sábado, 31 de enero de 2009

Peregrino de la memoria (XXXVIII).

Recuerdos militares.

(Viene de una entrada anterior de Caminar sin rumbo (XXXVII), titulada La verdad siempre se sabe).

Sí, ya sé que en este verdadero relato de mis andanzas he vuelto a cambiar el título. ¡Qué quieren Vds.! Así empezó y así continúa: un viaje a ninguna parte, un caminar sin rumbo, un cambio más, todo cambia, todo fluye, nada permanece. Cuando descubrí que lo del viaje a ninguna parte tenía copyright si no jurídico, sí moral a mis ojos, recurrí a otro título. Lo de caminar sin rumbo fue, se recordará, transitorio. Estaba contando un viaje y en el curso de los viajes es cuando se le ocurren cosas a uno. Seguramente también cuando uno no se mueve. A mí me sucede más cuando estoy de viaje y por eso ahora he vuelto a dar con un nuevo título, mucho más fetén porque no me ata al "viaje" ni me acerca al incómodo "camino", siempre ideológicamente peligroso. En cambio introduce dos términos nuevos con muchas implicaciones. Peregrino incorpora viaje e incorpora camino y la memoria no requiere comentario. De ser algo la memoria es un mapa de la vida entendida como un camino. Es un mapa que llevamos dibujado en las arrugas de la piel, el brillo de la mirada, la forma de movernos, el tono de voz. Todo esto no quiere decir gran cosa puesto que, habiendo cambiado dos veces de título del relato (que lleva ya casi cuarenta capítulos) nada asegura que no haya más cambios antes de terminar un itinerario cuya longitud se desconoce. Ello acuerda también con el espiritu de este relato que, si bien se mira, es tan variado como sus cambiantes formas. Además los dos términos nuevos admiten variaciones que resulta placentero explorar: junto a Peregrino de la memoria puede haber una Memoria del peregrino, una Memoria peregrina y hasta un Memorial del peregrino. Memoria peregrina suena muy bien y no se descarta que acabe sustituyendo a Peregrino de la memoria. No es difícil imaginar un peregrino y menos ponerlo a peregrinar por la memoria. En cambio es más difícil convertir a la memoria en sujeto y ponerla a peregrinar porque ¿por dónde lo hará si no es por ella misma? La memoria es la facultad que se desarrolla por ejercicio con los años, igual que con los años se atrofia por falta de ejercicio. Y además de desarrollarse se rellena de contenidos según la vida va desplegándose ante uno cuando la vive con el espíritu de quien diariamente asienta el firme del camino que hará en la jornada, pues no está determinado. Así que la memoria puesta a peregrinar por sí misma puede llegar a parajes pintorescos. Muchos no sabemos lo que guarda nuestra memoria porque las conexiones de sentido que se establecen pueden estar hechas con claves que ignoramos. En todo caso, no quiero que estas disquisiciones sobre el estilo de la narración interfieran en su interés. Han de hacerse, no obstante, porque dada la naturaleza proteica del relato, hay que estar en situación de dar respuesta pronta y adecuada a cualquier interpretación que fuera injusta o conflictiva.

El Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) en que me correspondió hacer la militar reunía como a unos cinco mil mozos, entrenándose para la eventualidad de una guerra que nadie creía pudiera darse y contra una variedad de enemigos cualquiera de los cuales la hubiera ganado. Aun así se hacían maniobras muy elementales porque había poco tiempo y tenía menos sentido educar a cinco mil hombres en todos los aspectos de la guerra, que es muy compleja, para que luego unos fueran solamente zapadores, otros artilleros, etc. Por eso se nos educaba en las cosas más generales que se supone es lo elemental que debe hacer cualquiera, como marchas de veinte o treinta kilómetros con todo el equipo en pleno mes de agosto, o toma de alguna cota no muy alta defendida por un nido de ametralladora imaginario. En una de esas, en cierta ocasión, caí en una charca, dije al mando luego que, estando bajo fuego enemigo, había buscado refugio tras unos matorrales sin importarme que hubiera barro porque lo primero, según se nos había informado en la correspondiente teórica, era buscar un buen resguardo y me premiaron con cuarenta y ocho horas de permiso. Allí había conocido a Daniel, el padre de Eugenio que, con su pelo rubio y ojos azules destacaba poderosamente en aquel magma oscuro de las compañías y los regimientos. Nos hicimos muy amigos y empezaron a caernos los arrestos a pares, con lo que compartimos bastante cocina yo pelando patatas y él bacalao o a la inversa. Allí nos intercambiamos también nuestras filosofías de la vida o lo que se tiene por tal cuando se está en los veinte años y la vida aparece como un misterio cuya clave descubriremos nosotros. Ya he dicho que Daniel era muy alegre y muy activo. Por entonces andaba en asuntos de cine sin tener claro si quería ser actor o guionista. Las dos cosas en el fondo. Tenía algunos amigos en el gremio y me presentó a un grupo que estaba haciendo un corto, especie de mezcla de Las Hurdes y una película de Antonioni sobre la incomunicación humana. Estaba en amoríos con una actriz con la que salimos algunas veces, aunque no era muy divertido porque acababan siempre discutiendo. Al final la chica, que se llamaba Mirna, se enfurruñaba, se agarraba a mi brazo y me decía que la llevara a su casa que, si era noche de pase pernocta, también era la nuestra. Una vez allí seguían discutiendo en la cocina, mientras yo me acomodaba en un sofá en el vestíbulo del piso, entre un paragüero y un ficus. Más tarde, curiosamente, Daniel debió de cansarse del rollo cinematográfico y, cuando dejamos el ejército, desapareció, mientras que yo anduve aún un par de años más enredado con la gente de cine. Pero de eso hablaré en otro momento porque Mirna se quedó embarazada y hasta el día de hoy nadie ha querido averiguar si el crío era de Daniel o de otro.

- ¿Podía ser?

- Podía. No te digo que fuese seguro, pero podía.

Lo que Eugenio quería oír era la vida de su padre contada por otro, confirmar datos:

- Me ha dicho que allí fumábais porros.

A saber lo que le habría contado el otro.

- En los cuarteles circulaba el chocolate que era un placer.

- Dice también que os ofrecieron haceros del Servicio de Inteligencia Militar, el SIM.

- Sí, es verdad. Fíjate qué idea tenían de la cosa. Yo te confieso que nunca he creído que existiese ese SIM. Hablaban mucho de él pero nadie lo había visto. Estoy convencido de que el sargento que vino a proponernos a Daniel y a mí que nos hiciéramos del SIM debía de creer que era alguna unidad militar especial, como la banda del regimiento las unidades de montña. El caso es que, sí, sí, como suena. "Vosotros sabéis", nos dijo el sargento, más bruto que un arado, "que los comunistas se valen de estudiantes y otrs mandangas para introducir el comunismo en el ejército." La verdad es que no se nos había ocurrido. A mí, desde luego, no se me había ocurrido tan luminosa idea y, de habérseme ocurrido, no hubiera ido corriendo a contársela a dos estudiantes. Pero fue un compromiso porque, claro, tú dices: vamos a ver, si digo que no, después de que se me dispensa el noble honor de espiar a mis compañeros, me convierto en sospechoso para la manga de impresentables que gobernaba entonces el país; si digo que sí adopto un comportamiento que me parece moralmente repudiable. Cuestión: ¿qué hacemos? Explicamos a aquel proyecto de hombre que nos quedaba mes y medio para licenciarnos y no tenía sentido participarnos los secretos del SIM para unos días. Mejor alguno que aún tuviera más mili, que le diera tiempo a adaptarse al medio pero que no fuera a licenciarse de inmediato. El caso es que nos quedaban seis meses para la licencia.

- Y el sargento ¿no os dijo nada?

- Yo creo que no se atrevía. Era chusquero y nos veía tratándonos con familiaridad con un capitán con lo que el hombre no las tenía todas consigo. Y la verdad es que aquel menda pegó el rollo con nosotros porque quería montárselo de culto y pensó que cada uno de nosotros o los dos juntos podíamos aportarle algo.

- También dice que fuisteis enfermeros.

- Sí, como éramos estudiantes, el mando decidió que teníamos que ser enfermeros y es lo que fuimos en un cuartel de carros de combate. Enfermeros.

- Y que no teníais ni guarra.

- Ya imaginas qué formación en enfermería puede tener un estudiante de Políticas que lleva tres meses en un CIR aprendiendo a marcar el paso, a cubrirse, a hacer vista a la derecha, paso ligero y posición descansen. Así que allí hubo de todo y los que murieron lo hicieron por sus propios medios: un sargento que se voló la cabeza manipulando una bomba de mano y un chaval al que le cayó encima la cadena del carro que estaba arreglando y lo dejó crujido.

- Que los jefes os empleaban para poner inyecciones a sus familias.

- Y a ellos mismos. "A las órdenes de Usía." "Bájese Usía los pantalones". En el ejército, si eras enfermero, te hartabas de ver culos. Hacía apuestas con tu padre a ver cómo iba a ser el primer culo que llegara por la tarde: con granos, liso, velloso, más o menos blanco. Pero sí, fuimos enfermeros en el servicio militar y, sin tener ni idea, acabé sabiendo algunas cosas, cómo hacer torniquetes, poner vendas, coser una herida en una mano por ejemplo y poner todo tipo de inyecciones. Pero vamos ya entiendo que lo que quieres es un juicio sobre tu padre en aquellos años...

- No, no quiero nada. Solamente que quien sabe cosas suyas me las cuente para contrastar con lo que dice él y hacerme una mejor imagen suya.

- Ya eres una imagen suya.

- Lo soy, pero no la llevo dentro.

- Eso llega más tarde. La imagen de alguien que vive, sobre todo si lo tratas con asiduidad, es borrosa. Las imágenes sólo se hacen nítidas después de la muerte del imaginado. También puedo contarte cosas de tu padre con la gente de cine, aunque ya digo que de eso hablaré más tarde, pero si quieres hablamos ahora.

- No, no es necesario. Ya lo haremos en otro momento. Ahora sí que voy a abrirme.

Habíamos entrado en Madrid pasando por San Cristóbal de los Ángeles y subiendo luego por Legazpi y el Paseo de los Delicias, fuimos a parar a la plaza de Atocha, o sea, de la Virgen de Atocha. Allí mismo me hizo parar, delante del ministerio de Fomento, me dio un abrazo, diciéndome que le habia gustado el viaje y que esperaba que yo hubiera comprendido la razón que le asistía para hacer lo que quisiera, y echó a andar en dirección de la Cuesta Claudio Moyano porque, al parecer, los de una caseta, que era una librería especializada en asuntos alternativos, altermundistas y del comercio justo lo habían contratado para hacer una página web.

Así que allí estaba de nuevo, en mi punto de partida, cavilando si volvía a salir y a dónde. Salir, volvería a salir; eso era seguro. Añoraba el campo y estaba deseando volver a verlo para lo cual hay que salir de las ciudades en donde cada vez se pone peor vivir. Acabábamos de pasar por los de Valdepeñas y los tenía muy frescos en la memoria con su tierra roja arcillosa y los troncos retorcidos de las cepas y, sobre todo, echaba de menos el cielo bajo sobre el horizonte lejano de la meseta. De momento, no tenía alternativa ni había planeado viaje alguno. Regresé a casa y recogí el correo postal que cada vez se reduce más a papeles de publicidad porque el correo de importancia ya sólo es electrónico. En Skype me encontré un enésimo mensaje de Laura. Le contesté que acababa de llegar a Madrid y que me reuniría con ella en donde quisiera. Me citó en el Palace al día siguiente, tras decirle yo que hoy no estaba de ánimos. Antes de ir a dormir recibí un mensaje de Eugenio por el móvil. Me repetía que lo había pasado bien en el viaje y que yo era un tío cool.

Hablando de la crisis.

Recordarás amable lector que hacia el 15 de noviembre del año pasado, el señor Bush, entonces presidente de los EEUU en lo que ahora parece ya otra era dos meses y medio después, convocó en Washington nada menos que una Cumbre sobre los mercados financieros y la economía mundial a la que acudieron los veintiséis dirigentes mundiales más importantes, entre ellos el señor Rodríguez Zapatero, que casi convirtió su asistencia en un casus belli. También hubo dos mujeres, esto es, algo así como el siete por siento de la cumbre. Está más que claro que la llamada Comunidad internacional es "andrócrata". Y estos son los avanzados. Cierto que también hay otros merluzos que dicen que el auge del feminismo es un negocio como cualquier otro por el que las mujeres duplican su beneficio, una parte como objeto de privilegios por ser minoría discriminada y otra en aplicación de la legislación de igualdad. Pero ese injusto spillover de las políticas de la igualdad, por lo que se ve, no alcanza a las cumbres, reinos incontrovertidos de la más próvida virilidad.

En todo caso la expectativa frente a la cumbre era extraordinaria porque iba a ser la reunión en que se dictaminaría qué clase de crisis es ésta y qué medidas pueden tomarse para encajarla, minimizarla, soslayarla. Sin embargo el resultado no fue muy notable como se prueba por el hecho de que dos meses y medio después de la celebración del evento prácticamente nadie se acuerde del piloto o el jefe de la misión ni de lo que quería. Era una reunión importante por su finalidad, consistente en poner en marcha los mecanismos adecuados para salir de la crisis. Nada menos. Fue un hecho típicamente "global": se dio en todo el mundo, pero no tuvo efecto en parte alguna. Al mando de la nao capitana estaba entonces Mr. Pato Cojo que ya sabía que no podía hacer nada porque su sucesor lo desharía en un par de meses, como está viéndose que hace con Guantánamo, las células madre, etc.

La memoria de aquella reunión no se ha conservado en la de la gente salvo, al parecer, en la idea de que si alguien puede sacar al mundo de la crisis son los Estados y en concreto los Unidos. Eso es lo que ha venido a repetir la declaración de la reunión anual de Davos, lugar en que se pasó una temporada Hans Castorp en la montaña mágica, y en el que se reúnen políticos, millonetis, famosos e importantes para asperjar sobre la humanidad expectante el maná de su sabiduría infinita. En la última reunión se ha decidido decir a los Estados que tienen que enderezar el mundo. ¿Quién? Los estados. El Estado.

El Estado. Quizá alguien debiera avisar al señor Aznar, antes de que le hagan una estatua en el Museo de Mme Tussaud como ejemplo de político freak.

La Cumbre de marras es el renacimiento del Estado. Un renacimiento quizá no, pero sí buena época para lo que el Estado sabe hacer muy bien que es la política y lo legal; medidas políticas y jurídicas. Si en estas condiciones en que los banqueros y los empresarios a una junto a los estadistas y los millonarios piden la intervención del Estado alguien dice que el error está en la intervención del Estado realmente tiene su aquel.

¿Qué tiene que hacer el Estado en primerísimo lugar? Darse cuenta de que una crisis de carácter global no puede resolverse en los marcos de los Estados nacionales, sino que hay que ir a un marco resolutorio (con condiciones distintas según los casos) de carácter global. Pero todo lo relativo a "gobierno mundial" en cualquiera de las vertientes es de escalofrío y confieso que no se me ocurre cómo se puede hacer ver como razonable algo que en verdad es de escalofrío. Por ejemplo, ayer se veían imágenes de trabajadores británicos manifestándose en huelga en contra de los trabajadores no extranjeros. Una de bravas pro el internacionalismo proletario. El socialismo mundial está a la vuelta de la esquina con esto de la crisis general del capitalismo. Esas cosas serán cada vez más frecuentes en la medida en que la crisis vaya haciéndose más general y difícil de tratar.

Seguramente el tercer milenio, al que no han llegado muchos de nuestra generación, extraerá experiencias y fijará conocimientos para casos extremos pero no considerándolos necesarios sin más. Eso de pensar la revolución como algo distinto del presente ha resultado en imposible. La revolución es hoy, ahora.

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

La retórica de ETA.

ETA ha hecho público un comunicado a través del diario Gara celebrando su cincuenta cumpleaños y afirmando que está dispuesta a seguir matando otro tanto o más. Sin novedad en el frente.

A esa posible matanza se sumarían llegado el caso los circunstantes para participar en la riqueza que ha traído la crisis. En dicho comunicado se dice que: "Quien anda en la montaña sabe que en el camino hacia la cima la última cuesta es la más dura. Pero desde la atalaya del tiempo sólo se puede concluir que cada paso dado nos ha traído hasta hoy. Lanzando una mirada a estos 50 años pasados, el camino de la lucha por este pueblo nos llena de orgullo a los militantes de ETA. La Historia llenará de honor esta lucha, alabando la generosidad de los militantes vascos". (Las negritas son mías).

Lindo párrafo; sublime, patriótico párrafo. Eso de la atalaya del tiempo es definitivo; suena como Las memorias de un setentón en cursi, aunque en este caso sólo se trate de cincuentones, no muy espabilados como se ve pero sí dados a la prosopopeya. ¿Y qué me dicen de lo que se concluye desde la atalaya del tiempo? Pues que cada paso dado nos ha traído hasta hoy. Como a todo hijo de vecino, salvo a aquellos a quienes cada paso dado ha traído hasta ayer o hasta mañana. Por ejemplo, el pato Donald.

viernes, 30 de enero de 2009

¿Han visto a esta chica?

Si la han visto, hagan lo que pide el cartel, por favor.

¿Cuestión de imagen? ¿Cuestión de estilo? Ambas.

Según los resultados del "Publiscopio" de Público de hoy el PSOE saca casi ocho puntos en simpatía al PP, mientras que según el sondeo/flash de Metroscopia para El País de hoy, el PP está ocho puntos por debajo del PSOE en intención de voto. Todo ello a un mes aproximadamente de dos importantes elecciones autonómicas y a pesar de que el Gobierno del PSOE se encuentra embarrancado en medio de una crisis económica sin igual, con aumento galopante del desempleo, empobrecimiento general, cierres en masa de empresas y muy oscuras expectativas. Sería normal que fuera al revés, que la oposición capitalizara el mal momento del Gobierno, subrayara sus fallos y fracasos y, proponiendo alternativas, se ganara el apoyo de la gente. Sería lo normal pero lo normal aquí no cuenta; y no cuenta porque la derecha proyecta una imagen destructiva de sí misma y lo hace con un estilo tan profundamente equivocado que parece habérselo aconsejado su peor enemigo.

En cuanto a la imagen no hay que discurrir mucho: son meses ya ofreciendo diariamente un espectáculo de bronca permanente, zancadillas, jugarretas de unos a otros, enfrentamientos, desplantes, ambiciones ocultas o sin ocultar, rencillas, venganzas, rabiosos personalismos con fraccionamientos clientelares que dan idea de una reyerta de pícaros y jayanes, y una organización carente de toda cohesión interna y no digamos armonía. Casi toda la responsabilidad de esta caótica situación recae sobre el comportamiento insolidario, arrogante y fraccionalista de la señora Aguirre cuya ambición sólo es comparable a su fabulosa falta de sensibilidad e inteligencia. Pero no se trata solamente de ella, aunque haya acaparado gran parte de la atención mediática con sus caprichos y manías personales. El PP es un hervidero de individualidades desajustadas, incapaces de mostrar entendimiento alguno y todas ellas desbarradas en uno u otro aspecto. Ruiz Gallardón, Mayor Oreja, María San Gil, González Pons, Dolores de Cospedal, Soraya Sáez de Santamaría, Javier Arenas, Rodrigo Rato, Camps e tutti quanti suenan como una polifonía destemplada en la que cada cual va a lo suyo como si apenas tuviera que ver con los demás. Si añadimos la batería de floreros chinos en sentido descendente (descendente de descender en todos los aspectos) como Fraga, Aznar, Acebes, Zaplana o Miguel Ángel Rodríguez, el guirigay se hace descomunal. ¿Cuándo se produjo la última declaración del señor Aznar que su partido no tuviera que ignorar piadosamente? Y en el puente de mando de este navío de orates el capitán Rajoy cuya presencia sólo se advierte por las veces y las voces que critican su ausencia, su indecisión, su inoperancia, sus silencios, su indefinición y falta de liderazgo.

Añádase a esa imagen de confusión y batiburrillo, de grescas por los puestos, las listas, los cargos, el fantástico episodio del zoco madrileño del espionaje, en el que una miriada de gentes de sombría catadura y dudosa moralidad a sueldo de politicastros encaramados en los nichos del poder de la Comunidad de Madrid llevan años vigilándose recíprocamente, fotografiándose a las escondidas, siguiéndose mutuamente y chantajeándose. Lo que se nos ha revelado recientemente es como un panopticón benthamiano vuelto hacia dentro de una zona de soplones, confidentes, testaferros, matones y gentes sin escúpulose en un mercado de informaciones con fines de extorsión, soborno o intimidación. Sobre la imagen del desorden, la de los mafiosos jugando sucio a base de dossiers es potencialmente destructiva.

La guinda ha venido a ponerla la sensación generalizada de que el PP es ante todo una estructura de clientelismo y corrupción local (caso Fabra) que alcanza su manifestación exponencial en la Comunidad Autónoma de Madrid, en donde el enchufismo, el amiguismo y el mangoneo parecen ser la esencia misma del gobierno de la plaza. La entrada de ayer en el blog de Ignacio Escolar, titulada La Comunidad de Madrid, una empresa familiar, muestra una estructura tan corroída por el nepotismo y el descarado reparto de gajes y prebendas entre familiares y amigos que no creo pueda ya resolverse por la vía estrictamente política sin intervención de la penal.

Con esa imagen la verdad es que los ocho puntos por debajo en intención de voto parecen poco. Pero es que hay más, mucho más. La comunicación política tiene dos pies: la imagen y el discurso. Y el discurso de la derecha es tan malo y tan suicida como el de la imagen. Corresponde éste a los periodistas y comunicadores en general adscritos o cercanos al PP o a sueldo de éste, bien directamente, bien por intermedio de instituciones públicas o privadas. Recuérdese que se trata de un partido en el que la pantalla que separa al político del periodista es porosa y francamente osmótica. Pero en algo coinciden todos, sean políticos que hacen como si fueran periodistas, periodistas que desempeñan cargos políticos o que influyen sobre los políticos en los cargos, les dicen lo que tienen que hacer y, llegado el caso, piden el voto para el PP incluso en los editoriales de sus periódicos; en algo, digo, coinciden todos: en su estilo bronco, agresivo, intimidatorio, faltón y en no escasa frecuencia, injurioso, como vienen determinando los tribunales.

Es un misterio quién haya dicho a los estrategas de la derecha, si es que los tiene, que ese estilo es acertado y conducente al éxito. Quizá lo fuera en la España de los años veinte y treinta del siglo pasado, muy dividida y enfrentada, pobre, ignorante, analfabeta y relativamente fácil de manipular. Pero los españoles de hoy son ciudadanos europeos ilustrados, respetuosos con el pluralismo, críticos, tolerantes, pacíficos, de cultura política democrática que nada tienen que envidiar a los italianos, franceses, alemanes o ingleses. A esos ciudadanos, el estilo abroncado, agresivo, insultante de los comunicadores de la derecha los pone decididamente en contra sobre todo cuando se dan cuenta de que no solamente se emplea en contra de los adversarios ideológicos sino también frente a los compañeros de tendencia pero de distinta lealtad y bandería. Los más soeces insultos los recibe el señor Rajoy en la COPE; los ataques más graves, en El Mundo. ¿Cómo diablos piensan que se pueden ganar elecciones con ese estilo?

Personalicemos por un instante la cuestión en el famoso locutor de la cadena espiscopal cuyo rábido discurso cotidiano en las ondas alcanza niveles que lo han convertido en el querellado permanente... de los de su propia tendencia. Sin duda esa feroz diatriba permanente encandila a una audiencia fiel de gente que se desayuna con él y le garantiza un caché elevado y saneados ingresos, pero ¿es rentable para la opción conservadora como partido e iglesia? El auditorio son unos dos millones y con dos millones no se ganan elecciones en España. En cambio ese estilo irrita y enemista a muchos más, gente que podría votar a una derecha centrista pero que huye despavorida cuando escucha que el centrismo es cosa de sinvergüenzas, proetarras, potenciales asesinos, etc. Es sorprendente cómo nadie cae en la cuenta de que esos dos millones de oyentes de la ración diaria de odio votarán al PP en todo caso porque son sus incondicionales, un baluarte pero que, a cambio, se pierde una cantidad incalculable de gente a la que repatea el estilo desaforado y generalmente injusto impuesto por los locutores de la COPE. ¿Por qué, si no, la SER dobla siempre en audiencia a la COPE? ¿Por qué El País tiene una difusión muchísimo mayor que El Mundo? Por una cuestión de estilo. Los medios de la derecha se niegan a reconocer este hecho paladino y, en su inimitable estilo, barbotan que los otros forman un monopolio "al servicio del poder" (prometo dedicar una futura entrada a esta curiosa prostitución del lenguaje por la que los medios de la derecha hablan del poder como si fueran anarquistas) cuando lo que es evidente es que pierden siempre la batalla de la competencia porque son de calidad inferior. Claro que, mientras se mantengan cifras rentables, aunque no sean las mejores, quedan asegurados los emolumentos de sus directivos e inspiradores que así no necesitan devanarse los sesos por conseguir lo que cualquiera trataría de hacer en buena lid: desbancar a la competencia siendo mejores que ella.

Dejo deliberadamente de lado la cuestión que tanta gente señala sobre la aparente disonancia entre el discurso de la cadena de la Iglesia y la doctrina evangélica porque es asunto que me resulta indiferente pues no creo que haya disonancia alguna. La doctrina evangélica de la Iglesia católica ha estado siempre cohonestada con la violencia fáctica o verbal. Otra cosa es qué efecto tenga a la larga en el seno de la propia iglesia el hecho de que las actitudes de la jerarquía en este campo cada vez estén más enfrentadas. Allá ellos.

Mi interés era explicar en el terreno estrictamente civil por qué el PP no puede ganar elecciones con esta imagen y este estilo. Suelen decir quienes acuñan la primera y gastan el segundo que eso es falso y que el PP ganó unas elecciones por mayoría simple en 1996 y absoluta en 2000. Pero lo falso aquí es esa conclusión: tanto en 1996 como en 2000 las elecciones no las ganó el PP sino que las perdió el PSOE. En cuanto éste se recompone y aunque caigan chuzos de punta, el PP, con la imagen y el estilo comentados, no tiene nada que hacer en la España de hoy.

(La imagen es una foto de Whiskeygonebad, con licencia de Creative Commons).

La cruda y poética realidad.

En una entrada anterior dedicada a una exposición de la Fotografía estadounidense de los años treinta y cuarenta de la Fundación Mapfre, titulada La mirada aviva la vida ya se anunciaba que la dicha Fundación pensaba dedicar sus salas de General Perón sólo a fotografía, llevando el resto del arte a Recoletos y que estaba prevista una monográfica sobre el gran Walker Evans. Héla aquí.

Son un par de cientos de fotos en gelatina de plata, puro vintage que me parecen estupendas, aunque a lo mejor luego llega me primo, que es fotógrafo, y dice que son una mierda. El tiempo va de fines de los años veinte a los sesenta del siglo pasado y la temática: Nueva York y algunas otras ciudades (sobre todo arquitectura, pero también escenas callejeras) de los States, como Chicago, el Sur y otras zonas en los años de la gran depresión y el metro neoyorquino, con media docena de copias de fotos tomadas en la Cuba de la dictadura de Machado.

A Evans, uno de los grandes de la fotografía de estadounidense, le ocurrió lo que a otros colegas como Steichen o Strand, esto es, que se impuso en el gremio rebotado de otra primera afición o vocación que no llegó a cuajar. La suya fue la literatura con la que, sin embargo, mantuvo una intensa relación. Cualquiera que vea las célebres fotos de los tipos humanos durante la represión, los paisajes en grises ominosos, los espacios abiertos en los que la esperanza está siempre allende el horizonte, los primeros planos de rostros con expresión ausente, hastiada, abofeteada por la vida, recuerda de inmediato Las uvas de la ira.

Evans, que trabajo más de veinte años como responsable de fotografía de la revista Fortune tenía una concepción de su arte hecha de sobriedad casi minimalista, economía de expresión, inmediatez y fuerza que curiosamente dan a sus creaciones una impronta simbólica que trasciende al tiempo y, cuando eso sucede, sabemos que estamos ante un clásico. Todo cuanto está vinculado a la época se esfuma y cuando uno pasea por la galería de las imágenes está uno viendo un torrente de significados que lo llaman directamente como si fueran parte de nuestra vida misma. Y lo son.

Negándose a poner la fotografía al servicio de una idea cursi e hipostasiada del arte, a bofetadas con todo lo que pudiera recordar el pictorialismo, Evans consigue fotografiar la realidad que lo rodea con una mirada cruda, ingenua, directa, simple, con la poética sencillez de un haiku japonés. Fabulosos esos rostros ausentes, fotografiados en el metro de Nueva York con cámara oculta, gente de ayer, de hoy, de mañana, las mil caras de la humanidad que se muestra al exterior con la mirada vuelta al interior.

jueves, 29 de enero de 2009

Educación para la ciudadanía.

Iba a subir una entrada sobre el fallo de la sala de lo contencioso del Tribunal Supremo acerca de la pretendida objeción a la Educación para la Ciudadanía (EpC) que orquestó la carcunda nacional en el acostumbrado intento de echar para atrás la marcha de la sociedad y el reloj de la historia, pero ese será el contenido de mi artículo de Público de mañana así que para no repetirme, remito al paciente lector a ese periódico. De todas formas, quienes estén interesados en consultar lo que Palinuro tuvo que decir en su momento pueden ir a la entrada del 23 de septiembre del año pasado, titulada El boicoteo a Educación para la Ciudadanía. Porque ese boicoteo, igual que la oposición a los matrimonios homosexuales han tenido la virtud de mostrar cómo en esta España perpetuamente dividida, despertaban y agitaban la calle las tendencias más obtusas de la coyunda católico-reaccionaria que, envalentonada por los incalificables años del Gobierno del señor Aznar, muestra que su apego a la democracia es contingente, circunstancial, táctico pues sólo admite que tengan presencia social sus ideas (si cabe llamar ideas a eso que tiene) y sus creencias que hay que imponer a todo el mundo, guste o no.

Pues eso, nos vemos en Público.

Espionaje y delito.

Esta madeja del espionaje en Madrid no solamente es ya un tinglado con que los granujas, los logreros, los sinvergüenzas, chantajistas y mangantes de toda laya han convertido a la capital del Reino en un patio de Monipodio sino que, mucho antes de que el señor juez instructor haya empezado en serio con su tarea, el asunto tiene una rotunda pinta de delito que se queda uno fascinado. Porque, vamos a ver: ¿lo soñé yo o la señora Aguirre dijo ayer, sin que nadie la desmintiera, que se había reunido con los señores Rajoy y González en 2006 para hablar de la investigación ilegal a que se había sometido a éste último con resultado de tremendo dossier sobre su vida y milagros así como los de sus deudos y allegados hasta la quinta generación? Y, si no lo soñé, sino que es cierto, ya esa mera reunión, que no terminó poniendo el presunto delito en conocimiento del juez es en sí misma un delito de encubrimiento a tenor del artículo 451, 2 del Código Penal que dice que lo comete quien "con conocimiento de la comisión de un delito y sin haber intervenido en el mismo como autor o cómplice, interviniera con posterioridad a su ejecución...ocultando, alterando o inutilizando el cuerpo, los efectos o los instrumentos de un delito, para impedir su descubrimiento". (Las negritas son mías). Y la pena prevista es de seis meses a tres años de prisión.

Bien, ¿no tendría que actuar de oficio el fiscal? ¿Nadie va a denunciar este presunto delito cometido por tres supuestos encubridores? Porque si el señor González presentó una denuncia hace unos días muy indignado es porque presume que se ha cometido un delito contra su persona pero da la casualidad de que ese delito ya se había cometido en 2006 sin que el principal afectado dijera entonces esta boca es mía, como era obligado ni de entonces acá se haya dado cambio alguno en los hechos presuntamente delictivos salvo que han trascendido a la opinión pública y ya no pueden ocultarse más. Pero ocultarlo es lo que intentaron los tres.

Entonces, ¿qué? Que hablen los penalistas: ¿es o no delito? Y si lo es, ¿cómo es que los señores Rajoy, Aguirre y González campan a sus anchas y van por ahí pregonándolo? ¿Hay ciudadanos por encima de la ley?

(La imagen es una foto de listentoreason, con licencia de Creative Commons).

Crisis, crisis, crisis.

Ya están en la calle los amigos de Trasversales con el número 13 de la 2ª época de invierno de 2008-2009 dedicado en gran medida, como habia de ser, a la crisis económica. El número está lleno de aportaciones sugerentes de provechosa lectura pero la velocidad de los acontecimientos, la rapidez con que se encadenan los desastres son tan pronunciadas que hasta los diagnósticos más acertados parecen irremediablemente anticuados en cuestión de semanas incluso de días. ¿Quién iba a decirnos al rojerío mundial que veríamos a los polloperas de Davos pidiendo árnica y reclamando la intervención del Estado como si fueran bolcheviques?

Cuando se hundió el comunismo recuerdo que el señor Pedro Schwartz publicó un artículo infumable que se llamaba De rodillas, comunistas. Tocado en su ego leninista, el finado Manuel Vázquez Montalbán contestó con otro que se llamaba De rodillas, liberales. Y por fin me decidí a intervenir en la trifulca con un tercero que se llamó De rodillas, nadie. Artículo que estaría dispuesto a reescribir a pesar de que son grandes las tentaciones de pasar por el morro a los neoliberales la cantidad de sinsorgadas y memeces con que nos han torturado en los últimos veinte años. No vamos a hacerlo pero, a cambio, ¿no podría alguien sugerir al señor Aznar que deje de hacer el más espantoso de los ridículos hablando como el catón de lo que no tiene ni repajolera idea?

Volviendo a Trasversales, hay un artículo de Justa Montero titulado "El aborto y la autonomía de las mujeres" que es una reelaboración de su comparecencia en la subcomisión de Igualdad del Congreso de los Diputados, pidiendo la exclusión del aborto del Código Penal y la intensificación de las políticas de prevención. Sin duda. Acuerdo total.

Vicent Maurí, en Ciudadanía acomete precisamente el asuntó que ayer zanjó el Supremo pero, como es un sufrido ciudadano valenciano, hablaba del esperpento montado por su presidente, Mr. Fields, pretendiendo que la asignatura Educación para la Ciudadanía se impartiera en inglés, pretensión que las movilizaciones populares le obligaron a comerse con patatas y espero que se le atraganten porque hace falta ser mamarracho para dar con esa idea.

Enrique del Olmo escribe un breve pero contundente artículo sobre El PP y la crisis que concluye diciendo que la política del PP ante la crisis es la de siempre: Reagan Thatcher, Friedman, Becker y Hayek. Obvio: que se lo digan al genio Aznar.

Agustín Lozano de la Cruz escribe un artículo sobre Memoria histórica: el rumor persiste que concluye con la frase optimista de Saramago: "Este movimiento ya no lo para nadie". No estoy tan seguro. Esto es España, Agustín, patria de gente como Aznar. Y hay muchos aznares. Millones.

Francisco González de Tena, en Carta a Zapatero: los acuerdos con el Vaticano pide al presidente del Gobierno que los denuncie. Sería estupendo pero los sociatas ya han dicho que ni hablar.

Rolando Astarita escribe un original artículo titulado Un argumento sencillo sobre la explotación revalorizando las explicaciones marxianas sobre el asunto.

Pablo Sánchez explica en No es la moral. Es el sistema exactamente lo que reza el título. Si lo tuviera que traducir a la jerga marxista diría que la crisis no es superestructural sino estructural o, si se quiere, para renovarnos, sistémica. Los sistemas autopoyéticos de Niklas Luhman se han ido a freír puñetas.

Aparece un texto de Ségolène Royal que es su intervención en no sé qué fiesta en Atenas el dos de octubre de 2008, titulado La izquierda, la globalización y la crisis financiera que ya nos contarán los de Trasversales por qué lo han metido, pues no dice nada que no sepamos todos. Y esa propuesta de que es el momento de la izquierda, que tenemos que actuar, proponer soluciones, etc, está muy bien pero debiera ella empezar por hacerlo porque eso de decir que hacen falta ideas ya lo decimos Groucho Marx y yo, además de ella misma.

Juan Manuel Vera en Primeras retóricas de la crisis analiza la etiología de ésta en los tres estadios que conocemos: a) burbuja inmobiliaria; b) crisis financiera; c) recesión económica y apunta a la posibilidad de dos soluciones igualmente funestas: de la crisis nos sacan las mafias al precio que es fácil imaginar o bien vamos a una posible deriva autoritaria con capitalismos de Estado. Interesante perspectiva pero ¿por qué hemos de resignarnos a que las "soluciones" nos las cocine el adversario?

Viene luego una muy interesante entrevista de Salvador López Arnal a Xavier Pedrol y Jordi Torrent sobre Cornelius Castoriadis muy matizada, muy interesante, sobre la complejidad del pensamiento del autor. Parte del interés de la entrevista reside en que los entrevistados no coinciden del todo en sus interpretaciones del pensamiento de Castoriadis, cada uno expone su versión y los lectores podemos hacernos la nuestra.

José Manuel Roca que parece va a publicar un libro sobre Nación negra. Poder negro saca aquí un trozo de un capítulo llamado Montgomery: la chispa que incendió la pradera que explica el origen de la lucha por la igualdad de derechos en los Estados Unidos a partir del caso de Rosa Park. El libro promete.

Sobre libros versa asimismo una crítica de Eduardo Mendicutti acerca de uno de Beatriz Gimeno que se llama El caso Dolores Vázquez: autopsia de la lesbofobia, sobre todo lo sucedido en torno al caso del asesinato de Rocío Wanninkopf. Por lo que dice, encomiástico, debe de ser un buen alegato sobre la lesbofobiafobia.

miércoles, 28 de enero de 2009

Todos contra todos o ¿por qué no se van ya?

¿Hay alguien en el PP que no espíe o sea espiado o ambas cosas a la vez? Según revela hoy El País, la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM) no alberga(ba) solamente una organización de espionaje sino... ¡tres!, mal avenidas entre sí y dedicadas la mayor parte del tiempo, al parecer, a vigilarse recíprocamente, sin perjuicio de otras chapucillas de seguimientos por los recovecos orgánicos del partido conservador. Y, por cierto, por lo que se lee en las informaciones, nutridas de verdaderos desechos de tienta en esto del espionaje.

Según van conociéndose los hechos de esta astracanada detectivesca que más que género negro parece marrón, las actitudes, ayer arrogantes, desafiantes y un pelín chulescas de los responsables políticos, van tornándose hacia la preocupación, el sobresalto y hasta el sollozo. ¿Pues no dice doña Esperanza Aguirre ahora que es una víctima y que políticamente van por ella? Lástima que esta aseveración merezca el mismo crédito que el monstruo del lago Ness. La victimaria que jalonó su carrera de víctimas reales, la que aniquiló a los sociatas en la CAM mediante el tamayazo, la que truncó sin piedad las ingenuas aspiraciones del señor Gallardón en repetidas ocasiones, la que ha tenido al señor Rajoy en una jaculatoria perpetua, la que se enfrenta al Gobierno de España día sí, día no, la que ha entrado a saco en el patrimonio colectivo de los madrileños privatizando en beneficio de los leales ¿dice ahora que es una víctima? ¿Espera que alguien la crea?

Seguramente alguno habrá. Sin ir más lejos, sus leales medios de comunicación a los que ha faltado tiempo para desenterrar otras actividades de espionaje en otros ámbitos del PP con encomiable sentido de la justicia distributiva. Así, Intereconomía, empresa privada de propaganda neocon en Madrid, afirma que el Alcalde de la capital tiene un servicio de inteligencia idéntico al de la comunidad.

Según El Mundo, quien se ha dedicado a espiar en Madrid ha sido la sede central del partido en la calle Génova y en concreto otro personaje verdaderamente pintoresco que emerge ahora de las sombras, fue tesorero del PP, según propia confesión "policía honorario" (¿qué diablos es eso?) y mano derecha de don Mariano Rajoy. Mira tú por dónde entramos en un brumoso y opaco lío que es el territorio en que gusta moverse El Mundo con alguaciles alguacilados, terroristas aterrorizados y espías espiados

Tiempo ha faltado al popular locutor de la COPE para adjudicar al hipotético chiringuito de espionaje de la calle Génova la siniestra condición jurídica de checa. Sí señor, a las cosas por su nombre y para qué andarse con pamplinas y rodeos. La tímida "Maricomplejines" resultó ser un cruce de los siniestros Beria y Vichinsky en cosa de horas por necesidades del guión. Y los oyentes, por cierto, a cambiar el chip al paso de la oca.

El mismo celebérrimo locutor en nómina del obispado acusa a un antiguo consejero de la CAM y actual fiel del señor Rajoy, el señor Alfredo Prada, un espiado más que denuncia o un denunciante más que espía, pues ya me pierdo en la madeja, lo acusa, digo, de haber tramado la muerte de la señora Aguirre y el señor Rajoy en un accidente de helicóptero cuando era responsable de seguridad de la CAM. No parece muy verosímil que el tal señor Prada tratara de deshacerse de una tacada de su jefa entonces y quien sería su jefe posterior pero lo que se me hace seguro es que el señor locutor va a encontrarse con otra querella por injurias y calumnias con lo que es probable que acabe pasando más tiempo en los tribunales que ante el micrófono.

No se dirá que este asunto no tenga un tufo indiscutiblemente español por lo liado, incomprensible, cutre, chapuza y de verdaderos besugos. Muchos, yo mismo en un principio, empezaron recordando el caso Watergate. Nequáquam: esto es el espionaje de Puerto Hurraco. En un típico ataque de demencia los protagonistas han decidido poner en marcha a todo trapo el aspersor du mot de Cambronne y ninguno de ellos va salir sin pringue.

En cuanto al impacto en la vida política española a dos meses de dos importantes elecciones autonómicas, no hace falta extenderse: cuando este nido de grillos venenosos, de conmilitones caníbales, de camaradas cainitas, de espías, contraespías, mentirosos, trapaceiros y vendechufas quiera haber arreglado algo del desastre tendrá encima las elecciones en las que se va a dar una castaña de campeonato. Y una recastaña en las europeas de junio. Para entonces la dirección del PP estará en almoneda y con todas las opciones abiertas, incluida la del intento de retorno del señor Aznar al que se opondrán a dentelladas los mismos que hoy lo llaman con la boca chica.

Esto promete.

(La imagen es una foto de pt, con licencia de Creative Commons).

Mal vamos.

Signo de los tiempos: en la blogosfera nada permanece, todo cambia, muta, se transforma, perece, resurge como el ave Fénix, se funde, se escinde, desaparece. Y con la crisis general, más y a más velocidad si cabe. Según parece, Yahoo! ha entrado en barrena con pérdidas de cientos de millones de dólares en los últimos meses. No fraguó su venta a Microsoft y ahora a saber qué será de este buscador y, con el buscador, la dirección de correo de muchos de nosotros. La mía es de Yahoo! desde el principio, desde los primeros años 90. Y me costará un disgusto tener que cambiar si las cosas llegaran a tan feo extremo: escribir cartas a mis contactos avisando de la nueva dirección, dejar de recibir los cientos de spams diarios que me llegan ahora, nuevos procedimientos y protocolos. En fin. No es muy grave porque, como cada quisque, también tengo cuentas en hotmail y google. Pero he sido siempre muy leal a Yahoo! entre otras cosas porque desde el principio me hizo gracia el nombre que venía a demostrar cómo las nuevas tecnologías no están reñidas con la cultura humanista y el buen gusto literario. Como todo lector de Las viajes de Gulliver sabe yahoo es el nombre que los sabios caballos del Viaje al país de los Houyhnhnms dan a los hombres en su aspecto más vil, salvaje, brutal y deforme.

martes, 27 de enero de 2009

Zapatero: preguntas y respuestas.

Mi amigo Carlos, quien me honra visitándome con asiduidad, suele decir que coincide casi siempre conmigo pero no en las valoraciones que hacemos de las comparecencias del señor Rodríguez Zapatero pues parece que hayamos visto comparecencias distintas. Veamos si nos sucede lo mismo con ésta.

En primer lugar hay que aplaudir que el presidente del Gobierno haya acudido al programa de Milá en la situación que estamos viviendo. Eso se llama "dar la cara", como él mismo dijo en un par de ocasiones. Sobre todo si es cierto que, como dijo Félix Monteira, director de Público, en el subsiguiente programa de 59 segundos, el señor Rajoy, invitado a acudir asimismo a otra sesión del Tengo una pregunta para usted antes o después de la del presidente del Gobierno, declinó la invitación hasta después de las elecciones. Gustará más, gustará menos, pero eso prueba que unos dan la cara y otros, no.

Continuemos: dio la cara con una sonrisa, tratando correctamente a todo el mundo (sigue tuteando al personal, cosa que no me gusta nada), siendo conciso y escueto en las respuestas y sobre todo, pertinente, manejando cifras y datos aunque sin agobiar.

Escuché a algunos directores de diarios en 59 segundos diciendo que habían visto a un ZP amilanado, agotado, sin fuelle, sin fondo, sin respuestas. Sobre todo el señor Marhuenda, director de La Razón y estrecho colaborador del señor Rajoy en una de sus etapas ministeriales. Estos señores no hablaban del programa real sino del que les hubiera gustado ver. No merece la pena seguir con ellos.

En un primer momento todas las preguntas giraron en torno a la crisis y el paro con una importante dosis de "solucióneme usted lo mío, señor Presidente". El señor Rodríguez Zapatero contestó de modo claro, explicó las causas y los rasgos de la crisis actual, las medidas que el Gobierno ha ido tomando pari passu con otros gobiernos occidentales. Y sobre todo llevaba muy bien aprendido el marco (frame) que quería colocar: el discurso optimista, de fe y confianza en el país, en la sociedad, en la capacidad de la gente. Eso lo bordó y se ganó al auditorio, incluidos los recalcitrantes, algunos de los que llevaban preguntas que hubiera podido formular la COPE.

Donde estuvo menos convincente, a mi juicio, fue en el intento de exculparse por haber seguido hablando de "ralentización" cuando la crisis asomaba su feo hocico en el horizonte. Pero es comprensible: todos tardamos en admitir la malas noticias. Y conste que lo digo tras haberme pasado varios meses entre diciembre de 2007 y abril de 2008 diciendo que parecía mentira que el gobierno no quisiera admitir que había una crisis como al final tuvo que hacer. Lo que sucede es que, al margen de la satisfacción que, al parecer, produce meter el dedo en el ojo a la gente, no se ve en qué hubiera mejorado nuestra situación si el Gobierno hubiera aceptado antes la hipótesis de la crisis porque no sabiendo por entonces cuáles eran sus rasgos específicos tampoco hubiera podido tomar medidas acertadas; lo que no quiere decir que éstas lo sean.

Hubo respuestas en que estuvo francamente bien. Por ejemplo la que dio a la pregunta, que llevaba el veneno evidente de ser pregunta obligada en los argumentarios de la derecha, sobre por qué no se levantó al paso de la bandera gringa en el desfile de 2002. Una respuesta estupenda que devolvió la pelota al campo de los fariseos de la bandera al decir que no era a ésta a la que objetaba sino a la guerra del Irak. Que era, es y seguirá siendo por los siglos de los siglos un crimen, una canallada y, además, una colosal metedura de pata.

Fue rápido, hábil y convincente en las preguntas sobre la inserción laboral de los discapacitados, el problema educativo y el abandono escolar, el mayor error que haya cometido en su mandato y sobre todo en materia de violencia de género, impago de pensiones de alimentos y otras cuestiones relativas a la igualdad/desigualdad. Sus respuestas fueron certeras y con datos firmes. En materia de igualdad de género, en la que su Gobierno ha hecho avances espectaculares, se le veía en su salsa.

Comentario aparte merecen las dos preguntas sobre el aborto. Ciertamente, el presidente respondió bien y salió muy airoso porque su posición es clara, profemenina y sin las habituales ambigüedades en este territorio. Ahora bien, ¿qué diantres pintaba un cura allí? Eso es lo que demuestra que la mentalidad carcunda sigue anidada en nuestra sociedad, incluida RTVE, porque si se excluye expresamente a gentes de partidos o que tengan una posición pública que obligue a pronunciamientos en un sentido u otro, ¿acaso la muy combativa y militante iglesia católica española no es el equivalente a un partido? Yo creo que es más que un partido pues la tengo por una secta pero no voy a discutir ahora por eso. ¿No podía haberse recurrido -si se quería guardar equidistancia en este delicado asunto- a un seglar antiabortista? En fin, un baldón sobre el programa.

Donde el presidente se pilló obviamente los dedos fue en la pregunta sobre las ventas de armas a países que no respetan los derechos humanos. El preguntador, que lo hizo muy bien, no le dejó escabullirse y lo acusó de hipocresía, puso de manifiesto el doble juego del gobierno socialista y el señor Rodríguez Zapatero, no pudiendo ser tan directo, franco y convincente como en las otras ocasiones tuvo que hacer un burdo cambio de marco pasando de la venta de armas a las tareas humanitarias de nuestras tropas en el extrajero que no venía a cuento ni nadie había discutido.

En resumen, fue una buena hora y media de programa que no se hizo larga en modo alguno. Todos han adquirido muchas tablas: el presidente desde luego que estuvo tranquilo, comedido y afirmativo y consiguió colocar el mensaje que llevaba. Pero también ha mejorado mucho el público: las preguntas bien formuladas, sin aquellos lamentables espectáculos de nervios, incisivas y claras. Por estar mejor hasta lo estuvo también el señor Milá, mucho menos admonitorio y, por lo tanto plasta, que otras veces. Cuando vaya el señor Rajoy, si se atreve a ir, lo tendrá difícil.

(La imagen es una foto de Público, con licencia de Creative Commons).

Las mentiras de Monseñor.

A propósito del autobús ateo dice Monseñor Rouco Varela, prelado ultramontano que preside la Conferencia Episcopal Española, que utilizar el espacio público "para hablar mal de los creyentes es un abuso que condiciona injustamente el ejercicio de la libertad religiosa". No puede evitarlo: cada vez que abre la boca miente. Los autobuses no hablan mal de nadie sino que se limitan a decir con gran prudencia y tacto que "Dios probablemente no existe". Eso no es hablar mal de nadie, ni siquiera de Dios, así que el cardenal, repito, miente, cosa que tiene estrictamente prohibida por la ley que dice profesar. Y hay más: los autobuses son espacio público que usan los anunciantes pagando. ¿Cuánto y a quién paga la Iglesia Católica por llenar las calles con sus procesiones religiosas o sus vocingleras manifestaciones políticas cuando quiere? Manifestaciones que ocupan el espacio público y en donde ya lo creo que se habla mal de mucha gente: del Gobierno sin ir más lejos a quien este mentiroso compulsivo acusaba hace poco de atentar contra los derechos humanos sin una sola prueba. ¿Cuánto y a quién pagan los curas que tañen las campanas de sus iglesias cuando les peta invadiendo el espacio público, el silencio público y la tranquilidad de los ciudadanos?

Es irritante la caradura de esta gente.

(La imagen es una foto de mermadon, con licencia de Creative Commons).

El machismo del Cavaliere.

Comprendo perfectamente la desesperación de mis amigos italianos. Si el presidente del Gobierno de mi país anduviera por ahí diciendo las sinsorgadas machistas y casposas que suelta il signore Berlusconi me declararía apátrida. A propósito de un caso de violencia de género dice il Cavaliere que deberíamos tener tantos soldados como chicas guapas. Carece uno de palabras para calificar a un menda así que da por supuesto que el hecho de ser una "chica guapa" te convierte en objeto de protección porque, claro es, los italianos son muy bravos. ¿Se puede ser más majadero? Es la mentalidad de: "Van provocando", "en el fondo les gusta", "qué más quisieras tú, guapa" propias de comisaría de tercera.

(La imagen es una foto de rogimmi, con licencia de Creative Commons).

lunes, 26 de enero de 2009

Desde Madrid con amor.

¡Qué espectáculo el de ese foro abierto del PP durante el finde! Un verdadero psicodrama que hubiera hecho las delicias de Jacob Moreno. Mientras los elementos bramaban en el exterior con vientos huracanados que embravecían la mar, quebraban árboles y derribaban edificios, los elementos internos, las pasiones, rugían con no menor fuerza en el cónclave conservador. Quien haya contemplado el saludo y recíproca sonrisa que se dedicaron la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM) y el alcalde de la capital habrá sentido el hálito gélido del odio, entrevisto el frío fulgor de las dagas, el ansia ominosa de la venganza. Los que cuarenta y ocho horas antes se acusaron en público de cometer delitos y se retaron ante los tribunales se sonrieron, se abrazaron, se besaron, se dijeron secretillos al oído y se sobaron bajo la mirada vacía e indecisa del líder nacional de su partido que no sabe cómo manejarse en esta pendencia de poderosos segundones, verdaderos sátrapas en sus respectivas jurisdicciones.

Finalmente la foto de la primera fila quedó para definitivo encuadre: el señor Ruiz Gallardon, el señor Rajoy, la señora De Cospedal y la señora Aguirre, todos ellos asistentes a un espectáculo que no les interesaba nada y concentrados en la sorda batalla que a estas horas tiene al PP de Madrid y el de toda España ensimismado y sin capacidad de respuesta.

El periódico que destapó el escándalo del espionaje político, El País, el órgano del infame felipismo-polanquismo-zapaterismo, siguió atizando la hoguera demostrando que el señor Rajoy ya estaba al tanto de las actividades de espionaje en la CAM desde ¡mayo de 2008! pero que, siguiendo inveterada costumbre, no hizo nada. Hoy mismo, el infame panfleto progresociata, empeñado en ocultar los fracasos del Gobierno, trae sabrosa información sobre qué exactamente hurtaron los espías que no existen del despacho de la CAM en el que no estuvieron: un dossier comprometedor para el consejero señor Granados que no tiene espías a sus órdenes ni jamás ordenó a nadie allanar despacho alguno en busca de información. Y el que lo afirme se verá en los tribunales, claro que sí. Que esa es la línea de defensa de los sospechosos de haber organizado un servicio de espionaje ilegal y haberse beneficiado de él: negarlo todo contra viento, marea... y pruebas y más pruebas.

La señora Aguirre entró dicharachera en el cónclave del PP bromeando con sus compañeros de partido y preguntándoles si no los había espiado "con lo todopoderoso que eres". Pues ella sabrá. Hay bromas que muestran poca lucidez. Sus aguerridas (nunca mejor dicho) huestes pasaron por la brecha, sobre todo ese inefable consejero de Sanidad, señor Güemes, cuya habilidad para repatear el estómago del noventa y nueve por ciento del personal con sus actitudes, expresiones y sonrisas es proverbial, saltó agresivo, como acostumbra, negándolo todo, poniendo en cuestión el crédito de El País y el del periodista, señor Mercado, responsable de la información y a quien espero que sus jefes hayan protegido suficientemente a la vista de cómo las gasta la pandilla sobre la que informa.

Bueno, sobra toda narrativa articulada: espionaje, seguimientos, cámaras ocultas, informes secretos, allanamientos de despachos, sustracción de bienes públicos, incendios de coches de extraña titularidad, dossiers, presiones, destituciones, sobornos, tamayazos... ¿Qué gente está al mando en la CAM?

Ayer mismo, en su discurso de clausura del florentino evento, el señor Rajoy se comprometió a conservar la unidad del PP "pase lo que pase". Que no lo diga muy alto porque se puede encontrar que lo que pase sea su pase a la reserva.

(La imagen es una foto de Whiskeygonebad, con licencia de Creative Commons).

El referéndum de Bolivia.

El 19 de diciembre de 2007 subí un comentario sobre el proyecto de Constitución que acababa de aprobar el Parlamento boliviano titulado Las dos Bolivias así que ahora puedo ahorrarme reiterarlo y vale con que resuma diciendo que la Constitución que ayer se aprobó en referéndum en el país andino es una de las las más avanzadas y radicales del mundo, si no la que más, amén de las más luengas, prolijas y normativas. Desconfío del exceso de normatividad y regulación. Normalmente oculta la intención de dejar que la letra sepulte a la letra y nada cambie en la realidad. En este caso puede ser muestra de un intento genuino de hacer justicia a la mayoría de la población boliviana, descendiente de aborígenes y tradicionalmente explotada y preterida. Esa será cuestión que zanje el tiempo. Pero habrá dificultades.

El texto consagra la oficialidad del español y treinta y seis lenguas indígenas en sus correspondientes territorios. Más lenguas que en Europa. Se me hace difícil ver cómo funcionará la administración del Estado en esta Babel. El de las lenguas es uno de los rasgos sobresalientes de las dificultades del nuevo ordenamiento constitucional. En lo básico éste consagra una descentralización territorial considerable con otra de carácter lingüístico-cultural pues reconoce los ordenamientos jurídicos indígenas consuetudinarios en el general boliviano manteniendo la autonomía de los primeros e integrándolos en la jerarquía de la administración de justicia hasta llegar al Tribunal Constitucional que estará compuesto paritariamente por magistrados de la administración ordinaria y los de la jurisdicción indígena campesina. Traza, pues, la Constitución un mosaico complicado de relaciones territoriales y culturales que se parece a la planta actual de Bélgica pero más enrevesada.

En todo caso, es la Constitución más progresista en la actualidad. Su parte declarativa en materia de derechos casi parece salida de un laboratorio del pensamiento más avanzado pues reconoce los de los indígenas, los discapacitados, etc y se amplía de los políticos, económicos y sociales a los culturales y medioambientales. Asimismo reconoce derechos colectivos a las comunidades indígenas.

En la entrada del 19 de diciembre de 2007 señalaba que una Constitución tan avanzada debería ser aprobada con sustanciosa mayoría. Desde entonces, como se sabe, Bolivia ha vivido momentos tumultuosos, con amenaza incluso de secesión de los departamentos orientales, los ricos en los que se concentra la oligarquía pero, al final, el referéndum se ha celebrado y, en el momento de redactar estas líneas, los sondeos dan una victoria del 60 por ciento en todo el país lo que probablemente quiere decir que será mayor en los departamentos occidentales de mayoría indígena que en los orientales. Lógico, además, si se tiene en cuenta que, con la Constitución también se ha aprobado una medida histórica que reduce la extensión máxima de los latifundios de las actuales 10.000 Ha. a 5.000, cosa que no gusta nada en la oligarquía.

Es decir, de hecho, la Constitución divide al país en dos y no es un buen comienzo. Pero ¿quién ha dicho que las causas justas tengan comienzos fáciles?

(La imagen es una foto de Jaume d'Urgell, con licencia de Creative Commons).

Los arcanos del poder.

Interesante trabajo el último que publica el conocido ensayista José Antonio Marina (La pasión del poder. Teoría y práctica de la dominación, Anagrama, Barcelona, 2008, 229 págs.) sobre un asunto complicado y peliagudo como es el concepto del poder cuyo examen satisfactorio requiere una perspectiva pluridisciplinar en la que se cruzan los enfoques filosóficos, jurídicos, politológicos, sociales, económicos e históricos, cuando menos. El de Marina es predominantemente filosófico pero no ignora que también es de utilidad aquí el psicológico por cuanto su concepción del poder, coincidente en cierto modo con la de Foucault, lo rastrea en todos los ámbitos del quehacer humano si bien él se propone tratarlo sólo en el aspecto social.

El análisis filosófico es muy sugestivo, aunque no me parezca que esté bien estructurado, y viene apuntalado con amplio recurso a citas de autoridad, señalando cuál es el ámbito preferente de estudio del autor. Los otros enfoques están más débilmente argumentados, el jurídico es casi inexistente, salvo una referencia a la dualidad poder constituyente/poder constituido, por cierto asimilada a la espinoziana entre natura naturans y natura naturata, y otra a la Grundnorm kelseniana y lo mismo sucede con el económico-organizativo, tratado en un capítulo sobre la empresa.

Inicia Marina su discurso recordando su teoría de los tres deseos que mueven al ser humano: el de bienestar, el de vinculación social y el de afirmación del poder del yo (p. 22). Esto lo lleva a afirmar que el estudio del poder es una travesía de la biología a la ética con tres grandes "saltos de fase" que son como el programa de su libro: 1º) la inteligencia humana convierte todos los deseos en insaciables, incluido el de poder; 2º) los mecanismos de dominación van haciéndose cada vez más simbólicos; 3º) aparece la necesidad de legitimar el poder (p. 25). Paralela a la idea del poder viene la de control (interesante reflexión sobre la palabra) porque para protegernos del poder no basta con querer abolirlo, cosa que nunca se ha hecho, sino que hay que controlarlo (p. 36), como ya quería Montesquieu para quien estaba claro que sólo el poder puede contrarrestar al poder.

Analiza Marina las relaciones entre el dominador y el dominado con atención especial al matrimonio y las diferencias entre poderes directos (inmediatos) e indirectos (mediatos) en una especie de cratología en la que aparecen los clásicos, Maquiavelo, Hobbes y los intentos de legitimar la guerra (típico poder inmediato y directo) a través de la idea de la "guerra justa", así como la tortura, considerada zona intermedia entre lo directo y lo indirecto. Aquí incluye el autor una consideración sobre el Marqués de Sade con la que coincido plenamente: "La admiración por Sade de intelectuales que lo inciensan como arquetipo de la libertad es uno de los más penosos episodios de la filosofía contemporánea y manifiesta un ramalazo dictatorial en muchos pensadores." (p. 72) . El poder inmediato es una cuestión de hecho. El mediato, como es lógico, utiliza medios entre los que cita Marina el de cambiar los sentimientos de un sujeto o un grupo y el de cambiar las creencias también individuales o colectivas.

El capítulo sobre el cambio de sentimientos está muy bien argumentado, yendo desde los más elementales, como el miedo, del que nos libera el Estado al decir de Spinoza y tambien Hobbes, pasando por los de furia, odio y resentimiento, todos los cuales son políticamente instrumentalizables, hasta llegar a los sentimientos morales, ámbito en el que anida la reflexión de Weber acerca de la obediencia al poder a través del sentido del deber (p. 93). El capítulo sobre los cambios de creencias me parece algo más confuso y tiene que ver con la política como espectáculo, la mitología del poder (consideración un poco a vuelapluma de Napoleón), el nacimiento de la opinión pública y la cuestión del adoctrinamiento (p. 107) todo lo cual no va muy allá.

El cambio de fase que verdaderamente interesa al autor y al que dedica casi la mitad del libro es el que se ocupa de la legitimación del poder y es el núcleo de su razonamiento. Deja constancia por referencia a Weber de la concepción subjetiva de la legitimidad que, como la del precio en la escuela austriaca, dice que es legítimo lo que la gente reputa como legítimo (p. 139). Pero no me queda claro si ello no le parece repudiable porque lo liga a una crítica frontal a la filosofía pomoderna que: "... con su aparente defensa del relativismo, su desprecio a los grandes relatos (incluidos, claro está, los grandes relatos de la emancipación), su amor por el pensamiento débil, acaba siendo la filosofía más apropiada para justificar sistemas totalitarios." (p. 142) Entiendo que las teorías subjetivas incorporan el peligro del totalitarismo del mismo modo que ellas acusan de totalitarias a las teorías objetivas. Se evade Marina de esta peligrosa dualidad objetivo/subjetivo postulando que todas las teorías de legitimación del poder son "ficciones necesarias" y postula lo que llama una "tesis escandalosa" (p. 143) cuando dice que hay una ficción excluyente e irrenunciable a la que llama "ficción constituyente" (p. 144) que, por lo demás, es lo que aporta la teoría clásica del "poder constituyente" al que le ocurre lo que al barón de Münchhausen, a quien Marina trae a colación al comienzo de su último capítulo sobre la "ficción necesaria" (p. 209), que tiene que sacarse a sí mismo del pantano tirándose de sus propios cabellos. Obsérvese, por lo demás, que esto pasa no sólo con la legitimación del poder, sino con todo el quehacer y pensar humano pues es lo mismo que se contiene en la célebre definición kantiana de la Ilustración según la cual el ser humano sale del estado de inmadurez en que se halla valiéndose de sus propias fuerzas.

En su tarea de rastrear los procesos de legitimación del poder, Marina se concentra en tres territorios: las relaciones amorosas, la empresa y el poder político de los que el primero y el tercero me parecen en verdad brillantes. En las relaciones amorosas se pregunta qué ha de haber en ellas para conseguir que no se manifieste el poder que es ubicuo (p. 148). Suena aquí el eco de la famosa definición de Adorno sobre el amor que viene a decir "eres amado sólo allí donde puedes mostrarte débil sin provocar un acto de fuerza". No soy capaz de traducirla más a mi gusto. El original, por si alguien quiere intentarlo, reza: Geliebt wirst du einzig, wo du schwach dich zeigen darfst, ohne Stärke zu provozieren.

Tras pasar revista al poder en la familia, la violencia doméstica, etc, Marina propone lo que llama un Nuevo Modelo de Poder (NMP) basado en cuatro ideas: igualdad basal, relaciones de poder de suma variable, movilidad de las posiciones de poder y aparición de un campo de empoderamiento (p. 168). Confiesa el autor que el término "empoderamiento" no le gusta; a mí tampoco y, además, la traducción de empowerment es "apoderamiento" o "habilitación". Pero el problema con estos términos es que acaba casi siempre consagrándose la acepción más simple (y errónea) movida por la indolencia o la ignorancia. Volviendo a la cuestión de fondo, ese NMP (que me recuerda el New Model Army de Cromwell) adolece a mi entender de un exceso de normativismo bienintencionado: la cosa "relaciones amorosas" y poder irá evolucionando, queramos o no, a medida que las mujeres vayan imponiendo los cambios que son causa y efecto de su habilitación o emancipación histórica. Y saldrá el sol por doquerrá.

El capítulo sobre el poder político condensa y entrelaza los hilos que Marina ha ido tejiendo a lo largo del libro. La democracia es el mejor procedimiento para gestionar el poder porque se ajusta a su NMP (186), aunque se hace eco de algunas quejas sobre el carácter poco satisfactorio de los partidos políticos e incluye una referencia a la cuestión de las listas electorales (p. 187) que no es especialmente oportuna dado que en la multiplicidad de democracias que hay en el mundo se dan listas de todos los tipos y en el libro no se trata solamente de la democracia española. Aborda aquí de nuevo la cuestión de la legitimación del poder y tras avisar del riesgo de la legitimación carismática (que puede derivar hacia monstruosidades como el Führerprinzip o la doctrina del caudillaje, p. 193/194) acomete las otras formas (no las de la clasificación weberiana tradicional), en concreto la doctrina del derecho divino (p. 196) y la de la soberanía, elaborada por Bodino (p. 197), tan insuficientes en su capacidad de fundamentación como los otros conceptos que el autor pone al mismo nivel que el de soberanía si bien se trata de sus titulares, esto es, el Rey, el pueblo y la nación, de los que los dos últimos son construcciones tan arbitrarias como el principio mismo de soberanía de cuya titularidad se invisten (pp. 201-202). El concepto de soberanía implica una paradoja ya señalada por Agamben (p. 205) por cuanto toda Constitución, emanación de un poder constituyente implica una petición de principio que algún teórico reciente, como Antonio Negri, ha equiparado a la teoría del Big Bang, dentro de la más acrisolada tradición de la idea del poder Constituyente que es, en definitiva, el absurdo que llaman los filósofos causa sui y que Schopenhauer relacionaba precisamente con el barón de Münchhausen.

Así concluye Marina su muy interesante indagación: "Se lo diré en plata: la soberanía, como todas las demás ficciones, tiene su origen en un acto de la vluntad creadora, que aparece así como el fundamento último de todo el sistema jurídico y político" (p. 207). Por supuesto, como todo lo humano: ficción necesaria.

domingo, 25 de enero de 2009

Estado de la limpieza étnica en Palestina.

Ahora que los sionistas han puesto fin momentáneo a sus bombardeos sobre Gaza indefensa; ahora que la "comunidad internacional" ha empezado a hacer lo único que se atreve a hacer: convocar conferencias de donantes para reconstruir lo destruido por los sionistas con cargo a los contribuyentes; ahora que el nuevo presidente de los Estados Unidos ya ha dejado oír su voz de respaldo sin fisuras al derecho de Israel a defenderse, o sea, a masacrar civiles palestinos a mansalva; ahora que prosigue el bloqueo israelí a Gaza, se puede hacer balance de cómo lleva Israel su política a largo plazo de limpieza étnica de Palestina y de despojo de los territorios palestinos. La ilustración es suficientemente significativa y habla por sí sola acerca de cómo los palestinos han perdido prácticamente todo el territorio que venían habitando desde tiempos inmemoriales. La última etapa, correspondiente al año 2000 deja ya claro cual fue el propósito originario de Israel, a qué se ha dedicado todos estos años y qué finalidad perseguía el último ataque a Gaza, planeado minuciosamente hace meses: despojar a los palestinos de las tierras miserables que aún les quedan, encerrarlos en dos o tres campos de concentración (Gaza y los dos en que probablemente partirán Cisjordania en los próximos años: norte y sur). Y todo lo más que permitirán que se erija en esos campos de concentración serán bantustanes, al estilo de los que montaron los racistas sudafricanos del Apatheid. Jamás un Estado palestino independiente y viable.

Para comprender UPD.

Leo que la señora Rosa Díez reparte mandobles en todas direcciones y considera una desgracia que coincidan a la vez el peor Gobierno y la peor oposición. Es un misterio por qué lo considera "una desgracia"; debiera felicitarse por ello puesto que así, llegado el momento, la gente acudirá en masa a votarla a ella y a su formación política que son los únicos que, al parecer, saben qué es lo que hay que hacer.

Yendo ya hacia el año de la legislatura, es razonable reflexionar sobre qué significa la presencia de UPD y de la muy activa señora Díez. Y no es difícil: es la presencia del populismo. Un populismo que empieza por el nombre de la formación, UPD, que rehúye el término "partido". Los partidos son la bicha de los populistas, empeñados siempre en que ellos hablan en nombre del pueblo y no de una miserable facción. Así empezó también el señor Fraga, fundando algo que se llamó "Alianza Popular". Alianza, Unión... la idea es siempre la misma: que no los asimilen a un partido. Aquella Alianza mutó luego en una Coalición Democrática y sólo al final, habiendo aceptado las convenciones democráticas y aferrados al éxito del Partido Popular Europeo, los conservadores admitieron el odiado término. UPD, no. Ellos no son un partido; son la Unión, el Pueblo, el Todo. En fin...

O la Nación. UPD nace como un issue party o partido monotemático: la defensa de la nación española frente a los nacionalismos disgregadores. Es un tema que, en efecto, cuenta con amplio respaldo electoral en España, donde hay cierto hastío ante lo que se ve como quejas, agravios, reclamaciones y atropellos permanentes de aquellos nacionalismo periféricos. Se configura así como un partido nacionalista en defensa del supuestamente agredido pueblo español. Su segunda raíz populista.

Pero ese carácter monotemático no es suficiente para diferenciar a UPD de un mero grupo de presión. Si, como sucede de hecho, funciona como partido, la gente quiere conocer qué piensan UPD y la señora Díez, que es la única que habla, de los demás asuntos que pueblan la vida política. Y aquí es donde de nuevo sale la, tercera, veta populista: el partido se define a contrario de los otros dos nacionales con una negación dual: no vale la derecha ni tampoco la izquierda. UPD no es de derecha ni de izquierda. Como casi todos los populismos y dejo ahí la comparación por no encontrarme con i soliti ignoti. ¿Y cómo se puede no ser de derecha ni de izquierda? Lo primero que uno piensa es: siendo de centro. Pero UPD rechaza expresamente el discurso centrista que es siempre moderado y circunspecto en tanto que ella, la Unión, tiene puntos de vista muy radicales en el monotema como reformar la Constitución y los estatutos de autonomía que sea necesario para retrotraer el Estado de las Autonomías a una fórmula menos centrífuga. El populismo no suele ser de centro sino que se considera por encima de la divisoria izquierda/derecha. Así es UPD: está por encima, al margen de la división tradicional y los partidos tradicionales no la entienden.

Y es que hay poco que entender porque en los demás asuntos programáticos que no son la Nación Española reina la más alegre de las indeterminaciones, como en los buenos populismos. Por ejemplo, sostiene la señora Díez que el PSOE está llevando una política económica fracasada. ¡Cáspita! Teniendo en cuenta que la política económica del PSOE es en lo esencial la misma que la de los demás países avanzados, incluidos los Estados Unidos, resulta que según la señora Díez todo el mundo se equivoca... menos ella, es de suponer. Sería bueno que, a su vez, expusiera las líneas maestras de una política económica que no fracase. Pero no haya cuidado porque nunca sucederá; los populistas no suelen tener propuestas positivas concretas en nada.

A su vez, la crítica de la señora Díez al PP no es más afortunada sino que es una mera e inadmisible argumentación ad hominem (aunque se trate de un partido), diciendo que está "cargado de complejos y de hipotecas y que no es alternativa de nada". Es como si alguien dijera de la señora Díez que está cargada de ambición personal, de narcisismo y de resentimiento contra su viejo partido cuando no sólo no consiguió que la eligieran para la Secretaría General sino que obtuvo una cantidad ridículamente baja de votos.

(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, con licencia de Creative Commons).

Caminar sin rumbo (XXXVII).

La verdad siempre se sabe.

(Viene de una entrada anterior de Caminar sin rumbo (XXXVI), titulada Conociendo a la gente.

La cena, que consistió sobre todo en ajiaco con arroz y aguacate, muy bien cocinado el ajiaco, transcurrió apaciblemente. Hubo que dar de cenar al crío mayor, antes de que se fuera a la cuna y volver a amamantar al rorro antes de llevarlo al cesto, porque todavía dormía en cesto, de lo crío que era. Y entonces los mayores pudieron relajarse. Fumaban los dos que es cosa cada vez más insólita en estos tiempos en que tanto ha calado la campaña antitabáquica. Efectivamente parecía buena gente. Ivvy esperaba encontrar trabajo en alguna clínica dental de la ciudad y, si no tenía suerte, consideraba la posibilidad de trabajar en lo que fuera ya que no están los tiempos para andar con miramientos. Eugenio parecía a gusto con ellos. Debió de tratarlos bastante cuando la clínica veterinaria. Ahora se mostraba muy interesado en averiguar cuestiones generales de la inmigracion, cuestiones del debate político: si la inmigración pone en peligro los puestos de trabajo, lo que no podía ser más falso porque, cuando hay puestos de trabajo es porque los españoles no los quieren y cuando no los hay, no los hay para nadie. La cuestión que suscitó mayor debate fue la de la posible relación entre inmigración y delincuencia. El cincuenta por ciento de las mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas son inmigrantes, lo cual contrasta con el hecho de que la inmigrante es la décima parte de la total en general. La inmigración no es criminógena, está claro. Es la condición emigrante, lo curioso en el comportamiento emigrante, esa conciencia de saberte extranjero en cualquier caso y en todo momento. El hecho era que entre Hamilton e Ivvy todo lo que se hablaba en la cena era sobre la emigración o a causa de la emigración. Imaginé lo que sería veinte años después, cuando hayan crecido los hijos pero el horizonte cultural de estos sea español; tendrán que aparecer otros temas. De hecho ya los hay. En casi todos los asuntos de la vida ordinaria el matrimonio sonaba a Juan Español. Él era tan castizo que utilizaba expresiones como "el españolito de a pie". La condición inmigratoria aparece cuando hay algo que reivindicar, algo de lo que quejarse o denunciar. Entonces sí, se muestra una misteriosa fuerza colectiva que se llama la "emigración" capaz, se suponía, de cualquier cosa. De modo que determinado acto administrativo no sería, digamos, un inconveniente para Hamilton Ayuzo que no quería hacer mal inmigrante sino que era una afrenta que se infligía a la "emigración".

Siempre he sostenido que cuanto mayor es la inmigración en un país, mejor para él. En tiempos de pleno empleo, por supuesto. Cuando hay paro, la cosa de la inmigración se pone más difícil, surgen los enfrentamientos y los conflictos y es raro que no sea así porque la competencia es muy dura. En tiempos de prosperidad los países actúan como sifones, absorben mano de obra extranjera; pero cuando llegan épocas de crisis y paro galopante la situación de esa misma mano de obra se hace muy precaria puesto que el trabajo abundante que había venido a buscar ha desaparecido. Por eso Eugenio decía a Hamilton que tenía que darse con un canto en los dientes por haber encontrado aquel empleo en el ayuntamiento, pero el colombiano le contestaba que no las tenía todas consigo. Hasta que no saliera la plaza convocada no las tendría todas consigo. Habían encontrado aquel chalet muy acomodado de precio pero ni locos iban a meterse en una compra, que era la idea que acariciaban en tanto no tuvieran una situación más estable.

Sí, era buena gente, gente de paz que quería trabajar, formar una familia, criar los hijos, prosperar razonablemente, el sueño de miles de millones de personas en el mundo, el más común de la humanidad. Y un sueño que en amplísimas partes de la tierra, en continentes enteros era irrealizable y en otras no muy seguro y hasta en la parte fetén del mundo, esa que va dando lecciones por ahí de cómo se progresa en sistemas políticos libres y estables con economías prósperas, puede verse repentinamente en el alero a causa de algún tipo de cataclismo financiero o bursátil.

Así lo iba razonando al día siguiente en el coche, ya en la carretera de vuelta a Madrid con Eugenio quien, tras sopesar la idea de quedarse un par de días en casa de los colombianos, decidó que se volvía conmigo.

- Que sí, que sí, mola mucho eso de la "parte fetén del mundo", tío. O sea, nosotros, que no tenemos nada que ver con los pringaos de las otras partes. Porque somos nosotros, nada menos, lo más guay, que las pillamos todas en el aire, ¿vale? Lo que más me divierte es la seguridad con que salen unos mendas por la radio, la tele, o sea los media, dando la impresión de que saben de lo que hablan cuando hablan de la cosa política, económica, social.

- ¿Crees que no lo saben?

- No tienen ni guarra. Te sueltan un discurso que varía en los detalles, según sean más de derechas o más de izquierda y se quedan como dios. Bueno, yo ya no me trago nada de eso y me monto mi rollo con mi gente, que estamos en el movimiento alterglobalizador.

- Que no es un movimiento.

- ¿Cómo que no? Claro que es un movimiento porque se mueve.

- Pero no tenéis organización, estructura, cauces institucionales.

- Es que eso es lo que hace que el movimiento se detenga, la institucion.

- Vale y ¿qué va en su lugar?

- Nada. ¿Por qué ha de ir algo? Esta es la época de las comunicaciones globales en tiempo real. Yo puedo estar comunicándome ahora mismo, es más, lo hago, con un colega de Hong Kong y otro de Sao Paulo y todo para coordinar acciones del movimento que es movimiento pero que está fragmentado en multitud de entes que se interrelacionan en ese mundo virtual que coexiste con el real en forma de red.

- Un movimiento que es una malla que envuelve el planeta. No creas que me cueste imaginarlo. Lo entiendo muy bien; yo vivo en él, aunque no me considero parte de movimiento alguno. Lo veo funcionando en los espacios sociales virtuales cuando de pronto aparece uno en la pantalla diciendo que se ha hecho seguidor de la doctrina del Satyagraha de gandhi y que hace el número cientocincuentaysietemil. A veces me apunto a alguna de esas cosas. Apuntarme y ya está, no creas. No vuelvo a oír hablar de ello. Pero, además de moverse, el movimiento se mueve en una dirección con un propósito. ¿Cuáles son las del movimiento de alterglobalización, por ejemplo?

- No lo sé. Creo que no lo sabe nadie. Andamos buscando, pedimos cosas razonables como la tasa universal sobre transferencia de capitales o la práctica del comercio justo, aunque no tenemos una idea clara de cómo se pondrían en práctica. Algunas cosas son más etéreas pero no menos importantes. Por ejemplo, hay que someter el capital a control democrático, o sea el cascabel al gato. Pero, en todo caso, te juro que la claridad o practicabilidad de los objetivos del movimiento no son la razón por la que uno se implica en estas cosas, al extremo de desplazarse a otra ciudad unos días para asistir a una manifa alterglobalizadora o un boicot de algún tipo.

- Que es lo que haces tú.

- Bueno, sí, y lo que me propongo hacer ahora. Por eso quiero el año libre. Para vivir la vida cotidiana según las convicciones que compartimos en el movimiento.

Así que era eso. Me había costado varios días y un viaje a Melilla con escala a la vuelta en Jerez de la Frontera pero al final me había enterado del motivo de Eugenio para querer interrumpir los estudios que tan nervioso tenía a Daniel. Hicimos alto en Puerto Lápice para estirar las piernas y comer un bocado.

- O sea, que quieres suspender un año los estudios para llevar vida de altermundista, quizá hacerte de alguna ONG...

- Quizá, sí, no es seguro; pero sí, eso es.

- ¿Puedo contárselo a tu padre así mismo?

- No, si él lo sabe. Lo que sucede es que no lo entiende, que no es igual y por eso te ha embarcado a ti en la operación.

Me dejó un poco perplejo, pensando mientras comía una paella grasienta que había pedido en maldita la hora. Eugenio, entretanto, había vuelto al caso de Hamilton e Ivvy y seguía hablando de los problemas de convivencia multicultural en nuestras sociedades, sobre todo en las poblaciones pequeñas en que todo el mundo se conoce. El mestizaje es complicado. Porque uno está acostumbrado a que un cruce de calles de la capital de España o de algunas de sus grandes ciudades, como Barcelona sea una concurrida y abigarrada mezcla de colores, atuendos, acentos y lenguas, pero ya no es tan frecuente que eso mismo se dé un poblaciones más reducidas, como Torrelaguna, por ejemplo, en donde conviven chinos, suramericanos y moros con los españoles y todos siguen conociéndose.

Apenas lo escuchaba porque pensaba en la conversación que tendría con Daniel. Así que, decidido a poner término a la tarea, hice una seña a Eugenio, me levanté de la mesa y marqué el móvil de Daniel que no podía hablar porque iba conduciendo pero que puso el manos libres y me preguntó que cómo iba todo, que en dónde estaba y qué había pasado con Eugenio. Le dije que su hijo quería pasar un año haciendo de alterglobalizador y que me había dicho que él ya lo sabía. Dijo que sí pero que no se lo creía y que quería averiguar si era en serio.

- Me ha dicho que tú no lo entendías.

- Pues claro que lo entiendo. Lo que quería saber es si era una excusa para otra cosa, si me estaba diciendo la verdad que con los chicos nunca se sabe.

Es verdad, nunca se sabe por qué hacen los hijos las cosas que hacen. Cuando regresé a la mesa, Eugenio estaba en el postre.

- ¿Estáis ya de acuerdo las dos autoridades paternas? ¿Cuento con vuestra aprobación?

La verdad es que me lo había pasado bien con Eugenio y que aquel absurdo viaje de ida y vuelta a Melilla había resultado agradable. Me gustaba el chaval porque era franco, directo y nada tonto con puntos de vista muy agudos que con mucha frecuencia me pillaban con el pie cambiado y haciéndome defender cosas con las que en realidad no estaba de acuerdo. Una verdadera experiencia, como si estuviera uno poniéndose a prueba en cada instante. Habíamos hablado de muchísimas cosas, de mayor o menor fuste, por supuesto mucho sobre emigración y también sobre la juventud, los amores, los planes en la vida, el Derecho como vocación, las varias corrupciones del tiempo, El Rojo y el negro, que ya estaba acabando, con Julien Sorel camino del cadalso, la vida de familia, el orden mundial, la justicia, los recuerdos, la mentira, etc. Al hacer el balance final de los temas de conversación me sorprendió con uno que no me esperaba. Quería saber cómo nos habíamos conocido su padre y yo y qué tal nos llevábamos. Si, su padre se lo había contado alguna vez pero ahora quería oír mi versión. Eso me llevó a recordar los tiempos del servicio militar. Le dije que la mili es el tema que prefieren los mayores para aburrir a los jóvenes pero me contestó que no me importara, que escucharía con dedicación.

Lo primero que había que explicar era el servicio militar obligatorio porque, desde que el ejército es voluntario, aquel ya no era algo tan universalmente conocido en la sociedad. Cuesta hoy entender qué significaba que el Estado tuviera a varios miles de reclutas en un campamente de instrucción enseñándoles a desfilar gallardamente, saludar a la bandera con corrección militar, limpiar el correaje, las cartucheras y el arma que te hubiera correspondido para que brillaran como los chorros del oro, hacer marchas kilométricas, correr a paso ligero por la explanada, etc. Era la iniciación a la vida castrense. Daniel y yo no nos habíamos conocido en el Campamento de instrucción sino en el cuartel que nos había tocado después de la jura de bandera, un regimiento de carros de combate en las afueras de Madrid, a la altura de Campamento, en la carretera de Extremadura. Aquello era otro mundo.

Así que enfilamos el último tramo de carretera hacia Madrid hablando del ejército.

(Continuara).

(La imagen es una viñeta de Aubrey Beardsley, 1894).