martes, 30 de noviembre de 2010

El ratón y el elefante.

Ayer fui víctima de un arrebato de patriotismo. Estaba pendiente de lo que sucedía con WikiLeaks, pero me sentí en la obligación de subir una entrada sobre las elecciones catalanas. No obstante, no pude contenerme y escribí un artículo para Insurgente, titulado (WikiLeaks: el derecho a saber). Porque, con todos mis respetos a Cataluña, al lado del zambombazo de wikileaks sus elecciones son como el ratón a la montaña.

Este Julian Assange (por cierto, rara vez se le ve sonreir como en la foto), con esa pinta entre efebo y querubín, está poniendo patas arriba el mundo entero. Ha creado, además, un formidable estado mayor mediático con las cinco cabeceras de prensa más significativas de Occidente (NYT, The Guardian, Le Monde, El País, Der Spiegel) puestas a administrar la potencia de fuego de los 250.000 cables secretos de los EEUU en los que se pasa revista al mundo entero. Y ahí están las redacciones, presas del pánico escénico, muy conscientes de su responsabilidad, soltando cañonazos contra países (la China, la Argentina, Turquía), contra organismos (la ONU), contra personas (Sarkozy, Gadaffi, Berlusconi, Putin). Lo que esos 250.000 cables revelan es la realidad de la realidad. Y todavía le falta un pedazo. Los más avispados ya han visto que no hay nada gordo en los papeles. Me refiero a secuestros, asesinatos y cosas así. Es lógico: son cables de las embajadas que han pasado por la base de datos de SIPRNet, que es un protocolo entre el ministerio de Defensa y el de Exteriores. No está la CIA. Cuando salgan sus papeles se cubrirá la laguna y es de esperar que no de cadáveres.

Cada uno de los periódicos citados dedica la primera a Wikileaks y piensa seguir haciéndolo; cada uno a su modo. Casi no he visto opinión. Sólo he encontrado un artículo, magnífico por lo demás, de Heather Brooke en The Guardian titulado WikiLeaks: the revolution has begun – and it will be digitised, que es de donde he sacado el enlace al SIPRNet. Y me parece magnífico porque dice lo mismo que yo o yo lo mismo que ella, que da igual, esto es, que la existencia de Wikileaks es el anuncio de la revolución digital en marcha, algo completamente nuevo. Se acabó el secreto de Estado, la razón de Estado, el Estado. Internet nos ha conectado a todos a la globalización, no sólo a los Estados; a todos. Nos ha puesto en un continente nuevo en el que está todo por hacer.

Lo de menos es ahora que se compruebe que el comportamiento de los EEUU es como todos lo imaginamos, al margen del derecho, de la justicia, de la sensibilidad. Las revelaciones corroboran lo que ya sabíamos y ya nos permiten hablar claro en lugar de tenernos rezongando para nuestro coleto. Porque cuando decían que en el Irak había armas de destrucción masiva todos sabíamos que mentían, ellos los primeros; pero no podíamos decirlo por falta de pruebas. Cuando dicen que no apoyan a tal o cual tirano seguimos sabiendo que mienten y lo hacen. El mérito de Wikileaks es sacar esas mentiras a la luz. Ahora tenemos las pruebas.

Lo de más son las reacciones. El ministerio de Exteriores de los EEUU dice que se trata de un ataque a la Comunidad internacional, cosa sólo admisible si se acepta que la Comunidad Internacional son los Estados Unidos y, puestos a seguir aceptando, también se acepta que son los Estados Unidos quienes deciden qué es y qué no es un ataque a la Comunidad Internacional. Dicho con más claridad: invadir un país, arrasarlo, asesinar y torturar a sus habitantes en contra de la voluntad de la Comunidad Internacional no es un ataque a la Comunidad Internacional. Denunciar el atropello sí lo es. Añaden los gringos por boca de la incalificable señora Clinton que se trata de un delito grave. Ya lo creo: revelación de secretos de Estado, un tipo de delito relativo a ese bien público de imprecisa formulación que se llama la defensa nacional, en cuyo nombre muchos piensan que puede hacerse todo, incluso delinquir. Pues nada, que pongan en marcha los procedimientos judiciales pertinentes, que van a cubrirse de gloria.

Al margen de las cuestiones jurídicas, la repercusión política es inmensa. Los diplomáticos han perdido sus exquisitas maneras y están que se suben por la paredes. Claro, quedan bastante mal parados, como gentes sin escrúpulos y su oficio se ve seriamente cuestionado. ¿Qué tirano te hará hoy una confidencia sabiendo que mañana puede encontrársela en los kioscos del ciberespacio?

Wikileaks es un arma en el ciberespacio, digna hija de Wikipedia que, en el fondo, es otra Wikileaks sólo que lo que Wikipedia filtra son conocimientos. En lo demás, son iguales: difusión de información en el ciberespacio.

Porque tal es el segundo aspecto de Wikileaks cada vez más claro: esto es una guerra, una guerra en el terreno de la información y en la que no hay frentes ni modo de distinguir al amigo del enemigo. Hemos reventado las claves del enemigo (los poderes de la tierra) y está a nuestra merced. La transparencia mata el poder. Ahora hay que pensar por dónde llegará el contraataque y qué forma tendrá. En el artículo citado Brooke se pregunta si podemos tener por delante una forma nueva de totalitarismo. Es posible. Pero también lo es lo contrario. La guerra no ha hecho más que comenzar.

(La imagen es una foto de andygee1, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 29 de noviembre de 2010

Cataluña se euskalduniza.

(Wikileaks: el derecho a saber)

Estos títulos de Palinuro siempre me desconciertan un tanto. Luego, cuando se desarrollan, quedan algo más claros. En este caso la cuestión es que el Parlamento salido de las elecciones de ayer ya iguala en cantidad de partidos representados al vasco, que era el más fraccionado del Estado, fuera del del propio Estado. Pero esto es novedad. El aumento de multipartidismo en Cataluña ha sido progresivo. En las elecciones de 2006 apareció un partido nuevo, Ciutadans (Cs), y en las de ayer, otro, Solidaritat Catalana per la Independència (SI). En total son ya siete partidos. Igual que en la cámara vasca. Y con ciertas correspondencias, siempre aproximativas, por supuesto: CiU equivale al PNV; el PSC al PSE-PSOE; EB-B a ICV; Cs a UPyD; ERC a Aralar; y SI a EA. Admitido, las dos últimas equiparaciones podrían ser a la inversa.

La euskaldunización de Cataluña es clara, al menos parlamentariamente hablando. Pero no es aventurado decir que la mayor fragmentación parlamentaria traduce mayor fragmentación social. Con algún dato de interés como que UPyD, que tiene un diputado en el parlamento vasco, se ha quedado en décimosexto lugar en Cataluña. Obviamente su hipotético electorado prefiere votar a Cs. En ninguno de los dos parlamentos hay representación verde autónoma. Lo verde aparece en las siglas de ICV y EB-B(erdeak). Quizá obtengan representación en las próximas elecciones.

Cataluña y el País Vasco son dos territorios especialmente inquietos y revueltos porque en ellos se cruzan dos cleavages, dos conflictos: el nacional y el de izquierda/derecha. Si añadimos que, al no ser Estados independientes, su política no es soberana sino que está fuertemente condicionada por la del conjunto de España, se verá que ambos sistemas políticos, el catalán y el vasco, son muy complicados.

El Tripartito ha sido un desastre en los dos hiatos. En el nacional le ha caído sobre la cabeza la maza del Tribunal Constitucional con la sentencia sobre el Estatuto. Un Estatuto que, para mayor bochorno del PSC, Zapatero había acabado negociando con Mas. Precisamente el Estatuto hijo de las entretelas de Maragall, el estatuto de afirmación nacional del socialismo catalán, el que le permitiría competir en condiciones de igualdad con CiU como "padre de la Patria". Y se lo echan abajo. En el frente ideológico (izquierda/derecha) le ha caído el diluvio de la crisis y las medidas neoliberales del Gobierno de España. En ambos casos las bofetadas las ha llevado el PSC, internamente descuajaringado entre su alma catalana y su electorado español.

La pasada legislatura de via crucis del tripartito, en permanente conflicto con el Gobierno central, se convirtió en parte en una curiosa kermesse soberanista con el rosario de consultas sobre la independencia que se hizo en diversos lugares con una cobertura mediática muy superior a la importancia numérica de los participantes. No obstante, el solo hecho de que se celebraran bajo la presidencia de un Montilla firme opositor al derecho de autodeterminación da una idea de la idea que daba el Tripartito. Porque parece que el voto ha sido contra el Tripartito; al menos son los únicos partidos que han perdido votos. Da la impresión de que, al final nadie lo soportaba más; ni siquiera él mismo, a juzgar por las promesas de nunca jamás que soltaba Montilla.

El ascenso del PP es sorprendente. Se confirma la idea de que la corrupción en su partido no hace mella en el electorado de la derecha. Creyendo lo contrario, el PP envió a todos los presidentes autonómicos y secretarios generales de autonomía a apoyar a Sánchez-Camacho, Feijóo, Aguirre, Cospedal, Arenas; todos menos Camps. Se temían lo peor y mira por dónde podían esperar lo mejor. Si hubiera ido Camps, quizá hubieran sacado un diputado más. Además de inmune a la corrupción el electorado catalán también lo parece a la ejecutoria anticatalanista, algunos dicen que anticatalana, del PP. Con razón festejan los conservadores. Tienen un futuro prometedor.

La presencia de Laporta pone una animada nota berlusconiana en Cataluña. Será de ver cómo evoluciona ya que sigue sin estar muy clara la motivación del ex jefe del Barça para meterse en el Parlament.

Gobernará Mas con un Estatuto cuestionado y tendrá que hacerlo honrando algunas de las bravatas soberanistas que se han pronunciado en la campaña: desde la exigencia del concierto al referéndum de autodeterminación.

El resultado de las elecciones de ayer apunta novedades en las sobresaltadas relaciones de Cataluña con España y ello en un horizonte de pacificación definitiva en el País Vasco. Veremos muchas cosas. Y sublimes.

Aunque no tanto como el bombazo que ha metido wikileaks al orden constituido internacionalmente. Si no lo digo, reviento.

domingo, 28 de noviembre de 2010

¿Qué les ha hecho la República?

El Partido Comunista de España celebró ayer una Conferencia republicana en Madrid bastante sorprendente. En principio no hay nada en contra de la idea y menos en un blog como éste en el que ondea la tricolor. Tampoco hay nada que objetar a que lo haga el PCE, al que, ahora, parece ser suficiente etiquetar la república como república democrática. No socialista ni comunista ni bolchevique. República democrática. O sea, la vieja república burguesa a la que el señor Anguita, en una larguísima e interesante entrevista en Público (Parte I y Parte II) convierte en custodia de la Declaración Universal de Derechos.

Pero todo esto huele un poco a chamusquina y más cuando se ve que se invoca la forma republicana a lomos de una falacia: que la república es más adecuada para salir de la crisis económica que la monarquía. Eso no es cierto. No lo avala la experiencia, ya que Alemania y Francia, que padecen la crisis como nosotros y los Estados Unidos que son quienes la iniciaron, son repúblicas. Y tampoco lo avala el sentido común. Por más que el señor Centella acentúe los aspectos radicales de la república, ésta es un régimen político y, como tal, ajeno a la implantación de opiniones económicas que apunten a una transformación del, para entendernos, modo de producción. La república no es la palanca de la revolución. Le sucede lo que decía Azaña de la libertad: que no hace felices a los hombres sino solamente hombres. Asimismo la república no hace la sociedad más justa o más socialista o más soviética sino más republicana. Esos "valores" que invoca el señor Centella tienen el mismo valor que los que invoquen los conservadores.

Muchos (no sé cuántos) de quienes queremos una república en España la queremos como un fin en sí mismo; no como un instrumento para otro fin, se llame como se llame. Y aquí es donde se entiende el sentido de la falacia republicana del PCE: seguir buscando vías para no rendir cuentas de la situación del comunismo en el mundo y dar con un propósito que rellene el vacío de propuestas estratégicas que ha quedado.

Sin embargo, el asunto es meridiano: el comunismo fracasó estrepitosamente a fines del siglo XX y la caída de los llamados "países del Este", con la Unión Soviética a la cabeza, como solía, se llevó por delante prácticamente a todos los partidos comunistas de Occidente. Nunca habían ganado unas elecciones competitivas (salvo algún caso marginal y excepcional) y, con el fin del bloque comunista, sus expectativas electorales se redujeron tanto que algunos de ellos se disolvieron sin más, otros se escindieron en varios grupúsculos y otros, entre ellos el PCE, iniciaron una andadura de camuflajes bajo organizaciones de masas y de refundaciones, como la que está en marcha en España y de la que esta pintoresca conferencia es buena muestra.

Los dioses me libren de insinuar que los comunistas estén tratando de hacer con la república lo que habitualmente han hecho con todo lo demás a lo largo de su historia: instrumentalizarla para sus fines. Porque cuando se dice algo así de inmediato se oye a alguien hablar del terrible anticomunismo visceral, misteriosa enfermedad que padecen todos cuantos dicen algo sobre los comunistas que no es del entero agrado de estos. Pero el hecho desnudo es que el PCE dice anhelar la república como un subterfugio con el que pretende rellenar el tremendo vacío conceptual que ha quedado tras el hundimiento del comunismo.

El señor Centella, más habilidoso, ornamenta muy bien su objetivo final en el citado artículo. En cambio, el señor Anguita, más elemental en sus planteamientos, expone el objetivo comunista de forma paladina. Tras afirmar que hemos hecho muchas revoluciones y no nos hemos dado cuenta: la libertad en la elección de pareja, las bodas homosexuales (como si las hubiera hecho él y no ese PSOE que, según él, está en la derecha), añade que ahora quiere la igualdad económica porque, dice, no me interesa una República que no haga que la riqueza esté al alcance de todos. Esta claro: la república tiene que hacer la revolución socialista. Ya digo que no veo porqué. A mí me interesa la república como sea, sin condiciones. Lo que suceda después, ya se verá. Al señor Anguita sólo le interesa la república que haga lo que él diga.

Y ¿cómo llega esta república que el señor Anguita quiere para España? Pues, según dice, mediante un proceso constituyente. Palabras mayores que no sé si son apropiadas para el miembro de un partido que cuenta con un diputado en el Congreso y que, si la ley electoral fuera más justa, contaría, quizá con ocho o diez, que tampoco son como para sacar a la calle a millones de hombres y mujeres republicanos que asuman esa tarea de saneamiento político y moral de la sociedad. El discurso del señor Anguita suele ser proceloso y barroco. Pero esta vez se le ha ido el estro a la Revolución de octubre. Cuando el entrevistador, Juanma Romero, a la vista del Moloch proceso constituyente le recuerda tímidamente que la Constitución habla de un consenso previo, después la disolución de las Cortes, elecciones, un referéndum..., Anguita estalla como si estuviera en el Instituto Smolny: ¿Quién dice que la Constitución tenga que permitir o no? ¡Si para mí es como si no existiera!.

¿Queda claro? Proceso constituyente, diga lo que diga la Constitución que "es como si no existiera"; proceso constituyente, que es la actualización de un poder supremo, originario, por encima de la Constitución: la revolución.

Como es el arma de la revolución, la república tiene que venir de la revolución. Lo demás son historias. A esta consigna, Palinuro, republicano, no se apunta.

El jardín de la vida.

La exposición de paisajes impresionistas en el Museo Thyssen, que aguanta hasta febrero, está muy bien. Tiene una prodigiosa variedad de piezas de las procedencias más diversas, un montón de ellas dificilísimas de ver. Además está bien pensada, con el texto imprescindible y muestras de antecedentes y consecuentes muy reveladores. Es un placer encontrar obra de tantos y tan variados genios unidos por un tema común: Renoir, Monet, Manet, Pissarro, la escuela de Barbizon, Van Gogh, Nolde, Sorolla, Darío de Regoyos, Anglada Camarassa, Cassat, Gauguin, etc.

El jardín es tema típico del impresionismo. La explicación de los manuales es que, por falta de medios, por no poder pagar modelos ni estudios, los pintores de la época tenían que salir al exterior y allí descubrieron la maravilla de la luz y sus hijos los colores; quedan deslumbrados y gran parte del impresionismo consiste en trasmitir ese deslumbre. Así da el impresionismo en el puntillismo a lo Sisley.

Pero no es cierto que sean los primeros en salir. Los pintores han pintado siempre también en el exterior. Desde los primitivos flamencos y los renacentistas (por ejemplo, Giorgione) en todas las épocas ha habido magníficos paisajistas, como Claudio de Lorena en Francia, y Hobbema en los Países Bajos (los dos siglo XVII), Constable en Inglaterra (siglo XVIII), Friedrich en Alemania (XIX), los norteamericanos al estilo Bierstadt o Church (también XIX). Pero esa es la diferencia: pintan paisajes; no jardines.

El jardín es un paisaje reducido, humanizado. Y no sólo porque lleve figura humana (muchos paisajistas lo venían haciendo), sino porque el propio objeto está humanizado. El jardín tiene setos, caminos, arriates, arbustos ornamentales. Es más, la exposición incluye algunos floreros de diferentes autores (recuerdo uno de Renoir) y, jugando con la idea, cabe decir que el florero es un jardín aun más humanizado.

Porque es eso, se trata de pintar un exterior que es "nuestro". En muchos casos el pintor pinta su jardín, el que él mismo ha trabajado con vistas a pintarlo. De este modo, a veces, el jardín impresionista podría clasificarse como autorretrato, en la medida en que el trabajo retrata al trabajador.

También en este aspecto simbólico son los impresionistas seguidores de una tradición: la del hortus clausus medieval, el jardín cerrado que simboliza el paraíso terrenal y la vida, en el que suelen habitar animales legendarios como el unicornio y objetos milagrosos como el manantial de la eterna juventud. No, en lo simbólico, el impresionismo no gana la batalla a la Edad Media.

Los impresionistas causaron una ruptura con el tranquilo mundo de la pintura academicista, una revolución, un escándalo, como pasa siempre con las vanguardias, por su uso de los colores, la luz y su incidencia en las formas. Es una rebeldía formal que rápidamente se convierte en una de contenido. La primera imagen es un cuadro de Klimt titulado La avenida del parque del castillo de Krammer (1912), en la Galería Austriaca, en Viena. La segunda es otro de Maximilien Luce titulado Calle de París, mayo de 1871 (1902) en el Museo d'Oray, París. El tema ahorra todo comentario acerca del cambio de contenidos. Un cambio revolucionario. Si alguien lo duda, que compare el cuadro de Luce con el de un contemporáneo, Meissonier, magnífico pintor "del régimen" por lo demás, titulado El asedio de París, 1870(1891), también en el Museo d'Orsay.

Me he alejado un poco del asunto jardines pero espero quede claro que pintar jardines es pintar el interior aunque sea en el exterior.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Los españoles no hablan lenguas.

La inquina de los españoles a las lenguas extranjeras es proverbial. Los españoles no hablan idiomas y cuando lo hacen, lo hacen muy mal, con un terrible acento que todos reconocen. Los franceses lo han clavado en su parler français comme une vache espagnole. Hasta hace poco tiempo aquellos no sólo no hablaban lenguas, sino que se jactaban de ello ya que aquí se habla la lengua del Imperio, el español o castellano de Nebrija, con algunas variantes producto del paso del tiempo.

Desde luego hablar la lengua de otro pueblo no es garantía de que lleguemos a conocerlo mejor. Pero si se ignora la lengua no es que no se le conozca; es que no se le entiende. Sin embargo, los españoles tenemos que tratar con nuestros vecinos para lo cual, al desconocer sus lenguas, hemos de valernos de traductores. Es triste la imagen de nuestros gobernantes en las reuniones internacionales en donde quedan aislados mientras todos los demás hablan animadamente en inglés y francés y, cuando intervienen, han de hacerlo con intérprete porque sólo hablan español, idioma que, por muy imperial que sea, en Europa es minoritario y marginal.

De tal país, tales gobernantes, porque es el país entero el que necesita traductor. Las películas vienen dobladas, los periódicos suelen traer muchos artículos de extranjeros, todos traducidos. El país vive de traducción, no de conocimiento directo del medio en que se halla. Por eso no entendemos que los llamados ataques de los mercados a España no tienen un motivo financiero real. Es inútil, en consecuencia, que el Gobierno se empeñe en desmentir con datos económicos fehacientes. Todo el mundo sabe que la situación española es relativamente sana, tanto al menos como la de otros países de la Unión sobre los que no pesan dudas, que nuestro déficit es menor que el de otros Estados, que nuestra deuda es inferior a la alemana. Los mercados no castigan a España por sus cuentas sino por lo que suponen que somos los españoles. Hay en esa imagen mucho de prejuicio, pero España no puede refutarlo porque no habla las lenguas en las que se expresa.

El prejuicio dice, entre otras cosas, que los españoles somos indolentes; que no trabajamos y que, cuando lo hacemos, la productividad reside en la picaresca; que somos tan poco de fiar como los otros países meditarráneos; que estamos mal avenidos y ni siquiera hemos llegado a aquel conllevarnos por el que abogaba Ortega; que vivimos en el barullo y la confusión y no tenemos unidad nacional de propósitos; que en cualquier situación de crisis somos incapaces de ponernos de acuerdo y aunar esfuerzos. Y así no se sale de las crisis. Los prejuicios aciertan, como puede verse a las claras a nada que se considere la situación actual española. Por eso son tópicos.

Por si alguien tiene dudas, ahí está el señor González Pons dispuesto a sembrar muchas más sobre la viabilidad económica internacional de España. El señor González Pons debiera saber que en toda lid, por dura que sea, rige el principio de que los golpes bajos están prohibidos. Las dudas del portavoz de la derecha son un golpe bajo, juego sucio. Es obvio. Pero no hay nada que hacer porque ni por asomo piensa el señor González Pons ni nadie en su partido que se haya excedido. No menos obvio es puesto que, como puede verse, no se ha conseguido sacar a Rodríguez Zapatero de La Moncloa, que es lo único que importa a la derecha, más, incluso, que lo hace el hecho de que España supere las dificultades.

También cabe seguir la cuestión de la inquina de los españoles hacia las lenguas extranjeras en el interior de España. Se puede decir, creo, que lo que más molesta de Cataluña y el País Vasco es que tengan lengua propia y se obstinen en emplearla; subsidiariamente también Galicia. La prueba es que de los muchos conflictos autonómicos, los lingüísticos son los más frecuentes, los que provocan más enfrentamientos, los más amargos. Que si el empleo de una u otra lengua en los procesos educativos, que si se rotula en una u otra lengua en los comercios, que si la administración se relaciona con los ciudadanos en una u otra lengua. Y tienen que acabar interviniendo los tribunales porque las fuerzas políticas no consiguen concertarse. Razón por la cual se propone resolver el problema a base de legislar sobre aquello en lo que no hay acuerdo, en lugar de permitir que la población se acomode como mejor le parezca. Uno de los espectáculos más regocijantes es la furia con que los neoliberales de las dos orillas de la falla nacionalista, que dicen que hay que dejar a la gente en paz, se lanzan a legislar sobre cuestiones acerca del modo en que cada cual bautiza su tienda o cómo extiende una receta de cocina.

Se comprende la amargura de los hablantes de la lengua imperial al ceder terreno ante las vernáculas de la periferia. Pero por mucha que sea ésta no creo pueda llegar a la que sentirían aquellos otros, hablantes de sus propias lenguas, a quienes durante años, decenios, se dijo que hablaran en cristiano, como si lo estuvieran haciendo en sarraceno.

El día en que los españoles se esfuercen por entender a quienes hablan otras lenguas (y, por tanto tienen otra mentalidad) habrá comenzado de verdad la normalización del país.

(La imagen es una foto de Biblioteca Colmenarejo, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 26 de noviembre de 2010

Meditación sobre la crisis.

El capitalismo es un modo de producción que se caracteriza por sus crisis periódicas; que sean o no cíclicas es asunto discutible; pero, desde luego, son recurrentes. Es uno de los aspectos en que la historia ha dado la razón a Marx. Esas crisis, seguía diciendo Marx, son de exceso de producción. Algo que ya había él intuido cuando se hacía lenguas de la capacidad productiva del capitalismo en El manifiesto del partido comunista. El exceso de producción obliga a recortar gastos, entre otros, los salarios. Los salarios más bajos contraen más la demanda y ahí comienza el vértice del tifón contra el que sólo Keynes encontró una solución duradera.

De esas crisis solía salirse por el expediente de una guerra, en aplicación extrema de la doctrina de la destrucción creativa que se asocia normalmente a Schumpeter aunque la cosa viene de antes, por ejemplo de la obra de Werner Sombart, La guerra y el capitalismo y en general del marxismo. Al principio eso era relativamente fácil porque la guerra se usaba para abrir mercados que daban salida a los excedentes de las metrópolis. Inglaterra conquistaba la India y los Estados Unidos abrían a cañonazos el mercado del Japón para que sus respectivas poblaciones pudieran mantener altos niveles de vida, albergaran lo que los marxistas llamaban "aristocracia obrera".

Pero este expediente bélico ya no puede emplearse al menos en las proporciones que serían necesarias. Sin duda el mundo está sembrado de guerras, pero son de baja intensidad. Hoy todo lo que no sea nuclear es de baja intensidad. En todo caso no se puede recurrir al expediente bélico por dos razones: En primer lugar la guerra extrema es imposible debido al overkill existente en unos silos nucleares que abrigan una cantidad de bombas atómicas capaz de destruir el planeta varias veces. Ya lo era durante la guerra fría que precisamente se llamó fría porque no podía ser guerra. Hoy con más razón cuando las armas nucleares han proliferado.

Además, aunque la guerra fuera posible, no cumpliría satisfactoriamente la tarea de destruir para volver a crear porque el excedente contemporáneo es inmaterial ya que es dinero. La crisis es financiera (la industrial es su reflejo, no su causa) porque lo que el capitalismo ha producido en demasía es dinero, valor nominal, no de uso. Y eso no se puede bombardear. El dinero es indestructible por la vía material. Hay que destruirlo en la simbólica. Por eso el elemento definitorio de la crisis actual gira en torno al crédito, a la confianza, que son elementos morales, extraordinariamente subjetivos. Porque ¿qué juzga la confianza? El grado de creencia que se tenga en la capacidad de alguien de cumplir sus compromisos. Es decir, no es un juicio de hecho sino de futuro. Si se le aumentan los tipos de interés de la deuda se le crean dificultades que a su vez debilitan su capacidad de cumplir los compromisos lo que es también el comienzo de otra espiral.

La segunda razón de la imposibilidad del expediente de la guerra es la globalización. Lo más obvio de ella es que ya no quedan mercados cerrados por abrir o vírgenes por descubrir y conquistar. El mundo entero es un mercado, un libre mercado, sin fronteras, sin límites, sin barreras. Aunque sobrevivan aquí o allí prácticas proteccionistas, el comercio mundial está arbitrado por la Organización Mundial del Comercio, firme partidaria del libre cambio.

La globalización hace añicos las teorías de la conspiración del tipo de "ataque de los mercados contra el euro" o contra España, o lo que sea. No hay ataques concertados. No hay un centro mundial de operaciones. El mundo es un sistema en el sentido de Luhmann, autopoiético, esto es, que se crea a sí mismo, no está dirigido desde parte alguna. El orden (o desorden) mundial es el resultado espontáneo de la confluencia de trillones de trillones de decisiones que se toman en todo el planeta de modo autónomo e independiente. Eso no hay quien lo controle. Nadie puede prever nada (y mucho menos prevenir) cuando las decisiones, todas (las de previsión también), se toman al unísono en virtud de una información en tiempo real y que llega a todas partes en el mismo instante y en la misma cantidad. Es decir, no hay nadie más o mejor informado que otro si el otro no quiere. La carrera por la información es frenética y de ahí que no se opere sobre los datos que hay sino sobre las expectativas. Son los mercados de futuros.

Por estas razones esta crisis financiera es una crisis capitalista, sin duda, pero no tiene precedentes. Además el capitalismo carece de alternativas. El socialismo fracasó y todo indica que, si se reprodujera, fracasaría de nuevo si cometiera el mismo error de suprimir el mercado. Y, si no se suprime el mercado, el modo resultante podrá llamarse socialismo pero seguirá siendo capitalismo. Por eso había sido tan ingeniosa la fórmula socialdemócrata de intervenir en los mercados sin abolirlos, esto es, de domesticar a la fiera. Pero ahora, en esta crisis, la fiera se ha soltado y se ha comido al domador puesto que los partidos socialdemócratas se han convertido todos, más o menos declaradamente, al evangelio neoliberal. Ya puede Alfonso Guerra pedir a la izquierda respuestas a la crisis. Ni siquiera se atreve esa izquierda a defender el Estado del bienestar porque se ha tragado el dogma neoliberal de que es un cobijo de vagos y defraudadores. ¿Cuándo no han dicho los ricos que los pobres lo que son es unos vagos y unos delincuentes? Así que esta crisis lo es del Estado del bienestar. También lo es del euro y, por extensión, de la Unión Euopea, pero ese es rollo aparte. Aquí lo importante es el ataque al Estado del bienestar que viene a ser un bocatto di cardinale como la galera capitana en la flota de las Indias, una nao cargada de tesoros: los ahorros presentes y futuros de nuestras sociedades.

Y la cosa es complicada porque, siendo la crisis global, las medidas que se toman son de carácter nacional, lo cual es perfectamente inútil, dicho sea sin desdoro de las meritorias pero harto insuficientes decisiones de la Unión Europea de alcance colectivo. Tomar medidas de alcance nacional para atajar una crisis global es algo inútil salvo que sean las medidas que precismente exige esa crisis global interpretada por los organismos financieros internacionales. Sólo un dato para la memoria: ¿nadie se acuerda de la dureza de las medidas impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a los países latinoamericanos con motivo de la crisis de la deuda de los años ochenta? ¿Quién iba a decir a los países europeos que a ellos se les aplicaría la misma medicina por el mismo motivo: la deuda?

jueves, 25 de noviembre de 2010

Oigo, patria, tu aflicción.

Sale la patria a relucir, cosa que sucede en España con harta frecuencia, y los españoles pierden el oremus. Pues naturalmente que, en las circunstancias actuales, el Gobierno (que es gobierno porque lleva el gobernalle de la nave, guste o no) debe reclamar lealtad y esfuerzo mancomunado de todo el pasaje y no sólo de la tripulación del buque. Y naturalmente que aquella ha de dárselas sin escatimar nada, orillando cualquier agravio o rencilla si no es por solidaridad, cuando menos por interés propio, ya que viaja en el mismo barco.

Lo que no puede ser es que, acto seguido, salga el portavoz de la oposición conservadora lanzando un torpedo a la línea de flotación del crédito del Gobierno. Y en momentos en que las bolsas rugen como Escila y Caribdis. Eso es una felonía. En momentos de zozobra tenemos parte del pasaje amotinada y saboteando cuanto puede: hoy el señor Pons, ayer la señora de Cospedal, mañana, quizá, doña Esperanza Aguirre. Cada vez que hablan abren una vía de agua y tiembla el Ibex.

Es en ese escenario de bolsas, parqués, cotizaciones, deuda, valores en donde el presidente Zapatero ha decidido llamar a parlamentar a los treinta capitostes de la empresa española, algo así como cuando un sitiado manda llamar una delegación de los sitiadores para saber las condiciones de una rendición; una delegación de la gran empresa constituida en consejo áulico de un gobernante socialista. Mientras los sindicatos, con casi cinco millones de parados en el país, apenas saben a quién defienden. Mirada con perspectiva histórica la imagen enseña mucho sobre el paso del tiempo y las cambiantes circunstancias del mundo.

Pero el patriotismo es eterno, es una vivencia permanente del hombre y cuando uno lo siente de modo tan ardoroso como el señor Aznar, quien dimitió del Consejo de Estado para trabajar a sueldo de un magnate internacional de los medios, da clase en una universidad extrajera y acaba de incorporarse a la dirección de una extraña empresa también extranjera dedicada a combatir el cambio climático o algo así, no puede menos que irrumpir en la arena nacional para exhibirlo y expulsar del lugar al usurpador, esto es, cualquier gobernante que no sea él o el que él haya decidido..

Rechaza el señor Aznar que el presidente Zapatero pida patriotismo a los demás cuando él debiera ser el primero en practicarlo. Que el señor Zapatero ejercite la noble virtud del patriotismo, según el señor Aznar, quiere decir que dimita y convoque elecciones anticipadas. Patriótico es, por tanto, sumir un ya muy atribulado país en la incertidumbre de un proceso electoral que puede durar varios meses durante los cuales el gobierno y la administración quedarán prácticamente paralizados e inermes frente a los temibles mercados. Es posible que esto parezca a alguien patriotismo; para mí es una felonía cabal. Es dividir, encizañar, fraccionar el país justo cuando la supervivencia de éste depende de la fuerza de su unidad interior. Como se le alcanza a cualquiera que recuerde la célebre máxima ignaciana de no hacer mudanza en tiempo de turbación.

Los dos expresidentes del Gobierno que mantienen actividad pública, Felipe y el señor Aznar, son tan distintos hoy como lo eran cuando ambos dirigían sus respectivos partidos. Felipe que publica algún artículo ocasional en El País conserva intactos su carisma y su prestigio, acrecentado por su evolución manifiesta hacia la figura del abuelo Cebolleta, papel por lo demás ejercido con admirable discreción. Apenas se hace notar, no acumula vanidades mundanas, doctorados honoris causa por universidades de catequesis, no se obstina en dar consejos a los gobernantes de medio mundo y en anatematizar a las del otro medio, no dirige think tanks con mucho de tanks y poco de thinking; no presume de abdominales ni da collejas a su sucesor.

Aznar, por el contrario, está permanentemente en los medios, viajando por el mundo, heraldo de esa alianza neoneo (neoliberales-neoconservadores) , ocupa el proscenio con un discurso radical y estridente, repleto de milagrosas recetas que han fracasado ya en todas partes, empezando por su propio país. Se multiplica en todo tipo de acontecimientos oscureciendo la figura del candidato de su partido con manifestaciones hoscas, hostiles, cuando no agresivas o de ataque, con un retorno a su vieja táctica del "¡váyase señor González!". Este correoso ex falangista piensa que respetar el mandato otorgado por la mayoría democrática y esperar su turno cuando no es él quien gobierna es una pérdida de tiempo y un atentado a los intereses de España. ¡Qué gloriosos días aquellos en que podía pasarse por encima de las urnas cuando se trataba de salvar a la patria! Ahora hay que pedir al gobernante legítimo que se vaya. Pero ¿es necesario hacerlo varias veces al día todos los días desde que se perdieron las últimas elecciones?

(La imagen es reproducción del cuadro del alicantino Antonio Gisbert, El fusilamiento de Torrijos, pintado en 1888 que se conserva en el Museo del Prado). Dominio público.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Un poco de autobombo.

Quizá algún amable y desocupado lector recuerde que cuando un 29 de noviembre del año pasado, con gran dolor de mis entretelas, cerré Palinuro, decía que el blog me llevaba mucho tiempo, que estaba escribiendo dos libros y temía no poder terminarlos. Asimismo decía que "Ello no quiere decir que el cierre sea definitivo sino transitorio y durará el tiempo que tarde en acabar las dos obras en cuestión; pueden ser meses y pueden ser años.". Al final fueron meses; exactamente nueve meses y veintiún días. El cómputo exacto trasluce que, como buen bloguero, siento la lejanía del blog como una enajenación, un exilio de mi reino, de mi doble Palinuro, a quien tanto debo. Alejar a un bloguero de su blog es como separar dos amantes, esa tragedia que tan morbosa como lúcidamente analiza Igor Caruso; en el extremo, motivo de muerte. Por suerte o por desgracia ese rasgo de pasión y genio me ha sido negado así que en lugar de suicidarme aproveché para reflexionar sobre el bloguerío y dentro de poco emborronaré una entrada con mis últimas meditaciones sobre el susodicho.

Se cumplió por fin el propósito de la separación y escribí los dos libros, al tiempo que traduje otros dos. De los dos escritos por mí, uno de ellos está ya en la calle y es el de la imagen. Sus detalles pueden ir a verse en la güeb del editor, Tirant lo Blanch, en donde cabe leer algunas páginas de la edición que se encuentra disponible en papel y como descarga en la red. La obra trata de lo que dice el título y mi propósito ha sido sistemático: la incidencia de internet en las instituciones y actores de la política contemporánea; la relación entre la red y los demás medios de comunicación; y el replanteamiento de las grandes cuestiones políticas (la guerra, el feminismo, el ecologismo, el multiculturalismo y el individualismo) en el ciberespacio, que es un supraespacio público en el que lo colectivo se mezcla con lo particular y privado para dar una mezcla de incalculables consecuencias. Sería estúpido que hablara de la calidad de la obra, de forma que aquí dejo el asunto.

El otro libro, Memoria del franquismo, está en imprenta y tiene prevista salida en la editorial Ramón Akal en febrero de 2011. Ya hablaré más por entonces. Además de éste también se han publicado las dos traducciones, ambas asimismo en Tirant lo Blanch, Introducción a la Teoría Política, de Andrew Heywood y La transformación del Estado, de Georg Sorensen, dos muy apreciables textos de distintas materias que vienen muy bien en la Universidad. El baranda de Tirant, Salvador Vives, es el editor con el que sueña todo escribidor: toma decisiones, corre riesgos, es académico y expeditivo.


EL PAPA EN VALLEKAS

El otro día participé en el debut de un programa político de Tele K llamado La tuerka en formato tertulia. Pero no de esas tertulias de cadenas consagradas y TDTs de lujo en las que corre el vino y el verbo incendiario, sino más de tipo tele marginal con sillas de sky y mejor voluntad que comodidades. Por no tener no tienen ni maquillaje con lo que los cinco que intervinimos estuvimos al crudo natural. Menos mal que, como los focos tampoco eran muy potentes, la cosa no ofende. Aparte del presentador, Pablo Iglesias, un joven profesor de Políticas de fuerte espíritu fáustico, los participantes éramos Leo Bassi, el bufón al que quieren triturar en los



tribunales los sólitos furibundos defensores de Covadonga, Roncesvalles y el 18 de julio; Rosario Segura, representante de Europa laica; Alberto Hidalgo, de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB); y yo, que sólo me represento a mí mismo y no siempre con gran convicción.

El caso es que lo pasé muy bien. Desde que, al ganar las elecciones el PP en 1996, me echaron de todos los medios por abominable felipista, no había vuelto a pisar un plató, de esos desde los que ahora se lanzan procacidades. Y aunque el de Tele K es más plato que plató, fue un interesante reencuentro.

El programa era muy ágil, estaba muy bien cronometrado, Pablo lo llevaba como si no hubiera hecho otra cosa en su vida, hubo vídeos simpatiquísimos, y mis contertulios dijeron cosas muy sensatas y verdaderas, de esas que no se escuchan por las teles al uso. Lástima que Tele K sea tan insignificante ante la gran tanga mediática como Joseph K ante su proceso. El programa debería llegar al Vaticano. El Papa debiera visionarlo. Tendría otra idea de su misión en la tierra. Respetuosa pero crítica.

martes, 23 de noviembre de 2010

Las elecciones catalanas.

En esta sociedad del espectáculo de la que habla todo el mundo (Debord, el inventor del término, pero también Baudrillard, Lipovetsky, etc), ¿qué tiene de raro que las elecciones catalanas sean también un espectáculo? Y un requetespectáculo. Muy de ver a doña Esperanza Aguirre afirmando impertérrita que Cataluña necesita un gobierno liberal; liberal como el de Islandia, el de Grecia, el de Irlanda. Pues pobre Cataluña y pobre España. Y más de ver aun cómo la misma doña recitaba un dicho de Josep Pla, gran escritor catalán franquista de primera hornada, és deixen de collonades! Admirable cómo esta derecha dice siempre lo mismo; al caso, Berlusconi llamando collione a los que no le votan. Siempre pensando en lo mismo y siempre igual: los demás son gilipollas y deben dejarse de gilipolleces. Eso se llama hoy liberalismo.

De todas formas el Principado ya es espectáculo sin añadidos foráneos. Cosa obvia cuando se ve que la campaña electoral se ha avivado con cuatro vídeos subiditos de tono aunque por motivos distintos. En el primero, del PP, Alicia Sánchez-Camacho, o un avatar suyo, candidata del partido, cazaba y abatía inmigrantes ilegales e independentistas. Tuvieron que retirarlo aduciendo que era un error de fábrica, como cuando Toyota retira series de vehículos por defecto de fabricación. En realidad los racistas nunca se ven como racistas cuando se manifiestan como tales; se lo tienen que decir los demás.

El segundo, de las juventudes del PSC presentaba a una joven experimentando el placer del orgasmo al votar es de suponer que a Montilla. Después de la propuesta del Increíble hombre normal este otro golpe muestra una juventud educada en la vía del comic, incluido el sexual. Es interesante comprobar que no ha provocado el mismo rechazo que el del PP lo que hace pensar que quizá la sociedad no sea tan pudibunda como se piensa.

Pero el vídeo rompedor en este territorio del espectáculo es el de Laporta starring María Lapiedra, que es una señora verdaderamente voluptuosa:



Supongo que habrá críticas por lo que tiene de tomarse la política como una revista teatral; la banalización de que suelen hablar los curas. Y las críticas serán más encendidas desde las posiciones feministas, que no tendrán fácil justificar su queja. En todo caso, se piense lo que se piense, hay un elemento espectacular muy fuerte. María Lapiedra no es Cicciolina, que se presentaba por partidos verdes y ecologistas, pero está en su línea.

El cuarto vídeo, de la siempre moderada CiU, el del espanyol envuelto en la rojigualda robando carteras por la vía Layetana está hecho con el mejor ánimo de contribuir al entendimiento entre catalanes y españoles, al estilo de Cambó, no trata de ofender a nadie y si alguien lo hace será porque está animado de un anticatalanismo visceral.

Los sondeos vienen a ser otro espectáculo: pronostican triunfo holgado (quizá con mayoría absoluta) de CiU y hundimiento del PSC, con distintas fortunas a los demás. Pero lo más llamativo es el altísimo porcentaje de posible abstención así como, y ello es digno de nota, voto en blanco que viene a ser una protesta ciudadana contra el conjunto del sistema.

Suponiendo que parte del electorado (algunos dicen que todo él) vota según la valoración que le merezca el mandato pasado, lo primero que se hace es ponderarlo. El tripartito ha sido un gobierno más que aceptable para Cataluña, pero la reforma del Estatuto le ha reventado entre las manos y ha comenzado una gresca y un guirigay que ha oscurecido sus méritos. Lo cual no deja de ser injusto para los únicos partidos, sobre todo el PSC, que se atrevieron con lo que CiU tuvo más veinte años para hacer y no hizo: la reforma del texto catalán. El pintoresco resultado es que, entre otras cosas, Cataluña se rige hoy por un Estatuto parte del cual es inconstitucional.

Del guirigay ha salido un fuerte rebrote del soberanismo y el independentismo. Laporta empuja a ERC, ERC empuja a Artur Mas, quien comprueba a su costa que el truco del nacionalismo es que no tiene más límite real que la independencia. Por otro lado CiU había venido pactando con Zapatero hasta que, la proximidad de las elecciones catalanas y la incertidumbre sobre los resultados, aconsejó a la coalición poner tierra por medio. En definitiva, la valoración media tiene que ser mediocre y ello probablemente explica la alta abstención y el voto en blanco. Aunque puede que parte de ese voto al final vaya a Ciutadans o UPyD.

Si, por el contrario, se piensa que el voto es prospectivo, esto es, que los electores votan un nuevo gobierno o la continuación del que esté, lo que corresponde es considerar las múltiples posibilidades de gobiernos del Principado. Pero especular sobre eso sin datos firmes en la mano es perder el tiempo porque, según sean estos, así será el gobierno catalán y aquí, digan lo que digan los dirigentes, caben todas las posibilidades por inverosímiles que parezcan y aunque unas sean más probables que otras. Cabe hasta lo que ya se ha bautizado como sociovergencia, nombre que ahorra preguntarse por qué partidos la integrarían.

(La imagen es una foto de Jaume d'Urgell, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 22 de noviembre de 2010

Irlanda. Soldados del destino.

La prensa de hoy viene tocando a difunto por Irlanda y a rebato por los PIGS restantes, Portugal y España, lugares a los que los inversores dirigirán ahora sus codiciosas miradas por tratarse de países extraordinariamente endeudados. Y todo mientras Zapatero se desgañitaba ayer en una interesante entrevista en El país afirmando que aquí no serán necesarias nuevas medidas de ajuste, nuevos recortes sociales. Algo sobre lo que parece haber acuerdo general, avalado por los organismos internacionales más imponentes como el Fondo Monetario Internacional (FMI), es que España no era Grecia ni es Irlanda. Tendemos pues a quedarnos tranquilos porque, siendo como somos ingenuos, seguimos creyendo que, contra toda evidencia en contrario, el FMI sabe de lo que habla. España no es Grecia, Portugal ni Irlanda pero los fementidos mercados, los insaciables inversores no acaban de creerlo y se remueven inquietos. ¿Por qué será?

De entrada debe aclararse, porque es decisivo, que si se trata de la segunda quiebra-país de la eurozona, es sin embargo la tercera en Europa pues antes de la de Grecia se produjo la de Islandia, de la que todo el mundo parece haberse olvidado. Que Islandia no pertenezca a la UE no quiere decir que no sea Europa. Pero, desde luego, no es un PIGS; al contrario, pasaba por ser uno de los países más prósperos del mundo con un PIB por habitante altísimo y que en 2006 ocupaba el 5º lugar en el Índice de libertad económica, justo el lugar que ocupa hoy la desgraciada Irlanda. Hoy Islandia está en el lugar decimoctavo en ese índice, cosa nada de extrañar si se tiene en cuenta que ha tenido que nacionalizar toda la banca para salir de la catástrofe en que se había metido.

El término PIGS, como todos los dictados más por los prejuicios que por el sentido común no da cuenta del riesgo real de España puesto que, en efecto, no es una de ellos. Quedó suficientemente claro con las pruebas de stress de los bancos hace unos meses. La banca española es de fiar. Pero ¿y si no fuera esa la cuestión que preocupara a los innombrables?

Lo que une a los tres países quebrados, PIGS o no PIGS es el haber sido los tres escaparates y modelos de políticas neoliberales, aplicadas con el rigor del converso por los tres partidos de la derecha neoliberal que los gobernaron en los años anteriores a la crisis: el sempiterno Partido de la Independencia en Islandia (desde siempre hasta 2009), la Nueva Democracia en Grecia (de 2004 a 2009) y el Fianna Fáil (Soldados del destino) hoy junto a los verdes en Irlanda (desde 1997 hasta la fecha). En esos años pasados se vivió una época dorada en estos países: tasas de crecimiento entre el 4 y el 6 por ciento del PIB, el doble o más del doble de la media de la UE, crédito fácil a tipos bajos, reducida presión fiscal; en algún caso escandalosamente reducida como en ese 12,5 por ciento de impuesto de sociedades en Irlanda, uno de los más bajos de la UE, solo superior al de Bulgaria, Chipre y Letonia, la mitad de la media europea, en donde hay países como Francia, que tienen el 33,33 por ciento o Alemania, con un 30 a más de un 33 por ciento. Sin duda por todas estas fascinantes virtudes, Irlanda era todavía hace unos meses un modelo, faro y guía para Rajoy quien afirmaba que era la economía que tiraba de Europa, junto a la del Reino Unido mientras que las de Alemania y Francia se habían "anquilosado". Todo un ojo clínico u otro que tampoco sabe de lo que habla. Ni siquiera en dónde están sus querencias porque también recientemente ponía de ejemplo el plan de Cameron, tan contrario a las alegrías financieras de Irlanda como Calvino al banquete del Rey Baltasar.

En resumen, son las políticas neoliberales las responsables de la crisis, su fabulosa capacidad para generar burbujas especulativas que no en todos los lugares se manifiestan de igual modo. En Irlanda, parcialmente en el Reino Unido y, desde luego en España, la burbuja ha sido la inmobiliaria y ahí es donde las pirañas especulativas hincarán los dientes porque no se trata solo de la garantía del endeudamiento público sino de la del privado también, lo que es mucho más problemático.

Por eso la situación de España es muy delicada. Porque no tiene nada que ver con el llamado "contagio" sino con la desconfianza neoliberal acerca del efecto de las políticas neoliberales. ¿Una prueba? Islandia, la próspera Islandia, de la que hoy emigran las gentes a miles y que está considerando el ingreso en la Unión Europea, la Islandia que tenía un impuesto de sociedades de un 18 por ciento, el paraíso neoliberal, tuvo que devaluar la moneda en un 66 por ciento y subir los tipos de interés a un 18 por ciento (hoy está en el 7 por ciento). Si en la eurozona subieran los tipos al 18 por ciento la catástrofe estaría asegurada y de España no quedaría piedra sobre piedra.

(La imagen es una foto de Hryck, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 21 de noviembre de 2010

El Papa, de espaldas al mundo.

L'Osservatore romano de ayer traía una selección del libro que saldrá a la venta el próximo martes, 23 de noviembre, festividad de San Trudón de Sarquinium, presbítero, titulada El Papa, la Iglesia y el signo de los tiempos. El libro recoge una larga conversación con el periodista y escritor alemán Peter Seewald y se titula Luz del mundo, nada menos. Si la antología es representativa del conjunto del intercambio (y son unas 280 páginas), es decir, si se reflejan todos los temas tratados, está claro que el Papa se considera y considera a la Iglesia la conciencia moral del mundo, aunque reconoce que el cristianismo no determina la opinión pública mundial.

Al propio tiempo no deja de ser curioso que se erija en conciencia moral del mundo alguien que sabe tan poco de él, que incluso lo ignora. Como prueba: en toda la antología (habrá que ver si asimismo en el libro, aunque tiene toda la pinta) no hay una sola palabra del Pontífice sobre la crisis general del capitalismo que azota al mundo hace ya tres años, ni sobre el capitalismo o la corrupción, o la especulación, el paro, el hambre, el creciente abismo entre ricos y pobres, etc. El Papa está dedicado a más altos menesteres. La Iglesia ya no tiene doctrina social; sólo moral, filosófica y teológica y por este orden.

Es el orgullo del intelectual quien, tras declararse pobre mendicante ante Dios, que parece una broma, dice fundirse en espíritu con los santos Agustín, Buenaventura y Tomás de Aquino, a su vez los intelectuales. No con Francisco, Martín o Esteban, el protomártir. Y lo que le interesa es combatir la actual fe en el progreso basada en un uso excluyente de la razón con pretensión de totalidad (sic) que va, dice con retorcido argumento y sofisma, en contra de la libertad. Libertad para profesar la sinrazón, la fe, los milagros, las alucinaciones místicas, los conjuros mágicos que tanto bien han hecho a la especie humana.

Este orgullo de intelectual doctrinario alcanza su manifestación más delirante en el tratamiento de los judíos. Está claro, sostiene, que los judíos son nuestros hermanos y que el Nuevo Testamento no puede entenderse sin el Antiguo; está claro asimismo que el comportamiento del Vaticano con el III Reich dejó bastante que desear. Pío XII calló, afirma su sucesor, porque no podía hacer de otro modo pero, añade, salvó muchas vidas judías. Será como Su Santidad dice pero sin duda salvó muchas menos de las que condenó con su silencio. En fin, el asunto adquiere tonalidades sublimes cuando recuerda que Cristo también ha venido a salvar a los judíos, no sólo a los paganos, quieran o no quieran, en el más dulce espíritu católico.

Allí donde el Papa aborda cuestiones del siglo, sus manifestaciones muestran un paladino desconocimiento de la realidad. En materia de pederastia del clero, Benedicto XVI confiesa que ha sido duro de tragar porque ese comportamiento ensucia el sacerdocio. ¿Qué iba a decir? A continuación da a entender que el tratamiento de los medios pretendía poner a la Iglesia en un brete, desprestigiarla. Admite el mal y el daño causado por ese clero pero no parece entender que, si se ha conocido, ha sido gracias a los medios.

Su imagen de las drogas resulta apocalíptica. La droga destruye personas y hasta países enteros. La llama paraíso del diablo que, como metáfora (muy en la línea de los Paraísos artificiales de Baudelaire) empleada por un pontífice católico, no deja de tener su chiste. Pero, fuera de condenar con gesto sombrío, no aporta una sola idea, una sola propuesta de solución.

Pero en donde el Papa muestra su lado más dogmático, ajeno al mundo real y al conocimiento más elemental de los asuntos sobre los que pontifica, y nunca mejor dicho, es en lo referente a cuestiones sexuales y a las mujeres. No sabe nada pero juzga sin apelación posible. El condón es condenable porque banaliza la sexualidad. Atención a ese galicismo de "banalizar" que presupone algún tipo de carga trascendental para la sexualidad. ¿Y qué puede ser ello? Sencillamente, que el condón hace posible separar la sexualidad de la procreación, es decir, libera la sexualidad lo cual horripila al Papa y ese es el verdadero motivo de su enemiga al condón. Como no lo puede decir, probablemente porque le da vergüenza, emplea el término "banalizar" y, añade, además, para cargarse de razón científica, que tampoco sirve para contener el SIDA que es como decir que el agua no apaga el fuego.

En cuanto a las mujeres el Papa oculta su misoginia colgándose de las palabras de su predecesor: La Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal. Es decir: no es que no queramos; es que no podemos, es que la Iglesia fue constituida por Cristo como un androceo al escoger doce discípulos y ninguna discípula. No podemos hacer nada. Y, sin embargo, esto es falso: Cristo otorga a San Pedro la llave del Reino de los cielos y le confiere plenos poderes de modo que todo lo que aquí atare será atado en el cielo y todo lo que desatare, desatado. La iglesia no tiene sacerdotisas porque no quiere, no porque no pueda. Estaría bueno. Es evidente que se trata de una discriminación; tanto que, a renglón seguido, para aliviar su mala conciencia (que pretende sea la del mundo), el Papa se felicita de lo muy importantes que son la mujeres en la Iglesia al día de hoy en las funciones que tienen encomendadas. Todas ellas subalternas, por supuesto.

(La imagen es una foto de Catholic Church (England and Wales), bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 20 de noviembre de 2010

Franco, ese trauma.

Hoy, veinte de noviembre, se cumplen treinta y cinco años de la muerte de Francisco Franco, caudillo de España por la Gracia de Dios. Por la Gracia de Dios. Esta fórmula, grabada en las monedas de curso legal hasta bastante después de aquella muerte, exime de mayores afanes para demostrar la identificación de la Iglesia católica con el régimen franquista, el nacionalcatolicismo. El régimen era la Iglesia y la Iglesia era el régimen. Algún abad de Montserrat y algunos clérigos vascos no son sino rarísimas excepciones en una coyunda total.

A su vez el régimen era una dictadura militar, una junta, salida de una guerra civil de tres años y prolongada luego en la paz de los vencedores por medio del asesinato, el terror, la tiranía, la represión y la tortura. Fue un régimen ilegítimo de raíz y origen por ser obra de unos fuera de la ley sublevados contra el gobierno legítimo de la República y fue ilegítimo de ejercicio a lo largo de toda su existencia por más que en el curso de ésta, se fuera dotando de siete Leyes Fundamentales que pretendían ser una Constitución sui generis. No obstante el propio régimen confesaba paladinamente la inutilidad de estas Leyes Fundamentales ya que seguía proclamando la llamada "legitimidad del 18 de julio", es decir, el derecho de conquista, la legitimidad de la fuerza armada, no la de una u otra de tales Leyes Fundamentales ni la de todas en conjunto.

El origen ideológico de aquella dictadura basada en lo que hoy se reconoce como genocidio fue el fascismo, el Estado Novo portugués y el nazismo, como él mismo reconocía en su iconografía. Pero eso era el origen. El régimen era una dictadura militar sin verdadera ideología que no fuera la monárquico-católica. En esto se diferenciaba de sus hermanas y aliadas que eran dictaduras de partido, de civiles que, en el caso de la alemana y la italiana, se habían militarizado después. Pero ninguna de las tres fue en su origen una dictadura militar, del ejército directamente salido de los cuarteles como en España.

Cuando las cosas se pusieron mal porque el Eje, a cuyo favor habían combatido españoles en la División Azul, perdió la guerra, la Dictadura cambió de chaqueta. Fue el único momento en que el régimen de Franco corrió algún peligro, cuando los aliados victoriosos jugaron con la idea de invadir España y derrocar al tirano. Al final se impuso una decisión "intermedia", prágmática, consistente en demostrar el rechazo del régimen mediante un aislamiento internacional, pero no derrocarlo. Ocho años duró aquella situación, desde 1945 a 1953, ocho años de penuria, de miseria que ya prolongaban otros seis, desde 1939 a 1945, la postguerra inmediata, en los que vivir era sobrevivir. Y el régimen sobrevivió. Fue recibido en la comunidad internacional en 1955 y, por último, la visita de Eisenhower a Franco en 1959 supuso el espaldarazo final a una "normalización" en la que el país no se integraba por entero en el bloque occidental pero estaba en su periferia.

El abrazo de Eisenhower, de civil y Franco, de uniforme, escenifica este momento de triunfo de Franco que se había ganado su derecho a existir sin abandonar ninguno de sus postulados o prácticas. Por no ceder ni cedió en la petición expresa que le hizo Eisenhower de que no se hostigara a los protestantes en España. A partir de ese momento y dado que la oposición había sido exterminada y la que iba surgiendo periódicamente era periódicamente reprimida y encarcelada (y, esporádicamente, fusilada), las dos únicas posibilidades que quedaban de deshacerse del dictador eran que se muriera (de muerte natural o asesinado) o que lo desplazara una conspiración de cuartel. Como lo segundo no pasaría jamás dado que el ejército se mantuvo fiel a su General hasta el último momento y la UMD no pasó de ser una anécdota, de mucho valor, pero anécdota, únicamente quedaba la primera esperanza, que llegó a formularse con la expresión simbólica de el hecho biológico, el único que acaeció.

Al apoyo exterior Franco sumaba un amplio apoyo interior, como reconoce Julián Casanova en un artículo en El País, titulado Treinta y cinco años sin Franco. Una base social y un apoyo institucional que explican en gran medida el carácter timorato de la Transición. Si todavía hoy, a los treinta y cinco años, sigue habiendo Valle de los Caídos, Fundación Francisco Franco, misas y movilizaciones en su honor; si hoy sigue habiendo mucha resistencia a suprimir los símbolos del franquismo en todo el país; si hoy la memoria histórica sigue estando cuestionada y hasta las más altas instancias judiciales se oponen a su acción, no será difícil imaginar cómo sería la situación hace treinta y cinco años. Ahora es fácil criticar aquella transición por vergonzante, insuficiente, mancada, falta de brío. Y aun así estuvimos a punto de quedarnos sin ella en 1981 gracias a Tejero.

Franco y el franquismo son el gran trauma de España en el siglo XX y lo que llevamos del XXI, cuando sigue sin estar claro si podremos desenterrar e identificar a las decenas de miles de víctimas de la vesania fascista. Porque aunque la dictadura era militar, uno de sus brazos más asesinos fue el partido único, la Falange. Con ese trauma hemos de convivir todavía largos años.

Suele hablarse del milagro de la Transición como ejemplo de que los españoles éramos capaces de organizarnos en democracia sin entrematarnos. Pero la cuestión no es esa. Lo extraño, lo anormal, lo necesitado de explicación, no es que se haya restablecido la democracia en España; lo extraño, anormal y necesitado de explicación es la ignominiosa dictadura de cuarenta años. Nuestro trauma colectivo. Una dictadura que ha dejado profundísima huella y una gran cantidad de partidarios en su mayoría vergonzantes, pero partidarios.

viernes, 19 de noviembre de 2010

El liberalismo totalitario.

Hablan continuamente de libertad pero están acusados de organizar una red de espionaje de sus propios compañeros de partido a la que uno de los espiados bautizó con cierto sentido del humor como gestapillo. Y si alguien espía a los suyos es poco probable que no espíe al adversario.

Presumen de su férrea defensa de los derechos fundamentales pero hostigan sistemáticamente a los sindicatos, atacan las figuras de los liberados, se oponen al derecho de huelga y lo coartan cuanto pueden y cargan contra los representantes sindicales. Al tiempo niegan derechos a los homosexuales, como es el de contraer matrimonio, y a las mujeres en materia de aborto.

Presumen de honradez acrisolada y servicio público y están acusados de participar con pleno conocimiento y beneficio propio de la que puede ser la mayor trama de corrupción de la democracia española, así como de otros desfalcos millonarios allí donde gobiernan o han gobernado como en dos provincias valencianas y en las Baleares.

Aseguran respetar el principio de legalidad y están acusados de diverso tipo de prácticas administrativas fraudulentas, tanto en Madrid como en Valencia, como fraccionar las cantidades de las adjudicaciones para no tener que sacarlas a concurso y otorgárselas así a empresas de la trama corrupta.

Sostienen ser transparentes como el cristal pero el Gobierno valenciano niega información a la oposición o dilata entregar la que reclaman los tribunales. Transparencia como la de María Dolores de Cospedal, cuyas declaraciones de bienes están ahora llenas de enmiendas.

Afirman respetar las prácticas y convenciones parlamentarias pero gobiernan con opacidad, no dan explicaciones y emplean sin rodeos el rodillo de la mayoría parlamentaria. Para cerrar cuando les interesa las comisiones parlamentarias de investigación, por ejemplo.

Declaran respetar el principio de igualdad y no discriminación pero hacen comentarios y propuestas con tintes xenófobos y hasta vídeos que tienen que retirar a toda prisa porque frisan en el racismo.

Dicen ser partidarios del "juego limpio" a fuer de liberales pero están acusados de financiar sus campañas electorales con dinero negro procedente de la trama corrupta y canalizado mediante donaciones de empresarios que luego recibían contratos de la administración. Ello sin rememorar el famoso tamayazo que les dio la presidencia en posteriores elecciones gracias a la presunta compra de la voluntad de dos diputados socialistas.

Proclaman su fe en el mercado libre, la superioridad de éste sobre el Estado y la no intervención pública en la esfera privada y están acusados de favorecer a unos empresarios frente a otros por cantidades pavorosas en una manifiesta intervención pública del funcionamiento del mercado. Cosa que también sucede, aunque no sea motivo de acusación en sede judicial, con las relaciones con los medios de comunicación en las que se favorece a unos afines ideológicamente frente a otros que no lo son por medio de la discrecionalidad al otorgar las licencias. Con lo que además, intervienen en el ámbito de la comunicación.

En absoluto, protestan; es más, defendemos a capa y espada la libertad de información y expresión. Pero cualquiera que vea la cadena pública autonómica, TeleMadrid, también llamada TeleEspe, sabrá que es una pura máquina de propaganda del Gobierno autonómico y su partido sin la menor concesión a las posiciones no ya de izquierda sino siquiera de centro. Es la aplicación a rajatabla de las doctrinas gramscianas de la lucha por la hegemonía ideológica, un hallazgo del marxismo europeo. Todos los presentadores y prácticamente todos los colaboradores de la cadena pública son de derecha extrema, en ocasiones francamente agresiva y si no lo son lo suficiente les vuela la cabeza por intervención directa de la Presidencia de la Comunidad. Un intento de ocupar todo el espacio informativo, un intento totalitario.

Porque dicen ser liberales, y lo serán si ellos lo dicen; pero liberales totalitarios.

(Las imágenes son los retratos de Adam Smith y Karl Marx, en el dominio público. La idea de contraponerlas la he encontrado en el blog de William Crawley, de la BBC, titulado Will & Testament.

jueves, 18 de noviembre de 2010

De lo soez.

No se han apagado los ecos del griterio público al conocerse las preferencias eróticas de Sánchez Dragó en los años ochentas y el modo en que las relata cuando el amable público se desayuna con unas apreciaciones de Salvador Sostres en materia de jovencitas que dejan a Sánchez Dragó a la altura de un monaguillo. Sexismo trufado de un racismo increíble.

Afirma la señora Aguirre para desentenderse del episodio que se trata de una "conversación privada". Ya se sabe que lo "privado" manda en el universo conceptual neoliberal. Una conversación privada en un plató de televisión pública, con micrófonos y público presente. Es decir, para que sea pública una conversación tednrá que hacerse en la Plaza de San Pedro durante la bendición urbi et orbi. Además, si se mira el vídeo más abajo, se verá que no es una conversación sino un soliloquio de Sostres interrumpido con recriminaciones por Isabel San Sebastián.

Lo malo de estos exabruptos es que no son privados sino públicos y, además, muy frecuentes. Hay un machismo ostentoso en la derecha. Si no lo manifiesta Sostres lo hace el alcalde de Valladolid y, si no, lo hace Aznar metiendo un bolígrafo en el escote de una periodista. Un machismo mezclado, como es lógico, de agresividad verbal. Suelen ser los rijosos los que, además, insultan e injurian sin parar sobre todo a los adversarios políticos o a todos aquellos que presuman cercanos a los adversarios políticos, por ejemplo,



los artistas, sistemáticamente tildados de "titiriteros" y "estómagos agradecidos". Por supuesto, sus propios "estómagos agradecidos" son agradecidos, sí, pero no estómagos: son cerebros. Bien a la vista está. En esto rivalizan políticos y comunicadores de la derecha, ¿o no fue Rajoy quien, en la primera legislatura de Zapatero llamó a éste de todo, desde "incompetente" a "bobo solemne" pasando por infinidad de dicterios? Repetidamente, machaconamente. Y si lo hacía el mando, ¿cómo no sus huestes partidarias o mediáticas? Así el país sufre un nivel de debate público de calidad moral e intelectual bajísima. Y que esto suceda en medios privados tiene un pasar pues cada cual gasta su dinero en lo que le place. Que suceda en medios públicos, sostenido con dinero público es otro cantar. ¿Por qué han de soportar los votantes socialistas que, con el dinero de sus impuestos, se pague a profesionales del insulto para que injurien sus valores, sus ideas y a las personas que los encarnan?

La agresividad verbal, la violencia verbal, los insultos, las injurias, las procacidades, vienen fundamentalmente de la derecha. De vez en cuando la izquierda también recurre a esa táctica, como en el caso de los tontos de los cojones del alcalde Pedro Castro. Pero esto sí que son ejemplos aislados. No recuerdo caso alguno de socialista que haya hecho un comentario como el de los morritos del alcalde de Valladolid. Y qué mala uva destila ese término, "morritos". En realidad no es frecuente que en la izquierda se escuchen comentarios, bromas, chanzas sobre la apariencia física de las gentes, especialmente las mujeres, de la derecha. No me consta que nadie trate o haya tratado a Soraya Sáez de Santamaría o a María Dolores de Cospedal como los conservadores han tratado a Bibiana Aído o a Leire Pajín, con cuyo apellido han hecho chistes varias luminarias de la derecha. En fin, en su conjunto se trata de un caso de eso que antes se llamaba "mala educación". Hay gente a la que han enseñado pautas morales obvias como que no se insulta pero lo han olvidado; en otros casos, probablemente, ni se les ha enseñado.

Por eso es tan importante la corrección política de la que todos estos maleducados hacen chirigota sin parar. Les parece algo ridículo que se pretenda emplear un lenguaje que tenga en cuenta la gran variedad y pluralidad de nuestras sociedades y sea respetuoso con ellas. O que se piense que el debate público no ha de ser necesariamente un griterío de rufianes. Les parece cosa de maricones y nenazas.

(La imagen es una foto de sroemerm, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El punto medio.

Vaya, hombre. Toda la vida luchando a brazo partido contra ese asunto del "punto medio" o "término medio" en función del principio de la lógica aristotélica del "tercero excluido" (tertium non datur) y, para una vez que lo defiendo, llega mi amigo Nacho Escolar y me acusa de ignorarlo; y no sólo de ignorarlo, sino de "defender al Gobierno", cosa poco recomendable al día de hoy. Dice Nacho: "Actualización, 12:29. Ramón Cotarelo escribe en su blog sobre el Sáhara con otro punto de vista diferente, donde defiende la actuación que está teniendo el Gobierno ante esta crisis en nuestra ex colonia. No estoy de acuerdo con su tesis, principalmente porque parte del error de considerar que no hay un punto medio entre la actual diplomacia de mano blanda y una declaración de guerra en toda regla. Pero también hay en su artículo algunos argumentos interesantes".

¡Pero si el post proponía precisamente ese punto medio! Considérese este párrafo: "Desde luego no estará de más que el Gobierno haga saber al Príncipe de los Creyentes que no aprueba sus procedimientos, que exige el fin de la intervención marroquí en El Aaiún así como el cumplimiento íntegro de las resoluciones de la ONU. Y eso debe decirlo no como España sino como Estado miembro de la Unión Europea y debe asimismo anunciar que llevará el asunto al Consejo de Seguridad. Todo claro y rotundo, como quiere la izquierda, pero en un marco de acción multilateral. España tiene que evitar llegar a una confrontación bilateral con Marruecos que es lo que éste quiere. Probablemente sea esa conciencia la que tenga paralizado al Gobierno".

No veo que esto sea una defensa del Gobierno y sí un intento de punto medio, de que aquel hable "alto y claro" a Marruecos. En cambio, en donde no se halla punto medio es en el citado post de Nacho que lo pone a caldo por blandengue y pusilánime, no sin cierta razón pero sin muchos matices.

A mi entender es esencial la multilateralidad y la acción concertada. España no debe dejarse arrastrar a una confrontación bilateral con Marruecos porque esta es una opción desfavorable para ella y para los saharauis. Qué más puede querer Marruecos (y, con él, los Estados Unidos y Francia) que desviar la atención del atropello de El Aaiún -y todo el Sahara- para centrarla en un conflicto con la antigua potencia colonial. Y en una de esas espirales podemos encontrarnos si tomamos una decisión precipitada que luego tengamos que lamentar. No se debe reaccionar en caliente.

España tiene que hablar más alto y más claro, sin duda, y debe hacerlo sobre todo: las presuntas violaciones de derechos humanos, la represión de corresponsales extranjeros, el presunto asesinato de un ciudadano español, pero ha de hacerlo en el seno de los organismos multilaterales (la Unión Europea y las Naciones Unidas) que es en donde debe tratarse este asunto y tomarse las decisiones pertinentes. Ello sin perjuicio de que, si tiene pruebas, exija explicaciones pertinentes de gobierno a gobierno en lo que afecta a los ciudadanos españoles.

Ya sé que en una interpretación moral de la situación, al haberse incumplido flagrantemente los Acuerdos de Madrid de 1975, cabría considerar "ciudadanos españoles" a todos los saharauis. Pero eso va contra la interpretación de la ONU, que trata directamente con Marruecos como administración "de facto" y excluye a España de responsabilidad y participación en una posible solución para la que sí cuenta con Argelia y Mauritania. Tampoco conozco a nadie que invoque esta aspiración y sí veo que se exige a España una implicación especial por haber sido quien fue en un problema que afecta a la comunidad internacional como es la violación sistemática de los derechos humanos de los saharauis por Marruecos.

Tampoco se me oculta que esta actitud, este punto medio, consistente en que España sea clara y contundente en un contexto multilateral, al llevar su tiempo, se presta a ser una cobertura de quienes, siendo en el fondo partidarios de Marruecos, pretenden ganar tiempo, dejar que las cosas se pudran en la inacción, dando largas a todo. Táctica israelí en definitiva. Es cierto, es un peligro que hay si no se vigila de cerca al Gobierno y se le exige que actúe con claridad y firmeza en los organismos pertinentes, obteniendo de ellos medidas frente a Marruecos. Pero los peligros, los riesgos, están para asumirlos. En caso contrario no habría acción.

Dado que, además, las alternativas se me hacen francamente peores. Como prueba de lo fácil que es deslizarse por la pendiente del disparate, vemos a Julio Anguita pidiendo que España "rompa toda relación económica con Marruecos". Ahí es nada y eso sólo para empezar la fiesta. No se trata solamente de que en España haya casi 750.000 inmigrantes marroquíes que, supongo, algo pesarán en esa relación económica y no sé cómo lo vamos a suprimir; es que, además, buena parte de la tal relación se da en el seno de acuerdos de la Unión con Marruecos, singularmente en la pesca, y es difícil romper relaciones económicas que no dependen de uno.

Ojo, además, porque un posible conflicto bilateral suscitaría una oleada de racismo y xenofobia en España en donde ya se dan suficientes premoniciones. No descubro el Mediterráneo si recuerdo que en el país hay una acendrada animadversión hacia los "moros" y los marroquíes en especial, sentimiento que no es de ayer precisamente y que encuentra sus cultivadores más devotos en la derecha que ejerce siempre de patriota de una Patria cuyo santo patrón es Santiago Matamoros. En fin que no conviene confundir las cosas hasta el punto de que la izquierda coincida con el PP en propugnar medidas políticas. Porque es obvio que si la izquierda se encuentra en una manifestación junto al señor González Pons uno de los dos se ha equivocado.

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
...............................
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And–which is more–you’ll be a Man, my son!


If, Ruyard Kipling

(La imagen es una foto de bubilla 2002, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 16 de noviembre de 2010

Perdidos en el desierto.

El asunto de los saharauis lleva camino de convertirse en grave problema para el Gobierno y su partido. Alguien ha echado mal de ojo al pobre Zapatero quien no solamente ha de habérselas con una crisis que incubaron otros sino que se ve obligado a resolver un conflicto enquistado hace 35 años, cuando él tenía quince. La vergonzosa dejación de funciones de España en 1975, consagrada en unos Acuerdos de Madrid asimismo ignominiosos, fue el primer paso para crear una situación "palestina" en el antiguo Sahara español.

La causa saharaui suscita grandes simpatías en la opinión pública, como si ésta quisiera dar a entender con ella que no respalda la decisión de las autoridades entonces ni lo hace ahora. Sobre todo es la izquierda la que se siente más interpelada porque en ese conflicto se ventilan cuestiones que le son caras como la autodeterminación, la liberación nacional, la lucha contra la opresión, la fraternidad de los pueblos, la lealtad para quienes se considera casi como compatriotas.

Hay en el activismo prosaharaui un elemento de inquina hacia Marruecos, en el que resuena una historia de enfrentamientos de siglos. Esta actitud parece apelar más a la derecha y la tradición africanista pero no cabe ignorar la posibilidad de que también lo haga en parte a la izquierda. La antipatía por no decir hostilidad hacia Marruecos es palpable.

No obstante el argumento de la izquierda, que es el que me interesa, consiste en echar en cara al Gobierno una vez más su pusilanimidad, su incapacidad para hacer frente a las arbitrariedades de Mohammed VI. Le acusa de anteponer la razón de Estado a la defensa de los derechos humanos, algo muy frecuente en todas partes, tampoco hay que engañarse; sucede con Israel, con la China, con una serie de regímenes islámicos.

Desde luego no estará de más que el Gobierno haga saber al Príncipe de los Creyentes que no aprueba sus procedimientos, que exige el fin de la intervención marroquí en El Aaiún así como el cumplimiento íntegro de las resoluciones de la ONU. Y eso debe decirlo no como España sino como Estado miembro de la Unión Europea y debe asimismo anunciar que llevará el asunto al Consejo de Seguridad. Todo claro y rotundo, como quiere la izquierda, pero en un marco de acción multilateral. España tiene que evitar llegar a una confrontación bilateral con Marruecos que es lo que éste quiere. Probablemente sea esa conciencia la que tenga paralizado al Gobierno.

Porque en una confrontación bilateral Marruecos dispone de medios de presión en Ceuta y Melilla que pueden hacer escalar el conflicto hasta donde no sea posible contenerlo. Para una parte de la izquierda esta posibilidad es irrelevante pues considera que España debe devolver estas dos plazas de soberanía al reino norteafricano. Pero en la mayoría de la opinión pública la cuestión se vería muy de otro modo ya que esa opinión probablemente no entendería que estemos dispuestos a enfrentarnos con Marruecos por defender a los saharauis pero no por defender a los ceutíes y melillenses. Es tan incongruente que no merece la pena considerarlo.

Así que como no creo que nadie en la izquierda esté interesado en repicar tambores de guerra quizá sea sabio suspender por un tiempo los juicios condenatorios al Gobierno por justificados que puedan parecer especialmente porque recaen sobre quien ya ha demostrado haberse rendido ante la ofensiva neoliberal. Con todo cabe confiar en que el Gobierno tome la iniciativa diplomática en un contexto multilateral y forme una especie de frente de defensa de los saharauis.

Conste que, seguramente como a la mayoría de mis paisanos, me gustaría que el Presidente diera un puñetazo sobre la mesa. Pero detrás del puñetazo tiene que haber una capacidad militar y una voluntad política para llevarlo a sus últimas consecuencias. ¿Las hay?

(La imagen es una foto de Saharauiak, bajo licencia de Creative Commons).