilados del socialismo sigue siendo disparatada. Aunque es comprensible pues, de admitirse que el socialismo es la izquierda, se abre el peliagudo problema de cómo diferenciarla de la transformadora.

(La imagen es una foto de RinzeWind, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 26 de enero de 2011

La i-revolución islámica prende.

Quizá no sea islámica sino arábiga. Pero está siendo.



En los días pasados, juzgando que los sucesos de Túnez eran muy importantes porque podían encender la chispa que abrasara la pradera islámica hasta la Arabia Felix, Palinuro colgó tres entradas cada una de ellas con una propuesta teórica. La primera, Túnez, internet, la multitud sostenía que la revuelta, siendo masiva, permanente, general, no estaba organizada por ningún partido, asociación, confesión o grupo que fuera, sino que era espontánea, un movimiento que tuvo un desencadenante (un estudiante autoinmolado como protesta) y unos cauces de comunicación que han sido esenciales en la movilización. A su vez, ese movimiento tiene un carácter político, no confesional, democrático, ciudadano y campesino, republicano; las multitudes de que hablan los teóricos neorrevolucionarios como Negri. En definitiva, la versión árabe de la "revolución burguesa" estilo occidental.

La segunda, ¿Revolución en el Islam? señalaba que el "peligro" del estallido tunecino residía en la comunidad cultural y lingüística del mundo musulmán, que forma una unidad civilizatoria en la Umma y, desde luego, en la parte árabe de ese mundo no hay barreras lingüísticas. Ben Ali, dégage se leía en las pancartas tunecinas y Mubarak, dégage en las egipcias. Se entienden en su lengua y en las de los imperios. Los jordanos, los yemeníes, los mauritanos se sienten tunecinos y lo son en cuanto a la lengua, la cultura, la religión y las desastrosas condiciones sociopolíticas.

La tercera, iTúnez (relacionada con la primera) señalaba la importancia decisiva de la red en los acontecimientos de Túnez y en los que vengan después. Facebook en concreto, Twitter, con Google por medio y la conversión de los móviles en terminales de la red a través de Youtube fueron decisivos en Túnez, la armazón invisible de aquel movimiento espontáneo. Y lo mismo está sucediendo en Egipto en donde el llamamiento al Día de la ira tenía 87.000 seguidores.


Me parece que los sucesos de Egipto validan y multiplican por ocho las propuestas de Túnez. Egipto tiene ochenta millones de habitantes (cuarenta de ellos por debajo de la línea de pobreza de dos dólares al día) contra los algo más de diez de Túnez; su situación es muy amarga y con un Mubarak que lleva treinta años mangoneando no hay perspectivas de mejora. Así que los egipcios, como ayer los tunecinos, parecen haber encontrado una nueva energía ciudadana.

Obsérvese que el lema de la convocatoria del Día de la ira es una jornada de lucha contra la tortura, la pobreza, la corrupción y el paro. Ese es un lema que vale para todo el mundo árabe, para Argelia, Libia y hasta Arabia Saudita, un lema que escuchan todos los árabes y ven por la televisión en su lengua y que tiene un valor de movilización grande. Porque, mal que pese a los críticos del eurocentrismo, los valores que reclama son propios de la tradición occidental, aunque el prestigio político en la región de los países que dicen encarnarlos no sea muy alto.

Porque Occidente tiene en la zona un problema geopolítico tremendo. Las potencias que han sostenido estos regímenes cleptocráticos tendrán que cambiar su discurso. Los analistas políticos, también. En un momento en que la materia prima con la que trabajan, la información, se divulga en el acto y generalmente por los mismos que la protagonizan ya no basta con darla; hay que interpretarla razonadamente. Y, a ser posible, sin insultar

martes, 25 de enero de 2011

Gürtel y las cortinas de humo.

Ya han aparecido las consabidas cortinas de humo, recurso sempiterno de la derecha para no dar explicaciones (ni adoptar decisiones) sobre los numerosos procesos judiciales por presunta corrupción, en los que están implicados decenas de cargos públicos del PP, desde los más elevados (un tesorero o un presidente de Comunidad Autónoma) hasta los más modestos (concejales y alcaldes en numerosos municipios), pasando por los medios (un presidente de Diputación y varios consejeros o diputados autonómicos), prácticamente una especie de metástasis. Por lo que se va sabiendo, alguno de estos supuestos casos de corrupción, el de Gürtel, es tan intrincado que parece novelesco.

La última noticia es que, según un informe policial incorporado al sumario, la Gürtel pagaba las vacaciones del alcalde de Pozuelo, quien viajaba al extranjero acompañado de su familia y hasta de la empleada del hogar , prueba clara de la preocupación de la derecha por el bienestar de los trabajadores. La señora Ana Mato, esposa del alcalde citado, desmiente el asunto tajantemente en la web del PP, en lo que hace al pago del viaje de su persona; nada dice de sus familiares ni de la empleada del hogar. Pues bien, esta noticia, considerada "filtración" por el PP (aunque, si no recuerdo mal, el sumario ya no está bajo secreto, es público), es calificada por el señor González Pons como una cortina de humo para tapar el éxito de la convención de Sevilla. Que la convención de Sevilla haya sido un éxito está por ver. Lo que no está por ver sino ya visto es que el PP está inmerso en una maraña de acusaciones en relación con una trama cuyas presuntas actividades delictivas no se limitaban al ámbito administrativo-político de las contratas, los cohechos, la financiación ilegal, los fraudes a la administración, etc, sino que pueden alcanzar proporciones impredecibles si en verdad se substancian las presunciones de blanqueo de capitales o tráfico de mercancías digamos problemáticas, como las esmeraldas.

En estas circunstancias, ocuparse de cualquier cosa que no sea dilucidar los casos de corrupción que atosigan al PP es, en realidad, esa sí, una cortina de humo. Porque este magma de corrupción no se reduce al asunto estelar de la Gürtel sino que presenta otros casos también en vía judicial, paralelos o indirectamente vinculados a aquella, como son los del expresidente Matas, del presidente de la diputación de Castellón, Fabra o el insólito y jamás aclarado caso Fundescam. Es decir, es el PP en su conjunto, como partido de gobierno, el que aparece sistemáticamente ligado a los casos de supuesta corrupción.

El hecho de que, a pesar de lo anterior, la intención de voto del PP esté doce o catorce puntos por encima de la del PSOE suscita perplejidad. Hay quien sostiene que al electorado del PP no le importa la corrupción siempre que se dé en su partido; en los demás no la tolera. Pero eso no es una explicación sino una descripción. Quizá lo sea más la idea de que para la derecha la política es hacer negocios y los negocios son los negocios. Por ello es tan partidaria de privatizar y, sobre todo, desregular, eliminar filtros, normas, controles, "pesada burocracia". Lo que ya no entiendo tanto es la insistencia en recortar el gasto público cuando es la fuente nutricia de un surtido juego de negocios estilo Gürtel que afecta a un buen puñado de políticos del PP.

Lo decisivo es la intención de voto y, con esa intención de voto, resulta sensato lanzar cortina de humo tras cortina de humo para que no se hable de la Gürtel. La resurrección del caso del bar faisán va a dar mucho juego. Y, a falta de faisanes el asunto consiste en tildar a su vez de cortina de humo todo lo que sea señalar los vínculos entre el PP y la corrupción. Pero la Gürtel ahí sigue, como una némesis silenciosa. Y tanto si hay vista oral antes de las elecciones de 2012 como si no, continuará sobresaltando la vida política.

(La primera imagen es una foto de 20 Minutos, la segunda de Unión Centro Benalmádena, ambas bajo licencia de Creative Commons

lunes, 24 de enero de 2011

Sed de urnas de los nacionales,

Un fin de semana apoteósico. Esa oportuna convención nacional del PP ha sido un buen golpe de efecto con el que se ha colado en casi todos los hogares españoles a la hora del telediario en un clima de euforia y segura victoria destinado a reafirmar el ánimo de los fieles y ganarse a los indecisos y titubeantes. Hay que apostar por el caballo ganador. Nada en esta escenificación de la alternativa se hizo al azar: el término "nacional" trae ya declaración de principios sin complejos, lo que permite llamarlos "los nacionales" y el emplazamiento en Sevilla quiere preanunciar la segura victoria en Andalucía, un hecho que, de producirse, será calificado de "histórico"

Ha sido un acontecimiento de impacto mediático muy bien preparado por el gabinete de comunicación. Pero la convención tenía que convenir exactamente ¿qué? Porque es en el terreno de las propuestas en donde la sonada reunión ha resultado no enteca sino literalmente vacía. Si las encuestas dan ganadora a la derecha y la derecha se ve ganadora ¿para qué va a complicar las cosas con propuestas concretas que quizá hagan vacilar el ánimo popular? Así que los españoles deben confiar en el proyecto secreto del PP, liderado por ese hombre que, según Camps, "pasará a la historia" y que ayer concluyó la tamborada con un España tiene sed de urnas. Sed de urnas, qué expresión. Tiene un toque evangélico ya que es una de las bienaventuranzas: los que tienen hambre y sed de justicia. Pues nada, igual que los bienaventurados, los de las urnas también serán saciados.

Lo han llamado convención porque no era cosa de llamarlo congreso y, de todas formas, había que celebrar un evento, algo que tuviera presencia mediática. La convención ha sido una especie de gran consagración de Rajoy; todos unidos detrás de las legiones del césar invicto, como en los desfiles triunfales en la antigua Roma. Hemos vencido al enemigo. Hemos ganado las elecciones. Sólo un prodigio en el arte de la manipulación política podría transformar a un comprobado perdedor en un vencedor futuro. Pero falta un pequeño detalle que puede dar al traste con los esfuerzos del mayor mago de la comunicación: queda más de un año para las elecciones y ¿no suena todo esto a un vender la piel del oso antes de haberlo cazado?

Admitido, las encuestas marcan la tendencia. Pero las tendencias cambian en la era digital en cuestión de días, de horas. Hacer una convención nacional para pedir elecciones anticipadas no está mal pero es escasamente novedoso dado que eso es lo que vienen pidiendo el PP y Mariano Rajoy desde que perdieron las elecciones en 2008. ¿Qué añade a esta salmodia de elecciones anticipadas la convención? Mayor audiencia. Pero conseguir mayor audiencia para repetir lo mismo puede ser contraproducente.

Además, cuando rompen a hablar se delatan como "nacionales" en el sentido propio del término en España. Ahí es donde se enmarcan las advertencias catastrofistas de "España se rompe, España fracasa", el Estado autonómico es inviable; el del bienestar, también. Los socialistas practican la "cultura de la muerte", según Mayor Oreja que siempre habla por boca de la nueva Roma porque los nacionales son, no se olvide, "nacionalcatólicos" . Estos propósitos dan miedo en un electorado que es mayoritariamente de centro, centro izquierda con ribetes nacionalistas algunos de los cuales, a su vez, también se consideran "nacionales" de sus respectivas naciones. España, nación de naciones mal avenidas.

El mucho ruido mediático es beneficioso o perjudicial según para qué se haga. Si es para aturdir y que no se cuestione el seguro triunfo será beneficioso; pero si es para clarificar y que se pregunte en qué consiste el proyecto para el que se pide el voto, será perjuidicial.

Por lo demás, al PP le espera una larga campaña negativa con la Gürtel que es como un torbellino maelstrom en su ruta hacia La Moncloa.

domingo, 23 de enero de 2011

Cuando el lobo se disfraza de lobo.

Sí que meten ruido las encuestas, sí. Tanto que, para hacerse oír, los asistentes a la convención nacional del PP en Sevilla hablan a gritos. No los de rigor que proferían sus ilustres antepasados y mentores ideológicos, pero sí los de victoria. La derecha se ve en el poder en la cresta de una oleada de votos populares con mayoría absoluta, su acariciado objetivo. Y eso se nota en lo que hace y en lo que dice y en cómo lo hace y cómo lo dice. Todo, voto a tal, sin complejos. El franquismo no fue malo; y si lo fue, está muerto y enterrado.

La convención es una exhibición de unidad, lo más importante en la práctica política: una nación, un pueblo, un líder. Las querellas y rencillas internas, las escisiones, los enfrentamientos son cosa de la izquierda, perennemente mal avenida. En Sevilla están todos, hasta los que no pueden verse, fundidos en un abrazo optimista. El poder se halla al alcance de la mano con tal de que sea una sola mano. Todos quiere decir todos. Únicamente falta Cascos, a quien tratan como al hijo pródigo. Todos quiere decir hasta políticos incursos en causas penales que en cualquier otro lugar del mundo hubieran supuesto su rauda dimisión.

En realidad lo que está dimitido es el código ético del partido que no se ha aplicado jamás. Según pinta el futuro a corto y medio plazo, ante el triunfo garantizado, no están las cosas para buscarse problemas con escrúpulos morales cuando en realidad el vencedor puede decir lo que quiera. Así la convención ha adjudicado la ponencia sobre transparencia a Esperanza Aguirre, cuyo gobierno niega sistemáticamente información a la oposición en sede parlamentaria. La de salud pública encomendada a Francisco Camps, adalid de la privada, riza el rizo del esperpento.

Con todo, esto es práctica habitual en el PP. En un congreso allá por 2002, el partido encargó la ponencia sobre el patriotismo constitucional a María San Gil y Josep Piqué. Para que estas dos personas pudieran ponerse de acuerdo era necesario que el patriotismo constitucional no significara nada. El mensaje era y sigue siendo claro: no importa lo que se diga; el caso es salir en los medios diciendo algo, lo que sea, sobre asuntos importantes, para que parezca que el partido tiene alguna preocupación distinta de ocupar el poder y barrer para casa. Por eso, igual que se encargó una ponencia de principios a Josep Piqué, que carece de ellos, y a María San Gil, que solo tiene uno, se encarga ahora la de transparencia a Esperanza Aguirre, presunta responsable política de casos de espionaje y la de salud pública a Francisco Camps a quien sólo preocupa la privada.

Sin embargo, en medio de la euforia convencional, perdida la prudencia que ordena ocultar sus verdaderas intenciones para no asustar a la gente, la derecha anuncia sus propósitos con la suficiente claridad: se meterá en cintura el Estado autonómico y se restringirán o abolirán determinados derechos de los homosexuales, de quienes quieran abortar, etc. En cuanto al Estado del bienestar le queda un telediario pues ya ha anunciado el cerebro del partido y presidente de honor que es insostenible. El lobo se disfraza de lobo.

¿Cabe revertir esta tendencia? Depende de lo que haga la izquierda. Si se impone la parte de ésta que sostiene que no hay diferencia entre el PP y el PSOE gobernante y que lo mejor es la abstención en lugar del abominable "voto estratégico" o "voto útil", la derecha ganará por mayoría absoluta. Si, por el contrario, se impone la otra parte que sostiene que, pese a todo, siempre habrá diferencias importantes entre el PSOE y el PP y que es preferible el primero, no habrá mayoría absoluta para la derecha y hasta puede perder las elecciones si de aquí a marzo de 2012 hay alguna mejora económica.

(La imagen es una foto de oseillo, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 22 de enero de 2011

Las preguntas de la canallesca.

Ahorremos todo comentario sobre la importancia de la prensa en una sociedad democrática. Es evidente. Vayamos a otros aspectos menos comentados pero no menos importantes. El señor Camps es presidente de la Generalitat valenciana no porque el cargo le pertenezca como le pertenecen sus trajes, al menos los que se paga él, sino por el voto mayoritario de los ciudadanos de su Comunidad. Lo ideal es que el voto sea informado. Los electores (y no electores) tienen derecho a saber qué hace y cómo lo justifica el que los gobierna y aspira a gobernarlos de nuevo. Pero ¿cómo lo van a saber si Camps se niega sistemáticamente a contestar las preguntas de la prensa? Con ello no sólo impide que los medios cumplan con su función de control del poder sino que conculca el derecho de los ciudadanos a la información veraz. Veraz no por lo que él diga, sino porque pueda contrastarse con lo que digan otros, por ejemplo jueces y fiscales.

El PP está rompiendo todas las normas de transparencia que, sin embargo, exige a los demás a veces de malos modos. Sus políticos como Aguirre o Camps, bloquean iniciativas de la oposición en demanda de explicaciones, aclaraciones, en definitiva, rendición de cuentas, ocultan información y se niegan a comparecer apoyados en sus mayorías parlamentarias. Todo lo cual no impide que Aguirre, reina de la manipulación, el engaño y jefa de una máquina de propaganda que se llama Telemadrid, presente una ponencia en la actual convención de su partido sobre...¡la transparencia!

En la calle se mofan directamente de los medios con una actitud de prepotencia tan supina que debiera ser objeto de crítica en sus propias filas. El señor Camps no contesta a las preguntas que le hacen y tampoco explica por qué no contesta. Y cuando lo hace dice algo pasmoso: que sólo responde a cosas serias. Puede decirse que la pregunta del reportero ante el puesto de la FITUR lleva mucho retintín y que, además no es una pregunta sino un sopapo: ¿A qué el estand es tan bonito sin necesidad de pagar lo que le pagaban cuando se lo montaba el señor Bigotes?. Pero le respuesta de Camps de que sólo responde a cosas serias quiere decir que se arroga el derecho a decidir qué sea serio y qué no y no lo que crean los medios a pesar de que estos son la vía de formación de la opinión pública. Es decir, los medios están para transmitir lo que él quiera decir; no lo que interese al público.

Algo parecido es lo que hace Carlos Fabra quien, preguntado en el mismo lugar qué diferencia hay entre ser inocente y que el delito haya prescrito, responde al reportero: Usted trabaja para el PSOE, lo que no es cierto y, aunque lo fuera, ¿no trabaja él para el PP? ¿Por qué está bien trabajar para el PP y mal para el PSOE? Este modo de razonar prueba que este individuo, presunto delincuente prescrito, no tiene ni idea de cómo funciona una democracia sino que le gustaría suprimirla. Como a sus compañeros de partido, Aguirre, Camps, etc., que la aceptan porque no tienen otro remedio pero, cuando pueden, se comportan como lo que son, partidarios de la dictadura.

La democracia no es únicamente un conjunto de reglas. Es preciso que la gente las interiorice. Una democracia necesita demócratas. Gente que facilite información, no que la niegue; gente que responda de lo que hace y lo explique, no que lo oculte; gente que respete al adversario, no que quiera suprimirlo; gente que coopere con los medios, no que los boicotee o manipule. Claro que todo esto es muy difícil para la derecha que sólo admite prensa de inquebrantable lealtad y sumisión siendo la otra la "canallesca".

(La imagen es una foto de Ferbr1 bajo licencia de GFDL).

viernes, 21 de enero de 2011

Las lenguas en el Senado.

Menudo zafarrancho se ha armado con la admisión del plurilingüismo en el Senado. Un verdadero guirigay como era de esperar tratándose de lenguas. No resisto la tentación de añadir ruido y asumo de antemano el reproche que cabe hacer siempre a los amargados esos que se van de vacaciones a un lugar atestado de turistas como ellos y vuelven maldiciendo de los (otros) turistas.

En realidad a primera vista hay poco que discutir y menos que rezongar. La legalidad de la medida es tanto más obvia cuanto que la situación anterior, la monolingüe, era ilegal si no en la letra de la ley, sí en el espíritu. ¿O no dice la Constitución que el Senado es la cámara de representación territorial? (art. 69, 1). En algunos territorios se hablan lenguas propias que son oficiales en ellos, junto al castellano o español. Son oficiales ¿y no pueden hablarse en un órgano oficial? No sólo pueden sino que deben. O la representación será muda, o sea, no representación.

Ya sé que, cuando se habla en serio, todo depende de lo que se entienda por "representación"; pero se entienda lo que se entienda, el derecho a expresarse en la lengua propia del territorio representado se me antoja indudable. Como si sus señorías quieren presentarse con una barretina o un kaiku.

Y de milagro será si la reivindicación no pasa al Congreso. Es verdad que esta cámara es la de representación personal (aunque la Constitución no lo dice expresamente), argumento muy querido por los nacionalistas españoles contra los nacionalistas llamados "periféricos": los territorios no son sujetos de derechos; sólo las personas. Cosa que, ya se ha visto, únicamente puede predicarse del Congreso porque en el Senado son los territorios los representados, los titulares del derecho de representación. Lo que sucede es que la pícara realidad ha querido que sea en el Congreso donde algunos territorios centran su representación por la muy comprensible razón de que es la cámara importante, la que toma las decisiones, mientras que el Senado tiene un valor sobre todo simbólico.

Pero es ahí, en lo simbólico, en donde ha sido más denso el pedrisco dialéctico contra las lenguas. Esto obliga a otra reflexión ya no legal sino política. La visión de España del nacionalismo español (un nacionalismo inconsistente que tan pronto se afirma de modo vociferante como dice no ser nacionalismo) es la que la identifica con Castilla y con su lengua, la lengua del Imperio. Los nacionalistas-no nacionalistas españoles alardean de que hay 400 millones de hispanohablantes en el mundo, contando los hispanos en los EEUU y no sé si el español que hablan los filipinos exclusivamente cuando pronuncian su nombre. En todo caso, para no pelearnos, concedido: lengua universal. ¿Y qué? Por ser universal una lengua ¿deben preferirla a la propia los hablantes de otra? De ser así, los hispanohablantes deberíamos expresarnos en inglés. Pero, se dice, los hispanohablantes no hablan inglés mientras que los catalanes, vascos y gallegos sí hablan español y es ridículo que no lo hagan. Aunque esto fuera cierto, que no lo sé de seguro, de nuevo hay una cuestión indudable: los catalanes, vascos, gallegos tienen el deber de conocer el castellano, pero no el de usarlo siempre.

Supongo que en esta andanada contra el uso de las lenguas propias hay una secreta envidia al mucho más brillante estado del inglés, también lengua imperial cuya preminencia nadie discute, ni siquiera sus enemigos ancestrales los irlandeses que se expresan en ella con bastante demérito, creo, de la propia. Pero hay una diferencia abismal entre ambos imperios; el español puede decirse que fue un fracaso (sin minusvalorar el glorioso futuro de tantas naciones hermanas) mientras que el inglés, rebautizado británico fue un éxito. Para salir de dudas compárese la Commonwealth con la Comunidad Hispánica de Naciones-por-qué-no-te-callas.

Quedaría por explicar la supuesta superioridad de la España institucionalmente plurilingüe (y conste que falta) pero esa explicación sobra: el plurilungüismo es tan legítimo como el monolingüismo y tiene a su favor que es una creciente realidad de hecho sostenida en el ejercicio de unos derechos que nadie se atreve a negar. Una España que escuche a todos sus hijos y lo haga en sus lenguas es una España mucho más amable que la del páramo del caballero de la mano al pecho.

jueves, 20 de enero de 2011

China, EEUU, derechos humanos.

Barack Obama, leyó ayer la cartilla en materia de derechos humanos a Hu Jintao, secretario general del Partido Comunista Chino y presidente de la República Popular China. Éste encajó el golpe de un modo que todo el mundo ha considerado abierto y ejemplar y, en tono algo lastimero, dijo que se había hecho mucho, pero quedaba mucho más por hacer y que lo harían, pero sin injerencias. Añadió Hu Jintao que China está comprometida con la universalidad de los derechos humanos, pero que el personal debe tener en cuenta las especifidades de cada país; lo que, junto a la no injerencia, equivale a una declaración de superioridad de la razón de Estado sobre los derechos humanos. No obstante, los medios de comunicación en todo el Occidente han aplaudido a rabiar el "nuevo espíritu" de la dirección china y la valentía de Obama de plantear el asunto al visitante de modo sincero, candid, dice el Presidente.

¡Ah, la superioridad moral de Occidente! Ahora ya podemos sentarnos a hablar de cosas serias: el contrato con Boeing por 14.100 millones de euros y asuntos de esa enjundia. Con razón nadie pareció acordarse de Liu Xiaobo, el sucesor este año del flamante premio Nobel de la Paz el pasado, Mr. Obama. Al margen de otras consideraciones, la verdad es que Hu Jintao ha estado muy prudente, muy moderado, quizá en exceso. Otro en su lugar podría pedir a Obama, a los EEUU, sus títulos para exigir a los demás respeto a los derechos humanos cuando, como todo el mundo sabe, los EEUU:

1) Conservan la pena de muerte y la aplican.

2) Tienen un centro de secuestro de personas en Guantánamo en donde practican la tortura y violan todos y cada uno de los derechos humanos a ciudadanos de otros países.

3) Recurren a la tortura cuando juzgan en juego sus "intereses nacionales"; es decir, siempre.

4) Sus servicios secretos secuestran personas a lo largo y ancho del mundo y las mantienen en centros secretos, sin ninguna consideración para sus derechos humanos.

5) Invaden otros países u organizan golpes de Estado en ellos, asesinan a sus gobernantes y masacran a sus poblaciones.

Algún espíritu exigente añadiría a esta siniestra lista la derogación de la ley de salud pública de Obama, con lo que se atenta contra el derecho fundamental a la salud de millones de gentes de su propia población. La niña de los ojos de Obama quien, por cierto, como presidente negro sabe de sobra que en su país los negros son, en muchos aspectos, ciudadanos de segunda. Basta con mirar la población penal y el porcentaje de african-americans en las fuerzas armadas. Y no andan lejos los latinos.

Así que por muy lamentable que sea la situación de los derechos humanos en China, por estos pagos debiéramos barrer nuestra casa antes de decirle al vecino cómo tiene que limpiar la suya. Y hablo en primera persona del plural porque en Europa no andamos tampoco sobrados. ¿O no era un derecho fundamental la igualdad ante la ley? Para responder échese una ojeada a Italia en donde Berlusconi no solo no piensa comparecer ante los tribunales sino que pretende empapelar a los fiscales porque dice que son de izquierda. Y lo hace a su manera, en un vídeo grabado en la sede de la presidencia del Consejo de Ministros y difundido por sus cadenas.

O, para mayor diversión, mírese el caso de Suiza, en donde la policía ha detenido a Rudolf Elmer, el exbanquero que entregó datos de cuentas secretas a WikiLeaks porque, según se dice, al revelar secretos de millonarios que pueden haber defraudado al fisco en sus países esta violando la ley suiza, con lo cual quieren procesarlo; es decir, no pretenden derogar una ley que ampara presuntos delincuentes y convierte a Suiza en un paraíso fiscal de hecho, sino que van por el que quiere acabar con eso. Y son los defensores de la universalidad de los derechos humanos.

No quiero alargar indebidamente la entrada pero ¿cómo están los derechos humanos de las poblaciones inmigrantes hoy en casi todos los países europeos, los gitanos, los rumanos, los norteafricanos, los subsaharianos, etc?

Ya sé que todo lo que sea hablar de derechos humanos será poco y que hay que denunciar cualquier atentado contra ellos. Por eso mismo.

(La imagen es una foto de US Department of State y está en el dominio público.

miércoles, 19 de enero de 2011

La derecha no es de derechas.

Tal cosa dice con su habitual contundencia Manuel Fraga: El PP no es un partido de derechas que defienda a los ricos. Manuel Fraga, exministro de Franco; exministro del Interior del Reino de España cuando los sucesos de Vitoria en 1976; líder de una confederación de siete partidos seis de los cuales estaban encabezados por otros tantos exministros del Invicto, que se presentaron a las elecciones de 1979 y a los que la gente llamaba los siete magníficos; no es de derechas.

La declaración de Fraga da por supuesto que la derecha defiende a los ricos, lo que plantea el problema de saber quién, si él no lo hace, defiende a los ricos en España porque indefensos no parecen. O sea, ¿no hay partido de derechas? ¿Es la derecha un conjunto vacío? Por lo que hace a los ideólogos, eso que ahora se llama "terminales mediáticas", tal cosa es falsa. Mientras unos afirman que están orgullosos de ser derechas y lo hacen explícito a diario por radio, televisión y prensa, otros, también por los mismos medios, están dedicados a ejercer de derecha sin complejos. Algo no cuadra aquí. ¿Desobedecen los ideólogos la consigna de la jefatura? No; lo más probable es que piensen que Fraga habla a beneficio de inventario, por decirlo caritativamente. Ellos a lo suyo, a ser una derecha sana, vigorosa, de esencia nacional y acendradamente religiosa.

Pero Fraga da voz a una corriente de opinión a la que disgusta el término "derecha" porque se siente de "centro". Sería interesante averiguar, en efecto, por qué parte de la derecha no quiere que la consideren de derechas. Eso no pasa en la izquierda. No es previsible que en algún momento alguien importante del PSOE diga que el partido no es de izquierdas y eso que en Izquierda Unida (que ya lleva la orientación en el nombre) hay una tendencia a sostener que el PSOE no es de izquierda. Pero éste sería asunto para otra entrada acerca de la izquierda y la derecha.

Aquí y ahora, la afirmación de Fraga viene a reformular la nunca extinta ambición del PP de ser considerado de centro, todo lo más, como dice su prensa menos montaraz, centro derecha. Y el motivo de esta resurrección es la proximidad de dos citas electorales importantes, la de mayo de este año y la de marzo de 2012 y la necesidad de ganar por mayoría absoluta. Dando por seguro el voto de los orgullosos y sin complejos, se trata de desplazarse en el eje ideológico para captar el voto del centro.

Rajoy, que acaba de escuchar a sus dos oráculos, Aznar y Fraga, con dos mensajes contradictorios, se ha decantado por el de Fraga y pide a su partido que haga el favor de moderarse y presentar propuestas. Ha tenido siete años para hacerlo y no lo ha hecho. Aunque quizá no haya podido hasta ahora en que parece haberse librado de las ataduras con el sedicente "sector duro". Nunca se sabe. Precisamente se sabrá a la vista de las propuestas. De esto se oirá mucho este finde en la convención nacional de Sevilla. Porque las propuestas, según están las cosas, no se improvisan.

Claro que a lo mejor esto tampoco importa ya que de lo que se trata es de matar el tiempo hasta las elecciones de mayo sin que se hable de la Gürtel. Eso se consigue monopolizando los titulares de los medios todos los días. Y la fórmula es muy sencilla: ir siempre a contrapelo de los medios, unas veces porque se es el más radical y se acusa a los demás de negligentes o de cómplices; otras porque se es el más moderado y se acusa a los demás de radicales. De lo que se trata es de acusar el primero y hacerlo siempre. Acusar ¿de qué? De cualquier cosa, hasta de lo que hace uno mismo. Por ejemplo, de emplear el discurso del odio.

A la vista de la práctica se entiende que el crédito que deba otorgarse a las declaración de Rajoy es limitado, Mañana puede el señor Rajoy sostener que el gobierno es nazi. Ya lo han hecho algunos de sus ideólogos y políticos, como el célebre alcalde de Valladolid. La idea en el fondo es considerar las declaraciones de principios (ser de derechas, ser de centro) sometidas al cálculo pragmático de costes/beneficios. Se dice lo que conviene electoralmente hablando.

El único problema que se plantea a esta actitud es que, al dejar el conjunto derecha vacío, sea ocupado por otra derecha, una escisión, en definitiva, entre moderados y radicales que pudieran agruparse y alzar bandera de orgullo (como el de los gays aunque con otro tono) en torno, por ejemplo, a Álvarez Cascos. La tentación debe de estar presente en ciertos sectores del partido sobre todo del integrismo neoliberal. Y el resultado de las elecciones de mayo puede ser determinante en la medida en que, si fuera por debajo de cierta raya psicológica, podría volver a cuestionarse el liderazgo de Rajoy ahora blandiendo una amenaza creíble.

No obstante mi impresión es que la derecha no se escindirá porque hasta cuando esgrime principios los supedita al triunfo. Y si hay que volver a hablar catalán en la intimidad, se hace.

(La imagen es una foto de FDV (Own work) bajo licencia de GNU Free Documentation License).

martes, 18 de enero de 2011

iTúnez

¿Cómo se saca a decenas de miles de personas a la calle a manifestarse en todas las ciudades de un país, un día tras otro, y a hacer frente a una policía que dispara a matar? ¿Cómo se consigue que vuelvan y vuelvan y vuelvan a pesar de que la cantidad de muertos y heridos aumenta vertiginosamente, que hay toque de queda, que la policía detiene arbitrariamente y tortura en los centros de decisión? ¿Cómo? Es obvio: sólo se consigue cuando se cuenta con una organización estructurada y un líder revolucionario, como eran el clero chiita iraní y el Ayatollah Jomeini que derrocaron al shah Reza Pahlevi en 1979, por mencionar un ejemplo de revolución islámica aunque no árabe.

¿Y si no hay organización estructurada, clero que valga ni lider indiscutible como sucede en Túnez? Entonces hay que confiar en el espíritu, el hartazgo de la gente y su espontaneidad. Pero los movimientos espontáneos rara vez aguantan en el tiempo, sobre todo si están dispersos. Como muy bien sabían sus principales teóricos, Rosa Luxemburg y Anton Pannekoek, después del estallido espontáneo de las masas, una organización debe ocuparse de dirigir el movimiento o éste perece. ¿Y si no hay organización, como en Túnez, en donde la oposición era irrelevante? Alguien toma el relevo. ¿Quién? La red, los blogs, Facebook, Twitter, la infinita capacidad de la multitud para organizarse en tiempo brevísimo de modo improvisado y espontáneo, La capacidad de movilización instantánea de la que ya hay suficientes pruebas empíricas.

Ayer traía el Financial Times un extenso reportaje, señalando la función directiva de internet en la resistencia al régimen en Túnez y exponiéndola con todo lujo de detalles, algo visible salvo que uno crea que, si no hay un bolchevique asaltando un palacio de invierno, no hay revolución. Y dentro de internet se atribuye importancia capital (aunque no única) a los efectos de las revelaciones de WikiLeaks. Si hay alguna duda, aquí puede verse otro reportaje de Le Monde mostrando cómo WikiLeaks puso en evidencia a los predadores tunecinos.

Y con WikilLeaks el mogollón de blogueros árabes que se ha encargado de demostrar que las peores tiranías sólo resisten días cuando la multitud coordina su acción compartiendo información a una velocidad que ningún régimen puede controlar. Ese ha sido el elemento decisivo en la revuelta tunecina y en las que probablemente seguirán. ¿Una prueba? Slim Amamou, el bloguero más conocido en el comienzo de los disturbios, detenido unos días después de iniciarse éstos y puesto en libertad dos antes de la marcha de Ben Ali, forma hoy parte del nuevo gobierno tunecino como subsecretario.

¿Qué temen los dictadores del mundo árabe? Está claro: el contagio. Por eso el domingo pasado el compañero Muammar al-Gaddafi que lleva 42 años haciendo la felicidad de su pueblo, cerró Youtube y ayer salió por la televisión (que es tan suya como la italiana de Berlusconi) a denunciar una conspiración de WikiLeaks en Túnez, muy en la línea de las teorías de la conspiración del iraní Mahmud Ahmadineyad. WikiLeaks, dicen, es un truco de la CIA para hacer pasar por verdades las mentiras de los embajadores gringos. O sea, no es cierto que Ben Ali se haya llevado tonelada y medio de oro en su camino al exilio saudí.

Pero estas maniobras son inútiles. La red no se puede cerrar y ahora mismo echa humo en todo el mundo árabe que está celebrando la revolución en Túnez con ánimo de que se extienda a Jordania, Egipto, Yemen, Mauritania, etc. Apunta en esa dirección el hecho de que estén reproduciéndose los casos de autoinmolaciones según el ejemplo de la de Mohamed Bouazizi, la chispa que prendió la revuelta tunecina.

Así pues, ¿qué temen los piadosos dictadores del mundo árabe, sean reyes, presidentes o líderes ínvictos? Supongo que la repitición de un ejemplo y un ciclo histórico. Una vez que los alzados descubren que estos regímenes corruptos son insospechadamente frágiles y no pueden aguantar la presión de la calle sublevada e informada a través de la red, ¿por qué no se producirá en el mundo árabe un efecto dominó similar al que derrocó las dictaduras comunistas europeas en los años noventa del siglo pasado? Una perspectiva que asusta a los interesados y a sus aliados y amigos en el resto del planeta. Sobre todo porque algunos de estos países nadan en petróleo.

(La primera imagen es un pantallazo del Twitter del abogado y bloguero marroquí que firma como Ibn Kafka. La segunda, una imagen de un blog de estudiantes tunecinos que con sus cuerpos componen la expresión "No al asesinato" en árabe).

lunes, 17 de enero de 2011

¿Revolución en el Islam?

Parece que se confirma la idea que Palinuro adelantó el viernes, 14 de enero, antes de que el déspota Ben Ali y su familia de ladrones abandonara Túnez en una entrada titulada Túnez, internet, la multitud, de que la revuelta tunecina era sobre todo cosa de internet, las redes sociales, el ciberespacio, y que la oposición de izquierda iba a remolque de los acontecimientos, con la lengua fuera. Así, Público decía ayer que las protestas estaban movidas por los sindicatos y Facebook. Facebook en concreto (pero no sólo) sirvió para que se difundieran por la red los vídeos hechos con móviles que demostraban la brutalidad policial en la represión de manifestantes. Un paso más en la suposición de que la revolución será digital o no será, sobre todo en países como estos árabes, que no son todo el Islam pero sí parte importante de él. Una veintena de Estados que van desde el océano atlántico al golfo pérsico, casi todos regímenes autoritarios, muchos corruptos, algunos semiteocráticos y todos con unas sociedades civiles que parecen ancladas en edades bárbaras.

Ya hay quien señala que la revuelta tunecina está directamente ligada a las revelaciones de WikiLeaks sobre la corrupción de un régimen mafioso y cleptocrático, hasta el punto de que se habla de la primera revolución de WikiLeaks. Como era de esperar. Ese maldito Assange ha causado muchos dolores de cabeza en los países occidentales y en los Estados Unidos lo odian por chivato y seguramente les gustaría tenerlo en Guantánamo y sin wi-fi. Pero tales disgustos son nada comparados con la que se puede armar en los países árabes ya que en estos las revelaciones no son de si los ministros se ponen de alfombra de los EEUU o los fiscales y jueces actúan según interesa al embajador gringo, que ya es grave, sino sobre cómo los gobernantes, los "príncipes de los creyentes" o los "líderes fraternales y guías de la revolución" se lo llevan crudo. Pues ¿no resulta que el tunante tunecino emprende el camino del exilio con una tonelada y media de oro? Nada de extrañar que los hechos de Túnez estén sacudiendo otros regímenes árabes, países como Egipto, en donde Hosni Mubarak lleva treinta años en el poder, un par más que el bueno de Ali, o Libia, en donde el incombustible y pintoresco Gadafi lleva de hecho 42 años. El mismo Gadafi que ayer ordenó bloquear Youtube. Estos déspotas se enteran de por dónde viene el enemigo; pero hay que ver si no se han enterado demasiado tarde. Porque no basta con cerrar Youtube; hay que bloquear las redes sociales, Facebook, Hi5, Flickr, LinkedIn, buscadores como Google y, sobre todo, hay que cerrar Twitter, que se propaga como la pólvora a través de los móviles. La capacidad de la gente de comunicarse es casi infinita y eso no puede combatirse con mazmorras, policías o guardias pretorianas. Son medios inservibles. Y esto sin contar con que el cierre del ciberespacio sólo puede hacerse a un costo económico y comercial altísimo, probablemente prohibitivo. La red ha integrado la comunicación política con la económica, la financiera, la cultural, en un solo stream en el que ya no se puede interferir.

Los países árabes presentan además una característica que los hace terreno abonado para un movimiento en el ciberespacio, una revolución trasnacional, ya que forman una unidad cultural y civilizatoria, la Umma. Está muy gracioso ese ministro egipcio subrayando que cada país tiene sus epecificidades, como si Túnez fuera a Egipto como a Groenlandia. Muy gracioso, sobre todo, a la vista de la andanada de entusiasmo que la revuelta tunecina ha despertado en todo el mundo árabe, en donde se gloría a nuestros hermanos tunecinos.

La revuelta de Túnez, país tradicionalmente alabado por su sensatez, parece democrática, laica, popular, espontánea, no movida por partido alguno. Pero ese puede no ser el caso en otros lugares en que la oposición esté organizada y sea fuerte, cual suele suceder con esas organizaciones de fanáticos a los que llaman fundamentalistas, como los Hermanos musulmanes en Egipto. La revolución en el Islam puede ir hacia delante o hacia atrás. Y siempre se hará a través de la red porque ésta es un medio, no un fin; y, como medio o instrumento, rinde más a quien mejor sabe manejarlo, con independencia de la calificación moral de su finalidad. Que se lo digan a los israelíes, que han creado un virus para atacar el sistema de computadoras del Irán que controla su capacidad nuclear, para destruirla, claro.

Por lo demás, quien crea que el efecto WikiLeaks ha terminado en los países occidentales y que probablemente quedará anegado en un proceso por abusos sexuales y un litigio sobre extradición, cree erróneamente. Las próximas filtraciones de WikiLeaks van a afectar el meollo mismo del sistema económico y financiero, la banca. Es posible que, cuando la gente sepamos lo que ha estado haciendo la banca cunda ese ¡Indignaos! del nonagenario Stephan Hessel y prenda también en quienes no han organizado su vida según el espíritu caballeresco de la Resistencia. Bien por las generaciones.

(La imagen es una foto de Arab League, bajo licencia de Wikimedia Commons).

domingo, 16 de enero de 2011

Feliz patriotismo.

Todo el mundo conoce el dicho de Johnson que trasmite Boswell de un modo bastante enigmático de que el patriotismo es el último refugio de un canalla. El propio Boswell se cree obligado a dulcificarlo interpretando a su amigo al precisar de modo harto dudoso que se refería al "falso" patriotismo. Para liarla más hay quien afirma que Johnson estaba hablando de Burke. En fin, como sea, el genial Ambroise Bierce en su Diccionario del diablo corrige a Johnson diciendo que el patriotismo no es el último refugio de un canalla, sino que, con todo el respeto a un lexicógrafo ilustrado pero inferior ruego se considere que es el primero.

El patriotismo es el encendido amor a la Patria que, salvo que se esté hablando de un solipsismo atroz, comprenderá a alguien más además de mí mismo; esos "alguien más", cuando son más que la familia y que el barrio ya pasan a ser la nación, una comunidad imaginada, al decir de Benedict Anderson, esto es, un montón de gente, millones, cientos de millones y, en algún caso, miles de millones de personas que se sienten unidas por algún tipo de vínculo aunque no se conozcan entre sí. La patria, la nación, la comunidad imaginada.

Toda acción política se da en una comunidad de éstas; es más, la presupone. Si no hay comunidad, la política deja paso a la guerra. Por tanto toda política formulada en términos extremos, bélicos, incendiarios, tiende a destruir la comunidad que se presupone. El momento en que el patriotismo aparece en el debate político es porque la comunidad se cuestiona. Y eso sucede siempre que al adversario político no se le reconoce estar movido por el mismo amor a la patria que uno sino que se le considera un vendepatrias, un enemigo de la comunidad imaginada, un traidor.

Eso es lo que tiene de malo el discurso agresivo, belicoso, provocador de la derecha, que excluye de la comunidad no a quien ataca su esencia sino a quien simplemente discrepa de la forma de administrarla. Es lo malo que tienen los discursos catastrofistas de Aznar y sus seguidores, que socavan la nación y la patria de los que se proclaman firmes adalides. La idea de que los socialistas rompen España, que la venden, la trocean, la arruinan, la empequeñecen, la endeudan, etc, etc se resume en realidad en un término que tiene hondas raíces en la derecha: los socialistas son la Antiespaña. Y en cuanto se identifica a los enemigos de la Patria, ya tenemos al patriota de Johnson/Bierce.

El discurso de la Patria debiera estar excluido del debate político. Radicalmente. No concibo a ningún expresidente o exprimer ministro estadounidense, francés, inglés o alemán recorriendo el mundo y poniendo cual no digan dueñas al Gobierno legítimo de su Patria. Que Aznar lleve años haciéndolo demuestra, como bien intuía Johnson, que su patriotismo empieza y acaba en su bolsillo. Como el de los vociferantes patriotas mediáticos de la derecha: lo que les importa es el bolsillo.

En fin, aparte de las peculiares convicciones morales de Aznar, a la situación especial de la política española contribuye el hecho de que, además del patriotismo español, hay una serie de patriotismos no españoles a los que son de estricta aplicación las consideraciones anteriores. Con las obvias variantes. La vertiente armada y violenta del patriotismo vasco, por ejemplo, según parece, está dispuesta a decretar un "alto el fuego" pero no está dispuesta a dejar las armas. A la luz de este último dato, ¿no habrá que revisar un porcentaje elevado de lo que se dijo sobre el famoso comunicado, del que se han sopesado hasta las sílabas y las comas cuando estaba claro desde el comienzo que era perfectamente inútil? Tanto espabilado que vio en el comunicado lo que ni estaba ni se esperaba. ¡Ah, el patriotismo!

(La imagen es una foto de rstrawser, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 15 de enero de 2011

¿Se puede criticar a los expresidentes?

Palinuro ayer sobre Túnez




¿Criticar? Sin duda, supongo.

El asunto arranca de los recientes fichajes de los expresidentes González y Aznar como asesores de sendas empresas transnacionales de electricidad (y gas) con emolumentos cuantiosos y sobre lo cual también hay una entrada de Palinuro en días pasados, titulada Hay cosas que no se hacen. Así me ahorro reiterar qué me parece la cosa en sí que, a diferencia de la kantiana, está clarísima.

Pretendo ahora proseguir el asunto y, de paso, examinar algún argumento que he leído por ahí.

En cuanto al asunto, otro de los aspectos más feos es que a dos semanas de anunciar a los españoles que el recibo de la luz va a subirles un 10 por ciento, dos de las empresas eléctricas anuncien que van a gastar 200.000 euros en pagar los servicios de Aznar como asesor y unos 150.000 (o algo así, las cifras bailan) los de González. Así que ya saben los españoles a qué bolsillos va a parar una parte de ese aumento del 10 por ciento. Los que tengan sentido del humor pueden preguntar por qué sale más caro el asesor de la derecha que el de la izquierda. Es un desdoro para ésta. González debiera poner un precio más alto a sus servicios. Claro que, como se centran en Latinoamérica (a diferencia del otro, con más altos vuelos cosmopolitas), se habrá tenido en cuenta la relativa pobreza de la región.

Al margen de esto, que es un asunto de coyuntura y de mal o buen gusto, la decisión de González es criticable desde la izquierda en un plano concreto y otro abstracto. En el concreto, procede aclarar la naturaleza de las actividades de la empresa a la que asesora en América Latina y, más específicamente, en Guatemala. Hay que investigar la acusación de que esa empresa esté involucrada en el asesinato de activistas contrarios a su implantación en el país. Si la acusación no es cierta, que se proceda judicialmente; si es cierta, un político de la izquierda no puede asesorar a una empresa bajo tal sospecha.

En el campo abstracto tiene uno la impresión de que alguien de la izquierda (incluso la socialdemócrata que reconoce la importancia de la empresa en la sociedad), especialmente alguien que acumula una experiencia única, debe tender a emplear sus energías en difundir sus ideas y luchar por sus ideales. Si, al tiempo, quiere rentabilizarlas, está en su derecho: que escriba libros, dé conferencias, cursos y seminarios, haga películas y/o vídeos, monte una academia, una editorial, una universidad y cobre por ello; que invente algo. Pero reconozco que esto es muy subjetivo.

Es obvio que González no es Aznar. Pero eso no lo pone por encima de la crítica ni mucho menos hace bueno lo que puede ser malo. Esa es una actitud acrítica impropia de la izquierda. González debe ser objeto de crítica precisamente porque tiene una autoridad moral nada frecuente. Si esa se ensombrece su responsabilidad es doble. El valor de la crítica política, como el del movimiento, se demuestra andando. Confiar la legitimidad de la propia posición en la capacidad para criticar y ser criticado, pero trocar toda crítica en una alabanza servil es una actitud lamentable, aunque pueda ser conveniente.

El caso de Aznar, con quien ahora puede compararse a González, cosa que antes de esa decisión de asesorar no podía hacerse, es muy distinto, desde luego. Empezando por el hecho de que este contrato de asesor del político de la derecha no es el primero sino el tercero o el cuarto o váyase a saber. Siguiendo por el de que alguna de las empresas asesoradas, (omo esta Endesa y al igual que Gas Natural en relación a González) en su día se benefició de una decisión tomada por el ahora asesor en su condición entonces de gobernante. Y terminando con el de que todo ello lo hace en un clima de escándalo retórico permanente. El hombre se ha convertido en una figura mediática originalísima, el personaje de un género nuevo del periodismo que podríamos llamar periodismo del corazón de oro.

Lo criticable de Aznar no es que firme contratos de asesor bien remunerados a porrrillo. Eso es congruente con la derecha. Sus militantes suelen intercambiar los cargos políticos con presidencias de bancos, cajas, organismos financieros, consejos de administración y todo tipo de bicocas. Si bien es cierto que parte de la izquierda también gusta de figurar en la pasarela de entes financieros. Lo criticable de Aznar no es lo que asesora o por cuánto lo hace, sino lo que va diciendo por los caminos del Señor, entre consejo y consejo. Esas soflamas apocalípticas de "arrepentíos, pecadores, que llega el fin del mundo", provocan reacciones indignadas y encendidas del partido gobernante. Ahí está el señor Zarrías llamándolo mercenario y felón minutos después de que el propio Aznar calificara al Gobierno de la Nación (según adora decir el personal) de incapaz, incompetente e insolvente, que tampoco está mal como muestra de la forma en que la derecha arrima el hombro en momentos de zozobra generalizada.

Esas reacciones airadas a los despropósitos aznarinos en realidad alimentan la tremolina que el personaje se cree obligado a montar dentro del modelo del mencionado periodismo del corazón de oro. Aznar cosecha porque siembra y quienes lo enfilan en sus ataques le abonan el terreno. ¿Qué cómo puede decir el que hablaba catalán en la intimidad que lo de las autonomías es insostenible? Pudiendo. Lo suyo es montar el escándalo. ¿Por qué?

Primero porque así firma más contratos. Segundo porque de ese modo se pasan por alto tres circunstancias que afectan decisivamente a su partido: 1ª) no tiene programa salvo aplicar las medidas que, según dice, está obligado a aplicar Zapatero y multiplicadas por dos; 2ª) está literalmente corroído por por las causas judiciales abiertas, alguna tan pasmosa como la Gürtel; 3ª) su interior es un patio mal avenido en un compás de espera tenso y que de vez en cuando estalla en alguna reyerta. La última, la de Álvarez Cascos, de mucho tronío.

(La imagen de Felipe González es una foto de www_ukberri_net; la de José María Aznar, de Pontificia Universidad Católica de Chile, ambas bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 14 de enero de 2011

Túnez, internet, la multitud.

Después de la conmoción que causó el asunto WikiLeaks en medio planeta (el otro medio ya sabe de sobra que eso es todo un cuento chino de la CIA para mejor seguir oprimiendo y engañando a todo el mundo), los tumultos que se suceden en Túnez desde hace un mes, con manifestaciones, enfrentamientos callejeros con la policía, muertos por disparos de bala, montones de detenidos, pillajes y sabotajes en todo el país, son el segundo ejemplo de la importancia de internet en todo tipo de acontecer político contemporáneo. Una importancia de primer orden. Vamos a dejar en una caritativa sombra la influencia que hayan podido tener páginas web como la de Sarah Palin en el tiroteo mortal de Tucson y la consiguiente oración fúnebre/discurso de Obama al que ya andan buscando antecedentes hagiográficos, desde el de Lincoln en Gettysburg hasta el de Martin Luther King en el National Memorial.

WikiLeaks y Túnez son dos caras de la política 2.0, extraordinariamente potente y muy rápida. La diferencia, que no es poca, se da en el territorio del conflicto. Mientras WikiLeaks se libra en el ciberespacio, entre ideas, leyes, teorías, procesos, diplomacia, movilizaciones virtuales y ciberguerrilla, en Túnez se libra también en la más inmediata realidad tradicional, con muertos y heridos, en el terreno de la violencia física. Lo que no quiere decir que la importacia de internet sea menor. Al contrario, es una muestra de la capacidad de la red para transformar la realidad de modo casi instantáneo, en tiempo real, que se dice.

La revuelta tunecina asusta a los vecinos. El gobierno español aconseja a los turistas que no se adentren en Túnez. Puro miedo. Al fin y al cabo Túnez es un país musulmán y con los musulmanes nunca se sabe. Ni una sola consideración a que quizá se trate de una sublevación popular democrática en lucha contra un régimen despótico, represivo, autoritario y corrupto (aunque, eso sí, firme bastión contra el fundamentalismo islámico), o sea, un régimen detestable, con un presidente prácticamente vitalicio desde 1987, que gana elecciones cada cinco años como la última de 2009 con cerca del 90 por ciento de los votos.

La derecha francesa lo ha entendido mucho mejor: Ben Ali es de los nuestros, así que la ministra de Asuntos Exteriores, Alliot-Marie, ha propuesto que la policía francesa ayude a la tunecina en su tarea de orden público. Dado que la policía tunecina viene tirando con bala contra los manifestantes no sé qué quiere la ministra que haga la francesa, si enseñarla a apuntar mejor o convencerla de que utilice la porra. Con la tradición que tiene Francia (sobre todo su policía) en el norte de África, lo menos que cabe decir de esta ministra de Asuntos Exteriores es que luce el tacto de un paquidermo.

Y no obstante, es comprensible. El propio Ben Ali, antes de su claudicante y lloriqueante comparencia de ayer, reaccionó a lo bestia, o sea, a la antigua usanza: a tiros. Cuando empezó a caer la gente en la calle pero la revuelta se extendió, Ben Ali destituyó al ministro del Interior, como si él (que lo había sido antes, en el tiempo del primer presidente , Burguiba, al que él destituyó) no supiera lo que estaba pasando.

Y es verdad también que no lo sabía. No tenía ni idea. Creyó encontrarse con un motín callejero por los altos precios, el paro, la marginación juvenil, un poco estilo banlieu francesa. Un movimiento espontáneo, no organizado, fácilmente reprimible. Y así fue en un principio: un motín callejero espontáneo, no un proyecto, programa o plan de alguna organización o partido. La izquierda tunecina sabía tanto de lo que estaba pasando como el Gobierno.

Porque el motín popular ha resultado un movimiento de multitud que se ha dado una especie de vertebración a través de la red. Con esto no contaba Ben Ali. Y la multitud lo ha tumbado. Cede en todo: baja los precios de los artículos de primera necesidad, promete 300.000 empleos, levanta la censura en la prensa y en internet, prohibe el fuego real de la policía en la calle y crea una comisión de investigación en contra de la corrupción. Todo eso a cambio de que le dejen quedarse hasta acabar su mandato en 2014, prometiendo, además, que no querrá reformar la Constitución (como pretendía) para presentarse de nuevo.

Suena a inverosímil en todos los sentidos. Sin ir más lejos, esa comisión de investigación tiene que empezar por investigar a su familia y a él en persona, fuente de enriquecimiento propio y corrupción general del Estado. Pero lo más inverosímil de todo me parece que le dejen quedarse hasta 2014. Puede que lo consiga pero es muy probable que las redes sigan movilizadas, sobre todo ahora que ya se puede acceder a Youtube y otros mecanismos colectivos de comunicación y acción, y le pidan que adelante su marcha de 2014 a mañana por la mañana. Tiempo real.


EL NACIONALISMO

Esto del nacionalismo es complicado. Hay quien dice que enajena a la gente. No estoy seguro. La elección de Miss Bélgica, honor que ha recaído en una flamenca, ha sido de inmediato impugnada por las candidatas valonas. Y una televisión francófona plantea si, como están las cosas en Bélgica, tiene sentido elegir una miss Nacional. Y para bien o para mal es verdad.

(La imagen es una foto de R. D. Ward en el dominio público, accesible a través de bajo licencia de Wikimedia Commons).