lunes, 30 de junio de 2008

¿Por qué gusta el futbol a todo el mundo?

Porque sí. Porque le ha tocado al futbol como podía haberle tocado al tenis o al balón volea y a la gente nos encanta sentirnos parte de alguna muchedumbre. En los Estados Unidos concita mayor interés el base ball pero el fenómeno es el mismo. Porque de algo hay que hablar, aparte del tiempo. Porque a veces se gana y a veces se pierde en sentido figurado, siempre más cómodo que rascarse el bolsillo. Porque la victoria es de todos y también la derrota y así nos sentimos propietarios de algo de mayor enjundia que nuestro hipotecado piso. Porque interviene la pericia y la suerte en cantidades variables, la primera a nuestro favor, claro es, y la segunda en contra nuestra. Porque es la continuación de la política y la guerra por otros medios, menos mortales para el espíritu o para el cuerpo. Porque se puede sacar la bandera sin parecer tonto y hacer el tonto sin parecer un patriota. Porque te codeas con Reyes y famosos de gustos sencillos, sanamente populares. Porque ocupa el trascurso completo de la vida del individuo, desde que es niño hasta que lo vence la edad. Porque es un espectáculo de no muy exigente comprensión, aunque siempre habrá quien diga que el futbol es una ciencia, como lo son sus antecesoras, la política y la guerra. Porque desinhibe pues se puede dar gritos sin tener que justificarlos como una clase de flamenco. Porque alterna la figura del individuo heroico y el trabajo de equipo. Porque da sentido a la vida en un sofá de Ikea. Porque permite interpretar la historia: España ha reconquistado la Eurocopa 44 años después de la primera y ha vencido a Alemania 63 años después de que lo hicieran los aliados. Porque hay que hacer quinielas.

Por cierto, España mereció ganar a todas luces. Dominó todo el tiempo y marcó el único tanto en un ejemplo de elegancia y sentido del ahorro: si un gol da la victoria, ¿para qué meter otro? Típico ejemplo de lo que llaman los teóricos de juegos el minimax.

Vuelven los comunistas.

La mala suerte que acompaña a los comunistas desde la caída de la Unión Soviética ha querido que la Conferencia Política convocada por el PCE para este fin de semana pasado coincida con la final de la Eurocopa en la que España ha salido vencedora. Supongo que hasta los camaradas más entregados a la causa tenían el espíritu dividido entre la importante función que los congregó en Madrid (esto es, la refundación de IU en la propuesta de Anguita) y el deseo de sentarse a ver el partido Alemania-España. Y no se hable ya del impacto mediático del acontecimiento que será equivalente a cero. Hasta el momento sólo he visto la noticia reflejada en Público donde se dice que El PCE relanza su 'teoría de las dos orillas'. En el resto de los medios, silencio.

La síntesis de Público, siendo correcta, no agota ni mucho menos la importancia de la mencionada Conferencia Política, sobre todo porque su diagnóstico de la coyuntura nacional e internacional en el aspecto económico, pero no sólo en él, sino también en el social, el militar, el internacional, etc es, en mi opinión, correcto. El problema aparece cuando se trata de establecer un remedio o proponer medidas de solución. Ahí es donde el PCE vuelve a los tiempos pasados y su actualización se limita a una mayor prudencia léxica que convierte sus propuestas en algo tan etéreo y confuso que dudo mucho que sirva para algo.

El diagnóstico de la crisis actual me parece acertado. IU se ha convertido en un proyecto desdibujado y subalterno y se trata de reconstruirla como proyecto alternativo viable. Veamos cómo, pues no es fácil.

El intento dependerá a su vez de cómo se diagnostique la situación general. Y también aquí encuentro aportaciones muy relevantes y dignas de tenerse en cuenta para una izquierda que trate de transformar la realidad. Por ejemplo: la situación internacional revela predominio del neoliberalismo y el imperialismo. IU debe realizar una política de paz. En el aspecto europeo hay que construir una alternativa al tratado de Lisboa que, conjuntamente con la directiva Bolkenstein, consagra la Europa neoliberal de retroceso de los derechos sociales. Y algo similar sucede con el caso español, específicamente tratado en el documento que la Conferencia del PCE ha aprobado. Entre otros factores suscribo la idea de que el modelo de acumulación capitalista español prácticamente más que duplica las tasas de beneficios de las empresas de la OCDE. Así, mientras en los países de esta organización, los beneficios empresariales estaban en torno al 33%, en España se situaban en el 73%; beneficios concentrados, además, en el sector de la construcción y el capital especulativo.

Para buscar una salida democrática a la crisis, el PCE recomienda que IU afirme su identidad como fuerza "anticapitalista" y, muy a tono con una obsesión anguitesca, formule la interpretación de la centralidad del mundo del trabajo; que se apunte a la emancipación de las mujeres; que proponga un modelo de desarrollo ecológicamente sostenible y socialmente justo; que propugne una reforma del Estado en el sentido de la República federal.

Hasta aquí, básicamente correcto. Nadie con una visión de izquierda encontrará grandes objeciones al análisis que hace el PCE de la couyuntura nacional e internacional. El problema reside en aquilatar las propuestas concretas que se articulan para lograr tan loables objetivos y que, examinadas con un mínimo rigor, constituyen una mezcla de piadosos deseos (pleno empleo de calidad, lucha contra la precariedad, la temporalidad, la siniestralidad y las deslocalizaciones), voluntarismo desaforado (aumentar el gasto público reforzando y protegiendo los servicios públicos sean estos deficitarios o no. Devolver al sector público todos los servicios privatizados durante estos años y desarrollar una forma plenamente pública –en titularidad y gestión- de los servicios necesarios para la sociedad) y viejas fórmulas con un ligero lavado de cara (eliminar la universalización del principio de libre mercado y equilibrio presupuestario posibilitando la intervención de los poderes públicos en la economía.-Incentivar la creación de consorcios públicos europeos en sectores estratégicos de la economía como el sector bancario, las telecomunicaciones, la energía, industria naval, aeroespacial, el transporte, el agua y los servicios postales.-Controlar democráticamente al Banco Central Europeo), esto es, en el viejo y recio castellano de toda la vida, lo que los comunistas proponen es socializar los medios de producción, crear el sector estatal de la economía y "nacionalizar" el Banco Central Europeo en el sentido de someterlo a control político. Cabe preguntar qué hay de nuevo en esto, de distinto de las opciones ya fracasadas en Europa del Este. Y la respuesta será: nada. Estas propuestas ya fueron derrotadas en su día y proponerlas da nuevo de forma taimada, ladina, jugando con el lenguaje, no hará gran cosa por aumentar los resultados electorales de IU.

Ciertamente, hay muchas otras propuestas (incluida una de resolver el contencioso del País Vasco) pero, salvo error por mi parte, ni una sola que autorice a hablar de una verdadera "refundación" de IU.

Por último, el documento insiste en regular mejor y de forma más asamblearia, abierta y democrática a IU. De nuevo oleadas de buenas intenciones dado que el problema de la organización no es falta de normas estatutarias (al contrario) sino falta de votos, estos no vienen de los militantes sino de los electores y a los electores hay que ganárselos con propuestas verosímiles y prácticas.

(La imagen es una foto de Davidycuca, bajo licencia de Creative Commons).

Un cuento contado por un idiota.

En el teatro del Matadero de Madrid están poniendo un nuevo montaje del Macbeth de Shakespeare en interpretación de Esteve Miralles y Carles Alfaro en la dirección. La obra trae innovaciones formales y materiales de distinto porte. En las formales, la idea de un escenario único rompe la costumbre Shakesperiana de ambientar sus escenas en múltiples lugares (el castillo de Macbeth, el palacio del Rey, el bosque de Birnan, etc) y aprovecha bastante bien las peculiaridades arquitectónicas del teatro del Matadero de Madrid. Mezcla para ello ríos, praderas, salas del castillo, puertas, etc y todo con mucha presencia de agua y casi siempre de noche siguiendo en esto el espíritu de la tragedia que transcurre en su mayor parte en horas nocturnas en las que hablan las brujas y se cometen los crímenes.

Lo que no me parece tan afortunado es el vestuario. Dentro de la moda tan extendida de actualizar el teatro clásico y llevarlo a un momento posterior quizá atemporal pero más cercano a nuestro tiempo que al suyo, los personajes llevan unos uniformes oscuros con botas y chaquetas abotonadas a un lado que parecen atavíos del Dr. No o, incluso, sacados de Star Trek. Todos llevan pistolas o revólveres y los combates se libran con armas de fuego, anacronismos que no creo añadan nada a la fuerza de la obra sino que, al contrario, le restan.

En cuanto al contenido, la versión reproduce la pieza de Shakespeare fielmente y si bien se presenta como un intento de dar mayor relieve a la figura de Lady Macbeth es dudoso que lo consiga porque ya en la tragedia como salió de la pluma del autor tiene la dama una función de primer orden desde el momento en que es la que trama el asesinato de Duncan y el modo de encubrirlo. Entiendo que el título de la obra, MacbethLady Macbeth es un intento de subrayar la importancia que se concede a la esposa del regicida. Pero también podría verse como un modo de respetar la vieja superstición según la cual pronunciar el nombre de esta tragedia de Shakespeare dentro de un teatro tiene mal fario y traerá desgracias sin cuento.

Porque ya de por sí Macbeth es Lady Macbeth; es a ella a quien el marido escribe desde el campo de batalla para contarle la profecía de las tres brujas que lo convierte en Rey; es ella quien concibe el plan de asesinar al Rey Duncan mientras duerme como huesped en su castillo y quien empuja a su marido a cometer el asesinato cuestionando su hombría y ella la que, horrorizada por la cadena de asesinatos que Macbeth se cree obligado a cometer, acaba perdiendo el juicio mientras intenta inútilmente lavar una sangre imaginaria que le mancha las manos en estado de sonambulismo. Lady Macbeth es uno de los papeles que suele figurar en el repertorio de las mejores actrices profesionales. Macbeth es la tragedia del poder por excelencia, la que expone hasta dónde están los hombres dispuestos a llegar para conseguirlo, que están dispuestos a hacer para conservarlo y qué les sucede cuando por fin lo pierden. Es una historia de ambición, traición y asesinato y el rumbo que toman las cosas cuando a los crímenes se mezclan las potencias del mal.

domingo, 29 de junio de 2008

Cien días: aquí no pasa nada.

El País publica hoy una extensa y magnífica entrevista con el presidente del Gobierno realizada por el director, Javier Moreno, y un equipo de profesionales de la casa. Es un intercambio muy completo pues abarca los aspectos más importantes de la política interior (y parte de le exterior) de España. Los entrevistadores son gente bregada en el oficio que hace preguntas directas y oportunas y no deja que el entrevistado se escabulla con respuestas no pertinentes. A su vez el entrevistado es un gobernante ya experimentado que repite mandato, sabe de lo que habla y no se deja acorralar ni tampoco trata de imponer sus criterios unilateralmente. Así pues merece la pena leerla. Se obtiene una idea muy clara de lo que piensa el Gobierno y el señor Rodríguez Zapatero acerca de los principales asuntos que afectan en la política española. Ante ellos el Presidente adopta diferentes actitudes, pero siempre es interesante leer sus razonamientos que vienen a ser como un informe condensado sobre el estado de la Nación. Mi impresión, habiéndolo hecho, es que se percibe un claro escoramiento del Gobierno hacia la derecha, en las medidas adoptadas, las que se quiere adoptar y las que no se quiere ni ver. Un escoramiento de fondo más o menos disfrazado con fraseología socialdemócrata o progresista.

Siguiendo criterio propio y no la opinión pública retratada por el CIS en su barómetro de mayo, que identifica los cuatro problemas más importantes para los españoles como 1º) paro (52,50%); 2º) situación económica, 51,9%; 3º) Terrorismo/ETA (31,4%); 4º) Inmigración, (28,5%), el periódico abre la antrevista preguntando por ETA y el plan Ibarretxe. Ls respuestas están en las antípodas de las que diera el Presidente a comienzos de la legislatura anterior: no hay nada que negociar con ETA y el plan Ibarretxe nace muerto. Descartar la negociación con ETA me parece una concesión innecesaria a la derecha y un mal criterio entre otras cosas porque no es imposible que el Gobierno haya de negociar si las circunstancias así lo exigen. La respuesta al plan Ibarretxe en el sentido de que no saldrá adelante me parece correcta, aunque el Presidente debiera ser más cauto (al menos, aquí) y no prejuzgar la decisión del Tribunal Constitucional, más que nada para no dar pábulo a los nacionalistas que ya presentan el no del Gobierno como ajeno a consideraciones jurídicas y como un veto político.

La cuestión de la escolarización de niños en la lengua materna en España en las Comunidades Autónomas que la tienen propia, recibe una respuesta vagarosa, a tono con la inconcreción de que ha hecho gala su Gobierno en este asunto. No hay datos sobre el ataque al español, el problema puede ser tambén "político", es decir, imaginario y la mejor ley de defensa del español es la Constitución. Es decir, no me moleste con minucias, que tengo asuntos más graves en qué pensar; y no me indisponga con mis posibles aliados de gobierno. Pero esto no son minucias ni tiene por qué someterse a la política de alianzas de nadie. Quizá haya padres que no pueden escolarizar a sus hijos en la lengua cuyo conocimiento y uso considera la Constitución (art. 3,1) deber y derecho de todos los españoles. Si esto no se garantiza, cambie Vd. la Constitución, pero no deje de tomarse en serio la eventualidad de que unos españoles no puedan cumplir su deber o ejercitar su derecho por razones políticas, que eso sí es politizar las cosas y no lo que dice Vd. que es.

Debe procederse a la renovación del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, paralizadas ambas por la labor obstruccionista del PP, lo que es obvio, y es conveniente acometer las reformas necesarias para que este tipo de bloqueos institucionales tan antidemocráticos no puedan producirse de nuevo. Creo que en esto el comportamiento del PSOE y del Presidente han sido intachables y toda la responsabilidad de este desastre institucional con episodios tan lamentables como el de la niña Mari Luz recae sobre el partido conservador.

El discurso sobre la economía, como suele suceder cuando se aborda este campo aparentemente objetivo, es casi todo él falaz. Que haya crisis o no parece al señor Rodríguez Zapatero opinable y, si se pregunta a los especialistas, afirma, no se pondrán de acuerdo. Es una reproducción del relativismo con que el señor Rodríguez Zapatero abordó el asunto de la nación en su primer mandato (concepto "discutido" y "discutible") aunque seguramente no le saldrá tan caro. Lo curioso es que, siendo el término "crisis" tan opinable, él se niegue a utilizarlo. ¿Quizá porque no es tan "opinable"? Ocurre como con los datos económicos y el valor de las predicciones. Cuando éstas son negativas, el Presidente afirma que no son de fiar porque predecir en este campo es muy inseguro y los fallos y errores abundan... salvo que las predicciones las haga él. Los diversos organismos internacionales que pronostican un crecimiento del PIB de menos del 2% están en un error; el crecimiento, afirma el entrevistado será del 2% y esto, al parecer, no es opinable, aunque sea una cantidad controvertida. El Presidente afirmó el año pasado que el euríbor había tocado techo. Un año después el euríbor se ha multiplicado por dos. Es decir, sus predicciones yerran como las de todo el mundo y es injusto insinuar que quienes hablan de crisis o de lo mal que va la economía sean poco menos que traidores.

Mención aparte merece el asunto de la subida de las tarifas eléctricas. Tras haber leído las explicaciones presidenciales dos veces sigo sin entenderlas, como me quedaba sin entender las "razones" que daba Cantinflas en sus desternillantes monólogos. Pero esto no es una peli sino un asunto que va a significar otro aumento de precios para cientos de miles de familias ya golpeadas por el aumento del interés del dinero, del precio de la gasolina, de los alimentos y que merecen un respeto. Respeto que no sé si puede dar quien, como el entrevistado, ignora cuánto dinero tiene en una cuenta bancaria, igual que, en su día, ignoraba si la hipoteca de su casa está a interés fijo o variable. Encuentro muy difícil que pueda llegar a la masa de la población quien puede permitirse estos lujos casi asiáticos de no saber cuánto dinero tiene.

Paso por encima del caso del señor Taguas quien se ha transformado de asesor del Gobierno en asesor del órgano directivo de la patronal inmobiliaria... en la situación en que se encuentra hoy el mercado de la vivienda. No hay impedimento legal en el trasvase y a la pregunta por su oportunidad moral responde el señor Presidente que él conoce muy bien al señor Taguas. También Felipe González conocía muy bien al señor Mariano Rubio y ponía la mano al fuego por él. No estoy comparando al señor Taguas con el señor Rubio, sino advirtiendo de algo elemental en la condición humana: que lo que está bien, bien parece y, si no parece bien, seguramente tampoco lo estará.

El giro a la derecha es clamoroso en la actitud del Gobierno hacia la Iglesia católica. El señor Rodríguez Zapatero ya se ha puesto meloso con la Jerarquía católica al afirmar que no va a cambiar el marco jurídico de las relaciones entre el Estado y la Santa Sede. Y no da explicación alguna salvo recurrir por enésima vez a la Constitución, como si la provisión de ésta acerca de la religión mayoritaria de los españoles fuera compatible con los Acuerdos hoy en vigor con la Santa Sede negociados astutamente a toda prisa antes de la Constitución de 1978 y aprobados después, a pesar de su espíritu netamente anticonstitucional que nadie hasta la fecha (y menos que nadie el señor Rodríguez Zapatero, que esgrime dicha inactividad general como precedente) ha osadop cuestionar. Pero es que, hasta 2004 más o menos, la Iglesia católica había guardado ciertas formas en política, formas que perdió en 2004, pasando a ser un elemento beligerante (en ciertos aspectos el que más) de la estrategia de la oposición de derechas al gobierno. Con ello convirtió esos acuerdos en un sello de privilegio que vulnera de hecho el mandato constitucional y hiere el principio de igualdad de otras confesiones. La sumisión a una Iglesia hostil y agresiva es, a mi juicio, el aspecto más vergonzoso de la claudicación del Gobierno del PSOE ante la derecha.

Por no hablar del aborto. Acosado por el director de El País, el señor Rodríguez Zapatero admitió que no estaba en sus planes alterar el marco jurídico con la Iglesia y menos las disposiciones sobre aborto que suscitan tanta inquina entre la grey católica. Para contrarrestar, aseguró que se reforzará la normativa vigente para evitar el hostigamiento a las mujeres que decidan abortar y a los profesionales que las atiendan. Es insólito y avergüenza recordarlo, pero el delito no se combate sólo protegiendo más a las víctimas sino, sobre todo, impidiendo que los delincuentes puedan actuar.

En el terreno de la "directiva de la vergüenza", el señor Rodríguez Zapatero se enroca en insultar (demagogos, ignorantes supinos) a quienes la consideran un atraso en la política social europea. Vende como progresista que haya una política comunitaria en materia de inmigración, calla que sea la que han aprobado los neofascistas europeos y rechazado los socialistas y otros izquierdistas europeos. Es un caso patente de solipsismo ebúrneo, cuando no de "ignorancia supina" (que a estas alturas ya no puede suponérsele por razones obvias), sobre todo por el desprecio que implica hacia la opinión pública crítica en Europa. La directiva del retorno, esto es, de la "vergüenza" es un baldón en la conciencia liberal y del Estado de derecho en Europa.

En resumen, si los entrevistadores son buenos, el entrevistado también lo es en lo suyo, aunque esté haciendo políticas de derechas con los votos de la izquierda. Queda por aventurar alguna hipótesis respecto a por qué haya pasado lo que ha pasado, por qué un Gobierno de izquierda en el primer mandato se comporta como uno de la derecha en el segundo. Y tengo tres a falta de una: 1ª) el síndrome de Estocolmo típico de la izquierda en el poder, que acaba imitando a la derecha por temor reverencial. La actitud frente a la Iglesia es prueba de ello. 2ª) la experiencia del "caso aislado". En medio de una Europa de frente conservador, los socialistas españoles marcan el paso al extremo del delirio mental y de llamar "progresistas" a las medidas que aprueban los neofascistas. 3ª) el origen de clase y su práctica política. Son de derechas porque en su mayoría lo son de familia y la única práctica política que han conocido, como decía el otro día un lector, es la de las habilidades para ganar en los congresos del partido.

Todo este discurso, aparentemente ingenioso, al estilo de Blair, tiene un único inconveniente: cuando lleguen las elecciones entre votar a una derecha/derecha y una izquierda que también es derecha, el votante puede optar por lo genuino.

(Las imágenes son fotos de guillaumepaumier, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 28 de junio de 2008

La consultica de Ibarretxe.

Recojo la papeleta de la consulta de Público para que se calibre el contenido intelectual de las dos preguntitas de mícer Ibarretxe. Vamos a ignorar ese aspecto, nada baladí, sin embargo, para ver que en la sociedad, los conflictos engendrados por el nacionalismo no buscan establecer un territorio de entendimiento sino sólo de confrontación.

Las dos partes en este conflicto llevan ya mucho tiempo enfrentadas hasta que una de ellas desista. Y tiene pinta de ser así hasta el final. Lo que no se ve es el final.

Esta consulta es ilegal. Basta recordar que la convocatoria de referéndums es competencia del Estado (art. 92, 2 CE). Responde aquí el señor Ibarretxe, pensando ser lo que los franceses llaman très malin que lo suyo no es un "referéndum" sino una mera consulta popular. Tampoco le vale porque ya sabe el legislador que un referéndum es una forma de consulta y así lo dice, reconociendo a las Comunidades Autónomas (CCAA) capacidad para convocar consultas populares por vía de referéndum siempre que tengan la preceptiva autorización del Gobierno Central (art. 149, 32). Y le guste o no al lehendakari, lo suyo es una "consulta popular por vía de referéndum"..

La actitud del Lehendakari es prácticamente suicida, es un jugárselo todo a una sola carta: se trata de disimular diez años de nadería institucional, de gestión anodina, sin avances apreciables en una traca final de victimismo. Las huestes mesetarias yugulan la manifestación de la libertad y el ejercicio de sus derechos al pueblo vasco. Esto es el intento de fundar un nuevo símbolo iconográfico: el impedimento de la independencia. Insiste Ibarretxe en desconocer los términos exactos del debate planteado por su propuesta y pretende irse a un terreno imaginario, propio de la teoría abstracta, en el que se ignoran las condiciones históricas concretas de los pueblos, una teoría de términos angelicales: "¿en qué cabeza cabe", sostiene el lehendakari, "que en una democracia no pueda consultarse la voluntad de los ciudadanos"? Lo que quiere decir es que su propuesta debe tratarse como si fuera una encuesta o un sondeo. Pero, precisamente que eso no puede ser se prueba por el hecho de que sea el Gobierno de la CCAA el que lo convoca. Si el Gobierno quiere saber qué opina la ciudadanía, que encargue un estudio a una empresa de investigación de mercados. Que la consulta la haga el gobierno es lo que la convierte en un hecho decisorio de la colectividad puesto que los votos de los ciudadanos son vinculantes para las autoridades democráticas.

Por eso es tan importante el aspecto puramente procedimiental de la cuestión, esto es, si la propuesta se ha aprobado dentro de la legalidad formal o ésta ha sido vulnerada. Como es evidente cuando, además de recurrir a la Constitución lo hacemos a la vigente Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, sobre Regulación de las Distintas Modalidades de Referéndum que, en su artículo dos, uno dice taxativamente que La autorización para la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum en cualquiera de sus modalidades, es competencia exclusiva del Estado.

En estas condiciones, ¿por qué convoca el referéndum el señor Ibarretxe? Por la razón de que con él pretende conseguir algo distinto a un objetivo independentista, por lo demás, como todo el mundo. Por ejemplo, ¿que significado tiene que los diputados del Partido Comunista de las Tierras Vascas den un voto al proyecto y los otros ocho se abstengan? Sencillo: en primer lugar se hace ver al nacionalismo burgués que, sin el radical no es nada y que depende de él para tramitar sus más alocadas iniciativas. Las otras ocho abstenciones tienen una finalidad mucho más ponzoñosa: demostrar que es posible y aceptable tomar decisiones de tal calado político con la mayoría absoluta, o sea, la mitad más uno de los votos.

No haya cuidado no obstante: el Estado central paralizará la iniciativa ilegal de Ibarretxe que, al plantearla como un ultimátum al Estado de derecho, viene a sumarse a las tesis de ETA de la legitimidad de la lucha armada dado que la "democracia española" no es tal puesto que el Estado español se encarga de yugular toda iniciativa en pro de la autonomía vasca.

Todo lo anterior en cuanto a los aspectos jurídicos y políticos de la consulta. Respecto a los morales puede decirse algo más: es cierto que la formulación de las preguntas es correcta y cualquier persona comprometida con la defensa del derecho de autodeterminación debería defender esta consulta/referéndum. Y yo mismo lo haría de no ser porque el Lehendakari la ha planteado torticeramente, con engaño, abuso de confianza y trampa. Dijo que sólo se convocaría en ausencia de violencia en el País Vasco. No hay ausencia de violencia pues ETA sigue actuando y la consulta va adelante. Pero ya no es la misma consulta sino el resultado de un engaño. Por el mismo engaño y la misma falsedad el señor Ibarretxe acepta que la consulta se apruebe gracias al voto del PCTV. Es un engaño y una inmoralidad por las que el señor Ibarretxe no pretende conseguir otra cosa que justificarse en el poder y ocultar su falta de hombría de bien.

Algún día de estos me armo de valor y paciencia y escribo algo sobre el asunto de las lenguas, la llamada común y las otras. No es justo que sólo se diviertan con ello iempre los mismos.

¿Por qué no se puede andar por ahí matando? (II)

Tu rostro mañana es una novela de espías, muy sui generis pero espías al fin y al cabo y espías británicos. En realidad toma pie en aquella coyunda tan pintoresca y significativa, quizá en el fondo específicamente británica entre el MI6, el Partido Comunista británico y las universidades de élite, Oxford y Cambridge. Sir Peter Wheeler, un personaje real que Marías ha convertido en personaje de su relato es una especie de trasposición de dos de estos datos, espía y erudito hispanista, profesor de Oxford. Le falta el ser comunista, pero se le añade algo también con mucho bouquet británico para una generación y un tiempo, esto es, la experiencia de la guerra civil española. A propósito de si en las novelas de Marías pasan cosas o no merece la pena reseñar que en esta se habla en un par de ocasiones y con conocimiento de causa y detenimiento del secuestro y asesinato de Andreu Nin, posiblemente el momento culminante de la influencia soviética en España.

Pero la novela de Marías también quiere ser más cosas. Lo observamos en algunas de sus infrecuentes y muy prudentes referencias literarias. En primer lugar, por la provincia espionaje tiene aquí una aparición estelar Ian Fleming, el creador de 007, quien también tuvo una aventura española que lo puso en relación con sir Peter Wheeler. El asunto dará para sorpresa en el libro y entre lo que Marías dice y lo que da a entender, sorpresa mayúscula, hasta el punto de que quizá estemos cerca de saber quién torturó y parece que despellejó vivo a Nin. Las otras referencias indican otras vías de entretenimiento de lo británico: el nombre de Woodehouse, hoy casi desconocido en España, a propósito del nombre de Tupra, Bertie, y el mucho más valorado de Laurence Sterne a propósito del nombre del hermano de Sir Peter Wheeler, Toby Rylands y, de paso, otro elemento de incertidumbre: dos hermanos que no se llaman igual por lo que nuestro narrador, que los trató durante largos años, siempre ignoró que fueran hermanos, como lo eran el tío Toby el padre de Tristram Shandy. No se olvidará que Marías es traductor de la novela de Sterne al español.

Ya en el primer tomo de la trilogía se conectó el extraño empleo de Jaime Deza (esa organización sin nombre en un edificio sin nombre) con la campaña que pusieron en marcha las autoridades británicas durante la guerra para contrarrestar el espionaje entre la población civil en Gran Bretaña, campaña que se ejemplifica por los carteles en los que, de forma muy gráfica, se invita a la población a evitar el careless talk, esto es, conversaciones en las que hubiera algún tipo de información que los espías enemigos que están en todas partes podían emplear luego para causar muerte y destrucción entre las tropas británicas. Se trataba de conseguir que la gente no hablara de nada con nadie, que no contara nada ni al novio, ni a la madre, a nadie porque la sociedad estaba llena de espías. Fascinado por esta situación (como también lo estuvo y sigue estándolo Sir Peter Wheeler) Marías vincula esta perversión suma de romper toda forma de comunicación con el carácter totalitario y último de la guerra, actividad en la que vale todo y toda consideración moral está de más. Aquí estamos en el terreno de la violencia y del Mal de que hablaba en la entrega anterior.

Una pequeña digresión iconográfica. Marías reproduce algunos carteles ingleses del careless talk en el primer volumen y otros también británicos y de otros países en el tercer volumen donde igualmente aparecen algunos españoles de la guerra civil, lo que da pie a Sir Peter para hacer una interesante reflexión sobre cómo la guerra civil española mostró más odio entre los contendientes que entre estos en la Segunda Guerra. En todo caso, añado por mi cuenta un par de carteles de idéntica temática pero en alemán, prueba de que aquella guerra fue muy simétrica y todos recurrían a procedimientos similares. En el primer cartel alemán se lee: "¡Atención! ¡Espías! Tened cuidado con las conversaciones" y se ve a un hombre en primer plano semioculto detrás de un periódico pero escuchando lo que un oficial nazi está comentando en un café a un amigo suyo. En el otro, un cliente enjabonado está diciendo al barbero; "Cuando yo se lo digo..." mientras se dibuja una sombra humana de alquien que está escuchando y las autoridades advierten de que; "¡El enemigo está escuchando!" Más adelante se perfeccionará esta interpretación de la guerra cuando veamos que durante la contienda no solamente hay que saber callarse y no hablar ante nadie sino que, si hay que hablar, es preciso hacerlo de forma que cause el peor mal al enemigo, mintiendo, engañando o asesinando. No hay marco moral para el patriotismo belicoso.

Es Sir Peter Wheeler quien pone en contacto a nuestro narrador con Bertram Tupra en esa fiesta en su casa y que tan bien descrita está en la obra de Marías como aprecia cualquiera que haya asistido a las parties británicas, sobre todo de académicos. Tupra contratará a Deza para las funciones de interpretación de rostros de que se habló en la entrega anterior. En definitiva, una actividad que ya empezó a hacerse en el contexto del contraespionaje británico durante la Segunda Guerra mundial, cuando se enviaban muchos hombres a Alemania y Europa en general encargados de la información y con cometidos de resistencia y sabotaje para ayudar al esfuerzo de guerra, y se trataba de saber cuánto podría aguantar uno o qué sería capaz de hacer otro en tales y tales condiciones. En una de sus primeras y confusas explicaciones sobre su quehacer, Tupra dice a Jacobo que, al fin y al cabo, se trata de un "servicio a la patria" y que, en definitiva, "nunca nos libramos del patriotismo completamente" (III, pág. 249). Esto da pie a Deza para embarcarse en sutiles distinciones entre la "Patria" española y el "Country" británico pero, al tiempo, podemos ver que Tupra entiende su misión como una especie de licencia 007, esto es, estar más allá del juicio moral ordinario. Cosa que se echa de ver en la ya mencionada, inverosímil pero muy literaria escena de la paliza que Tupra propina al imbécil del agregado cultural (especialista en poesía medieval española) De la Garza. A propósito de ello se inicia un debate entre Tupra y Deza sobre los aspectos morales del violencia y la guerra que el español trata de zanjar recurriendo a lo que le parece un pronunciamiento ético incuestionable: que no se puede ir por ahí matando a la gente y ese es el momento en que Tupra le hace la pregunta que parece decisiva y la que pone el asunto en los exactos términos del debate moral, algo que Deza no se espera: "¿Por qué", pregunta Tupra, "¿por qué no se puede ir por ahí matando?", a lo que Deza, sorprendido sólo puede responder que porque moriríamos todos, lo que es una respuesta inconsecuente.

Ciertamente, el debate está montado sobre un equívoco elemental, el que se deriva siempre de la confusión entre el ser y el deber ser. Lo que Deza quiere decir es que no se debe ir por ahí matando. De esa forma la cuestión está delimitada y Tupra no puede jugar más a la confusión entre ser y deber ser con lo que su contraargumento de mostrarle (que, ya se sabe, no equivale a demostrar) que matar, asesinar y torturar es lo que hace todo el mundo en todas partes carece de fuerza.

La cosa tiene un giro apreciable cuando es nuestro héroe quien, de viaje a España, ante la sospecha de que su ex-mujer está siendo maltratada por el hombre con el que se relaciona (otro retrato de un español tipo ideal muy bueno, aunque no tanto como el De la Garza), recurre a los mismos métodos que Tupra. Es decir, en definitiva, claro que se puede ir por ahí matando. A veces hasta conviene. Es la guerra, donde vale todo. En la guerra "total", el servicio del espionaje británico tuvo como norma ser peores que los nazis, superarlos en destructividad y maldad (p. III 615), hasta el punto de que se decía que cuanto más sucia fuera la guerra, mejor (p. 627). Lo que ahora viene a decirse en la novela es que ya no hay diferencia entre los tiempos de paz y los de guerra y que la paz es la continuación de la guerra. Podríamos decir que tocamos el fondo de la novela de Marías: toda la vida humana es guerra, de una forma u otra, con unos u otros dioses, pero guerra.

No obstante, al tratarse de un escritor tan inteligente y sutil, la conclusión anterior sería insuficiente puesto que en la obra hay mucho más que eso: hay varios ambientes, la historia de un par de familias, un tiempo, unos lugares, y un lugar y varios tiempos; hay un bullicio permanente del que nos da cuenta Marías casi sin avisarnos y a través del estilo indirecto que ya comentamos. El relato de la guerra -cualquier guerra y una o dos en concreto- y el de la paz -también cualquier paz y alguna en especial- se reconduce ahora como venero de otro más amplio y noble, a donde conduce la novela con gran maestría narrativa: al relato de la vida y la muerte..

Capítulo aparte merecen los personajes. Algunos son verdaderos hallazgos. Por supuesto, el más interesante, el protagonista, el narrador que curiosamente habla de todos los demás y de sí mismo, pero no queda claro que se conozca mejor que a aquellos a los que "cala". Por eso cita Marías un informe sobre él hecho en la organización, por alguno de sus colaboradores, no sabe por cuál, pero en el que se asegura que no se conoce a sí mismo (III, p. 500). Los demás personajes forman una fabulosa galería no muy poblada pero en la que algunos tienen la curiosa distinción ser personajes reales y literarios al mismo tiempo. Es muy curiosa la aparición de don Francisco Rico en el relato. De Sir Peter Wheeler ya sabemos que fue importante personaje en la vida del autor y la figura del padre, dibujada con infinito cariño y escueta referencia a su integridad moral en tiempos de encanallamiento colectivo es emocionante.

Hay muchos otros aspectos por tratar en una obra tan rica en matices como ésta, pero sería cuento de nunca acabar. Merece la pena seguir al autor en esa forma tan peculiar de interpretarlo todo: la realidad, a los demás, a sí mismo y a sí mismo a través de los demás.

viernes, 27 de junio de 2008

¡Rusia culpable!

"Asombro del mundo", "admiración de Europa", "España se hace grande" hasta los periódicos más serios aparecen hoy dando la nota hiperbólica, como si hubieran perdido la Minerva. ¡Qué fácil es contagiarse de patriotismo, chauvinismo, nacionalismo! Como si no se tratara del capricho de una esfera rodando por el cesped sino de la razón misma de la historia cabalgando por debajo de nuestras ventanas como dicen que vio Hegel a Napoleón al regreso victorioso de Jena. Y tanto más orgullosos cuanto menos motivos tenemos para estarlo en otros campos: científico, económico, industrial, musical, cultural, financiero, tecnológico...Somos una potencia futbolística. En la memoria de los más viejos del lugar, el gol de Marcelino que dio la victoria a España frente a la Unión Soviética (que, así, perdió por segunda vez la guerra en el solar hispano) en la Eurocopa de 1964 en el Santiago Bernabéu, ante el Caudillo y como fruto de los veinticinco años de paz que se había inventado en entonces ministro de Infomación y Turismo, señor Fraga Iribarne, sí, sí, el de ahora,

Y mañana o cuando sea, prepárate Alemania que, con todo tu orgullo teutónico, morderás el polvo ante la furia española. Pues si vosotros tuvísteis a Einstein, nosotros tenemos a Villa. Modestia aparte, somos la raza cósmica que José Vasconcelos predicaba de los mexicanos.

¡Que suba el euríbor, que vamos por la Eurocopa!

La imagen es un cuadro de Vasili Vereschagin, El resplandor del fuego de Zamockvorechie durante las guerras napoleónicas (1907)

¡Ay de los vencedores!

De los vencedores del Congreso del PP. Ganaron éste, pero no supieron (o no pudieron) hacer una candidatura integradora. Habitualmente entiéndese por tal un órgano colegiado compuesto por personas que se odian y a la primera ocasión reventarán el órgano en el que están si creen que ganan algo con ello. Sea como sea, con órganos compuestos tan solo por gente del botafumeiro vamos mal. No hace falta decir que se llama gente del botafumeiro a los que alaban al enemigo; quienes nos alaban a nosotros son fríos y distantes analistas que saben ver la verdad allí donde se encuentra: en la casa de mi Padre, decía Cristo, modelo de objetividad.

La señora Aguirre, una de las más botafumeirizadas de la historia, aprovechó la hora de medianoche, que es cuando las hadas convierten carrozas en calabazas y suaves sedas en paño basto para echar de sus chollos a los señores Lamela (el del Cristo del Severo Ochoa) y un tal señor De Prada que no parece haga la pelota a la jefa, cual se la hacen todos lo pelotas que la rodean como rodean a todo gobernante: muy bueno lo tuyo, jefe; qué precioso niño, ¿Qué hay de lo mío?

La señora Aguirre es "la cólera de Dios". No reposa, es rayo que no cesa ni acepta un no como respuesta. Esa permanente sonrisa sobre la que acecha una mirada de águila, fría, exacta, distante, que no soltará su presa. La señora Aguirre vuela alto y quiere que se le reconozca y de lo demás no se preocupa. Es una política audaz estilo Napoleón: primero, los hechos; las explicaciones, justificaciones, ideologías, después.

Una invitación a la lucha que la dirección nacional del PP no puede ignorar. Así que la señora Aguirre mantendrá enhiesta la bandera española en la CA de Madrid y, al final, antes de las elecciones de 2012, presentará su candidatura. De aquí a entonces, el PP será un partido dividido de hecho en dos, con una amenaza de secesión que sólo se mitigará en la medida en que salga elegido el sector de Aguirre, que es el más belicoso, ya que el otro, a fuer de moderado, no es capaz de llevar el conflicto a la escisión.

Difícil presidencia la de los vencedores del congreso.

(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, bajo licencia de Creative Commons).

¿Por qué no se puede andar por ahí matando? (I)

Estaba en deuda con mi amigo Santiago Rodríguez. Por mi cumpleaños, en octubre del año pasado, me regaló la última novela de Javier Marías (Tu rostro mañana. 3 Veneno y sombre y adiós, Alfaguara, Madrid, 2007, 705 págs.), tercera y última parte de una trilogía cuyas partes anteriores fueron 1 Fiebre y lanza y 2 Baile y sueño. Pero mi "plan de lectura", algo que no tengo pero debe invocarse por cuanto aun no teniéndolo, se acaba imponiendo a la voluntad propia de forma que, bien por designo bien por azar, uno acaba haciendo lo que no había previsto, me impidió hasta ahora la lectura de la novelaza de Marías.

El estilo es prolijo, no preciosista, sino minucioso, no premioso con cadencias propias. Es además un estilo quebrado y quebradizo. Nada se dice directamente, sino que se infiere indirectamente, un ánimo más que denotativo, connotativo. Es un estilo complicado, difícil, en el que, además, se cuentan relatos dentro de los relatos y no hay nunca muchas referencias espaciotemporales de forma que no es del todo seguro en dónde suceden las cosas teniendo además en cuenta que algunos de los sucesos tiene lugar en un espacio muy especial pues es en el recuerdo donde las indeterminaciones son aun más evidentes ya que aparecen expresamente en los parlamentos: "ya no recuerdo si fue en la Piazza de Spagna o en el Trastevere en donde me dijo...".

La imprecisión, el difuminado impresionista alcanza a un privilegiado terreno objetivo, el de los nombres. Los personajes más importantes del relato tienen varios nombres y es siempre difícil saber con cual se presentarán en cada momento. Empieza el asunto por el narrador mismo, apellidado Deza y de nombre Jacobo, Iago, James, Jack, Jaime, según quién lo pronuncie y cómo lo haga. Lo mismo sucede con otros personajes: el jefe de Jack durante el trabajo que desempeña mientras dura la novela se llama Bertram Tupra, Reresby, Ure o Dunda o vaya Vd. a saber qué más según con quién trate y para qué.

La acción tiene lugar en Gran Bretaña y ello no es asunto accesorio, sino que forma parte de la novela, la historia que se nos narra, una especie de acción a dos voces, un diálogo de dos culturas, la británica y la española, con un narrador español que nos trasmite un profundo conocimiento y no menos profunda admiración por la cultura británica y un igualmente profundo conocimiento de la cultura española pero no tanta admiración por ella sino, al revés, una actitud crítica y agresiva con frecuencia ("España, jardín de los atuendos ignominiosos y desvergonzados" (III, p. 344), "España, el país más pueril y bravucón que conozco" (III, p. 504)). No es imaginable una sola expresión de ese o parecido jaez sobre Gran Bretaña y, en verdad, no la hay. De donde se sigue que, en ese diálogo de culturas está implícita una jerarquía de valores que da superioridad a la británica sobre la española. Es cierto que el noventa por ciento del juego intercultural son observaciones léxicas, semánticas, de coincidencia o discoincidencia entre el español y el inglés, pero en donde hay jerarquía de valores, se resuelve siempre en el mismo sentido. Ello no va en demérito de la obra de Marías en modo alguno sino al contrario porque esa jerarquía es la que se da en la vida real: el mundo conoce hispanistas británicos a porrillo, pero no tantos britanistas o anglicistas españoles, me temo. Sir Peter Wheeler, en cierto modo el contraprotagonista de la novela tiene un ala de su biblioteca dedicada a obras sobre la guerra civil española escritas por británicos; no creo que nadie tenga en ningún sitio algo más de media balda de libros sobre la Gloriosa Revolución inglesa escritos por españoles.

Así que, cuando uno lee a Marías reflexionando sobre lo británico y lo español que en él andan mezclados, uno piensa en Forster que también estaba siempre dialogando con lo indio, lo italiano o lo alemán; pero se lo contaba a su gente, a sus compatriotas. En cambio, Marías cuenta lo español a los ingleses. Léase la pág. 331 en que explica cómo eran los "saltos" de los estudiantes de comienzos de los setenta frente a los, dice, "policías o 'grises'" (Get what I mean?).

Francisco Umbral creía que Marías era un buen exponente de lo que llamaba los angloaburridos porque en sus novelas no pasaba nada. Sin embargo sí que pasa, con comodidad y seguridad. Pero es tan vertiginoso que parece que no pasa nada o puede que alguien como Umbral, que sólo miraba por sí mismo, no lo viera. Pasan guerras, paces, revoluciones, amores, odios, crímenes, venganzas, aventuras sin cuento. Pasa todo el torbellino de la vida. Lo que sucede es que no de foma inmediata, como si se tratara de un documental que alguien pon ante tus narices ocultándose detrás de una cámara, sino mediata, a través de un narrador que lo es en primera persona. Es Jack, James, Jaime, Jacobo, Iago Deza el que cuenta qué está pasando. El corpus mismo de los relatos es relativamente homogéno. La primera novela transcurría casi toda ella en una recepción en casa de Sir Peter Wheeler y la segunda casi toda ella en una discoteca en cuyo lavabo para discapacitados tiene lugar un hecho decisivo en el relato y que suena inverosímil, una paliza espantosa que propina el jefe de Deza que aquí ha de ser Reresby, a un compatriota español un estúpido, vulgar, necio funcionario de la embajada, De la Garza, cuyo retrato en plenitud traza Marías durante decenas de páginas, porque es uno de los caracteres más importantes de la historia, un personaje repulsivo en el que el autor se vuelca porque, a modo de chivo expiatorio, llevará sobre sí parte de esa España por la que Marías, por razones biográficas conocidas, siente especial aversión y al que convierte en el payaso que recibe las bofetadas. En su última aparición antes de convertirse en un guiñapo, ya aparece descrito como un payaso goyesco.

Se detecta cierta contradicción entre los dos espíritus de Deza, el positivista y el crítico y normativo. Por ejemplo, la inaudita violencia que Reresby ejerce contra Rafael de la Garza contradice el hermoso párrafo del padre de Deza sobre la violencia. Pero esto es indiferente, ya que se trata de una novela y no de una libro de ensayos. Aunque tenga bastante de esto. Gran parte del relato son observaciones que realiza Deza, que se ramifican y acaban adoptando un aspecto ensayístico, aunque suelen ser lo que llamamos ajustes de cuentas; ajustes de cuentas del autor soltados de un plumazo con sus contemporáneos, su país, los coetáneos de su padre, otros escritores, etc. Pero lo de la violencia no queda nada claro. Y más tarde, menos. Hemos dado con uno de los veneros de la obra, en lo más profundo de su razón de ser: la violencia, el Mal, quién lo practica, quién lo sufre, qué rasgos tiene, cómo puede atraparte. Volveremos sobre esto en la siguiente parte de la crítica.

El ajuste de cuentas no sólo se narra en pasado sino en presente. Hay salpicadas por la obra observaciones generalmente agudas y muy críticas con otros escritores ("cualquier ignorante publica una novela y se la ensalzan"...III, p. 77) y el panorama cultural general. Es asombroso, se queja Deza de lo mal que se escribe y lee en español. La toma con la costumbre de colocar en plural los nombres propios cuando van en plural como los García o los Ortega (que, siguiendo el barbarismo, serían "los Garcías" y "los Ortegas") y el ejemplo que pone es el de algún día habrá que hablar de "los lópeces" (II, p. 317). Es curioso, pero ya se hizo en tiempos del franquismo, cuando hubo tres ministros "López", López Bravo, López de Letona y López Rodó. Curioso, digo, porque el idioma se incorporó la forma incorrecta dándole un giro de humor.

La obra de Marías no contiene "trama" en el sentido tradicional; un acontcimiento con planteamiento, nudo y desenlace, sino que es un relato lineal , unos meses de acción real en la vida de Jacobo Deza, en un tiempo en que desempeña un trabajo nuevo y misterioso del que iremos sabiendo retazos, pero sin tener un cuadro completo (que el propio Deza tampoco tiene) y en el que está tratando de recomponer su vida luego de un divorcio de su mujer, siendo los dos padres de dos criaturas, situación que él preferiría resolver volviendo a la anterior conyugal a lo que ella se opone. El relato, no obstante su linealidad se hace más y más complejo cuanto que hay una especie de navette del presente al pasado y de éste al futuro, que puede ser este presente u otro pasado.

Del empleo sabremos pronto que se trata de una sección sin nombre en un edificio sin nombre bajo el mando del MI5 y MI6, pero no se sabe nada más. Sólo que su tarea concreta consiste en "interpretar" gente, deducir de lo que les ve hacer y escucha hablar cuál será su comportamiento mañana, su cara mañana. Describe muy bien lo que hace ya hacia el final del tercer volumen cuando concluye que: "la interpretación de personas o la traducción de vidas o la anticipación de la historia había provocado la eliminación de gente y desastres y calamidades." (III, p. 604). Toda la novela es una acumulación de interpretaciones, una especie de catedral de la hermenéutica que se basa en el hecho de que el protagonista tiene una eficacísima capacidad para "calar" a sus semejantes, saber por qué actúan como lo hacen y predecir su acción, explicarlos, neutralizarlos. Y ello con consecuencias inesperadas que convierten a la trilogía de Javier Marías en una estupenda historia de espías y detectives sin quererlo. Digo sin quererlo porque quiere otras cosas y a fe que las consigue.

Pero de eso, el resto, ya mañana, que se me hace tarde y tengo trabajo.

jueves, 26 de junio de 2008

La directiva de la vergüenza y la desvergüenza de Rodríguez Zapatero.

Cada vez está más claro que este Gobierno en general y su presidente en particular están escorados hacia la derecha. Ayer no bastó al señor Rodríguez Zapatero que el señor Rajoy lo felicitara por su posición sobre la inmigración (dijo que el Gobierno había "rectificado") y en especial sobre la llamada "directiva de retorno", también conocida como directiva de la vergüenza, que ha suscitado críticas y rechazos en la izquierda europea y mundial. Tampoco le bastó que los grupos más de izquierda del Congreso, Esquerra Republicana de Catalunya, Izquierda Unida, el Bloque Nacionalista Galego y ¡hasta el partido de doña Rosa Díez! lo criticaran frontalmente y hablaran de un "Guantánamo europeo". Se reafirmó en su apoyo a la directiva de la vergüenza y pasó al ataque, sosteniendo que tales críticas son muestra de una "ignorancia supina elevada a la categoría de lo insólito o de una demagogia insostenible."

No ven (no vemos) los críticos las ventajas que para los inmigrantes ilegales supone la dicha directiva: garantías jurídicas de todo tipo, amparo, protección y un plazo máximo de detención, siendo así que en varios, ocho, países de la Unión Europea no lo había.

Es la repuesta la que muestra una ignorancia supina y un grado de demagogia difícil de superar: como algunos países no tenían plazo máximo de detención, se arbitra uno ¡de año y medio! durante el cual se puede deportar a la gente mediante decisión administrativa. Mediante decisión administrativa (policial) se confina a los inmigrantes en centros de internamiento; es verdad que pueden pedir el amparo de los tribunales, pero el presidente calla que eso será según las disponibilidades de cada país, condición que rige también para la asistencia letrada de los retenidos/deportables. O sea que de garantías, nada. Asimismo la deportación se puede hacer a terceros países siempre que estos acojan a los deportados. También calla el presidente que lo habitual es que esos "acogimientos" se compren. Lo mismo sucede con los menores inmigrantes; también pueden ser deportados a terceros países que, tras cobrar por ello, harán con esos menores lo que les venga en gana. ¿A qué garantías y seguridades se refiere este buen hombre?.

Dice el señor Rodríguez Zapatero que hablar de "Guantánamo europeo" es intolerable demagogia. Seguramente tiene un pico de tal, pero no más que la que hace él en sentido contrario justificando como avance y progreso una norma por la que vota la derecha europea en pleno, incluida la neofascista y a la que se opone la izquierda europea también en pleno, incluidos dos eurodiputados socialistas españoles, señores Borrell y Obiols, obviamente los únicos que han tenido agallas.

Porque, como no quiero dar a entender que, cegado por mi extremismo, ataco injustificadamente al presidente del Gobierno y secretario general del partido por el que he votado, echemos una ojeada a la votación de la directiva del retorno en el plenario del Parlamento Europeo del 18 de junio pasado. La directiva salió adelante por 369 votos a favor, 197 en contra y 106 abstenciones. Aun teniendo en cuenta que hubo muchos votos cruzados (por ejemplo los 16 eurodiputados socialistas españoles que cometieron la canallada de votar a favor ahora vemos que por orden del señor Rodríguez Zapatero, que tanto alaba esta norma xenófoba) es razonable pensar que los 369 "síes" vinieron de los 431 eurodiputados de los grupos del Partido Popular Europeo, la Alianza de Demócratas y Liberales y la Unión de la Europa de las Naciones, un grupo populista de derecha, o sea, la gente bien, contando con los dieciséis "socialistas" españoles. Los 197 "noes" y 106 abstenciones proceden del Partido de los Socialistas Europeos (215 aurodiputados) y de los Verdes, la Nueva Izquierda y los Independientes, o sea, la chusma. Es más, los socialistas europeos que trataron sin éxito de modificar la directiva de la vergüenza en un sentido garantista consideran que ésta atropella los derechos de los inmigrantes y permite que se pueda encerrar en centros de internamiento hasta dieciocho meses a gente cuyo único delito es su deseo de escapar de la miseria y la desesperación, según dice Mme. Martine Roure, la encargada de negociar la directiva de retorno en nombre del Grupo del Partido de los Socialistas Europeos, cosa imposible porque las derechas, apoyadas por los dieciséis eurodiputados españoles de la ignominia, impusieron el texto en un trágala de "lo tomas o lo dejas", ese texto que para el señor Rodríguez Zapatero es tan garantista.

Preguntas: ¿también son supinos ignorantes y demagogos los socialistas europeos? ¿Lo son los verdes? ¿Amnistía internacional que ha publicado un comunicado condenando la directiva? ¿Mercosur, que ha hecho lo propio? ¿Y no será que el ignorante supino y el demagogo es el señor Rodríguez Zapatero que, además, pretende engañar a la gente ocultando el hecho de que los casi doscientos eurodiputados socialistas del PE han votado en contra o se han abstenido?

Este menda ¿cree que la gente es idiota?

(La imagen es una foto de Adobemac, y representa una visita al campo de concentración de Dachau, bajo licencia de Creative Commons)

Activismo en la blogosfera.

MUGABWE

Ayer surgieron dos o tres causas de esas por las que uno cree que merece la pena hacer algo, que normalmente bien poco es: firmar alguna petición, hacer circular una protesta, indignarse, comentarlo con alguien, patalear. Algo, por no estar de brazos cruzados sintiéndose un poco cómplice por inacción. Doy cuenta de los más significativos por si alguien quiere sumarse al derecho al pataleo.

En primer lugar, los de Avaaz quieren que firmemos una petición para "liberar a Zimbabwe de Robert Mugabe", o sea, para echar a ese viejo carcamal que lleva veintiocho años machacando a su país, robando a sus ciudadanos, encarcelando, torturando y matando a quien le place. Y hacerlo para pedir que se aplacen las elecciones previstas para hoy, que serán una farsa. Si alguien quiere firmar, que pinche aquí.


PRECARIOS

Juan Dorado Romero me manda un texto que resume y denuncia muy bien la condición de los becarios de los programas universitarios de formación de personal investigador. A la incertidumbre y escasez de sus medios económicos, añaden estos becarios demoras y dilaciones de meses y meses de la administración a la hora de convocar los concursos, resolverlos y comenzar a hacer efectivas las dotaciones. Quien quiera hacerse una idea de las condiciones inadmisibles en que se encuentra este personal investigador de la "octava potencia economica del mundo" y a las cuatro años de un gobierno socialista que ya podía haber hecho algo por ellos, que pinche en Precarios.

(La imagen es una foto de aipexa, bajo licencia de Creative Commons).


CAMBIO CLIMÁTICO.

Elsa Pensamiento me manda esta presentación sobre el cambio climático. Es una carta que se supone escrita en el año 2070, con la biosfera en estado irrecuperable y la humanidad en trance de extinción, aquejada de los más diversos, previsibles y devastadores males.

En realidad, este tipo de productos (recuerdo haber visto una historia espeluznante al respecto en los años setenta, Soylent Green, una peli de Richard Fleischer, con Charlton Heston, que acaba de morir; luego han venido otros, Blade Runner es uno de ellos) son narraciones distópicas. Esto es, continúan la tradición utópica que inventó Platón y bautizó Tomás Moro pero con la carga valorativa cambiada. Hace mucho tiempo que la Humanidad ha dejado de ver el futuro con confianza y alegría, incluso con la alegría rabelaisiana de reírse de lo que hay y contraponerlo a lo que pudo ser. Ha dejado de confundirlo con el progreso. Hoy, la idea del futuro es apocalíptica; de una u otra forma, pero apocalíptica. Lo que refleja esta presentación es un Apocalpsis producido por el agotamiento del agua. Se aborda esta situación carencial desde perspectivas prácticas e inmediatas, de cuanta agua hay que beber al día o para qué se usa en relación con el cuerpo humano o la producción alimenticia. Con mi optimismo existencial pienso en lo que será una situación en que haya no escasez sino carencia de aquello de lo que estamos hechos, ya que más de tres cuartas partes del cuerpo humano son agua.

miércoles, 25 de junio de 2008

Topar con la Iglesia.

Si Dios tiene el don de la ubicuidad, sus representantes en la tierra, los curas, lo llevan a rajatabla. No hay debate o cuestión polémica en nuestra sociedad, por alejados que estén del privilegio eclesiástico, en los que la Iglesia no se sienta autorizada, qué digo autorizada, moralmente obligada a hacer escuchar su opinión y, si los tiempos y las costumbres lo permiten, a imponérsela a todo el mundo a cristazo limpio. ¿Aborto? ¿Fecundación in vitro? ¿Eutanasia? ¿Clonación? ¿Educación? ¿Homosexuales? ¿Matrimonios gays? ¿Adopciones gays? ¿Pobreza en la sociedad? ¿Sostenimiento de culto y clero? En todas estas cuestiones y en muchísimas otras la Iglesia está acostumbrada a que su opinión se tenga en cuenta y, antes de este deplorable (por democrático y constitucionalista) siglo XXI, imponía dicha opinión a sangre y fuego.

En los trabajos preparatorios de su trigésimo séptimo congreso, según parece, las bases del PSOE andan apremiando a los órganos del partido para que se vaya adelante con la política de laicidad y otros derechos de homosexuales, mujeres (aborto), ancianos (autanasia) en los que la opinión de la Iglesia es rotundamente contraria a toda ampliación. Casi parece como una especie de premio de consolación a las sufridas mesnadas socialistas. No es posible empujar al Gobierno hacia la izquierda en asuntos de política económica ni en los de la política europea. La primera es estrictamente ortodoxa a causa del miedo de los barandas a la crisis económica que se cierne inexorable. La segunda es una actitud de sumisión total a los dictados de la derecha en la Unión Europea (UE) en concreto a raíz de la aprobación de esa directiva de la "vergüenza" que legaliza el expolio de derechos de los inmigrantes en Europa. Por cierto, ver a los dirigentes socialistas explicar a unos y otros que esta directiva inhumana, ilegítima y vergonzosa no solamente no restringe derechos de los inmigrantes sino que se los amplia es un espectáculo deprimente.

Para no provocar incidentes, las bases socialistas concentran sus esfuerzos precongresuales en los asuntos "superestructurales", por así decirlo como este del laicismo. Pero tampoco esto les servirá de mucho ya que el Gobierno no está dispuesto a ir más allá en nada que pueda incomodar a la Iglesia sino, en todo caso, más acá. Recuérdese que, además, está pensando en un pacto de legislatura con CiU, coalición de la que forman parte los beatorros de Unió Democrática de Catalunya. Y empiezo a sospechar que no solamente hay reparos tácticos a incurrir en las iras callejeras de la jerarquía sino que también cuenta y mucho el beaterío de los ministros del Gobierno. Si se recuerda cómo levitaba de felicidad en diciembre pasado la vicepresidenta Fernández de la Vega en presencia del cardenal secretario de Estado, Tarsicio Bertone, se comprenderá que esta señora no quiera dar ni medio paso que pueda molestar a los obispos.

Para dar cumplimiento al mandato constitucional de aconfesionalidad del Estado, el Gobierno tendría que denunciar los acuerdos sectoriales de renovación del Concordato de 1953 en los terrenos educativo, cultural, económico, jurídico y político, pero la señora de la Vega ya ha dicho que eso ni se considera. Los acuerdos se quedarán como están porque en el Gobierno no va a tocarlos por conveniencia o por convicción, como no va a hacer nada que pueda incomodar a la Iglesia.

Por la otra banda, la de la derecha, leo que el señor González Pons vaticina que la Iglesia necesitará el potente brazo del PP frente a la política laicista de ataque a la institución y al clero que desatará el PSOE después del congreso y que, en consecuencia, carecerá de sentido que la COPE se cebe con el PP. Ni el Gobierno tiene malas intenciones respecto a la Iglesia ni la COPE se ceba con el PP sino con el señor Rajoy y sus ayudantes, que no es lo mismo y todo esto suena a hipócrita, falso y embustero, o sea, a eclesiástico. Pero es que estamos en España y en España la Iglesia ha tenido vara alta de siempre. Y sigue.

(La imagen es un cuadro de Jean Paul Laurens titulado Sixto IV y Torquemada, 1882, y se encuentra en el Musée de Beaux-Arts de Burdeos).

Filosofía y globalización.

La globalización es un tema de suma actualidad que habitualmente se trata desde una perspectiva económica, política, jurídica, comunicacional o sociológica y mucho menos frecuentemente desde una filosófica. Por eso tiene interés el volumen que se comenta aquí (Ignacio Ayestarán, Xabier Insausti y Rafael Águila (Eds.) (2008) Filosofía en un mundo global, Anthropos, Barcelona) porque aborda el citado fenómeno desde una perspectiva poco empleada en este menester. La tarea corre a cargo de un nutrido grupo de profesores de filosofía de la Universidad del País Vasco, con algún escaso añadido de fuera. El trabajo es meritorio, aunque el resultado deje algo que desear. Bien sea porque los editores se han pronunciado por un tipo de consideración en el que se dé cabida a muchas voces (lo cual obliga a que las aportaciones sean, a veces, excesivamente breves, casi esquemáticas), bien porque muchos de los análisis que en la obra se hacen toman pie en investigaciones anteriores en otros campos del conocimiento no estrictamente filosófico. En todo caso no podré comentar todas las aportaciones y lo haré sólo con las que más me han interesado, sin demérito alguno para las demás.

En un prólogo que firman los tres editores se advierte que la globalización es un fenómeno de interés mundial (dos millones de entradas en Google para la búsqueda "globalización" + "filosofía" en inglés) y que, tras la caída del muro de Berlín, la gran oposición contemporánea era de los ricos contra los pobres, una oposición que va a peor por cuanto los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

La primera parte es una historia de fenómenos culturales de la globalización en la que se tratan sobre todo cuestiones relativas a la idea del progreso y el cosmopolitismo. Este cosmopolitismo estaba ya presente en el discurso panhelenista de los sofistas, según Javier Aguirre (Panhelenismo y cosmopolitismo en el pensamiento griego antiguo). Por otro lado, Xabier Palacios entiende que la globalización refleja la crisis de la mundialización de la filosofía de la historia, basada en las categorías de progreso y de historia-mundo (p. 41) y añade una muy perspicaz observación, en el sentido de que las restricciones a la libertad de circulación de las personas (que es un derecho fundamental) conviven con la paradoja de que, en cambio, dicho derecho fundamental se reconozca a las mercancías. Es una metáfora por cuanto las mercancías no son titulares de derechos, pero suficientemente significativa ya que ese derecho de circulación irrestricta de mercancías afecta a quienes las producen en tanto que productores, pero no como seres humanos sin más. En un interesante ensayo (La idea del progreso y el problema del mal), Luis Garagalza coincide en que la globalización implica el vaciamiento de la idea de progreso (del siglo XIX) y su mercantilización en la que el ser humano queda reducido a una especie de autómata que se rige por un estricto cálculo de costes-beneficios. Echa mano de las ideas de Jean-Pierre Dupuy para poner de manifiesto que el fenómeno del mal rompe el paradigma del hombre como egoísta racional.

El segundo bloque versa sobre Mass Media, tecnologías audiovisuales y cibercultura en la era de la tecnología digital. Título desmesurado. Extraigo una referencia de Xavier Puig Peñalosa a la venerable idea de que nuestra sociedad es una "sociedad del espectáculo" en la que la imagen es la protagonista con independencia de su mensaje (p. 61) y un muy interesante y original ensayo de Gotzon Arrizabalaga sobre Música en la era digital en el que dictamina "que ya es prácticamente imposible diferenciar un sonido producido originalmente de forma analógica de su reproducción digital." Sostiene el autor que este hecho es poco interesante (p. 72). Entiendo que según a qué respecto. Para una consideración de la calidad de la audición musical es básico. Andoni Alonso (Globalización, tecnociencia y cibercultura) parte de la clasificación tricotómica de globalizaciones de Peter Sloterdijk para quien ha habido tres de aquellas en el mundo: la metafísica de los griegos, la de los descubrimientos geográficos del siglo XVI y la de hoy en que nos hemos quedado solos en la tierra (79). Y, añado, quizá también en el universo. Esta globalización de la cibercultura ha reavivado el mundo de las utopías con una carga tan innovadora que hay quien habla del "mundo posthumano" (p. 83), si bien lo más importante para el autor es el auge del multicultarlismo.

El tercer bloque versa sobre Racionalidad, conocimiento y condiciones epistémicas en la globalización. Julián Pacho (Conocimiento científico e interculturalidad. Función y límites de la ciencia en la era global) desgrana seis interesantes tesis sobre la ciencia, unas más provocativas que otras. Entiendo que todas quedan resumidas en cierto modo en la sexta que reza: "Los conocimientos científicos básicos no son objeto de la globalización en sí mismos. Actúan como agentes de la globalización por mediación de la tecnología, que es manipulable, pero no inteligible" (p. 98). Xabier Insausti encuentra la universalidad concreta en la oposición entre la universalidad absoluta y el repliegue a lo particular de forma que, dice, "el fenómeno de la antiglobalización es la verdadera cara de la globalización (p. 111). Liga esta "universalidad concreta" al concepto de "acontecimiento" en Alain Badiou cuya verdad se corrompe cuando irrumpe el Mal que puede adoptar tres formas diferentes: la traición, el simulacro y la totalización dogmática de la verdad (p. 113). María Jesús Maidagán Romeo (Universalidad de la razón poética versus globalización) parte de la contraposición entre el lenguaje común de los seres humanos (lo que los hace humanos), empobrecido por la globalización y el lenguaje poético como aparece especificado en la Poética de Aristóteles, el único que puede romper ese empobrecimiento porque "toda la verdadera humanización viene de la exploración de lo nuevo" (p. 120). José Ignacio Galparsoro, en un ensayo sobre Derrida: la universidad en el horizonte de la globalización, muy bien articulado y expuesto, concluye que sólo consiguiendo que el saber rebase su horizonte connotativo para llegarse a lo performativo podrá defenderse del poder que todo lo pone a su servicio. Tal sería la tarea de la universidad para salvar a la razón del predominio de la razón instrumental o tecnocientífica (p. 128).

El cuarto bloque habla de Sostenibilidad, ecología y gobernanza en la sociedad del conocimiento global, arrimando más la reflexión al ámbito político. En un trabajo fuertemente normativo (Filosofía y globalización: ¿puede la filosofía contribuir a un desarrollo del proceso de globalización ético y socialmente sostenible?) Nicanor Ursua dictamina que el debate sobre la globalización debe centrarse en la democracia y la justicia social, una globalización más ética y social en la que se hace imprescindible la intervención del Estado (p. 141). Dado que no es ésta la marcha de las cosas, Ursua recurre al argumento de autoridad de Stiglitz (para otros un redomado optimista) y una determinación todavía más normativa cual es la propuesta del Grupo de Lisboa (1993) acerca de los "cuatro contratos" que han de firmarse globalmente: 1) contrato para cubrir las necesidades básicas; 2) contrato cultural; 3) contrato democrático; 4) contrato con la tierra (144). No obstante el dar forma de articulado a los buenos propósitos no los hace menos dependientes del siempre etéreo campo del deber ser. José Ramón Arana (Hacia una metafísica ecológica) arremete contra la hermenéutica de Gadamer, acusándola de voluntarismo y fiasco (p. 147). Gadamer queda arrumbado junto a los analíticos entre aquellos que niegan la existencia de la realidad o afirman que sólo cabe hablar de nuestro hablar sobre ella y frente a ellos aparecen los "ecologistas", que van de consuno con el hombre ordinario, o sea todos aquellos que piensan que la realidad existe y no es un mero lenguaje. La ecología estudia las relaciones entre el ser vivo y su medio ambiente que aparecen determinadas por tres categorías: la habitabilidad, el lenguaje y la interacción (p. 149) gracias a las cuales entendemos bastante bien al ser vivo y su diversidad (p. 154). Ignacio Ayestarán (Sostenibilidad, crisis ambiental y responsabilidad social de las empresas en la sociedad del conocimiento y del riesgo global) toma ejemplo en dos conocidas anécdotas de Tales de Mileto para distinguir la crematística de la oikonomía, avanza a la idea del impacto del hombre sobre la naturaleza hoy día, lo que permite hablar de que el Holoceno se ha convertido en el Antropoceno (p. 160) y desciende al terreno práctico proponiendo un programa de sostenibilidad desde el paradigma de la complejidad con seis premisas muy dignas de consideración: a) espacio; b) tiempo; c) globontología; d) acción; e) conocimeinto y f) participación (pp. 163/164).

El bloque quinto y último es el más político de todos, Derechos, utopías y políticas para un mundo global. Esteban Antxustegi Igartua (Los derechos sociales y la solidaridad) baraja tres posibilidades en la relación derechos de ciudadanía/derechos humanos, esto es: 1) sólo hay derechos de ciudadanía; 2) los derechos de ciudadanía se conciben sobre una base universalista; c) la mezcla de ambas: derechos de ciudadanía con presupuestos universalistas, que es la posición de David Held que él suscribe (p. 175) en la medida en que se articula como resultado de una asociación de Estados democráticos con un marco normativo común (p. 179). Belén Altuna (Posibilidades utópicas en la era de la globalización) pasa revista a la concepción de Habermas/Apel de una comunidad ideal de comunicación que ambos filósofos consideran una "utopía no mitificada" en la medida en que a) responda a una dialéctica abierta; b) sea fiel a su intención ética; c) tenga una doble dimensión crítica y de propuesta; d) sea una utopía antropológica (p. 185). Altuna admite que se trata de una "utopía de mínimos", entendiendo con ello "una radicalización de la democracia, un desarrollo del derecho cosmopolita más allá del derecho internacional, y una concepción de la justicia que se entrelaza con la solidaridad" (p. 186) ¿De mínimos? De muy máximos me parece. Francisco Javier Caballero Harriet (El "sueño europeo": el optimismo infundado de Rifkin) critica con fundamento a Rifkin en su ingenua admiración por el proceso de unión europea y trae a colación el "plan Marshall", llamado en su época de "reconstrucción europea". Ese plan se concibió como base de restablecimiento del capitalismo europeo y, entre otras provisiones políticas anejas, imponía la condición de que los Estados que se beneficiaran de él deberían prescindir de comunistas en sus gobiernos (por entonces los había en Francia, Bélgica, Italia y Finlandia). Con tino también sitúa el punto de inflexión del "sueño europeo" en la crisis del petróleo de 1973, pero igual pudiera situarlo en la decisión unilateral estadounidense de 1971 de poner fin al cambio fijo del dólar y acabar con el sistema de Bretton Woods. Coincido con el autor (que, a su vez lo hace con Bernard Cassen) en cuanto a que el objetivo del neoliberalismo sea crear un nuevo orden mundial feudal (p. 200).

En resumen, un libro de no fácil lectura pero muy interesante y sugestivo en la mayoría de los ensayos que prueban que aún queda un largo camino por recorrer en lo que la filosofía puede aportar a una comprensión de la globalización, el fenómeno más característico del tiempo que nos ha tocado vivir.

(La segunda imagen es una foto de Duke roul, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 24 de junio de 2008

Menos mal que no había crisis.

No por cierto. La semántica gubernativa es prolija. Primero hubo una "desaceleración" y el crecimiento del PIB futuro se apeó del tres y pico por ciento. Luego el fenómeno se hizo francés, pasó a ser una "ralentización" y el aumento del PIB previsto se situó en un 2,3%. Más tarde, la cosa se llamaba "frenazo", incluso un "fuerte frenazo" (todavía no batacazo, ups) y el porcentaje del PIB se quedó en el 2%. Finalmente, ayer, en el Consejo Económico y Social, el presidente señor Rodríguez Zapatero, habló de "deterioro" y vaticinó un crecimiento del PIB de menos del 2%. No sé cuál será el próximo hallazgo, quizá "tropezón" o "traspiés" o "estrangulamiento". La obstinación, que empieza a parecerme algo patológica, en no hablar de "crisis" o "recesión" agudizará el ingenio de los gobernantes. Una prueba más de que toda creatividad tiene un punto de locura.

Nunca fue tan clara la distancia entre la España real, que habla de "crisis" y la España oficial, que se niega a hacerlo. Argumenta ésta que para hablar de "recesión" (y, por supuesto, crisis) hay que tener eso que se conoce con el eufemismo de "crecimiento negativo" un par de trimestres. Hay que ser precisos y rigurosos en los términos, sobre todo cuando nos conviene. Nada de brujulear por el léxico. Pero la gente, la gente normal, se obstina en hablar con metáforas: una vez que se ha establecido una tendencia (en este caso a la baja) y que sólo es cuestión de poco tiempo para que la evolución alcance la situación que se teme, nombrar lo que hay por lo que va a ser ahorra tiempo y quebraderos de cabeza: crisis, recesión, estancamiento con inflación (o stanflation) es lo que nos espera. El señor Rodríguez Zapatero lo llamará como quiera pero los datos que dio ayer no ofrecen lugar a dudas: si el PIB crece por debajo del 2% (por debajo de la raya de creación de empleo) y la inflación va a seguir siendo alta, el asunto es estancamiento con inflación; o sea, crisis.

Da la impresión de que el Gobierno no ha calibrado bien el panorama. Y no me extraña a la vista del cacao del señor Presidente con algunos datos. Ayer soltó la esperada primicia de que, para hacer frente a este frenazo/ralentización/deterioro, entre otras cosas, se reducirá en un 30% la oferta pública de empleo y así lo publicó la prensa. Horas después, la misma presidencia del Gobierno corregía a su jefe máximo, diciendo que el recorte sería del 70%. Algunos comentaristas se felicitan de que el señor Rodríguez Zapatero haya reaccionado por fin y decidido ponerse a la tarea de resolver el aciago presente. Ciertamente pero conviene que sepa de qué habla porque confundir un 30% con un 70% es demasiado confundir. Si "ponerse al frente" consiste en comparecer en público proclamando una inquebrantable confianza en la capacidad del país para superar el bache y ganar la Eurocopa, y recitando unos papeles que no se han visto ni por el forro, es mejor que o bien él se ponga al frente de otra cosa u otro se ponga al frente de ésta.

Las medidas que el señor Rodríguez Zapatero ha anunciado para hacer frente a esta innombrable situación producen perplejidad porque están tomadas del recetario neoliberal más exquisito. La reducción de oferta pública de empleo, la congelación de sueldos de los altos cargos (¿por qué no la supresión de los que sobren que son bastantes?) y el tope al gasto público corriente significa que de políticas expansivas keynesianas, naranjas de la China. La reducción del gasto público, la generosa financiación de las empresas, las múltiples subvenciones al consumo y el muy probable intento de congelación de salarios (¡en tiempo de inflación!) responde a un espíritu neoliberal al lado del cual el señor von Hayek es un correoso socialdemócrata. Una receta que no resolverá nada, pero permitirá que el capital capee la mar gruesa mientras el problema se resuelve solo a costa de los asalariados, los pensionistas, los hipotecados, los de abajo, como siempre. Sabia medida porque, teniendo a mano fórmulas que ya dieron resultado antaño, ¿a santo de qué meterse en dibujos hogaño?

¿Alguien ha hablado no ya de contener los beneficios de las empresas sino de destinar por ley parte de ellos al relanzamiento económico? ¿No puede el Banco de Santander dedicar parte de los 10.000 millones de euros de beneficios a inversiones que generen empleo? No, de eso no habla nadie.

(La imagen es una foto de guillaumepaumier, bajo licencia de Creative Commons).

Medio Evo.

El domingo se sublevó el cuarto departamento díscolo de Bolivia, que aprobó con un 80% del voto emitido válido (abstención, entre un 30% y un 60%) un estatuto de autonomía en la la línea de los de Santa Cruz, Beni y Pando, que dejan en manos de las autoridades departamentales la gestión de los recursos locales. Para el próximo otoño tiene referéndum previsto en el mismo sentido el departamento de Cochabamba con lo que el país se habrá dividido en dos: los departamentos ricos, los de la oligarquía y las grandes empresas, que quieren separarse del Gobierno central y los departamentos ordinarios, más pobres y de mayoría indígena que lo respaldan.

El gobierno del señor Evo Morales ha declarado ilegales los referéndums citados, pero no parece haber estado en situación de impedirlos. Es de esperar que el Gobierno español sea más eficaz a la hora de frenar la "consulta" (más eufemismos, quiérese decir "referéndum") del señor Ibarretxe que tiene muchos parecidos con las de los departamentos frondeurs de Bolivia: zona rica que quiere separarse de la chusma indígena si bien aquí coadyuva una izquierda local señoritinga. Con su proyecto de Constitución atascado (puede verse un análisis del proyecto en mi post Las dos Bolivias) y en una situación difícil, el señor Evo Morales ha convocado un referéndum sobre su continuidad en el cargo de Presidente de la República para el próximo 10 de agosto. Está seguro de ganarlo y así será pues sólo cabe la revocación si el "no" supera el 54% de la votación "sí" en la pasada elección presidencial. Los prefectos de los cuatro departamentos secesionistas ya han anunciado que ellos se descuelgan de la consulta que consideran tan ilegítima como el proyecto de Constitución indigenista.

Es posible que el presidente Morales tenga razón y que la gran mayoría respalde su gestión así como su revolución indigenista de izquierda. La idea que subyace a esta propuesta es la de la democracia como puro agregado de voluntades individuales. Sin embargo, guste o no, los sistemas democráticos son poliárquicos y en ellos, además de la voluntad del electorado (el juego de la mayoría y la minoría) opera la de otras instancias, empresas, corporaciones, asociaciones, iglesias, sindicatos, etc que interfieren en el funcionamiento de la democracia plebiscitaria y muchas veces de modo muy eficaz, por ejemplo, descapitalizando el país, como sucedió en Francia cuando Mr. Mitterrand ganó las elecciones (o, sea, obtuvo la mayoría) en 1981, aplicó una política económica keynesiana para salir de la crisis y el capital, asustado, emigró a otras latitudes más bonancibles.

Me da la impresión de que al señor Morales le falta respaldo y fuerza para llevar adelante su proyecto de una revolución dual, izquierdista a la par que indigenista, que no ha calibrado bien sus fuerzas frente a las de la oligarquía criolla y sus seguidores ni tampoco la presión que distintas instancias internacionales (desde los Estados Unidos a la Unión Europea) pueden ejercer sobre su empobrecido país. Tengo para mí que al final el señor Morales habrá de llegar a un consenso, a un acuerdo pactado con las oligarquías de los departamentos secesionistas. Dicho de otra forma, tendrá que arrumbar su programa máximo y sustituirlo por su programa mínimo, si lo tiene. Los programas máximos piden la unanimidad. Cuando sólo se tiene una mayoría del 54% hay que ir a las medias tintas.

(La imagen es una foto de Jaume d'Urgell, bajo licencia de Creative Commons).

¿Publicidad libidinosa?

Durante unos días, los usuarios de correo electrónico de Yahoo! pudieron ver esta imagen que, se supone, es publicidad de una empresa llamada Flycell. Haciendo el consabido click (no aquí), al parecer, cabe descargarse imágenes de tías imponentes al tiempo que se consigue algún tipo de ventaja en la contratación del móvil. La invitación es bien clara: poner en marcha el ventilador para ver el culo a la chica. Francamente, no sé cómo encaja esto en las abundantes recomendaciones sobre carácter no "sexista" de la publicidad, la denigración del cuerpo femenino, su mercantilización y otras consideraciones muy a la orden del día. ¿Es aceptable esta publicidad? Y ¿por qué no poner a la chica de frente, aplicar el ventilador y que se le vea el coño? Está claro: porque se supone que, por detrás, se sorprende su buena fe, se abusa de ella, cosa que sería más difícil por delante pues, salvo aplicación de violencia (nunca descartable con gente que hace estas cosas), lo más probable es que no se deje. Así que esta publicidad consiste en un abuso. Asunto oscuro y complejo. En principio, toda censura es detestable. Ya se ejerce alguna con diversos pretextos que la mayoría encuentra aceptables: respeto a la verdad (prohibición de publicidad engañosa), protección de la infancia, prohibición de publicitar sustancias estupefacientes o simplemente adictivas (como el tabaco y el alcohol), prohibición de contenidos machistas, racistas, xenófobos, discriminatorios... ¿Cabe este anuncio en alguno de estos supuestos?

Lo primero que se me ocurre es preguntarme a quién va dirigido. Según parece, a un público joven, con independencia del género puesto que éste no es, en principio, relevante a la hora de consumir telefonía móvil. Por eso me he parado a imaginar qué efecto podría tener una imagen similar pero de un muchacho al que se pudiera bajar unos pantalones cortos para verle el culo o la polla, según estuviera de espaldas o de frente. Supongo que el mismo, aunque no estoy seguro. Así que lo irritante de la imagen de la chica no es lo que invita a hacer sino que sólo sea imaginable tratándose de una chica. Si fuera normal la alternancia no resultaría tan chocante. ¿Por qué, sin embargo, no es normal? Si no es por la diferencia de la capacidad adquisitiva del público al que se orienta (target dicen los "creativos" pedantes), ¿podrá ser por los prejuicios aún imperantes en la sociedad machista? ¿Por los prejuicios también machistas de los publicitarios? ¿Por las diferencias importantes entre chicos y chicas, hombres y mujeres a la hora de manifestar la curiosidad y el interés en este eterno juego de la sexualidad?