lunes, 30 de noviembre de 2009

Palinuro echa el cierre.

En el día de hoy, unos tres años después de iniciar su actividad bloguera en la cual tiene a gala no haber faltado un solo día a lo que los periodistas cursis llaman su cita con los lectores, Palinuro cierra. El blog le consume mucho tiempo del que ahora necesita todo pues se encuentra escribiendo dos libros que, de seguir con esta actividad, no conseguiría acabar nunca. Ello no quiere decir que el cierre sea definitivo sino transitorio y durará el tiempo que tarde en acabar las dos obras en cuestión; pueden ser meses y pueden ser años.

La aventura de Palinuro mereció la pena en todos los aspectos y el autor desea manifestar su agradecimiento a los/as lectores/as que le acompañaron en ella.

El blog queda accesible en su totalidad para consultas porque, en este tiempo ha habido 2.523 entradas todas con sus correspondientes ilustraciones y algunas no han sido del todo malas. Hay también cientos de críticas de libros, revistas, películas, exposiciones u obras de teatro todo lo cual constituye una referencia a lo que ha sucedido en la escena política y cultural española en los últimos tres años.

En el día de hoy todavía se podrán hacer comentarios. A partir de mañana esa posibilidad quedará bloqueada. Muchas gracias a todos/as.

Hasta siempre.

domingo, 29 de noviembre de 2009

La refundación.

Ayer tuvo lugar el acto inicíatico de la refundación de Izquierda Unida y del conjunto de gentes que, desperdigadas en organizaciones diversas o sueltas como lobos solitarios, se consideran a sí mismas la izquierda a la izquierda del PSOE, la izquierda "transformadora", "alternativa", etc. Se trata de un acto de reconsideración, repaso, replanteamiento colectivo, impulsado sobre todo por el nuevo dirigente Cayo Lara e impregnado de un ánimo genuino de renovación, todo lo cual es muy encomiable siempre.

Pero la dura realidad de la vida política cotidiana no puede ignorarse a fuerza de voluntarismo y por mucho que se invoque la utopía. Si IU ha llegado a esta situación de necesitar una "refundación" ha sido por varios motivos, algunos debidos a su forma de actuar y otros independientes de su voluntad. Supongo que no soy exhaustivo pero los siguientes me parecen dignos de consideración:

  • la ausencia de consideración crítica y explicación suficiente sobre el hundimiento del comunismo en los años noventa que dejó falto de justificación el venero principal de esta "izquierda alternativa" que trata de resurgir de sus cenizas, el Partido Comunista de España. Cualquiera que haya examinado las propuestas de explicación verá que oscilan entre un reconocimiento de algunos defectos parciales de gestión y la negación simple y llana de que el comunismo se haya hundido, intentando probar que lo que fracasó no fue el "verdadero" comunismo sino otra cosa como el "capitalismo de Estado" y hasta el fascismo.

  • La incapacidad para formular una táctica y estrategia radicales de izquierda en las sociedades capitalistas desarrolladas, cuyas estructuras políticas democráticas no solamente son cien veces superiores a los embustes de las periclitadas "democracias populares" sino que resisten muy bien las críticas izquierdistas a la llamada "democracia burguesa" o "democracia formal" que siguen repitiendo los más recalcitrantes de la izquierda radical.

  • La consiguiente incapacidad para articular una alternativa real a las transformaciones del capitalismo bajo la forma de Estados del bienestar de modo que esta izquierda ha pasado sin solución de continuidad de denostar las politicas del bienestar como engañifas socialdemócratas a pretenderse su sola defensora frente a los ataques privatizadores de los que acusa a esa misma socialdemocracia.

Ya en la situación concreta de España, hay que añadir los siguientes datos específicos:

  • la sorpresa de la transición: España no reproducía el modelo italiano o francés de potentes partidos comunistas y débiles socialdemocracias, sino el europeo central de potentes socialdemocracias e insignificantes partidos comunistas; sorpresa que descolocó a esta izquierda y la amargó al creerse merecedora de mayor reconocimiento por su lucha contra el franquismo, pero no la dejó reaccionar a tiempo.

  • Una política errática en busca de un lugar al sol en los años ochenta de aplastante dominio del PSOE y que acabó llevando al PCE y a IU a una política de alianza objetiva con la derecha del PP conocida como "la pinza", teorizada (teoría de "las dos orillas") y practicada (entendimiento con la derecha mediática y con el señor Aznar en persona) por el señor Julio Anguita, política que llevó al descrédito absoluto de IU del que no la salvó ni el absurdo bandazo de la no menos absurda unión de la izquierda en las elecciones de 2000 con los señores Almunia y Frutos, un auténtico esperpento. Ya sé que esto de la pinza levanta sarpullidos pero, por más logomaquias que se inventen, fue un hecho y decisivo en el declive de IU.

  • El faccionalismo típico de las formaciones de izquierda radical. Cualquiera que conozca, aunque sea someramente, la historia del comunismo, el socialismo y otras fuerzas de la izquierda sabe que, así como los partidos socialistas suelen ser estables y conocen pocas escisiones, las fuerzas más radicales son hervideros de peleas, divisiones y separaciones. De hecho casi todos los partidos comunistas surgieron de separaciones de los socialistas y sus historias están plagadas de enfrentamientos y desuniones, todos ellos, por supuesto, al grito de "unidad", como esta Izquierda Unida que es lo más desunido que quepa imaginar. Entiendo que la razón de este comportamiento tan poco recomendable para la continuidad de las empresas consiste en el modo radical e intransigente, como asuntos de principios a vida o muerte, de plantear los conflictos ideológicos y a diferencia de la socialdemocracia siempre más pactista y acomodaticia.

  • El increíble personalismo que señorea en las formaciones de la izquierda radical; un personalismo que frisa en el caudillismo y que se explica a mi entender porque la ausencia de elaboraciones doctrinales convincentes que puedan aglutinar a gentes con planteamientos diversos, obliga a subrayar la importancia de los factores carismáticos, personales que convierten la política de esta mentada izquierda en puro "fulanismo". Basta ver cómo casi todas las tendencias en que el "movimiento" (por llamarlo de algún modo) se divide tienen detrás un nombre propio.

  • El peso de una actitud intransigente y visceralmente antisocialista que viene de la tradición de la IIIª Internacional y todavía se halla presente en buena parte de esta militancia de la izquierda radical y que, por cierto, alimentó la desgraciada política de la pinza, que instaló a la derecha en el gobierno de España por dos legislaturas. Los comunistas suelen hablar del anticomunismo "visceral" de cierta socialdemocracia; pero son mudos respecto al antosocialismo no menos "visceral" de gran parte del comunismo con el agravante de que, al ser éste mucho más irrelevante social y políticamente, esa visceralidad no conduce a nada.

  • La incapacidad para encontrar un terreno de entendimiento con la fuerza mayoritaria de la izquierda que es el socialismo, guste o no. En las sociedades democráticas sólo puede hacerse política "transformadora" gobernando. Para gobernar, hay que ganar elecciones. Para ganar elecciones con electorados básicamente de centro izquierda (o de centro derecha) hay que modular los programas políticos. La alternativa es ir de puristas y quedarse como partidos "testimoniales"; pero eso no es lo que quiere las izquierda "transformadora". Entonces, ¿cómo conciliar el programa radical con la necesidad de ganar elecciones? Pues como el círculo no se puede cuadrar, hay que reconocer que el socialismo es la izquierda real en las sociedades capitalistas avanzadas y que, o se incide en ella o se queda uno a la intemperie, echando las culpas al sistema electoral. Pero, para incidir, hay que buscar un terreno de acuerdo caracterizado por el posibilismo, de nuevo guste o no.

  • Se dirá que porqué es esta izquierda la que tenga que hacer el esfuerzo en tanto que el socialismo mayoritario no se mueve y lleva a cabo políticas de alianzas según sus propios criterios y la respuesta es bien sencilla: porque a la izquierda llamada "alternativa", en claro riesgo de desaparecer por el escotillón de la historia, le hace falta, mientras que el socialismo, con un apoyo electoral diez veces superior, no lo necesita.

  • Por último, me parece estupendo que la izquierda radical, alternativa, etc, ande a la enésima búsqueda de su personalidad pero auguro otro fracaso mientras no empiece por reconocer que, aquí y ahora, la praxis de la izquierda está en el socialismo o en la colaboración con él.

¿Por qué no hay que cebar al troll?

  • Porque es insaciable.
  • Porque es lo que quiere.
  • Porque es viscoso y marrullero.
  • Porque va de mala fe.
  • Porque pretende imponer sus criterios.
  • Porque quiere sabotear la comunicación.

  • Porque introduce agresión, desprecio y mala baba.
  • Porque es más falso que Judas.
  • Porque obedece órdenes.
  • Porque trata de distraer y embarullar.
  • Porque aprovecha el espíritu discursivo para envenenar.
  • Porque es un enfermo y, por tanto, debe estar a régimen.
  • Porque odia cuanto ignora o no comprende.
  • Porque es un ególatra.

sábado, 28 de noviembre de 2009

El nuevo modelo económico.

Por lo que va sabiéndose del anteproyecto aprobado ayer por el Consejo de Ministros, el Gobierno parece decidido a impulsar medidas que no solamente ayuden a salir de la crisis sino que exploren nuevas vías de desarrollo. Que el plan llegue a ser un "nuevo modelo económico", término rimbombante que recuerda la "Nueva Política Económica" de los bolcheviques, parece más dudoso. Pero menos da una piedra. Sobre todo es bueno que la autoridad siga implicada en reformar y agilizar las relaciones entre el Estado y la economía ahora que parece que se avecina una segunda y demoledora etapa de la crisis con la posible quiebra de algún país de los Emiratos Árabes Unidos.

Son muy de aplaudir la reducción de los trámites burocráticos para la creación de empresas y la garantía de pronto pago de las administraciones públicas cuyas infinitas demoras han llevado a muchos al cierre. Es fantástico que haya acceso universal gratuito a banda ancha con un mega de velocidad y resulta también muy conveniente que se agilice el mercado de alquileres de vivienda con mayores desgravaciones para arrendatorios y arrendadores.

Lo más prometedor me parece la fijación de planes de inversión en infraestructuras a medio plazo contando con múltiples fuentes de financión que incluyen la UE, el ICO, el Estado y la participación del sector privado a través de las empresas mixtas, todavía por explorar en España. Todo ello, conjuntamente con una mayor vigilancia de las entidades financieras y la previsión de que sean los accionistas quienes voten los salarios de los directivos son tambièn reformas que se habían hecho urgentes con la crisis.

Pero para hablar de "nuevo modelo productivo" harían falta otras reformas de mayor calado y con una orientación más definidamente de izquierda como otra política fiscal con mayor progresividad y la creación de una banca pública que respalde la política económica que hasta la fecha está a merced de una banca opaca sólo interesada en recibir recursos públicos para mantener sus beneficios.

De ahí a decir que el anteproyecto de ley de desarrollo sostenible retrotrae al país a los tiempos del franquismo, como hace el señor Montoro, media un abismo. Cabe conceder que este señor y la derecha que representa saben mucho de franquismo porque es el régimen con el que simpatizan y al que no condenan y es pura mistificación que lo empleen para descalificar la única propuesta coherente que se ha hecho en el país para salir de la crisis. Por ejemplo, acusan al Gobierno de no bajar los impuestos pero ¿hay algo más franquista que los impuestos directos bajos e, incluso, inexistentes?

(La imagen es una foto de 20 minutos, bajo licencia de Creative Commons).

Los insoportables curas.

La murga de la clerigalla con motivo de la reforma de la ley del aborto está aburriendo ya hasta a las ovejas de su propio rebaño que han empezado a sublevarse contra las coacciones de los sepulcros blanqueados al estilo de Monseñor Martínez Camino. El segundo de Monseñor Rouco Varela debe de creer que los políticos católicos españoles son niños necesitados de disciplina o bobos de capirote. Y por ello alterna las amenazas de excomunión con los habituales apaños de la Iglesia católica para hacer mangas capirotes con la moral y el principio de responsabilidad individual. Insiste el citado Martínez Camino en que los políticos católicos que voten a favor de la reforma del aborto quedarán eo ipso excomulgados pero que serán readmitidos en el seno de la Iglesia si, previa confesión, manifiestan luego públicamente su arrepentimiento. O sea, lo de siempre con estos mercaderes de la gracia: pecas, te confiesas, te arrepientes y a otra cosa, mariposa. ¿Se puede ser más hipócrita?

Sí, se puede. Ahí está el flamante nuevo obispo de San Sebastián haciendo méritos con la carcunda para lo cual equipara a los abortistas con ... ¡la rancia burguesía del siglo XIX! ¿Se ha vuelto marxista el monseñor o, hipócrita hasta las cejas, abomina hoy de lo que santificaba ayer?

(La imagen es una foto de piotr.amigo, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 27 de noviembre de 2009

El editorial.

Las reacciones en la España no catalana al editorial de doce periódicos del Principado en defensa del Estatuto de autonomía frente a una posible sentencia del Tribunal Constitucional que reduzca su alcance han oscilado entre la prudencia y la más furibunda hostilidad. Nada más. No he leído ni escuchado frases de aprobación y mucho menos de admiración. La prudencia estuvo a cargo del señor Rodríguez Zapatero, muy en su función de presidente del Gobierno, al decir que había leído con "mucho interés" el editorial. La furibunda hostilidad al de la derecha más recalcitrante encabezada por el diario El Mundo que en su editorial sostiene que es imposible acumular más falacias en menos espacio faltando notablemente a la verdad porque sí es posible dado que es lo que hace él.

Lo primero que me parece digno de reseñar en el editorial es el envidiable espíritu cívico que trasluce. ¿Alguien cree que los periódicos de Madrid puedan alguna vez con algún motivo publicar un editorial conjunto? Nadie reflexiona sobre este hecho, sin embargo. ¿Por qué? A mi entender porque pone de relieve que la conciencia cívica catalana es muy superior a la española.

Parte importante de los críticos del editorial lo acusan de amenazar al Tribunal Constitucional y de pretender coaccionarlo. No hace falta tomarse mucho trabajo escarbando en lo que se ha venido escribiendo sobre este tribunal desde que comenzó a funcionar para ver que quienes hoy más acusan a los críticos de amenazas son los que recurrieron a todo tipo de descalificaciones e insultos en otros momentos pasados críticos en que el Tribunal hubo de pronunciarse sobre asuntos candentes, desde la expropiación de Rumasa hasta el posible procesamiento señor Felipe González con motivo de los GAL. Amenazas, coacciones e insultos que llenaban páginas de periódicos y horas en las ondas.

Asimismo el partido que en los últimos años más he hecho por instrumentalizar al Tribunal Constitucional al servicio de sus intereses bloqueando su renovación y hostigando a los magistrados que suponía no fieles a sus directrices es el que ahora pide no sólo acatamiento a sus decisiones -cosa que no esta en discusión- sino aceptación silenciosa y acrítica, cosa a la que nadie está obligado.

Por más que se quiera revestir el debate del Estatuto y la decisión del Tribunal de un ropaje jurídico para sustraerlos a las posibles objeciones, resulta obvio que el Tribunal Constitucional, por su naturaleza, composición y funciones, es un órgano político, jurisdiccional pero no judicial y sus decisiones son eminentemente políticas. Que por fiat constitucionl éstas hayan de acatarse cosa, insisto, que no está en cuestión pues nadie dice que no lo hará, no quiere decir que el trabajo del citado tribunal haya de estar exento de la crítica razonada tanto respecto a sus decisiones como a sus condiciones actuales para llegar a ellas. En cuanto a las últimas no sé cómo pueda pasarse por alto que, de los doce magistrados que componen el organismo, sólo pueden pronunciarse diez y, de esos diez, cuatro debieran haber sido sustituidos ya por haber vencido su mandato, cosa que no ha sido posible por las maniobras obstaculizadoras del PP. Es obvio que no es la composición más adecuada, que es lo que señala el editorial de marras.

En cuanto al fondo del asunto y por encima de las triquiñuelas formales está el espíritu de concordia que debe presidir las relaciones entre los distintos entes territoriales que componen España. Para bien o para mal, en esta sentencia esperada (desde hace tres años) sobre el Estatuto han venido a concentrarse todos los agravios de un entendimiento torcido y una convivencia problemática. Lo último que España necesita es que los catalanes y la derecha española más rabiosamente anticatalana puedan leer la sentencia como un escarmiento.

El último refugio.

La señora Aguirre ha puesto ya en marcha el proyecto de ley que consagrará el principio de autoridad en las aulas escolares de la Comunidad Autónoma de Madrid... en los colegios públicos. Los privados se rigen por sus propias normas. Es decir, en román paladino y para entendernos: a la enseñanza privada se la privilegia y beneficia con subvenciones públicas a chorro a través del artilugio de la concertación, hasta el extremo de que ésta es la forma de enseñanza hoy predominante en Madrid; en cambio, a la pública, a la que se restringe la financiación y se estrangula por todos los medios posibles, palo y tentetieso. En donde no hay medios, que cunda la autoridad del profesor amenazada, precisamente por esa falta de medios, la masificación de las aulas y el desvío malicioso e intencionado de los alumnos inmigrantes a los que la enseñanza privada concertada no quiere.

De esta forma y tanto en el orden simbólico como en el práctico se hace real el viejo sueño de la reacción personificado en la obra de la señora Aguirre en Madrid: sustituir las escuelas por comisarias.

(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 26 de noviembre de 2009

Mujeres.

Celebróse el día en contra de la violencia machista. Bien. Se han hecho manifestaciones y actos de todo tipo. Bien. IU propone que se considere la prostitución como violencia de género. Tengo mis dudas pero, en principio, bien. Se detecta un descenso apreciable en las agresiones de género gracias sin duda a la legislación preventiva y punitiva y los medios aprestados para hacerla eficaz. Bien.

Bien todo cuanto se haga para elminar esta lacra cuyas consecuencias externas nos escandalizan pero con cuyo caldo de cultivo llevamos cientos, miles de años conviviendo y han configurado nuestra misma civilización. Obras de teatro, novelas, cuadros famosos, poemas, relatos de todo tipo han celebrado y ensalzado esa práctica hasta convertirla en elemento consustancial a nuestra forma de ser y venero en el que todos, chicas y chicos, nos socializamos. Las variaciones del tema de la doma de bravía, ¿qué son si no violencia machista de la que está plagado el teatro shakesperiano y el calderoniano y el de Lope? En infinidad de novelas célebres la práctica se da por supuesta. ¿Cuál es el desencadenante que permitió a Stendhal escribir esa maravilla que se llama El rojo y el negro? Multitud de leyendas eternizadas por el arte, el rapto de las sabinas, el de Europa, Susana y los viejos, Lucrecia: en todas partes las mujeres objeto de pillaje o guardianas de una virtud propia definida en términos masculinos según los cuales, mancillada, está mejor muerta. La pintura de Romero de Torres ("Cante jondo"), la suite Vollard de Picasso. Óperas como Madame Butterfly; leyendas como la de Lady Godiva; anuncios como el que ilustra esta entrada y miles y miles de otros. Prácticas seculares ¿o no es violencia de género que las mujeres no puedan ser ordenadas en el rito católico y estén sometidas a la autoridad de los varones?

Es un problema que hunde sus raíces, dicen los entendidos, en las zonas más oscuras del inconsciente, las supuestas (digo lo de supuestas para curarme en salud) fantasías masoquistas de las mujeres, los complejos de inferioridad de los hombres, la madre castradora, el padre no sé qué... El mundo destila violencia de género y por eso la lucha contra ella debe ser permanente, sin cejar, siempre atenta y llevarse a todos los órdenes de la vida, incluso aquellos que parece más alejados. Digo esto también para curarme en salud porque cuando se me ocurre decir que hay que considerar el piropo como una muestra de violencia de género suelo recibir todo tipo de improperios. Empezando por las mujeres.

(La imagen es una foto de Tiscar, bajo licencia de Creative Commons).

De bien nacidos.

Navegaban sin bandera y fuera de la zona protegida; desoyeron en varias ocasiones las advertencias para que se acogieran a cubierto; nos han tenido a todos cuarenta y siete días preocupados con su situación y al Gobierno en vela con un gabinete de crisis par seguir de cerca los acontecimientos; se han movilizado todos los recursos que se ha podido pora rescatarlos. Y todo ello no obstante, apenas llegados a España por los medios que las autoridades han puesto a su servicio sufragados con el dinero de todos, varios de los marineros han ido de peregrinación de radio en televisión disfrutando de su recién adquirida popularidad, hablando mal del Gobierno y poniendo a bajar de un burro al señor Rodríguez Zapatero cuyo comportamiento, según uno de estos rescatados, fue "asqueroso". Es más, dicen deber más a los piratas que al Gobierno de su país, lo que es el síndrome de Estocolmo llevado a una mezcla de frenesí y estulticia.

Ya durante el secuestro fue preciso soportar la actitud saboteadora y felona de la oposición que aun tratándose de un asunto de Estado, pretendía, como siempre, atacar al Gobierno y, es de suponer, beneficiarse electoralmente, por extraño que pueda parecer. Pero la connivencia ahora entre esa oposición desleal y los marineros rescatados que atacan al gobierno que los rescató es inmoral. Si es de bien nacidos ser agradecidos, ser desagradecidos es de mal nacidos.

Verdaderamente pintoresco, estos malhablados desagradecidos y faltones, ¿carecen además de sentido común? No sé cómo pueda entenderse que coincidan en sus improperios con la oposición cuando ésta ya ha dicho con toda claridad que, si por ella hubiera sido, no habría habido rescate sino que hubieran enviado al ejército.

(La imagen es una foto de www_ukberri_net, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Sin respiro.

Ayer hubo una operación policial en el País Vasco y Navarra por la que se detuvo a una treintena de personas acusadas de pertenecer a la organización Segi, declarada ilegal por terrorista por el Tribunal Supremo en 2007. Se trata de la organización juvenil que ha venido sirviendo de centro de reclutamiento de terroristas de ETA y que ha sucedido a las también ilegalizadas Haika y Jarrai, igualmente organizaciones de jóvenes cachorros dedicadas a dar apoyo a ETA y organizar actos de violencia callejera, de kale borroka para ir animando el cotarro.

Aparte de que varios de los detenidos muestran ya meritorios CVs de terroristas en ciernes al haber sido detenidos en otras ocasiones por cometer actos de vandalismo, destrozar instalaciones callejeras, asaltar ayuntamientos y colaborar de otras mil formas a fomentar la convivencia educada en el País Vasco, en esta ocasión las fuerzas de seguridad del Estado han recogido abundante material para organizar atentados o actos de violencia callejera así como para labores de identificación y seguimiento de personas que luego se pondría al servicio de la banda de asesinos para cometer atentados.

Es decir, las fuerzas de seguridad del Estado han realizado una gran operación bajo órdenes del juez Grande Marlaska para, según dice hoy la prensa, "descabezar la organización juvenil de Batasuna". Pero eso es la forma gráfica de poner una noticia que tiene lecturas muy provechosas y que conviene singularizar:

  • prosigue la actividad judicial y policial contra ETA a base de atacar a sus fuentes de reclutamiento, de financiación, de colaboración y amparo en función de la doctrina garzoniana de luchar contra el terrorismo atacando sus anclajes sociales del más diverso tipo;
  • se restringen más las zonas de impunidad del terrorismo en esos grises órdenes de capilaridad social que eran frecuentes en la vida diaria del País Vsco gracias la sistemática inhibición del PNV cuando estaba en el poder;
  • la acción de la policía es independiente de la actual situación de debate interno en la izquierda abertzale acerca de si condena o no, abandona o no, la violencia como método de acción política. Seguramnte es bueno que haya ese debate y sería aun mejor que lo ganaran los sectores más razonables, pero ello no puede ser excusa para condicionar la acción de la policía;
  • es un golpe preventivo en la lucha contra el terrorismo y por la ampliación de los márgenes de libertad y seguridad que se van dando en el País Vasco, gracias a la política nada connivente con el terrorismo del nuevo Gobierno españolista del PSE con apoyo del PP;

  • el diario Gara, que presenta la acción policial como una operación de castigo contra los jóvenes de la izquierda abertzale, insiste en que las detenciones se han producido bajo meras sospechas, sin material probatorio alguno y, es de suponer, como parte de la política de acoso de las autoridades a ese idílico e indefinido mundo de la llamada "izquierda abertzales". Sin embargo las solas acusaciones de asociación ilícita e integración en banda armada, sobre todo tratándose de terrorismo, ya son suficientes para justificar la acción de la policía y felicitarla por ella

Este tipo de acciones que siegan la hierba bajo los pies de los colaboradores y cómplices de los terroristas de ETA son la garantía misma de que los derechos y libertades constitucionales en el País Vasco no son papel mojado.

((La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

El tiro por la culata.

No es de extrañar que la ciudadanía tenga tan pobre opinión del señor Rajoy y que lo puntúe bajísimo. No es ya solamente que no gane elecciones o que no consiga imponer su autoridad en su propio partido. Es que, además, todas las inciativas que adopta dan el resultado contrario al que busca y, lejos de debilitar al gobierno al que se opone, lo fortalecen.

La evolución del caso SITEL es la última prueba de ello. Ayer la oposición perdió una votación parlamentaria en pro de una medida legislativa muy puesta en razón. Las posibilidades de las nuevas tecnologías de espionaje en telecomunicaciones son tan grandes que parece obligado tomar medidas para impedir que el gobierno -éste o cualquier otro- caiga en la tentación de espiarnos a todos aquí, ahora y siempre.

Si el PP se hubiera limitado a levantar constancia de este hecho y hubiera pedido la correspondiente medida legialtiva habría actuado muy en su papel de oposición constructiva en un sistema democrático y seguramente los ciudadanos empezarían a verlo con ojos distintos. Pero entonces no sería el PP y el señor Rajoy no sería el señor Rajoy. El partido hizo lo que acostumbra bajo mandato directo de su Presidente: organizar una bronca descomunal y perfectamente ridícula al denunciar a gritos la existencia de Sintel sin recordar que fue el mismo señor Rajoy, siendo ministro del interior, el que lo contrató y siendo la señora De Cospedal la encargada de ponerlo en práctica.

Con el griterío, el PP buscaba el rédito añadido de utilizar las escuchas de Sitel, bendecidas por los jueces, para atacar indiscriminadamente el trabajo de las fuerzas de seguridad del Estado y de la admistración de justicia en lucha general contra la delincuencia. De ese modo, pensaban estos genios de la política, podrían mitigar algo el ridículo de este verano de acusar sin pruebas al Gobierno de realizr escuchas ilegales y, con un poco de suerte, conseguían torticeramente que se anularan las investigaciones en marcha del caso Gürtel, esas arenas movedizas de la corrupción en las que está atrapado prácticamente el PP al completo.

Al salir mal todas estas miserables maniobras para justificar su comportamiento y librarse de la acción de la justicia el PP recondujo su petición a la mucho más razonable de una ley que regule esta sensible materia del posible espionaje. Pero para entonces ya era tarde y sólo consiguió cosechar una derrota parlamentaria más en lo que ya es una notable carrera de fracasos de los que, por falta de cultura democrática del país, el señor Rajoy no rinde cuentas. Sin embargo debiera ser obligado: la oposición tiene una función que cumplir en el sistema democrático, el Estado pone a su servicio los medios adecuados para llevarla a la práctca y, por lo tanto, está muy puesto en razón que así como la acción del Gobierno está sometida a valoración permanente, lo esté la de la oposición. Claro que si esto fuera así quizá ya no quedara oposición. Porque en ningún país del orbe avanzado se tiene una oposición que, al perder todas sus iniciativas parlamentarias sólo se hace notar por sus constantes injurias y calumnias y sus frecuentes manifestaciones callejeras del ganchete con esa punta de lanza de la innovacióny la ruptura de moldes que son los obispos españoles.


martes, 24 de noviembre de 2009

Mentir en Westminster, saquear en Bagdad.

Tony Blair estuvo meses engañando a sus compañeros de gabinete, a los demás diputados del Partido Laborista, a sus votantes y, por extensión, a la opinión pública cuando en los últimos días de 2002 y primeros de 2003 afimaba que no había nada decidido, que estaban acumulando pruebas de la perfidia de Saddam Hussein, que en caso de decidirse la invasión ésta no buscaría derrocar el régimen sino solamente castigar a los culpables de actividades ilegales, que tenía todas las opciones abiertas.

Todo mentira, embeleco, embuste y patraña. Según un memorandum secreto que ya conoce la comisión de investigación que está estudiando la guerra del Irak en el Parlamento de Londres Blair se había comprometido ya en firme con el señor Bush a invadir el país mesopotámico en las condiciones que fuera. Operaba la "special relationship". Luego entre los dos decidieron incorporar al adusto spagnoletto que era el más partidario de los tres de invadir el Irak a sangre y fuego y llevar al dictador Saddam ante un tribunal internacional. Los tres decidieron de común acuerdo invocar dos excusas: que Saddam tenía armas de destrucción masiva -adm- y que el régimen iraquí mantenía relaciones con Al Qaeda. Todo mentira: nada de adm y ningún vínculo con Al Qaeda.

Pero los tres, sabedores de que estaban mintiendo al mundo entero, decidieron lanzar aquella invasión injusta, totalmente desproporcionada, aquel acto de piratería y pillaje por el que invadieron un país, derrotaron a su ejército, masacraron a su población, pillaron sus tesoros y riquezas, robaron sus recurso naturales, torturaron a la gente que se les oponía,violaron a sus mujers, comerciaron con sus niños y trajeron caos, destrucción y muerte. Una guerra que no pueden ganar, en la que han muerto cientos de miles de civiles iraquíes, dejando a los demás buscando a dónde ir en un país destruido y decenas de miles de invasores. El último ejemplo de una guerra de agresión en unas relaciones internacionales entendidas al estilo de las más viejas prácticas del abuso del más fuerte y de la imposición militar.

Y todo, además, para que los invasores hicieran pingües negocios con las adjudicaciones y contratas movidas por el conflicto. Empresas como Haliburton, en la que tiene negocios el exvicepresidente gringo que ordenó la invasión, y otras que han gestionado y administrado fondos sin cuento con lo que se han acumulado grands fortunas al tiempo que los Estados Unidos toman posiciones estratégicas en la región con vistas a las posibles guerras del futuro por el petróleo.

La administración Bush está siendo ya investigada a cuenta de las torturas. Ahora lo está siendo el señor Blair por mentiras reiteradas a la Cámara.

Queda el señor Aznar. Creo que es el momento adecuado de que se presente una moción en el Congreso de los diputados, que se propongan nombres para la comisión cuya función será saber en qué medida mintió el señor Aznar al tomar aquella decisión y en qué medida los otros lo liaron engañándolo, él se dejó engañar o colaboró activamente en la mentira.

Y después de esta necesaria clarificación política de uno de los episodios más siniestros de la historia mundial, la clarificación penal: crímenes contra la humanidad, genocidio, delitos que no prescriben... Y sin olvidar la parte de responsabilidad que cabe al orgulloso y servicial anfitrión portugués de las Azores y que hoy preside la Comisión Europea con tantos méritos morales para hacerlo como mi gato.

La imagen es una foto de Jens Olaf, bajo licencia de Creative Commons).



Rouco.

¡Qué curas tiene esta Iglesia! ¡Qué Iglesia tiene este País! ¡Qué país hay en el mundo! Con motivo de no sé qué asunto eclesiástico monseñor Rouco Varela el presidente de la CEE ha vuelto a hablar, bien oiréis lo que dirá: que la educación para la ciudadanía es materia ideologizada y adoctrinadora. O sea lo ideologizado y adoctrinador le parece mal al venerable. Lo dice el cardenal de una Iglesia que tiene una Congregación para la Doctrina de la fe, la Santa Inquisición, para entendernos sin que nos quemen vivos, de la que un día fuera gran preboste este Pontífice que padecemos.¿ La doctrina de la fe le parece mala a Monseñor? Supongo que no. Por tanto la doctrina es mala sólo si no es la suya que es buena.

De verdad cada vez que uno de estos, sea cura o seglar, sochantre o monago abre la boca suelta una melonada que mueve a risa.

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 23 de noviembre de 2009

Ni de derecha ni de izquierda.

Forma parte de la llamada "americanización de la política", consistente en convertir los actos públicos de los partidos en espectáculos de colores y sonidos. Supongo que eso es lo que aconseja el marketing político, dicen las asesorías y recomiendan los medidores de audiencia si se quiere que la gente conecte, vea, mire (no digo ya escuche) algo de lo que dicen los políticos. Probablemente hasta sea mejor que aquella hispánica costumbre de reunirse en alguna plaza de toros, a sol y sombra, para insultarse con recio españolismo. Pero resulta un poco kitsch. O un mucho, según se mire. Este finde los sociatas han montado uno de estos espectáculos para anunciar una ley que cambiará nada menos que el "modelo productivo" que no sé muy bien qué alcance pueda tener; sospecho que no es tanto como el "modo de producción" de los marxistas pero tampoco tan poco como una mera "reconversión industrial", sobre todo porque ya queda poca industria que reconvertir. En todo caso, aunque de alcance impreciso, el asunto parece de enjundia y no sé yo si es como para convertirlo en un pageant con alfombra roja, estilo Oscars con toque de Bienvenido Mr. Marshall. Da la impresión de que el correspondiente gabinete de comunicación confunde la elegancia con un salón VIP. En fin, todo sea por la modernidad, el desenfado y la giovinezza, giovineza, primavera di belleza que cantaban quienes yo me sé.

Claro que en eso de montar espectáculo los de UPyD lo bordan., casi a la altura de la Fantasia de Walt Disney. Esa estrategia monocroma rosa que es como vivir, dormir y despertar en una tarta con sirope debería ya descalificarlos como evidente prueba de que, a fuerza de ser "ellos mismos", han pasado la tenue frontera entre el kitsch y lo rabiosamente cursi. No me extraña que los gays, que tienen un rico y matizado sentido de los colores no los quieran en sus desfiles. Por favor. Dan ganas de preguntar que para cuándo la parejita.

El monocromo es el colorete de un estilo de culto a la personalidad pasmoso sobre todo porque se practica al grito de viva la democracia. En todo caso por lo que se va viendo y escuchando la señora Díez dice cosas de verdadero interés. Veo que en repetidas ocasiones se la he pedido que hable sobre cuestiones de derecha e izquierda y dice que ella ni su partido son de lo uno ni de lo otro. Creo que lo dice con orgullo y como con orgullo me parece habérselo oído decir al señor Savater. Éste, además (la inteligencia lleva un grado) ha presentado la amalgama izquierda/derecha con una luz mediática muy astuta al hablar de que han "derribado un muro" entre la izquierda y la derecha en momentos en que retumba el eco de los bloques del muro de Berlín cayendo a la calzada. En definitiva, nada de derecha/izquierda; eso se ha acabado. Historia pasada.

Llevo lustros, decenios, oyendo lo del fin de la oposición entre derecha e izquierda. Casi tanto como llevo oyendo hablar de la revitalización de la izquierda. Si no me equivico, la New Left Review va a cumplir medio siglo. Se ha podido oír como resignado dictamen de estudiosos sociales a partir de los años cincuenta del siglo XX: el fin de las ideologías y el ocaso de la izquierda y la derecha. Y también se ha oído como una decisión, un discurso, un deseo: hay que acabar con la distinción entre izquierda y derecha. El deber ser es aquí más antiguo que el ser. En los fogosos años treinta José Antonio lo consideraba imprescindible. Igual que el Kaiser Guillermo II al enviar a las tropas al matadero de la Primera Guerra Mundial ya no reconocía "izquierdas ni derechas" sino sólo alemanes, Jose Antonio decía que esa inútil división impedía servir a España, que es también el ente al que la señora Díez asegura que está dispuesta a servir con todas sus fuerzas.

El dictamen es de Alain como a primeros del siglo XX y dice: "siempre que oigo que ya no hay derecha ni izquierda pienso que el que lo dice es de derecha". Y así es, cosa que se comprueba por el método más simple que hay en la ciencia: pegando la oreja a ver qué dicen unos y otros. Y no falla, como en tiempos de Alain: la derecha dice que ya no hay (o no debe haber o no debe de haber) diferencia entre la izquierda y la derecha. Por si tienen alguna duda, la última persona a la que se lo he oído decir (antes que a la señora Díez y, si acaso, al señor Savater) es a la señora Ana Botella. En cambio, la izquierda, además de no dudar de que esa diferencia exista, está pegada entre sí para averiguar quién sea la "verdadera" izquierda. Pregúntese a los de Izquierda Unida que se aprestan a velar armas ideológicas. Algo que casa mal con el melting pot de que no hay ideologías.

Es posible que en estos descreídos tiempos posmodernos queden pocas divisorias bipolares porque parece haber como una desgana de convicciones. Es posible, aunque me parece que cada vez hay más y lo entiendo como una ventaja y una suerte porque, aunque no siempre, la abolición de variedad es mala. Pero la raya, divisoria, hiato, separación, oposición, confrontación, lucha, conflicto que existe por doquier, y no sólo en todos los países sino en todos los partidos, reuniones, asociaciones, federaciones, etc es la oposicion izquierda/derecha. Es universal y permanente. Por haberla, la hay hasta en la condición del individuo. Así que, si los señores de UPyD dicen no ser de derecha ni de izquierda y lo dicen de modo genuino y sincero y no porque lo hayan decidido tácticamente a base de componer un programa con piezas de los otros partidos según un criterio que se considere electoralmente ganador, serán un factor único, excepcional y milagroso en un grisáceo panorama de obediencias ovejunas a la izquierda y a la derecha. Pero como el sistema es bipolar y de partidos dominantes que imponen el orden del día, UPyD no conseguirá nunca demostrar en qué consista ese no ser de izquierda ni de derecha porque lo será (de izquierda y de derecha) alternativamente en las votaciones que casi siempre, por no decir siempre, configuran alternativas de derecha e izquierda. Y ahí se verá.

(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, bajo licencia de Creative Commons).

¡Ay de los vencedores!

Este libro, premio nacional de ensayo de este año (Reyes Mate La herencia del olvido. Errata naturae, Madrid, 2009 (1ª ed. 2008, 228 págs) es una recopilación de diez artículos con distinta ocasión y diversa temática en tiempos diferentes. Pero, para los conocedores de la obra del autor, tienen todos un innegable aire de familia, tanto que casi parecen variaciones sobre los temas caros a Mate, la compasión, el otro, la memoria (cito según me vienen a ella; habrá fallos y aciertos), los vencidos, el margen (la margen de los marginados), Latinoamérica, lo judío, la crítica a la falsa universalidad de las filosofías de la historia, las víctimas, el casticismo y, además, de la mano de los autores preferidos del autor, de los que ha bebido hasta identificarse con alguno de ellos como el Walter Benjamin de las Tesis sobre el concepto de la Historia pero también, cómo no, Emmanuel Lévinas (de él viene esa preocupación por el otro), Rosenzweig, Scholem (mucho pensamiento judío), y también Heidegger y Kafka de los que tiene admirable conocimiento.

El primer artículo, Pensar en español en tiempos de globalización parte de constatar un hecho lamentable: "tenemos una filosofía dependiente" (p. 43). Ya sé que no es consuelo pero no debe extrañarse: la cultura española en su conjunto es dependiente, está doblada (como las películas) de las extranjeras: los mejores hispanistas son ingleses y franceses (los enemigos seculares); las mejores ediciones críticas de nuestros clásicos pueden hacerlas eruditos gringos; el propio Reyes ha edificado su obra en permanente diálogo con autores algunos de los cuales consideraban que África empieza en los Pirineos y ya es ironía que su autor preferido, en el que se ha especializado, el filósofo del Angelus Novus viniera a morir a esta triste frontera. Pero Reyes se interesa por el "pensar" por el discurso filosófico y, tomando pie en la convicción de Heidegger de que tal cosa sólo pueda hacerse en griego y en alemán, busca alguna razón que explique esa situación de extraterritorialidad española y no me parece que repute secundaria la idea de que el discurso filosófico español, la mente, el lenguaje, la cultura, ese compuesto gaseoso difícil de aprehender y que no para quieto tiene la paradójica condición de ser internamente fratricida. Los hispánico es un discurso en el que vencedores y vencidos (hablando de América Latina no hace falta señalar) hablan la misma lengua; la misma lengua hablan Cortés y el inca Garcilaso de la vega (p. 55). Y aquí lo deja. Supongo que debemos entender que el pensamiento español es tan manco por esta esquizofrénica cualidad que, por otro lado, refleja la tradicional división interna a los españoles peninsulares donde, no sé cómo, siempre se configuran vencedores y vencidos.

Antes de seguir, una breve digresión sobre esta cuestión de los vencidos. Para Reyes esta condición es clave de arco de su interpretación de las grandes cuestiones filosóficas de nuestra época porque todo empieza y acaba en ellos: la filosofía como actividad anamnética y (ya que el olvido es injusticia y la memoria justicia), el recuerdo platónico se ocupa de la condición epistémica, la mirada del vencido lleva a la constitución moral del yo que, sin ella, no es persona. No creo exagerar si atribuyo al vencido, a los vencidos que ahora regresan de las regiones del olvido y son los únicos que pueden dar a nuestro universalismo pretendido la pátina de la verdad, una función casi demiúrgica. Pero hay que hacer una advertencia. Por odioso que parezca hasta ese concepto de vencidos tiene un fielato histórico, contingente, que pagar, no puede refocilarse en su aparente ser absoluto, en donde, me malicio, encuentra Reyes solaz frente a la amarga comprobación Benjaminiana de que el fascismo es la quintaesencia del progreso y la propia de que bajo los discursos únicos al estilo parmenideano se esconde el totalitarismo: pues vencidos fueron los nazis. Y los nazis son el otro polo de la dualidad que Reyes maneja como sistema del vencido (bien) y el nazi (mal). Cuando de Auschwitz se trata, los vencidos son los judíos. La condición de vencidos de los nazis es tan irrelevante que sólo ahora, en el siglo XXI comienza a haber tímidos intentos de preguntarse qué pasó por sus cabezas. ¿No hay nadie interesado en dar voz a estos vencidos? Obviamente, no. Ni una miserable subvención para investigar, ni un departamento universitario, ni un becario. Estos vencidos no alcanzan aquella noble condición de vencidos; estos apestan. Sin embargo, su mera existencia, con independencia de otros distingos obliga a admitir que antes de echar mi suerte con los vencidos de algún conflicto primero tendré que mirar el conflicto.

América Latina y la particularidad de la universalidad europea es un estupendo trabajo que queda resumido en su título: la pretendida universalidad europea es particularidad cuando se la contrasta con América Latina, con América, cuyo descubrimiento no ocupa lugar en el relato oficial del progreso del espíritu europeo según el cual los hitos son: Reforma, Ilustración y Revolución francesa. Como el relato filosófico-histórico, como el histórico a secas es tan de vencedor como la crónica de la guerra de las Galias, la pregunta que puede hacerse aquí es qué hubiera sucedido si España hubiera contado en ese hacerse del espíritu europeo en lugar de andar perdida en el Magreb. Porque aquí, el discurso español es de vencido. Por cierto que algo también cabrá decir de un discurso que es de vencedor y de vencido en el mismo sujeto pero por tiempos. La imposibilidad radical de los tozudos europeos al estilo del germánico Hegel o el no menos germánico Heidegger de arbitrar un universalismo que no fuera eurocentrismo abre el camino al rayo de luz de la interpretación de la minoría particular universalista por excelencia, la judía, expuesta en las Tesis sobre el concepto de la historia que, por si no lo he dicho ya, son la columna vertebral de la reflexión de Reyes. Así que si queremos saber por dónde caminará un universalismo que será tal por incorporar a los vencidos y hasta a los muertos así como los sufrimientos de todos, basta observar la "universalidad negativa" de esa figura cristológica del judío marxista alemán Benjamin.

Judaísmo, modernidad y capitalismo es un interesante ensayo en que aborda la cuestión de porqué Weber deja al judaísmo fuera del espíritu del capitalismo (que atribuye a los reformados) aun siendo consciente de que sin el judaísmo el principio mismo de racionalidad no sería de uso libre.

Auschwitz y la fragilidad de Dios. Arrancando de la célebre y archicitada frase de Santayana expuesta en Dachau, yendo de nuevo de la mano de Rosenzweig reitera (las reiteraciones son inevitables en este tipo de recopilaciones, aunque aquí se mitigan porque el autor las trae a cuento con finalidades distintas) el juicio de Benjamin sobre el progresismo del fascismo, algo que viene ya rodado desde las "florecillas pisoteadas al borde del camino" del triunfal paso del espíritu de Hegel que no cuestan nada representarse como un desfile de Moloch que llega hasta hoy mismo, cuando esas florecillas se han convertido en bajas colaterales, pero siguen siendo las mismas.

En Tanques judíos Reyes bordea a mi entender el territorio de la justificación proisraelí. Está claro que la confusión judío/israelí no es aceptable; casi diría que no era necesario mencionarlo. No está mal sin embargo, recordar que también hubo (y hay) un sionismo "bueno". Es manifiesto que el antisemitismo lo lleva Occidente (y a su través, medio mundo) en su misma sangre. Las observaciones de Reyes sobre Johan Baptist Metz, Kafka, etc son muy interesante. El judío es el Ungeziefer kafkiano. Y se entiende muy bien a qué condena a los judíos el dictum hegeliano de que la modernidad sea la secularización del cristianismo (p. 139). Supongo que el artículo fue escrito antes de la última ofensiva israelí sobre Gaza. Aun así, no me queda claro que el autor admita que alguien pueda criticar acerbamente a los israelíes, sin paños calientes, acusándolos del mismo racismo hacia los palestinos que ellos padecieron de parte de los nazis sin que ello lo convierta en un antisemita. Debo confesar que en cambio, para mí es obvio: no solamente no soy antisemita sino que admiro a los judíos; pero el comportamiento de los israelíes me parece muy próximo al de los nazis.

En tierra y huesos, Reyes da con los suyos en el solar patrio y hace un repaso de los problemas de la memoria histórica: su naturaleza, condición epistémica y moralidad con el que no puedo estar más de acuerdo. Memoria es hacer visible lo invisible y el recuerdo es justicia; así que a desenterrar a los asesinados y sepultados en las cunetas, sin más que hablar. Sobrado de tiempo y espacio el autor abre el campo de mira y se va al fondo de la admiración por la guerra que hay en la base cultural occidental (la epopeya, etc; la filosofía occidental como una "ontología de la guerra", según dice Lévinas, p. 197) en lugar de tomar nota de los sufrimientos del otro (p. 170). No estoy muy feliz con estos distingos que se me hacen un poco débiles y plañideros no ya porque el asunto estuviera dictaminado para sentencia desde los tiempos de Heráclito de Éfeso, sino porque no creo que estemos avanzando en ningún sentido discernible sustituyendo el culto al general invicto por el llanto por las víctimas. Ya sé que se me dirá que no es esa la cuestión sino la de hacer una composición en que se oigan las dos voces. Y aquí, sin querer sentar plaza de calloso, me asalta el escepticismo al comprobar que sucede con esa hipotética polifonía lo que señalaba el propio Reyes del discurso interno del pensar español: ¿cómo van a concertarse vencedores y vencidos, victimas y victimarios? Tiene eso un elemento de reconciliación por encima de las voluntades de los vencidos/muertos que no me gusta nada.

La presencia pública de la religión en la sociedad es, creo, el único caso en que aparece un concepto típicamente posmoderno en esta obra de Reyes (cuya escasa simpatía por la corriente de la época es notoria), a saber, la biopolítica que le sirve al autor para dar otro repaso a Auschwitz. Auschwitz es el terreno de la biopolítica (p. 186) en donde los seres humanos sólo son tratados como cuerpos. A partir de aquí, el punto más bajo, vamos remontando en posibilidades de redención, ya con la idea mesiánica y al amor del análisis de las tesis benjaminianas descubrimos que hay algo bueno, positivo, humano, en la religión: que nunca identificará racionalidad humana con racionalidad triunfadora y que no igualará realidad y facticidad (p. 186). Me parece bien pero no creo que el producto valga el precio del mero envoltorio: lo primero es imposible en una organización que ha sido perseguidora y perseguida, lo segundo también por tratarse de una organización con mensaje trascendental.

El muñeco mecánico y el enano jorobado es una ilustración del artilugio que fantaseó Benjamin para explicarse las virtudes del materialismo histórico, presididas, movidas quizá por la amarga aseveración de la tesis 8 que tanto juego está dando en la filosofía de hoy de que, para los oprimidos, "el estado de excepción es la regla" (p. 205). El último trabajo, Retrasar o acelerar el final es una interesantísima reflexión sobre un texto de Jacob Taubes (nur noch ein Jude) en el que da cuenta de una entrevista que tuvo con un ya muriente Carl Schmitt a petición de éste para hablar con él sobre su interpretación de las cartas de san Pablo a los romanos y a los tesalonicenses. Al parecer el viejo caimán quedó impresionado por la interpretación política paulina de Taubes y le dijo que se lo contara a la gente, cosa que hace éste diez años después. A se vez también Reyes ve en ella tan inmensas posibilidades que atisba nada menos que la de encontrar una "salida a la enojosa aporía universalidad/comuntarismo" /p. 223). Insisto, nada menos. Sobre todo porque si parece estar claro porqué hay que salir del universalismo ya que han sido más de doscientas páginas destinadas a exponer que es falso, quedaría por averiguar porqué también hay que salir del comunitarismo, cosa que, al parecer, se da por supuesta.

domingo, 22 de noviembre de 2009

El estatuto de Pandora.

Hablar sobre rumores es poco avisado; hacerlo sobre rumores judiciales, cosa de orates. Porque ello es que todavía no hay decisión firme alguna del Tribunal Constitucional en relación con el Estatuto de Cataluña. Todo lo que sabe al respecto son las habladurías que publica hoy El País y cuya arista más cortante es que el alto tribunal suprime el término nación del preámbulo del Estatuto. Asimismo cuestiona la constitucionalidad de cuarenta artículos de los 126 que impugnó en su día el PP. Mantiene la adjudicacion de competencias y, según parece, la práctica de la bilateralidad.

Dada la alacridad con la que la clase política catalana responde en frente amplio que va desde CiU hasta el gobernante PSC cada vez que hay rumores sobre el TC, tampoco sería extraño que este órgano recurriera a la socorrida práctica de los "globos sondas": "a ver, López, filtre por ahí que vamos a fallar que Cataluña no es una nación, y veamos cómo respiran esos mancebos". Sería antijurídico que procediera así pero humano y comprensible. Recuérdese que algunas de las reacciones de la clase política catalana son verdaderos ex-abruptos, por ejemplo el del señor Saura pidiendo la dimisión de tots els magistrats.

Veamos el asunto de corrido: en el fondo el problema es que es el TC quien viene a decidir que Cataluña no es una nación. Y ¿desde cuándo son los tribunales los que determinan quién es y quién no una nación? El concepto de nación no es, no puede ser, un concepto jurídico porque no es objetivo sino que es un concepto puramente político ya que es subjetivo. Estamos hartos de saber que la nación es un sentimiento y sobre los sentimientos, ¿qué diantres tienen que decir los tribunales, aunque sea uno Constitucional, que no es un verdadero órgano judicial?

El error, el fracaso es que la clase política española (no la catalana sólo) haya sido incapaz de consensuar un acuerdo acerca del contencioso nacional que hay dentro de España y le haya pasado la patata caliente al TC. En el momento en que un tribunal tiene que decidir si alguien es o no una nación está claro que la política ha fracasado. Y cuando la política fracasa ya puede esperarse cualquier cosa, por ejemplo que también fracase el propio TC y hasta el Estado. El fracaso del TC es cosa cantada por cuanto si, por un lado, no puede pronunciarse sobre el fondo del asunto, por el otro no le queda más remedio que hacerlo. Al final, Cataluña, una vez más afrentada, planteará un problema institucional con el respaldo de todas sus fuerzas políticas (quizá con inclusion del PPC) que pondrá el debate sobre la soberanía catalana en la mesa del desayuno del país. Un país en el que cada dos por tres están celebrándose consultas independentistas que el gobierno español no sabe cómo parar y hasta es problemático que pueda hacerlo.

Por Dios que el problema ha acabado siendo el que ya se planteó al inicio mismo del primer mandato del señor Zapatero cuando, preguntado al respecto, dijo éste algo muy sensato: que el concepto de Nación es discutido y discutible. El señor Rajoy sacó la espada de Covadonga y empezó a decir que Bambi era un fementido traidor a la patria. Todo, es de entender, porque en su opinión el concepto de patria es indiscutible. No me digan cómo es posible que funcione nada cuando el dirigente de primer partido de la oposición y próximo candidato en La Moncloa cree que hay cosas indiscutibles. Pero esa es la fuerza del discurso demagógico: todos tienen que adaptarse a él si quieren sobrevivir. El señor Zapatero no ha vuelto a decir nada tan inteligente sobre la nación. En realidad no ha vuelto a hablar del asunto porque se lo come Santiago Matamoros. Que es parte del secular drama de España, país en que es imposible resolver contencioso alguno porque una de las partes sostiene que ya sólo hablar de contencioso es i-nad-mi-si-ble.

Dejo de lado el problema que se plantea por el hecho de que, según El País el TC reconozca la bilateralidad pero no la nación catalana. Si hay relaciones bilaterales serán de igual a igual en dignidad, esto es, aeque principaliter, pero no nación a nación sino, al parecer, nación a región/nacionalidad, cosa que no resulta creíble. Si Cataluña no es nación, tampoco debe haber negociaciones bilaterales porque el Estado no puede negociar consigo mismo ni con un inferior sino sólo con un igual.

Es claro que el TC niega la condición nacional a Cataluña con ánimo de que la tal no sirva en el futuro para substanciar una petición con efectos jurídicos: pues soy una nación, me corresponde tener un Estado propio. Pero si ello es así, el TC comete un error garrafal. El tribunal no puede decidir si los catalanes son o no una nación porque ésta es una cuestión eminentemente política y hacerlo sería ir claramente ultra vires. Sí puede decir si el término "nación" entra o no en el preámbulo del Estatuto: lo que sucede es que esta doble vía es una triquiñuela inútil e irritante. Es más justo, acorde con la naturaleza de la cuestión, dejar la nación del preámbulo porque luego es mucho más sencillo y claro denegar la cuestión planteada en un terreno objetivo: el hecho de ser nación, ¿te lleva al derecho a un Estado propio? La respuesta puede ser sí o no. Pero mientras que el sí te deja en el terreno subjetivo, programático, desiderativo de lo político, el "no" te lleva al sólido terreno jurídico de los hechos, la realidad comparada y el sentido común. Lo que sucede es que el TC tampoco puede decir esto porque la Constitución Española sostiene que en España sólo hay una nación: la española.

He aquí por qué el TC no tiene más remedio que pronunciarse sobre lo que no puede pronunciarse, en una situación absurda en la que el fracaso de la política ha llevado al sistema en su conjunto a uno de los puntos más críticos de los últimos años y del que me temo que sólo podremos salir a base de esperar que los catalanistas no se pongan intransigentes, que muestren el tradicional seny, que, como viene a decir el M.H. Pujol, sigan tragando quina.

Pero no sé si está el horno para bollos.

(La imagen es un detalle del Retablo de San Jorge (h. 1400) de Marçal de Sax, que, se supone, representa a Jaime I el Conquistador en la batalla de El Puig de Santa Maria; ayudando al Rey aragonés y Conde de Barcelona, cómo no, San Jorge, patrón de Cataluña. La pieza se encuentra en el Victoria and Albert Museum, Londres).

Comienza el baile.

Entiendo que esta movilización del campo es el primer acto reivindicativo que plantean los productores, los trabajadores, los campesinos, los "de abajo", si se quiere, con motivo de la crisis. Va para año y medio que ésta empezó y la gente ha demostrado una comprensión y una paciencia ante una situación crítica dignas de mejor retribución. Esta concentración, que transcurrió ayer en un clima reivindicativo fuerte pero pacífico y hasta festivo, goza de un apoyo popular muy grande. Tiene algo de primitivo y telúrico, como todo cuanto se relaciona con la Pacha Mama: por fin los eternos silenciosos, los preteridos y esquilmados agricultores hacen oír su poderosa voz. Es cierto que entre ellos hay numerosos empresarios porque las relaciones de producción en el campo siempre han sido saintsimonianamente complejas, pero ello no obsta para que el grito primordial de un agro que perece bajo el pillaje de los intermediarios y otros carroñeros goce de universal aplauso.

Tanto es así que dos importantes dirigentes nacionales, la señora De Cospedal y el señor Cayo Lara, decidieron arrimar el cazo ya que no el hombro, a chupar rueda del éxito de la convocatoria y la simpatía que suscita como si tuvieran algo que ver con ella.

Aunque la señora De Cospedal sigue siendo presidenta del PP de Castilla La Mancha, región eminentemente agrícola, no se le ha oído una sola manifestación remotamente cercana al campo en los últimos diez años. Pero como el Pisuerga pasa por Valladolid, allí estaba ella ayer, con los campesinos de su tierra que ni siquiera sabe en dónde está. En cuanto al señor Cayo Lara, ya venía anunciando al gobierno que se esperara manifestaciones y movidas callejeras. Eso mientras se preparaba ésta para la que nadie ha pedido su colaboración porque la entidades convocantes, el asociacionismo agrario español es muy suyo. Y aunque el señor Lara, de acuerdo con sus raíces marxistas, sólo vea trabajadores industriales en el horizonte revolucionario, tuvo la suficiente cintura y olfato para acudir ayer a la confraternización de los campos y talleres. El campo pasaba por la calle; el taller era él. (N.B.: un atento lector me hace ver que olvido que el señor Cayo Lara es agricultor e impulsor de algunas asociaciones agrarias y cree que debo hacerlo constar en el artículo para no dar la impresión de que el coordinador general de IU estaba en la manifa como "convidado de piedra". Rectificado queda el dato porque es de justicia y, aunque siga creyendo que el señor Lara estaba bastante de convidado de piedra, debo reconocer que su motivación seguramente es sincera y no cínica como la de la señora De Cospedal y que mi juicio en lo que a él respecta, era erróneo.)

En cuanto al Gobierno, presente en la vera efigie de la ministra Espinosa, mal rollo. Ahora tendrá que improvisar uno de esos planes de salvamento sectorial, como el E., el de los automóviles, el de los jóvenes en los pisos, el de los pisos que no se venden, el de los bancos que no prestan, el de los parados que no cobran, etc. Es el salto a la fama de la ministra Espinosa, de la que ya sabe todo el mundo lo muy bien que no hace nada; como su colega de gabinete, la ministra de la Vivienda, señora Corredor; dos genias del dolce far niente.

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 21 de noviembre de 2009

20 N, camarada.

No todos los dinosaurios se extinguieron hace millones de años. Cada veinte de noviembre los que restan se reúnen en la basílica de Cuelgamuros a honrar la memoria del caudillo Franco brazo en alto bajo los luceros. La peña de caballeros algo fuera de órbita, señoras de abigarradas pieles y joyas y mozalbetes con ganas de gresca que circularon ayer por los medios trajo el olor a sentina de este barco a la deriva cargado de cadáveres que es la memoria histórica de los españoles.

Cada vez que se menciona esa memoria la derecha salta como picada por el alacrán (no se hagan chistes malos) diciendo que se quiere reabrir viejas heridas ya cicatrizadas. Sin embargo da la impresión de que los de la memoria histórica no quierebn reabrir "viejas heridas ya cicatrizadas" sino fosas comunes. En cuanto a que las "viejas heridas" estén cicatrizadas, basta con echar una ojeada a las fotos de ayer con los bracialzados impasible el ademán para darse cuenta de quiénes pretenden reabrir las "viejas heridas". Por lo demás, los mismos que viven en el universo cainita de la guerra civil, los que hablan de paseos, cunetas y muertes. Lo hicieron tantas veces, mataron a tanta gente a la que negaron la cristiana sepultura que luego pidieron para sí que se les ha quedado la murga y la nostalgia; a ellos y a sus hijos.

(La imagen es una foto de Daquella manera, bajo licencia de Creative Commons).

Que nos unen...

Mientras algunos jóvenes de antaño andan homenajeando al Caudillo en Cuelgamuros, el partido de doña Rosa Díez ha iniciado su congreso, del que quiere salir fortalecido y, claro, más unido que nunca. No sé qué venturas electorales aguardan a UPyD porque está empezando su camino y quedan casi dos años hasta las elecciones. En el partido hay muchas caras conocidas de gente que se ha hecho un nombre en otros ámbitos y ahora quiere emplearlo en hablar en este cónclave. Son los señores Savater, Pombo, Sosa Wagner o Vargas Llosa. Dan empaque y tronío al partido; pero está por ver que le lleven votos .

Esa es tarea de la política profesional de la formación, la ex-eurodiputada y actual dirigente del partido Rosa Díez. Esta señora, que pasó treinta años de su vida en el PSOE, en el Partido Socialista de Euskadi; que, como socialista, fue consejera en gobiernos de coalición del PSE y el PNV, no suscita especiales simpatías entre sus antiguos compañeros de militancia que ahora la acusan de oportunista y resentida. Antes de abandonar el PSOE, la señora Díez intentó ser elegida secretaria general del PSE y secretaria general del PSOE, perdiendo frente al señor Zapatero por un puñado abrumador de votos. Visto lo cual, decidió marcharse del PSOE y fundar un partido nuevo que es el que ahora está de congreso en un gesto que ya se dirá cómo ha de entenderse si no es del modo siguiente: me quedo si soy la que manda; si no lo soy, me marcho a fundar otra morada, como santa Teresa. Hay gente que prefiere ser cabeza de ratón a cola de león; cualquier cosa siempre que no esté en su cuerpo.

Tampoco a mí me resulta simpática la figura de la señora Díez pero no por el asunto de su militancia sino por el de su significado simbólico. Durante meses, si no años, la señora Díez estuvo yendo de televisión en televisión en programas como el de Sáez de Buruaga en Telemadrid, una tele de combate, en los que, so capa de ocupar un espacio acotado al PSOE por razones de equilibrio, lo utilizaba para hablar mal de su propio partido. Luego, las crónicas hablaban acerca de la "verdadera" socialista Rosa Díez. Es algo que la derecha hace de maravilla: seducir al militante de la izquierda halagando su vanidad o su bolsillo y lanzar luego sus declaraciones o afirmaciones negativas como si fueran la revelación. Todavía me acuerdo de los artículos de Marcelino Camacho en el ABC de Anson los sábados o domingos de los años noventa, con un anuncio previo en las páginas de huecograbado en el que se avisaba de que en la página tal y tal el lector encontraría un artículo del señor Camacho, representante de la "verdadera" izquierda (frente al corrupto felipismo) poco más o menos como la señora Díez lo era del "verdadero" PSOE (frente al corrupto zapaterismo) en los programas del señor Sáez de Buruaga en los que invariablemente ponía al PSOE de chupa de dómine.

Pero no es solamente por estas pequeñas miserias humanas por las que las voces de UPyD no me suenan bien, especialmente la de su máxima dirigente, sino por lo que dicen. La primera jornada del congreso ha ido destinada a dar estopa al nacionalismo; al nacionalismo no español, se entiende. El español ni se menciona. Al contrario, si se pregunta a los intervinientes todos dicen no ser nacionalistas pues lo del nacionalismo es una antigualla, una enfermedad, incluso.

Caramba, eso mismo, esto es, que no son nacionalistas, es lo que dicen en el PSOE y en el PP. Si me apuran Vds. meteré en el saco de los "no nacionalistas" a las gentes de Izquierda Unida que estos días andan de ejercicios espirituales que comentaremos mañana. Aquí no hay más nacionalistas que los de la txapela, la gaita y la barretina. Y si todos cantan la misma canción, que no son nacionalistas, ¿en qué se diferencian? Está claro: en el modo de tratar a los nacionalistas y, de paso, a los hipotéticos votantes del sacrosanto territorio "no nacionalista" que se llama España: mientras que IU, PSOE y hasta, por increíble que parezca, PP, están rendidos al chantaje de los nacionalistas, el partido de doña Rosa Díez propone bajarles los humos, sentarles la mano, meterlos en vereda, si necesario es reformando la Constitución.

Supongo que no hace falta decir que sólo siendo muy nacionalista (español) puede uno ponerse así con los otros nacionalismos, pretendiendo retrotraerlos al estadio de lo que el señor Fraga en mejores tiempos para el nacionalismo español que no sólo no se ocultaba sino que brillaba más que el sol, llamaba el sano regionalismo. No tengo gran cosa en contra de esta pretensión, como no la tengo en contra de la de ningún otro nacionalismo excepción hecha de la criminal tendencia de alguno de ellos a contemporizar, auxiliar, bendecir, amparar y exonerar a repugnantes asesinos. Pero me molesta que quieran engañarme con el toco mocho del no-nacionalismo.

Insisto en que no sé qué tirón electoral tendrá el partido UPyD porque es pronto para calibrar cómo cala entre los electores ese discurso esencialmente insidioso. Pero las consecuencias pueden ser muy significativas: que venga doña Rosa Díez y nos una en la España una.

(La imagen es una foto de Multimaniaco, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 20 de noviembre de 2009

Perfil bajo.

Pudieron escoger a un lider de proyección mundial como Felipe González o a uno rutilante, como Tony Blair, mas prefirieron apostar por la eficiente segunda línea de gente poco conocida pero competente en el desempeño de sus tareas. De eso no cabe duda. Si Vd. quiere encontrar a alguien capaz de mediar en el conflicto más enconado que quepa imaginar, si quiere contratar a alguien que componga una vajilla rota, elija a un primer ministro belga. Un hombre capaz de formar gobierno en Bélgica pude hacerlo todo en esta tierra y, siendo demócrata-cristiano, quizá también en el cielo.

La segunda persona del ticket elegido, Catherine Ashton, Baronesa Ashton de Upholland, es otra gris eminencia gris pero que tiene una cumplida ejecutoria como Comisaria de Comercio de la UE y, aunque carece de experiencia en relaciones internacionales, lleva toda su vida en puestos de grave responsabilidad habiendo sido, entre otras cosas, presidenta de la Cámara de los Lores, el lugar británico más cercano a un nido de víboras, y Lord President of the Council, cuarto cargo en jerarquía en el Reino Unido.

La doble candidatura triunfante para dirigir la UE en los próximos dos años y medio ha sido el precipitado del acuerdo franco-alemán, viejo tándem de la chapuza europea que más de una vez ha sacado el invento de una crisis mientras británicos e italianos se sienten preteridos. La pareja incorpora todos los equilibrios importantes en el mundo de hoy: está compuesta por un hombre y una mujer, un conservador y una socialdemócrata, un confesional y una librepensadora, un oriundo del corazón mismo del proyecto europeo y una nacida en la periferia, cuyo europeísmo, estando fuera de la eurozona y de Schengen, es más que dudoso, un sólido partidario de la profundización y una tibia partidaria de la ampliación.

Y probablemente, a pesar de su tufo a imposición caciquil, sea un decisión acertada. Hay que rodar el Tratado de Lisboa, de cuyas potencialidades nadie está cierto, y configurar el contenido de ambas magistraturas, cosa nada fácil por cuanto su regulación en los Tratados es muy imprecisa y tendrán que acoplarse a una compleja realidad institucional. Por no señalar sino uno de los muchos ejemplos: ¿cómo se armonizará la figura del presidente de la Unión con la de las presidencias semestrales? Habrá que hacer encaje de bolillos, mostrar paciencia y constancia y capacidad para controlar situaciones complejas. En todo eso puede destacar la actividad de Van Rompuy, un hombre que entretiene sus ocios componiendo haikus. Vamos a darles cien días, a ver si nos aprendemos sus nombres.

Los dos únicos perjudicados por esta decisión de la UE son Bélgica, que se queda sin primer ministro es decr, que vuelve por donde solía, y Turquía cuyas posibilidades de acceder al club europeo han pasado de cero a menos diez. Algo quizá no tan disparatado porque si todavía no está claro que la Unión procedió bien en sus dos últimas ampliaciones, meter ahora con calzador a un enorme país asiático y musulmán sería, entiendo, el tiro de gracia de la gloriosa chapuza europea.

(La imagen es una foto de Luc Van Braekel, bajo licencia de Creative Commons).

De ridículo en ridículo.

Este señor Rajoy que todo cuanto tiene de pomposo, bombástico, tonitronante y grandielocuente lo tiene de trapacero, esquinado, superficial y ambiguo parece destinado a interpretar un papel fijo en las operetas y melodramas que sus ínfimos autores le escriben sin parar, con tanta contumacia que el hombre parece haber llegado a la conclusión de que la realidad no es la que asoma por la ventana todos los días sino la que sus asesores le susurran al oído. El papel de antihéroe burlado con traca final de ridículo. Sus actuaciones parecen pensadas para mover la hilaridad del público por sus estrepitosos fracasos, tanto más hilarantes cuanto mayor es la máquina que los acompaña y las proféticas admoniciones de catástrofe con que las adorna.

Sus últimas escenificaciones merecen pasar a una antología del disparate escénico teniendo además en cuenta que en nuestra debordiana sociedad del espectáculo todo es hoy escenario gracias al ubicuo ojo de la cámara de TV. Como quiera, además, que en el reparto de papeles de su partido, la función de la segunda línea del mando (De Cospedal, Sáez de Santamaría, González Pons) es reproducir las insensateces del jefe o fabricarlas propias que luego aquel las hará suyas si son lo suficientemente disparatadas, el público tiene la diversión garantizada mañana, tarde y noche.

Armó un escándalo descomunal con un sistema de escuchas del ministerio que es el que él mismo implantó cuando gobernaba, si cabe llamar gobernar a lo que hizo. Para ocultar el patinazo tronó que no era al sistema al que objetaba sino a la falta de amparo judicial en su uso. Por tres veces seguidas advirtió el Tribual Supremo que esas escuchas están bendecidas por los jueces. Ya con todas las vergüenzas al aire dio ayer instrucciones a los más tontos de sus voceros en los medios para que fueran por las tertulias predicando que el problema no era el sistema, ni la cobertura judicial sino la falta de una ley orgánica general que regulara la actividad de espías, escuchas, policías y jueces. Por esta vía acabará cuestionando el fundamento legal del sistema que pretende gobernar.

Entre tanto vocerío los suyos consiguieron por fin exasperar al ministro del Interior quien se enfrentó a uno de sus diputados en los pasillos del Congreso diciéndole lo que todos ellos hubieran merecido escuchar; interpretaron mal las palabras del ministro y organizaron nueva alharaca pidiendo, cómo no, su dimisión, cosa tan a su alcance como la luna.

Con motivo del asunto del Alacrana, una vez liberada la nave y sin esperar a su llegada a puerto alguno, pusio en marcha la gran bambolla de fuegos de artificio para dejar al gobierno cual no digan dueñas y, antes de cerciorarse de si tendría apoyo parlamentario suficiente, se lanzó a pedir la dimisión de una vicepresidenta y dos ministros, como el que saluda al portero de la finca. Ante su insensata insistencia, la Cámara hubo de pronunciarse y lo dejó por enésima vez en el más solitario de los ridículos.

Entre tanto, mientras se escenificaba la nueva astracanada de una oposición que confunde el parlamento con un desfile de gigantes y cabezudos, la prensa independiente, es decir, la que no funciona como un gabinete de "ideas" del PP, se hartó de recordar al bíblico señor Rajoy que oscila entre Job y el profeta Elías, que el desastre del Prestige cayó sobre su directa responsabilidad, que el 11-m sucedió siendo él vicepresidente del Gobierno y que a él también le tocó gestionar otro secuestro que duró cuatro veces lo del Alacrana y se resolvió igual que éste, pagando rescate.

Es jaculatoria permanente entre los estamentos más amargados de la opinión reaccionaria del país que el Gobierno está constituido por un grupo de inexpertos e incompetentes como si el hipotético recambio fuera una escudería de ases de la gestión pública. Sin embargo lo que muestra la tozuda realidad día a día es que los problemas van resolviéndose sin grandes destrozos en una situación de crisis muy aguda que el país está salvando sin fracturas sociales apreciables y en un clima de libertad, seguridad y concordia que parece como de otra galaxia cuando se observa el gallinero de la oposición, una balumba general de siniestros agoreros, presuntos corruptos, supuestos apandadores de los públicos caudales, demagogos, pisaverdes, plebeyos con ínfulas de aristócratas, aristócratas con ínfulas de chulapas y espías de la T.I.A. todos ellos bajo el balbuciente mando de un personaje que parece salido de una farsa de su paisano Valle Inclán.

(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 19 de noviembre de 2009

El discurso del día después.

Si he de quedarme con algún discurso de los que ayer se cruzaron en el ágora acerca del Alakrana, entre los autocomplacientes del Gobierno, los vitriólicos del PP, los críticos de unos y hagiográficos de otros y sin ocultar que, en mi opinión, el gobierno lo hizo bastante bien (hacer cualquier cosa perfectamente, como se sabe, sólo está al alcance del señor Aznar), si he de quedarme, digo con algún discurso me quedo con el siguiente que encontré ayer en los comentarios a mi entrada de Alakrana, final feliz, firmado por el señor Harazem y que suscribo de la cruz a la fecha. Dice así el señor Harazem:

Bueno, parece que hay unanimidad en escamotear la verdadera realidad, que es que cientos de barcos (800 de media) de países ricos están esquilmando las aguas de uno de los países más pobres de la tierra después de esquilmar las propias y en muchos casos soltando clandestinamente residuos tóxicos, para enriquecimiento de unos pocos empresarios. Ya se sabe que es la lógica del capitalismo, y que la policía está para proteger la propiedad de los que son propietarios, sea legítima o no esa propiedad, pero la pregunta es cuántos de nosotros estamos dispuestos a clamar: NO EN MI NOMBRE. Como decía hace unos días Lansky (Lansky al habla: Los gángsteres no somos tan cabrones, no robamos los bolsos a las viejecitas. NO al Neoimperialismo ecológico militarizado.

Me sumo: tampoco en el mío y quizá sea un buen momento para que la prsidencia española de la UE acometa este asunto que no creo haya pactado con el PP.

(La imagen es una foto de txikita69, bajo licencia de Creative Commons).

In Memoriam.

Hace un par de días que ha fallecido en Alemania Hans Matthöfer, diputado que fue durante veinte años en el Bundestag por Frankfurt y varias veces ministro de los gobiernos del socialdemócrata Helmut Schmidt. Durante toda su vida pública Hans fue un denodado defensor de la causa de las libertades democráticas en la España de Franco, defendiendo a los trabajadores españoles en Alemania en aquellos años de emigración en masa, así como la lucha de los socialistas españoles en España y fuera de España. Fue, entre otras cosas, el alma de la revista Express Español que se editó en Frankfurt a comienzos de los años setenta con una visión de izquierda y socialista de la realidad y en la que tuve la honra de colaborar, al menos en sus primeros números.

Su compromiso con el restablecimiento de las libertades en la España de la Dictadura lo llevó a veces a enfrentarse decididamente con el gobierno del general Franco como cuando consiguió que este libertara a un conocido sindicalista español, Carlos Pardo, residente en Alemania pero que fue arrestado al entrar en España precisamente a cuenta del Express Español. Hans se empleó entonces a fondo, amenazando a los jerarcas del régimen con hacerles la vida imposible en Europa si no soltaban a Pardo, cosa que acabaron haciendo.

La vertiente española de Hans era tan pronunciada que es leyenda que, en cierta ocasión, un diputado de la Democracia Cristiana se dirigió a él en el Parlamento con la expresión: "El señor diputado por Barcelona, Herr Matthöfer...".

Hace un par de años me fue dado llevarle a Berlín la medalla de oro que la Universidad Complutense le otorgó justamente por su gran obra a favor de nuestro país a lo largo de toda su vida. Hans tenía a España en el corazón y dicen quienes estuvieron presentes en sus últimos momentos que las pocas palabras que pronunció en su agonía fueron en español.

Descanse en paz este amigo alemán de los demócratas españoles.

La democracia lo aguanta todo.

Pocos conceptos tan polisémicos en el campo de la filosofía política como el de democracia. Admite todos los epítetos: puede ser directa, representativa, deliberativa, participativa, socialista, liberal, popular, orgánica/inorgánica, procedimental, elitista, mínima, madisoniana, etc; con independencia de que algún erudito nos recuerde que varias de éstas o quizá todas, no sean "verdaderas" democracias. Así que por qué no iba a ser inmunitaria cuenta habida de que Brossat lleva hablando de ella cerca de diez años, profundizando en el concepto que primero expusiera Roberto Esposito (Communauté, inmunité, démocratie) como atestigua en este su último librillo sobre la materia (Alain Brossat, La democracia inmunitaria, Palinodia, 2008, 102 págs) escrito en ese estilo insouciant, algo alambicado, en un encadenamiento como de fogonazos que nos va llevando como una sucesión de fuegos de artificios y nos deja al final algo aturdidos y con un intenso olor a chamusquina. La chamusquina de que ya nos ha colocado otro panfleto audaz con rabieta de enfant gaté contra el establecimiento cultural de cuya deconstrucción viven ristras de intelectuales que han cambiado la pluma por la alcotana creyendo que hacen mejor trabajo con la segunda que con la primera, cosa harto dudosa.

Encuadra Brossat este ensayo en ese tumultuoso, alegre y poco común río de la biopolítica foucaultiana que tanto juego da a condición de que veamos los toros desde la barrera y no queramos sobarle el morro al morlaco. Porque, si es así, las tornas cambian y nos encontramos, la verdad, un poco desasistidos conceptualmente. Resulta que el librete arranca con una propuesta aparentemente comprometida: la democracia "entendida como régimen de la política, pero, más ampliamente, como régimen general de la vida de los hombres, es fundamentalmente un sistema de inmunidad" (p. 8). La biopolítica está aquí dada por supuesta y queda algo oscurecida por el fulgor de esa joya del "sistema de inmunidad". Pero si no nos dejamos cegar por el fulgor y nos obstinamos en que nos expliquen qué diantres significa la democracia "como régimen general de la vida de los hombres", aparece algún que otro problema que ataca el fluido discurso del viejo lobo de la izquierda francesa. No quiero exagerar pero, la verdad, la cosa me suena a la "revolución cultural" (nada extraño, por lo demás en alguien que lleva lustros predicando en contra de la "cultura" sea ésta lo que sea): ¿hay democracia en el ejército? ¿en la policía? ¿en los consejos de administración de las empresas? ¿en las iglesias, los hospitales, los tanatorios, los equipos de futbol, los concursos de bellezas, las oposiciones a la administración, los servicios de vigilantes jurados? Si no es así, ¿qué significa democracia "como régimen general de vida de los hombres"?

En fin, no siendo picajosos quedémosnos con la idea de democracia inmunitaria que es esa situación en que los hombres, provistos del munus nos hemos hecho inmunes a base de construirnos protecciones, derechos, titularidades, garantías. En fin, el mundo feraz de los Estados de derecho que vienen a dar contenido a las normas procedimentales que son la democracia pero con las que no se confunde aunque, como vemos, sí puede mezclarse un poquito.

Este conjunto de nuevos privilegiados, cómodos ocupantes de la "nación", en su afán por blindarse e intensificar esa inmunidad acaba produciendo una dualización en la sociedad entre los incluidos (un "nosotros" hecho de un crítico y continuo rechazo) y no ya sólo los ex-cluidos sino incluso los "no incluidos", aquellos que, como se dice en inglés, don't have much of a chance. Y para exponerlos en todo su grafismo no se le ocurre nada mejor que traer los pobre cinco fantasmas de los cinco hijos de Rousseau a quien éste reconoce en sus Confesiones haber depositado en la inclusa para darles mejor vida. Todavía puede uno ir a buscar "no incluidos" más conmovedores. Dejad que monseñor Martínez Camino se dé cuenta de la potencialidad del análisis biopolítico y en su próxima diatriba invoca a Negri o Zizek.

No me estoy inventando nada. Lo dice Brossat negro sobre blanco para que quien tiene oídos oiga: "La democracia inmunitaria se asemeja a la sociedad de corte en el sentido que su primera vocación es privar de su reserva de violencia a una categoría social (en un caso a la aristocracia feudal, en el otro al elemento popular) garantizándole, en cambio, condiciones de existencia segurizadas..." (pp. 36-37). Y así podemos elegir cómodamente entre la fronda y la barricada entiendo que sólo si hay que ponerse serios y reaccionar ante algún atropello. Esa "sociedad de corte" remite directamente a Norbert Elías y su proceso civilizatorio que Brossat cita mucho para gran contento mío que lo traduje al castellano en el Fondo de Cultura Económica hace ya unos años. Quede claro no obstante que lo que hay entre nobles y chusma privilegiada ambos por la inmunidad y su biopolítica ampliación es la distancia que media entre intangibles e intocables y de la que no sabemos mucho más.

La segunda parte del libro es como un pendant de la inmunidad en el terreno de las cosas reales, tangibles, palpables: la anestesia como técnica (¿puedo llamarla "general"?) del "derecho a no sufrir" que invocamos como quintaesencia de la democracia inmunitaria. Como en el caso de ésta, busca Brossat una apoyatura filosófica y la encuentra en las disquisiciones de Cicerón en las Tusculanas sobre el carácter del sufrimiento del que ni Hércules puede librarse... pero nosotros sí y las consecuencias de este nuevo Olimpo democrático son los jirones de miseria que vamos dejando por ahí: la tortura como negación del mundo vivido (p. 67) y afirmación del saber de Hannah Arendt; los espantosos sufrimientos que presenciamos diariamente por doquier, desde Somalia a Bosnia (p. 70). Así que buscamos con gran intensidad la anestesia para no dejarnos apabullar por el "desastre del mundo" (p. 74).

Un inciso. Brossat es verdaderamente brillante y siembra su escrito de hallazgos lingüísticos de todo género que compensan con creces del deslavazamiento general de la argumentación. Ese "desastre del mundo" que corre paralelo con el "dolor del mundo" viene acompañado de una "fatiga del presente" que mal que bien nos da "acceso al rol de espectador perpetuo y total sin que estemos destinados a sucumbir a la melancolía, al furor, al pavor o al agobio" para que podamos decir con Victor Hugo "Lloramos menos" (p. 76) y poco a poco nos vemos instalados en, para decirlo así como a lo bestia, la biopolítica de la "democracia médico-pastoral" (p. 89) de la que Brossat dice que es un oxímoron igual que el de los "monstruos de insensbilidad" de los que tanto hemos oído hablar hace poco a raíz del famosísimo "monstruo de Amstetten"

Termina Brossat su ensayo con unas conclusiones que son atractivas pero no gardan mucha relación con el texto, o sea que, salvo la última, si concluyen algo, es otro discurso, pronunciado en otra parte. Pero, en sí mismas, tienen interés: el episodio de la sangre infectada de SIDA que sacudió a Francia hace un par de años le da pie para señalar el peligro que se cierne sobre nosotros con uno de esos conjuros que suenan como a fórmula de Bram Stoker: "el Estado envenenador" (p. 96). No sé si los "neocons" leen este tipo de ensayos pero seguro que no se les ha ocurrido algo tan contundente. Parejo a esto, aunque en un campo más pragmático, una pequeña profecía, ya desmentida según se seca la tinta en que está formulada: el día que el Estado se atreva a procesar a un presidente de la República en ejercicio (Chirac, para entendernos), ese día "ya no hay más quinta República" (p. 98). (Mínima digresión: la traducción al castellano es infame). Bueno a un presidente en ejercicio, no; pero a un ex-presidente, sí y ahí está la Cinquième tan Mariana, tan oronda y tan biopolítica.

Al final de este relato-fleuve aparece un fantasma común al castillo europeo: la sociedad del riesgo beckiana, aunque sólo para asegurarnos que nuestra vocación inmunitaria nos lleva a hacer mamola al gran sociólogo alemán porque nuestro anhelo de privilegiados ahítos de todo es instalarnos en una sociedad de riesgo cero (p. 106). ¿Alguien da más?