jueves, 30 de septiembre de 2010

Piquetes violentos.

La rehala de comentaristas liberales -de ese liberalismo patrio de cristazo y tentetieso- bate al unísono que la huelga de ayer fue un fracaso total a pesar de la violencia de los piquetes. Ya había sido tema recurrente en las jornadas anteriores: la huelga saldría en donde hubiera piquetes violentos. Al margen de que esto sea cierto o no, pues es mera suposición, sí lo es que, en realidad, la expresión "piquetes violentos" es casi redundante pues los piquetes suelen ser violentos. Ese adjetivo de "informativos" viene a ser una excusa para justificarlos. Por tanto los piquetes violentos son condenables porque en nuestra sociedad, que se dice civilizada, condenamos toda violencia.

Condenamos toda violencia siendo de suponer que sabemos qué condenamos, esto es que sabemos qué sea la violencia. Y eso es problemático. De entrada no es cierto que condenemos toda violencia sino solamente la que no proviene del Estado ya que la de éste nos parece legítima. ¿Y sólo hay esas dos violencias, la ilegal de los piquetes y la legítima del Estado? De nuevo depende de lo que se entienda por violencia. Si se ve como la aplicación de la fuerza física, la coacción material con resultado de violación de derechos, no hay duda; pero si se entiende asimismo como la aplicación de la fuerza psíquica, la coacción moral con igual o peor resultado, empiezan los problemas. Y sin embargo violencia es; y peor.

Para entender la violencia empresarial basta ponerla por pasiva. La siniestralidad laboral en España es altísima. El de obrero es un oficio de riesgo. Según los datos del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, entre agosto de 2009 y julio de 2010 hubo en España más de medio millón de accidentes leves, 4.756 graves y 591 mortales. Lo que equivale en un año a la mitad de los asesinados por ETA en toda su historia. Y sólo en el tajo. Eso no se clasifica como violencia, pero lo es porque afecta al derecho fundamental por excelencia: el derecho a la vida y está presente en todos los países. Si alguien piensa que exagero, que explique porqué los trabajadores de Apple en Taiwán se suicidan a puñados, once suicidios en lo que llevamos de año, algo más de uno al mes.

Hay en España casi cinco millones de parados, personas que sobreviven como pueden en medio de su zozobra sobre si conseguirán salir de ésta. Ello no es únicamente culpa de los empresarios y financieros sino que el Estado se lleva también su parte. Lo mismo que con la siniestralidad en la que, al margen de la imprudencia que pueda darse entre los trabajadores, la mayor culpa recae sobre los patronos por no imponer la seguridad y sobre las autoridades públicas por no vigilar que sea así. El paro no se considera violencia, pero lo es y afecta a otro derecho fundamental, aunque con menor protección jurídica, el derecho al trabajo. Es una forma de violencia intrínseca a las relaciones capitalistas de producción.

Según cálculos del INE basados en la Encuesta de Condiciones de Vida para 2004 la tasa de pobreza en nuestro país era de casi el 20 por ciento de la población, unos nueve millones de personas. La pobreza es una forma de violencia que atenta contra el derecho a llevar una vida digna. Y es así porque no es una condición natural o genética sino producto de unas relaciones sociales (mal) determinadas. Es violencia que se desprende del funcionamiento normal del mercado.

Violencia es el conocido y generalizado chantaje empresarial de amenazar con el despido al posible huelguista. Téngase en cuenta que los precarios alcanzan los once millones, chantajearlos es muy fácil y sale gratis porque no se detecta, no es violencia física. Simplemente, no te renuevan el contrato, cosa que no se puede denunciar. No aparece como violencia, pero lo es y de las más duras porque el personal se juega el cocido. Y junto a ese chantaje, tan extendido como oculto, ¿no es violencia el acoso sexual y el acoso laboral que sólo recientemente han comenzado a ser tratados por lo penal? Pero sólo recientemente. Y afectan al derecho al honor, a la intimidad, a la salud.

El señor Díaz Ferrán, patrono de patronos, entre otras lindezas, ha dejado de pagar el sueldo de los empleados de una de sus empresas durante tres o cuatro meses: decenas de personas, de familias, que viven endeudándose o recurriendo a la solidaridad de parientes y amigos y sin saber si cobrarán o no, si trabajarán o no. Igual que el Ayuntamiento de Madrid, que lleva tres meses sin pagar la nómina de los empleados de recogida de basuras que dependen de un intermediario. Esa dejación atenta contra el derecho a la dignidad humana puesto que obliga a las personas a trabajar gratis, como los esclavos. Es violencia aunque no se clasifique como tal, y aunque el responsable no solamente no sufra el condigno castigo sino que sea el representante de los empresarios.

Es un sistema perverso, basado en la violencia de las relaciones económicas injustas pero que reduce la acusación de la práctica de aquella a una actividad concreta de un sector social determinado un día cada seis u ocho años: los famosos piquetes que, sin embargo, no son sino una manifestación esporádica en un contexto de violencia cotidiana que no se admite como tal. El capitalismo es un sistema fundamentado en la violencia y reducir ésta a la que practiquen ocasionalmente los desfavorecidos es una muestra de hipocresía.

De eso se encargan las cohortes mediáticas que todos los días dominan las ondas con fuego graneado de infamia, insulto y ataque, una violencia verbal incontenible, a lo largo de la trinchera, permanente, acorazada frente a cualquier tentación dialogante. La violencia verbal, las injurias, los exabruptos, son violencia a secas con resultado de atentado al derecho a la información y a la discreción, la cortesía y el buen gusto, que no son derechos pero debieran serlo.

Al condenar la violencia se condenan muchas cosas, bien se ve. No hay inconveniente en comenzar con la de los piquetes. Vayamos ahora a la del paro, la siniestralidad laboral, la precariedad, la subalternidad de las mujeres, la pobreza. Luego, ya veremos.

La imagen es una foto de Ferminius, bajo licencia de Creative Commons.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

martes, 28 de septiembre de 2010

Hay que parar.

Hay que parar por nosotros mismos, para recuperar algo de la estima perdida en estos ya largos años de retrocesos y concesiones ante el ataque del capital.

Por nuestros hijos, para que no hereden un mundo en el que sus padres dilapidaron lo que sus abuelos consiguieron.

Por nuestros padres, que no sientan que sus luchas y sacrificios resultaron baldíos al no tener continuidad en nosotros.

Por nuestra más acrisolada tradición de defensa del trabajo, de la que no debemos ser los enterradores.

Por aquellos que, queriendo parar, no pueden al estar sometidos al chantaje de la patronal que los amenaza con la pérdida del empleo, diga la ley lo que diga. Pues es muy bonito decir que se va a la huelga cuando sólo se arriesga un día de paga.

Por aquellos que, no teniendo para llegar a fin de mes tampoco pueden permitirse perder un día de paga, aunque no pierdan el puesto de trabajo.

Por quienes también quisieran parar pero no pueden por estar ya sometidos a esa forma de terrorismo empresarial que es el paro.

Por los sindicatos que, con todo lo reformistas y acomodaticios que son, constituyen la única barrera que se interpone entre los trabajadores y la insaciable codicia y sed de explotación del capital.

Por el conjunto de la sociedad, para que no esté acogotada por las imposiciones del capital y el griterío de sus publicistas en nómina.

Por el mismo gobierno para que, a la hora de enfrentarse a la patronal saque fuerzas, ya que no de sus principios y convicciones, cuando menos del temor a las acciones de los trabajadores.

Por Europa, pues no hay que olvidar que se trata de una jornada europea de movilizaciones y hay que estar a la altura de las circunstancias.


lunes, 27 de septiembre de 2010

La batalla de Madrid.

Este Gobierno y en concreto su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, ha mostrado una insólita vena intervencionista siempre que de las elecciones madrileñas -autonómicas o municipales- se ha tratado. Un intervencionismo en la designación de candidatos que ha dado pésimos resultados para el PSOE. Todavía se recuerda la penosa campaña y estrepitosa derrota de Miguel Sebastián frente a Ruiz Gallardón en 2007; un ejemplo de manual de candidato "paracaidista" enfrentándose a un veterano del cargo que conoce Madrid y a los madrileños como pocos. En premio sin duda a su obediencia, el señor Zapatero nombró al derrotado ministro de Industria, lo que es una extraña forma de justificar los nombramientos de miembros del Gobierno.

En el caso de las próximas elecciones autonómicas y municipales el intervencionismo gubernativo se ha exacerbado. Los que hubieran sido candidatos "naturales", surgidos del seno del Partido se vieron de pronto preteridos ante dos propuestas procedentes del Gobierno, la señora Jiménez y el señor Lissavetzky. El candidato originario al Ayuntamiento se retiró sin decir oste ni moste con lo cual nadie recordará su nombre, como diría Aquiles. El de la Comunidad, bien se sabe, desafió a la Jefatura que esgrimía como justificación de su criterio de cambio una encuesta dando a Trinidad Jiménez más posibilidades electorales que a Gómez. Y aquí se gestaron esas primarias de Madrid que en principio nadie quería y ahora todos celebran.

Era clarísimo: en una sociedad mediática, el que dé el espectáculo accede a los medios. Unas primarias, en realidad un conflicto resuelto en la plaza pública, tienen mucho de espectáculo. Con el espectáculo llega la fama y Tomás Gómez ha pasado de ser un desconocido, de rasgos borrosos y nombre inseguro, a ser célebre, objeto de conversaciones y tertulias. Hay quien lo ve como un alcaldillo al que viene grande la nueva tarea y quien lo toma por un segundo David. Maravillas de las primarias.

El ejemplo de Madrid se ha extendido a otros puntos, siempre en el PSOE, con diversa fortuna. El episodio de Valencia, en principio, es tan bochornoso que los candidatos del PP seguramente ganarían aunque no se presentaran. En los demás sitios parecen dar buen resultado. Así que de la necesidad se ha hecho virtud y las primarias se esgrimen hoy como una prueba de una mayor democracia interna en el PSOE con referencia al PP en el que se practica un criterio autoritario y digital, para entendernos, "a dedo". Y es gran verdad que las primarias son más democráticas que otros procedimientos de designar candidatos porque proponen a elección una persona que previamente ha sido elegida, no ungida.

Todavía más, creo que las primarias aun serían más democráticas si fuesen abiertas, esto es, que votasen en ellas todos los electores, no sólo los militantes. Ya sé que esto se presta a un voto ladino de los militantes y votantes del otro partido, pero supongo que no sería de mucho impacto, y haría que la gente se implicara más.

Las primarias tienen también un benéfico aspecto en cuanto a comunicación nada desdeñable. Como quiera que los candidatos son del mismo partido se ven obligados a tratarse con cortesía y deferencia o, por lo menos, a no insultarse abiertamente. Un caso tan vil como el del candidato Sebastián aireando unas supuestas relaciones extramatrimoniales del señor Gallardón es de suponer que no podría darse en unas primarias. Los candidatos no pueden propinarse golpes bajos. Pero, como tienen que hablar, se ven obligados a hacerlo sobre asuntos objetivos, concretos, sobre temas de políticas locales, sobre lo que los anglosajones llaman issues en lugar de ponerse recíprocamente a bajar de un burro.

Por eso es incomprensible que, habiendo llegado hasta aquí, los dos candidatos socialistas (o quizá sólo sea la señora Jiménez, no estoy seguro) se nieguen a un debate televisado. Eso sería la culminación del espectáculo de las primarias, es muy probable que atrajera gran audiencia y los catapultara a los dos. ¿No están ambos todo el día diciendo que, al siguiente de la decisión, estarán trabajando juntos sea cual sea el designado? Y ¿por qué no empezar a hacerlo antes, ofreciendo un buen debate pre-electoral?

En un interesante artículo en El País hace un par de días (¿Primarias sin debates?), Julián Santamaría señalaba que no hay derecho a privar a los votantes de la posibilidad de formarse un juicio razonado asistiendo a un diálogo público entre Jiménez y Gómez. Es obvio. Viéndolos debatir entre ellos se los evaluará mejor.

Personalmente no tengo preferencias. Cualquiera de los dos candidatos que gane llegará a la elección habiéndose sacudido el estigma de "partido perdedor" precisamente por haber ganado unas primarias. El voto es la fuente de la legitimidad en democracia y no es lo mismo ser designado que ser elegido candidato.

La primera imagen es una foto de Secretario General PSM-PSOE, y la segunda de Trinidad Jiménez ambas bajo licencia de Creative Commons.

domingo, 26 de septiembre de 2010

ETA: nada nuevo.

Se piense lo que se piense de ella, hay algo que todos reconocen a ETA: contumacia. ETA lleva medio siglo perseverando en el error, es el único vínculo vivo entre la dictadura de Franco y la democracia que algunos piensan que también es de Franco. En medio siglo se generan tradiciones, hábitos, costumbres que luego no pueden deshacerse de la noche a la mañana. Por ejemplo, la organización armada (como dice Gara), la banda terrorista (como dice el resto de la prensa y medios del país) se mueve a un ritmo mucho más lento que el del Gobierno o los partidos políticos. En primer lugar por sus condiciones de clandestinidad y, en segundo, porque está acostumbrada a que sus comunicados tengan efectos prolongados en el tiempo y sean materia de debate durante semanas, incluso meses.

Sin embargo las democracias son sistemas rápidos; los políticos tienen mandatos relativamente breves (unos cuatro años de media) lo que impone celeridad en la obtención de resultados, so pena de que se los apunte otro. La gama de asuntos de la vida pública es muy amplia y la posibilidad de que alguno se mantenga en portada más de cuarenta y ocho horas es cada vez más baja. Alguno de aquellos tiene entidad suficiente para ensombrecer todo lo demás; por ejemplo, la crisis. Junto a la huelga general ETA queda reducida a una noticia local de un lugar que por lo demás no existe, Euskal Herria, patria de los vascos, fragmentada en siete unidades administrativas (y flecos) bajo dos soberanías distintas, la española y la francesa.

ETA lleva además mucho tiempo sin atentar, sin asesinar o secuestrar. Lo cual reduce el impacto de sus pronunciamientos políticos. La razón más verosímil de esta atonía, de esta inacción, es la imposibilidad de organizar atentados en la situación de desmantelamiento en que se encuentra y la intensa represión policial y judicial. Hay quien insinúa que la falta de actividad de ETA sería como un mensaje que los terroristas enviaran a la sociedad acerca de su voluntad de dar paso a vías pacíficas de solución del sempiterno "conflicto". Pero esto es falso; si fuera cierto ¿qué sentido tendría decretar un "alto el fuego"? Si se pide alto es porque se está disparando o se quiere pero no se puede.

A estas alturas la desaparición de ETA, su deposición definitiva de las armas y consiguiente disolución son imperativos del sentido común. ETA es un estorbo para todos menos para quienes están directamente interesados en que la situación continúe como está porque viven de ello. Cuatro gatos, aunque armados.

La novedad de los actuales intercambios entre la izquierda abertzale y ETA radica en el sujeto que buscan de interlocutor, que ya no es el Gobierno español sino la comunidad internacional. Aparentemente este cambio de objetivo quiere justificarse en el hecho de que el independentismo vasco no reconoce en el Estado español un interlocutor sino, al parecer, un colonizador, razón por la cual trata de internacionalizar el problema. No está mal traído pero la razón más probable es que ETA sabe y sus ramificaciones políticas también que tras la decisión unilateral de aquella de reventar la tregua en 2006 anida la convición de que ningún gobierno de España negociará nada que no sea el abandono definitivo de las armas.

En cuanto a la noticia del fin de semana, un larguísimo comunicado abertzale, de la izquierda y no tan izquierda pues se cuenta con Batasuna, Aralar, etc, pero también está Eusko Alkartasuna, los medios estaban ayer exultantes ya que esta izquierda, por primera vez pide a ETA un "alto el fuego permanente, unilateral y verificable". Efectivamente, el primer párrafo pide: "La declaración de ETA de un alto el fuego permanente, unilateral y verificable por la comunidad internacional como expresión de voluntad para un definitivo abandono de su actividad armada". Palabras medidas al milimetro y pesadas al miligramo. Pero no hace falta seguir leyendo la ristra de exigencias que los abertzales plantean al Estado a cambio de esta hipotética declaración, un alto el fuego que sea una "expresión" del cese definitivo. Es decir, nada, lo que ya se sabe, lo que ya no vale porque lo único que ya vale es la deposición definitiva de las armas.

De mostrar la inutilidad del enésimo gesto de servidumbre de los abertzales se encargaría ETA un par de horas después en entrevista que hoy publica Gara y en la que la banda se declara dispuesta a lo que se le pide y aun más si previamente se dan ciertas condiciones, entre ellas la legalización de Batasuna.

Es decir, nada.

La imagen es una foto de vgm8383, bajo licencia de Creative Commons

viernes, 24 de septiembre de 2010

EQUO.

Las sociedades democráticas son muy activas políticamente. La libertad de partidos se toma en sentido literal y no es raro que estos aparezcan y desaparezcan. Todos los sistemas políticos tienen un gran eje derecha-izquierda y, en torno a él, mayor o menor cantidad de partidos por así decirlo "especializados", esto es, con un tema predominante distinto -que no ajeno- a aquella dicotomía: el nacionalismo, la religión, el campo, los inmigrantes, el medio ambiente. En algunos países hay partidos "piratas", que preconizan, entre otras cosas, la abolición del derecho de patentes y de propiedad intelectual. El Partido Pirata sueco tiene dos representantes en el Parlamento Europeo, aunque ninguno en el nacional. Acabará también habiendo un partido de los pensionistas. De momento, ya tiene una página web, Partido de los pensionistas en acción. Y hace cuarenta años que existe una asociación en los Estados Unidos que no es un partido pero actúa en buena medida como tal, los Gray Panthers. Cuestión de tiempo que los haya también en España. El día en que los viejos se den cuenta de su peso numérico, como el legendario proletariado de Marx, se pondrá en marcha una fuerza prometeica en la sociedad y hasta es posible que más de uno acabe pensando que la prolongación de la esperanza de vida es un fastidio.

En estos días está lanzándose el proyecto de nuevo partido, Equo, en el que van al unísono Juan López de Uralde (el ex de Greenpeace), Joan Herrera, diputado por IC-V y Alejandro Sánchez, director de Seo/BirdLife. Demasiado aspirante a jefe. Habrá que ver si se consolida como partido. De momento tiene una página en Facebook Equo con un curioso logo que recuerda un signo taoísta o un símbolo cabalístico y no parece que sea especialmente apto para enardecer ánimos en mítines, actos electorales, manifestaciones. Tiene unos 3.500 "likes", lo que es un comienzo prometedor, pero todavía escasos seguidores. El nombre es un juego de palabras basado en un juego de letras y trasmite la idea de que la Fundación (su condición jurídica actual) y luego el partido, tendrán como norte promover lo ecológico y lo equitativo a la par. Ecología y equidad.

La idea es en parte nueva en España, pero no así en algunos puntos de Europa. La imagen que encabeza esta entrada es un cartel de una feria de una organización tipo equo en Italia, con una ilustración muy simpática aunque también poco movilizadora. Y los partidos necesitan seguidores.

La cuestión que parece suscitar Equo en España, como también lo hace el ecologismo allí donde tiene representación parlamentaria y/o eficacia ejecutiva, es averiguar en dónde se sitúa en el eje izquierda-derecha. Una opinión generalizada ubica estos partidos en la izquierda de la socialdemocracia. De ahí que quienes se sienten más afectados porque barruntan fuga de votos sean los de Izquierda Unida (IU), con su fuerte elemento componente "verde" que a lo mejor decide ir con los suyos. De momento el paso lo da Iniciativa per Catalunya-Els Verts haciendo así realidad lo que se limitó a insinuar durante la refundación de IU que, como se ve, no ha durado ni dos meses.

Desde luego, las reclamaciones más significativas de Equo en su manifiesto, crecimiento sostenible, moderación del consumo, regulación del sector financiero, abolición de los paraísos fiscales, etc, lo acercan más a la izquierda que a la derecha, pero eso no quiere decir que el partido no pueda servir como bisagra e incluso aliarse con esta última. La Democracia Cristiana alemana jugó un tiempo con la idea de encabezar una coalición llamada "jamaicana" por los colores negro, amarillo y verde, de democristianos, liberales y verdes. Es difícil, pero no imposible.

Puede verse Equo también como una regeneración de la izquierda, esto es, un nacer de nuevo. La izquierda se desprende de su historia que no es más que una rémora, una atadura que la obliga a pensar con categorías hoy carentes de sentido, como "revolución", "socialismo", "nacionalización" para hacer frente a la situación aquí y ahora. Equo parece nacer con una voluntad firmemente reformista. Reformas radicales, pero reformas. Nada de alterar sustancialmente las formas de propiedad (ni la intelectual) que es a lo que la gente tiene más miedo. La cuestión, como siempre, es si alcanza la fuerza parlamentaria precisa para incidir sobre la realidad y modificarla; para estar en condiciones de transformar la realidad y no meramente de desearlo como hace IU.

El verdadero problema de Equo, como el de toda la izquierda radical, es que sus propuestas son irrealizables en el marco del Estado. El programa de regulación de los flujos financieros, abolición de paraísos fiscales, medidas conservacionistas de la biosfera, relaciones comerciales justas, etc sólo puede aplicarse en el orden mundial mediante una acción global coordinada, cosa de la que estamos más lejos que de la luna. La izquierda, que predica el internacionalismo, todavía no lo ha practicado; a no ser que alguien sostenga que la IIIª Internacional era el estado mayor de la revolución mundial y no la oficina para el extranjero de la política exterior soviética.

Equo ya recuerda que es muy europea y que en Europa está el futuro; pero con eso no basta. Hay que ser mundial.

(La imagen es una captura de la página web de eco and equo).

De la huelga

Asegura el Publiscopio, la encuesta ocasional que hace Público, que el 54 por ciento de los ciudadanos dice que hay razones para una huelga general. Pero sólo un 20 por ciento afirma que irá a ella, en lo esencial porque no servirá para nada. De donde los expertos concluyen que los ciudadanos no son un prodigio de coherencia. Pero también puede haber motivaciones que dejen a salvo la coherencia porque el mundo no es en blanco y negro sino muy colorido.

Los sindicatos están en una posición desventurada. Han hecho todo lo posible por no ir a la huelga y, al final, han tenido que hacerla a regañadientes y tarde y más que han tardado convocándola con tres meses de antelación. Así resulta que Francia lleva ya cinco huelgas generales de ventaja. Además de ir a regañadientes, los sindicatos desconfían de que salga ni medio bien y temen que eso revele las vergüenzas de su falta de apoyo. Y si los que la convocan no creen que salga, ¿cómo animan a los convocados a ir a ella? La proclama huelguista se dirige sobre todo a los trabajadores de tipo tradicional, los llamados de "cuello azul", o sea, de mono, en una sociedad en la que estos son una minoría menguante, aproximadamente la mitad de los trabajadores del sector servicios, que son de "cuello blanco" y que no se sienten convocados. Los sindicatos debieran interpelar a toda la sociedad porque, en principio, es ella la agredida en su inmensa mayoría por unas políticas de ajuste neoliberal que no respetan ningún tipo de rentas, salvo las de la banca y algunas, pocas, grandes empresas.

La derecha está que echa las muelas en contra de los huelguistas, los sindicatos, los liberados y, ya de paso, la normativa laboral en su conjunto. Insulta, denuncia y agrede. Quiere poner fuera de la ley a los sindicatos. Es curioso porque, con motivo de la primera huelga general en 1988, también contra un gobierno socialista, la derecha vio la ocasión de atacarlo y animó a los huelguistas hasta el punto de sostener que los sindicatos podían llegar a ser el verdadero partido de la oposición al odioso felipismo. En esta ocasión parece que el instinto de clase ha prevalecido sobre la conveniencia política. ¿A dónde vamos a llegar así? Los obreros, al tajo y a callar.

A su vez el Gobierno, muy dolido de que il fratello sindicale le juegue esta mala pasada, parece tener una de sus habituales crisis de ansiedad que se manifiestan en que su presidente dice una cosa y la contraria con el mismo aplomo aunque ante gentes distintas, de momento. En la ONU alza la bandera de la Tasa Tobin, que es la reivindicación de Attac, es decir, razona como un altermundista. Al día siguiente se reúne con los tiburones de Wall Street y les jura que su gobierno dejará el déficit en el 3 por ciento del PIB en 2012, todo el mundo intuye cómo, a lo neoliberal, para entendernos. Y un día después, recién llegado al suelo patrio, se siente socialdemócrata y anuncia que hay margen para ampliar un poquito el gasto público y, con mayor contundencia redistributiva, pone en marcha un aumento de la carga fiscal de las rentas superiores a 120.000 euros, exactamente la medida de la que una semana antes había dicho (él mismo o algún ministro) que ni se consideraba. El Gobierno quiere probar a los sindicatos que huelgan contra los suyos, contra la izquierda. Y que, por lo menos, se les quede mala conciencia.

La patronal no pierde paso de oca y, tras haber empujado a los sindicatos a la huelga, ahora quiere que fracase para tenerlos a su merced. Es más, cree necesitarlo porque teme o dice temer que, si la huelga triunfa, el Gobierno, para congraciarse con los soviets, podría ponerse a nacionalizar empresas o hasta la banca. ¿De dónde, si no, saldría el dinero para realizar esa reclamación permanente de una banca pública? De expoliar a la privada. Por eso han lanzado a la muchachada mediática a linchar a los sindicalistas.

La Iglesia ha hecho mutis salvo en algún caso en que lo que ha hecho ha sido un ridículo celestial con ese obispo del Sur que salió defendiendo la huelga y acto seguido hubo de desdecirse. La huelga es un invento demoníaco que saca al honrado trabajador de sus casillas y le hace creerse igual al patrono.

Vistas las cosas mi opinión personal es que la huelga es justa. El Gobierno sólo cede ante las presiones (y, ante las presiones, cede) y el único modo de presionar que tienen los trabajadores es la huelga, como en general todos los ciudadanos ordinarios. La otra forma son las elecciones, pero sólo funciona cada cuatro años y no es posible matizar como cuando se hace una huelga a un gobierno al que, sin embargo, se vota. Los otros, los clanes, las jerarquías, los consorcios, los monopolios u oligopolios, las grandes fortunas, los estamentos poderosos pueden presionar de mil maneras. Sin descartar la huelga (generalmente llamada “cierre patronal”) como se muestra en la famosa novela de Ayn Rand, La rebelión de Atlas en la que hacen huelga, entre otros, los capitalistas, los banqueros, los grandes filósofos y otros personajes de similar alcurnia.

Debieran hacer huelga todos los ciudadanos, incluidos muchos políticos. Carece de sentido que la señora Aguirre o el señor Camps, quienes habitualmente desobedecen o tergiversan las leyes de las Cortes, no aprovechen la ocasión para ponerse en huelga contra el Gobierno central.

Es lo que pasa, que en esta huelga o frente a ella, hay mucho instinto de clase. ¿Cómo se atreven los trabajadores a plantarse cuando hay casi cinco millones de parados a los que también gustaría hacer lo mismo? ¡Servicios mínimos máximos!

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La tumba de Tutanfrancon.

Ayer se lió una discusión en el Senado por la moción de Entessa y el PSOE para instar al Gobierno a que aplique la Ley de la Memoria Histórica. O sea, que haga algo con la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Parece que se formularon algunas propuestas imprecisas acerca de que conviniera convertir el conjunto en un museo de la memoria o algo por el estilo, dedicado a honrar a todas las víctimas de la guerra civil y no sólo a las que murieron o fueron muertas por una causa, por más que esa causa se autodesignara "España". Alguno incluso bromeó con la idea de volar todo el monumento. Cientos de miles de toneladas por los aires. Ni el final de Zabriskie Point.

El PP se opuso, claro. Lo que no entiendo es porqué se siente obligado a buscar excusas para su oposición, dando a entender que condenan el fondo pero que, por desgracia, no pueden demostrarlo porque tales y tales inconvenientes lo impiden. Ahora el inconveniente es que dizque entendieron que el proyecto trataba de destruir la abadía benedictina. A más a más, el representante de la derecha ha tenido a bien criticar los argumentos de hecho que maneja la izquierda sobre los "rojos" empleados como mano de obra esclava, poniéndose a discutir si eran veinte mil o sólo seis mil, algo que suena mucho a esos argumentos de los antisemitas según los cuales los nazis no pudieron exterminar a seis millones de judíos pues carecían de la capacidad industrial para ello y que ya serían tres millones. No es preciso que el PP justifique su sempiterno voto contrario a acabar con las secuelas del franquismo; las que sean. Es un voto perfectamente lógico en un partido fundado por un ex ministro de Franco y que sigue siendo su presidente de honor.

Tengo mi propia modesta propuesta sobre qué hacer con el adefesio, pero la diré al final. Paciencia. Antes, un par de apreciaciones para saber qué piensa cada cual. Ese monumento al mal gusto, a la violencia, esa especie de ridícula Walhalla carpetovetónica, cursi y pretenciosa es el resultado del delirio faraónico y megalómano del general Franco, proclamado "Caudillo de España por la Gracia de Dios", que ya es atrevimiento para un presunto genocida a la par que salvador de la Patria. Juan de Ávalos se encargó de esculpir el ideal varonil y machista en las figuras de los basamentos de esa cruz gigantesca, martirio del paisaje. Y era tal su frenesí andrófilo que esculpió las cuatro virtudes en figuras masculinas, entre ellas él mismo.

La mitomanía de Franco era considerarse un segundo Felipe II; por eso se fue al Escorial, por eso tuvo a José Antonio, el Ausente en el Escorial durante veinte años; por eso la revista de los intelectuales falangistas se llamaba Escorial. No en el Escorial, pero al lado de él, como vigilándolo. Y con vínculos materiales con el mundo filipino ya que los cuatro Juanelos de la entrada al valle se tallaron en tiempos del taciturno monarca.

Bien, mi humilde propuesta es reconvertirlo en Museo de los Horrores. Todo en el monumento traspira violencia y destrucción: los evangelistas, las figuras alegóricas de los ejércitos, los arcángeles. El séptimo de los tapices del Apocalipsis (copia de los originales flamencos) que se encuentran en la página web de La Santa Cruz del Valle de los Caídos, página muy recomendable, de la que sale parte de la información de esta entrada y para ver cómo se intenta justificar esta espantosa mole; el séptimo, digo, representa una lapidación de una meretriz. Seguro que muchos de los visitantes firmarán a veces peticiones de conmutación de las penas de lapidación en unos u otros países musulmanes, más o menos civilizados.

Y, en definitiva, si hay una razón poderosa para convertir este dislate cesarista en un museo de los horrores es el horror que es él mismo. Que inspire ese sano horror a la crueldad y al crimen para que los visitantes salgan corriendo al grito de ¡nunca más!, con la misma pasión con que San Francisco de Borja prometió "nunca más servir a señor que se me pueda morir".

(La imagen es una foto de Raúl A., bajo licencia de Creative Commons).

¡Qué tiempos!

El País del domingo pasado traía un brillante artículo de Daniel Innerarity, titulado El miedo global. Es una sucinta y certera reflexión filosófica sobre nuestra época, aquejada de eso, de "miedo global". Miedo porque vivimos en un mundo de peligros y riesgos que no controlamos, que es también lo que dice Beck. Es verdad que el miedo parece habernos acompañado desde el origen de los tiempos e Innerarity invoca a Hobbes muy oportunamente ya que éste fundaba el Estado en el miedo, mejor dicho, en el interés de los humanos por evitarse ese miedo difuso que nos tenemos unos a otros, concentrándolo en el que tenemos al Estado, a quien transferimos esa condición de ser temido que la tradición mosaica, por cierto, también atribuye a Dios como bien recuerda la Biblia, insuflando continuamente el "temor de Dios". Dios también está fundado en el miedo, el miedo a la muerte; es decir, en la necesidad de librarse del miedo a la muerte, transfiriéndolo al Creador. Pues quien te crea, puede destruirte. Igual que el Estado puede aniquilarte y por eso Hobbes lo llamaba Leviatán, un "hombre artificial".

Lo que sucede con el miedo actual, viene a decir Innerarity, es que no tenemos manera de librarnos de él porque, a diferencia de tiempos pasados, vivimos en la incertidumbre. Tengo la impresión de que eso le haya sucedido al hombre desde siempre, que su destino ha sido incierto y él lo sabe, lo ha sabido siempre; a lo mejor por eso es hombre. El grabado de más arriba, Michael Wogelmut, "La danza de la muerte", es de 1493 y uno se queda pensando qué podrían tener en la cabeza gentes que se imaginaban cosas así. Se suele decir que lo especial de nuestro miedo es que lo es a la posibilidad de la autodestrucción. Pero esa idea tampoco es nueva: el diluvio universal, Sodoma y Gomorra, la torre de Babel son ejemplos de la conciencia de la destrucción de la humanidad a causa de sus pecados. En todo caso, asuntos menores. Lo importante es reconocer que el miedo viene dado por la incertidumbre y lo único que encuentro de nuevo en esto es el hecho de que seamos nosotros quienes tengamos que pechar con la situación, igual que otros lo hicieron antes y otros, es de suponer, lo harán después.

Enfrentados a la incertidumbre los seres humanos tendemos, al parecer, a aferrarnos a lo que nos dé seguridad. Aquí tiene su origen, probablemente, ese escoramiento del mundo occidental a la derecha. Ver a los neonazis en el parlamento sueco ha sido un aldabonazo en la conciencia europea. De repente el viejo continente se ha llenado de matachines xenófobos y ultrapatrióticos, jefes de la jauría, y los primeros que han sufrido el endurecimiento de la situación han sido los gitanos. Detrás vendrán los supuestamente responsables de la "islamización" de Europa y ya veremos qué sucede. De momento está garantizado el auge de la derecha porque es la que siempre propone como solución dejar las cosas como están o, según algunos, mejor, llevarlas hacia atrás. Lo malo conocido...muy tranquilizador.

Frente al avance de la derecha, la izquierda está literalmente en la inopia. Se ha quedado sin discurso. No sabe qué proponer que garantice la seguridad al tiempo que la justicia. No puede planear el futuro porque el que tenía se le hundió estrepitosamente y para el presente y el pasado ya están los otros. Así que la izquierda, para sobrevivir, se suicida imitándolos: se apoyan las deportaciones de gitanos, se mete mano a los trabajadores, los jubilados, los inmigrantes, se desguarnece el derecho del trabajo (no al trabajo que ese ya se sabe que ni se espera), se suben los impuestos que más perjudican a los que menos tienen, se mima la banca, el capital financiero y se atiende a las pretensiones de la patronal. Y luego va uno a Nueva York y se confiesa ante el cogollo mismo de ese capital financiero global. ¿Qué estaría pensando George Soros mientras hablaba Zapatero, Soros, ese hombre que predice con toda lucidez que si la gente como él puede seguir haciendo las cosas a su manera vamos de cabeza al desastre?

Innerarity propone que racionalicemos el miedo, cosa en verdad extrema y que no sé si es realizable. El miedo es producto del predominio de lo irracional. Si predomina lo racional, no hay miedo. Pero eso ya lo sabíamos desde Epicuro. La cuestión es cómo se administra prácticamente esa racionalización del miedo. Y aquí es donde la razón práctica impera (pues no en balde el concepto actual de racionalidad, que está por definir, en buena medida identifica lo racional con el cálculo de costes-beneficios) y adquiere sus formulaciones concretas, mostrando las miserias humanas. Por ejemplo, esa renuncia del PSOE a legislar sobre la libertad religiosa en España indica que el Gobierno tiene miedo a la Iglesia, quiere contemporizar, reducir la incertidumbre. Muy racional en un sentido y muy irracional en otro, aquel que lleva a impulsar la extensión de la razón a costa de la fe porque, diga lo que diga el Papa, la razón y la fe no son compatibles. A no ser que el miedo nos haga decir que lo más razonable es refugiarse en la fe. Con lo que, ya se sabe, nada de abortos, nada de células madre, nada de partos aliviados, nada de cuidados paliativos ni de eutanasia, nada de control de la natalidad; en fin, no sigo: nada de nada.

martes, 21 de septiembre de 2010

ETA, ¿el final?

Hubo un tiempo en el que los comunicados de ETA causaban sensación, ocupaban la primera de los periódicos, abrían los telediarios, eran objeto de debates públicos apasionados, de sesudos análisis de expertos y de comidillas tertulianas días enteros en la ramas; movían el parlamento e impulsaban al Gobierno a dar algún paso o tomar alguna medida que, en ocasiones, acabaron en mesas de dialogo con muy diversas fortunas. Eran tiempos en que ningún gobernante quería desaprovechar la ocasión de pasar a la historia como el que consiguió poner fin a la organización terrorista.

Hoy eso parece brumoso pasado. El segundo comunicado de ETA en días ha levantado tanta atención como una noticia de un accidente en la autopista. La reacción unánime ha sido la ignorancia, el no hacer aprecio, que es el mejor desprecio, como se sabe. Bien es verdad que el comunicado no va dirigido a España, sino a la comunidad internacional en la que por cierto España tiene un lugar destacado.

¿Qué ha pasado entre el ayer y el hoy? Sencillamente que la eficacia de la actuación policial y judicial y la estrecha colaboración con Francia han demostrado que, pudiendo ser posible que no haya forma de acabar físicamente con ETA, es cierto que cabe desactivarla casi hasta la extinción. Decisiva ha sido la aplicación de la doctrina Garzón del “entorno de ETA” y, por supuesto, la vigente Ley de Partidos que, no gustando a nadie, ha sido inevitable a la vista de la actividad política de dicho entorno, en concreto, la izquierda abertzale en sus distintas denominaciones partidistas. Y, por supuesto, también ha sido decisiva la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que avala la ilegalización de Batasuna y respalda la Ley de Partidos.

Con todo, lo verdaderamente determinante para llegar a esta situación fue la ruptura unilateral del alto el fuego por ETA en diciembre de 2006, con la muerte de dos ciudadanos. Quizá sea aquel atentado el mayor error estratégico de ETA en toda su historia porque, además, era la tercera vez. Hasta entonces había una voluntad de diálogo en el PSOE en la que éste se jugaba mucho pues la oposición no le dejaba margen de maniobra. Eso para los etarras era indiferente ya que tienen a gala sostener que los partidos españoles son todos iguales respecto al nacionalismo vasco y que es irrelevante quién gobierne en “Madrid”, lo cual no es cierto o no era cierto. El atentado destruyó toda posibilidad de diálogo previo a la deposición definitiva de las armas con ningún gobierno español.

Desde entonces las cosas han ido de mal en peor para los terroristas y para la izquierda abertzale, que es la parte política del “entorno”. Y ello sucede así porque ETA y su mundo han sufrido un neto proceso de deslegitimación en Euskadi de lo que es causa y efecto a partes iguales el gobierno del PSE con apoyo del PP, algo impensable en el resto de España. Y bastante que ha tardado este proceso. La ilegitimidad radical de ETA viene de 1978 con la aprobación de la Constitución, cuando ya no cabe justificar la violencia en la falta de libertades y de democracia. La existencia de Cataluña, en donde el independentismo no sólo se expresa libremente sino que gobierna, es un mentís poderosísimo a esa objeción etarra de que no todas las ideas tienen iguales posibilidades de expresión en el Estado español. Y sí, las tienen. Pero no a tiros.

Así que, viendo ETA que ya no asusta, hace de necesidad virtud, simula no buscar interlocución en España y sale a la palestra internacional pensando evitar un triste final algo así como el pez chico que, huyendo del grande, creyera salvarse saliendo del agua. Porque, y asombra que no lo sepan, en la esfera internacional, en la que las decisiones del Parlamento Europeo y del Tribunal de Estrasburgo son la referencia, nadie puede otorgar estatus de interlocutor a una organización terrorista sin el permiso expreso del Gobierno español.

Entre tanto la izquierda abertzale ve con desesperación cómo se aproximan elecciones municipales en las que puede no estar presente y seguir relegada a las regiones hiperbóreas en las que hace mucho frío. Pero éste es un problema exclusivo de esa izquierda que no es capaz de sacudirse la tutela de ETA. Ya es difícil de entender que en un conflicto político como el que dicen que hay mande el poder militar sobre el civil. ETA está en las últimas y, fiel a su pertinacia en el error, puede acabar arrastrando con ella a su brazo político.

Porque ignorar algo tan elemental como que no hay acción internacional posible del orden que sea sin la aquiescencia del Gobierno de España sólo puede significar que ETA quiere prolongar la agonía recurriendo a esas respetables figuras que son los mediadores internacionales. Pero, aunque quieran, estos no pueden hacer nada sin el concurso de las autoridades españolas que no van a darlo porque no les hace falta. A quien hace falta desesperadamente que algo se mueva es a la izquierda abertzale. Pero esa tampoco es la vía, entre otras cosas porque si los mediadores internacionales creen que pueden garantizar el cumplimiento de los compromisos de ETA no saben bien con quién están tratando.

No hay más vía que deponer las armas, cumplir la ley y competir abierta y pacíficamente en el ámbito político. Ya es hora de enterrar el hacha de guerra.

lunes, 20 de septiembre de 2010

El desconcierto del Gobierno.

La medida del descrédito del gobierno socialista se encuentra en un dato objetivo: un partido como el PP, presidido por un perdedor nato, sin carisma ni liderazgo, carente de programa conocido y literalmente plagado de cargos presuntamente corruptos, saca unos diez puntos porcentuales de ventaja al PSOE en intención de voto. No sólo es un dato objetivo; también es estremecedor.

El PSOE pierde votos a su izquierda pero eso va de suyo y tampoco son muchos; si acaso los de los electores que hacen voto “útil” y que ahora pueden pensar que votar al PSOE no es parar a la derecha, por lo cual quizá vuelvan a su voto original. El resto de la izquierda a la izquierda del PSOE no abriga duda alguna acerca de que este partido es socialista de nombre y neoliberal de hecho. Más o menos, la teoría de las dos orillas, de Julio Anguita.

El problema del Gobierno y de su partido es que pierden el apoyo entre sus votantes, decepcionados por unas políticas que, si fueron brillantes en las condiciones favorables de la anterior legislatura, en la segunda parecen haber renunciado a los postulados mismos de la socialdemocracia. No es exagerado decir que la gestión de la crisis ha sido un cúmulo de improvisaciones, errores y contradicciones y las soluciones han consistido en hacer pagar aquella a los más débiles: trabajadores, parados, dependientes, jubilados.

Las rosas de la temprana salida del Irak se han marchitado en el Afganistán en donde es cada vez más claro que estamos a causa de la supeditación de España a la comunidad internacional y que en muchos casos quiere decir los Estados Unidos. Y la audacia de los primeros momentos en materia de igualdad y derechos de los homosexuales ha quedado oscurecida por una Ley de la Memoria Histórica vergonzante y una inexplicable sumisión del Gobierno a los intereses de la Iglesia católica que goza de unos privilegios incompatibles con la existencia de un Estado no confesional.

La guinda llegó con el apoyo a las deportaciones de gitanos. La razón de Estado se impone sobre la política de principios. No podemos enfadarnos con Francia porque la necesitamos en la lucha contra el terrorismo. En consecuencia, esas deportaciones francesas, lejos de ser un acto de barbarie que va contra los derechos humanos, resultan ser medidas discutibles, desde luego, pero prudentes, en evitación de males mayores.

Es frecuente que el partido en el poder acuse algún desgaste a mitad de mandato. Pero esto no es desgaste sino una catástrofe preanunciada. Añádase a ello que la oposición dispone de una formidable batería mediática –periódicos, radios, televisiones- consagrada a machacar la consigna única sin cesar: “Zapatero, inútil, vete”, versión actualizada del “váyase” de Aznar, día tras día, semana tras semana, año tras año, monocorde, sin parar. Frente a esto no es que la política de comunicación del Gobierno o del PSOE sea mala; es que no la hay. El país tendría que hablar del caso Gurtel pero habla de la supuesta incompetencia del Gobierno. Doble triunfo de la derecha que consigue estigmatizar como incompetente un Gobierno que aplica la política que ella haría.

Hay algunos políticos de la izquierda a quienes la responsabilidad de gobernar modera de tal modo que acaban coincidiendo con los postulados de la derecha, suponiendo que no los compartieran de antes, lo que no los deja en buena posición. Los casos de Tony Blair y José María Fidalgo en España son bien conocidos. Es posible que eso que se llama el ejercicio responsable del poder atenúe los espíritus reformistas de los políticos, pero de ahí a identificarlos con sus opositores media o debiera de mediar un abismo. Puede que a Zapatero le haya sucedido algo similar. Mucha gente disculpa el carácter neoliberal de sus medidas con el argumento del que el componente exterior de la crisis no le deja otra opción que desmentirse en sus propósitos de políticas sociales progresistas. Es posible. Pero en otros aspectos en que el Presidente ha tomado decisiones sin estar sometido a presiones, por ejemplo, en nombramientos largamente meditados, la conclusión es la misma: a favor de la derecha. A lo mejor resulta que las quejas de algunos socialistas de casta (Leguina, Peces-Barba) en el sentido de que Zapatero ha prescindido imprudentemente de la experiencia de la “vieja guardia” son justas, aunque ellos sean partes afectadas. Nadie consigue explicarse cómo, teniendo el poder judicial como lo tiene, Zapatero decidiera a favor de Carlos Dívar como presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, por poner un ejemplo

En esta situación una izquierda que se siente decepcionada, cuando no engañada, tenderá a abstenerse porque, en contra de lo que dijo, Zapatero ha fallado; especialmente a los suyos. Y los indecisos, de quienes se dice que son los que deciden las elecciones, probablemente votarán la alternativa. La que sea.

(La imagen es una foto de Jaume d'Urgell, bajo licencia de Creative Commons)

domingo, 19 de septiembre de 2010

Palinuro vuelve al blog.

A fecha 30 de septiembre de 2009, hace diez meses y veinte días, con una entrada titulada Palinuro echa el cierre, interrumpí temporalmente este blog con gran pesar mío. Los compromisos editoriales me agobiaban, no daba abasto y temía acabar haciendo lo que más odio en este mundo, incumplir promesas. Contaba entonces que estaba escribiendo dos libros y no tenía tiempo para el blog. No quería parecer presuntuoso pero la verdad es que estaba escribiendo dos libros y traduciendo otros dos y andaba algo nervioso. Las traducciones están hechas y los libros escritos. Su estado es el siguiente:


  • una traducción (Introducción a la teoría política, de Andrew Heywood, ya publicado por Tirant lo Blanch, Valencia.

  • un libro original, La política en la era de internet, también publicado ya en la misma editorial

  • otra traducción: La transformación del Estado, de Georg Sorensen, en prensa, que aparecerá en diciembre de 2010, siempre en Tirant lo Blanch, Valencia.

  • otro libro original, Memoria del franquismo, en prensa, que aparecerá en febrero de 2011 en Ramón Akal, Madrid
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Habiendo cumplido los compromisos regreso al blog y espero poder administrarlo juiciosamente, de forma que no vuelva a jugarme una mala pasada. Caso de ser así, tendría que interrumpirlo de nuevo porque, a pesar de los vaticinios que me atrevo a formular en el libro sobre Política en la era de internet, Gutenberg sigue mandando mucho, aunque cada vez menos.

Apenas si hay alteraciones en el diseño de la bitácora. La imagen de portada sigue cambiando cada mes. Éste le ha tocado a Turner, que anda de exposición en el Prado de Madrid con un tema palinúrico: Ulises escapa de Polifemo. Añádense las consabidas actualizaciones en la barra de la derecha. No abro la opción de comentarios. Ya sé que para algunos es un fastidio pero otros, entre ellos yo mismo, me lo agradeceremos. En el apartado Sobre este blog de la derecha se dan las razones que, en definitiva, se basan en sostener que un blog de autor no es el diván del psiquiatra. En lo demás todo sigue igual, excepto el autor, que es casi un año más viejo.

Y como ya está bien de asuntos personales, invito al respetable a leer una crónica de la visita de Benedicto XVI a Gran Bretaña.


(La imagen es una foto de inju Kevin Lim, bajo licencia de Creative Commons).

El Papa en Gran Bretaña.

Benedicto XVI, Jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano, la última monarquía absoluta de Europa, ha hecho una visita oficial al Reino Unido, la primera monarquía parlamentaria también de Europa. Que aquel Estado es una monarquía absoluta se ve en la vigente Ley Fundamental de la Santa Sede, aprobada por Juan Pablo II en 2000, y que substituye a la de Pío XI de 1929, en la que se decía más o menos lo mismo. Artículo 1º: “En el Sumo Pontífice, Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, reside la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial”. Esto para quienes miran las cosas desde el lado jurídico: concentración de poderes, monarquía absoluta y más que absoluta, aunque el monarca sea electo. Quienes ven las cosas del lado teológico recordarán que el derecho divino del monarca (requisito también habitual en la monarquía absoluta) está garantizado en el representante de Dios en la tierra y que, cuando habla de sus cosas, de las de Dios, es infalible.

En esta su condición de monarca absoluto el Papa ha recibido tratamiento de Jefe de Estado en su visita. No es un viaje particular; no va de turista. Lo recibió la incombustible Isabel II , Suprema Gobernadora de la Iglesia de Inglaterra, acompañada del imperturbable Duque de Edimburgh; vio al Primer Ministro, Cameron, al Viceprimer Ministro, Clegg, y a la líder provisional de la oposición laborista, Harriet Harman; visitó a su cordial enemigo el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams. Con motivo del viaje se hizo público un comunicado conjunto de la Santa Sede y el Gobierno británico que, cómo no, lleva el título de Impegno condiviso per il bene comune (“Empeño compartido en pro del bien común”), que suena fantástico.

Siempre como Jefe del Estado de la Santa Sede, el Papa habló ante una nutrida representación del mundo académico, empresarial y religioso en el Westminster Hall, la sala más antigua y solemne de la abadía sede el Parlamento británico, en donde se juzgó y condenó a muerte a Tomás Moro y a Carlos I, entre otros. Al discurso del Papa, al que presentó el Speaker de la Cámara de los Comunes, acudieron el de la Cámara de los Lores y todos los ex primeros ministros vivos, desde Margaret Thatcher hasta Gordon Brown.

Alguien debió de soplar a Su Santidad que la ocasión era delicada y que no dijera inconveniencias como cuando despotricó contra el Islam en la Universidad de Ratisbona en 2006. Así que Benedicto XVI se deshizo en elogios a la democracia británica, la división de poderes (él, que los concentra todos en su persona), el common law, la paulatina evolución de las instituciones inglesas y el ejemplo a lo largo y ancho del mundo entre todos los English speaking peoples, expresión cara a Winston Churchill.

Pero luego no pudo evitar ser él mismo y volvió a sus orgullosas sofisterías. Tomando ejemplo de la muerte de Tomás Moro (de Carlos I, obviamente, prefirió olvidarse), señaló eso tan eclesiático de que el hombre debe obedecer la ley de Dios antes que la de los hombres; por ello perdió la cabeza Tomás Moro y por ello lo canonizó la Iglesia católica, porque, razona el Papa, el santo sabía dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Que algo tan claro lo diga Cristo que era un quidam, pase; pero que lo diga el Papa que es César y Dios (o casi Dios) al mismo tiempo resulta desvergonzado, pues ¿no estaba hablando como Jefe del Estado?

En el resto del viaje a la pérfida Albión hubo de soportar humillaciones sin cuento. Tuvo que entrevistarse con cinco víctimas de abusos de eclesiásticos pederastas y mostrarse contrito, humillado, avergonzado, dolorido… todo menos justo, porque sigue sin admitir claramente que los cientos de casos (conocidos) de pederastia en la Iglesia sean delito y los considera yerros o aberraciones de “enfermos”, que no son responsables de sus actos. La idea de que los hombres somos responsables de nuestros actos (salvo contadas excepciones psiquiátricamente, no papalmente, justificadas) es un puntal de la sociedad civilizada. Negarlo es antisocial.

También hubo de saludar a una sacerdotisa anglicana, haciendo de tripas corazón ya que su Iglesia niega taxativamente que las mujeres accedan al sacerdocio, algo reservado a los varones, aunque sean pederastas. Su Santidad sabe que en esto de la ordenación de las mujeres puede romperse la Iglesia anglicana parte de cuyo clero y fieles volvería al seno de la Iglesia de Roma. Si Juan Pablo II, el polaco, se apuntó la demolición del comunismo, ¿no sería un gran destino que el alemán Ratzinger se apuntara la conversión de Gran Bretaña, la demolición del anglicanismo, el luteranismo y, con un poco de suerte, el presbiterianismo? ¡Por fin los buenos ganan la “Batalla de Inglaterra”!

De su restante perversa doctrina no merece la pena hablar, como esa de que las democracias no pueden basarse sólo en el consenso de la gente sino que precisan de la religión, de la iluminación del Señor. Una idea que no descansa en prueba alguna, ni en la experiencia, ni el sentido común, ni en el argumento de autoridad, salva la que él pueda esgrimir a estas alturas, que no parece mucha. Así que ese es el contenido del viaje papal al Reino Unido: dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Es decir, todo al Papa, que llega a pasar el cazo a cambio de repartir unas estampitas. Como cuando viene a España y el país se llena de carteles que rezan Totus tuus. Hay su diferencia.

(La imagen es una foto de M.Mazur, bajo licencia de Creative Commons).