martes, 31 de marzo de 2009

Setenta y cinco muertos por error.

En la balbuciente y demagógica melopea con que el señor Rajoy regaló ayer a los espectadores de TV1 tuvo la desfachatez de calificar de error la ignominiosa chapuza del señor Trillo en relación el accidente del avión Yakovlev 42. Un error en el que perecieron sesenta y dos militares españoles así como 12 tripulantes ucranianos y un pasajero ruso, que suelen olvidarse en los recuentos. En total setenta y cinco personas perdieron la vida como consecuencia de una desastrosa cadena de decisiones que llevó a contratar para un vuelo una aeronave completamente inadecuada para ello y todo para beneficio de los intermediarios. De esas setenta y cinco personas, una cantidad que no sé si podrá llegar a determinarse alguna vez, entre veinte y treinta, sufrió una posterior afrenta cuando, a consecuencia de las órdenes perentorias del señor Trillo, las autoridades, rizando el rizo de la incompetencia y la chapucería identificaron erróneamente los cuerpos. ¿Cómo se puede calificar de error esa cadena de tropelías, deaguisados, indiferentes a la dignidad de las víctimas y el dolor de sus allegados? Eso no es un error; eso es una monstruosidad, una muestra de inhumano desprecio por los semejantes, una canallada. Y el responsable de ello no es digno de estar en política ni un segundo más y mucho menos comparacer pidiendo en tono indignado dimisiones ajenas por hechos infinitamente más fútiles que los que él cometió.

Porque, ¿es este señor Rajoy el mismo señor Rajoy que hace veinte días pedía a gritos la dimisión del señor Fernández Bermejo por algo que sí que era a todas luces un error y un error minúsculo, comparado con la masacre del Yak 42?

¿Unos errores reales inflados en atropellos a base de dar alaridos se castigan con la dimisión y unos innobles atropellos desinflados en errores se premian con puestos políticos de relieve? ¿Cree este hombre que demostrando tan poco carácter como desprecio por la inteligencia de los electores puede ganar unas elecciones?

Dice el señor Rajoy que el señor Trillo ya pidió perdón. ¿Sí? ¿Ha pedido perdón a la periodista a la que arrojó un euro cuando le hacía una pregunta sobre el Yak 42?

El señor Trillo debe abandonar la política definitivamente y, si no lo hace, los diputados del PSOE y de los otros grupos políticos (incluidos aquellos representantes del PP que crean que la condición de diputado tiene cierta dignidad) deben declararlo "persona non grata", "persona indigna". O resignarse a ser unos pelanas.

(La imagen es una foto de Público, con licencia de Creative Commons)

Blogorismo del País Vasco.

El hecho de que el señor López y el señor Basagoiti se hayan puesto de acuerdo y que el PSE/PSOE gobierne gracias al apoyo parlamentario del PP, cosas ambas imposibles en el resto de España, ¿no demuestra a contrario que Euskadi no es España? Y si no se quiere ir tan lejos o ser tan radical, la unión de estas personas y fuerzas ¿no demuestra claramente que el País Vasco vive en una situación de anormalidad y excepción que ambas, fuerzas y personas, llevan años negando?

Votar es racional.

No son escasos los libros sobre elecciones y comportamiento electoral en España, casi como si quisiéramos compensar la brevedad de la experiencia democrática reciente con la abundancia de reflexiones sobre ella. Por eso publicar uno más en este asendereado territorio tiene sus peligros. Los autores Juan Jesús González y Fermín Bouza, que lo han hecho (Las razones del voto en la España democrática, 1977-2008, Madrid, ediciones de la catarata, 2009, 242 págs.) salen bastante bien parados del empeño porque han escrito una obra sintética (tratan las diez elecciones legislativas habidas hasta la fecha), apuntan explicaciones propias y originales que contribuyen a mejorar nuestro conocimiento del asunto y las sostienen mediante trabajos empíricos consistentes y concienzudamente aplicados.

La cuestión que suscita el interés de los autores es el hecho de que la historia electoral muestre una mezcla de moderación y estabilidad del electorado y una acusada polarización política en los dos últimos decenios. La transición estuvo presidida por la negociación y el consenso mientras que el sistema cuasibipartidista que de ella emerge manifiesta una relación antagónica, crispada y polarizada (p. 21). Las diez elecciones legislativas han dado ciclos largos del gobierno, ninguno ha perdido unas elecciones en la convocatoria siguiente a la de su triunfo. Esta preferencia por los ciclos largos tiene tres razones: a) la estabilidad en los alineamientos partidistas; b) la aversión al riesgo y la tendencia general a cerrar filas en torno al Gobierno; c) la baja calidad de la oferta política y la ausencia de alternativa (p. 28). Da la impresión de que los autores aceptan la teoría de que el voto se explica mayoritariamente por razones ideológicas pero no olvidan que los partidos concentran sus esfuerzos en atraer a los electores menos ideologizados porque son estos los que hacen ganar o perder unas elecciones (p. 29). En las elecciones de 1977 y 1979 funcionó en gran medida la memoria histórica de los años treinta, las del ciclo socialista reflejaron claramente el voto ideológico en tanto que en las de 1993 y 1996 Aznar consiguió desactivar ese voto ideológico y estimular el de la evaluación racional (p. 32). Sostienen los autores que las elecciones más difíciles de estudiar son las de 2004 por la escasez de la información recogida por el CIS y el hecho de que hubiera un voto masivo de castigo a la gestión del Gobierno. (p. 33). Esto no es enteramente así. Las elecciones de 2004 cuentan ya con considerable bibliografía, especialmente un monumental trabajo colectivo coordinado por Montero, Lago y Torcal, (Elecciones generales 2004, Madrid, CIS, 2008) que quizá se publicó cuando éste estaba escrito y que fue objeto de dos reseñas de Palinuro tituladas ¿Quién ha sido? (I) y ¿Quién ha sido? (II) cuya tesis compartida por una mayoría de los colaboradores es que les elecciones de 2004 fueron de "continuidad". A su vez, el resultado de 2008 es ambivalente por cuanto la estrategia de crispación del PP tiene dos efectos: se vuelve contra el propio PP y sirve para alejar al PSOE del centro (p. 34). El plan de los autores es estudiar la evolución de las pautas del voto en España con especial atención a los votantes ubicados en el centro del espacio ideológico y distinguiendo entre el voto ideológico y el voto racional (p. 36).

Hay continuidad entre las elecciones de 1936 y las de 1977 (p. 42). El resultado del referéndum de la Ley para la Reforma Política de 1976 se debió a la decisión racional de los electores (la izquierda propugnó la abstención) y a los restos del voto deferente del franquismo (p. 45). Las elecciones de 1977 fueron un ejercicio de memoria compartida. Los autores explican la lenta decadencia de UCD a través de los dos dilemas en que parecía atrapada la transición: el de política v. economía (algo similar a lo que sucedió en los años treinta) y el de protagonismo de las elites v. participación popular ((p. 65).

Entienden que la etapa socialista se caracteriza por el voto ideológico y el hecho de que, ante la ausencia de la derecha, bloqueada organizativamente, el PSOE ocupó todo el centro y se convirtió en un "partido predominante" (71). No estoy muy seguro de que la explicación sea totalmente congruente ya que dicha ocupación del centro sólo es posible a costa de un gran pragmatismo y de que el partido se hiciera "moderado", como reconocen expresamente los autores (p. 81) y hasta se convirtiera en un "partido ómnibus" (p. 80), lo que no encaja a primera vista con el carácter ideológico del voto. Pero esto es asunto de poca monta. Brillante es la caracterización de la transición como un bonapartismo invertido por cuanto las elites dirigentes liquidaron una situación de excepción para devolver al poder la legitimidad (p. 74). Discuten asimismo los autores que quepa calificar las elecciones de 1982 de "cataclísmicas", refiriéndose a un conocido trabajo de Mario Caciagli; pero son más los especialistas que sostienen que aquellas elecciones fueron cataclismáticas. Casi me atrevería a decir que la discrepancia de aquellos (basada en que, si se considera a los electores, el éxito del PSOE fue muy coherente con la dinámica de la transición) se enfrenta a un respetable consenso disciplinar. El triunfo del PSOE fue muy coherente pero la verdad es que no todos los días el partido del Gobierno no sólo pierde las elecciones sino que queda parlamentariamente aniquilado.

Dicen los autores que el fin de la hegemonía del PSOE comienza cuando la UGT deja de pedir el voto para él escenificando así su enfrentamiento. (Por cierto, cuestión menor, pero no baladí: convendría unificar terminología; no es lo mismo un partido predominante que uno hegemónico). A continuación el decenio de 1990 abre una época de "pluralismo polarizado" y con la aparición de nuevos medios de comunicación se da una división del trabajo. El PP se dedica al acoso y derribo del PSOE mientras que los medios airean los casos de corrupción (p. 91). Incluyen los autores aquí algunas muy interesantes consideraciones sobre las funciones nuevas de los medios de comunicación referidas a la aparición de El Mundo (1989) y al uso abusivo que el Gobierno socialista estaba haciendo de TVE (p. 95).

En las elecciones de 2000 hace su irrupción el voto económico (p.111) que es el punto fuerte y más sugestivo de la hipótesis de los autores. La victoria pírrica de 1996 obligó al PP a moderarse de forma que del antinacionalismo pasó a los pactos con los nacionalistas y del discurso neoliberal al diálogo social, lo que dio como resultado "una venturosa combinación de bonanza económica y paz social" (p. 112). Esto explica que, aunque en 2000 la mayoría del electorado estaba ideológicamente más cercano al PSOE que al PP triunfara el voto racional (pp. 120, 125). Aunque los autores no lo digan esta situación recuerda su propio análisis del Referéndum de 1976, cuando un electorado mayoritariamente de izquierda desoyó la recomendación de la izquierda de abstenerse y votó sí con voto racional.

A partir de este momento se manifiesta la paradoja que motiva a los autores a escribir el libro: la moderación del electorado en este tiempo y la polarización política de los dos últimos decenios (p. 129).Hubo una primera fase de la polarización entre 1993 y 1996 y otra en la segunda legislatura del PP. Entienden los autores con absoluto acierto a mi juicio que la polarización fue una decisión estratégica de los partidos por tres motivos: 1) aumenta el sentido de inseguridad de los votantes menos ideologizados y más moderados, formándose baluartes, trincheras; 2) induce respuestas simétricas del adversario que llevan a una espiral y se refuerza el punto anterior; 3) se achica el espacio ideológico del centro (p. 131). Nada que objetar a tan agudo análisis salvo la sospecha de que la opción crispadora no es achacable por igual a ambos partidos sino más al PP en una proporción de tres a uno y en concreto al señor Aznar en una de diez a uno. Como se sigue, por lo demás, de que los autores reconozcan que la legislatura 2000 - 2004 sea la de los errores de Aznar; a saber: a) las consecuencias políticas del déficit cero; b) el impacto de la ruptura del diálogo social; c) el despilfarro del crédito en la lucha antiterrorista por el apoyo a la guerra del Irak (p. 134). Terminan así los autores preguntándose: ¿cuál fue la principal razón del voto de castigo del 14-M, la guerra o la manipulación? y se responden que la combinación de ambas fue explosiva (p. 144).

La pieza empírica sobre la que se edifica este estudio es el seguimiento del comportamiento electoral del millón de votantes socialistas aproximadamente que votaron al PP en el 2000 y volvieron a votar al PSOE en 2004 (145). El trabajo minucioso que han hecho con la muestra escogida les permite ver que hay dos momentos en el cambio de actitud de aquellos. En el primero se quiebra el diálogo social y se debilita el voto económico (p. 147) y, luego, el segundo momento crucial: la crisis del 11-M y la guerra de los encuadres que analizan brillantemente mediante un estudio de la agenda de los medios (básicamente El País y El Mundo (p. 154) que coincide bastante con el estudio de Sampedro y su equipo: Medios y elecciones 2004. La campaña electoral y las "otras campañas", Madrid, 2008, 278 págs, y Televisión y urnas 2004. Políticos, periodistas y publicitarios, Madrid 2008, también comentados por Palinuro en su momento en Tres días que conmovieron a España.

Por último, los autores abordan las elecciones de 2008 caracterizadas por lo que muy convincentemente llaman "polarización política y desenfreno mediático" (p. 169). Desenfreno ha habido y sigue habiendo mucho. Las decisiones del Gobierno que a juicio de los autores han actuado como factores de polarización son: a) la negociación del Estatuto de Cataluña; b) la negación con ETA; y c) la llamada Ley de la Memoria Histórica (p. 171) y este es el material que analizan empíricamente mediante un estudio de agenda temática de El País, El Mundo y Abc (p. 172). Se quejan los autores de que hay un "periodismo de trinchera cuya agresividad sólo es comparable a su laxitud y permisividad, dada su falta de compromiso con las reglas más elementales de la imparcialidad informativa y de la profesionalidad periódictica", etc (p. 175). Un diagnóstico magistral. Mi única queja es que no me parece justo. Esos rasgos retratan a El Mundo, La Razón y, en menor medida, el Abc, esto es, la prensa de derecha (de la radiotelevisión de la derecha ya ni hablo) pero no de ningún modo a El País, El Periódico de Cataluña o La Vanguardia que, sin duda, están lejos de ser dechados de virtudes, pero no cabe meterlos en el mismo saco que a los otros sin faltar gravemente a la verdad. Y mi discrepancia va más allá: entiendo que es precisamente esta suerte de cómoda amalgama, que permite llamar "prensa de referencia" por igual a El Mundo y El País (p. 172) la que justifica la situación (el "todos iguales" que los autores señalan críticamente cuando se predica de los políticos) y contribuye decisivamente a perpetuarla.

Las elecciones de 2008 tienen un componente ideológico y también instrumental, esto es, un voto "anti" pensado para cerrar el paso al partido contrario (p. 201).

En resumen, un libro trabajado, bien hecho, claro y convincente que, como recapitulan los autores explica una realidad cambiante que empieza con la memoria de los años treinta y va luego adaptándose a las nuevas condiciones en que se desenvuelve la democracia española.

Quienes tengan tiempo harán bien en visitar asimismo un muy interesante anexo en que se hace un análisis empírico de las agendas (política, mediática, pública y personal así como sus interrelaciones) a tenor de las elecciones de 2008.

lunes, 30 de marzo de 2009

La resistible ascensión de Silvio Ui.

El estilo berlusconiano cada vez se hace más fascista. El discurso fascista se distingue del nazi no en el fondo, que es el mismo en ambos, despotismo, tiranía, populismo, agresividad, sino en la forma. El fascismo es al nazismo lo que una farsa a una tragedia. Los congresos del Partido de Berlusconi que suele cambiar de nombre siendo el actual Popolo della Libertà cada vez se parecen más a los Parteitage del Partido Nazi. Cambian la escenografía y el atrezzo, pero no el espíritu ni la retórica. No exagero. Quien quiera convencerse que vea aquí más abajo un vídeo que reproduce el discurso inaugural de Silvio Berlusconi ante el pleno de un congreso delirante con miles de delegados que lo aclaman sin parar en vítores atronadores. Una escena de locura típicamente nazi. Escúchenlo hablar. Es la misma retórica huera y sinsentido de Hitler y Mussolini. La declamación permanente. El recurso a los conceptos grandiosos y vacíos. El poder incondicional de un hombre sobre una masa de borregos preparados ya para todo. Véanlo. Mete miedo:



Porque lo peligroso de los procesos de "fascistización" (rama de estudio de la Ciencia Política crítica europea, abandonada desde hace más de treinta años en pro de programas de investigación menos conflictivos, como las transiciones) no son las habilidades de los caudillos, sino la credulidad y docilidad de las masas. Y esto es lo que de concreto ha dicho Berlusconi a las suyas, a sus delegados al borde del histerismo colectivo: Teneis otra misión: hacer crecer los consensos, ganar las elecciones y consolidar vuestro partido. Os nombro a todos misioneros de la libertad. Misioneros de la libertad, como Jesucristo nombrando apóstoles, evangelistas. El duce no conoce límites. Yo, en lugar de Ratzinger, estaría poniéndome nervioso.

Non dimenticare: a estas alturas en Italia hay miles, cientos de miles de misioneros de la libertad que no sé en qué se diferenciarán de los camisas pardas, los camisas negras, los guerrilleros de Cristo Rey, los empleados de la agencia Pinkerton, los batallones de la muerte, los hassissines o las hordas del Gran Khan, pero estoy seguro de que se sabrá en poco tiempo.

Berlusconi quiere reformar la Constitución para dar más poderes al presidente del Consejo de Ministros que es él, claro. Quiere acabar con las escasísimas atribuciones de la Presidencia de la República y convertir el sistema político italiano, típicamente parlamentario en presidencialista, pero congregando los poderes en el presidente del Gobierno y no en el Jefe del Estado. Lo mismo que pidió Hitler aunque a él no le hizo falta reformar la Constitución. Una cámara que no le estaba menos sometida que la italiana al señor Berlusconi, votó servil una Ley de Plenos Poderes (Ermächtigunsgesetz) que se los daba todos a Hitler. Berlusconi quiere lo mismo.

El Popolo della Libertà se ha constituido con la integración en la fuerza berlusconiana de su hasta ahora aliada Alleanza Nazionale, el partido del exfascista Gianfranco Fini que venía del Movimento Soziale Italiano (MSI), fascistas con todas las letras y los saludos brazo en alto que Fini ha dejado de practicar hace pocas lunas para encargarse de su nuevo cometido de presidente de la Cámara, más burgués y menos de noble estilo militar.

La fusión, en realidad, ha sido una absorción. Berlusconi ha fagocitado a Fini igual que los nazis de Hitler se comieron a los conservadores clásicos alemanes, los nacionales, los Stahlhelm. Fini, que es un facista "proleta" por así decirlo, más cerca de las SA que de las SS, había pedido el día anterior un pronunciamiento de Berlusconi acerca de su programa de medidas: calidad de la democracia y reformas institucionales (conjuntamente con la oposición), asuntos económicos (con tres pactos: generacional, capital/trabajo y Norte/Sur) y previsión de la Italia del futuro, multiétnica y multirreligiosa. Berlusconi no ha ordenado una noche de los cuchillos largos de momento pero no ha hecho ni caso. ¿Para qué va dejarse influir por proclamas izquierdistas de este tipo cuando, como puede verse, tiene a las masas enloquecidas y entregadas a lo que diga?

Y no sólo las masas. También las élites están fascistizándose a toda pastilla. El otro día, el señor embajador de Italia en España, don Pasquale Terraciano, publicaba una carta en El País titulada Puntualización en la que denunciaba que el periódico estuviera haciendo una campaña antiitaliana y de lo que se quejaba en concreto era del juicio muy negativo que sobre Berlusconi vertía en el diario en un artículo de opinión el señor Félix de Azúa. Es decir, el señor Terraciano, embajador de un país democrático, pide que se censuren las opiniones en la prensa. Cierto, el señor Terraciano es un fascista y un fascista no hace granero. Pero la cuestión ahora es ¿cuántos terracianos hay en las embajadas italianas, en los ministerios, universidades, empresas, iglesias? ¿Cuántos intelectuales y líderes de opinión italianos están dispuestos a censurar las opiniones ajenas? A juzgar por el congreso de ayer, muchos. Y eso es el fascismo: un despotismo personal apoyado en una mayoría. La peor, la más odiosa, imbécil y a la postre criminal forma de la tiranía de la mayoría.

(La imagen es una foto de rogimmi, bajo licencia de Creative Commons).

Confianza rota.

Por todas partes leo que la última peli de Almodóvar está recibiendo malas críticas cosa que, al parecer sorprende porque seguramente se esperaban buenas. No sé por qué fuera de la capacidad de la publicidad para generar comportamientos colectivos. En esto el cine de Almodóvar me ha parecido siempre maestro, en la hábil autopublicitación. Un uso magistral de los entrecruzamientos entre arte cinematográfica, medios de comunicación, sensacionalismo, mercados del espectáculo, reino del cotilleo y deslumbres internacionales ha proyectado el cine del autor manchego mucho más allá de su consistencia real.

Los abrazos rotos me parece un ejemplo patente de este cine sobredimensionado y sobrevalorado. Una historia confusa sin gran interés en sí misma, representada por personajes nada convincentes y apoyada en elementos de sainete que aparece envuelta en el celofán de una obra con ambición literaria. El odioso millonario que arroja fríamente a su amante por las escaleras es como una lejana sombra del Ciudadano Kane que se empeña en financiar la a todas luces fracasada carrera de diva de la ópera de su esposa que de todos modos no pinta nada en el filme de Welles. En cambio aquí, la equivalente, Lena, pinta mucho, al extremo de ser la protagonista, pero no resulta verosímil: una mujer capaz de convertirse en la amante de un millonario para triunfar como actriz, no se juega su carrera por un amor sincero con un director por muchos que sean los encantos de éste, que tampoco abruman. El proceso por el que el millonario descubre los verdaderos sentimientos de su amante que es la verdadera historia de la película, es curioso y agrada verlo, pero de nuevo se basa en un carácter y comportamiento -el del hijo del amante rechazado- inverosímiles y forzados. De hecho el mismo personaje del chaval es una caricatura. Ya la primera aparición de Ray X, el hijo, que pone en marcha el flash back en que consiste la película hace aguas. La vida del director accidentado que sobrevive ciego escribiendo guiones no puede enganchar a nadie y los personajes que lo rodean, Judith García y su hijo Diego, acaban de dar la puntilla al relato con el toque sainetero: el joven que a los veintitantos años descubre, por fin, a su padre.

Padres sin hijos, hijos sin padres, amantes despechados, mujeres víctimas de sus locas pasiones, hombres que descubren el amor avanzada la vida, devoción de la amante desdeñada, venganza de los hijos ignorados. Venga. No me digan.


domingo, 29 de marzo de 2009

El relativismo.

Cada vez que escucho al Papa, a sus obispos, a los curas en general tronar en contra del relativismo de nuestra época me quedo perplejo preguntándome por el alcance exacto de sus palabras y más aun por el hecho de que nadie las conteste como se merecen. En otras ocasiones son políticos o dirigentes de la derecha quienes creen oportuno advertir en contra de esta plaga. ¡Cuidado con el relativismo! No tengo duda de que los clérigos saben perfectamente de lo que están hablando; dudo sin embargo de que también lo sepan los políticos de la derecha que más me dan la impresión de hablar así porque es lo que dicen los curas que para ellos es dogma de fe.

En la tradición filosófica occidental suele distinguirse entre un relativismo cognitivo y otro moral. Según el primero nada es absolutamente cierto o absolutamente falso ya que lo que se considera verdadero o falso depende de una serie de factores hasta llegar al extremo de que algo pueda ser verdadero en ciertas circunstancias y falso en otras, especialmente en todas aquellas materias que son socialmente construidas. Lo mismo sucede con el relativismo moral que sostiene que no hay un bien o un mal absolutos sino que bondad o maldad, como lo verdadero o lo falso, son criterios determinados por una serie de condiciones culturales, cronológicas, religiosas, etc. Unas personas creen que comer carne está bien; otras lo consideran abominable y otras, en fin, opinan que se puede -y debe- comer carne pero no, bajo ningún concepto, la de cerdo.

Cabe asimismo distinguir entre un relativismo individual y otro social. El individual será el de quienes reputan imposible atenerse a un único sistema de valores y los tienen alternativos o, simplemente, no tienen ninguno. Y el social implica la idea de que en una sociedad compleja no cabe imponer un único sistema de valores a todo el mundo y debe respetarse el derecho de los sistemas distintos a convivir en igualdad de condiciones, mediando un grado mínimo de acuerdo que haga viable dicha convivencia.

Tengo poco que decir del individual salvo aquello tan sabio de "a quien Dios se la da...". El social, que es el que está aquí en juego parece una actitud bastante razonable para sociedades democrática pues permite que convivan gentes de distintas convicciones morales sin intentar imponerse sus creencias unas a otras. El relativismo es hijo del escepticismo, esa actitud que Montaigne hizo triunfar en Europa y que ha influido en muchos genios, como Cervantes o Shakespeare. Considero que el discurso de la pastora Marcela en el entierro de Crisostomo en El Quijote y el de Shylock en el juicio en El Mercader de Venecia son los más grandes alegatos en favor del escepticismo y el relativismo, de la necesidad de entender y respetar a quienes tienen opiniones y criterios distintos de los dominantes y que, por serlo, pretenden imponerse de forma absoluta. El relativismo y su pariente mayor el escepticismo llevan su precaución frente a toda imposición al extremo de la indecibilidad como se sigue del famoso dicho escéptico según el cual toda generalización es falsa, incluida ésta. Y ambos dos, escepticismo y relativismo, desembocan en la ilustración (no en toda, pues también hay una Ilustración fanática) y ésta en la modernidad.

En consecuencia, cuando los curas arremeten contra el relativismo contemporáneo refiriéndose sin duda al social y moral quieren decir que todos hemos de aceptar la existencia objetiva, independiente de nuestras creencias personales, de una idea del bien y del mal: la suya, que está basada en la revelación de un Dios en el que hay que creer por obligación. Es decir, al condenar el relativismo, los clérigos no solamente niegan la validez de otros principios morales que no sean los suyos (cosa a la que no cabe objetar) sino que niegan asimismo la práctica social de amparar el derecho de quienes los profesan a hacerlo. El condenar el relativismo lo que los curas quieren es que se prohiban las creencias morales distintas a las suyas, que se extermine a quienes las profesan. En su forma más extrema, que es la más obtusa, o sea seguramente la representada por el Papa actual, la condena del relativismo implica la obligatoriedad de profesar una u otra convicción moral, sea la que sea. Esta última es la que hermana a los curas católicos con los integristas de cualesquiera otras confesiones.

Siguen siendo lo de siempre: un peligro para la libertad y la tolerancia, una amenaza para la humanidad. Si de ellos dependiera la Inquisición seguiría funcionando.

(La imagen es un cuadro de Georges de la Tour La buena fortuna, 1632-1635, que se encuentra en el Metropolitan Museum of Art, en Nueva York).

Misterios de Punta del Este.

La reunión de gobernantes progres del mundo en Punta del Este, Chile, este finde aparecía en bastantes medios de comunicación con la leyenda siguiente: "La izquierda se reúne para salvar al capitalismo". En principio, nada que objetar dado que la mezcla de estupidez y codicia de la derecha es tan abismal que amenaza la supervivencia del sistema cuyas ventajas pregona. Pero chirría un poco, ¿no? Un capitalismo como lo concibe la izquierda, con una función determinante del Estado (tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario es la vieja fórmula de la socialdemocracia alemana) no es un capitalismo como lo concibe la derecha. Por ejemplo, el señor Aznar va por ahí diciendo que, para salir de la crisis, hay que hacer más desregulaciones, mas privatizaciones y, por ende, tener menos Estado.

Luego, si no hablamos de lo mismo, ¿por qué le damos el mismo nombre?

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 28 de marzo de 2009

El cenagal del PP.

Según dicen ellos mismos, los dirigentes del PP se ven triunfadores en las próximas elecciones al Parlamento europeo en el mes de junio. Su victoria pírrica en las autonómicas gallegas y el hecho de que, por fin, sus votos en el parlamento de Vitoria sirvan para algo los tienen crecidos y convencidos de que ganarán las europeas. Es posible. De hecho, los sondeos anuncian un empate entre los dos grandes partidos nacionales que están muy igualados en intención de voto. Teniendo en cuenta que en las elecciones europeas el país entero es una sola circunscripción está claro que esa igualación en intenciones de voto habrá de plasmarse en una representación parlamentaria bastante pareja.

Pero en sí misma esta igualación es muy sorprendente a la vista de la catastrófica coyuntura económica que tendría que estar pasando terrible factura al partido del Gobierno. Como ello no sucede debe colegirse que la situación de la oposición estará peor. ¿En qué? En el desbarajuste que tiene, los casos de corrupción que lo acosan, sus tropiezos en los tribunales y sus enfrentamientos internos, todo lo cual redunda en una notable merma de eficacia en la labor de oposición. Breve repaso a la situación.

El juez Garzón ha imputado a diez personas más en el asunto de la corrupción del caso Gürtel, cuyas ramificaciones por los pueblos de la sierra norte de Madrid con alcaldes y concejales implicados proyectan sobre el partido ominosas sombras de sospechas generalizadas que iran convirtiéndose en certidumbres a medida que avance el proceso. Experimenta aquí el PP la misma agonía que conoció el PSOE en su tiempo sin poder levantar cabeza durante meses y años, a merced de las demoledoras revelaciones en los tribunales a los lentos ritmos de estos. Todavía hace diez días que el Tribunal Supremo confirmaba una condena por apropiación de fondos reservados a Rafael Vera que a estas alturas es ya una sombra del pasado. En el caso del PP el largo calvario empieza ahora y es imposible saber cuánto durará.

Un ejemplo: la fiscalía anticorrupción da por sentado que tiene acreditados unos siete mil y pico euros de regalos, presuntos cohechos, al señor Camps. ¿Cuánto tiempo más saldrá el señor Rajoy en defensa indirecta del presidente de la Comunidad Valenciana? ¿Cuándo empezarán a hacerle el vacío en su partido? ¿A la próxima revelación? ¿A la otra? No se entiende por qué no ha dimitido ya el señor Camps como no sea porque a la derecha estas cosas le resbalan.

El asunto Pantera rosa de espionaje de la Comunidad de Madrid hiede a los cuatro vientos. El cerrojazo dado a la comisión demuestra que la derecha no quiere bromas con estos asuntos ni con el patrimonio de los consejeros de la comunidad. Pero es una actitud ridícula porque estos asuntos están ya sub iudice y la Comunidad no podrá evitar que en sede judicial salgan todos los compromisos ambiguos y la gente descubra de qué pasta están hechos los consejeros.

La señora Aguirre había intentado un golpe de mano para descabalgar a los representantes del ayuntamiento de Madrid del Consejo de Caja Madrid a fin de hacer con esta entidad lo que están haciendo con los servicios públicos: quedándoselos. Para evitar este nuevo expolio el Gobierno ha hecho una declaración anunciando que manda la nueva Ley de Cajas de la Comunidad de Madrid al Tribunal Constitucional (TC), garante de la legalidad de al Administración. La señora Aguirre no respondió con la vehemencia que acostumbra, declarándose presta a acatar la decisión del TC, como si pudiera hacer otra cosa. Quien sacó los pies fuera del texto fue el señor Montoro asegurando que el recurso del Gobierno era una injerencia intolerable algo así como si estuviera hablando de una decisión del Gobierno de Finlandia en relación con el de Zimbabwe.

De los apuros del muy astuto señor Trillo por escurrir el bulto de su responsabilidad no hace falta hablar salvo para decir que, con un poco de mala suerte en sus afanes, el señor Trillo puede acabar convertido en el señor Trullo.

Hasta cuando salen exonerados de algún asunto feo, como en el caso del Prestige al poco se descubre que han jguado sucio con informes de parte declarados como dictámenes imparciales pero a nadie convencen y obligarán a repetir el juicio.

La imagen general del PP es muy mala y con esa mala imagen no se ganan elecciones. NI contando con la COPE.

(La imagen es una foto de Público, con licencia de Creative Commons).

viernes, 27 de marzo de 2009

En el País Vasco.

Parece que ya está casi cerrado el acuerdo entre el PSE y el PP que permitirá que el señor Patxi López sea lehendakari con la presidencia del Parlamento vasco para un militante del PP. Repasando la situación ante un hecho de esta envergadura me encuentro con que:

  • No me gusta que en el País Vasco siga habiendo violencia terrorista que tanto contribuye a falsear los resultados de las elecciones.
  • No me gusta que, a causa de ello, haya de haber una ley de partidos políticos que también los falsea.
  • No me gusta que el independentismo radical no pueda desvincularse de la violencia terrorista y prostituya los ideales de la izquierda.
  • No me gusta que el PNV sea incapaz de abandonar la ambigüedad por la que condena la violencia pero se valga de los votos de los violentos para sus fines.
  • No me gusta que el PNV trate de deslegitimar el gobierno PSE-PP hablando de "frentismo" cuando eso es lo que él ha practicado desde Lizarra.
  • No me gusta que el voto esté tan polarizado y las alianzas sean muy difíciles por no decir imposibles.
  • No me gusta que el PSE haya de aliarse con el PP en cuya voluntad de entendimiento en el País Vasco no confío.
  • No me gusta que el PP pueda condicionar el gobierno del País Vasco.

Son varias las cosas que no me gustan en el País Vasco. Pero, en cambio, hay otras que me gustan y mucho:

  • Me gusta que la democracia, que es alternancia en el poder, funcione y, después de veintiocho años ininterrumpidos en el gobierno, el PNV pase a la oposición.
  • Me gusta que el País Vasco se normalice como un sistema político democrático y no como un régimen de partido hegemónico al estilo PRI de México.
  • Me gusta que se rompa el asfixiante monopolio nacionalista vasco que en su día sustituyó al asfixiante monopolio nacionalista español.
  • Me gusta que, al menos en el País Vasco, el PP muestre tener un sentido del Estado que no exhibe en otras ocasiones.
  • Me gusta le perspectiva de que la experiencia en la oposición fuerce al PNV a retornar a la lealtad a las instituciones y al abandono de la política de la doble baraja.

Ojalá funcione este experimento que quizá sea la última posibilidad de resolver el único obstáculo real que hay a la estabilización de la democracia española. Para lo cual lo único que se requiere es que la población vasca compruebe de hecho que un gobierno nacionalista español no solamente no es antivasco sino que representa un nivel de conflictividad muy inferior al de los gobiernos del nacionalismo vasco.

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

¡Viva Franco!

Diga Vd. que sí, señor Fabra, a ver qué se han creído estos rojos de mierda. Pues no va Vd. a poder editar un libro ensalzando el franquismo con los fondos de la Diputación. Hasta ahí podíamos llegar. Con todo lo que hizo Franco por Vd. y su familia, porque su señor padre ya fue secretario provincial del Movimiento en Castellón en unos años (1943-1947) en que eso no lo era cualquiera sino un fascista bien fajado; luego alcalde de Castellón de la Plana (1948-1955) cuando a los alcaldes los nombraba Franco, como Dios manda y no con estas mangancias de que haya que elegirlos y, por último, presidente de la Diputación de la misma provincia (1955-1960) también directamente nombrado por Franco. Su padre le debía la carrera al Generalísimo, ¿cómo no va Vd. a editar un libro en honor del Caudillo al que tan agradecido ha de estar y en unas horas en que esta Antiespaña, llena de rojos, comunistas, masones y otras ratas de cloaca anda quitando al Invicto los honores que en su día había ganado con su tesón y esfuerzo? Es, obviamente, el cumplimiento del deber de un buen hijo y un fervoroso seguidor de las doctrinas de aquel prohombre cuya gloria inmarcesible nadie podrá oscurecer y menos que nadie estos progres envidiosos, resentidos, que no tragan haber perdido aquella gloriosa guerra de liberación que el Caudillo ganó con su grandiosa visión estratégica. Una guerra que emprendió para limpiar España de sabandijas rojas, ateas, liberales, nacionalistas, librepensadores, anarquistas, demócratas, vegetarianos, nudistas, separatistas y demás morralla que ahora vuelve a prosperar a la permisiva sombra de este reyezuelo, incapaz de mantener firmes los principios del Movimiento Nacional a los que su padre dedicó su vida y que Vd. venera en su fuero interno como buen hijo y franquista de pro.

¡Que no puede Vd. editar un libro en favor de Franco con los dineros de la Diputación! ¡Es inaudito! ¡Como si no fuera evidente que Vd. con la Diputación hace lo que quiere porque es suya por herencia de familia! Si sí, de familia, de esa sacrosanta institución que los rojos quieren destruir entregándola en manos de maricones y tortilleras; sí, sí, de una familia como la suya, Fabra de toda la vida, que lleva más de un siglo gobernando la Diputación, empezando con su tío-tatarabuelo, Victorino Fabra, el agüelo pantorrilles, cuyo único defecto fue ser Isabelino, o sea, liberal cuando lo normal es que hubiera sido un buen carlistón y terminando con Vd. que vuelve a ser liberal pero de la pía escuela de doña Esperanza Aguirre y otros falangistas.

Ahí ha dado Vd. una lección a los rogelios, señor Fabra, explicándoles con su infinita paciencia que Vd. edita el libro a favor de Franco con los dineros públicos de la Diputación no porque le salga de los cataplines -que es la respuesta que se merece esta manga de ñordas y lo que se dice Vd. mirándose en el espejo- sino en pro de la libertad ya que la democracia quiere que haya libertad de expresión y que se puedan conocer todas las posiciones. Es genial lo que sabe Vd., don Carlos. Claro que no es de extrañar con los antepasados que ha tenido. Seguro que ese discurso sobre la libertad de expresión y el conocimiento de todas las posiciones se lo enseñó a Vd. su señor padre que lo practicaba a pie juntillas como Secretario Provincial del Movimiento (una institución encargada de salvaguardar los valores de la libertad de expresión) y como alcalde y presidente franquista de la Diputación pues, como todo el mundo sabe, los franquistas no tenían otra aspiración que garantizar la libertad de expresión de quienes no pensaban como ellos para que se los pudiera conocer mejor. Y ahora quieren aquellos rojos (que viven gracias a la misericordia del Caudillo quien les permitió seguir arrastrando sus existencias de gusanos antiespañoles y anticatólicos pudiendo haberlos exterminado a todos, como hizo con una buena porción y ejemplar juicio) quieren, digo, impedir que las nuevas generaciones conozcan el importante legado de paz, tolerancia, democracia y progreso que fue el franquismo. Lo suyo, como siempre, es la censura, la checa, el tiro en la nuca, ¿verdad?

¡Que no puede Vd. editar lo que se le pone en los cataplines en la Diputación! Indignante, señor Fabra, indignante. ¿Acaso no puede Vd. compensar con este pequeño homenaje al Generalísimo la media docena de libros que ha editado la Diputación exaltando las figuras del criminal Durruti, la asesina Pasionaria, a los ladrones asaltacaminos de las Brigadas Internacionales y a los afeminados de las Misiones pedagógicas de la República? Como si no se pudiera hoy plantar cara a la Antiespaña de siempre.

No haga Vd. caso, señor Fabra; siga Vd. con ese talante viril que lo caracteriza y no se deje distraer pues otra cosa que buscan denodadamente estas cucarachas es que se distraiga Vd. en ese injusto proceso por prevaricación, cohecho etc. que quiere a abrir a Vd. una amalgama de jueces venales y fiscales serviles que si le dejaran a Vd. recurrir a los camaradas de su señor padre en su juventud no le resistirían a Vd. ni media hostia.

Por cierto, señor Fabra, ¿qué hay de lo mío? ¿Y de lo de mi hermano, mi primo, mi tía, mi cuñado y mi perro? Estoy seguro de que su fabulosa facilidad para emplear a allegados y enchufados es en realidad un mandato del Caudillo desde el otro mundo para que se inspire Vd. en él y no deje en la estacada a ninguno de los de la adhesión inquebrantable, de los que fueron de la UCD y del PP desde el treinta y nueve.

(La imagen es una foto de El Plural, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 26 de marzo de 2009

El papel de la prensa de papel.

El otro día me marqué una entrada llena de consideraciones teóricas sobre el cómo y el porqué de la decadencia de la prensa de papel, titulada El papel, a la papelera. Ahora acaban de publicarse los últimos datos correspondientes al mes de febrero de este año de la Oficina de Justificación de Difusión (OJD) que, a diferencia de los del Estudio General de Medios (EGM), cuenta los ejemplares realmente vendidos en los kioscos, que han puesto los pelos de punta en todas las cabezas, incluidas las calvas, en las redacciones de casi todos los periódicos. Y pocas veces los datos empíricos encajan tan lindamente con las valoraciones teóricas: las grandes cabeceras del país están sufriendo pérdidas de difusión alarmantes. En comparación con febrero del año pasado, El País ha descendido en 53.200 ejemplares y los demás periódicos experimentan mermas considerables: La Razón 47.615, El Periódico de Cataluña 32.638, El Mundo 17.076, La Vanguardia, 3.863. Los únicos que suben son ABC con 27.856 ejemplares más y Público, con 689, que no es gran cosa pero dejan al diario del lado positivo de la raya y de lo cual me alegro mucho, en el caso del Abc porque recupera terreno perdido después de los ataques de la COPE y en el de Público porque es el diario en el que escribo, razón quizá no de gran altura teórica, pero muy humana, como reconocerán mis lectores a quienes animo a comprar el diario en el kiosco si aún se cuentan entre el subgrupo de humanos lectores de papel impreso. Más abajo puede verse un gráfico con la situación de la prensa de kiosco en España al día de hoy.

Bien, la pregunta ahora es por qué está sucediendo esto y la respuesta más obvia parecería ser: la crisis. Si bajan las ventas de casas, de coches, de lavadoras, ¿por qué no las de periódicos? Suena lógica. Pero hay un dato que la contradice: en este mismo periodo ha aumentado la producción de libros en España. Es cierto que el aumento de producción no equivale sin más a aumento de ventas, sobre todo teniendo en cuenta que éstas habían venido cayendo desde 2002 y se habían estancado el año pasado, pero, a falta de mejores datos, parece razonable pensar que los editores no aumentarían la producción de libros si vendieran menos. Según dicen expertos a la violeta, que abundan en la piel de toro como la paja en el almiar, el aumento de ventas de libros se debe a que la gente, al tener menos dinero por la crisis, lo gasta en productos más baratos. Desde luego, sale más económico leer Los mares del Sur que contratar un crucero a Sumatra. Daré por buena esta macarrónica "explicación" porque soy un tramposo y me viene bien pero conste que me parece macarrónica. Y si la gente compra más libros por la crisis, ¿por qué no más periódicos, que son más baratos?

Porque la respuesta no está en la crisis sino en un factor menos coyuntural. ¿En dónde? En el galopante avance de la cibercultura. Ya lo decía en la entrada mencionada y lo repito sin sonrojo alguno pues voy a ampliar el razonamiento. En mi opinión, la competencia y/o falta de adaptación al ciberespacio es la causa del hundimiento de la prensa... y también del desbarajuste de la justicia y del desmadre de las universidades, por ilustrarlo con dos ejemplos más que permitirán visualizarlo con claridad: ¿qué grado de informatización tienen la justicia y las Universidades en España? Bajísimo. Y de sobra es sabido: bajo grado de informatización implica bajo o nulo rendimiento. Ahora bien, ¿a qué se debe ese bajo grado de informatización? No, aunque parezca mentira, a la falta de dotaciones. Los tribunales y las universidades tienen los medios informáticos que precisan sin restricción alguna. ¿En dónde está el fallo? En donde siempre: en el factor humano. Son los funcionarios, los jueces, los profesores y catedráticos cuya inercia y resistencia al uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs) colapsan los servicios públicos de la justicia y la enseñanza; e insisto en que me limito a estos dos ejemplos, pero podría poner más. Conozco jueces y profesores de universidad, y no uno ni dos (por supuesto, siempre hay excepciones; da gusto ver al juez Bermúdez con su portátil) que literalmente no saben hacer la "o" con un canuto en informática y para quienes la idea de navegar por la red es tan ajena como la halterofilia y no hablemos de buscar información, contrastar datos o desarrollar sus propias herramientas virtuales. Cero.

Ya se sabe que los periódicos, al ser empresas privadas, experimentan un mayor acicate para adptarse a las nuevas TICs, pero su resistencia es también muy grande y lastra sus posibilidades de expansión. Los empleados, los redactores de a pie, los becarios, esos sí dominan las exigencias del nuevo mundo, pero los mandarines, los popes, que tanto abundan en las redacciones, las vacas sagradas, los intelectuales que penden de los periódicos como los farolillos chinos de las guirnaldas, ¿qué grado de adaptación tienen? ¿Hace falta dar nombres de ejemplares conocidísimos de los anteriores grupos que no solamente son ciberanalfabetos sino que se jactan de ello, lo que demuestra verdadera estulticia?

Tengo para mí que la prueba más concluyente de esta falta de sensibilidad de la prensa de papel se observa en el hecho de que todos los periódicos han comprendido que tenían que abrir una versión online, pero todos la han entendido como sirvienta de la edición de papel que es la "princesa" cuando, de hecho, es al revés: es la online la importante porque, a nada que se cotejen los datos del consumo de prensa escrita (estancado o descendente desde hace diez años) y prensa online (en ascenso fulgurante) y se crucen con la pirámide de edad (los lectores de prensa escrita son los mayores de cuarenta y cinco años, los de prensa online los jóvenes) es obvio en dónde se encuentra el potencial de crecimiento.

Pero, claro, tomar decisiones drásticas en estas estructuras rígidas y burocratizadas como la Justicia, la Universidad, los grandes periódicos es muy difícil porque, además, se dañan intereses muy sensibles y muy poderosos: los de los mandamases, los sátrapas de los departamentos universitarios, de los tribunales de justicia, de las redacciones de los periódicos que no saben abrir un archivo comprimido pero deciden quién prospera, quién asciende, quién publica. Si los que toman las decisiones piensan antes en su interés personal que en el de la empresa en la que están no hace falta cavilar mucho para intuir cuál será el resultado a medio plazo.


(El gráfico es una imagen de Público, bajo licencia de Creative Commons).

Retrato del Rey al vitriolo.

Mi amigo Iñaki Errazkin, uno de los puntales del periódico digital InSurGente, cuya línea editorial suele clasificarse en la izquierda extrema, por encontrar algún calificativo de uso común con el que yo no estaría completamente de acuerdo, ha publicado un libro sobre el Rey (Hasta la coronilla. Autopsia de los Borbones, Txalaparte, Tafalla, 2009, 341 págs.) o, por mejor decir, contra el Rey. En realidad es algo más puesto que no solamente versa sobre don Juan Carlos I sino sobre todos los Borbones españoles a partir de Felipe V. Y los trata con ánimo descaradamente necrofílico ya que subtitula su obra Autopsia de los Borbones. Curioso título. Podría entenderse aplicado en sentido metafórico a los Borbones muertos pero para los vivos está más complicado el asunto, salvo que nos percatemos de que el término está utilizado en sentido desiderativo. Y eso nos pone ya sobre la pista de uno de los rasgos más claros del libro: es una obra militante en su antimonarquismo, su antiborbonismo, su antijuancarlismo y, es de suponer, su correspondiente republicanismo. Está claro, el autor no pretende adoptar una actitud de objetividad o imparcialidad (en las que, probablemente, como periodista crítico, no cree) sino de clara beligerancia contra la institución monárquica, contra la dinastía Borbón y contra el actual portador de la Corona.

El otro rasgo es que, aunque la obra abarca más o menos trescientos años de la historia de España (desde comienzos del siglo XVIII a comienzos del XXI), no está escrita en el espíritu de los trabajos académicos de reposada historiografía sino como una apasionada crónica periodística, sin darse mucha fatiga con las cuestiones de fuentes y metodológicas, sino yendo directamente a lo anecdótico por pintoresco y trazando una especie de fresco de la evolución de España en ese tiempo, anclada en una visión crítica y sarcástica de los acontecimientos que la caracterizaron y resaltando sobre todo su aspecto esperpéntico.

El objetivo principal de la obra es el monarca felizmente reinante en España (me parece, no estoy seguro, que el autor jamás utiliza el nombre del país en singular sino que siempre se refiere a él como "las Españas", designación que era muy frecuente en Siglo de Oro) pero, de hecho , le ocurre lo que al protagonista de la célebre novela de Laurence Sterne, La vida y opiniones de Tristram Shandy, que nace aproximadamente a la altura de la página doscientas cincuenta o trescientas de la obra, según sea la edición. Algo similar sucede con don Juan Carlos que aparece por primera vez en el libro de Iñaki como protagonista a la altura de la página 195 y la abandona en la 277; es decir, le está dedicada menos de la tercera parte del libro, aunque alguno podrá argumentar que hasta eso es demasiado, dada la banalidad del personaje.

La explicación de tal hecho radica en que Errazkin parece convencido de que hay una condición moral, psicológica, de los Borbones, que estos tienen unas características que los distinguen y se manifiestan con contumacia a lo largo de la historia, trátese de Felipe V, Fernando VI, Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII o Juan Carlos. Sólo excluye a Carlos III por las habituales razones de que era hombre culto y que fue un excelente alcalde de Madrid. Esas características vienen a ser que los Borbones son zafios, ignorantes, tiránicos, alborotadores, promíscuos, incompetentes, incontinentes sexuales, infieles, arbitrarios, no muy despiertos... en fin, una joya de familia y una familia de joyas.

La parte dedicada a la historia de los Borbones (desde Felipe V hasta Alfonso XIII y, más allá, la dictadura de Franco que habría que comprender como la etapa del Spanish Pretender, don Juan que no llegó a ser Juan III muy a su pesar) se lee con mucho agrado. Consiste en una serie de relatos engarzados a través de las anécdotas y sucesos más sobresalientes de los respectivos reinados que dejan a los protagonistas muy mal parados. Claro que no peor de lo que ellos se mostraron a sí mismos o de cómo los reflejaron los testimonios de sus contemporáneos o el juicio de los historiadores. No conozco de ningún escritor o cronista español o extranjero de cierta altura intelectual que tenga algún buen juicio para esta sarta de egoistas ineptos y bastante necios. Así que, aunque Errazkin parece regoderase en dibujar la vacua pomposidad de Felipe V y las lamentables condiciones espirituales de Fernando VI o Carlos IV, no va más allá de lo que la historiografía, incluso la más conservadora, reconoce.

Lo mismo cabe decir de Fernando VII a quien ningún escritor de mínima categoría concede respeto alguno: taimado, bribón, criminal, necio, tiránico, el cuadro que dibuja Errazkin está también en el mainstream de la historiografía. Si acaso hace algo más de hincapié en la incontinencia sexual, el priapismo del monarca, pero lo atribuyo a una especie de alegre juicio del autor que tiende a tener una visión rabelaisiana de los personajes sobre los que diserta. No hace falta decir que el reinado de Isabel II obtiene un tratamiento pormenorizado en la obra. He echado de menos una referencia a las magníficas novelas de Valle Inclán sobre la Corte de los milagros en las que se encuentran páginas soberbias sobre el Espadón de Loja y los hábitos sexuales de la Reina castiza así como los melindres del Rey consorte. En cambio está muy bien traido el libro que los hermanos Bécquer publicaron a raíz de la "Gloriosa" de 1868, con sus versos e imágenes procaces, que retratan una época. Es de interés que el autor subraye un elemento sobre el que la historiografía (complaciente aunque sea antimonárquica por un falso criterio de prudencia) pasa como de puntillas. Dado que, según abundantes testimonios don Francisco I de Assis no conoció carnalmente a su regia esposa, está claro que la estirpe borbónica queda en ese momento interrumpida y enriquecida con injertos procedentes de otras cepas.

Don Alfonso II, triste de ti y don Alfonso XIII reciben asimismo su merecido. En el caso del último, además de los habituales escarceos sexuales y la nube de amantes, hijos bastardos, se tratan los aspectos más políticos en relación con la guerra del África, la dictadura de Primo de Rivera y el advenimiento de la República.

Finalmente, la obra desemboca en la persona del monarca español actual. Vaya por delante que, de las pocas cosas en las que el autor y yo coincidimos en esta vida, una de ellas es nuestro firme criterio de que la actual Monarquía española es ilegítima y que debiera dejar paso bien a la restauración de la IIª República, bien a la instauración de la IIIª. Y, a partir de aquí, ya discrepamos en todo. Pero como el libro trata de aquello en lo que coincidimos, no haya cuidado que no querré subrayar nuestras discrepancias excepto en un par de observaciones que tengo reservadas para fastidiar un poco al final, pues las críticas que son sólo laudatorias aburren hasta a las ovejas.

Franco que todo lo que tenía de ignorante en cualquier asunto del mundo de su época lo tenía de cazurro y profundo conocedor del espíritu de sus compatriotas, supo mantenerse en el poder mediante una combinación de puro terror, dictadura bestial e inmisericorde, marrullería internacional y astucia interior para enfrentar a unas facciones políticas con otras. De las autorizadas, se entiende, de las franquistas. Las otras estaban todas en la cárcel, en los cementerios o en las cunetas. El ejemplo más acabado de esta hábil política de contraponer aspiraciones encontradas lo prácticó con las distintas ramas monáquicas y, por último, enfrentando al padre (don Juan) con el hijo (don Juan Carlos), con una habilidad diabólica, apostando porque el hijo acabaría pasando por encima de los mejores derechos del padre. Exactamente lo que sucedió.

Errazkin da una idea de la transición con la que coincido sólo en parte y que se define mejor que nada con el término que utiliza para caracterizarla. Según él, la transición fue una transubstanciación. No está mal, es ingenioso pero me temo que el fenómeno fue bastante más complejo para definirlo con un solo término. Con posterioridad a este fenómeno, el seguimiento que Errazkin hace de la biografía de don Juan Carlos es inmisericorde. De cuál fuera la función del Rey durante la intentona de Tejero de 1981 desde el punto de vista de Errazkin da idea el hecho de que tome como fuente de referencia al Coronel Amadeo Martínez Inglés que sostiene que el golpe se dio con conocimiento y autorización del Rey y en su beneficio. Lo que sucedió después, dirá Errazkin, es que, Borbón al fin al cabo, dejó a sus compinches en la estacada.

Reitero que el libro está escrito no desde una perspectiva académica sino periodística y que, por lo tanto, priman los aspectos más pintorescos, un pelín subidos y los que ayuden a contemplar el cuadro de un Rey con unas condiciones morales detestables. Así, nuestro autor investiga y narra pormenorizadamente tres aspectos de la vida del Rey que den esta imagen: sus aficiones cinegéticas (con la muerte del infeliz oso Mitrofán), sus abundantes escarceos amorosos (con especial atención a las supuestas relaciones con la actriz Bárbara Rey) y su ingente fortuna, amasada por procedimientos nada transparentes.

En resumen, un libro ágilmente escrito y de recomendable lectura para quien quiera tener una imagen a pluma gruesa de los Borbones en general y éste en particular y también, cómo no, del autor: un vasco independentista, de extrema izquierda que habla casi tanto de sí mismo y sus amigos en la obra como del objeto de ésta.

Un par de observaciones críticas de distinto calado. En nuestro tiempo la historia no siempre la escriben los vencedores. A veces los vencidos toman la palabra y su narración, como es este caso, es distinta de la de aquellos. Pero ¿es más cierta? Para muchos, desde un punto de vista moral quizá sí; para casi todos desde otro pragmático me temo que no. Un ejemplo: poco antes de morir Franco dijo que lo dejaba todo "atado y bien atado". Santiago Carrillo, a su vez, cuando don Juan Carlos fue nombrado sucesor "a título de Rey" lo saludó como "don Juan Carlos el Breve". Pregunta: ¿quién acertó?

Segundo orden de cuestiones sólo con ánimo de hurgar en divertidas desavenencias. Dice Errazkin, hablando de Felipe V: "Nadie podía imaginar entonces que la criatura se convertiría en el monarca de los vecinos del sur ni que su reinado iba a durar la friolera de 45 años y 21 días, récord temporal aún imbatido" (p. 23) Se referirá a España porque se me ocurren dos ejemplos que contradicen el caso, uno antes y otro después de Felipe V. Antes, el caso del abuelo de Felipe V, Luis XIV de Francia, el Rey Sol, que reinó 54 años, si no ando equivocado; después, don Fidel Castro, que ha sido ******* (póngase lo que más plazca: presidente, tirano, caudillo, dictador, jefe, primer camarada, salvador integérrimo, padre de la Patria, etc) de Cuba durante 49 años.

Dice igualmente Errazkin hablando del asesinato de don Antonio Cánovas del Castillo: "De hecho, él mismo moriría en atentado el 8 de agosto de 1897. Sería, claro, en el desafecto País Vasco... y esta vez el tirador no falló." (p. 129) Un curioso párrafo para analizarlo con detalle. ¿Qué significa ese "claro"? ¿Yerro si digo que Iñaki quiere connotar un paralelismo entre el atentado contra el político malagueño y el que dio el pasaporte a don Luis Carrero Blanco y que para el autor fue el verdadero elemento desencadenante de la transición? No, no yerro. Pero, por desgracia, el atentado de Santa Águeda fue locativamente hablando por entero fortuito ya que, al asesino, el anarquista italiano, Michele Angiolillo, "claro", el "desafecto País Vasco" le traía al pairo.

Dice Errazkin: "Cuando me preguntan quién es la peor persona con la que me he topado en mi ya larga vida, siempre respondo sin titubeos que Felipe González Márquez, el dirigente del PSOE (político-mlitar) que fuera presidente del Gobierno entre los años 1982 y 1996. Ni Franco ni Aznar ni Rouco Varela ni el asesino de la catana. Normalmente, el entrevistador, hombre o mujer, se revuelve en su asiento, arquea una ceja y masculla un espontáneo y escandalizado "¡pero hombre...!" (p. 204). ¿Se entiende por qué decía yo antes que el autor habla casi tanto de sí mismo en este libro como de don Juan Carlos? Bueno; yo no digo "¡pero hombre!" porque ese juicio sobre González ya lo había oído así o en parecidos términos en otras bocas. Lo que sí digo es que requiere también un cuidadoso análisis, esta vez psíquico. ¿Basado en qué? En ese "sin titubeos" que canta más que La Traviata.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Lo que sale de Kosovo.

No me refiero a las tropas, que esas empezarán a salir cuando sea conveniente y será decisión acertada, pues no pretendo sentar plaza de cualificado estratega con competencia para pronunciarme sobre aspectos que desconozco como suele hacer el plantel de supersabios que hay en todas las tertulias radiofónicas del país y que saben de todo y son expertos en todo. A lo que me refiero es a la cantidad de sobreentendidos, subentendidos, astucias, falsedades, ficciones que se revelaron ayer en el curso del debate parlamentario sobre el asunto de Kosovo y sus repercusiones en la esfera pública.

El señor Zapatero pidió "pudor" al PP a la hora de criticar el repliegue de Kosovo ya que él, el PP, había metido al país en la guerra del Irak. Escuchando al señor Pío García Escudero, portavoz del PP en el Senado, se me hace que pedirle pudor es como pedir peras al olmo. Resulta pelín impúdico que quienes montaron lo de Irak se hagan los exquisitos con Kosovo. Pero lo más significativo para mí, lo más revelador fue ese giro del señor García Escudero de que el Gobierno plantea la irremediablemente polémica retirada de Kosovo con el taimado fin de que no se hable de la crisis económica. Este es un argumento recurrente entre políticos, especialmente en el PP: siempre que algo les molesta dicen que es una cortina de humo para que no se hable de otra cosa en la que creen que tienen algo que decir. La expresión viene, además, acompañada de la advertencia de que eso que se quiere ocultar suele ser lo que "verdaderamente importa a los españoles". Hagan Vds. un cálculo de cuántas veces ha aceptado el señor Rajoy un debate político o moral serio sin sostener que eso no importa a nadie porque lo que "verdaderamente importa..." etc, etc es lo que diga él: ¿ley contra la violencia de género? Eso no importa a los españoles; lo que de verdad les importa... ¿ley de la Memoria histórica? Eso no importa a los españoles, lo que....¿Ley de igualdad de géneros? Eso no importa a los españoles... ¿Ampliación de los supuestos del embarazo? Eso no importa... ¿Kosovo? Ya lo ven: no importa; lo que importa es la crisis, acerca de la cual, por cierto, tampoco tienen nada que decir. Es obvio que el Gobierno muestra defectos y carencias; pero, caramba, la oposición mayoritaria es de risa.

Además, en el fondo, vaya si les importa. Y estuvo muy bien la ministra de Defensa, señora Chacón, demostrando con citas textuales del señor De Arístegui que las posiciones del PP en esta materia (igual que en todas) son líquidas, como diría Bauman y contraditorias. También estuvo bien, aunque pudo haber sido más clara, cosa que le cuesta porque es muy suya, reconociendo que quizá hubo algún error de forma en la decisión que ya estaba subsanado. ¿Algún error? Una metedura de pata como un piano, una muestra de descoordinación y desconcierto lamentables. Ya sé que la oposición lo embarulla todo para sacar tajada, pero eso no es excusa para minimizar los errores y tratar de disimularlos. Hay que reconocerlos y, por cierto, no querer justificarlos por procedimientos que ya van más allá de la comicidad de Alberto Sordi, a quien traje a colación en la entrada de ayer, titulada Tutti a casa y llegan a la más barata demagogia. Se disculpaba la señora Chacón del posible error sosteniendo que tuvo especial empeño en que los primeros en enterarse de la decisión fueran los soldados afectados. Supongo que quería dar a entender que eso es algo muy avanzado, humano, solidario, de izquierdas; pero lo cierto es que no cuela. ¿En qué manual del arte militar está escrito que los primeros en enterarse de las decisiones del mando hayan de ser los soldados? Esa práctica puede ser conveniente a veces y, a veces, dar un resultado catastrófico. Lo lógico será aplicar un criterio práctico y, en este caso, le guste o no a la señora Chacón, lo lógico (y lo educado, por cierto, que no es asunto baladí) hubiera sido informar antes a los aliados. Otra cosa es que la señora Chacón piense que a ella le convenía aparecer ante los soldados dando la primicia por asuntos de imagen. Pero que no mezcle las cosas.

Por último escuché ayer a la señora Trinidad Jiménez diciendo que las críticas a la señora Chacón estaban movidas por el machismo y que si la decisión la hubiera tomado un ministro varón no las hubiera habido. Es una lástima que no existan premios a la declaración más estúpida del día, la semana, el mes o el año porque la de la señora Jiménez se lo llevaría sin duda alguna en todas las variantes. ¿O quiere decir esta señora que forma parte del necesario esfuerzo que todos debemos hacer en pro de la mayor emancipación de las mujeres e igualdad entre género permitir que ellas tengan un margen mayor para hacer y decir estupideces que el de los hombres a fin de compensar?

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

Medidas positivas y negativas.

No tengo grandes simpatías por los bancos. Me parecen quintaesencia del sistema capitalista de explotación. Por eso llevo pidiendo la nacionalización de la banca desde el año pasado (ver la entrada ¿Y si nacionalizamos la banca?) con escasos resultados menester es decirlo. Digo esto para probar que no soy sospechoso de rendirme a los encantos de la banca. Porque si nadie en nuestros países tiene los redaños de nacionalizarla (no de meterle fondos públicos y decir confusamente que eso equivale a una "nacionalización" pues es falso) habrá que reconocer que es ella y sólo ella la más adecuada para tomar las decisiones de restauración del sistema financiero y crediticio porque es la competente y la que tiene experiencia al respecto. A las pruebas me remito: ayer el Banco de Santander anunció una medida práctica, concreta, que será muy útil para ayudar a salir de la crisis. Propone el banco financiar hasta el 100 por ciento de las hipotecas para comprar viviendas a las que los constructores hayan aplicado rebajas del 20 por ciento en los precios. La idea es muy buena y servirá para desbloquear uno de los puntos negros de la actual crisis al asegurar a los constructores que tendrán clientes si rebajan un 20 por ciento los precios porque los bancos harán la financiación completa. Ojalá se generalice porque ese es uno de los caminos. Yo aplicaría un descenso mayor, hasta del 30 por ciento, pues hay margen, pero algo es algo.

La contrapartida a esto, viene, cómo no, del lado de los políticos y no de los de izquierdas, de quienes cabría esperar actitudes intervencionistas como las que están mostrando los colaboradores del señor Obama en Gringolandia, sino de los de derechas, esos que se pasan la vida hablando de no intervención del Estado en nada y de privatización general. El desvergonzado asalto que está dando la señor Aguirre a Cajamadrid para someterla a su control político ha merecido el calificativo de "esperpento" y de "intervencionismo público descarado"en un discurso del señor Quintás, presidente de la Confederación. Española de Cajas de Ahorro. La contraposición es bien clara: en un lado, los banqueros haciendo propuestas sensatas y en el otro los políticos, especialmente los de derechas, proponiendo disparates. ¿O no son disparates? Desde el punto de vista del imprescindible crédito que han de tener estas entidades, desde luego, porque da la impresión de que no son autónomas. Desde el punto de vista de los intereses específicos de la derecha quizá no lo sea tanto. Lo que la señora Aguirre y sus migos "liberales" quieren hacer con Cajamadrid es lo que ya han hecho con servicios públicos de salud, educativos, con el agua de Madrid: birlársela a los ciudadanos de la capital y privatizarla para ponerla al servicio de las pintorescas adjudicaciones del señor González, vicepresidente de la Comunidad.

Al lado de los banqueros de verdad estos tipos son un verdadero peligro de expolio de las riquezas públicas que hay que parar antes de que se queden con todo.

La imagen es una foto de Enrique Costa, bajo licencia de Creative Commons).


martes, 24 de marzo de 2009

Falta el señor Trillo.

En el juicio por el lamentable asunto de las identificaciones falsas de los cadáveres de los militares españoles muertos en el accidente del avión Yakovlev 42, que se inicia hoy en la Audiencia Nacional resulta obvio que falta el señor Trillo. Era el ministro de Defensa cuando se produjo el accidente y tuvo lugar el pandemonium posterior que desembocó no solamente en una gran injusticia al entregar a unos familiares los restos de otros sino en un desaguisado administrativo típicamente español en el que las cosas se hacen de cualquier manera para dar la impresión de que se cumplen las normas y los planes, con desprecio absoluto a los derechos de las personas vivas o muertas. Un ridículo de consuno con una canallada. Y es justo que alguien responda ante los tribunales por todo ello, a pesar de que han pasado seis largos años y ha sido necesario luchar con denuedo contra todo tipo de trabas para conseguir que se haga justicia. ¿Se hará ésta si en el proceso ni siquiera comparece el máximo responsable político y administrativo de aquella situación y a quien obviamente se debe imputar la responsabilidad última de la decisión de repatriar unos cuerpos de cualquier modo, resultando que estaban erróneamente identificados?

Ya sé que el asunto es perfectamente legal y se ha preparado a conciencia. Ya sé también que el señor Trillo ha respondido a todas las requisitorias de los tribunales. Es cierto que por escrito y acogiéndose a todo tipo de privilegios; pero lo ha hecho. Ya sé asimismo que si el tribunal no ha considerado precisa la presencia del señor Trillo en el procedimiento ni como testigo habrá actuado correctamente. Pero todo ello no evitará la obvia sensación de que, al final, como siempre, van a pagar los subordinados sin que a partir de cierto punto en la jerarquía se admita no ya culpabilidad sino responsabilidad alguna. Y eso, dado el carácter jerárquico de la administración, especialmente de la militar, es poco creíble.

En su defensa dice el señor Trillo a quien quiere oírle que él es el único que "ha dado la cara por los militares" y que otros los han dejado solos. A primera vista parece lo contrario. Que el señor Trillo no hizo nada porque los familiares de las víctimas, convertidos a su vez en víctimas por la gestión de departamento, recibieran justicia es evidente y, si no lo fuera, lo evidenciará para siempre aquel innoble gesto suyo de arrojar un euro a una periodista que preguntaba por el asunto.

Retrasar el la solución al problema cuanto se pueda y tratar de que no se lleve ante los tribunales puede entenderse como un modo de "dar la cara" por los militares implicados, el modo de la España tradicional de la picaresca. El de la nueva España democrática consiste en exigir que se aclaren todas las responsabilidades desde el primer momento, facilitar el funcionamiento de la justicia y presentarse al frente del pelotón de los hombres bajo su mando asumiendo la parte de responsabilidad en sus actos que le corresponda incluso aunque objetivamente no la tuviere. Que está por ver.

Por todo ello resulta sarcástico que sea el señor Trillo el encargado después en el PP de exigir en los demás comportamientos que él no ha tenido.

(La imagen es una foto de Público, con licencia de Creative Commons)

No había salida.

Sostengo que lo que sucedió con el Grupo del Ejército Rojo (el RAF alemán, el Rote Armee Fraktion) contiene una especie de clave explicativa del sentido de la acción de la izquierda europea entre fines de los años sesenta y primera mitad de los setenta que son también los que me tocaron a mí, pues soy de esa generación. De todos quienes participamos en la acción política de la izquierda en nuestra juventud en aquellos años, ya fuera en España, en Alemania, Francia, Estados Unidos, Italia, etc, los del RAF fueron los más consecuentes, los más lógicos, los que llevaron nuestros planteamientos a sus últimas consecuencias... y con ello demostraron que no tenían salida, que eran verdaderos dislates. A mí, además, me pilló en Alemania, entre 1969 y 1972, precisamente cuando el grupo de Ulrike Meinhoff y Andreas Baader pasó a la acción directa y se metió en una espiral de violencia y crimen que sólo podía acabar como acabó, con suicidios colectivos o de alguna forma parecida, como acabaron las Brigate Rosse italianas, con sus dirigentes pudriéndose en las carceles con cadenas perpetuas ¡desde los años setenta!

Me he apresurado a ver la peli de Uli Eder que me ha reforzado en la opinión más arriba expuesta. Por cierto que está muy bien hecha, mezclando en sabia proporción la narrativa de ficción con los aspectos de documental a buen ritmo y con mucha maestria en la dirección. Cine directo, cámara en mano, vivo, espontáneo. El guión puede ser a veces un poquito confuso para quien no conozca el desarrollo de los acontecimientos ya que pretende contar toda la historia y a veces necesita comprimir en exceso. Toda la historia quiere decir desde el asesinato de Benno Ohnesorg probablemente a manos de la policía en 1967 en una manifa contra el Sha de Persia en Berlín hasta el supuesto suicidio de los cuatro principales dirigentes del RAF en la cárcel de alta seguridad de Stammheim en 1977. Diez años. El relato es a mi entender completo y no deja nada fuera pero hay datos que pueden escaparse a quienes no estén familiarizados: la importancia real de Springer en la Alemania Occidental, la función de la revista Konkret, en la que escribía Ulrike, las consecuencias del asesinato del Fiscal Federal Sigfried Buback. Pero, en general, la síntesis es soberbia y se entiende muy bien por alguien que haya vivido en aquellos àños.

Durante la guerra fría la cultura de la juventud de izquierda acabó siendo un maremágnum en el que se rechazaba el comunismo de los países del socialismo realmente existente por inútil, burocrático e injusto; igualmente se rechazaba el capitalismo por explotador y asimismo injusto. Había verdadero hastío con las interminables polémicas de los intelectuales de izquierdas, especialmente los marxistas, incapaces de forjar propuestas teóricas viables; estas empezaron a aparecer en la medida en que se extendían y afianzaban en los países del Tercer Mundo en cuatro continentes las doctrinas de guerras de liberación nacional, esto es, de recurso a la violencia para imponer los propios ideales. La izquierda europea hacia una amalgama sincrética entre las posiciones teóricas de los otros tres continentes: Ho chi minh y Mao Ts Tung en Asia, Che Guevara y Camilo Torres en América Latina, Agostinho Neto y Franz Fanon (que, si no recuerdo mal, era jamaicano) en el África. Todas ellas, por lo demás, no tenían más que un nexo en común: el recurso a la violencia. Así la izquierda europea se ahorraba perder el tiempo con las sempiternas querellas académicas (que, cuando estás en la veintena te suenan a monsergas), podía pasar a la acción práctica efectiva directa, esto es, hacer algo por cambiar el estado de cosas en lugar de hablar y se veía como parte de un proyecto internacionalista. Por eso el grupo Baader-Meinhoff se llamaba Rote Armee Fraktion, porque se veía a sí mismo como un grupo dentro de un Ejército Rojo mundial, internacionalista, que combatía por la revolución en todas partes con las armas en la mano.

Insisto en que, en abstracto, para la izquierda extraparlamentaria (no reformista) de los años sesenta, el proceso mental de la gente del RAF era el más coherente y lógico: en la situación de la guerra fría, las democracias occidentales eran meros maquillajes de fascismos encubiertos (sobre todo, claro, en Alemania con su pasado nazi), el dominio mundial del capital toleraba formas democráticas si no se veía amenazado; si lo estaba, recurría a la violencia más extrema, los bombardeos, las masacres. La izquierda tenía que responder a la violencia latente y estructural del capital con la violencia desnuda y desencadenar así un proceso revolucionario en el mundo entero. Hasta ese punto, el razonamiento era impecable y es el que hizo que muchos tomaran las armas: había que atacar al capitalismo allí donde como en Angola, Bolivia o Vietnam, mostraba su rostro más feroz, represivo y violento; pero también había que hacerlo en los países democráticos europeos donde recurría a la democracia, para desenmascararlo, obligarlo a servirse de la violencia y, entonces, responder con más violencia para desencadenar una guerra popular como en los países pobres del planeta.

El fallo del razonamiento no estaba en un su origen sino en sus momentos posteriores y tenía que ver con dos datos que, cuando los militantes de los grupos armados los entendían ya era tarde: la legitimidad y la eficacia.

El problema de la legitimidad era el de hasta qué punto cabía recurrir a la violencia en sociedades democráticas. Es el mismo problema que tiene ETA incluso a ojos de muchos de sus seguidores "civiles". Ciertamente los terroristas dicen que esa democracia es falsa y ficticia (como hace ETA), pero el problema es que no es eso lo que piensa la inmensa mayoría de la gente que no solo no apoyaba las actividades violentas del RAF sino que colaboraba con la policía para detenerla. En otros términos, la acción violenta carecía de todo apoyo popular lo que la condenaba primero a la delincuencia marginal y, luego, al fracaso.

En cuanto a la eficacia, viene a ser lo mismo: el Estado en los países capitalistas avanzados lo controla todo, lo vigila todo si quiere porque es poderoso; proclama y ejerce el principio del monopolio legítimo de la violencia y acaba con quien pretenda romperlo. ¿Qué destino podía esperar a unos grupos revolucionarios armados en lucha contra un Estado infinitamente superior a ellos en solidez, recursos y medios tecnológicos y que, además, no contaban con el apoyo de la población civil que, por el contrario, se lo prestaba al Estado al que había que combatir?

En la peli parece abordarse también la cuestión desde un punto de vista personal. Dadas las circunstancias, a lo mejor, en efecto, lo más sensato que cabe hacer cuando se postulan puntos de vista tan extremos es salir a la calle dando tiros para que lo conviertan a uno en un colador. Pero, por esa vía, salida, no había. Ni hay.

Vuelvo sobre la peli como historia. Merece mucho la pena verla a pesar de que, repito, pueda resultar algo confusa. Pero es la historia de una generación y un ajuste de cuentas con una forma de entender la acción política revolucionaria de los hijos de las clases medias. Casi olvidaba decir que se abre a los acordes de Janis Joplin en "Oh, Lord, wont you buy me..." y se cierra con los de Bob Dylan en "Blowin' in the Wind". Y no quiero decir cómo suenan.

lunes, 23 de marzo de 2009

Palinuro informa.

Queridas lectoras: se ve que, no teniendo gran cosa que hacer este finde, el armador de la nao que me honro en pilotar ha hecho algunas innovaciones que él llama mejoras (aunque no sepa yo si lo son todas) que paso a exponeros:

Ha puesto un enlace en la barra de la derecha llamado "publicaciones en papel" con una bibliografía suya para darse pisto. No sé si esto es una mejora o una peora.

También ha puesto otro enlace debajo del anterior, llamado "artículos en Público" para darse más pisto porque los de ese periódico le han dejado un huequecillo. Debería pedir que, en justa reciprocidad, le permitieran anunciar su blog en el diario, pero ya veréis como no se atreve.

En tercer lugar, siempre en la barra de la derecha, ha puesto una pestaña desplegable para incluir las tropecientas etiquetas que tenía en perpetua exposición. Ahora, si hay alguien que quiera verlas, que lo dudo, sólo tiene que pinchar en el + y se despliegan como siempre, por orden alfabético y con la cantidad de cada una de ellas que hay.

Otrosí ha aprendido a hacer que los hipervínculos se abran en ventanas nuevas para no entorpecer la navegación y me ha prometido que ya todos vendrán así. Ya era hora.

Por último, aquellas/os de vosotras/os que aún estén preguntándose qué tenga esta entrada de específicamente femenino para empezar con un "queridas lectoras" que se lo hagan mirar a ver si aportan alguna razón que no sea la costumbre de por qué la expresión "queridos lectores" incluye a las mujeres pero "queridas lectoras" no abarca a los varones. Y recordad que también por costumbre la gente araba con arado romano.

La imagen es de Pierre Puget, Barco en Marsella (1651-54).

Tutti a casa.

En 1960 se estrenaba una extraordinaria película de Luigi Comencini interpretada por Alberto Sordi, Eduardo de Filippo y Serge Reggiani entre otros llamada Tutti a casa. Después del armisticio en 1943, el ejército fascista italiano se desmorona y comienza la desbandada al grito de ¡todos a casa! El subteniente Alberto Innozenci (Sordi) y el soldado Ceccarelli (Reggiani) tienen que cruzar Italia de Norte a Sur en medio de los combates entre guerrilleros, alemanes, italianos de la República de Saló y estadounidenses, y la historia es un prodigio de delicadeza, humor, drama y hasta tragedia en aquella locura del crollo.

La cómica seriedad con que la ministra Chacón (que debe de creer que lo suyo es hablar con el adusto porte de un dragón de la Reina) soltó lo de "Misión cumplida. Volvemos a casa" me trajo la peli de Sordi a la memoria. En 1960 la señora Chacón no había nacido y da la impresión de que en 2009 acaba de hacerlo porque, al margen de que uno pueda pensar que el repliegue de Kosovo sea correcto, el modo de anunciarlo ha sido una chapuza peor que la de la peli de Sordi y sin sus elementos dramáticos.

Por lo visto la señora Chacón ignora que, cuando se está en una alianza militar, hay que consultar antes con los aliados las decisiones estratégicas, so pena de quedar uno como un auténtico lunático. Ignora asimismo que las decisiones militares con repercusión internacional han de coordinarse con el Ministerio de Asuntos Exteriores so pena de quedar como un pirao.

Esos inconvenientes, que ya le han señalado los periódicos son, sin embargo, menores. Lo verdaderamente grave, lo rayano en la estupidez o en algo peor, es el catástrófico efecto que esta atolondrada decisión tiene retrospectivamente sobre la de retirar las tropas del Irak hace cinco años porque ahora cabe decir que aquella no fue una seria medida política que devolvía a España su dignidad sino que los españoles son así: volubles, inconstantes, gentes de las que no cabe fiarse porque, sin previo aviso, dan la espantada en las acciones comunes.

He oído que esta señora puede ser la próxima presidenta del Gobierno de España. Madre mía.

Los pueblos del Libro.

Cordobés de nacimiento, jurista de formación, sociólogo de vocación, germanófilo de afición, Carlos Moya orientó hace unos años su poderosa capacidad y su incansable curiosidad intelectuales a las otras dos religiones que, con la cristiana, son conocidas como las religiones del libro, esto es, la musulmana y la mosaica lo cual demuestra una vez más que el lugar en el que se nace puede ser más determinante en la vida del hombre que aquel en el que se pace. El propio Moya reconoce al comienzo de este brillante ensayo que su interés por el islamismo y el judaísmo se le despertó tempranamente al deambular de niño por la mezquita de Córdoba y en este trabajo actualiza unos escritos de hace unos años al respecto. Las tres religiones aceptan expresamente la validez de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, el llamado Pentateuco, la Torá de los judíos. Y sobre esta base se erigen luego otros elementos comunes a las tres confesiones monoteístas que son las que Moya indaga en esta obra compuesta por dos ensayos independientes, Mahoma, Dar-El Islam, Maimónides. Dos ensayos sobre el monoteísmo semita (Huerga-Fierro editores, Madrid, 2008, 149 págs.).

A diferencia de Cristo, Mahoma, que considera a aquel no el hijo de Dios y Dios mismo según los cristianos, pero sí un profeta, no hace milagros. Lo milagroso en el Islam es el Corán ya que Mahoma no sabe leer y el ángel que se le aparece y le pide que recite lo que le muestra escrito en letras de oro, le aprieta el libro contra la nariz para que se impregne de él (p. 30). Dios instruye al hombre por medio de la pluma en el Corán (p. 31) e igual que el libro es siempre el mismo libro lo es también Dios puesto que Alá es YHWH (p. 35). Señala así el autor que el hecho de que el Corán esté escrito en árabe da aliento a la invención mesiánica de la nación árabe, de la Ummah (p. 36). En efecto es muy importante la versión del texto sacro en una lengua para que surja una conciencia nacional más o menos articulada como pueblo. Sucedió con la versión de la Biblia en cirílico para los pueblos eslavos y la versión al alemán de Lutero para el pueblo germano. Con la escritura en árabe adviene la ley capaz de articular soberana, estatalmente a una emergente comunidad político-religiosa hasta entonces trabada por vínculos de parentesco (p. 37).

Hace a continuación el autor una breve síntesis del comienzo de la historia del islamismo, la huida de Mahoma a Medina en 622, el año de la Hégira y la conquista luego de La Meca por el ejército del profeta junto a su suegro Abú Bakr (p. 40). A la muerte de Mahoma, sin embargo, se abrió un período de desconcierto y caos, retratado en un hadiz de Aixa, su esposa: "Cuando murió el profeta, los beduinos apostataron. Los judíos y los cristianos levantaron la cabeza. La incredulidad, que se había ocultado, se manifestó. Los musulmanes fueron como un rebaño de corderos sobresaltados por la lluvia de una noche de invierno. Su profeta ya no estaba allí. Por fin Alá los reunió alrededor de Abú Bakr" (que era su padre) (p. 41). No obstante, ya al comienzo del primer califato, el enfrentamiento entre Aixa y Alí (primo y yerno de Mahoma) abre una guerra civil que dura hasta hoy (p. 45). Los hijos de Alí (Hassán y Hussein) siguieron la guerra y, a raíz de la muerte del segundo, se produce la gran división del mundo musulmán entre los sunnitas (ortodoxos) y los chiítas (disidentes) (p. 54).

En su repaso sobre los fundamentos del Islam, Moya recuerda que descansa sobre cinco pilares: la profesión de Fe, el cumplimiento de la plegaria ritual, la prestación de la limosna, la peregrinación y el ayuno en Ramadán, que considera con algún detenimiento; igual que valora con mucha prudencia el relato que hace el Génesis de la división originaria entre los dos pueblos en la historia de Abraham, la esclava Agar y el hijo de ambos, Ismael, abandonados en el desierto por los celos de la esposa legítima del patriarca cuando ya septuagenaria, da a luz a Isaac y Dios se ocupa sin embargo de aquellos (p. 60). Aquí está el meollo, el origen de un conflicto entre la rama "legítima", los descendientes de Isaac y la "bastarda", los ismailitas o "agarenos", como eran conocidos en España en recuerdo de la infeliz Agar. Incidentalmente no puedo pasar por alto que siempre me ha parecido que esta leyenda, que trasmite una aplastante conciencia patriarcal, deja muy clara la ínfima calaña moral de Abraham que abandona al hijo que tuvo con la esclava por imposición de su esposa cuando ésta cambia de parecer al convertirse en madre.

La política de Mahoma, la guerra santa, es como la del Antiguo Testamento, Alá equivale al Dios judío de los ejércitos, Yahvé Sebaot (p. 63) y, a partir de aquí, el relato de nuestro autor es el de una permanente coincidencia: el Islam significa "sumisión" al imperialismo universal del monoteísmo a través de la expansión de la asabiyya, esto es, los vínculos de consanguinidad, la comunidad de la sangre (p. 67) que se expande por medio de un caudillaje clánico-tribal.(p.69)

Esa unidad de la comunidad viene dada por la lengua. Según un viejo proverbio árabe, "La sabiduría se ha posado sobre tres cosas: en el cerebro de los francos, en las manos de los chinos y en la lengua de los árabes" (p. 72). Es la comunidad lingüística la que fundamenta la nación de forma que la historia anterior a la Hégira es lo que se llama la Jahiliyah o época de la barbarie. Esa nación se rige por la Sharía, la suma del Corán y la Sunna, sujeta a la interpretación de Ulemas y faquíes ya que la religión musulmana es cosa de letrados en las sagradas escrituras, juristas, pero no teólogos y sacerdotes (p. 89), lo cual hermana grandemente a los musulmanes con los judíos y distingue a los dos de los cristianos (p. 96). La predicación de Mahoma es la más alta expresión del monoteísmo, directamente administrado por los creyentes sin mediación sacerdotal (p. 90). Todo el Corán es decididamente apocalíptico y divide el mundo en dos sectores: Dar-El Islam, la casa del Islam, en la que caben todos los creyentes de las más diversas etnias unidos en la Ummah y lo que hay fuera que es Dar-El Harb, la Casa de la Guerra (algo obligado a los musulmanes para la extensión del monoteísmo) que ocasionalmente puede ser Dar-El Sulk o Casa de la Tregua, pero esto es algo transitorio. (p.103).

En el segundo ensayo, la Aproximación a Maimónides, Moya detecta el momento más glorioso de la relación civilizada entre judíos, cristianos y musulmanes a través de la amistad entre Averroes y Maimónides (p. 109). Ambas familias escapan de Córdoba huyendo de la intolerancia y buscando cobijo en Marruecos, en donde asalta a Maimónides una interpretación rabínica ultrarradical que entiende que "Todo judío que reconozca públicamente a Mahoma como profeta es hereje y traidor a la fe" (p. 111), un pronunciamiento contra el que Maimónides escribió la Epístola sobre la conversión forzada (p. 112) en el entendimiento de que la aceptación de las condiciones impuestas por los musulmanes a los judíos que vivían entre ellos no podía hacerles perder su condición judía (p. 112) .

La confluencia filosófica de los tres monoteísmos (islámico, judío, cristiano) se da a través de la interpretación de Aristóteles por Averroes que es la clave del "Islam cristianizado" en célebre expresión de Asín Palacios que Ortega respalda. Y de Averroes (escolástica más failasifa) (p. 115) a Maimónides cuya Guía de perplejos es la obra cumbre de la escolástica rabínica (p. 116). El Dios único se manifiesta en los tres libros (Torá, Biblia y Corán) y la filosofía se entiende como la vía hacia el conocimiento de Dios (p. 118). La Guía traza el camino individual a la salvación que conjuga además un sentido alegórico y simbólico ya señalado por Filón de Alejandría (p. 121). "Para Maimónides", dice Moya, "para Averroes, para Ghazali, para Tomás de Aquino, la Filosofía sólo tiene sentido como pasión de Dios: como iluminada razón consagrada al conocimiento/amor de Dios" (p. 126). Con Averroes el árabe coránico se convierte en el nuevo vehículo semiótico de la metamorfosis monoteísta del logos helénico (p. 128). A su vez, también Maimónides intenta su camino hacia el conocimiento de Dios por medio de la episteme aristotélica pero su Dios no es el Zeus aristotélico sino el YHWH de la Torá (p. 131). Así pues, el hilo conductor que lleva del islamismo al tomismo pasando por el judaísmo es la razón aristotélica aplicada al conocimiento de la realidad de Dios (p. 134). Concluye Moya su ensayo sobre Maimónides aventurando que la Guía de perplejos es un paso inexcusable para entender la universalización del racionalismo que juzga como "la máxima contribución de la diáspora judía a la historia humana".

Parece bastante claro que en las complejas y seculares relaciones entre los pueblos del libro hay un terreno nutricio para un diálogo de civilizaciones en el sentido religioso de Huntington.