domingo, 30 de noviembre de 2008

Camps, el patriota.

Los valencianos se le echaron ayer a la calle al señor Camps para protestar por su peregrina decisión de que las clases de Educación para la Ciudadanía (EpC) se impartan en inglés. Trataré de hacer algún comentario constructivo sobre este absurdo pero que quede claro que es una decisión absurda, disparatada, como de chiste, propia de una tradición de astracanada, farsa y esperpento, más adecuado al mundo de los ninots que de las decisiones políticas de una sociedad racional y avanzada.

Quiere el señor Camps, imagino, boicotear EpC porque está de acuerdo con la señora Aguirre, el PP en general, los curas y demás partida reaccionaria en la idea de que una asignatura que existe en los planes de estudio de todos los países avanzados desde hace décadas, esencial para contribuir a la formación de ciudadanos/as, es puro adoctrinamiento laico-rojo-masón o algo así de necio. Son los de la Formación del Espíritu Nacional, los de la religión obligatoria y evaluable los que toman la crítica del adversario y tratan de volverla contra él porque ni criticar saben. Los únicos que han tratado de adoctrinar durante años, decenios, siglos han sido los totalitarismos fascista o comunista y la Iglesia católica y lo que les fastidia de EpC es que fomente la aparición de ciudadanos/as con espíritu crítico, que la gente piense por su cuenta en lugar de ir a que le diga Monseñor Rouco qué tiene que pensar.

Hay otro aspecto más sórdido en esta estúpida decisión sobre EpC, uno que afecta al sentido de la ciudadanía y hasta del patriotismo. Sabido es que la lengua no es un mero accidente, un fenómeno contingente de una comunidad, sino que es parte esencialísima de la conciencia de colectividad, su fundamento mismo. La identificación con la nación y la patria se siente, se piensa, se racionaliza; pero los sentimientos, pensamientos y razones sólo pueden formularse (y comunicarse) mediante palabras, que son la lengua sonada. El español o castellano y el valenciano son las dos lenguas maternas de la Comunidad Valenciana, el marco de referencia lingüístico en el que se articula la conciencia nacional de sus habitantes como españoles, valencianos, hispano-valencianos y valenciano-españoles. Pretender que se articule en una lengua foránea es de hecho impedir que se haga. ¿Cómo se explica eso en un político, Mr. Fields, perteneciente a un partido, el Folk Party, que acostumbra a baquetear al prójimo con la patria y la nación española? Sencillo: se explica porque no dan un ardite por la nación que invocan ya que sólo les importa su interés de grupo, facción o partido que pretenden imponer sobre el interés nacional o general, dinamitándolo si es necesario.

La decisión de Mr. Fields, además de estúpida, boicoteadora, absurda y esperpéntica es arbitraria. La arbitrariedad es la esencia de la tiranía. El cartel de más arriba es muy justo. Pero, además, dado que la Constitución afirma en su artículo 9, 3 que "La Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos", es cosa de preguntarse si el Gobierno no cree sea llegada la hora de impugnar por inconstitucional la norma del gobierno de Mr. Fields.

Lo que Mr. Fields tenga de patriota lo tengo yo de cura.

(Las fotos corresponden a distintos momentos de la manifa en contra de Mr. Fields, en un vídeo de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

Aguirre, la brava.

La señora Aguirre salió por pies de Bombay, sin pararse a recoger las deportivas con las que pisó sangre ajena y sin quedarse a saber qué había pasado con sus compañeros de gira. Es decir, en román paladino: recurrió al sálvese quien pueda, puso pies en polvorosa, escurrió el bulto, se escabulló, se escaqueó, se dio el piro, salió de naja, huyó como alma que lleva el diablo del lugar de la quema.

Ese comportamiento dictado por el pavor irrefrenable es comprensible porque no todos los seres humanos están obligados a ser héroes y estoy seguro de que la opinión pública no se lo hubiera tomado a mal. Al fin y al cabo la señora Aguirre tuvo una reacción instintiva de supervivencia y las gentes tenemos la prudencia también instintiva de no saber lo que habríamos hecho nosotros en su lugar por lo cual nadie la hubiera juzgado. Sobraban pues algunas explicaciones que he leído por ahí acerca de si la señora Aguirre es una dirigente y la vida de los dirigentes tiene una importancia suprema, lo que justifica que se la protega especialmente retirándola a toda pastilla del lugar de peligro. Este razonamiento huele a justificación de lacayuna. Hubiera sido mejor no formularlo.

Lo malo es que, además, otros edecanes pretendieron dar la vuelta al calcetín, hablando de la presencia de ánimo de la mandataria, de su decisión y coraje para indicar el camino de la huída y hasta de su portentosa baraka que la asimilaría al caudillo invicto. Eso ya estaba peor aunque también era comprensible en este perro mundo. Si quien te da las licencias de televisión y otros momios incluso saltándose la legalidad está en un apuro es lógico que se le eche una manita. Cosa que hicieron obsequiosos en El Mundo y la COPE. Es de bien nacidos etc, etc.

Lo malo, lo realmente malo es que haya sido la propia Aguirre quien, apenas aterrizada en Madrid en su precipitada huida, se haya puesto a largar por los medios, ensalzando su bravura, su clarividencia y decisión, su capacidad para orientar a los demás. Que el cobarde y el desertor comparezca después de la batalla a que le pongan la medalla al valor demuestra que esta señora, además de carecer de coraje, carece de vergüenza.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

Múgica, el listo.

Según el señor Múgica, Defensor del Pueblo (pobre pueblo), quienes somos antitaurinos somos tontos. Añade que hace falta una "sensibilidad especial" para disfrutar de las corridas de toros. Si, una sensibilidad de paquidermo y una inteligencia acorde con las sensibilidad. La que tenían los romanos que asistían a las luchas de gladiadores en el Circo. Nadie defiende hoy aquellos espectáculos inhumanos. En el futuro nadie defenderá las corridas de toros, salvo el señor Múgica de deslumbrante inteligencia. ¿Han visto algún vez a alguien con sensibilidad especial diciendo que tiene sensibilidad especial? ¿Y a alguien inteligente llamando tontos a quienes no coincidan con él en cuestiones de gusto? Pues eso.(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

Caminar sin rumbo (XIX).

¿Por qué no?

Apenas pude disfrutar de las lujosísimas comodidades del Cadillac porque la inquietud no me dejaba tranquilo. Se me acumulaban las incertidumbres. Estaba sentado junto a un asesino y, al parecer, me encaminaba a un almuerzo con media docena de tiparracos de parecida ganadería a los que no conocía de nada. Eso era lo que más me molestaba. No tenía ni idea de qué actitud tendría que adoptar o a qué situaciones debería adaptarme. Porque a la postre Vlam era lo que era y había hecho lo que hubiera hecho pero yo lo conocía, me era familiar; incluso más que familiar. El trato continuado a lo largo de tantos años nos había acostumbrado el uno al otro. Probablemente habíamos ido cambiando en el curso del trato porque nada vive que no cambie y habíamos ido incorporando esos cambios a la imagen y opinión que cada uno se hacía del otro y a las que ajustaba su conducta. Así lo hacemos todos para posibilitar la convivencia. A veces se producen rupturas, cuando uno no acepta los cambios del otro o viceversa; mas en la mayoría de los casos las relaciones se reajustan. Te tratas con tu vecino, os véis con frecuencia en las escaleras de la vivienda, incluso hacéis algo juntos, compras ocasionales, por ejemplo, alguna celebración, acostumbras a compartir bromas porque vuestra relación es risueña. Un día se le muere la madre a la que estaba muy unido y vuestra relación cambia; ya no es tan risueña y puede que no vuelva a serlo más; se ha hecho triste, meditabunda. En otras ocasiones, tratándose de conocimientos de amistad como el de Vlam ha habido una interrupción de trato demasiado prolongada y resulta difícil no ya asimilar los cambios del otro si no llegar a entenderlos. Pero aun así, uno recurre al rico fondo del pasado, la común acumulación de experiencias y memorias. Por mucho que haya cambiado tu amigo seguirá teniendo las mismas raíces y podrás, aunque sea con esfuerzo, recomponer la relación recurriendo a ellas. En cambio si te ponen delante de media docena de desconocidos y ni te dicen que son o a qué se dedican, ¿cómo harás para entender qué se espera de ti? Por eso olvidándome de la cuestión moralmente perentoria de qué pensaba hacer con su "crimen perfecto", cosa que no me llenaba de satisfacción, opté por insistirle en que me explicara a dónde íbamos, para qué, a estar con quién, quiénes eran los comensales y qué pintaba yo en aquello. Al fin y al cabo, debía quedar claro que yo había ido allí a disfrutar de la playa.

- Obedeciendo a una orden telepática mía.- Vlam reía a carcajadas.- Pero no creas que no entiendo tus apuros. Los entiendo muy bien. Quieres saber a dónde vas para estar preparado, quieres saber a secas. Te dedicas a eso: a saber. Como todos los intelectuales, especie de parásitos venenosos. Queréis saber, conocer el mundo como si estuviérais fuera, incontaminados. Y luego elaboráis teorías que venís a explicarnos a los que estamos metidos de hoz y coz en él. Sois sanguijuelas de la vida que quereis vivir por persona interpuesta porque os falta valor para meteros en el fregado. Y encima os consideráis la élite, la élite del pensamiento, los filósofos platónicos que creen mandar sobre los guardianes, cuando sois abundantes como la mierda, formáis parte de la mayoría, a la que estáis unidos por la argamasa del miedo y la única diferencia es que algunos de vosotros, los más listos, pretendéis no someteros en silencio sino disimular vuestra sumisión hablando, formulando teorías, la primera de las cuales es que sois la minoría del valor. Por eso Platón, vuestro dios, os hace de oro, valioso porque escaso. Sois la minoría teorética, la minoría que ve, como si los demás estuviésemos ciegos. Y el caso es que vuestras teorías nunca sirven para nada. No predicen no explican, no "postdicen" nada. Porque, cuando vuestra teorías son optimistas, positivas, anuncian mejoras, progreso, vosotros no os beneficiáis de ellas y seguís siendo los mismos miserables mortales llenos de alifafes, de necesidades, pelotas arrastraculos o asesores, que viene a ser lo mismo. Y si son pesimistas, negativas, auguran desastres, retroceso, sois los primeros en pagar las consecuencias y, si las cosas, se ponen mal, hasta os dan dos tiros u os venden como esclavos. Sois perfectamente prescindibles, como demostró aquel emperador chino que mandó enterrar vivos a no sé cuantos cientos de intelectuales y quemar todos los libros o al revés, que nunca me acuerdo. ¿Qué pasaría si murieran todos los intelectuales, la élite del pensamiento, los satisfechos de sí mismos? Nada, absolutamente nada porque le monde va de lui même. Claro, ya sé, os contratan para apacentar a las masas: que el poder viene de Dios, que si idea del príncipe justo, contrato equilibrado de las partes, soberanía de la nación, soberanía del pueblo (hace falta tener morro), superioridad de la raza, de la religión, de la cultura, la civilización (según vosotros, obra vuestra), la Idea; cómo se comunican valores, cómo se convence a la opinión, qué se cuenta, cómo se ganan elecciones, cómo se justifica esto, lo otro o lo de más allá. Alguno de vosotros ha llegado a justificar lo blanco y lo negro, lo rojo y lo azul, a Dios y al diablo, si bien, por lo general, sólo en caso de necesidad. La mayoría mantenéis el mismo amo toda la vida, lo que es un triunfo; la duración es una medida del éxito, como quiere el pragmatismo que es una filosofía muy adecuada para la justificación de la tarea de justificación.

Se detuvo un instante para meterse una raya de cocaína y prosiguió con su atropellado discurso:

- No creas que no me hago cargo de la situación. Quieres saber de antemano a dónde vas para estar preparado, sacar tus herramientas conceptuales, llevar tus recetarios listos. ¿Con quién has de vértelas? La vida es un puro combate y la gente como tú los combates quiere verlos pero no participar en ellos, ver cómo se mata y se muere, pero no matar ni morir, claro que no. Vosotros teorizáis con la teoría gris y nosotros vamos teñidos de rojo. Nosotros hacemos el mundo y vosotros nos lo explicáis y lo juzgáis moralmente. Te juro que eso de los juicios morales de los que no se mojan en nada es lo que me pone más nervioso. Los guerreros hacemos el mundo. Porque esto es una guerra. Los frentes están muy lejos, a miles de kilómetros, a distancias de televisión. Pero aquí también hay una guerra, aunque no se dispare ni se bombardee. Con todo la destrucción puede ser mayor. Destrucción, como siempre en las guerras, para construir después. Nosotros hacemos el mundo, insisto, y vosotros venís a explicárnoslo sin saber que vuestras explicaciones están ya descontadas en el mundo que hacemos. Y ¿cómo lo hacemos? Pues, primera y única regla (los que hacemos sólo tenemos una regla; las demás ya son cosa de los que explican, que van haciendo de necesidad virtud como pueden): entramos en combate et puis on voit, que decía el Gran Corso, otro que tal. Pero tú quieres saber antes. Quieres qué te diga con quién vas a encontrarte. Pues es muy sencillo, hombre, gente como yo, triunfadores, gente sin escrúpulos, motores de las finanzas, fuentes del bienestar y la abundancia, padres de la Patria, gentes que no se consideran vinculadas por norma moral alguna; eso de la moral, ya sabes, es cosa de esclavos y de charlatanes. Y aquí, en esta costa, una parte del mundo en la que se hacen negocios que no puedes ni imaginarte, hay una gran representación de ellas. Mira, vas a conocer a Serguei, un residente de la mafia rusa con lazos en todas las empresas de crimen organizado del mundo, especializado en venta de armas, en venta de armas prohibidas, pero con intereses en la construcción y en el turismo. Su gobierno lo cuida como a las niñas de sus ojos. Un eslavo frío como un pescado del Mar del Norte. Conocerás a Juvenal, un colombiano más listo que el hambre, especializado en blanqueo de capitales en medio mundo y que tiene comprado al otro medio. También aquí porque los negocios inmobiliarios son un campo magnífico para esas operaciones. Hay un canadiense muy simpático, un vivalavirgen con un negocio de gestión de fondos, para entendernos, problemáticos de alta rentabilidad, involucrado en todas las operaciones de especulación financiera que se dan, un tipo con el que se confiesan los banqueros. Porque no creas, por más que hayáis pasado del mundo idílico del capitalismo calvinista, hugonote, puritano al del "turbocapitalismo", siempre os quedáis cortos. Lo que tenéis delante de las narices es el capitalismo delictivo y criminal que todo lo ha puesto a su servicio. Los empresarios, los banqueros, todos saben que estamos en un mundo abierto en el que devoras o te devoran; no hay protección, no hay amparo, no hay lealtad, amigos o aliados. Sólo hay aplastar al adversario y quedarse con todo. Cuando vosotros explicáis al rebaño que es justo que sea así, que nuestra civilización tiene que ganar la batalla al terrorismo, que debemos sobrevivir porque Dios está con nosotros sois mierda en positivo. Pero cuando atacáis, denunciáis el "sistema" llamáis al rebaño a la sublevación, a la lucha por la liberación, también sois mierda. Ya te anuncié que en este tiempo he desarrollado una completa teoría de la mierda que ninguno de vosotros se atrevería a exponer pero es la más ajustada de todas. Coge el caso de los Estados Unidos...por cierto, también vas a conocer a Frankie, un gringo que empezó haciendo dinero con la inmigración ilegal en su país y ahora tiene una red mundial de trata de seres humanos, blancas, niños, inmigrantes; con decirte que trafica hasta con terroristas... pues eso, coge los Estados Unidos: unos cantan las glorias del "Siglo Americano" y el destino manifiesto; otros, del género hipocondríaco, viven de predecir el hundimiento del imperio; los terceros se yerguen contra el imperialismo gringo, denuncian sus crímenes, la violación sistemática de sus principios, sus agresiones, sus masacres. Todos son mierda: estos últimos como los otros. Encopetados profesores de universidad, inquietos periodistas que publican un libro -otro más- denunciando sin pelos en la lengua la maldad intrínseca estadounidenses y, por extensión, del Occidente culpable. Estos sirven para demostrar la legitimidad del sistema al que atacan despiadadamente, que no sólo no los encarcela, ni les censura sus libros sino que hace películas con ellos y les da premios. Porque son un negocio. La crítica, el llamado a la insurrección, mueve equis puntos del PIB. Mira, hablar no sirve de nada. Solo sirve hacer. ¿Sabes quién es el único intelectual que de verdad ha inspirado miedo? El Ché. Porque habló lo justo. Lo suyo fue el hacer. Y se lanzaron por él. Se ha ganado el odio universal. Hasta los suyos lo detestan. Esos los que más, porque pone de manifiesto su anecdótica chinchorrería.

- Su ¿qué?- dije porque, aunque hacía ya un rato que estaba convencido de cuánta razón asistía a Vlam y hasta lo escuchaba con agrado, no estaba seguro de haber entendido la expresión.

- Anecdótica chinchorrería. Me ha quedado bien. Pero vete al grano. Los únicos que valoramos al Ché correctamente somos nosotros, los del capitalismo sin límites. ¿Sabes que tengo su retrato en mi despacho? Claro, hombre, ese es un tipo con el que debe uno fajarse. Uno de los nuestros pasado a vuestro campo. Por eso lo ponen como lo ponen. Porque tal es el asunto. No sé si el mundo cambia. No digo físicamente sino moralmente. Esa es cuestión que encanta a los filósofos. Pero, si cambia, lo cambiamos nosotros, los guerreros, los que vamos a la victoria, la aniquilación y la construcción de lo nuestro que, a su vez, durará el tiempo que seamos capaces de mantenerlo frente a los ataques de los adversarios quienes esgrimirán la misma razón que nosotros, la fuerza, que se reputará "mejor" cuando sea "mayor". Y ya está. Y aquí somos los amos. Lo incorporamos todo. Vas a conocer también a dos mujeres, las dos españolas, por cierto, que también nos aplicamos los progresos de la igualdad de género. Una es sevillana, se llama Rosario y tiene una red increible de inmuebles en las zonas turísticas de España y de todo el mundo, especialmente el Caribe e Indochina. Tiene alquileres, hoteles pero, sobre todo, regenta locales ilegales, juegos, casas de putas de ringorrango, establecimientos para la realización de las más refinadas fantasías y hasta opera legalmente en algunos sitios. Una vez estuve en un local de juego suyo en Las Vegas que sólo administrar eso ya lo flipas en colores. La otra es una exmonja de las franciscanas terciarias, Laura de nombre, hija de buena familia que tiene un imperio en tráfico de drogas para clientela selecta en todas partes, Vaticano incluido, gente a la que se le suministra la mercancía a veces por valija diplomática. Esta cocaína es suya y es excelente. ¿Quieres probarla? Bueno, déjalo, que no está tú para estos trotes ya. Estamos llegando. ¿He satisfecho tu curiosidad?

Le dije que sí, claro, cómo no. Menudo almuerzo. En él iban a tratar un negocio común de una "Ciudad de ensueño" (Dream Town, la llamó) en el que estaban medio comprometidos, un negocio para atraer jeques árabes a esta parte del país, muy necesitada de ellos. Pero era patente que yo no pintaba nada allí.

- ¿Por qué no?

He ahí una pregunta que siempre me desarma. En efecto, ¿por qué no? Había comenzado un viaje tan a ninguna parte que, apenas comenzado, tuve que cambiarle el nombre, abierto a lo que el mundo me ofreciera. ¿Por qué no iba a almorzar con aquella manga de crápulas? Además, podía escribir una crónica, publicarla en alguna revista de escándalo y ganar una pasta.

- ¿Lo ves?- Era como si me leyera el pensamiento.- Hasta tú vas entendiéndolo. Lo que sucede es que, si se te ocurre contar algo de esto, a ellos no va a pasarles nada porque están acorazados, tienen comprada a la parroquia. Pero tú durarás menos que un telediario.

- A veces, estas cosas saltan, los asuntos se investigan, se procesa a alguien, alguien más va a la cárcel...

- Por supuesto. A veces. No lo ignora nadie. Son gajes del oficio. Igual que a ti puede darte una patada en el culo el jefe y mandarte a la cola del paro, que viene a ser lo mismo. En muchos caso, te diré, la policía descubre lo que algún rival que piensa que puede quedarse con lo de otro le ha revelado. Nadie está seguro de nada. A veces la policía actúa por su cuenta, sobre todo ahora que se ha globalizado y te puedes meter en un lío por alguna gilipollez que empezó en Tailandia. Eso puede pasar o no. Pero si te vas de la lengua, ten por seguro que no lo cuentas.

- ¿Ni contigo?

Me miró con gesto abatido, dándome a entender que me consideraba fuera de toda posible salvación y lo entendí con la rapidez del relámpago. Le dije al conductor que parara; me bajé y cerré la puerta tras de mí. Todavía se acercó a la ventanilla diciendo:

- ¿Te vas? Bueno. Es una pena. Había pensado que harías muy buena pareja con Laura. Está bien, ¿sabes? Hombre, tiene sus años, pero se conserva muy vistosa. Y tiene ganas. Le he hablado de ti y le gustará conocerte. Me lo ha dicho.

Me quedé de piedra. ¿Por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué no? Sonaba en mi cabeza un ¿por qué no? lleno de ecos sardónicos. ¿Por qué no?

Vlam suspiró:

- Vale. No voy a forzarte. Pero mira, ¿ves el edificio y la entrada?- Me señalaba una construcción lujosa, blanca, enjalbelgada, con arcos morunos, sobretechos turquesa, una cancela de forja que se abría sobre un acceso rodeado de tamarindos que terminaba en una escalinata ante la que había varios coches relucientes a un sol de mediodía que no sé de dónde había salido.- Vamos a estar ahí por lo menos dos o tres horas. Si te animas, ven; le dices al portero tu nombre y te dejará pasar. Nos encantará a todos, sobre todo a Laura, que está esperándote, como te esperaba yo.

Y allí me quedé, con la mochila colgada al hombro mientras el "cadillac" pisaba la grava de la avenida con un ruido como el de una muela triturando ideas, seguridades, convicciones, firmezas.

(Continuará)

(La imagen es el 4º grabado de la serie Historia de un guante, de Julius Klinger).

sábado, 29 de noviembre de 2008

Esas fosas se abrirán.

La Audiencia Nacional (AN) declara no competente al juez Garzón para investigar los crímenes franquistas. Él ya se había inhibido al efecto. La AN no interferirá en apertura de las fosas. Esas fosas han de abrirse. Todas. Hay que obligar a la tierra, al silencio, al miedo, a devolver los huesos de las víctimas a sus familiares y allegados. Hay que airear los nombres de los asesinos, para que caiga sobre ellos el ludibrio sempiterno. Mientras eso no se haga los españoles seguiremos siendo un pueblo de esclavos cuya dignidad está enterrada con esos huesos de los que Monseñor Rouco y los demás encubridores de la derecha nacional quieren que nos olvidemos, como se han olvidado ellos. Porque estos, al contrario de lo que hace la gente de buen talante, olvidan pero no perdonan.

(La imagen es una foto de El País).

Te recuerdan, María.

Por iniciativa del Instituto Cultural Rumano el cuarteto Balanescu ofreció ayer en el auditorio del Reina Sofía un concierto en torno a María Tanase, una cantante folk rumana fallecida prematuramente en 1963 y muy querida en su país. El repertorio eran canciones de la Tanase en arreglos de Balanescu para dos violines, viola y violonchelo. Tanto el tipo de canciones como la voz de la cantante, que sonó en algunas de las composiciones se prestan muy bien al arreglo en cuerdas y no hay duda de la maestría de Balanescu y el dominio del cuarteto con buena técnica contrapuntística y algún pizzicato, al que siempre es difícil que se resistan las cuerdas que gustan lucir virtuosismo. En algunas de las piezas acompañó una ajustad y sobria batería de Steve Argüelles, que animaba con mucho ritmo a las cuerdas que, ya se sabe, tienen tendencia a la languidez, incluso cuando, como es el caso con el cuarteto Balanescu, acometen el nervio eslavo con algunos toques de jazz que es muy digno de oír. El conjunto se animaba con frecuentes proyecciones de vídeo creativo a cargo de Klaus Obermaier que aparece definido como un "artista multimedia". El estilo de las proyecciones en general algo camp, apropiado para la ocasión, con unos montajes mejores que otros. El que presenta la función, una oveja trotona con un cascabel que viene hacia nosotros y se multiplica por dos, cuatro, diez, infinito, está muy bien. Otros, como el del vino son algo más pedestres.

Por sacar algún defectillo, no me gusta la cuerda eléctrica. Preferiría que los músicos interpretaran unplugged cosa también tanto más recomendable cuanto el auditorio del Reina Sofía es relativamente pequeño, no hay problemas de acústica y el sonido eléctrico es agresivo y un poco confuso.

Dejo aquí un vídeo del cuarteto, que es un final, con una curiosa proyección que ayer se vio en el Reina Sofia. La imagen no es muy buena a causa de la luz y la toma de sonido (directo) deja mucho que desear pero la proyección mola y, además, se puede ver ya en el nuevo formato de panavisión en You Tube.



También dejo uno de Maria Tanase con un sonido aceptable a pesar de que la grabación es antigua. Aquí se aprecia mejor la panavisión. Algunas imágenes son un poco cursis pero en general se ven con agrado y no hay ni color en relación con el You Tube de hace un mes, o sea, algo que ya es más antiguo que la batalla de Aljubarrota.



En el programa de mano, el señor Balanescu dice que María Tanase transmitía el "espíritu esencial de la poesía y la filosofía rumana". Es posible. En lo que conozco el país, es cierto que suena muy rumana y más general, muy eslava, aunque también trae un pronunciado deje de chanson francesa. Quien la motejó de la "Edith Piaf" rumana no andaba descaminado. Tiene una voz menos desgarrada y canalla, más melódica y más clara.

Caminar sin rumbo (XVIII).

Lo virtual es lo real

(Viene de un post anterior, titulado El crimen perfecto)

NB: Es lo que tiene no tomar precauciones en este mundo completamente abierto de internet: que metes la pata. Apenas desperté después de la noche de increíbles confesiones que me había hecho Vlam, me abalancé sobre el ordenata para confirmar una extraña sospecha que parecía un cocktail de sensaciones: difusa memoria, asustada premonición, intuición inexplicabe que me asaltó en sueños. Tecleé en Google Viaje a ninguna parte, y ¡zas! allí estaba: una novela que publicó Fernando Fernán Gómez en 1985 y que llevó al cine el mismo Fernán Gómez en 1986 acerca de una compañía de cómicos más o menos de la legua...¡Qué más me daba! Me habían pisado el título con abundante anterioridad. Mi pobre Viaje con sus XVII jornadas se sintió de repente como un nasciturus ante la agresión del punzón exterior que quería abortarlo. Una angustia. ¿Tendría que apearme aquí? Plagiar va contra mis convicciones, aunque sepa que es lo que está de moda. Si no plagias eres un don nadie. No te pillas ni un premio para adobar el escándalo. Es el espíritu del tiempo: qué se va a hacer si no plagiar cuenta habida de que todo está dicho y escrito; no así oído y mucho menos leído, pero ese es el negocio, por eso se recomienda plagiar. Además plagiar ahora está tirado: copypaste y a otra cosa. Una versión avanzada de Word vale más que una tribu de negros aunque entre ellos esté Wole Soyinka.

Claro que, al mismo tiempo, si no me equivoco, los títulos no está protegidos por derechos de autor. Yo puedo publicar mañana una Iliada si quiero (bueno, o algo a lo que bautizo así) y nadie va a demandarme. Pero también podría publicar otra cosa que se llamase El perfume por ejemplo, sin que el señor Süsskind dijera nada. Estaría bueno que nadie más pudiera emplear esa palabra. No tengo tan claro qué sucedería si publicara, por ejemplo, El amor en los tiempos del cólera. Imagino que habría lío pero no estoy seguro. De todas formas, si mi teoría fuera cierta, habría más Viajes a ninguna parte por ahí, si no en español, en otras lenguas. El nuestro es un mundo global (¡qué expresión tan estúpida! ¿verdad? Es como decir mundo mundial... y hay gente que la dice) e internet lo ha convertido en un colador. Encontré dos Journey to nowhere, uno un libro de Eva Figes publicado este año. Figes es una escritora inglesa judía muy enemiga de los israelíes. Estuve leyendo una crítica de Lara Feigel publicada en julio pasado en The Guardian para enterarme de qué va y va de ese morboso hurgar que tienen los judíos consigo mismos, con su esencia como pueblo, con su comportamiento colectivo y su pasado; es decir, casi como si hablásemos de España y los españoles, perpetuamente atribulados por su justificación en la tierra. Lástima que no pueda uno quedarse a recorrer todas las bifurcaciones, so pena de que este viaje, llámese como se llame, no llegue en verdad a ninguna parte y ni siquiera pase del primer trayecto.

Sospecho que estoy liándome con mis exlicaciones. El caso es que había otro Journey to nowhere en la red compitiendo en inglés con la obra de Fernando Fernán Gomez, si bien se trata de... ¡un blog! que lleva en la blogosfera desde junio de 2006. La entrada de ayer mismo respondía al escasamente sugestivo título de Eatin Tea Eggs in Hong Kong. Bueno, o poco sugestivo para mí. Si es usted uno de esos tipos tan abundantes en España que hacen turismo gastronómico, esto es, que van a Segovia no por el acueducto sino por el cochinillo asado, a lo mejor le interesa zamparse unos huevos de té en Hong Kong. Los demás, que no desprecien el asunto tan rápidamente; si se enredan (que para eso están en la red, si no no estarían leyendo esto) en el blog y se van a la entrada del 14 de noviembre pasado titulada The Fake New Generation verán algo genial: los chinos no solo falsifican relojes, bolsos, guantes, plumas si no también certificados, incluso académicos. En la Universidad de Newcastle upon Thyne han tenido que expulsar a cincuenta (50) que estaban allí estudiando sobre la base de unos títulos falsos que traían de la Madre Patria. Es genial. Los ingleses deben de haberse quedado stoned, como los Hermanos Freak allá por los corrosivos sesenta. Eso de que los chinos cometan las tropelías de cincuenta en cincuenta favorece el chiste racista, de acuerdo, pero ¿alguien se imagina a cincuenta japoneses disimulando su presencia en la Universidad de Salamanca?

Y no termina ahí la cosa. En Alemania encontré un Es fahrt ein Zug nach nirgendwo, ("Un tren viaja a ninguna parte") título muy cercano al que buscaba, que es una canción de 1972 de Christian Anders de una cursilería de rechinar los dientes. Creo que no había visto/oído nada más relamido desde los tiempos de aquel Engelbert Humperdinck que dios confunda.

Por si alguien piensa que exagero, aquí lo dejo, pero no respondo de posibles apoplejías





Duro, ¿eh? Pues también hay un Fahrt ins nirgendwo, ("Viaje a ninguna parte") que es traducción literal del Viaje a ninguna parte, pero se trata de una peli de este año o del pasado de la que, por fortuna, no he encontrado información porque debe de ser de avío. Todo lo que sé es que hay un cadáver en el maletero de un coche pero sospecho que no sea el de Aldo Moro.

Los franceses, pensé, no se quedarán fuera del baile. Pero parece que sí: se han limitado a traducir la obra de Fernán Gómez como Voyage nulle part pero héteme aquí que Amazon dice tener en su poder un Voyage nulle part que es una novela inédita de Jean Razac con, dice el pundonoroso librero, una "encuadernación desconocida". Lo que no entiendo es para qué querrá Amazon una novela inédita. Claro que tampoco importa mucho porque informa asimismo de que de momento no está disponible. Pues si un manuscrito de Jean Razac o de Voltaire "no está disponible" es como si la obra no existiera, salvo que alguien haya hecho alguna copia. Si fuera Voltaire, quizá, pero tratándose de Jean Razac... A propósito ¿y quién diantres será Jean Razac? Una búsqueda nueva nos da un resultado mediocre: parece ser el autor de un libro publicado en 1948 por Albin Michel que se llama A cheval Renouveau d'un art eternel, o sea, algo así como un tratado de equitación. A lo mejor lo compro y se lo envío al señor Savater. Seguro que me lo agradece. Pero si lo comprara, sería para averiguar algo más acerca de ese oscuro Razac, saber si es el mismo que escribió Voyage nulle part y de qué trataba ese manuscrito. Con menos de eso hay gente que te fabrica un best seller.

Pero yo no puedo entretenerme porque, aunque parezca mentira, estoy aún en la Nota Bene previa a la jornada de hoy, atenazado en la duda de qué hacer con el título de mi viaje. Espero haya quedado claro que hay un montón de Viajes a ninguna parte por ahí, lo que convertiría mi uso de la expresión en perfectamente admisible. Pero no haya cuidado. Jamás haría algo así. Por eso he cambiado al título que se ve de Caminar sin rumbo. No me gusta nada y lo pongo provisionalmente. Todas las otras opciones están ya cogidas por gente que escribe canciones o blogs que son canciones, como diría el poeta, verso a verso o post a post. Debe recordarse que la bloguería andante tiene reglas muy estrictas: los contenidos de la red han de ser todo lo libres que se pueda, cuanto más libres, mejor, pero hay un deber sacrosanto de citar fuentes y no aprovecharse del trabajo ajeno. Un bloguero debiera dejarse colgar del palo más alto del html antes que plagiar. Y como no se plagia, ni siquiera cuando se puede, iré tirando con ese título provisional. Cuando se me ocurra algo mejor, lo cambiaré. Por supuesto, se admiten sugerencias. Mientras tanto, según vaya teniendo tiempo, sustituiré los títulos de las entradas anteriores hasta ponerlas todas a marcar el paso. Fin de la NB.

No podía dedicarme a reflexionar cuestiones tan irrelevantes, aunque tengan su puntillo de celos porque en cuestión de nada habría de tomar una decisión. No sabía cuáles serían los planes de Vlam. A lo mejor no estaba en el hotel. Yo tendría que decidir qué hacer. ¿Podía dar crédito a lo que me había confesado por la noche? Y, lo que me producía más curiosidad, ¿se atrevería a comunicarlo? Confesar que has asesinado a un semejante así porque sí es duro. Incluso aunque estés convencido de que sea un crimen perfecto. Me cabe además la duda si cabe llamar "perfecto" a un crimen del que se sabe que es un crimen aunque no se pueda echar el guante al criminal. Un crimen perfecto sólo es perfecto, pienso, cuando, siendo crimen, pasa por otra cosa. Claro que, si éste dejaba de ser perfecto sería porque Vlam lo confesara con lo cual era evidente que hasta entonces lo había sido y podría seguir siéndolo si el propio autor en algo que puede calificarse de vanidad infantil, no se obstinara en pregonar su autoría.

Mientras me duchaba no hacía otra cosa que dar vueltas a la situación. Y ¿qué se suponía que debía hacer yo? Una larga experiencia ha acabado convenciéndome de que, cada vez que me hago esta pregunta, se prueba que soy un vanidoso sin límites porque, luego de rumiarlas un buen trecho, cuando voy a mirar resulta que a nadie le importa una mierda qué vaya yo a hacer. Así que, ¿por qué no ahora lo mismo? Estaba dándome la segunda jabonadura pensativo cuando entró Vlam en el cuarto de baño, saludó con un estentóreo "¡Menos mal que te has levantado, coño! Son las dos" y se sentó en la taza del water sin dejar de mirarme. Tuve la tentación de correr la cortina porque no me sentía cómodo y, si fuera Woody Allen, ahora mismo intercalaría un recuerdo al momento culminante de Psicosis con algún leve cambio en el dramatis personae. Por lo demás, el hotel Luz de oriente podía ser tranquilamente el siniestro motel de Norman Bates. Pero Vlam no traía malas intenciones. Sonreía mirándome y dijo:

- ¿Te he dicho alguna vez que tienes un culo tentador?

- Unas dos mil.

- Pero es verdad, oye. Y nunca te he engañado. Siempre te he dicho que si tú quisieras...

Sí, me lo había dicho muchas veces cuando íbamos de viaje y dormíamos en la misma habitación por ahorrar, bajo la misma tienda de campaña, alguna vez incluso en el mismo saco de dormir. Solía atacar con un argumento que la parecía irrebatible: "no es necesario que te derrotes, hombre, no es preciso que te hagas bujarrón o así; tienes que aprender a ser bisexual, como yo".

Pero era mentira. Lo de la bisexualidad. Nunca lo vi andar con un tío. Sólo quería mi culo. Parecía ser una obsesión. Yo me lo miraba y remiraba y no sabía qué podría ver en él, como no fuera esa pasión que parecía poseerle para tenerlo todo, conseguirlo todo, hacerse con todo, dominarlo todo. Ahora comprendí que igual que había hecho con aquel desgraciado cuyo nombre aún no conocía, pudo haberme matado a mí. No para hacerse rico, qué va, pero quizá para disecarme, con el chalado de Bates con todo lo que pillaba, incluida su madre.

- Venga, despacha, vístete- me dijo Vlam tirándome la toalla.

- ¿Tenemos prisa?- Pregunta idiota; con Vlam siempre hay prisa-. ¿Vamos a alguna parte? - seguí ya resignado a que, mientras Vlam estuviera conmigo, habría que hacer lo que él quisiera.

- Sí he quedado con los bosses, los que mandan aquí, una manga de viejos sinvergüenzas que me bailan el agua; los he invitado a comer en el club náutico, tú te vienes y los conoces. No pierdes nada porque son una jarcia y yo presumo de amigo bohemio.

Preocupado, le pregunté que cuántos eran. Me horrorizan las multitudes, sobre todo cuando se apiñan, cosa que hacen siempre como la bestia tira al establo. Me respondió que no, que media docena, que sólo había invitado a los ricos de verdad, a los ricos ricos; los otros, el alcalde, el dueño de un periodiquito, eran pura mierda. Cuando salimos estaba esperándonos un Cadillac metálico, bruñido, enorme, uno de esos autos que se hacían en el extranjero para Vlam, con un conductor con gorra de plato.

- Hubiera jurado que tenías un Bentley- dije, para tirarme el pliego delante del chofer, no fuera a tomarme por un pringao.

- Venga, sube, Bentley de los huevos - me dijo Vlam, empujándome hacia el auto- mientras yo cierro esto.

- ¿Cómo que lo cierras? ¿No es un hotel? ¿No está abierto?

No jodas, tío. Esto lleva años cerrado. Lo abrí hace un par de días para recibirte y que te sintieras en casa. Si te llevo a Mandelay, la cago.

Mandelay tenía que ser su mansión. No quería ni pensarlo. O sea que, efectivamente, había estado en el motel de Norman Bates. Si Vlam me hubiera matado allí y hubiera enterrado mi cuerpo -quién sabe si haciendo o no antes todo tipo de suciedades con mi culo- en el sótano, nadie sabría en dónde estaba, nadie sabía a dónde había ido, nadie podría encontrarme. En definitiva tampoco tan grave porque estoy convencido de que nadie lo hubiera intentado. Mas no había animadversión. Vlam seguía siendo el mismo tipo expansivo e insoportable de siempre y yo el mismo junco que se humilla al viento. Ya dentro del coche me sentí incómodo. Había televisión, ordenador, teléfono, radar..., en fin. Yo estaba agarrado a mi mochila que no quise soltar cuando el conductor pretendió hacerse cargo de ella y empezaba a pensar que Vlam se excedía siempre. Toqué todos los botones sin saber que hacía sólo para ocultar mi dsconcierto. Ahora tendría que hacer el trayecto, que tampoco sería tan largo, pensando en dos cosas al mismo tiempo, en lo que Vlam iría contándome por el camino y en mi conflicto acerca de qué hacer con el asunto de la muerte de su socio. Como si supiera lo que estaba pensando, Vlam se giró hacia mí, me dio una palmada en el hombro y dijo:

-Ya verás cómo te diviertes. Son la wild bunch de la costa este del Reino.

(Continuará)

viernes, 28 de noviembre de 2008

¿Cómo se sale de la crisis?

Claramente, clarísimamente, como lo están haciendo al alimón todos los gobiernos occidentales: poniendo dineros públicos sobre la mesa, recurriendo al gasto público, según quiere la ortodoxia keynesiana más salvífica.


Es decir que no se oye ya con la antigua resonancia la cantinela de la derecha de que hay que reducir el gasto público. Sólo queda, creo (y ni de esto estoy muy seguro), el señor Aznar pidiendo este recorte aunque hasta él parece haberse percatado de que esa receta es lo más estúpido que cabe hacer en las circunstancias.


Sí señor: se sale echando mano del gasto público y, si es necesario -que lo es- recurriendo al déficit y mandando a freír puñetas las políticas de disciplina presupuestaria y de límite comunitario al déficit que si, en tiempos de alta coyuntura quizá fueron recomendables (creo que ni aun ahí pues lo que hay que hacer es manejar la política económica con prudencia, pero no vamos a discutir), en tiempos de crisis, recesión y amenaza de depresión son medidas de dementes, como quien quiere regar el huerto cerrando el grifo.


O sea que los gurús neoliberales no se callarán porque no pueden reconocer de la noche para la mañana que llevan veinte años diciendo disparates y que sus trivialidades sobre el funcionamiento óptimo del mercado sólo se dan cuando se eleva el consabido caeteris paribus a orden del día o consigna de guardia pero que tiene tanto que ver con la cruda realidad como la trasparencia del adoquín. No callarán porque siempre les queda el recurso (al que se acogen desvergonzadamente) de echar la culpa de la crisis a las medidas que se toman para combatirla. Pero están haciendo poderoso ridículo.


Se sale de la crisis como hizo ayer el señor Rodríguez Zapatero en el Congreso (tras haber reconocido, al fin, que hay una crisis y no un "frenazo", "retraso", "trompicón" o cualquier otra peculiar expresión) y abriendo la vía de la provisión del crédito porque, como sabe todo el mundo, hasta los niños, el crédito es el alma de la economía.

Se plantean dos cuestiones, sin embargo, una cuantitativa y otra cualitativa. La cuantitativa se refiere a si las cantidades aprestadas serán suficientes. Da la impresión de que no y de que será preciso endeudarse más antes de empezar a remontar. Pero eso, como todo lo cuantitativo, tiene fácil arreglo.

Lo complicado es lo cualitativo que se refiere al modo en que esas ayudas, subvenciones, capitales van a aplicarse. Se ponen al servicio de los bancos y entidades financieras para que estos las repartan como la pedrea la lotería y, en el caso de las cantidades prometidas ayer por el señor presidente en sede parlamentaria, a disposición de las administraciones públicas locales que, por cierto, desde el hundimiento del ladrillo, están que se les ven la vergüenzas. Ciertamente, pero ¿es esto lo adecuado? Un keynesiano redomado como un servidor echa aquí de menos la presencia de la niña de nuestros ojos en todas las medidas anticrisis: la inversión pública directa del Estado en obras públicas. Vamos, no es que no me fíe de bancos y entidades de crédito (que no me fío) o que no me fíe de los ayuntamientos (que tampoco), sino que estos están ya siendo atendidos mientras que nadie habla de poner en marcha los mecanismos que, según muestra la experiencia de los años treinta del siglo pasado, realmente ayudan a salir de la crisis: las obras públicas directamente financiadas y gestionadas por el Estado. (La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

A más altos galardones.

A estas alturas Marsé debe de ser de los autores más premiados en el panorama literario español. Lógico si se tiene en cuenta que lo suyo es una vocación intensa al estilo de los viejos novelistas estadounidenses de fines del XIX y primeros del XX, una vocación que lo ha llevado a mezclarse de tal modo con su mundo imaginario que no hay modo ya de distinguir en Marsé entre lo que es ficción y lo que es realidad. Es más, el mero distinguir ambos términos, realidad y ficción, en su caso es inútil.

Siempre he pensado, ignoro si con acierto, que había un parecido entre Marsé y Umbral. Los dos hacen una literatura on the beat, los dos trasladan al papel una especie de rabiosa lucha por enderezar la realidad y, al tiempo, encajarse en ella. Pero también he pensado siempre que lo que en Umbral es al fin dandismo y distanciamiento, es ruda autenticidad en Marse. Ruda, hirsuta, hosca, desgarrada. Estaba ya presente en Últimas tardes con Teresa, la primera novela que le leí y que me convirtió en adicto al autor y ha seguido como un torrente a lo largo de toda su producción, en Encerrados con un solo juguete, aunque a él no le parezca gran cosa, La muchacha de las bragas de oro que debe de ser uno de los libros que ha movido más envidias en el último medio siglo por su capacidad para situarse en el terreno inefable de la juventud eterna sin trabas para noquear la mierda rememorada de los años sórdidos de la dictadura, hasta Rabos de lagartija, mundo de mundos, muestra de dominio de todas las técnicas narrativas, planos de ficción, tiempos, estilos y perspectivas.

Este Cervantes que le han dado reconoce una trayectoria de un creador que es víctima de su propia fuerza, un creador que debe sus muchos méritos al hecho de no haberse dejado doblegar no ya por las convenciones de los distintos tiempos en que ha vivido, la dureza de sus orígenes o los halagos del éxito, sino de su propia tendencia (que tendrá, supongo, como la tenemos todos) a acomodarse, a decirse que ya ha llegado, que está instalado, que qué más espera. Porque en la pelea que Marsé empezó desde sus mismos comienzos, su pelea contra los distintos medios asfixiantes en que hubo de desenvolverse, su obstinada intención de afirmarse como él mismo, ha ido ganando batallas (lo han acabado aceptando en todas partes donde antes lo rechazaban por razones de clase, lingüísticas, de estilo, de personalidad) y hasta cabe pensar que ha ganado la guerra (han acabado aceptándolo como es, no como se quiere que sea) pero uno tiene la convicción de que seguirá siendo Marsé, un escritor incómodo, solitario, sin pares, sin escuela, sin filiaciones, sin connivencias. Me alegra mucho que mi país reconozca el mérito creador de un hombre que de verdad se ha hecho a sí mismo, no como frase, si no como áspera realidad, que no debe nada a nadie y que puede presentar una obra rica, diversa, sorprendente.

Le dan el Cervantes y Pijoaparte sigue tan campante.

Por cierto, también me pareció estupendo el Nacional para Juan Goytisolo. Es la hora de los Juanes. Otro rebelde, impertinente, imposible de encajar en disciplina alguna, otro narrador contra la corriente, si bien con notables diferencias respecto a Marsé. Lo que en éste es vitalidad, espontaneidad e inmediatez viene a ser cerebralidad y cultismo literario en Goytisolo. Pero no en demérito de la fuerza de su obra. Es, para que yo mismo me haga una idea, como si hubiera que comparar a Nelson Algreen (Marsé) con Norman Mailer (Goytisolo). El autor de la trilogía de Álvaro Mendiola tiene una literatura más reflexiva y menos explosiva, más encajada en cánones pero, en cambio, abarca más géneros y explaya su creatividad en formas a su vez no clasificables.

Ambos malditos se merecen de sobra estos galardones y otros más altos.

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

La creatividad de la guerra.

El Thyssen tiene en marcha una exposición titulada ¡1914! La vanguardia y la gran guerra que, como suele pasar en este museo, se divide en una parte que muestra él y otra que hay que ir a visitar a los locales de Cajamadrid en la Plaza de Celenque. No es que sea muy cómodo pero tiene la ventaja de que, mientras se desplaza, uno puede ir pensando en lo que ha visto y lo que verá o, si va acompañado, comentando sobre lo uno lo otro.

Me pongan lo que me pongan sobre las vanguardias artísticas y la Primera Guerra Mundial (eso de la Gran Guerra es un barbarismo) iré a verlo con delectación porque todo en esos fenómenos me resulta fascinante: la explosión de creatividad artística (pictórica, literaria, musical, cinematográfica), la evidentísima relación entre la guerra y la creación, la destrucción de las formas tradicionales de pensamiento y las pautas culturales recibidas, la alegría por lo innovador, lo rupturista, lo revolucionario. Son los signos característicos de una época que vio las primeras matanzas en proporciones ciclópeas, la eficacia industrial aplicada a la tarea de masacrar seres humanos, los más altos ejemplos de estupidez, generosidad, ceguera y audacia colectivas. Una época que se pensó a sí misma en términos militares (pues hubo "vanguardias" no solo en la guerra sino también en la política, su prima hermana, y en las artes y la literatura, las sublimaciones de las dos primeras) y en la que se sentaron las bases de lo que, para bien o para mal, fue el siglo XX, entre otras cosas, a través del dadaísmo y el surrealismo hasta el mayo del 68.


Breve digresión.

A propósito, como se ve a la derecha, la Fundación FAES, del PP, anuncia una jornada de "ruptura con el espíritu del Mayo francés". Como suena. Se suman a tan insólita como esforzada labor de romper con un espíritu las Nuevas Generaciones del PP, y los Estudiantes Liberales, gentes a medio camino entre el Frente de Juventudes y los chicos de la YMCA/YWCA, dispuestos, como siempre, a ser originales en la senda marcada por el gabacho Sarkozy, al que citan textualmente en el encabezamiento. No podían romper con los sesenta españoles, tenía que ser con los franceses. Para sepulturero se ha convocado un amplio elenco, desde la señora Aguirre al señor Nasarre. Seguramente habrá unanimidad y nadie rechistará en el auditorio. Suerte.


Volviendo a lo nuestro, la exposición es muy digna de verse y de pasar en ella un buen rato. Hay pintura, grabado, algo de escultura, facsimilares de textos y dibujos hechos por algunos autores/artistas en el frente, por ejemplo de Guillaume Apollinaire (de quien se exponen asimismo algunos caligramas ) o Franz Marc, y obra poética escrita al sonido de los cañones y en las trincheras, expuesta en las paredes y con traducción al español (generalmente desafortunada) y al inglés porque en su mayoría está en alemán, francés e italiano.

La exposición documenta de modo inmediato el nacimiento de algunas vanguardias en los tiempos oscuros antes de 1914 o hacia 1914, como el futurismo, el rayonismo o el vorticismo. Hay en consecuencia una amplia muestra de autores como F. T. Marinetti, Mario Sironi, Umberto Boccioni, Giacomo Balla o Gino Severini, algunos de los cuales fotografiados de uniforme. Especial atención se dedica, claro, al expresionismo, con obras de Emil Nolde, Ernst Ludwig Kirchner, Max Beckman (el autorretrato del folleto más arriba) Ludwig Maidner (a la izquierda), Egon Schiele, colaterales como Franz Marc (el de los caballos azules), reciclados como August Macke, periféricos como Chagall y revolucionarios dentro de la revolución como Vasily Kandinsky y Paul Klee, en la alborada del abstracto. Por haber, hasta hay algo de Man Ray... y alguna otra curiosidad como las planchas de Kirchner para las ilustraciones de libro de Adalbert von Chamisso, Peter Schlehmihl, una de esas obras sorprendentes que son la gloria de la literatura.

Vaya a ver la exposición quien quiera tener acceso a la febril actividad del joven artista como soldado, al espíritu compartido de estar viviendo "los últimos días de la humanidad", para confirmar una vez más aquella sabia expresión de Heráclito de Éfeso de que "la guerra es el padre de todas las cosas".

jueves, 27 de noviembre de 2008

¡Qué mundo tan seguro!

Cuando ese personaje indescriptible llamado George W. Bush con quien, según afirma él, habla Dios, y el señor Aznar, según afirma el propio señor Aznar, inició la famosa guerra contra el terrorismo aseguró que lo hacía para conseguir mayor paz y seguridad en el orden internacional. Ya al comienzo de su mandato este perfecto inútil dejó claro que la "guerra contra el terrorismo" no tenía un campo de batalla delimitado ni enemigos definidos pero que él y los suyos, con la ayuda de Dios (y el saqueo del Irak, las torturas de Abu Ghraib, los secuestros de Guantánamo, etc) la ganarían y harían del planeta un lugar más seguro. Ahora el menda está a punto de largarse y la herencia que deja es un desastre sin paliativos que avergüenza al mundo entero excepto al señor Aznar quien dice estar muy orgulloso de aquella guerra de ladrones que desencadenaron los tres criminales de las Azores. Por lo demás ya se sabe que, si llega un momento en que el carácter asesino de esa guerra no pueda negarse más, dirá que él no lo sabía cuando apoyó la decisión de enviar un ejército a destruir y saquear un país porque sí.

¿Es el mundo un lugar más seguro? A la vista está: en casi todo el continente africano la vida humana no vale nada. Las matanzas, guerras, torturas, secuestros, violaciones están a la orden del día, con o sin soldados de la ONU que, además, a veces participan del jolgorio.

En concreto en Somalia, en donde un grupo de guerreros probablemente islamistas ha secuestrado a nuestro compatriota José Cendón y otros periodistas, no existe el Estado ni autoridad alguna que garantice el orden público en todo el país (de hecho, no hay país en sentido estricto) desde que en 1991 cayó el camarada Said Barre, que había proclamado el "socialismo científico" veinte años antes. En la actualidad Somalia es un conjunto de tribus casi independientes, señores de la guerra, guerrillas de fanáticos, autoridades imaginarias y estados separatistas, todos los cuales esperan beneficiarse del petróleo que se dice inundará al país como el Nilo a Egipto. Entre tanto las costas están infestadas de piratas capaces de secuestrar superpetroleros, sin duda para familiarizarse con el manejo del crudo. El presidente lo es de un Gobierno sabiamente llamado "Federal de transición". De transición ¿a qué? Ni Dios sabe nada y el tal presidente escasamente controla la poltrona en la que tiene el trasero. No se te ocurra ir allí de vacaciones y, si tienes un trabajo es mejor que pilles uno de mileurista en España.

Uno de esos grupos es el que ha secuestrado a Cendón. Según parece estos delincuentes no son tan dementes como otros si no gentes prácticas que lo que quieren es un jugoso rescate. Espero que el señor Moratinos gestione con fortuna el asunto y la liberación de Cendón no nos cueste un riñón. Que nos va a costar está claro, como lo está, a mi entender, que hay que pagar. Espero no escuchar a los señores de la derecha ponerse magníficos, cual suelen, diciendo que pagar rescates empeora las cosas. Me ahorro el debate con posiciones de este jaez recordando la vieja sabiduría de que los que declaran las guerras no mueren en ellas; mueren en ellas quienes no las declaran. Como se ve contemplando qué envidiable salud tienen los señores Bush, Blair y Aznar, a diferencia de miles de soldados gringos y cientos de miles de iraquíes, militares, civiles, clérigos que ya no contarán qué felices están de haber participado en la liberación del país.

Y no se crea que es el único continente (porque es todo el continente, desde Argelia hasta la Unión Surafricana) sacudido por la violencia. Asia está parecidamente. De los países musulmanes no hace falta hablar, pero ayer la señora Aguirre experimentó el grado de inseguridad que hay por doquier, hasta en el corazón financiero de la India, Bombay. Por cierto estoy muy contento de que no haya sucedido nada a ninguno de los integrantes de la expedición madrileña y me felicito de que la señora Aguirre haya salido indemne de tan brutal atentado. Por lo demás, la comisión o delegación que encabezaba la aguerrida dama estaba allí a hacer negocios y ha tenido que volverse más que a paso antes de que asesinen a sus miembros en cualquier atentado a ciegas en cualquier parte del país. Y conste que la India es la mayor democracia del mundo y bastante estable políticamente pero alberga en su seno una serie de conflictos violentos que será ocioso mencionar aquí. Añádase a ello la inestabilidad crónica de Indochina, las tendencias golpistas, la violencia de los archipiélagos en el Sureste asiático y en Filipinas y se verá que el sur del continente está en práctica situación de guerra y/o violencia generalizada.

Tampoco América Latina es un remanso de paz democrática y Estado de derecho. Sin contar con las agitadas situaciones políticas (y eventual aparición de la violencia) en Bolivia, Venezuela, Argentina, Perú, etc, los dos focos de máxima criminalidad son Colombia y México, países en los que intereses económicos privados, organizaciones armadas particulares, fuerzas paramilitares y parapoliciales compuestas por delincuentes tienen en jaque al Estado. En Tijuana, México, en la misma frontera con los EEUU, a veinticinco kilómetros de San Diego, muere la gente a balazos en plena calle que es un primor. Y eso sin contar aquellos a los que antes de matarlos los torturan y luego les cortan la cabeza. Por cierto no he podido poner ilustraciones de cadáveres decapitados por un problema de derechos de autor pero quien quiera verlos (y aviso de que es muy fuerte) que pinche aquí. Pues sí señor, como decíamos al principio, un mundo superseguro éste gracias a la alianza de dementes entre neoliberales y neoconservadores que gobierna el planeta y la Comunidad de Madrid.

(Las imágenes son : la primera, la página web de José Cendón, la segunda el mapa político de Somalia de Wikipedia que está en dominio público y la tercera una foto de 20 Minutos bajo licencia de Creative Commons).

Los dioses nunca están cansados.

Alberto Bernabé (Dioses, héroes y orígenes del mundo. Lecturas de mitología Abada editores, Madrid, 2008, 411 págs) es un meritísimo catedrático de filología griega de la Universidad Complutense de Madrid que tiene una amplia y sólida obra publicada aquí y fuera de aquí. O sea lo que se dice una autoridad en la materia. En este libro ha agrupado veinticuatro trabajos académicos, ponencias en congresos, artículos, etc y los ha agrupado con bastante tino en cinco apartados: I) Cosmogonías y teogonías. II) Mitos y literatura. III) Orphica. IV) Mitos griegos y mitos del próximo oriente. v) Las difusas fronteras del mito. Y doy fe de que la clasificación se sigue al pie de la letra o sea que en donde se dice que se hablará del orfismo, se habla del orfismo. Además, las cinco partes conservan una muy apreciable unidad de conjunto. Añadamos que el autor ha tenido la gentileza de aderezar los trabajos y aliviarlos del aparato crítico y erudito (aunque, por supuesto, no del todo porque no se puede) con lo cual ha conseguido un trabajo de gran interés. Sigue sin ser de fácil lectura ya que le ocurre a él lo que él dice que ocurre con muchos relatos mitológicos, que dan por supuesto el conocimiento de aquello sobre lo que versan. Pero los lectores que conozcan la mitología griega (y parcialmente la del próximo oriente) lo encontrarán interesantísimo y disfrutarán con la lectura, al tiempo que se ponen al día en unos conocimientos que, como todos, avanzan sin parar. No solamente se disfruta sino que un humilde aficionado como yo aprovecha el tiempo y aprende algunas cosas.

En la primera parte tras unas consideraciones generales sobre cosmogonías, una tipología de éstas de la mano de Mircea Eliade y un análisis de sus rasgos pasa a considerar la de Hesiodo, una órfica, la de Epiménides y la cómica de Aristófanes. Resulta muy útil porque casi se ve gráficamente su ordenación de la cosmogonía hesiódica en a) el Cielo (donde habitan los dioses), b) la tierra (donde lo hacen los hombres) y c) el mundo subterráneo (poblado de muertos); entre a) y b) se sitúa el Caos (cuya determinación filológica es muy interesante) y entre b) y c) el oscuro Tártaro (p. 30). Así que el Tártaro no es el Hades, pero tampoco es la Tierra.

La cosmogonía órfica es la atribuida a Jerónimo y Helanico, que nos han trasmitido en algunas referencias en prosa Damascio (un neoplatónico) y Atenágoras. Los dos órficos postulan el origen en el agua de la que surge un ser serpentino llamado "Tiempo y Herakles" y la Necesidad. El Tiempo es padre de Éter, Caos y Érebo y también del huevo cósmico propiamente órfico que, al partirse en dos, da el cielo y la tierra. De aquí surgirá el Primogénito dios bicórpore (es decir, bisexual), Zeus y una continuación teogónica (pp. 37-39).

La cosmogonía de Epiménides el cretense mezcla rasgos hesiódicos con órficos y principios nuevos como el aire, que lo relaciona de inmediato con Anaxímenes (51); que ya recuerda Bernabé en otro lugar que las cosmogonías tienen mucha relación con la Filosofía.

La cosmogonía cómica es Las aves, de Aristófanes, una pieza divertidísima en la que se muestra la innata superioridad de los pájaros sobre los hombres, una parodia de las demás cosmogonías en las que el cómico mezcla elementos homéricos, hesiódicos, de otras cosmologías y órficos, como el nacimiento de Eros (alado, claro) de un huevo cósmico, tema órfico por excelencia que le permite convertir la teogonía en una ornitogonía (pp. 63-64).

En la segunda parte, sobre Mitos y literatura, antes de hablar de dioses y héroes concretos, demuestra la importancia de la épica arcaica griega perdida que sólo conocemos muy fragmentariamente. La distingue de la homérica en que es menos rígida: puede que haya héroes inmortales, se narran actos heroicos y cobardías y hasta el erotismo encuentra acomodo (pp. 68/69). Divide la épica perdida en tres periodos: cíclico, genealógico y teogónico (p. 72) y clasifica los mitos según la función que cumplen en especulativos (o sea, explicativos), de viaje y de "afirmación nacional o manipulación política" (pp. 74/77).

En los dioses y héroes concretos, relata el nacimiento de Atenea en la literatura arcaica, desmenuzando a Homero, Hesiodo, Museo, los Himnos homéricos, Estesícoro, Íbico y Píndaro para confirmar la visión tradicional del mito. De pasada refuta la interpretación estoica de que Atenea sea símbolo de la sabiduría por salir armada de la cabeza de Zeus porque, dice, la idea de que la cabeza es el asiento de la inteligencia es muy posterior al nacimiento del mito (p.90).

El estudio de Teseo, héroe al que tengo particular afición, aunque sólo sea porque tuvo que ver con el Minotauro que es el que me cae bien, es interesantísimo. Teseo resulta ser nombre rastreable en la antigüedad micénica (p. 93) y lo curioso es que, aun siendo tan antiguo, sólo aparezca tratado de forma fragmentaria en las fuentes que se limitan a narrar una u otra de sus aventuras (rapto de Helena y descenso a los infiernos en la caso del ciclo épico), pero no dan una visión general. Parece que hubo una Teseida en la época clásica del apogeo político ateniense. Los dos ditirambos de Baquílides (nos. 17 y 18), composiciones de encargo para cantar la gloria de Atenas, son de 474 y 478-470 respectivamente, o sea, entre la Liga Delia y la batalla de Maratón, plena época del culto a Teseo (pp. 109/110). Con todo las menciones literarias al héroe son accidentales. El Minotauro no aparece. La explicación de esta aparente contradicción está, según Bernabé, en que Teseo era conocido desde tiempo inmemorial pero más como héroe de cuento popular, lo que apunta a la división convencional entre una literatura "superior" y otra "inferior" que suele ser efímera. Son varios los elementos de la leyenda teseida que hacen que el héroe se consagre: lucha con un monstruo (es un héroe civilizador), simboliza el valor ateniense en las guerras médicas (aunque de modo anacrónico) y su viaje a los infiernos lo diputa de hombre de conocimiento superior a la par que popular y demócrata (p. 118). La producción posterior sólo acrecentará está función de héroe nacional ateniense en el teatro, por ejemplo (p. 121). Ya lo creo, basta recordar el argumento de Edipo en Colono, de Sófocles, en donde Edipo no sólo legitima el poder de Teseo sino el de su descendencia.

Dedica Bernabé un capítulo al mito de Afrodita narrado según los Himnos homéricos, durante tanto tiempo infravalorados pero que a su juicio están adornados de una serie de rasgos que los hacen especialmente interesantes y de los que entresaco que son temas tradicionales, que hablan de dioses individuales, que son panhelénicos, que en ellos intervienen seres humanos y que, además del nacimiento de un dios, cuentan un conflicto (pp. 120/128). En el caso de Afrodita, ya que su actividad erótica amenaza el orden constituido, esto es, la guerra, la política, la educación de los jóvenes y la estabilidad del hogar y la familia (p. 131), Zeus decide castigarla con sus mismas armas haciendo que se enamore de Anquises. El parlamento en que Afrodita pone en guardia a su amante y lo ilustra acerca del nombre de su hijo, Eneas, trae tres digresiones que vienen a ser como explicaciones o justificaciones de por qué Anquises ni Eneas alcanzan la divinidad. Esas digresiones ejemplificadoras son Ganimedes, Titono (de quien conviene recordar que obtuvo la inmortalidad pero no la eterna juventud) (pp. 144-145) y las ninfas (p. 147) . Obviamente en el "nuevo orden" de los dioses olímpicos eso de que los dioses anden retozando con los mortales ya no está bien visto, de aquí que Eneas sea "lo que no debe hacerse". No deja de tener gracia que el héroe que Virgilio escoge para cumplir una revancha mítica y, de paso, legitimar a Augusto sea "lo que no debe hacerse".

El último capítulo de esta parte está dedicado a un tema de un extraordinario calado pues versa sobre las mujeres asesinas en la mitología: de un lado quienes, como Ágave en Las bacantes de Eurípides, enloquecen y cometen crímenes tremendos hasta el punto de descuartizar a su propio hijo, Penteo. De otro a aquellas que, fieles a sus funciones tradicionales de género, se resistan a Dionisio, éste las convierte en aves nocturnas (p. 153). El autor dedica especial atención a los dos prototipos de mujer asesina: Clitemestra y Medea, en las que aprecia los rasgos siguientes: 1) ambas tienen un motivo para hacer lo que hacen (no enloquecen sin más); 2) sus actos son inteligentes; 3) no son personajes enteramente malvados; 4) se registra una evolución, digamos moral, desde Esquilo a Sófocles ya que Medea no paga con la muerte sus crímenes; y 6) son prototipos que han de evitarse (p.173). Veo que Bernabé no otorga atención a la vieja explicación simbólica que arranca ya de Bachofen acerca de que Clitemestra tiene que morir porque con su muerte se simboliza el paso del matriarcado al patriarcado en las sociedades antiguas, probablemente porque no se le dará crédito entre los especialistas.

La cuarta parte dedicada al orfismo tiene dos interesantes capítulos sobre el mito de Dioniso para el que disponemos de tres fuentes: la más antigua, la de las Rapsodias y la helenística que apunta a la influencia egipcia (p. 198). Dioniso nace y muere varias veces. Hijo de Zeus y Perséfone, es secuestrado por los titanes y devorado por ellos. Renace en Sémele (por eso se le llama dimator) y luego del muslo de Zeus. En la versión helenística no aparece Palas (que sí lo hace en la antigua, con el encargo de llevar el corazón palpitante del hijo de Zeus) ni hay gestación posterior, pero sí se subraya la similitud con Osiris (p. 187). Se da pues por buena la versión más tradicional y extendida. Que es lo que se hace en el capítulo siguiente, dedicado a zanjar una cuestión litigiosa entre eruditos acerca de si hubo un mito órfico sobre Dioniso y los titanes de considerable antigüedad. En efecto, frente a quien sostiene lo contrario (esto es, que es un mito "inventado" en el siglo XIX), Bernabé lo hace arrancar en las Rapsodias, lo rastrea en las referencias neoplatónicas, en Plutarco, las argonáuticas órficas, en Juliano, Dión Crisóstomo y Diodoro. En síntesis: los titanes matan a Dioniso y se lo comen. Zeus los fulmina y de los restos de los titanes surgen los hombres cuya naturaleza es dual pues tienen parte de Titanes y parte de Dioniso y cuya misión es expiar el pecado de sus antepasados (p. 192). Suenan aquí los ecos de una variante de la interpretación nietzscheana. El Papiro de Gurob lleva el mito hasta el helenismo y reaparece en el Menón de Platón al hablar de la metempsicosis (p. 205) y en el Crátilo (p. 209).

El último capítulo de la parte órfica versa sobre el fascinante mito de Orfeo. Virgilio y Ovidio, que lo recogen, no hablan de su participación en el viaje de los argonautas y Platón en el Banquete interpreta lo que le sucede al bajar a los infiernos muy a tono con su doctrina negativa acerca del canto poético, fundamentalmente engañoso (p. 220). Bernabé sitúa a Orfeo entre los viajeros al más allá (p. 221), y descubre en él también muchos elementos de cuentos populares. Hasta le busca similitud con Simbad el marino, hablando de los argonautas, claro (p. 226). Orfeo es ante todo un transgresor, figura por la que Bernabé parece sentir predilección, lo que entiendo muy bien, como Asclepio y Támiris (pp. 228/229).

La quinta parte, la más extensa del libro versa sobre las relaciones entre los mitos griegos y los del próximo oriente, con todos los inconvenientes que plantea siempre la valoración de los préstamos literarios. Abre su consideración con la figura del "dios que desaparece", a propósito del viaje de la babilonia Istar a los infiernos (p. 247) y el ugarítico de Ba'lu y Môtu. Hay también versiones hititas y la griega se encuentra en el himno homérico a Démeter que Bernabé ve prolongarse en el cuento de los Grimm de La bella durmiente del bosque. No está mal traído. El Himno a Démeter se enriquece con la obligada visita a Eleusis por los misterios y la descripción de la escasez sobre la tierra. Es probable que Démeter también bajara a los infiernos, aunque en el himno homérico la que baja es la hija (p. 256).

Viene luego un complicado (y muy inteligente) paralelismo entre el mito hurrohitita de El reinado de los cielos, la Teogonía de Hesiodo y el Papiro de Derveni, un rollo hallado en 1962 cerca de Salónica (p. 268). En todos los casos el "nuevo orden" sucede al viejo, los nuevos dioses a los antiguos que no reciben culto, son primordiales, imprevisibles, violentos y aliados con las fuerzas oscuras (pp. 272/273). Hay diversas formas concretas (que analiza) de romper con lo antiguo y concluye su investigación: "En los tres poemas se presenta como centro del conflicto la lucha por el poder, en el trasfondo de la cual hay un conflicto entre el desorden y el orden. En el mito hitita el centro del conflicto es una inestabilidad del poder en los tiempos primigenios, debido a la lucha entre una estirpe celeste y otra ctónica, en la que los reyes son cíclicamente desposeídos del trono.(...) En el mito griego, el centro del conflicto es también la lucha por el poder y por la instauración del orden, pero se produce en el seno de una sola estirpe." (pp. 285/286).

El capítulo siguiente vincula el mito hurrohitita El reinado del dios KAL con los hesiódicos de la Edad de Oro, Prometeo y Pandora. KAL se encuentra entre lo primigenio más oscuro, Kumarbi y el dios del orden, Tesub. Pero éste no es definitivo y puede oscilar hacia el mal (Ullikummi, Hedammu) o hacia el bien, KAL. Kumarbi es Crono y KAL viene a ser Prometeo, si bien Hesiodo ha hecho el mito mucho más complicado. Basta con pensar en Pandora.

Los últimos capítulos de esta parte me parecen de menor entidad o están más sucintamente tratados, lo que no les resta interés. En uno se narra el combate del dios supremo con el monstruo destructivo, el Canto de Ullikummi en la versión hitita que Hesiodo ha elaborado mucho más en la narración del terrible combate entre Zeus y Tifón, el hijo de la Tierra y el Tártaro, con su doble naturaleza de hombre y fiera (p. 317) y al que no se puede vencer mas que arrojándole encima el monte Etna, en Sicilia (p. 317). Recuerdo que la primera vez que leí esto en la versión de la Teogonía de Bergua hace muchísimos años, me quedé tan impresionado que soñé con ello. Se sigue una breve consideración del Himno homérico a Démeter así como una interpretación del viaje del alma al más allá a través de un paralelismo entre mitos hititas y órficos.

La última parte del libro, llamada Las difusas fronteras del mito contiene tres capítulos contraponiendo el discurso mítico de un lado a los cuentos populares (recuérdese el caso de Teseo), de otro al nacimiento de la historiografía y por fin al discurso racional filosófico. Por supuesto que hay una divisoria entre los mitos y estos otros tres quehaceres, pero no es fácil de trazar porque las separaciones son osmóticas. Hay mucho de mito en los cuentos populares y viceversa; por otro lado, acentuando factores cronológicos, evolutivos, de racionalidad causal, etc, la historiografía acabó separándose de la mitología, lo que no era costumbre entre los griegos; por último Bernabé encuentra cuestionable la tajante separación entre mito y logos cuyo locus classicus es la fascinante obra de Nestle Vom Mythos zum Logos, puesto que encuentra abundantes vías de intercomunicación entre el discurso mitológico y el racional. Supongo que esta es una afirmación que los filosofastros tacharán de irracional, cosa que sonará a mala melopea a un hombre tan sabio como Alberto Bernabé.

(Las imágenes son: la primera un bronce de Antoine-Louis Barye (1841-46), Teseo dando muerte al Minotauro, en el Museo del Louvre; la segunda un cuadro de Pierre-Narcise Guérin (1817), Clitemnestre hésitant avant de frapper Agamemnon endormi, Museo del Louvre y la tercera, uno de Gustave Maureau (1865) Joven tracia con la cabeza de Orfeo (1865), Museo d'Orsay, París).

miércoles, 26 de noviembre de 2008

A cristazos.

Ya tenemos montada otra polémica a cuenta de la manía de los católicos de imponer su presencia en todas partes, guste o no al personal. Y una polémica donde cada cual está retratándose admirablemente. Los tribunales cumplen con su deber: el de Valladolid ordena retirar los crucifijos del Colegio "Macías Picavea" (ilustre arbitrista a quien hubiera parecido muy bien la medida) y los de otros lugares recuerdan que son los gobiernos de las Comunidades Autónomas quienes deben pronunciarse al respecto. El Gobierno español, sin embargo, a la altura de su acreditada parsimonia, se lava las manos como Pilatos (lo que es muy oportuno, dado el tema) y de momento no dice nada respecto a las crecientes presiones para que se retire al crucificado de las aulas de los colegios públicos, algo que debiera de haberse hecho hace años en virtud del carácter aconfesional del Estado español.

Al contrario, la clerigalla y sus monagos han tocado a rebato ante la perspectiva de aulas sin sus queridos crucifijos. Según 20 Minutos, uno de aquellos, Juan Manuel de Prada, sostiene en L'Observatore romano que considerar el crucifijo ofensivo es síntoma alarmante de necrosis cultural, lo que es una interpretación de los hechos bien chusca dado que nadie, que yo sepa, considera ofensivo el crucifijo sino el hecho de imponer su presencia en los lugares públicos con independencia de lo que piensen quienes los frecuentan. El crucifijo en sí no es ofensivo; es otras cosas, como diré más abajo, pero no ofensivo. Ofensivo y agresivo es imponer el crucifijo, no el crucifijo mismo si el señor De Prada se limita a tenerlo en su casa y rezarle cuanto quiera... sin molestar a los vecinos.

Uno de esos monseñores que pasa más tiempo hablando por la radio que atendiendo a su grey, el arzobispo Cañizares, dice que retirar los crucifijos de los colegios es una muestra de cristofobia, un concepto nuevo para mí que probablemente oculta la pretensión eclesiástica de tratar a quienes no quieren crucifijos en las aulas como enfermos mentales. Cada día está más claro qué bien hacemos los ateos y agnósticos en oponernos a las tendencias totalitarias de la Iglesia católica. De no hacerlo así, estaríamos aún como en los tiempos de franquismo cuando el bautismo era obligatorio, el matrimonio canónico obligatorio, la enseñanza de la religión obligatoria, la vida nacional se regía por el calendario eclesiástico, había curas hasta en la sopa y ellos decidían lo que podía verse en los cines o en los teatros.

Porque esa es la realidad. Hace unos días, otro arzobispo que no cesa de injerirse en la vida pública civil, Monseñor Rouco Varela, decía que el relativismo moral y el laicismo fueron los causantes de los totalitarismos, cuando es obvio que el último que hubo en España lo montó precisamente la Iglesia católica. Esa inverecundia con la que los carcas acusan a los demás de sus propios defectos es lo que los psicólogos llaman "proyección". Eso lo hace a la perfección doña Esperanza Aguirre que no para de intervenir en la sociedad y en los medios de comunicación pero acusa a los demás de intervencionistas, que carece de todo principio moral (como se vio en el "tamayazo") pero acusa a los adversarios de relativismo moral.

La proyección suele ocultar asimismo un intento de imponer los criterios propios al precio que sea. Que es lo que hacen los católicos en nuestra sociedad. No solamente quieren tener sus crucifijos en las escuelas y todos los edificios oficiales, sino que pretenden apropiarse permanentemente los espacios públicos con sus procesiones, sus rogativas, sus mesas petitorias o el tañido de sus campanas, colonizar con su liturgia todo el protocolo civil y militar españoles, desde los juramentos de los cargos a los funerales de Estado, los desfiles y los actos conmemorativos. Afán totalitario en el que, al menos parcialmente, cuentan con la ovina y perruna aquiescencia de un gobierno que no osa ponerles coto con la contundencia que su responsabilidad y su historia requieren.

Y no solo son totalitarios sino embusteros y falsarios. Otro de estos clérigos de púlpito permanente en la plaza pública, el cardenal Amigo, dice ahora que lo que hay que hacer es respetar los símbolos de todas las religiones. En verdad tienen el rostro de hormigón armado y su cinismo no conoce fronteras: ¿desde cuándo respetan los curas católicos los símbolos de las otras religiones? Pregunta sencilla de contestar, ¿verdad?: desde que no les queda más remedio; desde ayer, como quien dice, porque antes los perseguían a sangre y fuego, como ordena su Dios en la Biblia que hagan con los que llama "ídolos" y "falsos dioses" y como harán mañana, si pueden. ¿Cree alguien aquí que los católicos, sobre todo los curas, admitirían que hubiera medias lunas o estrellas de David en las aulas de las escuelas? Ni borrachos. Entonces, ¿por qué dice lo que dice el cardenal Amigo? Porque según habla, miente.

Una última consideración: quienes nos oponemos a la apropiación privada de los espacios públicos que hacen los católicos no solamente no somos "cristófobos", ni padecemos "necrosis cultural", ni nos "molestan" los crucifijos, como dice a su vez la señora De Cospedal si no que, al contrario, en muchos casos por ejemplo el mío admiramos la figura de Cristo (a quien, por supuesto, no consideramos Dios pero sí un gran hombre) y sus enseñanzas y tenemos en altísima estima la imagen de la crucifixión como aportación singular a la historia del arte occidental. Pero es que aquí no se está pidiendo que se retiren obras de arte como ese Cristo de Cimabue del siglo XIII que hay en la ilustración, sino unas horrendas piezas fabricadas en serie industrial que para los niños simbolizan el culto católico al sufrimiento, la tortura y la muerte. Y sobre todo que se retiren como figuras únicas y de máxima relevancia en paredes y muros.Los católicos son muy libres de entregarse a esas orgías de sangre, insisto, en su casa. Los demás no tenemos por qué aguantar su proclividad al sadismo y mucho menos exponer a nuestros hijos a su dañina influencia.


(La imagen es una tabla al temple de Cimabue (de entre 1268 y 1271) que se halla en la iglesia de San Domenico de Arezzo, Arezzo, Italia).

¿Lo ven?

No paran, no cejan, no se detienen ante nada. Comerciantes de la muerte, mercaderes del miedo, agiotistas de la angustia, carroñeros de la incertidumbre humana, contrabandistas de la infelicidad, despiadados, miserables, inmorales, canallas, ahora dicen que Gramsci se convirtió al catolicismo antes de morir. Lo suyo es utilizar, instrumentalizar, servirse de los sentimientos de la gente, del miedo natural a la muerte, para seguir haciendo su infame negocio de acumular riquezas y poder en este mundo en nombre de quien predicaba la pobreza evangélica, para dominar a la gente y someterla a su oscura y viscosa tiranía. Porque, aunque fuera verdad este bulo, ¿qué importancia real tendría? ¿En qué cuestionaría la breve, febril y feraz actividad del filósofo de los Quaderni del carcere? Él mismo, de estar hoy vivo, lo aclararía con la concisión a la que se veía obligado a causa de la vigilancia fascista diciendo que este tipo de patrañas indemostrables es táctica en la guerra de posiciones, parte de la lucha por la hegemonía ideológica y se incrusta en el complejo estructural y cultural al que se refería como la questione del mezzogiorno: campesinos hambrientos, explotados, víctimas de los caciques y las supersticiones alentadas por los curas.

No les bastó con tenerlo los últimos once años de su breve vida en prisión sino que ahora prosiguen la tarea que se fijó el fiscal fascista ante el tribunal que lo condenó: "tenemos que conseguir que este cerebro deje de funcionar durante veinte años". Los buitres vaticanos aliados del fascismo de entonces quieren ahora acallarlo para siempre, enterrar su obra bajo la gazmoñería de una estampita de monja.

Pues nada, hombre, que lo canonicen. Ya va siendo hora de que los comunistas tengan su santo.